Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Una Evans para un Weasley · de

Una Evans para un Weasley — capítulo 1

Capítulo 1:

"Prologo"

-¿George?-llamó la joven pelirroja, parada en el umbral del Gran Comedor. El susodicho levantó la cabeza. Sus ojos estaban aguados y sus mejillas empapadas y magulladas, mostrando heridas de la reciente guerra. A sus pies se hallaba el cadáver de su difunto gemelo, Fred.-Georgi…-sollozó la chica mientras corría por entre las ruinas de las paredes y se echaba a los brazos de su amigo. El muchacho se aferró a ella, derramando más lágrimas sobre la blusa agujereada de Clarisa.-Lo…lo lamento.-gimoteo con voz quebrada. El pelirrojo se abrazó más y más fuerte a la pelirroja, como si vida dependiese de eso.

-Sácame de aquí.-pidió George.- No soporto verlo así.-Clary se separó apenas de él, dejando ver sus verdes ojos, y asintió. Mientras el resto de los Weasley, Hermione y Harry, se encargaban de llorar por los cuerpos de Fred, Tonks y Remus, ambos jóvenes, salieron a grandes zancadas del comedor, internándose en los desiertos pasillos. La pelirroja entrelazó sus dedos con los de su amigo y abrió la puerta del aula más cercana. Obligó a George a sentarse en una silla, mientras se arrodillaba frente a él, sin soltar su mano.

-Sé que esto va a sonar bastante estúpido, pero, ¿estás bien?-el chico sonrió de lado y a la vez con amargura y tristeza.

-¿Alguna vez has sentido como si la mitad de tu cuerpo estuviese…muerta?-preguntó con voz ronca.- Cómo si estuviese dormida, apagada.-Clary frunció los labios y negó.- Bueno, esa es exactamente como me siento; vació, muerto, partido a la mitad.-sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas.- Estuve tan cerca de él y no pude hacer nada para salvarlo, Clar, nada.-George se llevó las manos al rostro y se encorvó hacia adelante, haciéndose un ovillo.-Lo extraño tanto.-Clarisa se apoyó sobre sus rodillas y lo abrazó con fuerza, peinándole el cabello y susurrándole cosas al oído mientras depositaba un centenar de besos sobre su mejilla.

-Todo estará bien, Georgi.-dijo cuando tomó su rostro entre sus manos y le secaba las lágrimas.- Fred no murió en vano.-él se sobó la nariz y asintió.- Él, como Remus y Dora, murieron para dejarle un mejor mundo a las futuras generaciones, como el pequeño Teddy. Todo por lo que hemos luchado, por las vidas que se han sacrificado, fue por un mundo mejor.-ella acarició la piel de su mejilla con el dorso de su pulgar y acercó su boca a la frente del chico.

Ambos quedaron en silencio durante un rato largo. Clary estaba sobre el regazo de George, con la cabeza sobre su hombro y sus manos entrelazadas con las de él. El pelirrojo, la abrazaba por la cintura, manteniendo su mentón sobre la coronilla de la chica. Su nariz llegaba a aspirar el aroma, un poco distorsionado por el polvo de las paredes reventadas, a frescas fresas que provenía del cabello de la pelirroja.

-Clary.-susurró. Ella soltó un leve "Hum".- ¿Te acuerdas cuando nos conocimos?-ella liberó una pequeña risita y asintió.

-¿Cómo podría olvidarme de ese día?-

-¿Me lo recuerdas?-pidió el chico. Clarisa se acomodó en su regazo y colocó sus manos alrededor del cuello del pelirrojo.

-Todo comenzó cuando…-

La mañana del 1 de septiembre de 1989, la familia Dursley, se dirigía hacia la estación King Cross. Petunia Evans, miraba con un notorio recelo a su hermana, Clarisa. Le tenía demasiada empatía al ver que había salido con las mismas dotes mágicas que la difunta Lily.

-Ah.-murmuró con asco, cruzándose de brazos y sin quitarle la vista al espejo. Entre tanto, Clary, se mantenía con la cabeza gacha y solo se limitaba a jugar con sus dedos. Sus dos sobrinos, Dudley y Harry, se encontraban en silencio.

-Ya estamos por llegar.-gruñó Vernon.

Apenas bajaron las maletas del auto, los tres Dursley, se quedaron viendo a la pequeña pelirroja con los brazos cruzados y sin ninguna expresión en sus rostros.

-Bien.-jadeo la niña, cargando su baúl.-Nos vemos en unos meses.-los tres le dieron un leve asentimiento.

-Adiós tía Clary.-Harry dio un paso al frente y la abrazó.

-Adiós.-la pelirroja esperaba que Dudley hiciese lo mismo, pero sabía que jamás lo haría. Petunia se había encargado de infundirle malas ideas acerca de la niña, al punto que terminó asustándolo.-Me…me voy a ir.-también esperó a que su hermana dijese algo, pero solo la escuchó murmura un "al auto, ahora". Mordiéndose la lengua y masticando toda la rabia y tristeza que tenía en su interior, Clary, fue en busca de un carrito para poder transportar su baúl.

Una vez que logró acomodar sus cosas, sacó el boleto dorado que le había proporcionado la profesora McGonagall, el día que fue al número 4 de Privet Driver para explicarle que era una bruja.

-¿Andén 9 ¾?- le preguntó al aire. No muy segura, se encogió de hombros y comenzó a andar con su baúl.- Andén 9, andén… ¿10?-frunciendo los labios, retrocedió pero no había ningún cartel que indicase el andén que ella estaba buscando.- ¡Ah!-bufó con cansancio.- ¿Dónde estará?-su primera idea fue preguntarle al guardia de la estación si podía ayudarle, pero con la sola mención del "tres cuartos", se le rió en la cara y se alejó mientras criticaba a los niños de hoy en día.

Con el alma por el piso, Clary, se sentó en uno de los bancos de la estación. El gran reloj, que estaba sobre su cabeza, marcaba las 10: 55 de la mañana.

-"Jamás iré a Hogwarts"-se lamentó, enterrando su rostro entre sus manos y aguantándose las ganas de ponerse a llorar.

-¡George, Fred!-exclamó una mujer, que se encontraba del otro lado del banco.- ¡Vengan acá y háganme el favor de no separarse otra vez!-la regordeta mujer, soltó un suspiro mientras era seguida por dos jóvenes más. Clary levantó la cabeza y descubrió que eran una familia de pelirrojos. Le atrajo la atención la forma en la que iban vestidos: la mujer usaba una larga túnica de color morado con algunos parches que cubrían las roturas. Ambos jóvenes llevaban pantalones y camisas, que según lo que la chica alcanzaba a ver, eran de segunda clase y compartían los mismos parches que la mujer.

-¡Cuidado!-gritaron dos voces a coro. Un pequeño estallido, asustó, a Clary haciéndola dar un pequeño brinco en el asiento.- ¡Si!-frente al banco se hallaban dos niños, iguales, que chocaban sus manos.

-¡FRED, GEORGE!-chilló la mujer, roja de vergüenza y con los dientes apretados mientras corría tan rápido como sus piernas le dejaban.- ¡¿Cómo se le ocurre tirar de esas cosas en un lugar llenos de Muggles!?-

-Pero mamá…-intentó decir uno de los niños.

-¡PERO NADA!-la señora volvió su rostro hacia Clary y suavizo su expresión.- ¿Estás bien, cariño?-ella asintió varias veces.

-Le dijimos cuidado.-susurró uno de los niños.

-¡Silencio, Fred!-

-Soy George.-le corrigió el niño.- ¿Cómo haces para no reconocernos, madre?-Clary soltó una leve risita.

-Ella también va a Hogwarts.-comentó uno de los más grandes.

-¡Oh, mi niña!-exclamó la señora.- Se está haciendo tarde. Deberías hacer pasado al andén.-

-No…no sé cómo se hace.-masculló en voz baja.

-Eso no es problema.-la mujer se extendió la mano.- Nosotros se ayudaremos.-

-La mayoría de los magos saben dónde está el andén.-dijo el mayor de los cuatro.- ¿Eres hija de Muggles?-preguntó con sutileza.

-¿Qué es un Muggle?-los gemelos comenzaron a reír.

-Oye, Charlie, creo que eso responde a tu pregunta.-dijo Fred, haciendo sonrojar violentamente a Clary.

-Ah, no le hagas caso.-bufó el mayor.- Mira, te lo explicaré.-él se acercó a la pequeña pelirroja.- Ser hijos de Muggles, no es una mala palabra.-aclaró.- Es más bien, ser hijo o hija de personas que no poseen magia, ¿comprendes?-

-Mi hermana fue a Hogwarts.-murmuró Clary mientras arrugaba la nariz.- Pero, mi otra hermana, no.-

-Bueno, hay raros casos en que algunos integrantes de familias muggles puedan asistir.-continuó Charlie.- En mi opinión, no hay nada de malo con ser hijos de muggles.-

-.-.-

-Recuerdo ese día a la perfección.-comentó George, cuando la pelirroja hizo una breve pausa.

-.-.-

-Bien, para acceder al andén 9 3/4 , debes correr hacia esa pared.-le aconsejó la señora Weasley, mientras apoyaba una mano sobre su hombro.

-¿Con…contra la pared?-repitió Clary.

-Así es.-la señora sonrió.- Charlie, muéstrale como se hace.-el niño tomó su carrito, y luego de asegurarse de que ningún Muggle estuviese mirando, tomó carrera enfilando hacia la dicha pared. Para el asombro de la pelirroja, el chico, desapareció.

-Wow…-comentó con gran entusiasmo.

-Es fácil.-la mujer palmo su hombro  y luego se dirigió a sus otros hijos.- Percy, tu turno, cariño.-el segundo niño imitó los pasos de su hermano y también desapareció.-George, iras después de Fred.-

-¡Él no es George!-exclamó el pelirrojo.- Estoy empezando a cuestionarme tu puesto como madre, mamá.-

-Oh, lo lamento, cariño.-se disculpó la mujer.

-Deberías de haber visto tu cara.-rió el niño mientras corría con su baúl.- ¡Yo soy George!-gritó antes de desaparecer. El otro gemelo se descostillaba de la risa, pero dejó de hacerlo al ver el rostro de su madre.

-Sigues, Fred.-gruñó la mujer. Él asintió y tomó con firmeza su carrito y terminó siguiendo a sus hermanos.-Bien, linda. Es tu turno.-Clary miró la pared y luego de haber tomado aire, movió su carrito y cerró los ojos. Tardó unos cuantos segundos en volver a abrirlos. Al hacerlo, distinguió una magnifica locomotora escarlata con una humeante chimenea y más magos a su alrededor.

-Bien.-dijo George acercándose a ella.- Bienvenida, a una parte, del mundo mágico.-

.*.

¡Hola!

Bueno, esta es mi…tercera o cuarta historia de Harry Potter, espero que les guste****J

Besos, Dany Styles.