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Una Evans para un Weasley — capítulo 3
Capítulo 3
Clarisa peinaba suavemente el cabello de George, mientras él se aferraba a su amiga, llorando en silencio.
-¿Quieres que continué?-preguntó la pelirroja. George asintió contra su pecho*.*
Una vez que bajaron del Expreso, los cuatro amigos no sabían a donde ir.
-Sigan al guardabosque.-les recomendó Charlie, mientras se reunía con sus compañeros. Percy ni siquiera se detuvo a desearles suerte.
-¡Los de primero por aquí!-gritó una voz gruesa.- ¡Los de primero por aquí!-
-Ohm…supongo que debemos seguirlo.-murmuró Clary, acomodándose la túnica sin insignia.
-Sigamos al montón.-propuso Lee, señalando con la cabeza a los que pasaban a su lado.-Tal vez no lleven a algún lugar.-
Los gemelos se encogieron de hombros y comenzaron a caminar, seguidos de sus dos nuevos amigos.
-¡Los de primero por aquí! ¡Síganme!-a medida que avanzaban en la multitud de estudiantes, lograron divisar una inmensa sombra.
-¿Ese es el guardabosque?-preguntó Clary. Jamás, en su corta vida, había visto un hombre tan corpulento y enorme como aquel. A la luz de un pequeño farol, se iluminó el rostro del guardabosque: de pequeños ojos negros, como dos escarabajos azabaches, y de espesa barba que le llegaba hasta por el cuello y solo dejaba lugar para una diminuta nariz y una delgada boca.
-¿Están todos los de primero?-gritó con una voz atronadora, como un trueno. Contó las cabezas y dio media vuelta.- ¡Síganme!-
Persiguiendo el diminuto punto de luz, los recién llegados comenzaron a caminar, alejándose del resto de los estudiantes.
Durante el viaje, una suave garua se había instalado en el cielo. Para ese momento el suelo de la estación estaba bastante mojado. El sonido de una decena de pies, rebotaba contra el andén y se perdía en cuanto bajaban unos escaloncitos y entraban en contacto con la tierra.
-¡A su derecha, tienen el castillo!-habló el guardabosque, dirigiendo la luz del farol hacia un lado.
Una ola de "Wow", "Asombroso", "Increíble", hizo aparecer una enorme sonrisa en el rostro del gigante.
A medida que iban por el sendero, el camino se iba ensanchando al punto de dar con un pequeño muelle que desembocaba en una fila de botes sin amarrar en las oscuras aguas del lago. Clary se quedó sin palabras al ver el enorme castillo un poco más de cerca.
-¡Cuatro por bote!-bramó el guardabosque, haciéndolos pasar.
Tal como en el tren, los gemelos, Lee y Clary, ocuparon juntos un bote. La embarcación dio una suave sacudida y comenzó a surcar las aguas del lago. Fred y George miraban hacia los costados.
-¿Qué hacen?-preguntó Lee, enarcando una ceja.
-¡Queremos ver al calamar gigante!-exclamó Fred y voz baja.- Charlie dice que no es peligroso.-
-Jamás vi un calamar gigante.-confesó Lee.
-Pues, aquí lo verás.-repuso George, sonriendo.
A Clary le brillaban los ojos mientras los botes avanzaban solos, solo con un empujoncito de magia. A pocos metros se encontraba el lugar del cual le había contado la profesora McGonagall. Hogwarts. Ya con solo verlo de lejos, lo empezó a añorar. El castillo estaba sobre un peñasco que ocultaba una cueva, a donde se dirigían los botes.
-¡Cuidado con las cabezas!-exclamó el guardabosque, refiriéndose a las embarcaciones que se acercaban a los primeros riscos. Todos, incluyendo al gigante, bajaron las cabezas para evitar recibir un golpe.
Mientras los botecitos avanzaban, las ventanas iluminadas del castillo, se hacían más cercanas.
Tras unos pocos minutos más, fueron guiados hacia un túnel que estaba por debajo del castillo y los condujo hacia un muelle oculto entre las oscuras rocas que sostenían todo Hogwarts. El guardabosque los hizo descender advirtiéndole que tuviesen cuidado con no resbalar. Para desgracia de Clary, las rocas estaban llenas de musgo húmedo y ella no era muy buena equilibrista. Por suerte, las manos de Lee y George la ayudaron a mantenerse en pie.
El guardabosque los llevo a través de un pasadizo hecho de roca, alumbrándose solo con un puntito de luz, proveniente de su farol. El pecho de la pelirroja martillaba fuertemente contra su pecho: estaba demasiado entusiasmada con todo lo que veía.
"Sí solo Petunia estuviese aquí"
Al pensar eso, su corazón latió más lento. Le había dolido que su propia hermana la hubiese negado desde hacía meses. Pero estaba en una etapa en donde podía empezar de cero.
Finalmente, subieron por unos escalones de piedra y se detuvieron ante una inmensa puerta de roble.
-¿Están todos?-preguntó el guardabosque, recontando a los nuevos estudiantes.-Perfecto.-volteó hacia la puerta y, levantando su enorme y regordete puño, llamó. Tardaron unos pocos segundos en contestar, pero cuando lo hicieron, el rostro de una bruja alta, de tirante cabello negro y túnica esmeralda, los recibió. Tenía una expresión muy severa. Era la misma bruja que había venido a notificarle sobre Hogwarts.
-Los de primer año, profesora McGonagall.-informó el guardabosque.
-Muchas gracias Hagrid.-dijo, dando un breve asentimiento.-Yo me encargo desde aquí.-el guardabosque repitió el gesto de la bruja y volvió por donde había llegado.
La profesora McGonagall abrió la puerta que se encontraba a sus espaldas y reveló un enorme vestíbulo, con paredes de piedra bien iluminadas con flameantes antorchas de piedra y más atrás una magnifica escalera de mármol.
-Síganme.-les indicó, ingresando al vestíbulo. Todos estaban calladitos, contemplando con demasiada emoción el lugar. La profesora los condujo a una pequeña habitación vacía.- Bienvenidos a Hogwarts.-dijo, volviendo hacia ellos.-El banquete se celebrará dentro de poco, pero antes que ocupen sus lugares en el Gran Comedor, deben ser seleccionados para sus casas.-un suave murmullo se expandió entre los alumnos.- La selección es una ceremonia muy importante.-continuó.-Porque mientras estén aquí sus casas serán como sus hogares, serán como su familia en Hogwarts. Tendrán clases con el resto de la casa que les toque, dormirán en los dormitorios de sus casas y pasarán tiempo en la sala común de la casa.-
-Eso es increíble.-comentó Clary en un susurró. George, alcanzó a oírle y le sonrió.
-Las cuatro casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin.-prosiguió la profesora.-Mientras estén en Hogwarts, sus triunfos conseguirán que las casas ganen puntos y cualquier infracción hará que los pierdan.-puntualizó, mirándolos a todos por encima de sus cuadrados lentes.- Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa.-un nuevo murmullo se inició.- Ahora formen una fila y síganme -
En cuanto todos se colocaron en una sola formación, salieron de la habitación y volvieron a atravesar el vestíbulo. Mientras caminaban hacia una habitación, que parecía muchísimo más grande, la profesora, con un solo gesto de su mano, hizo abrir las enormes puertas doble. Si el vestíbulo había sorprendido a Clary, ver aquel enorme comedor, la dejó sin palabras ni aliento: miles de velas flotantes iluminaban cuatro mesas, a su vez las mesas tenían platos, cubiertos y copas de oro. Al final del angosto pasillo había una enorme tarima: allí estaban todos los profesores. McGonagall los condujo hasta ahí. Dándole la espalda a los demás profesores, trajo y colocó un taburete de madera y encima colocó sombrero muy, viejo, puntiagudo, sucio y viejo. Como si fuese muy normal, una ranura se abrió en la tela remendada y formó una boca.
Y como si se tratase de una persona, el sombrero se aclaró la voz y abrió la bocaza.
"Cuando Hogwarts comenzaba su andadura y yo no tenía ni una sola arruga, los fundadores del colegio creían que jamás se separarían. Todos tenían el mismo objetivo, un solo deseo compartían: crear el mejor colegio mágico del mundo y transmitir su saber a sus alumnos. "¡Juntos lo levantaremos y allí enseñaremos!", decidieron los cuatro amigos sin pensar que su unión pudiera fracasar. Porque ¿dónde podía encontrarse a dos amigos como Slytherin y Gryffindor? Sólo otra pareja, Hufflepuff y Ravenclaw, a ellos podía compararse. ¿Cómo fue que todo acabó mal? ¿Cómo pudieron arruinarse tan buenas amistades? Veréis, yo estaba allí y puedo contaros toda la triste y lamentable historia. Dijo Slytherin: "Sólo enseñaremos a aquellos que tengan pura ascendencia." Dijo Ravenclaw: "Sólo enseñaremos a aquellos de probada inteligencia." Dijo Gryffindor: "Sólo enseñaremos a aquellos que hayan logrado hazañas." Dijo Hufflepuff: "Yo les enseñaré a todos, y trataré a todos por igual." Cada uno de los cuatro fundadores acogía en su casa a los que quería. Slytherin solo aceptaba a los magos de sangre limpia y gran astucia, como él, mientras que Ravenclaw sólo enseñaba a los de mente muy despierta. Los más valientes y audaces tenían como maestro al temerario Gryffindor. La buena de Hufflepuff se quedó con el resto y todo su saber les transmitía. De este modo las casas y sus fundadores mantuvieron su firme y sincera amistad. Y Hogwarts funcionó en armonía durante largos años de felicidad, hasta que surgió entre nosotros la discordia, que de nuestros miedos y errores se nutría. Las casas, que, como cuatro pilares, había sostenido nuestra escuela se pelearon entre ellas y, divididas, todas querían dominar. Entonces parecía que el colegio mucho no podía aguantar, pues siempre había duelos y peleas entre amigos. Hasta que por fin una mañana el viejo Slytherin partió, y aunque las peleas cesaron, el colegio muy triste se quedó. Y nunca desde que los cuatro fundadores quedaron reducidos a tres volvieron a estar unidas las casas como pensaban estarlo siempre. Y todos los años el Sombrero Seleccionador se presenta, y todos sabéis para qué: yo os pongo a cada uno en una casa porque esa es mi misión, pero este año iré más lejos, escuchad atentamente mi canción: aunque estoy condenado a separaros creo que con eso cometemos un error. Aunque debo cumplir mi deber y cada año tengo que dividiros, sigo pensando que así no lograremos eliminar el miedo que tenemos. Yo conozco los peligros, leo las señales, las lecciones que la historia nos enseña, y os digo que nuestro Hogwarts está amenazado por malignas fuerzas externas, y que si unidos no permanecemos por dentro nos desmoronaremos. Ya os lo he dicho, ya estáis prevenidos. Que comience la Selección."
En cuanto terminó de cantar, todo el comedor estalló en aplausos. Los de primero eran los más emocionados de todos e incluso parecían más relajados.
-Los llamaré por orden alfabético.-habló la profesora McGonagall, sacando un extenso pergamino.-En cuanto escuchen su nombre, deberán sentarse en el taburete y colocarse el sombrero.-los gemelos miraron hacia la mesa de Gryffindor, donde Charlie levantaba los pulgares y les sonreía.- ¡Abernathy, Lucile!-una niña menuda, de cabello castaño, se abrió paso entre la fila y sentó en el taburete.
Nadie podía escuchar lo que decía el Sombrero, solo veían a la niña morderse el labio y apretar los costados de la madera.
-¡Ravenclaw!-bramó el Sombrero, tras unos instantes.
La mesa del medio estalló en aplausos y le dieron una cálida bienvenida a su nueva integrante.
Los alumnos que fueron llamados a continuación siguieron en el orden alfabético (A, B, C, D), hasta que McGonagall llegó a la E.
-¡Evans, Clarisa!-
A Clary se le tensaron los brazos y pidiendo permiso, logró abrirse paso por entre la fila. Paso por al lado de la profesora y tragando saliva, avanzó con total seguridad hacia el taburete. Con las manos temblorosas tomó el Sombrero y se lo colocó en la cabeza. Se acomodó en el pequeño asiento y esperó.
-¿Evans? ¿Evans?-habló una vocecita, que la tomó por sorpresa.- Creo que… ¡sí!, ya sé dónde ponerte, niña.-Clary esperó unos instantes y respiró hondo.-Pero antes, déjame examinarte un poco.-asintió suavemente y miro por encima de la solapa marrón.- ¡Aja! Eres igual a tu hermana.-Clary iba a decir algo, pero el Sombrero la detuvo.-Sí, sí. Yo, en un tiempo atrás, seleccioné a tu madre y déjame decirte que irás al mismo lugar que ella.-la pelirroja sonrió y se tranquilizó un poco más.-Vaya.-comentó el Sombrero.-Válgame, Merlín, chica. ¡Eres la copia en miniatura de tu hermana!-Clary rió suavemente.-Ya no hay que darle más vueltas: ¡GRYFFINDOR!-
La mesa escarlata rompió en aplausos, mientras todos se ponían de pie. Clary saltó del taburete y, asegurándose de que colocar bien el Sombrero, salió corriendo hacia su nueva familia.
-¡Felicitaciones!-Charlie Weasley, le despeinó la rojiza mata de cabello mientras le hacía un espacio para que se sentara en la banca.
Sintiéndose un poco más aliviada, se propuso prestar atención al resto de la selección.
-¡Johnson, Angelina!-llamó McGonagall en cuanto llegó a la letra J.
-¡GRYFFINDOR!-gritó el Sombrero a los pocos segundos. Angelina se bajó del taburete y corrió a la mesa escarlata, la cual al igual que con Clary, la recibió afectuosamente.
-¡Jordan, Lee!-
Clary, tal como hizo Charlie, levantó los pulgares en señal de suerte y le sonrió mientras el muchacho se dirigía hacia el taburete.
-¡GRYFFINDOR!-dictaminó el Sombrero a los pocos segundos.
La lista se fue acortando, al igual que la fila de alumnos. Clary seguía esperando el momento de la selección de los gemelos.
-¡Weasley, Fred!-tanto ella como Charlie, estaban atentos.
Fred caminó hacia el taburete y se colocó el Sombrero.
-¡GRYFFINDOR!-el pelirrojo sonrió victorioso y se puso de pie en cuanto la mesa escarlata comenzó a ovacionarlo.
Charlie y él chocaron los cinco, mientras que Clary le sonrió.
-¡Weasley, George!
-¡GRYFFINDOR!-imitando a su gemelo, bajo los escalones siendo ovacionado.
.*.
¡Hola!
Mil, mil, mil, millones de disculpas. Sé que tenía esta historia un tanto abandonada y el motivo es porque había perdido todos los capítulos que ya tenía escritos. Pero, para suerte de mis bellos lectores, pude recuperar todo.
Espero que sepan perdonarme y sigan disfrutando de la historia.