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la hija de bellatrix, bajo la sombra — capítulo 2

Libro primero

1-El orfanato

Me levanté al alba, Alyhsa y roxane me han echado la culpa de haber robado el dinero de la señorita Gwen. Tengo miedo, sé que vendrán por mí.  

Estoy sola en la habitación, la niña con la que compartía fue cambiada hace unos meces de orfanato. Ya era demasiado mayor para quedarse, a los catorce nos cambian para no contagiar a los menores.

 Aún me quedan cerca de cuatro años aquí.

Tengo miedo.

La monja que regentea este sitio es una bruja y nos odia. Me darán una paliza cuando le digan que fui yo y no tendré forma de demostrar mi inocencia. Puedo jurarle que no fui pero no me escuchará, lo sé. No me ha escuchado las otras veces.

Me levanto para bajar a desayunar. Es sábado por la mañana tendremos que asistir a misa luego del desayuno y debo estar aseada y arreglada para entonces. Bajo por las escaleras hasta el segundo piso.

A cada minuto se me hace que vendrán por mí.

La cocinera está al final del comedor con una olla de metal y un cucharón sirviéndonos leche caliente y dulce en nuestros jarros.

La leche es tan dulce que te hace salir lágrimas de los ojos cuando la bebes, de todos modos me gusta, siempre me ha gustado. El pan está duro y viejo, pero lo han tostado bien. Me gusta hundirlo en la leche antes de comerlo.

Tomo mi poción y me voy a sentar en mi mesa, una pequeña y solitaria en un rincón. Nadie me acompaña, nadie nunca lo hace y cuando lo hacen siempre es para causarme algún daño. No confío en ninguno de ellos, siempre me tratan mal y se burlan de mí.

Alysha y roxane están sentadas en una mesa a unos veinte metros de mi, me regalan unas sonrisas burlonas y siguen con lo suyo. Erik está con ellas, es el niño más estúpido y malvado que nunca antes haya conocido. Lo odio.

 En cierta ocasión me obligó a besar un sapo, y siempre me tira del cabello. es más grande y fuerte que la mayoría de nosotros y es un bravucón. Cuando no anda empujando a alguien se las arregla para andar a las piñas con alguno de sus amigos.Lo he visto colgado de sus brazos haciendo ejercicio, me da terror de pensar que si me llega a pegar con aquella fuerza me romperá todos los dientes. Por suerte un año más y se va. Le tengo miedo, siempre se las toma conmigo cuando no tiene nadie con quien meterse.

Alysha y roxane son otras bravuconas, los he visto besarse en el baño, es asqueroso.

--kendra, Reed.

Me están llamando, esa soy yo. Tengo miedo, es la voz autoritaria de la bruja superiora-madre quiero decir, de la madre superiora, lo siento. No quiero girarme, sé que no viene nada bueno, seguro ya se ha enterado.

Roxane y Alysha han cumplido sus amenazas.

Me duele la parte baja de los muslos de recordar el último correctivo, siempre dicen mientras te pegan que un correctivo a tiempo te salvará de ti mismo, que salvará tu alma, la próxima vez tomarás mejores decisiones. Yo no creo lo mismo, me gustaría ser yo la que tiene el poder de corregirlas de su error, ya no les parecerán tan buenos los escarmientos cuando sean ellas las que no se puedan sentar porque sus piernas sean un amasijo amoratado. 

--¡kendra!—vuelve a llamarme, será mejor que me gire o las cosas se pondrán peores.

--lo-lo siento, sra. Gasuus, no la he oído.—me disculpo.  Mi voz sale chillona y entrecortada. Quiero parecer fuerte, pero mis fuerzas flanquean cuando veo el ceñudo rostro de la mujer. 

Me siento encoger en mi lugar, su figura parece magnificarse y me siento como un pequeño ratoncito a punto de ser aplastado.

--alguien quiere verte—Me dice, creo que voy a desmayarme de alivio, mis piernas se aflojan como mantequilla al sol, trastabillo y por poco no me derrumbo con torpeza en medio del comedor.

--¡ten cuidado, niña!—me gruñe pero nada puede asustarme. Me siento extrañamente eufórica.

La acompaño haciendo gala de toda la educación que poseo para no ofenderle. La mujer ni me mira, eso es mejor a un castigo.  Avanzamos por el pasillo que da a la dirección, lo único que oigo es el sonido pesado de su respiración y el entrechocar de los tacones cuadrados contra el suelo.

Entramos a la habitación, me sorprendo al encontrarme con un hombre de unos treinta años, lleva un traje color marrón un poco apeluzado y desgastado, pero se ve sofisticado con él. Es la primera vez que veo a un hombre de traje tan cerca, (los que veo pasar al otro lado de la calle no cuentan) me remuevo nerviosa, quiero preguntarle quien es pero tengo la sensatez de saber que una falta como aquella no sería prudente frente a la directora.

--Soy Neville.—Me dice con calma, su rostro está exento de toda emoción. -ya he hablado con la amable Sra.  Gassus sobre ti, me gustaría proponerte algo.

--los dejos solos--dice la severa mujer saliendo de la habitación.

Hay algo raro en toda la situación pero no estoy segura de saber que es realmente. El hombre espera a que la directora se  marche sin decir nada, me atrevo a dar un paso adelante con cierto temor y espero.

 El sonido lo hace levantar la cabeza y me observa, hay grandes ojeras oscuras bajo sus ojos. Su rostro es una roca indescifrable y de todos modos hay algo que destila bondad por sus poros.

Me  hace sentir segura.

-¿es usted mi padre?-ataco de forma brusca, si lo es lo odio. Pero también puede ser bueno ¿no?

El hombre niega  un poco sorprendido.-tampoco tu hermano.-se me adelanta.

--¿entonces?

--soy profesor—hace un extraño gesto de molestia como si prefiriera estar en alguna otra parte. Me siento ofendida, si ha venido  a hablar ¿por qué no lo hace?  Odio perder el tiempo—vengo a ofrecerte una vacante en un internado—dice después de una pausa, deja el espacio necesario para que pueda meditar sus palabras.

 No sé qué decir, prefiero mantener la boca cerrada, a veces eso es lo mejor. Lo sé por experiencia. Él hombre toma mi silencio como un incentivo para continuar.-allí hay gente especial como tú.

No, no, no. No ¡otra vez no!

 Me entran ganas de llorar y salir corriendo, todo a la vez,  esto ya lo he pasado.

--no estoy loca, por favor no le crea.-le ruego.

Puedo ver un destello de pena en sus ojos, tengo miedo. Tiene que creerme, tengo que conseguir que lo haga,  todos se equivocan, yo no fui, en verdad yo no hago que las cosas sucedan, sólo lo hacen y ya.-por favor…

Siento terror, he oído lo que le hacen a los niños en los loqueros, no quiero, prefiero el orfanato, si me porto bien no me hacen daño. No quiero ir con ellos, tienen que escucharme, quiero gritar, quiero romper en llanto aquí mismo, me tiemblan las manos, siento las lágrimas que caen por mis mejillas, estoy llorando y me cuesta respirar.

Siento que el hombre se me acerca y me susurra algo, no puedo oírlo, me falta el aire y eso me desespera, nadie va a creerme, lo sé. Nadie va a escucharme, lo adultos nunca escuchan a los niños.

-tranquila, no te obligaré a nada.-Me susurra.

 Levanto la mirada y encuentro sus ojos cafés, me observa con ternura.

 Se le nota fuera de lugar arrodillado a mi lado, no parece tan superior ni elegante como al principio, lo veo joven, me doy cuenta que no tiene más de veinti-tantos mal vividos.

-no estoy loca—repito en un balbuceo casi inaudible, la histeria ya ha pasado.

-lo sé, eres tan especial como yo —me dice, eso me desconcierta, creí que era de aquellos hombres que intentaron llevarme la última vez—. Mira.

Me estremezco en un espasmo incontrolable y recupero la calma. Él no se molesta por ello, aún me quedan las consecuencias del llanto.

El levanta la mano izquierda cerca de mi cara y mueve los dedos. Algo mágico ocurre, ¡sus dedos se encienden! Chispeantes como velitas de colores. Es genial, de pronto tengo ganas de echarme a reír.

--¿Cómo lo hace?—pregunto olvidando de pronto el miedo, el llanto y todo el stress de los últimos minutos. Mi voz sale ronca pero mis ojos ya están secos aunque arden, los abro todo lo que puedo para encontrar el truco, es como si no lo hubiera, como si en verdad  fuera magia.

--magia, tú también puedes hacerlo.

La emoción recorre mi cuerpo, levanto una de mis manitos y la acero a la suya, se ve tan pequeña en comparación, me veo tan pequeña a su lado, espero que ocurra lo mismo y nada, la desilusión está clara en mi rostro. Él me mira y se ríe.

--¿me enseñará a hacerlo?

--solo si aceptas venir a mi colegio—Me dice, noto cierto orgullo cuando lo hace.

--lo haré—Prometo ansiosa-- ¿puede enseñarme a hacerlo ahora?

--aún no, cuando estés en Hogwarts, aprenderás este y muchos más trucos, confía en mi.-De pronto su rostro se vuelve serio—Debes saber que esto no es un juego pequeña, se te ha reservado una vacante desde que naciste y es muy importante y serio.

--habla como si en verdad fuera magia, sin trucos--me siento incrédula.

De pronto una duda me asalta. Y recuerdo algo que él no sabe, están cometiendo un error. Por un momento me siento tentada de ocultárselo, pero no puedo.

 Un punto a favor de las monjas, la hermana Lucina, en paz descanse, me enseñó bien. No puedo mentir.

--señor, no soy Kendra Reed, se equivocaron de chica.

--lo sé.--De pronto vi clara la molestia en su rostro, se puso de pié en un instante y me volví a sentir pequeña ¿Qué hice? Quiero pedirle disculpa por lo que sea que haya hecho, no quiero que se enoje, quiero que me enseñe sus trucos y me gustó su forma de tratarme… no, por favor.

Me siento culpable por haberlo hecho enfadar.

 Estoy a punto de disculparme pero el sigue hablando y me deja sin aliento.-eres Bellatrix, Lestrenge.  

En lo único en que puedo pensar es que kendra Bellatrix, suena muy bien, es como dicen los mayores "Cool" y es algo propio; algo que sé de mi pasado que  hasta hace dos minutos atrás era una misteriosa oscuridad, es como si comenzara a atisbar un poco de luz entre la niebla.

  Estoy experimentando una extraña sensación, no es triste, me siento alegre, feliz, creo que podría echarme a reír en cualquier momento.

No fui consciente de que el hombre se iba hasta que oí la puerta abrirse.

-¿es en serio?-pregunté aún en el suelo. 

Él no contestó, solo se marchó.

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