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Cuando los lobos descienden — capítulo 3
Más vale tarde que nunca, así que aquí les dejo un nuevo capítulo. Gracias por los comentarios y los nuevos favoritos :)
Saludos.
Capítulo 3:
La tranquilidad del oscuro bosque, se vio repentinamente, perturbada.
-¿Y bien?-preguntó un muchacho de cabello castaño, y con aires de querer asesinar a quien no le diera la respuesta correcta.
-No lo sé, Theodore. Ya no hay nada aquí. La gente empieza a sospechar.-le respondió otro chico de piel olivácea.
-¿Sospechar? Pero si estamos pasándola bien, Blaise… Esto no es una ciudad, esto es un pueblo… A nadie le importará lo que hagamos aquí. A nadie le interesará que acabemos con la vida de unos estúpidos campesinos…
-Deberíamos irnos.-le interrumpió otro muchacho de cabello rubio desordenado.-Deberíamos dejar todo esto.
-¿De qué hablas, Draco?-le espetó con sarcasmo.-¿Acaso piensas dejar la manada?-arremetió el castaño.-No empieces con eso.
-Theo, tiene razón. La estamos pasando bien.-le insistió otro compañero.
-Escuchen a Crabbe…-dijo Theodore con vacilación.-Nos quedaremos aquí, hasta destrozar al último aldeano que quede vivo. ¿Entendieron?
-¿Por qué tú lo ordenas, Theodore?-le espetó Draco con indicios de iniciar una riña.- ¿Crees que eres él único que puede decidir por nosotros?
-Yo fui el primero.-Le contestó inmediatamente.-¡Gracias a mí, todos aprendieron a vivir con esto! ¡Gracias a mí, entendieron que esto no es una maldición, sino todo lo contrario, esto es un don!... Por lo tanto, como el líder que soy, puedo decidir cuando y dónde atacaremos, y no creas que por pertenecer a una de las familias del círculo, aceptaré tus caprichos…
Draco, sonrió de costado.
Cómo le gustaba que le recordarán eso.
-¿Sabes?-comenzó a decirle el rubio con cierta burla.- Los lobos, no tenemos líder. Y te equivocas, como siempre, Theodore. Yo no lo veo como un don, siempre lo veré como la puta maldición que nuestras familias nos heredaron.-Sentenció dando media vuelta para irse.
Pero como ya se lo imaginaba, Theodore, no se quedaría de brazos cruzados, y sin dudarlo, el castaño, lo atacó por la espalda.
Draco, apenas tuvo tiempo de transformarse, y cuando lo hizo, comenzó la pelea. Una pelea de aquellas que no se daban en años.
Siempre se enfrentaban, pero en esta oportunidad, la gota había rebalsado el vaso.
Draco, ya no soportaba la vida de asesinos que llevaban, pero no podía romper el lazo que le unía a ellos. Al menos, no lo podía hacer fácilmente. Sabía que si se iba, ellos lo buscarían hasta el fin del mundo, Theodore no permitiría que uno deje la manada, no dejaría que rompan la conexión y que a consecuencia de ello, se debilitaran, no lo permitiría, ni mucho menos que se vaya uno tan poderoso como lo era Draco.
La castaña, dejó de seguir leyendo. Necesitaba comprarse un nuevo libro. Ya estaba aburrida de leer lo mismo.
-¿Cuándo crees que Harry pedirá permiso a mis padres para casarse conmigo?-le preguntó Ginevra de repente.
-¿Qué?-repitió quitando la mirada de su libro.
-¿Cuándo crees que me casaré con Harry, Hermione? Tú lo conoces. Es tu primo. ¿No te ha dicho nada?
Hermione, se quedó pensativa.
¿Por qué le preguntaba eso? La relación entre ellos era casi perfecta, o eso creía.
-Me lo dices como si estuvieras preocupada, Ginny.-le contestó prestándole atención.- ¿Ha pasado algo entre ustedes?
-¿No lo has notado, no es así?-inquirió la pelirroja al borde de las lágrimas.
-¿Notarlo? ¿Notar qué cosa?... No te entiendo…. Creí que todo iba bien entre ustedes.-sentenció al ver que era eso lo que la tenía tan preocupada.
-No, nada va bien…-insistió jalando a Hermione hasta llegar a su habitación. Ginevra, no quería que su madre ni nadie, escuchara de su desesperada situación.
La pelirroja, cerró la puerta con furia. Y se dirigió hasta su amiga.
-Sé que algo está pasando con él. Ya no es el mismo. Presta atención, Hermione.-le dijo sin dejar de llorar.-Sé que algo está ocurriendo, y voy a descubrir que es…
-Ginny, estás siendo exagerada. Todos están muy ocupados en el Aserradero. Ron, me comentó que la nevada que viene arruinará los mejores árboles y….
-¡No!-gritó algo histérica.- Tienes que ayudarme, Hermione. Por favor. Eres mi mejor amiga.
Vaya, pensó Hermione. La situación estaba fuera de control, porque jamás había visto a Ginny rogar de esa manera.
-Está bien, sabes que jamás me negaría a ayudarte, pero insisto en que sólo te lo estás imaginando.-contestó.
-Debes interceder por mí, ayúdame a que Harry se case conmigo de una vez por todas. Ayúdame en eso, y yo te ayudaré con Ron.
Tan pronto como nombró a Ron, Hermione se puso de pie.
-Para, para… No es necesario que me ayudes con Ron. Yo puedo manejarlo sola. Te ayudaré con Harry, pero tienes que calmarte…-le dijo.
-Es que Harry es mi vida… Y no quiero quedarme solterona. Ya debería haber pedido mi mano.
Entonces, la castaña lo entendió.
-Ese es el problema. No quieres quedarte soltera y estás imaginando cosas. Sólo tienes dieciséis años. Yo tengo un año más que tú, y aún no me he casado.
-A mi edad, mi madre ya estaba embarazada de su segundo hijo. -insistió sentándose en su cama.-Sólo quiero que Harry sea mi esposo. Sospecho que algo no va bien.
Hermione, la notó algo paranoica. No le conocía esta faceta de celos. Pero, a pesar de eso, investigaría que ocurría con Harry.
-Ya casi es de noche… Ginevra. Será mejor que te acuestes temprano y tomes alguna hierba para dormir…-le recomendó la castaña colocándose su capa roja.
-Ya estás hablando como la novia de Bill…-refutó hastiada.
-¿Novia de Bill? ¿No sabía que Bill había regresado?
-Oh, sí. La estúpida novia de Bill. Pensé que lo sabías.-dijo deshaciéndose del corsé y su vestido.-Bill, llegó hace dos días, pero no llegó solo, llegó con una estúpida francesa sacada de algún burdel de París o que se yo, pero no la soporto. Quiere hacerse pasar por la cuñada amable, pero eso sólo hace que la deteste más. La detesto a ella y a su horrible acento.
-¿Se están quedando aquí?
-De hacerlo, ya me habría marchado. Además, esta casa es tan pequeña, que es un milagro que tenga una habitación para mi sola…. Los dos se están hospedando en la posada del viejo Dumblendore.
-Me lo imaginaba.-murmuró sin muchas ganas de seguir conversando.- Bueno, Ginny. Me voy antes que mi padre venga a buscarme.
-¿No crees que es mejor que venga a buscarte? O mejor esperar a Ron, ya deben estar por salir….
-No quiero molestarlo. Todos llegan cansados después de trabajar…
-Entonces, déjame acompañarte hasta la mitad del camino.
Hermione, negó con un ademán.
-Ginny, ya estás en camisón.-dijo dándole un abrazo.-Te veo mañana.
Salió con rapidez de la casa de los Weasley, despidiéndose de Molly, quien ya la veía como la esposa perfecta para Ronald.
La castaña, comenzó a debatir mentalmente. *¿Qué ocurría entre Harry y Ginny? ¿Acaso no eran el uno para el otro?*Ella siempre había creído eso.
Lastimosamente, no todo era perfecto.
Guardó su libro en su canasta y sintió algo de frío. Esa tarde el viento golpeaba con singular fuerza. El otoño, ya casi terminaba. Pronto vendría el crudo invierno que azotaba a Inglaterra en esas temporadas y todo se congelaría.
Sin embargo, desvió su mirada hacia algo que llamó su atención.
¿Qué es eso?, pensó.
Al parecer, había un bulto en la lejanía del camino.
¿Qué podría ser?
Quiso regresar, pero su curiosidad pudo más y corrió hasta llegar ahí.
Es una persona, sentenció al ver que el bulto, era un chico desmayado en la tierra.
¿Por qué se tenía que ver envuelta en este tipo de situaciones?
Rápidamente, y sin dudarlo, Hermione intentó ver si aún estaba vivo.
Oh, rayos, pensó nerviosamente, Debí haberle hecho caso a Ginny.
El muchacho estaba de espaldas, y se notaba que aún respiraba, pero no reaccionaba.
Con la poca fuerza que tenía, Hermione, logró voltearlo para que quedara boca arriba.
De inmediato, vio que su pecho estaba desgarrado y sangrando, ni que decir de su rostro, donde había una cicatriz que cruzaba su mejilla.
Parecía qué alguien lo había atacado.
La castaña, estaba más que confundida. No sabía que hacer o a quién acudir. Nunca había pasado por una situación similar. El único sanador de la aldea, se encontraba en la plaza, y temía que al regresar con él, el chico ya estuviera muerto.
Rasgó un pedazo de su vestido, y lo mojó en el agua del río que corría a un par de metros más allá. Al menos, intentaría limpiar sus heridas.
Pero en el momento, en que ella hizo contacto con su piel, el muchacho abrió los ojos como dos resortes.
¿Qué demonios?, pensó Draco al ver a la chica frente a él.
-¿Tú?-le dijo a Hermione.- ¿Qué haces aquí? ¿Dónde estoy?-comenzó a decir de forma extraña, como si ya la conociera.
Él intentó ponerse de pie, pero trastabilló, volviendo a caer al piso.
-No lo sé... Sólo pasaba por aquí y te encontré inconsciente… Ni siquiera sé qué te ha pasado.-se apresuró a responder la castaña tomando su distancia.
El rubio, pareció recordar lo último que había vivido. La pelea.
-Maldito Theodore…. ¡Maldito infeliz!-espetó hablando solo y asustando a Hermione.
Ella agarró su canasta con fuerza.
-Eh… Estás muy herido, deberías buscar al sanador del pueblo…-sentenció algo sorprendida, al ver que el rubio, se había podido poner de pie.
-No necesito la ayuda de un estúpido sanador.-le respondió observándola fijamente.- ¿Qué haces por aquí, de todos modos? ¿Acaso no sabes que hay un asesino suelto?
¿El chico estaba herido, y le preguntaba por su seguridad?
-¿Cómo puedes preguntarme eso?-comenzó a decirle sin saber que ocurría realmente con ese chico de cabellos desordenados.-Te estás desangrando, y... tú ni siquiera, vives aquí... ¿Cómo puedes saber que hay un asesino?
-Yo lo sé todo. Las noticias corren rápido, muchacha.-le espetó de mala manera.
Encima que ella lo había querido ayudar, ¿él la trataba de esa forma?
-Ni siquiera, me has agradecido por intentar salvarte…-comentó con algo de valor.
-¿Salvarme de qué? Yo puedo salvarme solo. Sin tu ayuda, sin la ayuda de nadie. Ya has hecho demasiado.
Ella jamás había tratado con alguien tan arrogante como lo era ese chico. A excepción, del vulgar guardabosque.
Hermione, lo miró con el entrecejo fruncido y se cruzó de brazos. Había algo en él, que creía haber visto antes.
Sin embargo, quería que todo terminara pronto.
-Entonces, será mejor que me vaya…-insistió ella, mientras notaba que, extrañamente, el chico se ponía en posición de alerta, como si presintiera algo.- ¿Has escuchado lo que te dije?… Eres un…
Alguien se acercaba.
De inmediato, Draco la jaló de un brazo para esconderse detrás de unos árboles, y le tapó la boca, al saber que no se quedaría quieta.
Y tuvo razón, pues Hermione, intentó gritar y soltarse, pero él le hizo una señal para que se callara.
Tan pronto, como ocurrió eso, ella entendió que algo estaba por pasar.
-¡Draco!-comenzó a llamar una voz.
-¡Draco, vamos! ¡Ven aquí!-gritó otra voz.- ¡Ya se acabó! ¡Theodore quiere que regreses!
-¡¿Dónde estás?!-bramaron.
-No está aquí…-sentenció una voz, que el rubio conocía muy bien, era lo voz de Blaise, el único compañero de la manada con el que se llevaba bien.-Volvamos a la montaña. A lo mejor, ya regresó…
Sus compañeros, parecieron hacerle caso, pues poco a poco, se fueron alejando, hasta perderse en el frondoso bosque.
El peligro, había pasado.
Sin embargo, el rubio no pensó, que el tener a la muchacha tan cerca de su cuerpo, despertaría unos terribles deseos en él.
Unos deseos que se volvían confusos y contradictorios a la vez.
Podía sentir la respiración agitada bajo su pecho. Podía oír sus latidos.
Quería tocarla más de lo debido, pero frenó sus impulsos, y la soltó.
-¿¡Qué te ocurre?! ¿Por qué hiciste eso?-exclamó exasperada.- ¿Quiénes eran ellos?
-Te salvé la vida.-insistió mostrándole una sonrisa sarcástica.- Estamos a mano. Ya no te debo nada.
-No pensaba pedirte nada a cambio…-refutó aún confundida por la situación.- ¿Por qué te buscaban?
-¿Cómo estás tan segura que era yo? Podía ser cualquiera.-musitó con interés.-Dejémoslo, ahí. ¿Sí? Ya te salvé la vida.
-¿Salvarme la vida? ¿Acaso ellos son los asesinos que están buscando?
¿No podían ser los asesinos de Lavender, o sí?
-Sí, lo eran, y de la peor clase.-le dijo riendo y sin dejar el sarcasmo de lado.
-¿Por qué te ríes?
-Me rio de la ironía de la vida.-dijo sin dejar de hacerlo.-Te he estado evitando desde que llegué, pero el destino insiste en juntarnos.
Demonios, esto la confundía aún más.
¿Acaso él estaba mal de la cabeza?
-¿Evitando?-preguntó la castaña frunciendo el cejo.-... Hablas como si ya nos hubiéramos conocido.
Draco, sonrió con petulancia y la cogió bruscamente del brazo.
Definitivamente, ese chico carecía de modales.
-¡Suéltame…!-se resistió ella.
-Pienso que llegues viva a tu hogar… Tómalo como una pequeña cortesía de mi parte.-Le explicó.- Además, Theodore vendrá pronto, y lo más probable es que si te encuentra, no será tan gentil como yo, así que deja de chillar y avancemos rápido…-le espetó.
-¿Theodore?-comenzó a decirle sin entender nada.
-¿Por qué demonios has venido sola por aquí?-le contestó él con otra pregunta. De sólo pensar, del peligro que ella hubiese corrido, si se encontraba con la persona equivocada.-Pensé que tenías un primo, que te protegía.
Aquellas palabras, sólo la confundieron aún más.
- ¿Primo? ¿Cómo lo sabes?-inquirió, pero no obtuvo respuesta.
Nuevamente, Draco se rio de ella, y de su manera en hacer tantas preguntas. Hacía tiempo que no conocía a alguien así. De hecho, ella era la primera persona que conocía en muchos años.
Hermione, le miró con bastante molestia. Esta situación comenzaba a sacarla de sus casillas, pero no caería en su juego. Era cierto que era muy extraño que él supiera cosas de ella, pero no seguiría con eso.
-… Estamos cerca de la aldea, deberías ver al sanador…-le recomendó al ver que la sangre le chorreaba por la frente.
-Y yo insisto en que no hagas sugerencias estúpidas… ¿Entendiste?
-Si prefieres, morirte ahogado en tu propia sangre, no es mi problema.
-Eso es lo que quería escuchar. -Vaciló Draco por un momento.- Eres muy amable, después de todo.
Hermione, intentó soltarse del muchacho. Esto era demasiado.
-Está bien, ya llegamos…-le dijo la castaña.-Ya puedes soltarme.
Draco, la liberó y sonrió satisfecho, pero antes de irse, le dejó un recado.
-Espero que no vuelvas a cruzarte en mi camino. Siempre que lo haces, todo parece ir peor.-le insinuó con cierta indiferencia. Intentando ocultar lo que en verdad pasaba con él.-Ah, lo olvidaba. No vuelvas a darle de comer a ningún animal, puede que no sea el mismo perro la próxima vez.
-¿El mismo perro?… -se atrevió a decirle, pero escuchó que su madre la llamaba.
-¡Hermione! ¡¿Dónde estabas?! ¿Acaso no sabes qué hora es?-le gritaba a lo lejos.
Hermione volteó a verla.
-¡Ya voy, mamá!-le respondió, y cuando ella se disponía a ir a su encuentro, giró a ver al muchacho rubio, por una última vez, pero ya no estaba.
No estaba por ningún lado. Ya no lo veía.
Pero, él, si la veía. La vio entrar a su hogar, y ser regañada por su madre.
La veía, y se lamentaba por ese furtivo encuentro, pues eso, sólo confirmaba lo que él se negaba a aceptar.
Volvería a la montaña. Tenía que convencer a los demás de irse de esa aldea cuanto antes.
¡Al fin se conocieron! jejeje, Bueno, espero que les haya gustado!
Nos vemos, en el próximo capítulo :)