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Historia 161552 — capítulo 7
Bueno, hola. Espero que estén muy bien. Les dejo un nuevo capitulo. ¿Nos hablamos pronto? :),cuídense.
Dos meses después:
Mama:
Estoy bien, no se porque te empeñas en creer que no lo estoy. Hugo esta teniendo problemas en defensa contra las artes oscuras y Pociones… pero: ¡entiéndelo!, el profesor no es muy cortes y hace que el pobre se sienta peor en cada clase. ¿Recuerdas el color de las orejas de papa?... las de Hugo son peores. Lo se, es divertido. Pero lo ayudo en lo que puedo, también trato de no ahogarme con los deberes y estoy ayudando a Hagrid antes de que se vaya de vacaciones. Si, a mi también me sorprende.
Bueno, creo que ya te eh contado muchas cosas. Los extraño. ¡Nos vemos para navidad!
PD: ¡Dale dulces a la lechuza!
Cuando la lechuza se perdió en el cielo, de un gris opaco, yo bajaba las escaleras de la Lechucería. Mi madre me había mandado una carta preguntando como estaban las cosas por el colegio. Respondiéndole con honestidad remota, le hice saber que no tenía que preocuparse de nada. Pero no era tan así. Aun sentía en mi interior un malestar que no me dejaba tranquila, que me impedía sonreír en ocasiones, cuando me debería de sentir feliz. El colegio parecía estar eufórico con la llegada del invierno, con la navidad, con las vacaciones. Pero a mi no me daba felicidad ni nada por el estilo. No quería irme de Hogwarts, no quería desperdiciar tres semanas lejos de mi tan amada biblioteca. Pero extrañaba a mi familia y eso ocasionaba que se me debatiera en el interior que hacer.
Cuando llegue a suelo firme, sentí que la escarcha que desaparecía me mojaba el dobladillo del pantalón. Camine en dirección al castillo con paso rápido, ya que no quería llegar tarde a Encantamientos. Una voz a mis espaldas me hizo detener en seco y voltear lentamente. Mi amiga y mi primo pasaban caminando de la mano. Aquella escena me dejo en sorpresa, porque luego de aquel escándalo en la sala común ambos habían decidido separarse. ¿No les conté? Si, mi amiga había quedado un poco deprimida desde aquel día. Ignoraba a James olímpicamente y trataba de evitarlo en cada parte del castillo.
James jamás nos contó que había salido con Laura y parece que ella era un poco… obsesiva y no quería separarse de él. Por tal motivo, mi amiga y mi primo se mantenían en secreto. Una telenovela muggle.
Sonreí al pensar en eso y volví a girar en mis talones, para subir de un salto lo escalones y entrar en un corredor del castillo. Iba con paso decidido atenta a todo lo que pasaba a mí alrededor, tratar de oír todo lo que podía oír. Mis clases habían mejorado, me sentía mucho mejor desde aquella vez en la que intente no ponerme mal por las miradas atentas de algunos compañeros que murmuraban a mis espaldas. Parecía que las palabras del Slytherin significaron algo, porque luego de eso medio Hogwarts se paraba a preguntarme si era pariente de los Potter. Con timidez asentí a las primeras personas que se atrevieron a hacerlo, pero luego cuando los fulminaba con la mirada se iban. Siempre ocurría con los de primero y segundo. De las tres casas que tenían una relación cordial. Las verdes criaturas de la maldad jamás se acercarían a mí, a una Weasley, a una pelirroja, a una nerd con cara de poca cosa.
Mientras pensaba en todas esas cosas, sin darme cuenta que había llegado a la mitad de un corredor atestado de alumnos, una figura rubia caminaba hacia a mi y se paro en seco cuando se dio cuenta a quien tenia en frente. Nos separaba una distancia considerada, pero nuestras miradas estaban atentas a cualquier gesto del otro. Scorpius Malfoy no dio señales de reconocerme, de querer darse cuenta que era a mi a quien estaba mirando con esa mirada. Pero algo más interesante paso luego. Parkinson, nuestra compañera en casi todas las asignaturas paso a su lado y le dio un beso en la mejilla, con una sonrisa tonta. Suspiro al seguir caminando y sin tener la vista en frente se choco conmigo. En parte de culpa, yo no había dejado de mirar al rubio platinado.
-¡Ay!-La chica me miro con el ceño fruncido y suspiro mientras pasaba por mi lado y seguía caminando. Sin decirme ningún insulto. No me atreví a voltear la mirada, porque Malfoy seguía mirándome. Pero poco a poco camino hacia mí y al quedar a corta distancia susurro:
-Permiso, weasley.
Fruncí el ceño y lo mire pasar a mi lado. ¿Desde cuando Malfoy pedía permiso? Desde cuando me hablaba, si en el último tiempo no lo había echo.
-¡Rose!-Oí un grito a lo lejos.
Albus corría con el pelo al viento, empujando a cada alumno pequeño que veía. Me acerque hacia él con prisa y cuando freno se sostuvo de mi tomando aire, tratando de recomponerse. Cuando pudo hablar, lo hizo como si nada hubiera pasado y arqueando una ceja susurro:
-La profesora Eleonor te busca, Rose.
Dicho esto reí y agarre la hoja que tenia en la mano.
-¡Albus!-Otro grito se oyó en el pasillo.
Lily estaba parada en la esquina del corredor, con los puños apretados a cada lado de su cuerpo y miraba a su hermano con la cara roja, como toda una Weasley.
-Bueno, yo me tengo que ir.
Cuando intento marcharse, se lo impedí y lo agarre de los brazos haciendo que quedara frente a Lily. Ella, conciente de que podía escaparse corrió hacia nosotros y se paro de frente como una leona.
-¡Devuélveme lo que me sacaste!-Exigio.
Albus trataba de soltarse, mientras negaba y en un grito que ocasiono que varios alumnos giraran para mirarnos le contesto a su hermana:
-¡Yo no te eh quitado nada!
-¡Si que lo has hecho! ¡Jenny vio que lo hiciste! ¡Dámelo!
Saque mi varita de la túnica en el preciso momento que iba a irse, quedando a pocos centímetros de su rostro. Me miro con el ceño muy fruncido y saco del bolsillo de sus pantalones con nervios una rana de chocolate.
-¿Se están peleando por una rana de chocolate?-Pregunte, resoplando.
-No es cualquier rana-Se defendió Lily arrebatándole a su hermano la rana de la mano y guardándola en la mochila-Me la regalo Este…
Mi prima enmudeció colgando su mochila al hombro. Intento pensar en algo rápido, pero fracaso y salio muy incomoda de nuestro lado.
-Muchas Gracias, Rose Weasley. Mi madre no me deja comer ninguna y tú tampoco.
-¿Por qué la tía Ginny no te deja?-Quise saber, interesada.
-Eso a ti no te importa-Contesto cortante.
Paso por mi lado también con aires de enojo y suspire tratando de asimilar lo que había pasado en ese corto tiempo.
El encuentro de mis primos, la amistad de James y Tatiana, los ojos de Malfoy y el beso de Parkinson. Inconscientemente fruncí el ceño y abrí los ojos al darme cuenta de lo que había hecho. Camine hacia el aula, con la intención de no llegar tarde, tratando de apartar de mi mente ese pensamiento y ese gesto.
Dos horas después, caminaba junto a mi primo por el pasillo, hacia el gran comedor. Con varios alumnos siguiéndonos el paso. Me sentía molesta, muy molesta. ¿Por qué?, no creo que merezca contarlo. Bueno, si merece el tiempo que tengo para decirlo (pense en eso en todo la hora con el profesor Flitwick). La chiquilina insufrible de Parkinson miraba a Scorpius a cada segundo, cuando el profesor se daba vuelta. Ocasionando que en mas de una situación mi cuerpo se tensionara. La escena estaba frente a mí. Él tenía la mirada clavada en un punto de la habitación que no tenía nada interesante pero sabia que era para evitar mi mirada. Porque en más de una ocasión lo había visto suspirar y fruncir el entrecejo, fulminándome con reproche. Mientras que su compañera, amiga, novia, o lo que sea que se llame le hablaba animadamente y en ocasiones escribía una que otra frase en sus pergaminos. Cuando estuve dispuesta a dejar de presenciar la relación romántica algo me impedía hacerlo, y sabia que eso no era nada parecido a los celos. Era solo la falta de concentración que me impedía la risa de la Slytherin enamorada. ¿Parkinson enamorada de Malfoy?... No podía ser cierto.
-Rose…
Ella era la menos indicada en enamorarse. Un Slytherin no tiene sentimientos.
-Rose…
Un Slytherin no tiene sentimientos.
-Rose…
Scorpius Malfoy no tiene sentimientos.
-¡Rose!
Las puertas del Gran Comedor quedaron dibujadas en mi cara. Por el estruendo que esto produjo, la mitad de los alumnos comenzó a reír y la otra mitad a murmurar que era una Weasley y que era normal.
-¿Estas bien?-Oí que me preguntaron entre los pajaritos que me daban vueltas en la cabeza.
No, no lo estaba. Podía sentir las miradas de gracia y la mía de bochorno. Me había puesto de un color morado que ocultaba mis pecas. La mitad de Slytherin decía comentarios groseros, mientras sentía muchas preguntas a mí alrededor. Todo me daba vueltas y sentía un liquido caer por mis labios, que apretados contra mis dientes eran lo único que impedía gritarles que se callaran.
-¿Rose, estas bien?-La voz de Albus parecía el sonido que produce el tambor cuando es manipulado.
-¡No, no lo esta! ¡Tiene sangre en la nariz!
-Hay que llevarla a la enfermería-Se adelanto mi primo.
Sentí que cuatro brazos me agarraban por los hombros y me guiaban por una escalera grande y rocosa. Algunos cuadros gritaban exclamaciones de compasión, mientras que otros decían que debía ser una pastilla sangra narices.
-¡No es nada de eso!- Lily había comenzado a pelearse con una bruja un tanto anarquista que decía que era la rebelión de los enfermos.
-¡Lily, ayúdame!
Al subir dos escaleras más y llegar a un lugar en donde las voces ya no se sentían y el murmullo habían cesado, sentí la voz de una mujer conocida. La señora Pomfrey, que al ver que tres alumnos entraban a su lugar de trabajo sin invitación, se sintió alarmada, Luego , al ver el liquido rojo en mi nariz se acercó decidida y empujo a los hermanos Potter.
-¿Qué te ocurrió?-Quiso saber, mientras me sentaba en una camilla.
-Me golpee con una estatua-Mentí.
Sabía muy bien que no había sido así, pero si me preguntaba que me había llevado a golpearme con las puertas tendría que contarle la verdad, y la verdad no era prudente divulgarla. Una verdad que debía transformarse en mentira. Lily arrugo el entrecejo y se cruzo de brazos, mientras Albus miraba a la señora Pomfrey.
-Voy a hacer algo muggle. Es efectivo en estos casos pero un tanto ridículo. Necesito eso blanco… ¿Cómo se llama?
-¿Algodón?-Ella sonrió de lado y abrió un mueble de madera, haciendo mucho ruido con botellas y cajas. Lily se sentó en una silla junto a mí, mientras Albus se sentó a los pies de la cama, escrutando el lugar. De un momento a otro, abrió un paquete de grageas, por lo que la enfermera pego un grito ahogado y lo levanto con un golpe en el brazo.
-¡Eso no esta permitido en mi enfermería, muchacho desubicado! ¡Fuera, fuera, fuera de aquí!-Albus corrió hacia la salida mientras que madame Pomfrey se dirigía a Lily-¡Y tu también pelirroja, ¡fuera!
-Pero yo me…
-Ella se quedara conmigo. ¡Fuera!.
Cuando ambos estuvieron fuera, madame Pomfrey se encargó de curarme la dolida nariz. Me baño con algo llamado alcohol e ignorando mí suplicas de que usara solo un poco, ocasiono que mi uniforme quedara con un apestoso olor. Luego coloco algodón y limpio con la varita el resto de la sangre que había quedado en mi barbilla.
-Bueno… puedes quedarte un tiempo más si quieres, Weasley.
-No, ya estoy bien-De un salto baje de la camilla y la mire sonriendo-Eh perdido una hora de clases. Muchas gracias señora Pomfrey.
Cuando camine dos pasos, el grito que pego hizo que diera un salto y girara bruscamente para ver si no había un monstruo en la habitación. Pero solo estaba ella con una botella de un líquido blanco y con los ojos fuertemente entrecerrados.
-Y dile a Potter, que tiene la entrada prohibida a este lugar si no es de vida o muerte.
Sonreí de lado y me dirigí a la salida de la enfermería. Cuando abrí la puerta, una sorpresa me llevo a quedarme allí, de pie. No me dio tiempo a pensar o a preguntarme que hacia el ahí.
Scorpius Malfoy había dicho una excusa, Scorpius Malfoy había mentido por algo antinatural. Malfoy había ido a ver a Weasley. ¡Un Malfoy estaba preocupado por una comadreja! ¡Scorpius sentía nervios por Rose!
-¿Malfoy?
Gire automáticamente la cabeza para encontrarme con sus ojos marrones muy abiertos. Trate de parecer un poco más amable, pero menos agradable. Tenía una bola blanca dentro de su nariz y aunque aquello me parecía ridículo, no dije nada. Había visto algo parecido en un libro muggle que mi padre tenia escondido en la biblioteca de la casa. Mi abuelo Lucius jamás supo de sus gustos por la medicina muggle.
-Hola, Weasley.
Dos palabras, era todo lo que podía decir, era todo lo que iba a decir porque no tenia nada mejor en que pensar. No sabia que excusa le diría sin patético o descortés, pero si sincero. Y la sinceridad era fuerte, había ido allí por ella.
-¿Qué… que estas haciendo acá?-Susurro, totalmente aturdida por mi presencia.
Enarque una ceja en señal de mareo y respire hondo. Ella supuso que había ido ahí para burlarme, porque cerró la puerta que había dejado abierta de le enfermería y dejando sus brazos a cada lado de su cuerpo susurro:
-Si has venido a burlarte no te lo permitiré. Porque no estoy de humor y porque no quiero. De hecho, no quiero aguantarlo. ¿Comprendes?
Paso por mi lado y en un arrebato de desesperación le tome la mano, haciéndola girar. Nuestros ojos se cruzaron otra vez, como esa primera vez.
-No eh venido por eso-Respondi.
-¿Entonces?
¿Cómo decirle a Weasley que me había preocupado por ella?, ¿que le había mentido a medio Slytherin?... Que todo lo que quería era verla bien, sin ninguna herida que opacara sus pecas de un color natural. Sus pecas, esas marcas tan bonitas.
-Por que el profesor Longbottom me mando a ver como estabas-Mentí.
Ella permaneció en silencio y dio un hondo suspiro. Parecía desilusionada y eso hizo que me doliera el estomago. ¿Por qué había mentido?, si esa no era la verdad.
-Bueno…, gracias por tomarte esa molestia. Podes decirle al profesor Longbottom que estoy bien.
Dio media vuelta y comenzó a caminar haciendo ondear su cabellera rizada. Ese cabello que tanto había mirado en clase. Desde primer año. Suspire viéndola alejarse y me apoye contra la pared, con la cabeza en la fría piedra y trate de asimilar mis pensamientos.
-Pierdes tu valioso tiempo, Malfoy*. Olvídala.*
Sabía que no había ido por el profesor, sabia que había ido a burlarse de mí como tantas veces lo había hecho. ¿Cómo olvidarme de la vez que me grito en medio salón de Pociones que tenia Spattergroit y que era contagioso acercarse a mi?. Toda el aula de primero se burlo y eso ocasiono que Albus le rompiera un diente en el jardín, cerca del lago. Acabo castigado una semana por eso, pero dijo que ninguna satisfacción fue tan grande como ver a Malfoy tan asustado. ¿Cómo olvidarme de la vez que hizo que mi caldero explotara porque le agrego bayas negras y eran blancas? ¿Cómo olvidarme de cuando ato mi pie a la silla en clase de Transformaciones, en segundo año, haciendo que al pararme para salir del aula cayera al suelo con todos mis libros abiertos y rotos. ¡Maldita serpiente ambiciosa de dolor ajeno!
¿Y como olvidarme que después del encuentro en aquel pasillo me decía comadreja y desperdicio de dragón cada vez que podía y me encontraba sola?
Sin ganas de querer ver a nadie que pudiera preguntarme como estaba, fui hacia la torre Gryffindor y entre a la sala común esperando que estuviera vacía. Y lo estaba, casi. James dormía en un sillón, con la cabeza colgando a un costado y la boca abierta. Sonreí de lado y subí las escaleras hacia el dormitorio de las chicas para recostarme al menos unos segundos antes de mi siguiente clase. Me preocupe por mis pertenencias solo un minuto, luego recordé que Lily las había recogido. Cerré la puerta con cuidado y me acerque a mi cama, corrí las cortinas, ocultándome del mundo exterior. Al sentir la fría y suave almohada cerré lentamente los ojos, disfrutando de la tranquilidad del silencio y de la paz.
Y antes de quedarme completamente dormida, recordé la sonrisa de Malfoy. Y con ella soñé, junto a sus ojos, junto a su rostro, junto a su piel… junto a todo lo demás.