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Estoy listo/ Ted Lupin — capítulo 3

Eran alrededor de las 6:00 pm. A pesar de que los chicos habían jugado toda la tarde, no parecían tener ganas de descansar y volver a casa. Sin embargo, no eran ellos quienes decidían.   - ¡¡Ya es hora de entrar!! - gritó Molly Weasley para asegurarse de que todos la escuchaban.   - ¡¡¡NOOOOO!!! - se oyó al unísono.   - ¡¡Por favor, abuela!! - dijo el pequeño Fred.  - ¡Solo 5 minutos más! - rogó Rose.  - Ya fue suficiente por hoy, querida - respondió tranquilamente Molly.   - ¡¡No es justo!! - protestó James.   - ¡Vamos, mamá! Déjalos solo un rato más - intervino Ron. Molly lo fulminó con la mirada. A pesar de los años, Ron aún le temía a esa mirada. - Ehhhh... mejor obedezcan a su abuela, chicos, ella tiene razón. Ya es tarde.  Los chicos volvieron a refunfuñar.   - ¡Vamos! ¡Esta bien! Comeremos mucho pastel, tomaremos jugo de calabaza - se dirigió a Hugo - abriremos los regalos, y - bajó el tono de voz para asegurarse de que solo los pequeños lo escuchaban - jugaremos con los productos de Sortilegios Weasley. Traje algunos - les guiñó el    ojo y esbozó una gran sonrisa.   - ¡¡Siiii!! - Gritaron y entraron corriendo a casa. Teddy sabía que eso los animaría ya que Molly    les había prohibido usarlos, y solo Fred y Roxanne, los hijos de George, conocían a la  perfección los sortilegios. Por otro lado, a Teddy nunca le habían prohibido tal cosa, así que  también conocía muy bien los sortilegios, además de que eran muy famosos en Hogwarts.     Lilly se lanzó a la espalda de Teddy; él la sujetó por las piernas y entró a La Madriguera con ella cargada; ella jugaba con el cabello de él, mientras él lo hacía cambiar constantemente de varios colores.   - ¡Hey! ¡No! ¡Eso no está bien! ¡De regreso a casa me tendrás que llevar a mi! - dijo James  entre celoso y emocionado. Teddy le lanzó una tierna y grande sonrisa y despeinó su cabello.  Todos entraron a La Madriguera. En la mesa había un gran pastel en forma de H; la crema era de varios colores y tenía chispitas de chocolate en los bordes, y en el centro había una gran vela en forma de número 5. Los chicos se sentaron alrededor del pastel y empezaron a untarse los dedos de crema. Lilly bajó de la espalda de Teddy y se unió a sus primos. Ted se quedó con su padrino junto a la puerta mirando sonriente a los chicos.   - ¡¡No!! ¡¡No!! ¡Ya les he dicho cientos de veces que no hagan eso! ¡Arruinarán el pastel! - Dijo  Molly mientras apartaba los dedos de los chicos del pastel. Luego se dirigió a los adultos - ¡Acérquense! ¡Cantaremos el cumpleaños!  Todos se reunieron alrededor de la mesa. George prendió la vela, y de ella salieron grandes chispas de fuegos artificiales, y formaron en el aire un "¡Feliz cumpleaños #5, Hugo!", cada letra de un color diferente y al rededor del mensaje se formaron cientos de figuras que encantaron a todos. La familia entonó el "Feliz cumpleaños" mientras Hugo emocionado miraba el pastel y pensaba en su deseo. Cuando terminaron de cantar, los fuegos artificiales desaparecieron y sobre el #5 se formó una pequeña llama de fuego. Hugo cerró los ojos, sonrió y apagó la vela soplando. Hermione lo abrazó y lo llenó de besos, Ron también lo abrazaba. Poco a poco todos fueron acercándose a él a felicitarlo, excepto una persona... Molly estaba del otro lado de la mesa, mirándolo con orgullo y alegría, mientras las lágrimas caían por sus mejillas.    - ¿Qué pasa, mamá? - dijo Bill mientras se aceraba a Molly.   - Nada, nada... es solo que... - dijo Molly entre sollozos mientras se secaba las lágrimas - ¡Ah! ¡Es que es igual a Ronald cuando pequeño! ¡Me parece que fue ayer cuando era él a quien le cantábamos! - y se dirigió a Ron apretujándole las mejillas.  - Mamá... - dijo Ron entre avergonzado y enternecido.  Molly se acercó a Hugo, lo abrazó, lo llenó de besos. Lloraba otra vez. El pequeño se veía un poco incómodo por tanto amor. Parecía que se fuera a asfixiar.   -Mamá, ya déjalo o no llegará a los 6 - dijo George.  Poco a poco, Molly lo soltó y le sonrió. Sacó su varita hizo un par de movimientos con ella y de la cocina salieron unos cuchillos que partieron grandes trozos de pastel que se posaron sobre los platos. Al instante, estos se dirigieron a cada una de las personas que había en casa. Mientras todos comían, ella estaba rebuscando en un gran baúl que había en la sala. Al cabo de varios segundos sacó dos álbumes y se sentó en un sillón en medio de Ted y George. En la portada de cada uno de los álbumes había una letra grande; en uno una R, y en el otro una H. Abrió ambos álbumes al tiempo, y Teddy pudo ver en ambos la foto de un pequeño bebé con unos cabellos rojos y lleno de pecas. Por un momento, pensó que era el mismo niño.