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la hija de bellatrix, bajo la sombra — capítulo 1

E

l día se tornó antinaturalmente frío,  la brisa  filtrándose a través de los abrigos resultaba ineludible, su comparación perfecta era la de una mano de dedos largos y helados acariciando las profundidades del alma. No había en todo Londres nadie que sonriera aquél 5 de Mayo de 1998, ni siquiera los Muggles eran capaces de explicar lo que sucedía pero era seguro que no se trataba de nada bueno; de alguna forma hasta ellos podían presentir que aquello que sucedía no tenía cabida razonable en sus mentes. Todos  en la ciudad estaban ligeramente inquietos, sin embargo ninguno compartía sus preocupaciones, se limitaban a ocultar sus manos en los bolsillos y caminar lo más ligero posible intentando dejar atrás aquel clima opresivo que reinaba en las calles.  

En aquellos momentos un escuadrón de Aurores apresaba a los mortifagos rezagados tras la última batalla y los cielos londinenses se encontraban cubiertos de una bruma espesa producto de las diversas maldiciones y hechizos aplicados por uno y otro bando. Los dementores pronto se volcaron al bando vencedor haciendo la persecución más cruenta de lo que había sido hasta entonces.  

 Lejos del caos, en una vieja cabaña en las afueras de la ciudad, sobre una mesa andrajosa,  se encontraba un moisés, uno diminuto donde apenas podría haber cabido cualquier niño. No muy lejos un hombre enjuto se movía de un lado a otro, caminaba sin parar haciendo ondear la capa negra que llevaba sobre los hombros. Estaba hecha jirones, cargada de ramas y palitos como si hubiera atravesado un ajustado enramado de espinas con ella.

Oyó un gorgojeo provenir del moisés. Su corazón dio un vuelco, no podía mirarlo, debía hacer algo. El frío se intensificaba a medida que los segundos corrían, estaban cada vez más cerca. De forma inconsciente frotó sus manos para darse calor y  se acercó a la ventana, el cielo se estaba tornando gris y revuelto, la niebla que se alzaba le impedía ver más allá de unos cuantos metros sin embargo no necesitaba verlo para saber que el lago que rodeaba la cabaña había comenzado a congelarse. La niña comenzó a llorar nerviosa, ella también podía sentirlos, se giró pensando en calmarla al tiempo que oyó el ruido de los cristales, se volteó nuevamente hacia la ventana y pudo ver como se resquebrajaban.  Se habían empañado por completo, era hora de marcharse.    

-lo siento…-dijo apresurándose a tomar al bebé entre sus brazos. Su aliento provocó una niebla blanquecina que besó la frente de su niño. Sonrió, no pudo evitarlo, la ternura con la que lo envolvía entre sus brazos resultaba casi grotesca en contraste con su apariencia, no era momento para amarlo, pero lo hacía. Se hubiese pasado horas observando esos pequeños ojillos que lo observaban desorbitados; no había tiempo, sin despegar los ojos de su niño, ambas figuras se desvanecieron en un borrón de sombras.

  Reaparecieron en medio de la  Londres muggle. Era de noche, la noche más oscura que jamás haya habido, el frío parecía seguirlos, el hombre trotó por las calles vacías y hostiles, se encontraban en uno de los suburbios menos acogedores de todo Reino Unido; Se dirigió con prisas hasta la puerta de un viejo hospital que no ser por el suave murmullo y el pequeño flujo de gente que se movía dentro, hubiera dado todas las pintas de estar abandonado.  Se movía con confianza, ya había estado allí antes, lo había planeado hacía tiempo, desde que el niño había nacido, por si acaso.

-serás grande como tu madre.-dijo y beso la frente de su bebé por última vez. Lo dejó sintiendo un horrible nudo en el estomago, pero aquello era lo mejor para el pequeño, en el mundo del cual provenía nunca iba a ser aceptado.

 Allí a las puertas del hospital, iluminado sólo por la amarillenta farola, parecía un bebé común y silvestre, inofensivo, nadie desconfiaría de él.  lanzó una última mirada a su hijo, alzó su barita y un hechizo protector cayó sobre el pequeño, aquello era todo lo que podía hacer por él, sólo restaba desearle suerte.

 Se giró y sin pensarlo dos veces corrió en dirección opuesta al niño.


Gracias por leer, esta es mi historia favorita, es la primera que he hecho y creo que por ello tiene un gran valor sentimental.  Espero que disfruten tanto leyéndola como yo escribiéndola.