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Cuando los lobos descienden — capítulo 4

¡Hola! Lamento la demora :( Estuve ocupada con mi otro fic y este lo deje un poco abandonado. Pero, aquí tienen un nuevo capítulo, espero que les siga gustando. Gracias por los comentarios y las leídas :)

Capítulo 4:

-¡No, por favor!-gritaba una mujer de cabellos oscuros y de vestimentas sugestivas.- ¡Por favor, señor! ¡Usted prometió ser amable!

-¡Yo no soy amable con prostitutas!-le dijo rasgándole el vestido, y dejando su pecho al descubierto.

-Por favor…

Pero, como era costumbre, Theodore, solo respondió con violencia. Lanzándole una bofetada, y la pobre mujer, no tuvo de otra que soportar las vejaciones de ese tirano.

-¡Por favor, déjeme ir!-gritaba al sentir que cada embestida era como un puñal en su abdomen. Los solo encendieron aún más los deseos del desequilibrado hombre.

Cuando Theodore hubo terminado de abusar de ella todas las veces que quiso, la arrastró por el suelo y la llevó hasta detrás de unos arbustos.

-¡Ya tuvo lo que quería! ¡Déjeme ir!-gritó la chica aterrada e intentando recuperar sus ropas desgarradas, y sintiéndose miserable.

-¿Dejarte ir?-preguntó con sarcasmo.-Y yo que todavía quería divertirme contigo.-le dijo riéndose-Pero, está bien, creo que me has conmovido. Te dejaré ir.

La mujer, sintió que su calvario había terminado, y que intentaría superar toda esta pesadilla, pero había algo en el rostro de ese hombre, que le hizo temblar aún más.

-Ve, corre…-le espetó Theodore.-Corre…

Ella, sin estar completamente consiente, intentó huir, y correr como él se lo había ordenado.

Sin embargo, cuando ya estaba por llegar a la aldea, cuando ya veía las luces de las fogatas, escuchó el aullido de un lobo.

Su final, estaba cerca. Y a pesar de las circunstancias, ella misma maldecía el momento en el que aceptó irse con ese hombre a las afueras del burdel.

Hermione, despertó luego de haber tenido una noche llena de preguntas e interrogantes.

Ese chico.

¿Por qué ese chico le había hablado como si la conociera?

¿Estaría muerto?

Por el aspecto en el que se encontraba anoche, lo más probable era que lo estuviera.

Sí, lo sé, se dijo mentalmente.

El rubio había resultado ser descortés, pero Hermione, tampoco podía evitar pensar, que el muchacho le había resultado atractivo, muy atractivo...

-No pienses en eso…-se ordenó a ella misma.-Yo tengo a Ron.

Vaya, pensó. En todo ese momento, ni se había acordado de él.

Dejó los pensamientos de lado y se quitó el camisón que llevaba encima.

Se colocó el mismo vestido que llevaba ayer, y lo acompañó con un simple corsé.

En cuanto entró a la cocina, notó que su padre llevaba una escopeta en la mano.

-¿Qué ha pasado?-preguntó sin saber que ocurría.

-Oh, cariño…-le dijo su madre abrazándola.-Ha ocurrido otra desgracia. Han asesinado a otra persona.

-¿Qué? ¿A quién han matado?

-A una de esas mujeres del burdel.-le respondió su padre.- ¡Harry, date prisa! ¡Partiremos en media hora!

-Todos los hombres del pueblo, harán una caminata para buscar al asesino…-continuó su madre preocupada.

Su primo, bajó corriendo y al igual que todos, lucía preocupado, pero Hermione lo notó diferente, no sólo parecía preocupado, sino que había algo en él, que no podía descifrar.

-No salgan, a no ser que sea necesario.-ordenó su padre, mientras se iba junto a su sobrino.

La madre de Hermione, asintió rápidamente, y cerró la puerta en cuanto se fueron; sin embargo, antes de volver a lo suyo, prestó atención a algo extraño en el delantal de su hija.

-Oh, por Dios, tienes sangre en el vestido.-exclamó de pronto.

-¿Qué?-preguntó Hermione al ver que efectivamente, habían un par de manchas rojas en la tela.

Era la sangre del chico.

Anoche, cuando se escondieron detrás de los árboles, él la había aprisionada tanto, que parte de su sangre se había quedado impregnada en el vestido.

-No, mamá… Es jugo de arándanos… ayer mientras conversaba con Ginny, derramé algo del jugo en mi falda…-disimuló volviendo rápidamente a su habitación y dándole poco tiempo a su madre, de responder.

¿Por qué no le decía la verdad?

*No, eso sólo empeoraría las cosas,*se respondió a sí misma.

Deseaba olvidarse de todo, cuanto antes.

Pero, tampoco pensaba quedarse todo el día encerrada.

Era cierto que había un asesino suelto, y Hermione, bien podía dar pista de quienes eran, pero después de todo. Quería evitarse los problemas.

-Ni pienses que saldrás, Hermione.-le musitó su madre desde una esquina donde preparaba el almuerzo.

-Pensaba ir donde los Weasley, madre.

-No, querida. Hoy, no. Y mejor ve quitándote ese vestido, hay que quitarle esas manchas.

-Lo haré yo misma.-respondió dejándose caer en una silla.

Pero, alguien llamó a la puerta.

-Yo iré…-insistió Hermione poniéndose de pie rápidamente. Se acercó a la ventana y notó que era Luna Lovegood.-Es Luna…

De inmediato, la invitó a entrar.

-Buenos días, señora Granger. Buenos días, Hermione…. -les dijo educadamente, para luego, mirar a la castaña.-Necesitaba hablar contigo, Hermione.

Ella, asintió.

-Claro.-le dijo sonriendo.- Vayamos a mi habitación.

Luna se sentía afortunada de que Hermione la tratara como una verdadera amiga. Sin importarle, que fuera un poco extraña. Aunque, la rubia, tenía sus motivos para ser cómo era.

-Que bueno que viniste, Luna... ¿Supiste lo del asesinato?

-Pues, claro... En el pueblo, es de lo único que se habla.

-¿Y sabes quién es la chica asesinada?-preguntó.- Sé que es una de esas mujeres de la mala vida que trabajan en el burdel de Madame Rosmerta, pero quién es…

-Creo que se llamaba Parvati…. Parvati Patil o algo así. Tiene una hermana melliza.-le dijo.

-Es una lástima…

-Sí, lo es. Pero, eso no importa ahora. Lo que necesito, es tu ayuda Hermione….-dijo acercándose a su amiga.

-Lo que desees…

-Es sobre el festival de invierno…

-¿Vas a ir?-preguntó Hermione sin creerle. Luna jamás asistía a esos eventos.- ¿Entonces, es cierto?

-¿Cierto?

-Sobre tú, y Neville…

-Bueno… -dudó la rubia.-Sí, creo que lo es.

-No te preocupes, yo te ayudaré.-dijo sonriendo para que Luna se sintiera tranquila.

A Hermione, le gustaba la pareja que formaban esos dos, y aunque la castaña no era una experta, ayudaría a Luna de todas formas, pues si no era ella, nadie lo haría.

-Entonces, Luna… ¿Qué vestido piensas usar?-le preguntó.

-No lo sé. Espero que mi padre me compré uno bonito.

-De ninguna manera, ese es trabajo de nosotras, Luna.-le corrigió.- En cuanto tu padre te de el dinero, iremos a la ciudad a conseguir los vestidos.

Literalmente, ellas no eran pobres, y podían darse esa clase de gustos de vez en cuando, y que mejor oportunidad que el festival de invierno, así que Hermione, le pediría gentilmente a Ronald que les llevara a la ciudad en busca de sus accesorios.

-Hermione…-comenzó a decir Luna extrañamente.

-¿Sí?

-¿Qué es lo que tienes en el vestido?-preguntó sin dejar de observar las manchas.

La castaña se puso algo nerviosa.

¿Por qué todos tenían que darse cuenta?

-Jugo de arándanos…-respondió.

Luna, sonrió de costado. Parecía como si sospechase algo.

A veces, resultaba un poco rara, y Hermione entendía porque muchos no le hablaban.

-Entonces. ¿Me dices qué día vamos a Londres?-le preguntó Luna.

-Sí. Te avisaré. De seguro, Ginevra, querrá ir con nosotras también.

Luego de la visita de Luna, la tarde transcurrió tranquila. Su madre, se limitó a conversar con ella y dejó todo en orden para la cena.

Más tarde, Harry y su tío, regresaron sin pistas de la búsqueda, y los aldeanos aún no se decidían si el culpable de los homicidios era un animal o un hombre. Ellos, se quedaron debatiendo hasta muy tarde.

Y aquello, no pareció calmar los nervios de su madre.

-Hermione, querida, podrías preparar algo de té y ponerle esas hierbas para dormir.-le indicó a su hija.

Ella, asintió obedientemente, y al llegar a la cocina, rebuscó en la alacena, dónde sólo encontró unas pocas.

Demonios, pensó irritada. No le quedaba de otra, tendría que salir a buscar las que crecían en las afueras de su casa.

Rápidamente, se colocó su capa y cuando notó que su padre seguía enfrascado en una tensa conversación con Harry hablando sobre el asesino, escapó sin ser vista por la puerta trasera de la cocina.

Casi nunca notaban cuando se escapaba.

Caminó con rapidez hasta llegar a la zona donde crecían las supuestas raíces y extendió su mano. Sin embargo, se quedó petrificada al oír extraños aullidos.

Cogió una, dos, tal vez, tres. No supo cuántas, pues comenzó a asustarse.

No, se dijo mentalmente. No podía ocurrirle algo estando tan cerca de su casa.

-Vamos…-se repuso levantándose del piso, y fingiendo que todo andaba bien, y que los aullidos que cada vez se acercaban, no estaban.-Ya falta poco…

Sin embargo, alguien la empujó al suelo, y Hermione cayó boca arriba.

Esto no puede estar pasando, pensó sin abrir los ojos.

Si este iba a ser su fin, quería que fuera rápido, y no quería ver lo que tenía encima.

Se lamentó de ser tan imprudente y salir a esas horas con un asesino suelto.

Pero, su final demoraba en llegar, y ella, aún seguía tendida en el suelo.

De hecho, sentía una fuerte respiración contra su rostro.

Poco a poco, y de par en par, abrió los ojos, para encontrarse con un enorme animal.

El animal, que no era otro que un gran lobo blanco, la observaba de manera desafiante.

Esa mirada. Esos ojos plateados.

Ese tenía que haber sido el animal que había alimentado días atrás.

¿Por qué no la atacaba? ¿Por qué sólo se limitaba a mirarla bajó sus patas?

Y se acabó! Gracias por leer y espero no demorarme tanto con el siguiente capítulo. Besos :)