← la hija de bellatrix, bajo la sombra · de
la hija de bellatrix, bajo la sombra — capítulo 4
3-La selección
Cerca de media hora después una prefecta pasa a avisarnos que debemos cambiarnos, por la confianza que tiene con Matth creo que se conocen.
--Es mi hermana—Me explica al notar que me quedo mirándolos. La muchacha tiene los mismos ojos que su hermano pero el cabello más claro.
--Soy Jana. Prefecta Gryffindor-- Me dedica una sonrisa idéntica a la de Matth y se marcha.
Al rato aparece otra vez, asoma su cabeza por la puerta y nos vuelve a sonreír No han pasado ni cinco minutos de que se fue, me sorprende que haya podido volver tan pronto. Aún no acabo de pasarme la túnica por sobre los hombros.
-¿Ya se han cambiado? Parecen ansiosos.
La miro desconcertada, estoy a punto de decirle que ella acaba de decirnos que nos cambiemos cuando Matth me observa con una sonrisa en los labios.
--Ella no es Jana.—Me advierte.
--¿Jana, yo?—Dice la chica fingiendo un tono ofendido.—soy Jenna, prefecta Ravenclaw.—Otra vez la idéntica sonrisa.—Recuerda, yo soy la linda.—Se toca la nariz con el dedo índice de forma graciosa.—Me encantaría quedarme charlar, pero mi hermana va por delante de mí, así que debo seguirle el ritmo ¿Eres de primero verdad?
--Soy Kendra. Sí, es mi primer año--Al fin recuerdo como se hablaba, por un momento me he quedado completamente muda. La chica es muy resuelta, de esas personas que te hacen sentir entre amigos sin conocerte.
--Espero tenerte en mi casa, pareces una niña inteligente.
--Si lo fuera no estaría con nuestro hermanito—La otra muchacha aparece de nuevo en la puerta junto a su hermana. Son dos gotas de agua, me quedo impresionada al verlas, lo único que las diferencia es el color de sus corbatas.—Además, recuerda, los Gryffindors somos mejores.—Me hace un giño.—Vasta de charla Jenn, tenemos que seguir con lo nuestro, dejemos en paz a los chicos.-Nos regalan una última mirada y un idéntico "adiós"
Jenna se gira una vez más hacia Matth y le giña un ojo—Linda chica, Matthy.
Otra vez el calor en las mejillas. Definitivamente tengo que ver a una enfermera. Observo a Matth de soslayo, él también tiene las mejillas sonrosadas ¿y sí le he contagiado? Dios mío, no volverá a hablarme. Tendré que explicarle que no sabía que estaba enferma. Espero que me crea, es la primera vez que hago un amigo, bueno un conocido agradable, no sé si somos amigos.
--La odio—Dice Matth. Lo miro sin comprender—Jenna siempre se las arregla para dejarme en ridículo—Explica.
Supongo que es por lo de Matthy, hago una nota mental de no llamarlo Matty. Otra vez el silencio, me siento tentada de preguntarle si quiere ser mi amigo. Me aguanto un poco, aún no sé si es el momento.
El tren se para y bajamos. Hay un hombre gigante llamando a gritos a los de primer año, con la cantidad de niños a mí alrededor me cuesta ver por encima de sus cabezas. Me paro en las puntas tratando de ver pero mi situación no mejora, soy bastante baja para ser francos.
--Ese es Hagrid—Me giro y es Matth, no lo vi venir detrás de mí. Creo que me encuentra más graciosa de lo que soy porque otra vez tiene esa mueca en el rostro. Se muerde los labios o los retuerce para no reírse, tiene unos labios muy bonitos. Él es más alto que yo y no le cuesta esfuerzo mirar sobre el gentío. -Debes acompañarlo hasta los botes, con el reto de primer año.
--¿Tú no vienes?—Le pregunto y él sacude la cabeza—Los mayores vamos en carruaje.
Pienso que no es muy mayor a mí, para darse tanta importancia, pero recordárselo no sería una buena forma de comenzar una amistad. Eso me recuerda....
--¿Quieres ser mi amigo?—Mi voz sale algo más chillona de lo que esperaba, mis mejillas vuelven a arder y el esta vez sí sonríe abiertamente. No es una sonrisa dulce, más bien una divertida, casi burlona.
¡Dios! estoy haciendo el ridículo ¿Cuántos años tengo? Eso lo decía cuando tenía cuatro y me encontraba con otro niño para invitarlo a jugar. Me siento tan tonta ahora ¿En que pensaba? Creo que comienzo a hiperventilarme.
--Me encantaría—Responde. Pero ya no es el mismo tono con el que te diriges a alguien de tu edad, es aquel con el que le hablarías a un niño. Me he clavado mi propia fosa. Quiero gritar de exasperación.
Él me desea buena suerte y se marcha. Quiero llorar, lo sé, me comporto como una niña. No sé cómo actuar. Por un momento creí que preguntárselo sería lo adecuado pero no trato con niños de mi edad desde el kínder. Las lágrimas me escuecen los ojos, pestañeo varias veces para tragármelas.
Otra vez se escucha la voz del gigante llamándonos.
Levanto la vista y me dirijo hacia las barcas, todas parecen repletas salvo una donde van dos niños pelirrojos y llenos de pecas. Me acerco hasta ellos y les pregunto si pueden compartir la barca conmigo.
--Claro—Dice uno de ellos con voz afeminada y de pronto me doy cuenta que lo que creí un niño, es una niña con el cabello raleando en sus hombros. Sus facciones son rusticas, y no muy agraciadas para una niña. Miro a su acompañante, pero él definitivamente si es un muchacho. Se le parece mucho, de hombros anchos y rostro cuadrado—Soy Lucy, y él es mi hermano David, somos mellizos. ¿Cómo te llamas?
--Soy Kendra, un placer—miento subiéndome al botecito.
--¿Eres hija de Magos o de muggles?—Estoy a punto de responder pero ella continua haciendo un monólogo. Creo que ama su voz—nosotros somos mestizos, quiere decir que mamá es muggle y papá mago. ¿Verdad Dave?—Se gira en dirección a su hermano. El aludido asiente, siento pena por él.-¿Recuerdas cuando llegó la carta? Mamá casi se infarta, incluso amenazó con separarse, al final papá la convenció cuando lo vio volar en una escoba, ¡casi me muero de la emoción! Papá lo tenía bien guardado. Me tomó entre sus brazos y me llevó a ver la luna. ¡Fue fantástico! ¿Cómo te lo dijo tu papi?
Su repentino silencio me tiene tan aturdida que tardo unos momentos en responder.
--No tengo padre—Mi voz sale un poco acartonada por la incomodidad. No me gusta tener que explicar mi situación familiar. Siento que debo agregar algo, pero no sé qué.
--Lo siento—Dice la niña pelirroja, pero no hay ningún tipo de sentimiento en su rostro. No es más que una fórmula de cortesía—Supongo que entonces el don viene de tu madre ¿no?
--Supongo—Musito dubitativa.
--¿Cómo que lo supones? ¿Nunca se lo has preguntado?—Sus ojos son dos platos gigantes en color chocolate.
--Nunca la conocí.
--¿Eres huérfana?—La miro con incredulidad buscando algún atisbo de malicia. No, simplemente es estúpida.
Asiento.
--¿Y quién se hace cargo de ti?—Pregunta con el mayor descaro. Mis ojos arden, voy a llorar si sigue con esto.
--Déjala, Luz—Le recrimina su hermano, es la primera vez que lo veo levantar la cabeza, tiene los ojos de un azul pálido y acuoso. Me lanza una mirada piadosa y comienzan a hablar de forma animada de algún tema al cual no estoy invitada ni deseo estarlo de ser honesta. Cierro los ojos, esa niña parece que nunca va a callarse, cuento hasta diez, luego hasta veinte, hasta cien de ida y vuelta y estoy a punto de gritarle que se calle cuando de pronto lo hace. Abro los ojos sorprendida por el repentino silencio y whao…
Me quedo sin aliento, frente a mí se alza la imagen más esplendorosa que jamás haya visto. El castillo de Hogwarts rompe el cielo con sus torres iluminadas desde su interior, bañado de una luz incandescente se ve sobrenatural con su aspecto pétreo, cubierto por el abrazo fantasmal de las llamas. Soy tan feliz que podría llorar, o morir aquí mismo y sería la chica más feliz del mundo.
Una voz nos llama desde tierra firme y uno a uno vamos atracando nuestros botecitos.
Es el profesor longbottom.
De pronto soy consciente que mantuve la respiración todo el tiempo. Trago una bocanada de merecido aires para mis pulmones y me dirijo junto al profesor.
Me siento desilusionada al comprobar que no me presta mayor atención que a cualquier otro estudiante. "Tonta"me digo, ¿a cuántos niños huérfanos habrá ido a recoger este curso? Seguro que no tengo mayor importancia que cualquiera de los asustados niños que me rodean. Ni que decir que estoy aterrada. Mis tiemblas piernas, quiero decir, mis piernas tiemblan. Estoy tan nerviosa que no puedo coordinar ni una idea de forma coherente.
Neville ha dicho algo, no me pregunten qué porque no tengo la menor idea. Lamento decir que no lo he escuchado. Por la cara de la mayoría de mis compañeros creo que no soy la única en no presta atención.
De pronto las puertas de viejo roble se abren de par en par y nos dejan pasar. Hay un gran comedor con cuatro mesas largas llenas de niños y una más en la parte de atrás donde se encuentran los profesores, en el centro del estrado hay un atril. Detrás de él hay una mujer de rostro severo que nos da la bienvenida con los brazos abiertos en un abrazo simbólico.
Mi atención viaja de la mujer severa a las mesas, no puede ser, es imposible. Vuelvo un poco mi atención y sí, si es cierto. ¡Hay fantasmas! es increíble, oigo que uno saluda a una muchacha que se encuentra bajo el estandarte del tejón. Amarillo y negro… debe ser Hufflepuff si lo que dijo Matth estaba bien.
Quiero verlo todo a la vez, no sé qué está diciendo la directora, solo soy consciente de que mis ojos buscan algo más allá de la fantasmagórica existencia de aquellos entes, algún juego de luces, algo que debele el truco.
En la mesa Gryffindor me encuentro con el chico del tren. Él me guiña un ojo y otra vez siento aquella horrible sensación de mareo. Desvío rápido la mirada hacia mis pies, mis zapatitos lustrosos brillan de forma increíble, a diferencia de las zapatillas de los otros niños, algunas un poco sucias y otras un poco bastante. De todos modos no me molestaría que mis zapatillas tuvieran desgastes en los lados, si solo pudiera tener una sería increíble.
--Lestrange, Bellatrix… ¡kendra!
Levanto la vista, aún no me acostumbro a mi nueva identidad. El profesor Longbottom me mira con cierto reproche grabado en el rostro. Tiene un sombrero deslustrado en la mano, no sé de donde lo ha sacado. Creo que no presté ni la mitad de la atención que debía.
¡Rayos! Titubeo un momento, no sé qué hacer. Siento las miradas de todos clavadas en mí, me escocen como si fueran láseres. Alguien detrás de mí me susurra que avance, sea quien sea le estoy agradecida. Creo que estoy actuando con mayor torpeza que el promedio.
El profesor me indica el banquito a su lado y me siento. El sombrero cae sobre mis ojos oscureciendo completamente mi visión.
Una voz comienza a hablarme, suave y sibilante, me estremezco asustada.
-Tranquila, no te haré daño, elegiré lo mejor para ti…Puedo ver todo lo que hay en tu mente. ¿No has oído mi canción?—me pregunta. Me remuevo con culpabilidad y la voz parece reírse. —Ya lo veo, no tiendes a prestar a tención… Tranquila no te esfuerces en decirlo con palabras, solo piénsalo y yo lo sabré. Todo está aquí, tu mente es un tesoro como pocos se me han presentado: Inteligencia, astucia, ambición, ingenio, determinación, y "Un cierto desprecio por las reglas" aún no lo vez, pero yo sí. Tienes muchas dudas y miedo, y una inocencia que me hacen dudar. Podría enviarte a Hufflepuff, te recibirían con los brazos abiertos pero no encajarías allí, tarde o temprano me lo reprocharía y tu también lo harás… mmm… Ravenclaw también te acogería con gusto… ¿ah sí? ¿Te gustaría Ravenclaw eh? Tu mente no es mala, es muy buena, demasiado para ser franco, harías grandes cosas en Ravenclaw, pero solo hay una casa que podría sacar lo mejor de tu potencial…
Estoy nerviosa, aprieto los puños, con mi mandíbula encajada esperando el veredicto del verdugo ¿por qué se tarda tanto? Dilo, dilo por favor, ¡hazlo ya!
--Slythering…
***
Si existen las almas, la mía acaba de caerse por los suelos. Oigo los aplausos, la luz vuelve cuando el profesor quita el sombrero de mis ojos, pero no me muevo. No puedo hacerlo, no podía ser cierto, de todas las casas, de todas, hubiera preferido Hufflepuff y toda su chalada honradez.
Estoy clavada al banquillo, mis músculos se niegan a moverse, ciento la mano del profesor en mi hombro. Los aplausos han cesado. Busco la mirada de Matthew en la mesa Gryffindor, él no me mira, sus manos parecen vuelto su mayor interés.
Estoy llorando, lo sé porque mis mejillas están húmedas. Me bajo del taburete y corro hacia la mesa verde cubriendo mi vergüenza con las manos.
Alguien se aparta y me deja sitio, no levanto la vista, musito un "gracias" formal, y me limito a observar los platos. La selección transcurre de forma rápida, no me molesto en mirar. Alguien da un discurso y los platos se llenan de forma mágica. Hubiera resultado maravilloso de no ser porqué me siento enferma. No quería esto.
Alguien me dice algo, levanto la vista, es un muchacho, debe ser bastante mayor que yo. Intenta ser amable pero no consigo prestarle demasiada atención. se llama Luck, tiene el cabello claro como el limón y los ojos verdes, la nariz machada con tantas pecas que parece una gran mancha rojiza que le cubre el rostro. Parece especialmente interesado por mis padres, no tengo nada que decirle, nada que parezca satisfacer sus expectativas.
Se aburre y habla con uno de sus colegas.
Siento una sensación fría a mi derecha, los pelos se me erizan. Me giro y me encuentro con un fantasma flotando a mi lado, gritaría si pudiera, pero la impresión se ha llevado mis palabras, su apariencia perlada me tiene cautivada, es un temor reverencial, es precioso a su forma sólo si lo presenciaran podrían entenderlo; lleva cadenas en sus fantasmales brazos, una mancha de sangre plateada le adorna el pecho. Su voz es metálica y no pronuncia palabras, solo un chillido ensordecedor que te eriza los cabellos de todo el cuerpo.
--El varón sanguinario parece tener una especial atracción por ti—Es otra vez el niño del cabello amarillo. Me giro en su dirección y no sé qué decir, el aturdimiento por mi nueva casa ha desaparecido. Lo único que siento es emoción, extiendo la mano en dirección al fantasma, nunca he tenido uno tan de cerca. Nunca he visto uno antes de esta noche para ser franca. -no te lo recomendaría—No lo escucho, no me importa lo que crea recomendable o no. Mi mano atraviesa la cortina plateada del espectro. Los músculos se me tensan, el frio es doloroso, el fantasma baja la vista y me mira con pena en su rostro. No dice nada, ni siquiera intenta alejarse, por el contrario, se me acerca y su figura se fusiona con la mía. El doloroso frío me recorre todo el cuerpo, grito, todos se giran, alguien me arrastra hacia atrás y el dolor para. El aire entra dolorosamente por mis pulmones, alguien me tiene sujeta por los hombros.
--¿estás bien?—la que habla es una niña rubia, una insignia de prefecta resplandece en su pecho. A mi lado hay un profesor, varios más bien. Me incorporo, siento una sensación horrible en el estómago, la comida regresa por mi garganta y vomito sobre mi pecho.
Hay un revuelo, alguien me toma entre sus brazos y me saca del gran salón.
Me siento enferma. Buen comienzo. Cierro los ojos, el mundo me da vueltas, siento el zarandeo del trote del hombre que me lleva, sus brazos son fuertes y mi peso no parece importarle. Abro los ojos, es Neville, tiene el ceño fruncido. Oigo pasos detrás de nosotros, llegamos hasta unas puertas de roble, se abre paso a la enfermería. Una mujer de guardapolvo blanco nos recibe.
Me dejan sobre una camilla y puedo al fin ver a mi alrededor. La directora, otro profesor que no conozco que lleva la insignia slythering en el pecho y la enfermera me miran.
--El fantasma.—Murmuro.
--Nunca ha pasado algo semejante, los fantasma nunca dañarían a los alumnos—Protesta la directora, su rostro es severo.
--No debe ser más que la impresión—Dice la mujer de blanco, es joven con el cabello chocolate y los ojos castaños—¿Qué ocurrió mi niña?
Titubé un momento, lo único que pude decirles fue lo del fantasma, que sólo intenté tocarlo, el frio y el espasmo. Terror, eso fue lo que sentí cuando el fantasma me atravesó la piel, el aire se negó a ingresar en mis pulmones. Todo terminó tan rápido como comenzó.
Los adultos se miran entre ellos. Una mirada llena de temor y preguntas. Otro fantasma atraviesa la puerta principal. Dejo escapar un chillido de horror cuando siento que mi piel vuelve a erizarse.
--Cedric—llama la directora, el muchacho-fantasma hace una reverencia y vuela hasta quedar flotando entre ellos como si en verdad estuviera parado sobre el suelo.
--El varón sanguinario ha desaparecido, el resto de los fantasmas le buscan por todo el castillo. Incluso dama gris está cooperando—Informa el joven fantasma.
--Esto es demasiado extraño, directora—Es el otro profesor, el desconocido de la insignia Slytherin en el pecho. Tiene una panza baja de cervecero, el cabello como la paja, los ojos grises y una mueca severa en el rostro.
--¿Qué es lo extraño?—pregunto, las miradas se vuelven a centrar en mí. Neville me mira con preocupación, el fantasma también me observa casi extrañado.
--A ti te conozco—Dice el fantasma—Lestrenge, ¿verdad?
Asiento.
--no es normal que un fantasma desaparezca luego de atacar a un alumno, el barón sanguinario de por sí no se acerca demasiado a los alumnos.
--¿los fantasmas pueden hacer daño?
--solo aterrar, es nuestro único don, por llamarlo de algún modo.
--no es un don, sr. Cedric—lo corrige la directora con severidad.
--lo lamento directora.
--esto es inaudito, no puede volverse a repetir—exclama el hombre rubio. Parece molesto, más de lo adecuado.--¿saben lo que dirían los periódicos si se supiese? "fantasmas de Hogwarts atacan alumnos"
--los padres no querrán dejar a sus hijos a nuestro cargo si no somos capases de controlar a los fantasmas, esto no puede difundirse.
--bebe esto—es la enfermera. Me toma por la coronilla y me ayuda a beber una poción caliente. Es suave y sabe a chocolate, a hogar, a familia y a felicidad, poco a poco comienzo a sumirme en un sueño acogedor. Oigo a los profesores discutir un rato pero ya no logro comprender lo que dicen.
Desperté por la mañana, a mí alrededor tenía una convención de fantasmas, sus voces se alzaban a la vez, debería estar aterrada pero los efectos de la poción aún corren por mis venas.
--¿Qué ocurre conmigo?—pregunto. Todos intentan hablar a la vez, oigo disculpas y excusas, me aturden pero no tengo miedo. Por fin uno se da cuenta de mi incomodidad y los calla, es el fantasma de ayer, el joven.
--parad, no ven que la están aturdiendo, es solo una niña asustada.
--hemos venido a pedirte disculpas, los fantasmas no solemos tratar de esa forma los alumnos—Es un fraile gordo el que se adelanta a hablar.
--el Barón sanguinario nunca ha sido una buena publicidad—gruñe otro.
--sir. Nicolas, no estamos aquí para echarnos la culpa unos a otros—la que lo dice es una dama pálida y hermosa.
--Helena, no te enfades conmigo, no puedo creer que le defiendas, tu menos que nadie—otra vez sir Nicolas.
--Nicolas, si algo ha hecho que le ataque por algo debe ser…-gruñe la mujer.
--ella lo ha tocado—se oye una voz chillona y aniñada, me giro para encontrar a una niña pequeña sentada sobre el arco de la puerta.---el barón nunca ha sido muy amable, siempre me ha dado escalofríos…-dice haciendo una mueca.
--eres un fantasma myrtle, no puedes sentir escalofríos.
--oh! Claro jijiji—se ríe. Su voz es molesta, me irrita.
--¿podéis callaos?—las palabras salen de mi boca antes de que lo notara.
--¿Qué mal carácter?—gruñe uno.
--por favor, señores, esto es una enfermería—es la enfermera, tiene el ceño fruncido y las manos sobre las caderas.
Entre protestas los fantasmas acaban marchándose.
La enfermera me da el desayuno, luego mis horarios y me despide cerca del mediodía. Me he salteado la mitad de mis clases, la noticia parece haberse extendido por todo Hogwarts, porque he oído murmullos entre los pasillos. No estoy segura hacia donde me dirijo, el pasillo está atestado de niños.
Trato de parecer segura, como si conociese mi camino, recibo varias miradas de soslayos y de pronto… Eureka, me encuentro con Jenna, tiene la corbata Ravenclaw.
Me acerco, no sé cómo hablarle, me siento intimidada, está rodeada de otros niños extraviados, me remuevo pensando en que sería lo más apropiado. De pronto ella se gira y me sonríe.
--¿necesitas ayuda?—pregunta y asiento.
--me extravié.—admito avergonzada.
--únete a la fila.—me dice señalando el montón de niños de primero que la sigue, Hay Raveclaws, Gryffindors y algunos Slythering pero en su mayoría son Hufflepuff. Me uno al grupo. Jenna nos lleva en un recorrido por los sitios más importantes, los salones, los baños, en el camino nos encontramos con Janna y los Gryffindor se quedan con su prefecta, lo mismo ocurre con los hufflepuff. Los pobres prefectos hufflepuff corren de un lado al otro, sus alumnos parecen los más perdidos y problemáticos.
--bien, quedamos tu y yo. —Me sonríe al final de recorrido.--¿quieres que te lleve con tu prefecto para que te ayude a llegar a tu sala común?
Asiento. El resto de los otros niños ya ha encontrado su camino.
--¿Qué te ocurrió anoche?
Me encojo de hombros. Jenna se ríe, tiene una risa musical y aniñada al igual que su hermano.
--¿no eres de muchas palabras, eh?—me encojo de hombros, nunca me lo había planteado. Tal vez piense más de lo que digo. —con razón le agradas a Matthy, es de los que aman oírse a sí mismo.
No puedo evitar reírme, es verdad que habla más que lo que escucha.
--oí que el barón sanguinario te ha atacado.
--solo sé que tuve mucho miedo, luego alguien me arrastró hacia atrás y mi estómago se revolvió.
--algo extraño está pasando—su voz se volvió solemne parecía hablar más para ella que para mí, como si estuviera en alguna especie de transe creo que por un momento se olvidó que la acompañaba.-- los profesores no quieren admitirlo, pero hasta los prefectos nos damos cuenta. El invierno es más frío, los dementores están inquietos en Azkaban. El ministerio quiere acallar los problemas, oí a mi hermano Bran hablar con su esposa al respecto. Se ha estado hablando de Quién-tu-sabes, dicen que sus seguidores vuelven a reunirse… tu presencia va a traer chismorreos en cantidad industrial.
--¿Quién-yo-sé? Yo no conozco a nadie.—ella se gira y me observa, sus ojos azules son profundo, parece mirar más allá de donde estoy. Por un momento me asusta, es como si no me reconociera, luego sonríe y vuelve a ser la Jenna divertida que conocí en el tren.
--¿no sabes quién es Quién-tu-sabes? ¿el señor tenebroso? ¿Voldemort? ¿el-que-no-debe-ser-nombrado?
Niego.
-wao, siendo quién eres, es increíble…--me siento una tonta, todos parecen saber más de mí que yo misma, es humillante. Guardo silencio esperando que me cuente más sobre mi pasado. Por lo que pude observar a todos en esta familia les gusta oírse más que escuchar.—Lord Voldemort, fue uno de los magos más tenebrosos de la historia… durante once años se temió su nombre, junto a sus seguidores, quiso limpiar el mundo de impuros, consideraba que el don de la magia era solo para unos pocos, los de sangre pura.
--eso es horrible…-dejo escapar. Ella me observa y me sonríe como quien mira a un niñito inocente con ternura.
--lo era. Muchas familias "sangre pura" le sirvieron, Malfoys, Lestrenge, Black, Carrow, Karcaroff, Cabbe, Goyle, Dolohov, Nott, Jugson, Mcnair, Mulciber, Rookwood y quién sabe cuántas más, muchas de estas familias ya están extintas, de otras quedan pocos vástagos, como tú.
--Lestrenge—digo cayendo en cuenta.—soy Lestrenge, mis padres…--no puedo acabar pero ella asiente.
--no sé si soy la indicada para decírtelo, pero tarde o temprano, deberías saberlo. Muchos seguidores se declararon bajo la maldición Imperius, los Malfoy, por ejemplo, por ello quedaron en libertad.
--¿maldición imperio?— trato de absorber toda la información que me brinda, pero es tanta que mi cabeza comienza a doler.
--la maldición imperio es una de las tres maldiciones imperdonables, por usar cualquiera de ella te compras un boleto, a Azkaban..
-¿Azkabán?
--la prisión de los magos. Allí van todos los criminales mágicos, es imposible salir de ella.
--mis padres…
--tu padre puede estar allí, la maldición imperio te vuelve una marioneta del brujo que la lanza pero tus padres nunca negaron su fidelidad al señor tenebroso. Se dice que tu madre era una fanática desquiciada, una despiadada, sádica. Se cuenta que torturó hasta la muerte a los padres del profesor Longbottom—se encogió de hombros, no había resentimiento en sus palabras, más bien lo contaba de forma informativa, como si disfrutase del solo hecho de tener conocimiento de la historia y poder trasmitírselo a otros.-- murió en la última batalla junto a su amo. Eso es sabido por cualquier mago, es una de las historias más contadas entre el mundo mágico. Casi tan común como los cuentos de beedle el bardo. ¿no tienes idea de que te estoy hablando, verdad?
Niego.
--descuida, ya aprenderás, ya has adelantado mucho para ser tu primer día.—se gira hacia un tapiz y le habla como si se tratase de alguien.—Josua, has perdido una de tus crías.
El tapete se corre y detrás aparece un muchacho de cabello castaño, es un Slytherinn con la insignia de prefecto en el pecho.
--¿Cómo has sabido que estaba ahí?—pregunta con cierta hostilidad Cortez.
--soy Raveclaw, si te lo explicara, no lo entenderías. Agradece que te haya ahorrado el trabajo de ayudar a varias serpientes de primer año, supongo que estás con ángel, vosotros dos sí que no perdéis un día.
--¿Qué insinúas cuerva?
--mi enseña es un agila, no espero que lo comprendas, pero los Ravenclaws siempre nos contentamos con el hecho de ir eliminando poco a poco la ignorancia del mundo.
El slytherin le regala una sonrisa desagradable en respuesta. La ravenclaw se gira y se marcha hondeando sus capas tras ella.
--no sé cómo ir a la sala común—murmuro bajito, el muchacho es intimidante. Él asiente y me hace un gesto para que lo siga. Caminamos por varios corredores, descendemos por las mazmorras hasta un laberinto de pasillos, intento memorizar el recorrido, al final de un oscuro corredor hay una puerta de madera oscura con pomo de plata.
En el pomo si prestas atención se ve el grabado de unas letras y una serpiente con ojos de esmeraldas.
Dentro, la sala común es fría y elegante, sobre el techo se puede ver el lago, creo que me he quedado observando como idiota hacia arriba porque el prefecto me llama la atención y me indica cómo llegar a la habitación de niñas de primero. Creo que quiere deshacerse lo más rápido posible de mí. Asiento y lo dejo en paz.
buenas!
Querido amigo y lector, si ya estas aquí espero que sea para quedarte hasta el final, recuerda comentar, agregar a favoritos y darle me gusta.
M.
PD: sonríe y sigue leyendo mis historias