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Poseída por Malfoy — capítulo 12

¡Me amas! ¡Dilo!

—Dices que quieres regresar a Inglaterra, ¡pero un matrimonio no se deja de lado tan fácilmente!

Estaban en el dormitorio, ya que Draco la había seguido escaleras arriba.

—Eso no me importa —le respondió Hermione ferozmente.

—¿No? ¿Entonces qué te importa? —preguntó él, apoyándose contra la puerta mientras se cruzaba de brazos y la observaba.

Hermione estaba muy nerviosa. Él le importaba, ¡y demasiado!

Se dio la vuelta para no tener que mirarlo, y dijo tranquilamente:

—No me gusta cómo vivimos. No está… bien.

—¿A qué te refieres? —Le desafió Draco—. ¿Qué es lo que no está bien?

Le estaba tendiendo una trampa, Hermione estaba convencida.

—Ya sabes a lo que me refiero —contestó ella, dándose la vuelta—. Durante el día apenas te veo, y cuando lo hago me ignoras. Pero por la noche…

Se detuvo, incapaz de continuar.

—Por la noche te tomo entre mis brazos y tu cuerpo responde ardientemente a mis caricias y yo…

—¡Para!

La presión de sus emociones estaba llevando a Hermione peligrosamente hasta el límite.

—Sé lo mucho que te diviertes humillándome y atormentándome, Draco. ¡Eres un sádico!

—Apenas puedo creer mi buena suerte al tener como esposa a una mujer que se entrega a mí tan completamente, y que llega a partes de mí que nunca creí que existieran. No, no soy un sádico, Hermione. Pero no puedo permitirte que me dejes.

—¿Porque crees que puedo estar embarazada? —le desafió Hermione.

Las palabras de él le habían conmocionado, Pero se negaba a creer que fueran algo más que una estratagema para que ella no quisiera marcharse.

—¡No hay ningún bebé, Draco! —continuó ella.

—¿No? ¿Cómo estás tan segura?

—Lo he sabido esta mañana —mintió Hermione, ya que tenía la creciente sospecha de que llevaba dentro un hijo de Draco.

—Bueno, entonces debo cerciorarme de que habrá un bebé —murmuró él—. Porque te aseguro que, si hay bebé, de ninguna forma permitiré que él vaya a ninguna parte sin mí. Aunque tú no sientas el mismo amor y devoción hacia nuestro hijo como yo…

—Claro que la sentiría. Amaría a nuestro hijo con todo mi corazón —le interrumpió Hermione.

—Entonces, ¿por qué quieres abandonarme?

Hermione parpadeó

—Porque… porque no nos amamos, Draco.

—¡Tú me amas!

Hermione se lo quedó mirando con la boca abierta.

¿Cómo era posible que él lo supiera, que lo afirmara con tanta seguridad?

—¿Qué te hace pensar eso? —logró articular Hermione. Hubo una pequeña pausa, y entonces, para consternación suya, Draco cerró la puerta con llave, se la' guardó en el bolsillo y se encaminó hacia ella.

—Escuché que se lo decías a mi madre.

—No es posible… —susurró ella, poniéndose en pie.

—Pues lo he hecho —le aseguró Draco, repitiéndole lentamente lo que ella había dicho, como si saboreara las palabras con gusto.

—No lo decía en serio —señaló ella.

Él echó la cabeza hacia atrás y se echó a reír.

—Mentirosa —susurró sobre los labios de ella, mientras la atraía hacia sí en un abrazo.

Aquel beso hizo que se derritieran en Hermione tanto sus ideas como sus inhibiciones. No podía resistirse a él.

—¡Me amas! ¡Dilo! —le ordenó él junto a su boca.

—Te amo —admitió Hermione, mientras las lágrimas humedecían sus mejillas.

—¿Lloras por que me amas? —Inquirió él, enjugándole las gotas—. El amor puede doler. Mi amor por ti me ha causado más dolor de lo que me creía capaz de soportar.

Hermione se quedó paralizada en sus brazos.

—¿Por qué dices eso? —le preguntó con amargura—. Tú no me amas.

—Por supuesto que no —ironizó Draco—. Por eso ignoré todo en lo que siempre había creído para luchar por ti en el desierto. Por eso permití a El Khalid que me casara contigo, antes que perderte. Por eso me acosté contigo, aunque me había prometido a mí mismo que no lo haría. Por eso me desprecié cuando descubrí que te había juzgado mal y que tú eras virgen. Y por eso también me dolió tanto que no me creyeras cuando te aseguré que los libros habían sido de mi madre. Y aún más me dolió no ser capaz de contarte la verdad sobre quién era yo.

—Nunca dijiste nada —contestó Hermione, con la voz estrangulada de dolor.

—Ni tú tampoco —le recordó Draco suavemente—. El casarme contigo una segunda vez fue una forma de demostrarte la fuerza de mis sentimientos hacia ti.

—Yo creí que era porque el soberano había insistido en que lo hicieras. Dijiste que… —comentó ella, acusadoramente.

—¡Después de que tú me dejaras claro que te parecía horrible la idea de que estuviéramos casados!

—Me sentía humillada porque había pedido clemencia para ti y luego había descubierto quién eras en realidad —explicó ella con tristeza—. Me imaginé que te habías reído de mí.

—Mi cuñada me dijo que me amabas, pero yo me negué a creerle.

—Yo sí que no puedo creerme que me ames —murmuró Hermione maravillada.

—¿Te gustaría que te lo demostrara? Has dicho que hoy has sabido que no estás embarazada.

Hermione enrojeció.

—Eso no es del todo verdad… En ese momento, sólo quería librarme de ti.

Dudó. Amar a alguien significaba confiar en esa persona, ¿verdad?

—Es posible que esté embarazada de nuestro bebé, Draco, aunque es demasiado pronto para confirmarlo —comentó ella.

Ignorándola, Draco elevó la barbilla de ella para que lo mirara a los ojos con una mirada intensa de ternura y compromiso total.

—Sólo hay una cosa que deseo más que el que seas madre de mis hijos, Hermione. Y es tu amor.

—Eso ya lo tienes, Draco.

—Lo cuidaré a él y a ti para siempre —le prometió él embargado por la emoción, mientras se inclinaba sobre ella y tomaba posesión de su boca.

Continuará...