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Historia 161552 — capítulo 2
Bueno, les traigo un capitulo nuevo. No diré mucho, verán que no mejoro mi ánimo y porun tiempo largo no lo hará u.u... No me gusta contar los sucesos en primera persona, odio eso, porque me sale espantoso :@. Pero con el tiempo la historia se vuelve interesante (hasta yo me enamore de este Scorpius) :). Besos ...
Siete años antes…
—Hola, me llamo Tatiana — una chica de cabello negro, ojos verdes y tez morena sonreía de lado mientras enrollaba, nerviosa e impaciente su corbata.
—Hola, soy Rose —contesté, más animada que al comienzo del viaje en tren.
El camino a Hogwarts no había sido tan difícil como yo me lo suponía. Muerta de los nervios, no dejaba de pensar en qué casa quedaría: Gryffindor o Ravenclaw. Extrañaría a mis primos y hermano. Pero sé que el sombrero tiene la última decisión.
—¿Estas nerviosa? —la chica me volvió a hablar. Asentí.
—Un poco… Solo un poco.
Las enormes puertas del gran comedor se abrieron y comenzamos el paso hacia el taburete que estaba enfrente de las cuatro largas y repletas mesas de estudiantes.
—Bueno. Cuando yo diga su nombre, se acercaran hasta aquí y dejaran que el sombrero les indique a qué lugar pertenecerán.
Una mujer con el cabello lacio, verde y túnica negra con tonos lila extendió un largo papel y llamo en tono potente:
—¡Tatiana Sheeran!
La chica junto a mí se acerco temblando de pies a cabeza y se sentó en el taburete, que despegaba unos gruesos labios de sus pliegues.
—¡Gryffindor!
La mesa entera de color rojo se levanto y aplaudió con mucho ánimo a su nuevo miembro. Tatiana me dedico una sonrisa fugaz y se sentó junto a un chico de pelo oscuro y anteojos con forma de cola de botella.
—¡Albus Potter!
Mi primo, que preso de un incomodo silencio, dio un salto al oír su nombre y camino con paso torpe hacia donde estaba la mujer.
—Potter… Potter…
Pero algo no iba bien. Albus estaba verde y no dejaba de mover con impaciencia el pie.
—Puedes… lo sé, pero si esa es tu decisión: ¡Gryffindor!
Mientras se volvían a oír gritos de la mesa junto a la pared, a mi me entraba el pánico.
—¡Scorpius Malfoy!
-Sí, si… es el hijo del mortifago… míralo.
—¿De verdad? ¿Ese es?
El chico rubio, de ojos grises y tez pálida como un muñeco de cera se sentó con gesto hosco sobre el taburete. Lo reconocí, era el chico del tren. Apenas el sombrero seleccionador rozó su cabeza, éste grito:
—¡Slytherin!
Pero él, a diferencia de los otros dos chicos no parecía contento. Scorpius Malfoy no se alegraba de pertenecer a Slytherin.
Y la profesora de pelo verde, grito:
—¡Rose Weasley!
Yo di tal salto que llegue a tocar las velas flotantes del techo.
Camine con el estomago en la mano y me senté mirando a todo el gran comedor. Miles de ojos de todos los tamaños se fijaban en mi tartamudez y a la expectativa de la casa a la que pertenecería.
—¡Ja!... ¡Otro Weasley!... es obvio en donde te pondré: ¡Gryffindor!
Y alegre, mucho más aliviada y encantada corrí hacia la mesa donde Tatiana, me esperaba de pie con una ancha sonrisa. Yo no distinguí que en la mesa de las serpientes, un rubio poco entusiasmado me fijaba la mirada.
El primer día paso rápido, mucho más rápido de lo que yo había pensado. Luego del almuerzo fui a clase de Encantamientos y vimos el hechizo de levitación. Fui una de las primeras que lo logro y conseguí diez puntos para mi casa. Me sentía mejor, suponía que eso compensaría lo cinco que me habían descontado en Transformaciones por llegar tarde. Al atardecer me propuse conocer la biblioteca. Por suerte no había vuelto a cruzarme a Malfoy, excepto en la cena. Pero cuando lo veía no experimentaba las sensaciones de la mañana así que supuse que ya me había curado y además, me sentía mejor. El sol entraba por la ventana y alumbraba la esquina de la habitación. Mis compañeras dormían profundamente y se oían las respiraciones. Frote mis ojos y me desperece. Camine hacia mi baúl y saque el uniforme. En secreto, me gustaba tenerlo puesto, era como remarcar a donde pertenecía Y por qué. Peine lo mejor que pude mi cabello, pero al tercer intento y al sentir que no podría sacarme el cepillo de los nudos, opte por dejarlo suelto. Debería buscar una solución para eso. Bajé las escaleras del dormitorio de las chicas y me encamine al retrato de la dama gorda. Salí por al hueco en la pared y encamine hacia la biblioteca.
No era malo levantarse dos horas antes para comenzar a hacer el trabajo de Herbología. Trate de recordar con éxito el camino que había hecho la tarde anterior y no me costó encontrarla, satisfecha con paso decidido fui hacia los estantes y busque en el inicio algo que se asemejara con el tema a desarrollar. Una vez que lo encontré me senté en una mesa junto a una ventana, frente a una estantería de libros y saqué de la mochila el material. Nada más confortante que recibir la mañana con una larga lectura. Había pasado varios minutos, muchos creo, cuando un ruido a mi espalda me hizo dar un respingo. Espere encontrar algo al recorrer las mesas y los demás estantes con la mirada, pero nada parecía raro. Volví a terminar el primer pergamino y estaba por comenzar el segundo cuando el ruido, otra vez me hizo dar un respingo. Y estaba cerca. Corrí la silla y camine con lentitud hacia el centro de la habitación. Pero al asomar la cabeza no vi nada fuera de lo normal.
—¿Piensas quedarte allí Weasley o me ayudaras?
Una voz que provenía de algún lugar me hizo dar un gritito y taparme la boca con una mano.
Malfoy, estaba a pocos centímetros de mi pero en el suelo, en cuclillas juntando los libros que se le habían caído. Me agache y lo ayude en silencio. Cuando se los devolví acomodo su cabello con un movimiento de la cabeza. Eso hizo que un nuevo nudo se formara en el pecho y me impidiera respirar. Me estaba asustando. ¿No era que había desaparecido? ¿Se tomaron un descanso y volvieron a confundirme más?
—¿Qué haces tan temprano …—inclino la cabeza mirando hacia la mesa en donde estaban mis apuntes y sonrió de lado volviendo a poner sus ojos grises en mi. Bonitos ojos—… haciendo eso que estás haciendo?.
Trate de sonar fría, lo más fría que podía. Si él iba a tratarme de manera descortés, también lo haría. Pero luego recordé que mi madre me había enseñado buenos modales y que si los suyos, no habían hecho lo mismo, era su problema.
—Eso no es de tu incumbencia—bajé los ojos y sonreí— Y de nada.
Di media vuelta y camine nuevamente hacia la mesa.
—Como si me importara sa…
—¡Señor Malfoy!.
La voz de Amy, la bibliotecaria, hizo que frenara y girara, observando nuevamente al chico rubio mientras éste trataba de parecer calmado.
—¿Qué está haciendo aquí tan temprano?
—Bueno… yo, señorita, estaba…
¿Señorita? Era un completo tonto.
—Estaba tratando de ayudar a mi compañera a encontrar un libro.
—¿Cuál compañera?
—Weasley, señora.
¿¡QUÉ!?
Perfecto, había cambiado a señorita por señora y me hacía a mí parte de su disculpa.
Divise el rostro de la bibliotecaria y su ceño fruncido asomarse por la estantería repleta de miles de volúmenes sobre plantas acuáticas. Trate de respirar, algo me dolía en el interior y eran los nervios que ocasionaban los profesores en mi cuando me pedían una explicación.
—¿Es verdad eso?… ¿Él te estaba ayudando? —preguntó, mordazmente.
Dude antes de responder, podía sentir los ojos grises analizar mi expresión, esperando las palabras que, sabia, iba a decir.
-S…si—asentí tratando de convencerme a mi misma que ese chico me pagaría por lo que había hecho: mentir.
—Escuche a la castaña, es verdad señorita.
Había vuelto con lo de señorita. ¿Castaña? ¿Me había dicho castaña?
—Bueno… en ese entonces sigan con lo que están haciendo.
Trate de volver en sí. Malfoy siguió con la mirada a la bibliotecaria y sonrió de lado cuando se esfumo tras su escritorio. Enarco una ceja.
—Trata de peinarte, Weasley. Tienes el aspecto de un arbusto mal podado.
Además de no tratarme con respeto se había vuelto a burlar de mí. Toque mi cabello al recordar sus últimas palabras. Anotaría buscar un hechizo para arreglármelo antes del anochecer. Volví hacia mis apuntes y trate de terminar el trabajo, pero fue imposible.
¿Por qué imposible?
Porque recordaba los ojos grises de Malfoy en cada palabra que intentaba escribir.
Decidí darme un recreo en el desayuno y luego a terminarlo en la sala común.
—¿Dónde estabas? —Albus caminaba hacia mí con el ceño fruncido y con libros debajo del brazo, los dejo en la mesa con un golpe ocasionando que varios chicos levantaran las miradas. Se sentó a mi lado y suspiro hondamente mientras comía con violencia un pedazo de medialuna.
—Estaba en la biblioteca… tratando de…
—¿Sabes a quien me encontré?, al profesor Henman y te asombrara lo que alguien con autoridad puede hacer…—lo mire inquieta—¡Le descontó a Gryffindor cinco puntos por que tenia los cordones mal atados! ….
Abrí los ojos sorprendida y luego recordé los diez que le habían dado a la casa por el encantamiento. Adiós los cinco que quedaban. Comió una cucharada de avena superpuesta al anterior bocado y se rasco la nuca mientras negaba furioso.
—¡Hablare con la jefa de nuestra casa!, es into…
—¿Algún problema?.
Un profesor, alto con nariz de cerdito y ojos negros nos miraba con una expresión de triunfo e intriga.
—No—mi primo comenzó a temblar—Ninguno.
Con un gesto de la cabeza dio a entender que estaba bien y fue hacia la salida, ondeando su túnica azul marino. Cuando cruzo las puertas, mi primo propino un puñetazo a la mesa.
—Cálmate Albus…
Puse una mano en su espalda tratando de darle ánimos y levante la vista para encontrarme con los ojos de Malfoy.
Nos miramos unos segundos hasta que fruncí el entrecejo y agarre de un cuenco un bollo de frutos. El humor de mi primo no era muy distinto al mío en aquel momento.
Luego de desayunar caminamos en dirección a Pociones. Precisamente, a las mazmorras. Y para mi desgracia: tendríamos con Slytherin.
—Es solo el comienzo, puedo asegurarte que si le das una oportunidad va a caerte mejor y no te olvides que lo tendremos mucho tiempo…
—¿Están hablando de Frank, Frank Henman—preguntó, un chico llegado de la nada a nuestro lado. Nos sacaba dos cabezas y dolía levantar el mentón para tratar de localizar sus ojos. Debía de ser del tercer año.
—Es uno de los profesores más desagradables e insoportables de los últimos diez años… Después de Severus Snape, claro.
Ese nombre lo conocía. Lo había escuchado.
—¿Tú eres? —Albus arqueo una ceja.
—Jeff—sonrió
De su túnica, un tejón sobresalía. Era de Hufflepuff.
Llegamos junto a los demás alumnos, entre ellos, el estúpido de Malfoy. Jeff se despidió de nosotros y nos dejo en el más frío silencio.
¿Quién era Severus Snape? Lo único que recordaba era la imagen de un hombre con cabello negro y una larga nariz, en una foto que mi padre guardaba en su armario.
Unos momentos después la puerta se abrió y una fría y ronca voz llamo desde adentro. Localizamos nuestros lugares y me senté junto a Albus, en los bancos del medio. Detras mío y para mi desgracia, el incompetente de Malfoy.
—Bueno, Me llamo Frank Henman e imparto Pociones. Aunque no hay que ser muy inteligente para saberlo—ojeo el salón y puso sus ojos en Albus— vaya, pero si es el hijo de Harry Potter.
Mire de reojo a mi primo. Sabía que debajo esa expresión serena y tranquila su sien iba a estallar en cualquier momento y el labio comenzaría a temblarle para no contestarle.
Trate de susurrar o murmurar alguna palabra que lo tranquilizara, pero ya era tarde.
—Me llamo Albus, no el hijo de Harry Potter.
Muchos chicos entreabrieron la boca, otros miraron a Henman, detrás oí la risa de Malfoy y la de sus amigos.
—¿Disculpe?...
—Que me llamo Albus, profesor.
Miraba alternativamente al profesor y a mi primo, debajo de esa maraña de pelo también veía el ceño fruncido y poco a poco sus manos se transformaban en puños.
—Albus…—susurre—ignora toda…
—Profesor, disculpe… pero es que aquí detrás no logro escucharlo y mucho menos verlo… Una cosa rara y fea me estorba la vista.
Malfoy hablo con vos potente y lo vi por el hombro, sonreía burlón y detrás de esos ojos grises podía ver el goce de mi humillación. Sabía que hablaba de mí.
—¿Qué dice señor Malfoy?
—Que no logro…
—¡Ya lo escuchó! —Albus había gritado—¡Dice que no lo ve por culpa del cabello de Rose!.
—¿Quién es Rose?
Malfoy volvió a reír, esta vez un poco más fuerte. Poco a poco y con otro nudo en el pecho levante poco a poco la mano para indicar que estaba allí.
—Yo profesor. Soy Rose Weasley.
—¡Una Weasley! … Si, se te nota por las manchas en la cara…
Esta vez Malfoy no oculto su risa y sentí que la vergüenza se apoderaba de mí.
—Diez puntos menos para Gryffindor por la insolencia de Potter… Y, Weasley, córtate el cabello, molestas a tus compañeros.
Trataba de no oír la risa de Malfoy, ni la risa de los demás alumnos de Slytherin ni nada por el estilo… Trataba de ignorar todas las cosas que podrían pasar luego. Si mi año iba a ser así no se cómo lograría sobrellevarlo. Mi primo no estaba en una situación distinta, él estaba peor y sabia que gritaría en cualquier momento.
Lo hizo cuando doblamos la esquina luego de salir de la clase.
—¡Es inaguantable!
No dije nada, solo recordaba las burlas del chico sentado detrás.
—Voy a hablar con…
—¿Con quién vas a hablar, Potter?¿Con tu padre?, tienes que recurrir a El Elegido... ¿Verdad?
¿Cómo sabia Malfoy lo del tío Harry?… Seguro que lo había leído de algún Profeta, o su padre se lo había contado en alguna cena familiar. Albus volteo lentamente y lo miro sonriendo de lado.
—¿A ti que te importa a quien le hablare, Malfoy?, no soy como tú que tienes que recurrir a tus parientes oscuros para amenazar a alguien…
El Slytherin cambio su expresión y lo miro con desafió. Sus otros tres amigos, que eran desconocidos para mi, amenazaban con estrangular a Albus.
—-Cállate, Potter.
Lo siguiente fue confuso. Albus y Malfoy yacían en el suelo, unidos entre sí, imposible de separar. Muchos alumnos se habían acercado haciendo un círculo y alentaban a la disputa. Corrí hacia ellos soltando mis cosas y empujando a los espectadores, trate de separarlos antes de que llegaran a mayores. Pero todo fue presenciado también por un hombre con nariz de cerdito.
—-¡Potter! ¡Malfoy! ¡A mi despacho, ahora! —ordenó.