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Estoy listo/ Ted Lupin — capítulo 4

  • ¡Míralos! ¡Es que son idénticos! - Decía Molly con una gran sonrisa y lágrimas en los ojos de nuevo.  - Si, salvo que Hugo produce ternura, mientras que Ron me hace querer devolver este pastel -    dijo George.  Ron quiso responder; su cara estaba tan roja como su cabello, pero Hermione lo sujetó por el brazo y le dio un tierno beso en la mejilla, y dijo - Yo creo que es muy dulce - Él se calmó y le devolvió una sonrisa. George hizo un gesto como de asco. Luego con una sonrisa cogió el álbum de Ron, pasó la página y la sonrisa de su cara desapareció. Parecía que lo hubieran petrificado. Quedó quieto, mudo, mirando la fotografía que había al otro lado de la página. Teddy se fijó rápidamente en la fotografía y lo entendió: En la foto estaba el mismo pequeño de la página anterior, pero esta vez parecía que estuviera a punto de llorar; el niño estaba en medio de otros dos pelirrojos. Los chicos eran iguales, y reían mientras le jalaban las orejas al pequeño del centro. Teddy lo reconoció. A pesar de que nunca lo conoció, sabía que George tuvo un gemelo llamado Fred, que había muerto hace ya 15 años en la Batalla de Hogwarts, que era la otra mitad de George y que él nunca había superado su partida. Teddy creyó entenderlo. Él no tenía hermanos, pero James, Albus y Lilly eran como sus hermanos; no se alcanzaba a imaginar como se sentiría si alguno de ellos... no... no podía ni imaginarlo. Aunque luego pensó >> *Pero, ellos no son mis hermanos, en realidad. Siempre los Potter y los Weasley me han dicho que soy "como de la famiia", nunca que "soy de la familia" No, yo no podría entender a George, no <<.*Teddy se fijó en George, seguía mirando la foto petrificado. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero él las detuvo rápidamente. Molly lo miró con tristeza y le sujetó el brazo; también sus ojos estaban llenos de lágrimas.  - Yo... ehhh... voy al baño. Ya vuelvo - dijo George con mucho esfuerzo. Se levantó con brusquedad, dejó el álbum en una mesita y subió las escaleras rápidamente. Ted sabía que en realidad George no iba al baño, él sabía que George no dejaba que lo vieran llorar. Nunca. Hubo un largo silencio en la habitación. A todos se les habían enrojecido los ojos. A Molly, Angelina, Hermione, Percy, Ron, y los pequeños Fred y Roxanne, las lágrimas les resbalaban por las mejillas. Nadie supo que decir. Después de varios y largos minutos, Arthur Weasley levantó su varita y más y más álbumes salieron del baúl del que Molly había sacado dos álbumes minutos antes, y se posaron en una mesa que había en medio de la sala. - ¡Vamos! ¡Cojan uno! Les aseguro que hay muy buenas fotografías - dijo el Sr. Weasley, aunque en su voz no pudo ocultar la nostalgia.  Con cierta timidez, y lentamente, cada uno fue cogiendo un álbum y viendo las fotografías que había dentro. Poco a poco el ánimo de la habitación fue subiendo, el ambiente se sentía más cómodo y se fueron escuchando risas y griticos de exclamación.  Teddy ya llevaba 3 álbumes. Le encantaba ver en esas fotos a los Weasley cuando eran pequeños, a Harry con su uniforme de quidditch de Gryffindor, o incluso a él mismo junto a todos los nuevos miembros de la familia Weasley que habían nacido en los últimos 15 años. Con una gran sonrisa fue por el cuarto álbum, pero cuando lo abrió y se fijó en la primera fotografía sintió como el corazón se le detenía. Parecía que el mundo se había detenido, en realidad no lo sabía, ni le importaba. Dejó de oír, no sabía donde estaba, ni con quien, no veía más allá de aquella fotografía.  En la fotografía habían 4 personas. En el lado izquierdo estaba la Sra. Weasley con un lindo y sencillo vestido azul claro, su cabello arreglado y una linda sonrisa. Muy distinta a como Ted solía verla. Al otro extremo, en el lado derecho estaba el Sr. Weasley con un traje elegante y sonriente a la cámara. Pero los que estaban en el medio eran los que interesaban a Teddy: una mujer con un hermoso pero sencillo vestido blanco que le llegaba a las rodillas, una sencilla corona hecha con flores, un cabello de color rosa chicle, grandes ojos que brillaban con luz propia y la sonrisa más grande que Teddy hubiera visto jamás. Ted nunca vio una mujer tan hermosa. Y junto a ella, un hombre más alto, con un traje muy elegante; tenía cicatrices en la cara, el cabello café y con varias canas, unos bellos ojos color miel; su sonrisa era más discreta, pero noble y sincera como ninguna. El hombre expresaba tanta tranquilidad que el chico sintió que podía seguir viendo esa fotografía por años.  Por supuesto que Teddy los reconoció: eran sus padres el día de su boda. Se amaban, de verdad sus padres se amaban. Él podía notarlo. En ese momento, volvieron las dudas que le habían llegado a la mente unas horas antes bajo el árbol, y que, en realidad, lo habían atormentado toda su vida. De hecho, esa fotografía le produjo aún más dudas de las que ya tenía. Entonces lo decidió, era el momento, no quería esperar ni un segundo más:   - Harry, ¿podrías contarme sobre mis padres?