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Una Evans para un Weasley — capítulo 2
Capítulo 2
Clary había sentido que nudo de nerviosismo había desaparecido de su pecho y ahora se hallaba mirando con gran asombro todo lo que había a su alrededor: la gran y magnifica locomotora escarlata, los padres que daban indicaciones a sus hijos, pequeños magos que correteaban por los andenes.
-Bueno, a ver.-habló la señora regordeta.- Uno…dos…tres…cuatro…cinco…seis.-soltó un suspiro y retiró la mano de la cabeza de Clary.- Estamos todos.-la gran locomotora, soltó un agudo silbido, haciendo que todo los presentes se comenzaran a movilizar.-Bueno niños, que tengan un buen año.-tomó el rostro del mayor y le estampó un beso en la mejilla.- Charlie, cuida de tus hermanos y se amable con…-la mujer miró a la pelirroja e hizo silencio.
-Oh, mi nombre es Clary.-respondió.
-Eso es, se amable con Clary.-el rostro de la señora se puso serio y se dirigió a los gemelos.- Ustedes, más les vale que no reciba ninguna carta por su mal comportamiento.-ambos chicos compartieron una mirada, antes de asentir.-Percy.-el muchacho hinchó el pecho, mostrándose orgulloso.- Sigue como siempre.-el tren volvió a soltar un silbido y la mujer tuvo que despedirse, plantando besos fugases en las mejillas de los cinco pelirrojos.
A Clary no le quedó más opción que seguirlos, ya que sin duda, ellos sabían mucho más del asunto y tenían más experiencia que ella. Charlie y Percy se esfumaron antes de pasar al siguiente tramo del tren, dejando a los dos gemelos y a Clary, solos. A medida que caminaban por los pasillos, los más grandes, los miraban de reojo.
-¡Aquí hay uno vació!-chilló George, abalanzándose sobre un compartimiento vació.- Apúrense, antes de que se llene.-a Clary le costó mover el baúl, pero logró llevarlo.- Ah…-suspiró el pelirrojo, desplomándose en el asiento.- Al fin iremos a Hogwarts.-
-Estaremos un largo tiempo sin la vigilancia de mamá….-ambos gemelos se miraron y rieron.
-Ohm…-susurró la pelirroja, como si quisiese hablar y la voz no le saliese.- ¿Cómo…cómo es Hogwarts?-preguntó finalmente.
-¡Oh, niña!-exclamó Fred.- ¡Es una maravilla! Todos dicen que es como una segunda casa. Es un… ¡inmenso!, castillo.-
-Hay un calamar gigante.-agregó el otro gemelo.- Yo creo que no debe ser peligroso.-Clary se estremeció un poco, pero permaneció en silencio.
En menos de treinta minutos, los chicos, le contaron todo sobre la escuela (las casas, las materias, el nombre del director, los fundadores y maestros). Clary estaba maravillada con tales cosas.
-¿Cómo es que mi hermana me prohibió todo esto?-preguntó la pelirroja, cada vez más entusiasmada.- ¡Es genial!-
-¿Dijiste que tu otra hermana asistió, verdad?-inquirió George. Clary asintió.- Tal vez tu hermana mayor estaba celosa.-la chica se encogió de hombros.
-Ojala mi sobrino pueda asistir.-murmuró la pelirroja.
-Hola.-interrumpió un muchacho en la puerta del compartimiento. El chico tenía piel oscura y pequeñas rastas que salían de su cabeza, como si fuesen patas de araña.- ¿Puedo sentarme con ustedes?-quiso saber.- Ya no quedan lugares.-el muchacho soltó una risita nerviosa y se rascó la cabeza.
-¡Pasa, pasa!-le permitieron los gemelos al mismo tiempo. El chico ingresó con más seguridad y se sentó junto a Clary.
-¿Cómo es tu nombre?-preguntó George.
-Lee.-respondió el nuevo acompañante.- Lee Jordan.-
-Es un placer conocerte, Lee.-saludó Clary, estrechándole la mano.
-¿Los tres son hermanos?-quiso saber.
-Oh…no, soy pelirroja pero no soy hermana de ellos.-la joven Evans, soltó un risita y se acomodó en el asiento.
Los cuatro pasaron un largo rato conociéndose: Clary descubrió que el apellido de los gemelos era Weasley, en total eran seis hermanos y una hermana. Lee provenía de una familia de magos. Los tres chicos descubrieron que tenían en común el fanatismo por los productos de Gambol y Japes
-Clary.-habló George.- Por favor dime que no eres de ese tipo de niñas que viven en bibliotecas.-la niña rió y negó.
-Me gusta estudiar, pero no me considero una de esas chicas.-respondió.- Cuando mi hermana me saca de mis casillas, suelo hacerla enojar a propósito. Por ejemplo el año pasado, estrellé un globo con agua en la redonda cara de mi sobrino.-el primero en comenzar a reírse, fue Lee, seguido de los gemelos.
-Nosotros somos unas pesadillas, según nuestra madre.-habló Fred.-
-"¡Oh, Arthur!"-exclamó George, poniendo voz de mujer.- "¡Espero que esos dos aprendan lo que es el trabajo duro cuando vayan a Hogwarts! ¡No quiero tener a dos revoltosos!"-Clary soltó una carcajada, dejando ver su blanca dentadura.
- ¿En qué casa te gustaría quedar, Evans? -preguntó Lee.
-Por todo lo que me han contado, me gustaría quedar en…-
-No digas en Slytherin.-pidió Fred, con voz chillona.- Solo, no lo diga.-
-Tampoco pensaba hacerlo, Freddie.-replicó la chica.- Me gustaría ir a cualquiera de ellas, pero…no me gustaría que me separen de ustedes.-confesó.- En estos últimos minutos, me he dado cuenta de son muy simpáticos.-
-Esta chica me cae bien.-le comentó Fred a su gemelo. La puerta del compartimiento se abrió y el rostro de una mujer se asomó.
- ¿Les gustaría algo del carrito de dulces, jóvenes? -pregunto con una voz suave.
-Nosotros vinimos equipado.-se lamentó Fred, haciendo una mueca.- ¡No soporto la carne seca! ¡Cuando lo entenderá mamá!-los únicos que quedaban por decidir eran Lee y Clary.
-Yo voy a comprar algo.-habló la pelirroja, sacando un pequeño monedero. Cuando le dijeron que era una bruja, la profesora McGonagall, le explicó que su hermana, Lily, tenía una cuenta en el banco de los magos con una ración de galeones para ella.
-Te voy a ayudar a elegir.-dijo Lee, poniéndose de pie y acercándose al carrito.
Aquel carrito era un muestrario de golosinas, que una chica como Clary, jamás había visto: había ranas de chocolate, Grageas de todos los sabores, tartas de calabazas, sorbetes de limón, varitas de regaliz, pasteles con formas de calderos, y una infinidad de golosinas más.
-No sé por cual decidirme.-comentó la chica, mordiéndose el labio.
-Yo te ayudo.-se ofreció Lee. El chico movió sus manos rápidamente y tomó varias cosas.
-¿Eso es todo?-preguntó la señora del carrito.
-Así es.-
-Bien, entonces serás diez sickles y cuatro knuts.-Lee tomó el monedero y sacó el dinero.
-Gracias.-dijo, luego de devolvérselo.
- Bien.-murmuró Clary.- ¿Quién tiene hambre?-
-Son tuyas.-negó George.
-Por favor, quiero compartirlo con ustedes.-replicó la pelirroja, dándole una rana de chocolate a Lee.
- ¿En serio? -pregunto Fred con asombro.
-Claro, tonto.-dijo Clary, colocándole una rana en la mano.- Son mis amigos, ¿crees que sería tan golosa como para comerme todo esto sola?-los gemelo rieron y aceptaron los dulces, sin saber que estaba sellando un pacto de amistad.
George se pasó una mano por el rostro. Aún tenía los ojos llorosos y rojos. Clary estaba sobre su regazo, acariciándole el cabello y depositando suaves besos sobre su frente.
-¿Estás bien?-el chico asintió, dejando escapar un sollozo.- George.-ella tomó su rostro entre sus manos y continuó secando las nuevas lágrimas.
-Te pediría que dejases de contar, pero…fueron los mejore momentos de mi vida.-murmuró.- En ellos siempre estaban ustedes dos. Es algo que siempre quedará en mi mente y que jamás podré sacar.-George soltó una risa forzada.- Clary, nos hiciste muy bien.-confeso.- Siempre estuviste como intermediaría entre nuestras travesuras y el castigo.-él la tomo de la mano y terminó entrelazando sus dedos con los de Clary.