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El primer hijo de Afrodita — capítulo 1
21 de septiembre, era el mejor viernes del mundo. Empezaba mis vacaciones de invierno, y se acercaba Navidad. Apenas el despertador sonó, yo lo apagué y me levanté de un salto, agarre la ropa que estaba tirada sobre la silla y me cambie. Pase por el baño, y lave y cepille mis dientes, y cuando estaba caminando hacia la sala de estar, me encontré con que teníamos visitas. Bien, imaginen la cara de la actriz más bella que conozcan, su peinado favorito, su ropa favorita y multipliquenlo por 10, si, así era la visita que se encontraba en mi sala de estar charlando con mi madre. Se giro, y cuando me vio, se levanto y me abrazo. Super extraño, aún así lo correspondí, desprendía un aroma a vainilla. De ser por mi, me hubiese quedado así toda mi vida, pero ella se separo y sonrió con orgullo. — Pero que hermosa que es mi nieta.— Dijo.— Por suerte has heredado mi belleza y no la de tu padre, es decir, es uno de los dioses más sexys, pero preferible destacar el lado de una verdadera belleza ¿no crees? — Em ¿si?— Lo que dije, sonó más como una pregunta que como una afirmación, pero sinceramente, mi abuela me había confundido demasiado. — Aunque esta claro que esa sonrisa y esa mirada solo le pueden pertenecer a los hijos de Apolo.— Agrego, haciendo una mueca de disgusto. Sacudí la cabeza. Abuela es igual a la madre de mi madre, a lo que es igual que la mujer que se encontraba en mi sala de estar era Afrodita. Bien, yo hubiese esperado que mi abuela fuera una señora mayor, con arrugas, un bastón y que en vez de hablar de belleza me hablará sobre "que los adolescentes de hoy somos bastante rebelde", ya saben, como lo haría una típica abuelita. — Lady Afrodita ¿a qué se debe su visita?— Pregunté. — Llámame Afrodita, querida.— Sonrió, mientras se sentaba en la mesa.— Siéntate, es una larga explicación, y Lydia esta preparando algo para beber. Lydia, ese era el nombre de mi madre. Hace mucho tiempo que nadie la llamaba así, sus amigas preferían decirle por el segundo nombre "Mary", mis profesores la llamaban sra. Cooper, y yo bueno, le decía mamá. — Entonces ¿qué es lo que sucede, Afrodita? — Verás, mi hijo esta en aprietos, en bastante aprietos, y necesito que lo ayudes, Floyd, he sido tan tonta, lo descuide por un momento y ahora podría sufrir grandes consecuencias. Mamá casi tira las tazas, ya que venía entrando a la sala de estar, y había escuchado. — ¿Hijo? Pero pensé que solo tenías hijas.— Murmuro mi madre, dejando las tazas de café y té sobre la mesa. — Hace 16 años tuve un hijo, pero por el bien de él, lo oculté, sabía que habría peligros si los dioses se enteraban que era un niño, pero lo he descuidado y ha sido secuestrado por un dios menor que tiene hambre de venganza contra mi. Y necesito tu ayuda, solo confió en que la única hija de Apolo me ayude a recuperar a mi bebé. — ¿Por qué yo? Digamos que no soy buena candidata desde que una maldad interior amenaza con salir en cualquier momento.— Respondí con sarcasmo, y al momento me arrepentí, porque si Afrodita se llegaba a ofender, Zeus se apiade de mi alma. — Porque has demostrado valentía en tu misión anterior, además quiero ver como sigue tu historia con Matt, aunque obviamente el final es el de cualquier película romántica.— Susurro con aire soñador. — ¿Qué? — Nada, nada.— Miro el reloj colgado en la pared, y se levanto.— El tiempo se acaba ¿me ayudarás, Floyd? Lo pensé un segundo, y después asentí. Entonces Afrodita me asfixio en sus brazos. — Apolo vendrá a recogerte hoy cuando el Sol se oculte, él te llevará donde mi hijo se encuentra. — ¿¡Qué!? Mamá, dijiste que ningún dios sabía de esto.— Se quejo mi madre, mientras se cruzaba de brazos. Afrodita le lanzo una mirada insinuadora.— Mamá, no, si crees que cuando lo vea voy a saltar a sus brazos y decirle que le amo, entonces te equivocas, él solo fue un romance de adolescente. — Yo nunca insinué eso, mon cher.— Y antes de que mi madre se quejará de nuevo, Afrodita se giro y me miro.— No irás a tu último día de clases vestida de esa manera. Chasqueo los dedos y suplanto mis jeans y mi remera por un vestido azul bastante simple y unos zapatos. — Así esta mejor, ahora si me disculpan, tengo una reunión con un...amigo.— Cuando parpadee mi abuela ya no se encontraba más en la sala de estar. Miré a mi madre. — Será mejor que salgamos para el colegio. [...] Cuando el timbre sonó, todos se levantaron y corrieron como una estampida fuera del aula. Fui la última en salir, junto a mis amigos. Estábamos parados a las afuera del colegio, platicando, cuando tres figuras se acercaron. Reconocí solo a una de ellas, mi amigo Matt. Yo le había comunicado esa mañana que nos encontráramos, ya que tenía que contarle sobre la visita de Afrodita. Me dispuse a saludar a mi grupo de amigos, cuando uno de ellos me abrazo y dijo: "Voy a extrañarte, nos vemos cuando terminen las vacaciones", yo solo sonreí y le devolví el abrazo. Me separe, y cuando miré a Matt tenía en ceño fruncido, pero era típico de él, siempre andaba con mal humor. Las dos figuras que iban con él, me saludaron. Una era una chica de 10 años, con el cabello negro atado en dos trenzas, los ojos del mismo tono miel que Matt y el uniforme de una escuela privada, y la otra era una niña de 7 años, con el cabello rubio atado en dos colas de caballo y grandes orbes marrones, me miro con una sonrisa enorme, y vi que le faltaba un diente, algo típico en los chiquillos. Por otra parte, mi amigo estaba mucho más alto, y en vez de llevar el cabello peinado como siempre, lo tenía desordenado. Una mochila colgaba de unos de sus hombros y cargaba con un tablero de madera. Yo tenía entendido que iba a una escuela técnica, ya que era lo mejor para un hijo de Hefesto. — Floyd, estas son mis hermanas.— Señalo a la mayor.— Ella es Avril, y la pequeña... — ¡Yo soy Isabelle!— Exclamo la menor, con una sonrisa.— ¡Y no soy pequeña, Mattie! Ya te alcanzaré. Solté una carcajada, parece que todos molestaban a mi amigo. Incluso sus hermanas menores. — ¿No te importa que hablemos en mi casa, no? Tengo que dejarlas a cargo de mi madre. — Para nada. Comenzamos a caminar, la casa de Matt quedaba a unas pocas cuadras, por lo que no había necesidad de subir al bus o tomar un taxi. — Extraño el Campamento.— Solté, él suspiro. — Yo igual, extraño no estar soldando algo.— Rió, mientras abría la puerta del edificio. Subimos por el ascensor, pero cuando nos dirigíamos al departamento, vimos la puerta forzada. Matt escondió a sus hermanas detrás de mi, y entro. Yo estuve tentada a sacar mi arco, pero:Primero, las hermanas no sabían que eramos semidiosesSegundo, tampoco entenderían como dos simples anillos se convertían en un arco y un carcaj, Entonces escuche un grito, y escondí a las niñas en un pasillo, para después correr dentro del departamento. Me encontré con Matt de rodillas y una nota. "Si quieres recuperarla, al hijo de Afrodita tendrás que entregar."