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El Hijo del Rayo — capítulo 2
Central Park, Nueva York
El dolor de cabeza era terrible. Sentía como si tres elefantes de pronto hubieran salido de la nada y caído sobre su cabeza, aplastándola. Estaba destrozado, demolido, y seguramente cualquier otro sinónimo que se pudiera encontrar.
Lo primero que vió, a decir verdad, fueron dos manchas borrosas que se cernían sobre él. Sin lentes no podía ver mucho, pero podía afirmar que se trataba de dos personas.
- ¡Hey, chico! - escuchó decir - ¿estás bien?
La voz desconocida era particularmente demasiado grave para ser de mujer, pero aquello pasaba casi inadvertido, su tiembre era muy suave; a Harry le recordó a un día soleado, como esos que solía gastar en los terrenos de Hogwarts con sus amigos. No encontró forma de describírla, pero de lo que si estaba seguro era que aquella silueta era, por lo menos, masculina. Tez blanca, rizado cabello pelirrojo y dos puntos color verde que supuso eran sus ojos.
Entrecerró los ojos en un intento de poder distinguir más. La otra figura se veía ligeramente más menuda que la anterior. Rasgos más finos, ojos color avellana y largo cabello rubio que parecía estar recogido en una cola de caballo.
Se dió por vencido. Esforzarse de más solo le había provocado una irritante molestia en los ojos. Cerró los párpados intentando deshacerse de esa sensación.
Había visto lo más obvio: su cabello ojos y piel, etc; aún así, le era difícil imaginarse como eran en realidad sus rostros. Nunca pensó mucho en ello, pero en ese momento Harry odió necesitar de sus gafas.
- Yo... - comenzó -. Si, estoy bien. Sólo me duele un poco la cabeza.
Un poco. Vaya mentira.
-Leah y yo te encontramos hace como media hora. Intentamos despertarte de muchas formas pero no resultaba. ¿Qué pasó? Mira que debió ser grave para terminar inconsciente a la mitad de Central Park.
- No lo sé... yo... - se detuvo - Espera... ¿dijiste Central Park? - se sentó de golpe.
-Si - respondió.
-
¿En Nueva York?
-
Es el único que hay, según tengo entendido - el chico se encogió de hombros.
Eso lo alarmó.
- Por las barbas de Merlín... ¿cómo? ¿cómo llegué aquí?
Intentó recordar pero fue en vano. Su mente era un completo caos. A duras penas se mantenía centrado en aquella conversación.
Sentía que le faltaba la respiración. Vale, lo admitía, siempre había sentido curiosidad por América. Era cierto que estaba considerando cursar su carrera mágica en Estados Unidos después de terminar Hogwarts; sin embargo, eso... ¡eso era simplemente ridículo!
-
¿Estás diciendo que no recuerdas como llegaste aquí? - preguntó la chica, que hasta el momento no había hablado -. Por tu acento puedo decir que eres inglés ¿no?
-
Si pero... - se llevó las manos a la cabeza, revolviendo su pelo. - No recuerdo nada de...
-
¡Santos hechiceros! - exclamó la muchacha - Esa cicatriz... eres... eres Harry Potter.
Harry pudo escuchar como el otro chico soltaba un grito ahogado.
- ¡No puede ser! ¡Leah, golpeame! ¡Auch! - se lamentó - ¡No lo decía en sentido literal, loca!
El Gryffindor no podía ver mucho pero apostaba toda su cámara en Gringotts a que la chica había rodado los ojos.
-
Si, soy yo - respondió con pesar - Son magos, supongo.
-
Si, bueno... diculpalo - Leah sonaba apenada - Mi hermano... realmente es gran fan tuyo.
Harry alzó las cejas, sorprendido. Aquellos dos difícilmente se hacían pasar por hermanos, primos tal vez. Se abstuvo de hacer comentarios, ya preguntaría en otra ocasión, si es que los volvía a ver.
A su lado, el chico pelirrojo gritaba, saltaba e iba de un lado al otro. Su emoción y felicidad eran bastante evidentes. Una señora que paseaba a su perro lo miro mal y se apresuró a alejarse de él. Aún así, el muchacho no parecía haberse dado cuenta.
-
No te preocupes - rió -. Estoy bastante acostumbrado.
-
No te habíamos reconocido sin tus gafas, te ves algo distinto - comentó la chica. - Por cierto ¿por qué no las traes puestas?
-
Ni idea. Debí haberlas perdido en algún lugar - Harry rió nerviosamente - . Me avergüenza admitirlo pero... realmente no puedo verlos bien. Sus rostros, digo.
-
¡¿Qué?! ¡Esto no puede estar pasando! Si no puedes verme ¿como diantres te vas a acordar de mí? No, no ¡Ya sé! ¡Leah, la cámara!
-
No la traje, Ghele.
-
¡¿Que?! ¡Pero si yo vi cuando la tomaste!
-
¡Eso fue antes de que me dijeras que la dejara, zopenco! - le reclamó, irritada.
-
¡¿Y por qué me hiciste caso?!
-
¡Deja de gritar, tarado! ¡Vas a dejar sordo a todo Nueva York!
-
¡Tú deja de ser tan exagerada! - le respondió el pelirrojo! -. ¡Y deja de insultarme!
-
¡Tú empezaste primero llamándome loca!
Ghele soltó un bufido y después suspiró profundamente. Volteo la cabeza de un lado a otro, como esperando que la solución se presentará ante él. Al final la pudo encontrar. Inmediatamente recobró la energía de antes y volvió a saltar, alegre. Tomó a Harry del brazo y lo ayudó a levantarse, jalandolo unos metros más allá donde había un dibujante, uno de esos artistas callejeros.
- ¡Usted, señor! ¿Podría hacernos un dibujo? ¡le pagaré lo que quiera!
El hombre era rubio de rasgos bastante finos. Por alguna razón, su apariencia no acababa de encajar con su vestuario algo descuidado, era algo que saltaba a la vista.
De cualquier manera, el sujeto no respondió, sólo sonrió. Saco otra hoja de su block y comenzó a hacer lo suyo.
Posar era, por mucho, de las cosas más incómodas que había hecho Harry en su vida. No, las fotos no contaban. Posar para un dibujo era bastante más complicado y difícil que eso.
Ghele le habia la pasado el brazo por los hombros y sonreía viendo hacia el frente. El pelinegro también sonrió, algo forzado, pero lo hizo. A Harry se le antojó como una foto que tardaba una eternidad en ser tomada. Mantener su pose no era fácil, menos aún con Leah frente a ellos haciendo muecas graciosas.
Cuando el hombre terminó, el chico se sintió liberado. Ghele tomó el retrato a lápiz con sus manos, extasiado. Leah abrazó a su hermano por detrás, con su barbilla apoyada sobre el hombro de éste para poder verlo también. Harry se limitó a mirarlo de reojo. Era impresionante, debía reconocerlo. Una imagen exacta calcada de la realidad. Parecía una fotografía.
-
¡Magnífico! ¡Sublime! ¡Es perfecto! Dígame ¿cuanto...? - el pelirrojo se quedó a medias. - ¿A donde fue?
-
¿Quién? - preguntó Harry.
-
Aquel hombre, el que nos dibujo - contestó.
Tanto Leah como Harry buscaron al sujeto con la mirada. Había desaparecido. Ambos fruncieron el ceño.
-
Estaba aquí hace un segundo - dijo Leah.
-
¡Eso ya lo sé! Por eso pregunto.
-
¿Por qué se iría sin cobrar? - preguntó Harry.
Ghele negó con la cabeza.
- No se me ocurre nada. Como sea, quedó fabuloso, lo encantaré después para que se mueva ¡como las fotografías!
Los tres rieron.
Ghele abrió su mochila que colgaba de su espalda y con cuidado acomodó el dibujo, tratando de que no se maltratara.
-
¿Que harás ahora, Harry? - preguntó Leah.
-
Tengo que encontrar la forma de regresar. Pero antes de eso, tal vez compré una varita.
-
¿Por qué? ¿dónde está la tuya?
-
Supongo que en Londres.
-
El padre de un amigo nuestro es el presidente del MACUSA. - dijo Ghele- Si quieres nosotros podemos...
Algo lo interrumpió, o mejor dicho, alguien. Un chico que volaba por los aires mientras balaba - ¿Los chicos balan? -. Aterrizó a unos metros de ello, visiblemente herido.
Corrieron hacia a él al instante.
-
¡Merlin! ¿Qué habrá pasado?
-
Fue atacado, Ghele. Mira, tiene la pierna herida, manchada de sangre. - señaló la chica, se había puesto en cunclillas junto al muchacho.
Ghele estaba pálido. Empezó a hiperventilarse, agitando las manos exageradamente.
-
Tranquilo, estará bien. No es tan grave. - intento calmarlo su hermana.
-
No es eso lo que me preocupa, sino lo que lo causó. - murmuró entrecortado. - ¿Qué es tan terrible como para mandar a un chico volando por los aires? ¿un elefante? ¿un basilisco o...?
Los ojos del pelirrojo se abrieron del pánico.
-
Chicos... - llamó.
-
¿Qué pasa Ghele? - preguntó Harry.
-
¿Qué tan grande es un león?
-
¿Un león? No tanto, más grande que un perro pero menos que una vaca... no lo sé ¿por qué la pregunta? - le respondió el chico.
-
¿Entonces no puede haber un león más grande?
-
¿Más grande? ¿que tanto?
-
No sé... como una camioneta - soltó.
-
Eso es imposible, Ghele - intervino la rubia.
-
Miren atrás.
-
¿Por qué...?
-
Sólo miren atrás - cortó Ghele.
Por segunda vez le hicieron caso. Decir que los impactó era decir poco. En un intento de retroceder Harry cayó de sentón y Leah casi muere del susto.
-
¡Santo Merlín purísimo! ¿Qué demonios es eso? - preguntó alterada. Tanteó su bolsillo y sacó su varita, apuntando directamente al león. Ghele la imitó.
-
Retrocede, Harry. Tú no traes varita. - el chico intentó sonar seguro pero la voz le tembló, traicionándolo.
El pelinegro no hizo caso. Se paró y de su propio bolsillo sacó un bolígrafo plateado, de esos caros que solían llevar la gente pomposa de Nueva York.
- ¿Un bolígrafo? ¿De te sirve eso? Si piensas que...
En respuesta Harry activó el mecanismo, transformándolo en una larga y ligera espada de doble filo hecha completamente de oro.
-
Vaya, eso sí que mola - admitió Ghele.
-
Tenemos que alejarlo del chico - dijo Harry.
-
Yo me encargo. - Con un movimiento de varita el muchacho herido se desplazó varias decenas de metros de ellos. Ghele sonrió satisfecho.
El león los observó detenidamente, analizandolos, y comenzó a avanzar lentamente, trazando un círculo alrededor de sus presas.
Harry y los otros dos lo seguían con sus armas en alto, apuntando hacia él.
Leah lanzó el primer hechizo.
- Desmaius - exclamó.
El hechizo no hizo ningún efecto, rebotó de vuelta a ella que apenas y pudo esquivar. Eso molestó al león, mucho. Rugió y saltó hacia ellos.
No los alcanzó, los tres se habían hecho a un lado segundos antes.
Lanzó un zarpazo al aire que acabo dándole al hombro de Ghele. El chico profirió un chillido. Harry lanzó un tajo hacia el cuello del animal pero no cortó nada, la piel era durísima y solo hizo enfurecer más al león.
Volvió a rugir.
-
¡Su piel! - gritó Harry mientras esquivaba otro zarpazo. - Es su piel, tenemos que atacarlo indirectamente, usen hechizos no ofensivos.
-
¡¿Cómo qué?!
-
Como esto. - contestó Leah - Wingardium**Leviosa- el león se elevó único cinco metros y después cayó estrepitosamente, estrellándose contra el suelo.
-
¡Eso fué genial! - la felicitó Harry.
-
Pues él no opina lo mismo - terció Ghele. El león se había levantado de nuevo, aún más iracundo que antes. Apuntó al suelo debajo de él.- Bombarda maxima.
La fuerza de la explosión lo mando a volar otra vez. Cuando cayó, Harry corrió en su dirección.
Quiso hacer magia sin varita, pero le invadió una sensación de lo más extraña. Por alguna razón sintió que el aire le respondía. No lo pensó, solo lo hizo.
Otra sensación. Un jalón en la boca de su estómago. Harry se concentró en mover el aire alrededor del león. El cielo se llenó de nubes negras y comenzó una repentina tormenta eléctrica.
Cuando se dió cuenta ya tenía al león atrapado en un tornado. Después de un rato lo dejó caer, y el tornado se desvaneció pero la tormenta continuaba.
Sin saber bien que hacía levantó la espada sobre su cabeza y atrajo un rayo. El león corrió hacia él y le rugió en la cara.
Aprovechando el momento y con un rápido movimiento, Harry le clavó la espada cargada en su paladar. La descarga frió su cerebro y el león cayó, muerto.
El cuerpo se volvió polvo, a excepción de la piel, que se encogió hasta formar un abrigo de piel dorada.
El cielo se despejó y Harry terminó en el suelo, completamente agotado.
- ¿Eso fue magia sin varita? Santa Isolt... ¡Fue espectacular! ¡Harry Potter es asombroso! - Ghele estaba festejando. Leah se limitó a sonreír, aliviada.
Harry no dijo nada. Era consciente que no había sido magia, o al menos, de que no era la que acostumbraba.
-
Chicos ¿se dieron cuenta? - preguntó Leah.
-
¿De qué?
-
Fíjense, todos actúan como nada hubiera pasado.
Tenía razón, por supuesto. Los pocos muggles que estaban en el parque hacían lo mismo de siempre: paseaban en bicicleta, jugaban con sus mascotas, hacían ejercicio. No parecía que hasta hace rato hubiera un león del tamaño de una camioneta rondando como si nada.
-
No tiene sentido ¿como no pudieron verlo? Bueno, no importa. Gracias a Merlin que nadie resultó herido. - Harry dirigió su vista al abrigo que yacía en el suelo - ¿Qué se supone que haga con él?
-
Tal vez debas quedartelo. - sugirió la rubia -. Debe ser una especie de trofeo, si mantiene las mismas propiedades que la piel del león cuando estaba vivo, sería algo muy útil.
Harry no discutió. Por otro lado necesitaba ropa; estaba en un país desconocido sin ninguna posesión aparte de unas pocas libras, las llaves de su casa, la ropa que llevaba puesta y el extraño bolígrafo de aquel hombre. Así que lo tomó.
Ghele le ayudó a levantarse.
-
Hay que volver con ese chico, tenemos que ayudarlo. - dijo Leah. Los otros dos asintieron y se dirigieron hacia allá.
-
¿Qué hacemos con él? - preguntó el pelirrojo en cuanto llegaron.
-
Está herido, lo mejor es llevarlo al hospital - la muchacha observó el brazo de su hermano. - Igual a ti.
-
Yo estoy bien... más o menos - susurró.
El Gryffindor se acercó al chico que aún permanecia fuera de round y rompió la tela del pantalón para descubrir la herida.
- Díganme ¿soy yo o este chico tiene las piernas increíblemente peludas? - preguntó.
Los hermanos se agacharon.
-
No solo son peludas - dijo Leah -. Ghele, quítale los zapatos.
-
¿Qué? ¿Por qué?
-
¡Cállate y hazlo!
-
Está bien - lo hizo, pero al contrario de lo que esperaba se encontró con pezuñas y unos zapatos diseñados para ocultarlas perfectamente. - ¡No tiene pies! ¡Son patas de cabra!
-
Un sátiro... o un fauno. No lo sé. No entiendo, se supone que un mito. - dijo la chica.
El chico en cuestión era alto, tenía el pelo negro, piel morena y una barba bastante rala. Harry logró ver la punta de dos pequeños cuernos que difícilmente sobresalían por sobre su cabello pero no dijo nada al respecto.
Si no fuera por los cuernos ni por las patas de cabra aparentaria ser normal.
-
No podemos llevarlo al hospital, harían preguntas, incluso en uno mágico. - concluyó Harry.
-
¿Entonces?
-No lo sé.
El chico, aunque con trabajo, respondió esa pregunta.
- Campamento... Long Island... mestizo... - eran palabras que no tenían mucho sentido, pero resolvían lo suficiente.
Después de su milagrosa resurrección de tres segundos, el muchacho se desplomó de nuevo.
-
Creo que dice que vive en un campamento en Long Island - dijo Leah. - Una vez fuimos allá con nuestros padres ¿verdad? podemos aparecernos allá.
-
Entonces vamos - resolvió Harry. Levantó al chico cabra y paso uno de sus brazos por sus hombros mientras lo sujetaba del torso.
Tenia un raro presentimiento sobre ese campamento. Tal vez fuera importante.
Leah puso una mano en la espalda de Harry, con la otra tomó a Ghele de la mano y desaparecieron. A esas alturas poco les importó que los hubieran visto.