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Destiny — capítulo 13
POV Draco
Ella apoyó la barbilla sobre sus rodillas mientras me observaba. Yo estaba recostado contra la pared de la sala común, sosteniendo un libro acerca del funcionamiento de las neveras y hojeando sus páginas con la expresión cautelosa y suspicaz con la que un muggle leería "Historia de Hogwarts".
Soplé para apartarme el flequillo de delante de los ojos y cerré el libro de golpe.
—Vale —dictaminé finalmente —. Resumiendo: caja de frío. No encierra grandes peligros para mi persona.
Granger asintió, despacio. Coloqué el libro en su lugar correspondiente de la estantería. Después, me senté en el sillón, frente a ella.
—¿Qué te pasa ahora? —gruñí, mirándole con el ceño fruncido al notar su aire ausente y melancólico. Parpadeó, ofuscada, y vi cómo se sonrojaba.
—Bueno, yo… Estaba pensando en… en… —balbució torpemente.
—Espero que no sea en la Comadreja —la interrumpí, fijando la mirada en sus grandes ojos marrones. Fui perfectamente consciente de que se estremecía—. Creí haber dejado claro ya que ese idiota no merece que vuelvas siquiera a pensar en él.
—Yo… —bajó la cabeza mordiéndose el labio, nerviosa. Reparé entonces en que ese era un gesto muy arraigado en ella. Siempre que se sentía incómoda, sus incisivos se clavaban sobre su labio inferior, dejando en él una marca blanca y alargada que, pocos segundos después de que hubiese cesado de ejercer presión, desaparecía, perdiéndose en el suave y limpio rojo original.
Sacudí la cabeza, molesto conmigo mismo por haberme quedado tanto tiempo mirando su boca. Hice una mueca de asco, y me crucé de brazos, enfadado con el mundo.
Ella se puso en pie de un salto con las mejillas ardiendo e hizo ademán de acercarse a la estantería.
—¿Dónde te crees que vas? —escupí, rabioso. Granger me miró, irritada por mi repentino y evidente mal humor.
—A buscar más libros. La clase de "Aparatos electrónicos" aún no ha acabado. Quedan diez minutos.
—¿Tanto? —bufé—. Ni de broma… Ven. Ahora me toca a mí.
Ella arrugó la nariz, confusa, y regresó a su sitio en el sofá opuesto preguntando:
—¿Qué es lo que te toca?
—Hacer de instructor. Tú llevas un par de días hablándome de todas esas estupideces del mundo muggle. Considero que es mi turno de hacer lo propio con el mundo mágico.
—Yo ya sé cosas del mundo mágico —repuso, ofendida.
—Puede, pero ni de lejos tantas como yo —respondí, alzando pecho muy ufano. Sin embargo, en el fondo yo sabía que eso no era cierto: aquella chica, por muy sangre-sucia que fuese, era la bruja más inteligente que había conocido en toda mi vida, y estaba bastante seguro de que a esas alturas ya no le quedaba libro por leer o hechizo por dominar. No obstante, no estaba dispuesto a dejar siquiera entrever que, en realidad, en mi fuero más interno la admiraba por sus habilidades, su ingenio, su valor… características que a mí me gustaría poseer.
—Ya, claro… Lo que tú digas, Malfoy —se burló ella, sin caer en la trampa que escondía mi prepotencia.
—Puedo contarte algunas cosas. Si quieres, claro —le ofrecí. Esta vez, sin el menor rastro de malicia en mi voz. La miré, esperando que se negara, pero ella sonrió y se arrellanó en el sofá, cruzando las piernas como si fuese una niña pequeña. Me mordí la lengua para no soltar una exclamación indignada: si mi madre hubiese visto a alguien sentarse así, hubiese puesto el grito en el cielo… pero, como siempre que ella venía a mi mente, eché de mi cabeza los recuerdos para evitar el dolor, y volví a concentrarme en Granger. Ella arrugó la nariz sin dejar de sonreír.
—¿A qué estás esperando? Cuéntame algo.
Parpadeé, removiéndome, y después comencé a hablar sin pensar demasiado.
—¿Qué sabes de las banshees?
Granger alzó las cejas y respondió con la velocidad y la precisión que se podía esperar viniendo de ella.
—Que son espíritus femeninos procedentes de Irlanda, cuyo nombre proviene del gaélico "Bean Sidhe", que significa "Hada de la Colina" o "Hada del Espíritu". Con sus alaridos y gemidos anunciaban la muerte de quien las escuchase o de algún allegado o conocido de este…
Asentí, satisfecho. No me esperaba menos de la bruja más brillante de Hogwarts.
—¿Conoces la leyenda de Aibhill?
En esta ocasión, Granger negó despacio, y sentí un inexplicable orgullo al saberme en posesión de una información que ella desconocía. Momento glorioso cuanto menos.
—Es la banshee más famosa de todos los tiempos, y servía a la familia de alta alcurnia de los O'Brien… sangre-limpia, por supuesto. El caso es —proseguí rápidamente al ver su expresión de desagrado— que Aibhill se presentó una noche de 1014 ante el rey Brian Boru, llorando y gimiendo mientras lavaba ropa … la misma ropa que usaban los soldados de dicho rey. El agua que empleaba se volvía más y más roja a medida que Aibhill sollozaba, hasta tornarse pura sangre.
Al día siguiente, Brian Boru partió a la guerra de Clontarf con la absoluta certeza de que moriría, pues, ¿qué más si no podría presagiar la manifestación de Aibhill?
—¿Lo hizo? —intervino Granger, que había estado escuchándome sumida en un profundo y respetuoso silencio—. ¿Murió?
—Sí. Pero déjame terminar, eso no es lo más interesante de todo.
—Perdona. Sigue. Por favor —añadió ante mi ceño fruncido. Sonreí, complacido por la atención que ella me prestaba, y proseguí:
—Lo mejor de todo es que hay otra versión de la misma leyenda, pero que no es necesariamente contradictoria con respecto a la primera. Según esa segunda versión, a quien se le apareció Aibhill la noche anterior a la batalla de Clontarf fue Dunland O'Hartigan, el cual, curiosamente, no era otro sino el principal lugarteniente del rey Brian Boru. Se dice que Aibhill le propuso un trato a Dunland: nada menos que doscientos años de vida plena, feliz, completa y prácticamente perfecta a cambio de no participar en la batalla que tendría lugar el día siguiente. Sin embargo, Dunland rechazó la oferta, pues su alma de guerrero le imponía la asistencia a la cruzada. Entonces, Aibhill le dijo que, si esa era su elección, debía advertirle de que Irlanda vencería, pero el bando contrario se cobraría las vidas de su hijo y del propio rey. Dunland no se lo tomó en serio y partió rumbo a la guerra… Efectivamente, tal y como Aibhill había predicho, los irlandeses se llevaron la victoria, pero aquel atardecer el rey perdió la vida. Y pocos días después, los soldados afirmaron que, justo antes de caer la noche, se escucharon por todo el campo de batalla múltiples alaridos desgarradores y gemidos de desolación e impotencia, provenientes sin duda de la leal Aibhill, quien se lamentaba por la muerte del hijo de Dunland, de Brian Boru y de todos los demás irlandeses que fallecieron en Clontarf aquel día.
POV Hermione
Las palabras de Malfoy se perdieron lentamente, deshaciéndose en el aire y dejando tras de sí el clamor lejano de la batalla, así como los terribles gritos de Aibhill. Yo aguardé, abrazándome las piernas y mirándole fijamente con los ojos muy abiertos. La leyenda me había dejado extrañamente impactada. De pronto, las banshees, que siempre se me habían antojado seres horribles y despreciables, habían pasado a ser criaturas misteriosas, leales, fieles a su naturaleza, capaces de sentir y de conmoverse… sin duda, un interesante tema de investigación que había despertado mi interés.
Pestañeé un par de veces, percatándome de que no me había movido ni un mísero milímetro desde que Malfoy terminó de hablar. Y es que su forma de narrar la historia había logrado que permaneciese estática como un clavo, sin hacer el más mínimo ruido para no perder detalle del relato. La voz de Malfoy era suave, perfectamente moderada, armónica incluso, y su manera de arrastrar las palabras confería a la leyenda un aire reverberante y solemne que quitaba la respiración.
Aparté bruscamente la mirada al sentir sus ojos fijos en mí. Después, escuché su risa cadenciosa.
—¿Te ha gustado, Granger? —inquirió, ligeramente burlón. Y ahí estaba de vuelta el Malfoy arrogante que yo conocía.
—Si te soy sincera, sí, me ha gustado mucho… lo cual no deja de ser sorprendente. Me refiero a que algo que tú puedas soltar por ese agujero al que llamas boca resulte interesante. Es un hecho digno de salir en primera plana en El Profetamañana a primera hora.
Malfoy sonrió como si mis pullas no hiciesen más que acrecentar su ya de por sí colosal ego, y se puso en pie adecentándose la túnica.
—Lo realmente fascinante aquí es que tú y yo llevemos un buen rato hablando sin insultarnos. Hemos batido un récord, pero empiezo a echar de menos nuestra rutina —comentó, cruzando los brazos sobre su pecho.
—Coincido contigo. Permíteme romper esta extraña e inusitada paz que nos rodea: ¡hurón oxigenado! ¡Pedazo de degenerado decrépito!
—¡Asquerosa sangre-sucia! ¡Sabelotodo detestable!
Tras el intercambio de ofensas, ambos nos quedamos mirándonos fijamente, con un notorio destello de desafío mezclado con diversión en los ojos. Sí, disfrutábamos discutiendo de esa manera.
De pronto, algo cruzó mi mente, raudo y arrasador como un meteorito: el recuerdo de Malfoy llorando desolado en su cuarto. Sentía verdadera curiosidad por averiguar qué podía haber perturbado así su eterna máscara de fría indiferencia. ¿Me arriesgaba a preguntarle? Por una parte, estaba disfrutando demasiado con aquel Malfoy tranquilo, distendido e incluso algo amistoso, y temía echar a perder nuestra aparente tregua… Pero, por otro lado, existía la posibilidad de que la única forma de enterarme del contenido de esa carta fuese pillar al Slytherin de buen humor, y tal vez la oportunidad no volviera a presentarse en bandeja de plata como lo estaba haciendo en esos instantes.
Tomé aire y tragué saliva:
—Hum… ¿Malfoy?
—¿Sí, Granger? —dijo él, aún de pie, alzando una ceja y confiriendo una pronunciación especial a mi apellido.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Vaya, esto es nuevo. Creía que lo tuyo eran las respuestas, no las preguntas… —canturreó, esbozando una sonrisa torcida—. Podría responderte muchas cosas. Como, por ejemplo, que técnicamente acabas de preguntarme algo. O, saliendo un poco de esos pesados y ya viejos tópicos, que por supuesto que puedes preguntarme lo que se te venga en gana, dado que no tengo forma alguna de impedírtelo… y luego será de mi total jurisdicción decidir si te respondo o no.
Resoplé, armándome de paciencia. Sí, definitivamente Malfoy estaba de buen humor ese día. Me levanté yo también, incómoda por la diferencia de altura. Así, en vez de sacarme cincuenta y cinco centímetros, "solo" me sacaba veinte.
—No te enfades, ¿vale? No va con mala intención.
Malfoy hizo un gesto de asentimiento con los hombros, pero pude ver perfectamente cómo se tensaba de forma casi imperceptible.
—¿Qué te ocurrió la otra noche? Ya sabes, cuando… aquella carta…
—Creo recordar que acordamos que eso nunca sucedió—me interrumpió fríamente. Toda la tranquilidad y la complicidad que antes iluminaban su rostro se habían disipado, dejando tras de sí un velo de afilado acero que amenazaba con fragmentarme si insistía en acercarme demasiado.
Pero yo quería saber.
—Sí, lo dijiste, pero es de idiotas insistir en que algo que claramente ocurrió no ha tenido lugar. Solo quiero saber si debería preocuparme… Si puedo hacer algo por ti, o…
—¿Hacer algo por mí? —en los ojos de Malfoy se encendió un turbulento remolino de odio que me hizo retroceder. Su voz era ya puro hielo… gélido y cortante hielo—. ¿Para qué? ¿Para tener así algo más que deberos, a ti y a los que son como tú? ¿Para seguir en una deuda eterna con vosotros, como si realmente necesitase vuestra ayuda? ¿Como si tuviera algo que agradeceros? ¿Para eso quieres hacer algo por mí? ¡Pues olvídate! No quiero nada vuestro. No quiero compasión, ni ofrecimientos estúpidos. Además, ¿qué te hace pensar, repugnante sangre-sucia, que alguien como yo podría requerir que precisamente tú vinieses en mi auxilio como si fuese un maldito perro moribundo? ¡Estoy perfectamente! ¡Puedo arreglármelas solo! ¡No te necesito! ¡Ni a ti ni a nadie! Y, si todavía quieres hacer algo por mí, ¡hazme un favor y desaparece de una puta vez de mi vida!
Y, tras este aterrador arrebato de furia, Malfoy dio media vuelta y desapareció en su cuarto dando un sonoro portazo.
Yo permanecí en el mismo sitio de antes, anonadada, aterrada, como aquella noche. Pero no era la ira del Slytherin lo que me había atemorizado. No. Se trataba de lo que, desde luego no intencionadamente, él me había dado a entender.
Malfoy estaba inhumanamente asustado… y terriblemente solo. Más que nadie. Porque, mientras en esos instantes magos y brujas trabajaban para rehacer sus vidas, esforzándose en esbozar al menos una sonrisa diaria y en recuperar a cada uno de los miembros de su familia, Malfoy continuaba allí, lejos de todo y de todos, completamente aislado de la muchedumbre que lo rodeaba. Sus amigos le habían abandonado. Su padre había sido sometido al beso del dementor, y los rumores de que su madre había enfermado se habían esparcido como la pólvora semanas atrás.
De repente, la luz llegó a mi mente. ¿Sería eso lo que le ocurría? ¿Podría ser la salud de su madre lo que le atormentaba?
Tenía sentido que él estuviese así de trastornado por ese motivo.
A medida que empezaba a comprender la enorme complejidad y trascendencia del asunto, las lágrimas se acumulaban en mis ojos.
Ahora lo entendía. Por fin podía ver el horror que amenazaba con golpear la vida de aquel desdichado muchacho. Era una verdad tan abrasadora y terrible que el mundo entero pareció tambalearse al verse descubierta. ¿Cómo no me había dado cuenta antes?
Si algo le ocurría a ella… entonces, Malfoy ya no tendría nada. No le quedaría ninguna vida que reconstruir. Habría muerto en un cuerpo que insistía en permanecer vivo. Se perdería a sí mismo de forma irrevocable, sin remedio alguno.
Y estaría más solo que nunca.
¡Hola! ¿Qué tal? Siento no haber actualizado la semana pasada, pero estuve especialmente liada con los estudios, y quería daros un capítulo en condiciones… Porque, para que lo sepáis, he cambiado de meta: en lugar de hacer capítulos de alrededor de 1400 palabras, me he propuesto escribirlos todos de más de 2000. Este en concreto tiene algo más de 2300… ¿Os parece bien?
Por cierto, todo lo que contó Draco acerca de la historia de Aibhill, la banshee, es cierto. Es una leyenda irlandesa bastante conocida, os invito a que lo googleéis si queréis.
Muchas gracias por leer y comentar, os adoro, ¿lo sabíais?
Un besazo enorme,
MA.A
PD/ ¿A alguien le gustan los concursos de microrrelatos? En caso afirmativo, avisadme vía comentario, tengo algo que podría interesaros…