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Historia 161552 — capítulo 5
Hola=).Espero que estén muy bien :). Bueno, yo les traigo nuevo capítulo. En poquito tiempo empiezan los Oscars, así que emocionada, es estar poco entusiasmada xD. Éste capítulo es uno de los que más me gusta. Así que espero que a ustedes también. Cuídense =)
Había llegado el sábado y con él, la primer salida a Hogsmeade. No había nada de emocionante excepto que iría con Bruno al pueblo. Para ver las nuevas tiendas que habían abierto al comienzo del año escolar, algunas tan antiguas como las criaturas del lago. No sabía qué iba a decir, qué me iba a poner, qué temas de conversación sacar. Fuera del comienzo, admitiendo con vergüenza y sin ella, era una muggle que jamás pudo relacionarse si no era con sus primos. Arrugue el entrecejo, mientras buscaba en mi baúl ropa abrigada, por recordar las palabras de Malfoy*: "si fuera como tú, me mataría".*¡Rubio insoportable! ¡Serpiente arrogante!
Él se había encargado de pasar por mi lado con la intención de hacerme pasar vergüenza a cada segundo. Comentarios como:*"¿Esa ropa era de tu madre Weasley?, porque te queda enorme y está sucia". "Péinate, Weasley". "Larga vida a la Spattergroit".*Por suerte, en esas veces iba sola y me limitaba a ignorarlo o fulminarlo con la mirada. Pero en mí, en la Rose Weasley que jamás quería llegar a la violencia, le dolía. Le dolía su falta de respeto y la humillación que ese rubio estúpido le hacía a mi orgullo y vulnerabilidad. En otras iba con Albus y tuve que rogarle que no hiciera nada para que no lo volvieran a castigar.
¿No les conté?, Albus Severus Potter se iba a perder la primera salida a Hogsmeade por culpa del profesor Henman. El profesor Longbottom le hubiera pedido que lo ayudara con las Mandrágoras, pero el profesor de pociones se encargó de vigilarlo de cerca. Si, aquel receso en sus actividades emocionales fue por causa de un duelo ridículo al salir del Gran comedor, luego de la cena del martes. Pero lo más divertido de la situación era que, Malfoy, estuvo la última semana con humor de perros y cada vez que nos veía se llamaba a silencio. Iba a perderse la oportunidad de atacar a los alumnos por la espalda.
—¿Estas lista?
Tatiana me miraba de la puerta, apoyada en el marco y con los brazos fuertemente cruzados. Estaba colorada. Muy colorada.
—Casi —contesté, sin dejar de pensar como sobrellevaría esa tarde.
Me decidí por un pantalón negro de Jean y una camisa azul. El pelo no tenía solución. Bueno, nunca lo tuvo. Así que volví a recordarme que tenía que enviarle a mama una lechuza. Ella me contó que en cuarto curso hubo un baile de navidad en el que ella, fue con un hermoso peinado. Mi padre, el Weasley más grande, el padre de familia, se ponía colorado cuando se tocaba el tema y sus orejas adoptaban el mismo color que el fuego de chimenea en invierno. Decía que era verdad, pero no quería recordar nada más.
—Te espero abajo.
Asentí sin mirarla y oí el ruido de la puerta cerrarse. Entre al baño y estuve poco tiempo, tratando de hacer cosas con la varita y desenredando los nudos que por ella se me habían formado. Por eso después de diez minutos el cabello estaba más enredado y su tono pelirrojo combinaba con mis mejillas. Lo ate en una cola y baje a la sala, en donde me encontré a Tatiana hablando con James, muy cerca. Ninguno oyó cuando baje, pero ambas se separaron como si hubieran sido repelados cuando vieron que me sentaba en la butaca frente al fuego y trataba de que las llamas me consumieran ahí, por entrometerme en cualquier charla que ellos hubiesen estado teniendo. Ambos se habían comportado raros. Casi no se hablaban y cuando uno llegaba al rato el otro se iba. Ambos desaparecían para el horario de la cena y el almuerzo.
Fruncí el entrecejo al recordar el encuentro con "Malfoy arrogancia al cien por ciento" del día anterior, a la salida de Transformaciones, ya que ambos teníamos la clase juntos.
—Weasley.
Él estaba parado contra la pared del pasillo esperando que mi cuerpo cruzara la puerta y cuando eso paso se acercó con aire frustrado. Lo mire de la misma forma. Traté. Hice lo mejor que pude… ¡Yo no podía ser así con él! .No me pregunten por qué.
—Tengo algo para ti.
Mi corazón sufrió un giro de trescientos sesenta grados al oírlo pronunciar esas palabras.
—No me mires así… no es nada fuera de lo normal para ti.
Saco de su túnica un papel enrollado y me lo extendió. Lo mire unos segundos tratando de recobrar la respiración y que mi sangre volviera a fluir, cuando suspiro, y me agarro por la muñeca haciendo que la palma de mi mano libre quedara hacia arriba y pusiera el pergamino sobre ella. Consciente de que no podía quedarme así, lo apreté con los dedos.
—Vuelve a la realidad, Weasley.
Parpadeé unos segundos asimilando lo que dijo y levante la mirada con el ceño fruncido.
—¿Qué es?
Se encogió de hombros y sonrió de lado.
—La profesora me pidió que te lo diera—pasó por mi lado cuando gire la cabeza para verlo. Para mi sorpresa, él hizo lo mismo. Propio en su actitud, tenía una sonrisa sarcástica y poco amable.
—Y… ¿me crees, Weasley, capaz de interesarme en algo tuyo?... Prefiero buscar gusarapos con tu amigo el gigante.
Dicho esto se alejó con las manos en los bolsillos y con paso prepotente.
Apreté el papel hasta formar un bollo con el puño y corrí en una dirección que no supe por qué tome, para alejarme cuanto podía.
Me levante de un salto recordando la nota que no había visto de la profesora de criaturas mágicas y corrí hacia el dormitorio de las chicas, para entrar haciendo un ruido ensordecedor y abrir el baúl en donde había dejado la túnica. Si hubiera visto el desorden que deje en aquel mueble me hubiera muerto pero era más importante encontrar a la profesora Eleonor y preguntarle qué era eso que quería decirme. Baje las escaleras de salto en salto dejando detrás de mí las miradas de algunos chicos que se dirigían al gran comedor y los gritos de Tatiana y James. No me importo demasiado encontrarme con un prefecto, aunque el corazón me latía a mil por hora. Al doblar en una esquina no calcule la velocidad y choque con un chico corpulento, ocasiono que cayera al suelo de cola. Me levante frotando mi pierna derecha mientras oía las disculpas de Bruno.
—Lo lamento Rose ¿Estás bien? —lo miré intentando recobrar el aliento. Él tenía el ceño levemente fruncido y llevaba compañía. Un chico que había visto junto a él en más de una oportunidad, también de Ravenclaw. Se llamaba Federic Bailey.
—Sí, estoy bien—miré a Federic de refilón y sonreí—¿Qué haces por acá?.
—Bajaba a los jardines… ¿Por qué estás tan agitada?
Supe al instante que mis mejillas se volvieron rojas.
—Estaba tratando de encontrar a la profesora de Cuidado de criaturas mágicas.
—No está en el castillo. Oí a la profesora Bertrom contárselo al profesor Longbottom que se marchó a Hogsmeade por asuntos personales. —Federic me sonrió de lado y Bruno arqueo una ceja.
—¿Cómo sabes eso? —Federic miro a su amigo y río dándole una palmada en el hombro.
—Cuando salimos del gran comedor pasaron junto a nosotros, pero yo no miraba para todos lados buscando algo. O a alguien…
Me miro unos segundos y luego a su amigo inclinando la cabeza en un amague de irse.
—Yo volveré entonces a mi sala común… Adiós. Ah, y gracias Federic.
Cuando estaba a punto de perderme en la esquina del pasillo, Bruno me agarro de la mano y me hizo girar, por lo que quede a pocos centímetros de él.
—Nos vemos luego ¿verdad? Digo, para ir a Hogsmeade.
—¿Qué? —lo mire sin entender pero luego abrí los ojos—¡Si, claro! Nos vemos en la fila en un rato.
Me perdí de sus brazos, de mi cara, de la vergüenza por estar tan colorada en los siguientes pisos tratando de controlar mi respiración y dejando de correr me apresure a ir al retrato de la dama gorda. Una vez en la torre y frente a ella la mire esperando que me hiciera la pregunta. Me miro atenta unos segundos y luego con voz queda y tono de impaciencia murmuro:
—¿ Dinosaurio bonachón ?
—Malintencionada tu observación.
El retrato me dejo pasar y cuando estuve dentro encontré la sala común atestada de chicos y chicas, desde primer curso hasta los de séptimo, incluido los prefectos, reír y hacer apuestas que no tenían sentido para mí. Pero cuando me acerque y vi dos cabelleras unidas entre sí, el calor se hizo más insoportable en la habitación.
—¡Tatiana!
Mi amiga estaba con las manos en la campera de una muchacha mayor a ella, Laura Wood de quinto año, mientras que la rubia había sujetado por el pelo a la Gryffindor y la había tirado al suelo.
—¿Qué está pasando? —mis gritos no se oían por el bullicio que la pelea estaba provocando en mis compañeros. Albus estaba sorprendido, con los ojos muy abiertos y murmurándole cosas a Lily, que detrás de su espalda, miraba la escena. James, miraba con el ceño fruncido y con la boca entreabierta la pelea de sus dos compañeras mientras intentaba decir algo—¡James! —empujé a toda persona que estaba cruzada en mi camino y al llegar a mi primo lo mire a los ojos.
—¿Qué está pasando? —sorprendido, mi primo se puso rojo como un Weasley y negó rascándose la nuca.
—Wood encontró a James y a Tatiana besándose en los pies de la escalera de las chicas y… —ante la mirada de su hermano, Albus se calló y siguió murmurándole cosas a Lily.
—¿Besándose? —pregunté, con los ojos desencajados.
Intentado evitar mis palabras, mi sorpresa y supuse, su rostro color de las ciruelas, se acercó como pudo a Tatiana y Laura y las intento separar. Pero su éxito no funciono, porque en el intento de alejar a Tatiana de los pelos de Laura, ésta le había arañado la cara. James se arrojo al suelo para protegerse, mientras las dos chicas seguían peleando.
—¿¡Ustedes no harán nada!?
El grito que di lo oyó más de toda la escena, y los prefectos, dándose cuenta que me refería a ellos, se pusieron serios, erguidos y se acercaron a las chicas.
Cuando estuvieron separadas y mirándose frente a frente con reproche, uno de los prefectos miro a Tatiana y luego a Laura alternativamente. Al mirarla a la rubia platinada, éste murmuro.
—Veinte puntos menos para Gryffindor.
La mayoría de los alumnos presentes dieron gritos de reproche pero Walter sonrió de lado y negó con ímpetu.
—Si quieren, descuento más y hablo con la profesora Aline.
Caminé junto a mi amiga, en silencio. Ninguna dijo nada luego de lo ocurrido en la sala común, pero podía oír su respiración. Se encontraba preocupada y avergonzada. Las marcas que habían quedado en su cara le daban aspecto de luchadora, pero tampoco me detuve a analizarle el rostro. Porque no quería, porque no me sentía en condiciones y porque habíamos llegado al hall.
—¡De a uno! ¡De a uno!
Jony tenía una expresión de odio y eso hizo que sonriera más alegre.
—¡Rose!, ¡por aquí!
Bruno agitaba una mano al comienzo de la fila y me acerque junto a mi amiga, a donde estaba. Cuando éste noto el aspecto de su hermana, frunció el ceño y me miro. Negué tratando de que Tatiana no se percatara de mi gesto con la cabeza y moviéndole los labios le indique que luego le contaba. Acepto con un movimiento seco y Tatiana, presa del bochorno, saco de su bolsillo la hoja de la autorización.
Pero cuando solo faltaba Matías Parkinson para entregar el papel, una figura rubia me observaba desde la puerta del Gran Comedor. Tenía los ojos grises fijos, las manos en los bolsillos y una mirada agria, explosiva y sobre todo… tibia en sus pupilas. Un nudo me impido darme cuenta que sonreía de lado y que luego levanto una mano hacia su pecho, como un saludo cordial. Sonreí al notarlo, mientras Scorpius cambio de postura y me observo atento volviendo a guardar su mano en la protección de la tela de sus vaqueros.
Albus había pasado por las puertas y con una intención que no correspondía lo empujo de espaldas, haciendo que diera vuelta y quedara mirando hacia la pared en donde un cuadro lo miro con burla.
—¡Potter!
Se perdió de escaleras arriba hacia el primer piso y lo vi alejarse en busca del inmaduro de Albus.
—¿La autorización?
Seguía mirando hacia las escaleras esperando que la figura rubia volviera pero una mano fría y huesuda me saco de las mías el papel y el celador, sintiéndose ignorado, me empujo al camino de entrada.
Fuera del intento de seguir mirando hacia el interior del castillo, seguí a Bruno por el camino de piedra y tomamos la marcha juntos, mientras ambos, en un incómodo silencio veíamos alejarse a Tatiana, sola y moviendo sus brazos. Parecía que no estaba bien, que estaba llorando y aunque mis intentos de seguirla eran más fuertes no sabía si ella quería mi compañía. Bruno murmuro entre dientes:
—¿Qué le ocurre? —me encogí de hombros y me quede parada esperando que se me ocurriera algo que decir, que hacer, pero sabía que no ocurriría. Por eso me sorprendió cuando oí el suspiro del Ravenclaw y éste me hizo dar la vuelta tomando mi mano. A pocos metros de Hogwarts.
—Ve con ella, pronto nos veremos otra vez.
Dicho esto, me beso en la mano y luego en la mejilla, muy cerca de los labios. Sonrió con pena y se marchó.
No pude reaccionar hasta que él estuvo a cierta distancia. No sabía qué era lo que tenía allí, lo que me impedía avanzar. Pero luego de ver a mis compañeros desaparecer por la colina y mi intención era buscar a mi amiga, me despedí del lugar con una enorme confusión. Había sentido que el beso era mucho más fuerte que los anteriores, pero no había sentido algo más que un cosquilleo.
La vi alejarse en dirección opuesta a Sheeran con una autentica cara de sorpresa, y aunque en mi interior sabía que me alegraba de que ella no se hubiera ido con ese idiota… me sentía confundido. Porque Rose Weasley había sentido en sus mejillas unos labios que no eran los míos, que eran ajenos, y que eran los auténticos besos de alguien que no quiere algo menos que una amistad. Subí las escaleras hasta el tercer piso y entre a un aula vacía.
Me acerque a la mesa del profesor y deje que el peso de mi cuerpo se apoyara sobre ella. Me sentía raro, angustiado, enojado, sin nada mejor que hacer o pensar. Pensar en todo. Pensar en ella… Pensar en Weasley. Mis manos comenzaban a sudar y en el estómago comenzaba una batalla de furia y rencor. Maldita Wealsey, maldito Sheeran y maldito Potter, que impidió que pudiera seguir mirándola a los ojos. Esos ojos marrones que me tenían… ¿enamorado?