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Cuando los lobos descienden — capítulo 24
Capítulo 24:
Hermione, sujetó su cabello en una fina cinta azul, y subió al coche.
Cuando su padre, le preguntó por Draco, ella mintió y dijo que el muchacho se había sentido repentinamente débil, y que iría después.
Nadie, objetó nada, y continuaron el camino a la Iglesia.
Sin tardar demasiado, llegaron al lugar y ella fue la primera en bajar.
-Al fin, estás aquí.-exclamó Luna al ver a la castaña.- ¿Y dónde está él?-preguntó refiriéndose a Draco.
-Vendrá después…-murmuró notando que los Weasley, también habían llegado.-Vayamos a otro lado, no quiero ver a Ronald…
-¿Qué ha pasado?-preguntó la rubia preocupada.
Brevemente, Hermione, le narró lo sucedido días atrás, y lo que eso había desencadenado.
-...Cuanto lo siento.-le dijo su amiga.-Pero, era de esperarse… ¿No crees?
-Sí, lo sé…-respondió.- ¿Y sabes algo? No me importa, lo que piense o quiera hacer… De todas formas, yo, no estaré para verlo.-admitió.
Luna, sonrió de inmediato. Sabía lo que eso significaba.
-¿Vas a escapar con él?-preguntó sorprendida.
Hermione, sólo asintió en respuesta.
-Es… Es tan romántico.-dijo su soñadora amiga.
La castaña, sonrió, pero aquello se vio arruinado, cuando notó que el indeseable chico Weasley, se acercó a ella.
-¿Creíste que esto se quedaría así?-fue lo primero que le dijo su ex prometido.- ¿Qué podrías salirte con la tuya?
Ella, le miró con odio.
-Siempre lo esperé de ti… -le espetó.-Tener que recurrir a mis padres como último recurso.
-¿Acaso no me ha funcionado?-preguntó con malicia.
-¿Qué has logrado? ¿Hacer que ellos me condenen a una vida de infelicidad?-le inquirió.-Porque sí, Ronald. Eso es lo único que tendré a tu lado...
Aquello, golpeó el orgullo del pelirrojo, y repentinamente, las palabras de la bruja resonaron en su mente.
Recordaba cada una de ellas.
-¿Crees que puedes herirme, Hermione?-cuestionó, sin importarle que Luna estuviese con ella.- ¿Crees que no lo sé?
Ella, se quedó confundida.
¿A qué se refería?
Podía ver la furia en su rostro, pero no se dejó intimidar.
-¿De qué estás hablando?-preguntó la castaña.
-Sabes muy bien a qué me refiero. -Respondió con firmeza.-Al parecer, la perfecta hija de los Granger, no ha estado siendo del todo leal…
-¿Qué?-inquirió completamente enredada.
Él, la observó.
Quería ver su expresión y comprobar si efectivamente, aquella patraña que la bruja le había dicho, era verdad.
-¿Quién es él, Hermione?-exclamó con rabia.- ¿Quién es el bastardo con el que me engañas?
Nuevamente, era como si el mundo entero estuviera en su contra.
¿Cómo demonios lo sabe?,pensó,¿Quién se lo había dicho?
-¿Cómo puedes pensar algo así…?-le espetó Hermione con desesperación.
-Ronald, déjala en paz.-intervino Luna, saliendo en su defensa.-Esas son mentiras. ¿Quién te ha dicho eso?
-Esto no es asunto tuyo, Luna.-le dejó en claro, para luego mirar a Hermione.-Y tú, deberías demostrar un poco más de gratitud hacía tu futuro esposo… Podía habérselo dicho a tus padres, o al pueblo entero, si quería, pero no lo hice. ¿Sabes lo que eso hubiese ocasionado? ¿Cómo hubieras quedado ante los demás? ¿Qué pensarían de ti?
-Eso es falso... -le dijo Hermione, pero Ronald comenzaba a darse cuenta que su novia no se veía muy convincente.
-Pues, viendo tu situación. Solo tienes dos opciones…-le hizo saber.-O te casas conmigo, y tal vez, olvide esto, o te juró, Hermione, que tu reputación quedará arruinada para siempre. No me importa que la información sea falsa o verdadera, yo se la haré saber a todo el maldito pueblo.
-¡Eres un bastardo!-le soltó con furia.-Lo único que siento por ti, es odio… Y díselo al pueblo entero, si quieres, no me interesa…
-Eres una…
-¡Es suficiente, Ronald!-le interrumpió Luna, al saber que estaba yendo demasiado lejos.
Él, logró calmarse, pero aún le quedaba una advertencia por hacer.
-Sólo una cosa más…-le espetó.-Más le vale a Harry, que pida la mano de mi hermana en matrimonio pronto, o él también se verá envuelto en todo esto.-finalizó antes de que el sacerdote llamara a todos a la iglesia.
El pelirrojo, se largó, y Hermione, se refugió en Luna.
-Tranquila... No dejes que sus palabras te afecten. -Le decía la rubia.-Él cree tener la razón, porque está herido... No le tomes importancia.
Hermione, asintió.
No podía dejarse vencer por algo así. Ese idiota, no lograría hacerla llorar.
-Gracias, Luna...-le respondió sintiéndose mejor.-Gracias por todo, en verdad, eres la única que ha logrado comprenderme...
-Eres mi mejor amiga. ¿Cómo no hacerlo?-le animó.-Tú y Draco, merecen ser felices lejos de aquí…
La castaña, sonrió.
Nadie le había dicho eso, y se sentía demasiado bien, tener el apoyo de alguien.
-Te extrañaré, Luna...-murmuró.
-Y yo a ti...
Ambas, chicas se sonrieron mutuamente, y sin levantar las sospechas de nadie, ingresaron a la iglesia para escuchar lo que el sacerdote les tendría que decir.
Sin embargo, ninguna había notado que una extraña presencia, les acechaba desde lejos.
Ya llevaba varios minutos en el bosque, sin encontrar absolutamente, nada.
Podía escuchar los sonidos de la naturaleza, pero nadie parecía asomarse.
Continuó en dirección al río, y cuando pensaba seguir uno de los senderos, sintió el llamado.
Aquel llamado tan familiar, entre ellos, los lobos.
Draco, siguió el rastro, y al cabo de unos segundos, encontró un rostro familiar a sus espaldas.
-Blaise…-exclamó en tono amenazador.
-Draco.-respondió haciéndole saber que estaba de su lado.-Sabes porque estoy aquí.
El rubio, asintió.
-¿Dónde está Nott?
-Logré venir antes que él...-dijo Blaise con rapidez.-Él, viene por ti y por la chica... Huye con ella, y llévala lejos de aquí…
Lo sabía, pensó Draco, apretando los puños y esperando acabar con Theodore.
-Lo mataré.-sentenció decidido.
-Él, lo hará contigo, primero…-respondió Zabinni con sensatez.- Aún, no tienes dieciocho.
-No me importa.
-¡Espera!-le frenó.
-¡No puedo esperar, Blaise!
-Draco, escúchame. Aun, si yo pudiera ayudarte, no podemos matarlo...-le hizo entrar en razón.- No aun, o de lo contrario estaríamos condenados a esta vida para siempre. Recuerda la maldición, Draco, recuerda el eclipse…
Entendía perfectamente a lo que se refería.
Si mataban a Nott, ahora, entonces, la maldición se quedaría con ellos y jamás podrían tener una vida normal.
Y eso, era lo que él más deseaba. Una vida, en la que no temiera hacerle daño a Hermione. Una vida, en la que un arranque de furia, o una simple discusión, no significara un peligro para ella.
Maldita sea, pensó con rabia.
¿Por qué demonios tenía que ser bajo un eclipse?
-Lo único que puedes hacer, es llevártela lejos, y cuando llegue el momento de volvernos a encontrar, acabaremos con él...
El rubio, asintió resignado y miró a la lejanía.
Aún faltaba para eso. Tendría que esperar.
Sin embargo, sus sentidos se agudizaron, e inesperadamente, sintió un llamado mucho más potente que el de Blaise.
-Está aquí...-fue lo último que dijo antes de emprender una carrera hacia la maldita aldea.
El sacerdote, sólo había dicho más de lo mismo.
La gente, salió decepcionada de la iglesia, en especial, los hombres, quienes sentían que sus búsquedas y caminatas, sólo habían sido una pérdida de tiempo.
Ya nadie, creía en él. Su popularidad, había descendido considerablemente, y muy pronto acabaría arruinado.
Hermione, ni había escuchado lo que Moody había dicho, sólo estaba dispuesta a llegar a casa.
Ginevra, pasó por su lado, y le dirigió una mirada hostil.
¿Ella también lo sabía?, pensó abrumada.
-Oh, ahí viene Neville.-exclamó Luna.
La castaña, sonrió. Podía notar que su amiga, estaba tan enamorada de Neville, como ella lo estaba de Draco.
-Ya tengo que irme, Luna…-sugirió.-Mis padres me están esperando.
-Te veré mañana.-contestó la rubia.
Hermione, se despidió de ella, y brevemente, regresó con sus padres.
-Empiezo a dudar sobre ese sacerdote.-decía su madre.-La aldea, está furiosa...
-No pareces ser la única...-le respondió su esposo.
De pronto, la castaña, notó que la delgada cinta azul que había amarrado a su cabello, no estaba por ningún lado y supuso que debía habérsele caído en la iglesia.
-Ahora, vuelvo...-les dijo a sus padres.
Ellos, no le dieron importancia, y dejaron que se fuera.
Hermione, no tardó en encontrar la cinta en una de las bancas de la iglesia, sin embargo, podía sentir que algo no iba bien.
Alzó la vista, y notó que el sacerdote Moody la observaba.
El hombre, conversaba con una de las familias de la aldea, pero apenas la había visto ingresar, supo que era el momento preciso, para preguntarle el motivo por el que el chico Black, no había venido con ellos.
La castaña, entendió sus intenciones, y sin darle tiempo de nada, caminó brevemente hacia la salida, y escapó de él.
Suspiró aliviada, en cuanto salió. No tenía ánimos de ser interrogada otra vez, sólo quería volver pronto con Draco y olvidarse de ello.
Una vez más, amarró la cinta a su cabello, y cuando planeaba seguir su camino, sintió que alguien jaló de su brazo con violencia, y sin el menor reparo, la estamparon contra la pared.
Hermione, abrió los ojos, y su mirada se encontró con la de un muchacho, al que no conocía.
Él, la observaba con sus penetrantes ojos azules, y sonreía de manera maquiavélica. La tenía acorralada.
Alargó una mano hacia ella y acarició su mejilla.
-Al fin te conozco…-susurró acercándose a su cuello y aspirando el delicioso aroma de la muchacha.-No sabes cuantos problemas me has causado, linda.
Sus fríos labios, rozaron la piel de Hermione, y ella sintió repulsión en ello.
No era necesaria una presentación.
Ya sabía de quien se trataba.
-Tú eres la culpable de que Draco se haya revelado ante mí, y ahora, pagarás las consecuencias.-le amenazó sin dejar de sonreír.
Espero que les haya gustado!
Gracias por sus comentarios, y lamento dejarlo ahí, pero lo demás lo sabrán en el próximo capítulo! :D
Besos! :-D