← We are not gonna be like them. · de
We are not gonna be like them. — capítulo 2
Me coloco de nuevo frente al espejo de la entrada del piso y una chica pálida aparece frente a mí. Su largo cabello pelirrojo está recogido en dos trenzas y la cabeza cubierta por un gorro negro. La falda marrón es muy justa y corta pero por una vez no pasa nada. Sobre el pecho una camisa amarilla con un jersey gris muy fino encima, el buldog dibujado sobre este es adorable. No está mal, espero estar aceptable para el reencuentro. Dejo una nota sobre la mesa "En cuento llegue te llamare, besos J" cojo el bolso, la maleta y cierro la puerta tras de mí al salir.
Aunque haya pasado menos de una semana desde que nos dieron las vacaciones de verano en la universidad, las calles de Londres están más mojadas que nunca. La lluvia no ha cesado desde hace ya casi un mes, así que cojo el paraguas y me cubro la cabeza con él.
Deambulo por las calles de la ciudad hasta que finalmente entro en la estación de tren. Miro mi reloj y apresuro el paso, solo faltan cinco minutos para que salga.
Subo con dificultad la maleta al vagón y una vez dentro la dejo junto al resto. Levanto la vista y miro a mí alrededor, el tren esta casi vacío. Busco mi asiento, el número 49 y me siento.
Y casualmente junto al mío se encuentra uno de los pocos asientos ocupados, es un chico rubio, de unos 20 años, vamos, más o menos mi edad. La verdad es que el chico esta para darle un repaso pero aparto la mirada intentando disimular mi interés.
Busco el móvil en el bolso y me coloco los cascos, pocos segundos después la música inunda mis oídos y es en este punto cuando me relajo y cierro los ojos.
Cuando los abro de nuevo estoy un poco aturdida ¿en serio me he dormido? Rápidamente miro la hora, por suerte no me he pasado de estación y aún queda una hora para que llegue a Bolton. Miro al chico que se encuentra a mi lado y descubro que no soy la única que se ha quedado dormida. Y yo me aburro, no me gusta estar quieta durante mucho tiempo así que saco un libro que llevo en el bolso "La sombra del viento" y lo comienzo a leerlo tranquilamente. Pero pronto mi tranquilidad se ve alterada cuando noto una mano posarse sobre mi brazo.
-Perdona, ¿puedes decirme la hora?- me giro azorada.
-Oh… esto, son las cuatro.
El chico suspira sonoramente- menos mal, pensaba que habría perdido mi parada.
-¿Y a donde te diriges?- pregunto intentando entablar una conversación.
-A mi ciudad de origen, Bolton- me responde con voz melodramática.
A mí inevitablemente se me escapa una sonrisa- hala, yo también voy allí.
-Qué casualidad, ¿Tú también eres de allí?
-Sí - declaro cerrando el libro- pero llevo muchísimo tiempo sin venir y ahora por fin después de nueve años he decidido volver para pasar el verano junto a mi amigo.
Él me escruta con la mirada, como intentando ver algo más pero entonces relaja los hombres y suspira de nuevo -Yo tengo que venir todos los veranos, pero por mí no volvía nunca más.
-¿Y eso?
-
Cuando pasas la adolescencia en Bolton, te das cuenta de que esta ciudad te absorbe, yo necesitaba huir.
-
¿Y por qué vuelves entonces?
-Familia.
Nos quedamos callados y yo me posiciono para mirar por la ventana, entonces comienzo a reconocer el paisaje, ya estamos llegando.
Una sensación de puro nervio empieza a recorrer todo mi cuerpo, llevo prácticamente un año sin ver a Louis, bueno sin contar los skypes y todo lo virtual y sinceramente tengo miedo de que haya cambiado y ya no sea mi Louis de siempre al que le cuento absolutamente todo.
Me fijo entonces en el chico de mi lado, él también este embobado, por mucho que diga que no le gusta volver se nota que este sitio no le desagrada del todo. Las casas comienzan a aparecer, primero unas separadas de otras y luego cada vez más juntas conforme nos vamos acercando al núcleo de la ciudad. Percibo que la velocidad del tren empieza a disminuir y como unas cuantas personas del vagón comienzan a removerse en sus asientos.
El chico de mi lado me mira y yo le sonrío ampliamente, no puedo evitar estar ansiosa por llegar. Me levanto del asiento recogiendo todas mis cosas y dejando salir al chico. Nos dirigimos juntos hacia las maletas. Él baja la suya y después me acerca la mía, yo como agradecimiento le murmuro un simple Gracias.
La gente comienza a arremolinarse alrededor de la puerta, y nosotros quedamos atrás en un segundo plano, entonces el tren para de golpe. Todo el mundo que se encuentra de pie pega un leve trompicón y las puertas se abren. La gente baja y poco a poco cuando el tren ya se ha marchado la estación comienza a quedarse vacía a excepción mía y del chico que se sentaba a mi lado.
-¿A dónde tienes que ir?- me pregunta.
-
Richelieu Street
-
Oh, vivo cerca, si quieres te acompaño.
-Genial, me parece perfecto.
Emprendemos el camino hacía Richelieu Street y por el trayecto me cuenta que hacía ya tres años que se fue, que tiene su propia casa en Bolton, que comparte con un primo suyo, que estudia derecho en una Universidad de Londres y que su mayor afición es cantar bajo la lluvia. Yo por mi lado le hablo de mis nervios y mis ganas por ver a Louis, y de mi infinita curiosidad por todo.
Cuando solo me quedan dos calles para llegar el chico se para.
-Mi casa está por allí- me anuncia señalando en otra dirección- así que nos despedimos aquí.
-Ha sido un placer conocerte…. ¿Cómo dijiste que te llamabas?
-En realidad, no te lo he dicho en ningún momento- se gira alejándose de mí y por un momento pienso que se irá sin contestar pero antes de girar la calle se da la vuelta y me grita- La gente suele llamarme Jack y tú ¿Cómo te llamas?
Le miro durante unos segundos y noto como una leve lluvia empieza a caer- Ya nos veremos Jack.- y continúo mi camino.
Aligero el paso y ahora que me encuentro sola comienzo a fijarme más a mi alrededor. Cuando decidí que por fin vendría a Bolton de nuevo pensé que todo estaría completamente distinto, que no podría reconocer las calles en las que me críe pero ahora que estoy aquí me doy cuenta de que todo está exactamente igual.
El coche rojo de los Jones sigue aparcado junto a su puerta, el perro de los O'Donell sigue en la misma posición, aunque notablemente más viejo, justo al lado de la puerta protegiendo a sus amos de cualquier desconocido que decida acercarse. Y la puerta roja de la casa de Louis sigue teniendo el mismo golpe en la parte inferior, ese golpe que hicimos cuando intentábamos saltar de un lado al otro de la valla de ladrillo que rodea el pequeño portal de la casa y yo me caí dándome un fuerte golpe contra la puerta provocando que se desprendiese la pintura.
Y si finalmente estoy frente a su casa, me quedo durante unos segundos, como empanada frente a la puerta hasta que mi dedo tembloroso pulsa el timbre. Espero. Espero. Espero. Entonces se abre la puerta y un chico con el pelo despreocupadamente descolocado, la barba de un par de días y unos ojos profundamente azules desorbitados por la sorpresa.
-Leía- dice atónito y durante unos segundos más no dice nada.
-Oh Dios mío, ¡¡¡¡Leiaa!!!- y me envuelve entres sus brazos.