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Cuando los lobos descienden — capítulo 28

Capítulo 28:

Sirius Black, miró una vez más a su sobrino.

Había pasado tanto tiempo, que había llegado a creer que el chico jamás regresaría.

-Me alegra verte, Sirius…

-Draco...-respondió él, dándole un fuerte abrazo.- Cinco años, sin verte, muchacho… No puedo creer que al fin estés aquí…-continuó diciendo, mientras ingresaban a la casa.

-Perdona que aparezca así de pronto…-murmuró el rubio.

-No tienes que disculparte de nada. Muchas cosas han pasado desde la última vez que te vi y hay mucho que debes saber...-admitió dirigiéndole una curiosa mirada a la chica que le acompañaba.- Pero, antes de que empecemos, ¿Me dirás quién es la hermosa jovencita que te acompaña?

Draco, sonrió de lado, y tomó la mano de Hermione.

-Sirius, ella es Hermione Granger, mi prometida…-la presentó, por primera vez.

-¿Tu prometida?-dijo el hombre sorprendido, y saludó a la castaña.-Un gusto conocerla, señorita Granger. Yo soy, Sirius Black…

-El gusto es mío…-respondió ella haciendo una pequeña reverencia.

-¡Myrtle!-llamó Sirius y de inmediato, una joven sirvienta de cabello azabache, apareció tras ellos.-Lleva a la señorita Granger a una habitación y dale lo que necesite… Me imagino, que debe haber sido un viaje agotador.

Hermione, estaba agradecida de que así fuera, pero antes de irse, le envió una mirada a Draco.

-Iré, apenas termine aquí.-le aseguró el rubio mientras se acercaba a ella, y depositaba un suave beso en sus labios.-Lo prometo.

La forma en que Draco, miró a su prometida, sólo dejaba en claro lo mucho que estaba enamorado, y aquello, no pasó desapercibido por su tío.

-Venga conmigo, señorita.-dijo la amable criada y Hermione la siguió.

Finalmente, ambos hombres quedaron a solas y Sirius, rompió el silencio.

-Me alegra saber que al fin hayas decidido sentar cabeza, Draco.-sentenció de pronto.-Pero, me imagino que los otros, aún deben seguir vivos…

Él, asintió.

-Sí… Aún siguen vivos… -respondió con fastidio.- Por ahora, he conseguido librarme de Nott… Pero, aún tengo que esperar hasta el maldito eclipse para poder acabar con él…

Sirius, asintió.

-Puedes quedarte todo el tiempo que sea necesario, Draco…-le aconsejó.

-No planeo hacerlo por mucho.-respondió tan pronto como pudo.-Nott, viene tras nosotros, y no quiero que nadie más esté en peligro por mí…

-De ningún modo, muchacho…-le interrumpió Sirius, esperando que su sobrino cambiara de opinión.-Te haría bien quedarte por aquí, al menos por un tiempo, además, podrías poner en orden tu situación y solucionar más de un problema…

-Mi madre… ¿Cómo está ella?-inquirió de inmediato, sabiendo a lo que se refería.

-Ella, está bien.-sentenció Sirius.- Ha logrado superarlo, pero mantiene las esperanzas de volverte a ver… Deberías visitarla.

-No.

No se sentía preparado.

-Debes hacerlo, Draco.-le ordenó de pronto.-Snape, sigue como regente de la mansión Malfoy…

-¿Se ha casado con ella?

-No, por supuesto que no. Pero, si no haces algo al respecto, terminará por hacerlo.-le advirtió.- Sabes que esa serpiente, ansia quedarse con el título de tu padre, y no puedes dejar que eso suceda.

Draco, apretó los puños.

Había odiado a Snape desde que era niño, pero ahora, lo odiaba más.

-Debí haberlo asesinado...-repitió.

Sirius, miró al muchacho, y trató de persuadirlo.

-Sería más fácil, si visitaras la mansión, Draco… A tu madre, le aliviaría saber que aún sigues vivo.

El chico, se quedó en silencio, mientras observaba como el fuego de la chimenea se mecía frente él.

-Tal vez, Sirius... Pero, no aún…-logró decir.

Unos segundos de silencio, le hicieron reflexionar sobre ello.

-Bueno…-murmuró Sirius, tratando de cambiar de tema.- ¿Al menos, podrías decirme qué ha sido de ti en todos estos años? La última vez que te vi, tenías trece años y…

-No es algo de lo que me gusta hablar… -murmuró Draco con la voz algo ronca.-Pero, creo que no es muy difícil adivinar que todos estos años han sido un completo infierno... Todo gracias a mi padre y esa maldición.

El rubio, no quería odiar a su propio padre, ni a su linaje, pero sentía que ya lo hacía.

-Todos estos años, al lado de Nott… Las cosas que hicimos, lo que hice…-murmuró pensando en los últimos acontecimientos.-Antes de encontrar a Hermione, nada de eso me hubiera importado, pero ahora, todo es diferente.

Paradojas de la vida, pensó.

Hacia sólo unos meses atrás, lo que hubiera hecho en el pasado, no habría llegado a interesarle, pero ahora, se arrepentía de haber tomado las decisiones equivocadas.

-… Debes dejar todo eso atrás, Draco.-le aconsejó su tío.-Estas a punto de empezar una nueva vida…

-No podré liberarme de esto, hasta que asesine a Nott.-le aseguró.

-Lo sé, pero mientras tanto, piensa en el futuro que te espera al lado de tu prometida.

Asintió.

-Ella, me salvó, Sirius… Salvó mi alma.-confesó.-Y es por eso, que quiero pedirte un favor.

-Lo que sea, Draco.

-¿Sigues siendo sacerdote, no es así?

El hombre, asintió sin mucho ánimo. Podía haber tomado los votos, pero hacía mucho tiempo que ya no se sentía como uno.

-Necesito que oficialices una boda, mi boda…-lo dijo sin darle más vueltas al asunto.- Hermione, y yo, debemos estar casados, cuanto antes. De ser posible, mañana mismo, Sirius…

-¿Cuál es la prisa?-inquirió el hombre sorprendido.- Podemos esperar el fin de semana y buscar un verdadero sacerdote…

Draco negó, y se apresuró a explicarle los motivos.

-No sólo esta Nott.-le confesó.-También está la familia de Hermione… Ellos, saben lo que soy, e intentarán apartarla de mí. Por favor… No te pido que sea una boda digna de la nobleza, sólo te pido que firmes un pergamino, que nos declare legítimamente casados.

-Está bien, Draco.-aceptó para satisfacción de su sobrino.-Si tú lo dices, así será…

-Gracias por todo, Sirius.-murmuró.

-No tienes que agradecerme nada.-le respondió.-Sabes que siempre te ayudaré…

El rubio, asintió en silencio.

Estaría en deuda con su tío de por vida.

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Luna, observó al sacerdote, y después a la madre de Hermione.

Había sido llamada a la iglesia para que diera su testimonio, y pese a que ya era bastante tarde, no la dejaban ir.

-Ya se lo he dicho, padre…-insistía la rubia cansada.-No sé, absolutamente, nada... La única vez que vi a esas criaturas, fue la noche del ataque y hoy temprano por la mañana, cuando Hermione desapareció...

-Fue secuestrada.-intervino la señora Granger por ella.

No era precisamente lo que Luna iba a decir, pero así era como los padres de Hermione, se habían empeñado en catalogar la desaparición de su hija, como un secuestro cometido por el supuesto líder de los lobos.

-Recuerda, muchacha… ¿Alguna vez viste algo sospechoso o que te hiciera dudar sobre la presencia de ese asesino en casa de los Granger?-le inquirió el sacerdote.

-Nunca vi nada… y sé que Hermione, tampoco lo sabía.-mintió.-La noche del ataque, ella estaba tan aterrada como yo…

-La hija de los Weasley, dice que tú insinuaste que los lobos podían tomar apariencia humana, y lo dijiste mucho antes de que yo llegara a este pueblo a advertírselos.

Luna, quiso que la tierra se la tragara.

Aquella charla con Ginevra, había ocurrido varios meses atrás. ¿Cómo podía recordarla?

-Eso lo escuché de la bruja…-admitió tratando de sonar convincente.-Ella, lo estuvo diciendo mucho antes que usted, padre… Debería ir con ella, y preguntarle que es lo que sabe. Tal vez, ahí encuentre una solución a sus problemas. Ahora, déjeme ir.-exigió con cierta valentía.

El hombre, miró con rabia a la muchacha. Era una insolente por hablarle de ese modo.

-Muy bien, señorita Lovegood, puede retirarse.-aceptó arrastrando las palabras, y después se dirigió a sus hombres.-Traigan a la bruja. Veremos si esa mujer tiene información valiosa, o de lo contrario, la mandaré a la hoguera.

Luna, salió de ahí, antes de que todo empeorara.

Era demasiado tarde, y no veía a Neville por ningún lado. Él, había prometido esperarla y llevarla de vuelta a casa, pero el chico parecía haber desaparecido.

-¿Has visto a Neville, Susan?-le preguntó a una compañera que pasaba por ahí.

-Está en el aserradero. El alcalde, se ha reunido con todos los hombres ahí.-le explicó.

-¿Por qué?

-No tengo la menor idea…-le dijo, al mismo tiempo que era llamada por su madre.-Ya debo irme. Hasta mañana, Luna.

-Adiós, Susan…

No lo dudó, ni un solo segundo y caminó en dirección al taller.

Sabía que era demasiado tarde, pero aún había gente fuera de sus cabañas, por lo que decidió continuar hasta llegar al establecimiento.

Ingresó con cuidado, haciendo que la gran puerta de la entrada principal, crujiera. Sin embargo, no encontró a nadie ahí.

Una pequeña lámpara de gas iluminaba tenuemente el lugar, indicando que la reunión apenas había terminado.

Farfulló por lo bajo, y decidió que lo mejor era volver a la iglesia. Lo más probable, era que Neville hubiera regresado por ella.

La rubia giró, y cuando estaba por salir, escuchó un extraño ruido desde la otra puerta de salida.

-¿Neville?-preguntó acercándose, pero no obtuvo respuesta.- ¿Quién anda ahí?

Unas tablas se vinieron abajo, y aquello, hizo que la rubia retrocediera varios pasos hasta que su espalda fue a chocar contra algo duro y rígido.

Inmediatamente, volteó y se encontró con un rostro que creía haber visto antes.

-Hola, pequeña…-dijo un castaño con malicia, acercándose peligrosamente a ella.

Luna prestó atención a sus ojos y entendió que aquel chico, era el mismo que había aparecido en la mañana, aquel que había acorralado a Hermione y había desatado todo el pánico.

-Aléjate de mí, asesino.-le espetó completamente aterrada, sacando algo de valor.

Su vida corría peligro, y maldecía el momento, en que había decidido ir en busca de su novio.

-¿Me reconociste?-inquirió con diversión.-Lo sé. Muchas no me olvidan tan fácilmente.

La salida, no estaba muy lejos de ahí, si tenía suerte, podía acercarse lo suficiente como para escapar y pedir auxilio.

La gente, la escucharía.

Tenía que pensar rápido.

-Esta aldea, es demasiado aburrida para mí y en vista de que no hay nadie por aquí, tal vez, tú puedas ayudarme…

La rubia, intentó calmarse, si se ponía nerviosa, sólo sería peor.

-¡Aléjate!-repitió, al verse acorralada contra la pared.

La distancia que les separaba era casi nula y sabía que lo que eso significaba.

-Admiro tu coraje, pero dudo mucho que te sirva de algo en estos momentos...-le dijo antes de que, sorpresivamente, la besara en contra de su voluntad.

Luna, luchó contra él, pero el castaño era demasiado fuerte y parecía estar fuera de sí.

Nunca, se había visto en esa situación, y la rubia, se sentía al borde de la desesperación.

-No pongas resistencia, pequeña, y prometo dejarte vivir.-le decía agitado.-Tal vez, te conviertas en mi juguete favorito durante toda mi estancia...

-¡Suéltame!-gritó desesperada.

-Harás lo que te ordeno o mataré a todos los que te rodean... Le arrancaré la cabeza hasta al más insignificante, y ni tu ni nadie, podrá evitarlo...-le espetó, perdiendo la paciencia.-Agradécele por esto a tu querida amiga…

Luna gritó, cuando sintió que las manos del asesino empezaron a deslizarse por encima de su vestido.

Era una pesadilla. Un infierno.

¿Dónde estaba la ayuda cuando la necesitaba?

Miró a su lado, y notó que la lámpara de gas, aún seguía prendida.

Fingió calmarse.

-Muy bien…-escuchó que le dijo el lobo en el oído.-Veo que aprendes rápido…-murmuró volviendo a besar sus labios.

Aprovechando, que Nott estaba distraído, la rubia estiró su brazo, hasta que alcanzó la lamparilla con la punta de sus dedos, y sin pensarlo dos veces, la tiró al piso.

El fuego entró en contacto con el heno de los suelos, y de inmediato, comenzó a expandirse por todo el aserradero.

-¡Eres una maldita traidora!-le espetó Nott, tomándola por la barbilla con violencia.

-¡Nott!-escuchó que le llamó Goyle desde una de las puertas.-¡Alguien viene!

El castaño, se apresuró en soltar a la rubia, lanzándola con brusquedad contra la pared.

-¡Esto no ha terminado!-le advirtió mirándola con desprecio.-¡Volveré por ti!

Luna, tardó en ponerse de pie, por temor a que el regresara. Pero, cuando sintió que el humo, comenzaba a nublarle la visión, entendió que tenía que salir de ahí o moriría de igual manera.

La salida más cercana, había sido obstaculizada por el fuego, y parecía que todo estaba perdido.

-¡Luna!-le pareció escuchar que alguien decía, pero no podía ver.

La rubia, comenzaba a tener dificultades para respirar, y en pocos segundos, cayó al piso creyendo que se asfixiaría, sin embargo, antes de que eso pudiera llegar a suceder, sintió que unos brazos familiares la cargaron y la llevaron lejos del peligro.

-Luna…-decía la voz de su desesperado novio.-Te sacaré de aquí…

-¡Rápido, Neville!-gritó Harry desde la entrada.-Este lugar se va a caer…

La gente, veía el incendio desde afuera, y no entendían como podía haber empezado.

Algunos, habían creído escuchar los gritos de una chica, pero no estaban muy seguros.

Neville, salió con la rubia en brazos, antes de que el incendio empeorara.

-Luna, despierta…-empezó a decirle.-Estás a salvo… Despierta.

No podía perderla, ella era todo lo que tenía.

La chica, sentía que su cabeza daba vueltas y todo se le hizo confuso.

-Neville…-murmuró con la voz entrecortada.-Llévame a casa…-finalizó antes de volver a desmayarse.

Había sido una pesadilla, que deseaba olvidar.

Eso ha sido todo, espero que lo hayan disfrutado, y perdónenme por la larga espera, pero las tareas y los estudios, han robado casi todo mi tiempo libre, además debo admitir que perdí la inspiración brevemente, y no quería darles un capítulo mal hecho. ¿Qué tal les ha parecido este?

Besos y gracias por leer! :)