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la hija de bellatrix, bajo la sombra — capítulo 3
2- la marcha.
No ha ocurrido nada desde que el hombre de traje marrón se marchó.
Las monjas no me han dicho nada, tampoco me atrevo a preguntar demasiado. Espero a que vuelva por mí, en verdad lo deseo. Temo que haya sido un sueño, no hay nadie que pueda atestiguar que haya sido cierto, bueno tal vez la hermana Gassus pero no me atrevería a preguntárselo.
Estoy fuera, en el patio principal, la hierba crece verde como la esperanza, amo este olor, olor a vida a esperanza. El día es cálido.
Roxane y alysha no han cumplido con su amenaza, hace ya cosa de una semana de eso y me siento segura por una vez. No lo van a decir, sé que fue Erik el del hurto, pero si no lo digo ellas tampoco dirán nada.
Parece que la Srta. Gwen tiene suficiente dinero como para no echar de menos unos chelines. Bien por ella. Me he salvado.
Inhalo profundamente, el viento trae consigo el canto de los pájaros y una extraña esencia mentolada. No me doy cuenta y cierro los ojos para disfrutar mejor de la brisa.
Los abro y me volteo.
Allí está él, el hombre del traje marrón. Es él, quien huele a menta, es agradable verlo, me siento cuerda o al menos no tan loca. Detrás de él viene la Srta. Gwen.
La srta Gwen es la psicopedagoga y nos imparte clases de inglés, es una mujer muy bonita pese a que debe estar pisando los cuarenta. Tiene el cabello cobrizo y ojos miel, su rostro es dulce y junto a la cocinera son las únicas dos mujeres agradables aquí.
-He venido a recogerte.-Me informa Neville.
Me quedo pegada al suelo de la impresión como una tonta.
-¿No irás por tus cosas?-Me pregunta la srta Gwen devolviéndome a la realidad.
Asiento y salgo corriendo de la emoción, tengo que comenzar a preparar las cosas, no tengo nada empacado, (no es que tenga muchas cosas, claro) ¡pero me voy! De pronto soy consciente que no sé a dónde vamos a ir. Me doy cuenta de que siento ciertas dudas al respecto pero de todos modos sigo adelante.
Alguien se ha tomado la molestia de dejar una valija mediana sobre mi cama. Abro los cajones, y comienzo a sacar la ropa doblada de su interior. No es gran cosa, un par de camisetas desgastadas, un abrigo grueso, uno más fino, dos conjuntos de ropa interior (con medias incluidas) y un par de polleras, ah y las blusas blancas, y un vestido jumper para variar entre las polleras.
Llevo puesta una pollera larga hasta debajo de las rodillas, con zapatos de tacón bajo y anchos, zapatitos clásicos de niña (no se permite otra cosa en el orfanato) una blusa cerrada en blanco de tela fresca con mangas largas, pantimedias blancas y el cabello atado en dos trenzas asentadas en forma de torta sobre la cabeza (es para evitar el contagio de piojos) no nos dejan llevarlo de otra forma. Estoy lista para salir con la valija en la mano, inspiro el olor mohoso de la habitación y me giro.
Maldición.
Ellas… ¿Qué quieren?
Alysha y roxane están paradas en la puerta con sus estúpidos rostros picados de acné. Ellas se creen geniales, las odio.
Vienen a causarme algún daño, lo veo en sus rostros. ¿Por qué no me dejan en paz y ya? No les hice nada, no queriendo al menos, pero ella no lo entiende. ¿Cómo pude haberle incendiado el cabello a Alysha o lograr que a Roxane se le callera el tintero? Lo deseé, lo admito. Pero yo no pude, simplemente estaba demasiado lejos para causarles algún daño.
--¿Qué quieren?-pregunto con toda la vehemencia que consigo recolectar.
--Nos enteramos que te marchas.-dice Roxane.-Vinimos a despedirnos.
"Sí claro, y yo soy Miley Cyrus" pienso con molestia, pero claro que no lo diré, no me atrevería a enfrentarlas, me harían pedacitos y arrojarían mis restos por la ventana.
Intento avanzar pero ambas se cruzan en la puerta. Bien, hagan ya lo que vinieron a hacer y déjenme en paz, suspiro resignada y me cruzo de brazos. Mi gesto las provoca lo suficiente, no dura mucho, sólo unos segundos.
Me empujan, me muerdo la lengua al caer y pruebo mi propia sangre, no es la primera vez. Me agarran por el cuello de la blusa, siento que la ropa se rasga, me insultan. Maldita sea yo, sé que me arrepentiré de esto pero consigo valor de algún remoto lugar que no sabía que existía y le escupo en la cara a Roxane.
Creo que se sorprendió, porque me suelta de golpe y caigo el suelo.
Una pequeña victoria para mí.
De todos modos no sé si haya valido la pena.
-Ramera…-Gruñe.
Siento un puntapié en el estómago que me deja sin aire. El resto es una serie de golpes e insultos que veo correr en cámara lenta. Luego de un rato se largan.
A mi alrededor mis cosas están hechas un revoltijo.
Un par de zapatos de hombre aparecen en mi rango de visión. Me incorporo a medias y encuentro el rostro del señor Longbottom, su traje marrón desprende aquel refrescante perfume mentolado, cierro los ojos y disfruto de aquello por unos instantes hasta que lo oigo hablar.
Lo que ve no es nada halagüeño, de acuerdo, entiendo su preocupación pero es mejor que no haga nada o las cosas se pondrán realmente feas.
--Por favor, no diga nada.--Le suplico. --Me lo he buscado.
Él me mira con clara desaprobación pero no dice nada, se agacha a mi altura y me ayuda a levantar mis cosas, están arrojadas en el suelo. Lo veo sacar una varita de debajo de su traje y de pronto las cosas se mueven solas y vuelven a guardarse. Me quedo boquiabierta olvidando la sangre de mi boca, mis ojos se agrandan como platos… no es cierto, es imposible… no…
--Es real--Jadeo sorprendida.
--¿Qué clase de magia creías que harías?-Me pregunta.-¿Crees que se limita a sacar conejos del sombrero?
No sé qué decir. Estoy boquiabierta. Él apoya su varita sobre mi labio roto y siento como la carne se vuelve a juntar haciéndose una sola. Me llevo la mano para tocar mis labios, no hay cicatriz ni marca alguna. Es magia. Magia real…
No sé en que momento lo seguí, luego del incidente en mi habitación no fui del todo consiente de lo que ocurría a mi alrededor. Sé que estamos en un autobús a Londres, el profesor está a mi lado y nos dirigimos a algún lugar mágico que no recuerdo, creo que la cabeza va a estallarme.
El autobús para al fin y descendemos, voy de la mano del hombre mayor, me pregunto si así se sentirá ir de la mano de tus padres. Me cruzo con un niño malcriado que le grita a su madre que la odia. Si yo tuviera una madre jamás se lo diría, la adoraría, haría todo por agradarle.
La mujer llora y no puedo evitar compartir mi pensamiento con el profesor.
Neville me lanza una mirada que no logro comprender, me acaricia la mejilla y no dice nada.
Seguimos caminando hasta una vieja cantina. Entramos. Neville continúa de largo hasta la puerta de atrás, se detiene sólo un instante para saludar al cantinero con un gesto y sigue su trayectoria hasta el final del pasillo, fuera hay una gran pared de ladrillos, por lo demás el paisaje está completamente desierto. Admito que me decepciona.
Esperamos unos momentos y el profesor vuelve a sacar su varita mágica. Estoy ansiosa, quiero verlo de nuevo usando sus poderes.
Toca en ciertos puntos claves la pared y esta comienza a moverse formando un pasillo, no puedo evitar dejar escapar una exclamación.
Él me sonríe con cierto orgullo, me aferro a su mano para no quedarme atrás, tengo miedo de desvanecerme y que cuando vuelva a mi todo haya sido un sueño. Si lo es, quiero vivir en él.
Recorremos las calles abarrotadas de gente vestida de lo más extraña, me encantaría tener varios ojos más para poder ver en todas direcciones a la vez. Hay tiendas con todo tipo de cosas raras como calderos, escobas, lechuzas… ¡hay una tienda de animales donde venden lechuzas! los cartel rezan distintas cosas algunas de las cuales no entiendo nada.
El profesor me va señalando los lugares e intenta explicarme brevemente que puedo encontrar en cada sitio pero me resulta imposible guardar la información, mi cerebro está demasiado aturdido para hacerlo.
Nuestra primera parada es una tienda donde venden túnicas. Hogwarts tiene una especie de fondos para los niños sin recursos como yo. El presupuesto es escaso y sólo alcanza para cosas de segunda mano pero de todos modos me parece genial. Estoy demasiado feliz para que algo me moleste.
Conseguimos una túnica negra a buen precio y libre de remiendos, me queda bastante bien.
Neville llevaba una lista con las cosas que necesitaré, estoy tan emocionada que corro a abrazarlo y entierro mi rostro en su saco marrón. El olor a menta inunda mis pulmones y aspiro con fuerza, me encanta la suave aspereza de la tela, es como si enterrara mi cabeza en una alfombra. Siento su mano en mi hombro, él me da palmaditas cariñosas, creo que lo he tomado por sorpresa.
Para el final de la tarde hemos comprado todo, salvo la mascota. El profesor me ha prometido que tiene una sorpresa para mí, en mi habitación aguarda mi mascota.
Me ha alquilado una habitación en el caldero chorreante para que pase la noche. Por la mañana tengo que ir hasta la estación de trenes, me ha dado un boleto dorado para el expreso de hogwart, parte de la estación 9 ¾.
Me siento como Charlie en la fábrica de chocolate.
Estoy tan emocionada que sé que no podré pegar ojo en toda la noche. En el caldero el cantinero se muestra muy amable, y recibe indicaciones de ayudarme en caso de que tenga alguna duda.
Me dan la habitación B2, el número de las habitaciones está escrito en una plaquita de bronce en forma de caldero, todo es tan mágico que creo que voy a enfermar de la emoción.
Tengo que tomar aliento un par de veces, antes de decidirme a abrir la puerta, tengo la mano apoyada en el picaporte.
Cuento hasta tres y entro.
Para mi desilusión no hay nada extraordinario en la habitación. Es más, es la habitación más ordinaria que haya visito nunca. Una cama desvencijada, paredes empapeladas atacadas por la humedad, piso de madera, un pequeño escritorio-mesita y mis cosas apiladas en un rincón.
Se escucha una especie de graznido, me giro en la dirección y waho…
No lo vi al entrar, hay una especie de percha en un costado de la que cuelga una jaula con un pichón de lechuza tan blanco como la nieve. Corro con emoción hacia ella, la lechuza se asusta y aletea un poco.
Hay una nota colgada de la jaula, es de Neville.
Querida kendra:
Este es un pichón de lechuza, demasiado pequeño para enviar correspondencia, pero supuse que tal vez te gustaría. Lo encontré hace un tiempo, estaba herido, lo curé y en fin, necesitaba de alguien que cuidara de él y tú necesitabas una mascota, espero que se lleven bien. Los mejores deseos para tu nuevo curso.
Neville
Pd: Recuerda ir vestida como muggle hasta el andén, te cambiarás por las túnicas luego, en el tren. No lo olvides, andén 9 ¾
Cierro los ojos y aprieto el boleto contra mi pecho, es demasiado maravilloso para ser cierto. Temo demasiado que sea una mentira. Me acuesto y me paso toda la noche observando alternativamente del techo a la pared, de la pared a la ventana y de la ventana a mi lechucita.
Me levanto tarde hoy, espero que no se me haga costumbre.
Sé que me he quedado dormida porque tengo lagañas en los ojos. El cuerpo me pesa, estoy cansada, no sé en qué momento me dormí pero estoy segura de que fue tarde.
Miro mi reloj de muñeca.
¡No, no. No, Por favor no! ¡Llego tarde! ¡Perderé el tren!
Me apresuro a cambiarme, mi cabello se ve espantoso, no tengo tiempo. Me hago dos trenzas rápidas sin lavarlo. ¡Dios! espero que en Hogwarts pueda ducharme.
Mejor sucia a perder el tren.
Tardo quince minutos en vestirme y recoger todas mis cosas, me despido del cantinero y salgo a la calle.
De pronto soy consciente de que no tengo idea de cómo llegar a la estación. Quiero gritar como una niña en un berrinche ¡no puede ser! tan cerca y tan lejos de conseguirlo.
Rebusco en mis bolsillos en busca de algo que pueda ayudarme…
Nada.
Escucho el sonido de una bocina enloquecida, una sombra se levanta sobre mis ojos tapándome el sol. Levanto la vista y veo lo que bien puede ser un edificio cayendo sobre mí.
Suelto un grito de pánico y acabo cayendo sobre mi trasero, tengo las manos apretadas contra mis ojos. No quiero ver.
-¿Por qué gritas?-Oigo una voz que me llama.
No estoy muerta, eso es genial ¿no? Quito mis temblorosas manos de los ojos y me atrevo a espiar.
Jadeo de la impresión.
Frente a mí se alza un autobús de tres pisos con la inscripción "knight bus" en letras doradas. Nunca antes he visto este tipo de autobús.
--Hey, ¿me escuchas?
Por fin lo veo, el que me habla es un muchacho mayor, de unos 18 o más, tal vez sea todo un hombre bien conservado. Es apuesto, me mira como si fuera una extraña clase de lunática. Si les viniera encima semejante monstruo de metal ¿Quién no gritaría?
-¿Qué es eso?-Consigo preguntar.
-Esto-dice con orgullo dándose importancia—es el autobús noctambulo, el transporte para el mago o la bruja desamparada.
-¡Hogwarts!-recuerdo saliendo del pasmo de la primera impresión. -¡llego tarde!
-¡Oh! ¡Vamos, vamos, sube!-Me apremia ayudándome con mis cosas.
—vamos Ernie, aprieta el paso que llegamos tarde al andén 9 ¾-Grita el muchacho una vez hemos subido.
De súbito el autobús comienza a moverse a una velocidad vertiginosa. Me aferro con tanta fuerza a la baranda que mis manos se adormecen. Las sacudidas me empujan de un lado al otro, temo que esto es peor que una montaña rusa, siento que vomitaré.
Gracias a dios no he desayunado.
-Así que primer año en Hogwarts… ¿he?-comenta el muchacho de forma despreocupada. Levanto la vista para observarlo y en verdad no puedo creer que vaya tan relajado. Ni siquiera se aferra, apenas está apoyado por uno de los postes de hierro.
Temo que si abro la boca vomitaré así que me limito a asentir lentamente. Entramos en una curva brusca y por poco no me caigo, debo aferrarme con ambos brazos, mis manos duelen, siento que mis pies pierden contacto con el suelo por unos minutos antes de volver a acariciar el suelo.
-Tengo una hermana menor que también comienza este año. Anette, ella viene de Francia, hace años que no la veo. ¿Podrías escribirme si la vez?
Vuelvo a asentir, me pregunto cómo puede soportar estos bamboleos con tanta calma.
-Eres una chica de pocas palabras ¿he?-Sonríe. Su sonrisa es cálida, tiene los dientes blancos como la leche; La piel pálida y el cabello de un castaño rojizo, algo violáceo, algo como color vino, esa es la definición; Sus ojos son grandes y azules de pestañas largas, aunque al ser claras uno no las notas si no presta atención; Y su nariz… estrecha y en punta, parece salirle de las mejillas de tan respingada.
Me obligo a abrir la boca para responderle, no puedo ser tan descortés, no es que quiera serlo, es que tengo miedo de vomitarle en los zapatos, ¿eso tampoco sería muy educado o sí?
La endemoniada maquina frena de golpe y no llego a hablar. Trastabillo y el muchacho me ayuda a mantenerme en pie.-Bueno, hemos llegado, princesa.
Antes de que me dé cuenta estoy otra vez en tierra firme, mis piernas tiemblan como gelatina, creo que soy capaz de besar el suelo sobre el que me paro. Este viaje sí que fue terrible.
--Casi lo olvido, soy Cats, Jonathan, Cats.
--Kendra, un placer.—El muchacho me regala una última sonrisa y vuelve a subir al autobús.
--¡buena suerte en Hogwarts kendra!—oigo su voz en el aire pero el autobús ya se ha marchado.
Eso ha sido extraño.
Vuelvo a mirar la hora. Un punto a favor, he llegado a tiempo. Empujo mi carrito, con el baúl y mi valija, la jaula de la lechuza va por arriba de todo. La estación de King&Cross es increíblemente moderna, se parece mucho a un centro comercial. Es fantástico. Nunca he estado en un lugar tan grande en toda mi vida.
Alguien me choca y se va sin molestarse en pedir disculpas, seguro es un turista.
Me pregunto entre todas estas escaleras y plataformas a donde debo ir. Camino un poco asustada por la magnitud de todo aquello y me encuentro con un mapa de la estación, encuentro el andén nueve y el diez, pero nada acerca del 9 ¾.
Suspiro con frustración y me dirijo en aquella dirección, ¿no tendría que estar muy lejos o sí?
Pues bien, no hay nada, ni seña del dichoso andén, miro el reloj de la estación rogando que el mío esté adelantado.
¡Maldita sea!
Dios parece burlarse en mi cara, me siento como si ataran un chocolate de un palito y cada vez que estoy a punto de tomarlo lo estirasen más lejos ¡es estresante!
-¡Estúpido Hogwarts!-maldigo resignada.
Me dejo caer en el suelo de brazos cruzados, creo que lo he dicho muy alto porque un par de señoras me han mirado con mala cara.
--¿Te encuentras bien?-Levanto la vista para ver quien me habla.
Es un muchacho. No, más bien un niño. Debe tener mi edad, sus ojos son azules y tiene el cabello oscuro muy revuelto.
Su apariencia es relajada, bastante desaliñada, lleva una camiseta azul oscuro que le queda bastante floja y unos jeans desgastados.
Por un extraño instinto me preocupo por mi apariencia, él se ve tan moderno como la mayoría de los chicos de mi edad y yo… bueno, llevo puesto el jumper-vestido con una camiseta blanca debajo, las medias blancas y los zapatos negros.
Parezco una tonta, lo sé y mi cabello no ayuda, esto es tan frustrante. He olvidado responderle.
Intento arreglarme un poco el cabello con los dedos quitándome una mechita suelta de los ojos.
--¿Vas a Hogwarts?—pregunta observando mi carrito.
Esta vez me olvido de mi aspecto y asiento enérgicamente.
Gracias, dios.
-¿Eres mago?-Él asiente y me sonríe.
Siento que mis mejillas arden, creo que estoy enfermando. -no puedo encontrar el andén 9 ¾-Me explico entregándole el ticket dorado.
--Pero si estás parada justo frente a él. Sólo atraviesa la muralla entre el andén nueve y diez.
Está jugando conmigo, quiere engañarme y dejarme como una tonta. Por eso odio a los otros niños, siempre se las toman conmigo.
Creo que mi rostro refleja mis sentimientos porque de pronto se pone serio y me tiende la mano.
--Ven pasemos juntos.
Titubeo unos momentos, él toma mi carrito y avanzamos, esto es una locura. Cierro los ojos y me dejo guiar por el niño.
Sus manos son suaves pero están un poco húmedas, de todos modos no es desagradable.
Siento un cosquilleo en todo el cuerpo y de pronto el olor cambia. Abro los ojos y waho… He dejado atrás la estación de trenes. Bueno, me encuentro en otra para ser exactos, el aroma es distinto.
A mí alrededor veo cientos de niños de entre 11 y 17 años, hay un gran alboroto, apenas puedo oír mis propios pensamientos.
La atmosfera parece teñida del escarlata de la locomotora, todo está iluminado por unas tonalidades sepias, esto es grandioso.
-Ejem.--Carraspea el muchacho.
Me doy cuenta que he estado estrangulando su mano todo el tiempo.
-Lo siento.-me disculpo, otra vez esa sensación de calor en las mejillas, creo que tengo fiebre.
-Deberías dejar esto por allá.-Dice y señala primero a mi equipaje y luego un punto detrás de él que no queda claro. No aparta la mirada de mí, es esta estúpida ropa. Quisiera que me trague la tierra, se ha mostrado tan amable al no reírse en mi cara, seguro que le está costando esfuerzo.
-Lo siento, no lo sabía-Me vuelvo a disculpar con torpeza, me siento tan cohibida ¿Qué me está pasando?… desvío la mirada de su rostro, es todo culpa de la maldita fiebre.
-Descuida, ya me encargo yo.-Dice agarrando mi carrito.-Mi hermano es el conductor de la locomotora, no se molestará si le llevo un poco de equipaje algo tarde.
Toma el carrito y se lanza en dirección opuesta a mí. Espero un momento y hablo tratando de hacerme oír por encima del clamor.
De pronto soy consciente de que no se su nombre.
--¡Chico!--¿Chico? ¿En verdad he dicho eso? Es un chico, bien, pero ¿Cuantos chicos hay alrededor mío? Cientos. Yo y mis absurdos, además "chico", suena horrible para llamar a alguien.
De todos modos "Chico" reconoce mi voz y se gira, hay una sonrisa ladeada en su rostro, parece una mueca burlona. --¿sólo subo y ya?
Él asiente y puedo oír su voz sobre el gentío—guárdanos un compartimento.
Me encuentro asintiendo, no sé si me vio o no, pero ya le he dado la espalda.
"respira, por favor, respira" me repito mientras camino con paso firme hacia la locomotora. Bien ya estoy aquí. Soy una bruja, esto no lo descubres todos los días.
Apenas piso el suelo rugoso del vagón, el tren comienza a moverse. Justo a tiempo.
En el pasillo me cruzo con chicas bonitas, con sudaderas a la moda y pantalones ajustados, algunas llevan maquillaje y el cabello pintado de colores. La mayoría tiene sus audífonos puestos o hablan entre ellas de forma animada.
Trato de observarme en uno de los vidrios, soy patética, estoy hecha un asco. Odio el tonto uniforme de colegio católico. Quiero que me trague la tierra, con razón el chico de bonitos ojos sonreía. Ni un payaso causaría tanta gracia como mi aspecto, estoy completamente fuera de lugar, parece que hubiera salido del siglo pasado.
No sé en qué momento llegué a un compartimento vacío, estuve todo el camino maldiciendo mi aspecto. ¿Por qué tienen que obligarnos a vestirnos así?
Entro en el compartimiento y lo trabo.
Al rato alguien golpea y entra, es otra vez el niño de ojos azules, no sé por qué me siento tan nerviosa cuando se me acerca.
No es lo mismo que cuando Eric o algunos de sus colegas se acercan, eso es miedo; esto en cambio es distinto, siento que mi estómago de revuelve como si hubiera comido algo en mal estado.
"No has comido nada" me recuerdo, eso es. Puede que tenga hambre.
--Hola. Soy Matth. Nos conocimos hace un rato.-Su voz me devuelve a la realidad. Se ha sentado a mi lado, está tan cerca que puedo sentir su calor y se mueve con una confianza digna de admiración para un niño de su edad.
-Kendra, soy Kendra.-me presento y le tiendo la mano. Él me observa algo raro y me la estrecha. Tal vez estoy siendo demasiado formal. Me muerdo los labios.-¿También es tu primer año?
Niega con la cabeza y su cabello cae rebelde sobre el puente de su nariz, se ve gracioso.
-Es mi segundo año aquí.
Otra vez silencio, me remuevo un poco incomoda ¿Qué puedo responder a eso? De pronto siento una extraña ansiedad, quiero reír como tonta, pero vamos ¿Dónde está el chiste? Me contengo y jugueteo con los pies que me cuelgan en el aire para concentrarme en algo.
--¿Y a qué casa quieres ir?—Me pregunta cortando el silencio. Gracias.
--¿Casas? No sé, nunca he oído nada de ellas.
--¿Nunca te han hablado de las cuatro casas de Hogwarts?—Levanta un poco el tono por la incredulidad.
De pronto me siento avergonzada.
--Lo siento, crecí en un orfanato, ¿cómo es que ustedes los magos lo llaman? Muggle. Recibimos una educación católica es el porqué de que lleve esta ridícula ropa, las monjas que lo regentean digamos que no son muy vanguardistas—Intento bromear. No sé por qué lo he dicho, pero me sentía en la obligación de justificar mi atuendo.
--A mí me parece encantador. Las chicas quieren resaltar y tú lo haces sin proponértelo. Créeme que lo sé porque tengo dos hermanas de 16, son gemelas.-aclara.
No estoy segura si lo dice en serio o si se burla de mí. No me gusta cuando no sé si se burlan, prefiero que me maltraten, así sé que debo defenderme, esto me desorienta, no sé si mandarlo al demonio o agradecerle el cumplido. Prefiero cambiar de tema.
--Háblame de las casas.
El muchacho se pasa gran parte del tiempo en un monologo acerca de la gloria e historia de los Gryffindor, no me sorprendo cuando dice que es su casa. La señora del carrito de dulces pasa por nuestro vagón y lo interrumpe, él compra un par de varitas de regaliz y unas ranas de chocolates.
-Toma una— dice entregándome una de las cajitas. No me gusta el tono autoritario que usa pero de todos modos acepto—esto te gustará. Nunca has comido una ¿no?—Niego—Ten cuidado cuando la abras, puede escaparse.
Abro la caja con cuidado, y dejo escapar un grito de asombro cuando algo salta desde su interior, Matth se rie, la atrapa en el aire y me la entrega.
--Tómala, ya no volverá a saltar.
La observo un momento con desconfianza.
--¿No será real o sí?
--Claro ¿qué te esperabas? Aún no has probado las arañas acarameladas, saben muy bien acompañadas de zumo de naranja o cucarachas en su salsa. Aunque mis favoritas son las lombrices con salsa blanca. Lo que no te recomiendo son los ojos—Dice con un gesto de asco
El estómago se me revuelve de solo pensar en cucarachas y lombrices, voy a vomitar si tengo que comer algo así. De pronto empieza a reír con ganas, su risa es musical y aniñada.
--¿Qué clase de monstruo crees que somos?—Pregunta, tratando de contenerse.
¡Se ha estado burlando de mí! Me siento engañada y defraudada, pensaba que era bueno ¡cabrón! Me levanto molesta. Que se quede con su estúpida rana, odio a los muchachos, son todos unos idiotas.
-¡Oh vamos! no te enojes—Se levanta detrás de mí y me detiene por el brazo—Sólo bromeaba, debiste de ver tu cara. Lo siento, estuve mal. Discúlpame—dice aún recuperándose del ataque de risa. Su pecho aún se mueve de forma rápida y sus labios se fruncen en un intento de contener su sonrisa.
--No vuelvas a hacerlo—Digo con los brazos cruzados en tono amenazante, como si en verdad pudiera hacerle algo. Seguro que es más fuerte que yo.
--Prometido—Dice pero tiene los dedos cruzados. Pongo los ojos en blanco y él me sigue contando de las casas, no dijo casi nada de los Hufflepuff, habló poco más de los Ravenclaw, y se centró bastante en los Slythering, la peor de las casas.
No me importa a que casa vaya, no quiero ir a slythering.
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M.