← El primer hijo de Afrodita · de
El primer hijo de Afrodita — capítulo 2
Les rogué a las hermanas de mi amigo que se quedarán donde estaban, porque con Matt queriamos inspeccionar la casa. Ya saben, si tu madre desaparece y te encuentras con una nota, siempre hay que ver que en el lugar no hayan quedado monstruos. Abrí la mochila y saqué la daga que siempre llevaba. Si, muy típico que una adolescente de 14 años llevará a la escuela armas, pero desde la última vez que fui atacada preferí ser más precavida, además para un mortal tenía el aspecto de un lápiz. Nos separamos, y cada uno reviso un sector de la casa, no había nada, hasta que entramos en la habitación de las hermanas. Todo lo que estaba colgado en la pared, ahora se encontraba en el piso, y el mismo mensaje que tenía la nota: "Si quieres recuperarla, al hijo de Afrodita tendrás que entregar." Podía ver la expresión de dolor en el rostro de Matt, y lo peor de todo esto, es que teníamos que encontrar una forma de decirle a sus hermanas que su madre había sido secuestrado y que su hogar había sido destruido por monstruos griegos. De lo más normal. Salimos de la habitación, cuando escuchamos un ruido en la cocina. Apreté la empuñadura de la daga hasta que los nudillos se pusieron de un blanco fantasmal, y Matt simplemente agarro una lámpara de la habitación. Siendo sinceros, a mi se me daba mejor pelear que a mi amigo, él era más de los tranquilos que pasaban horas armando cosas. Tal vez por eso a veces chocábamos en algunas opiniones. La cocina tenía dos entradas, por lo que yo fui por la derecha y él por la izquierda. Me iba a encargar de entrar primero y si necesitaba refuerzos, solo tenía que gritar, lo que casi nunca pasaba. Di una patada a la puerta, y se abrió, pero en vez de encontrarme con una horrorosa figura con alas, o tres filas de dientes, solo vi una figura de espaldas bastante humana. Se dio vuelta, y por un momento no vi nada. Parpadee varias veces hasta recuperar la vista. ¿Recuerdan que soñé con mi padre? Bueno, era mucho más...¿brillante? o lo que sea en persona. Era alto, cabello rubio despeinado y esos ojos azules que eran una mezcla entre el cielo y el océano. La sonrisa burlona en el rostro, esa misma sonrisa que tenía yo, y la mirada despreocupada. Vaya que nadie bromeaba cuando decía que había varios aspectos que me hacían una hija de Apolo. Lo observé por unos segundos. Tenía la misma forma de pararse que yo, la misma mirada y la misma sonrisa. — ¡Floyd!— Exclamo y me dio un gran abrazo de oso.— Pero mira que eres más bonita en despierta que dormida, la última vez que te vi, estabas super pálida y tus ojos eran violeta. — Considerando que la última vez que me viste yo estaba en una especie de coma gracias a Pandora, te creo, padre.— Él soltó una carcajada y fue entonces en el momento en que Matt entro en la cocina, con la lámpara en alto. — ¿Y este quién es?— Inquirió mi padre, levantando una ceja. Y ahora que lo notaba, otra cosa en común eran nuestros gestos. — Oh, lord Apolo, lamento haber interrumpido.— Se disculpo rápidamente Matt, haciendo una pequeña reverencia. Dejo la lámpara sobre la mesada de la cocina, y nos echo una mirada a ambos.— Vaya que son parecidos. Ambos lo ignoramos, y yo miré a Apolo. — ¿A qué has venido, padre?— Pregunté. — El Sol se ha escondido y justo como le prometí a Afrodita, tengo que llevarte a tu misión, aunque esperaba encontrarte en tu casa.— Se encogió de hombros.— ¿Qué sucedió aquí? Le resumimos la historia de lo ocurrido, y él pareció bastante apenado. Entonces salimos del apartamento, las niñas se habían sentado en el pasillo, y la mayor abrazaba a la menor y le decía que todo estaba bien. La escena me conmovió. Apolo por su parte, se sentó junto a ellas y les sonrió. — Hola, pequeñas, soy Apolo ¿cómo son sus nombres?— Inquirió él, sin borrar esa sonrisa tranquilizadora. — Yo soy Isabelle.— Murmuro la menor, levantando la cabeza. Tenía los ojos llorosos.— Y ella es mi hermana Avril ¿Mi mami esta bien? — Que nombres más lindos. Isabelle y Avril.— Susurro él.— Y por supuesto que esta bien ¿por qué no lo estaría? Nos dejo una nota que decía que había ido a un campamento ¿saben de qué? Un campamento de helados. Dijo que pasaría unas semanas allí, y que después volvería con todo el helado que podrían imaginar. Como bien mi padre era conocido como el dios de la verdad, sabía mentir muy bien, porque las dos niñas dejaron de llorar y sonrieron. Cualquiera se pone feliz cuando te dicen que tu madre va a traer toneladas de helado, lástima que eso no era la verdad. — ¿No les importará quedarse con la madre de Floyd, no? Por lo que sé sus parientes están muy lejos. Ambas asintieron. [...] La cara de mi madre cuando tocamos la puerta fue tan graciosa que no pude ahorrarme largar la carcajada. Primero me miro a mi, después a Matt y las hermanas que se escondían detrás de él, y por último a Apolo, quien se apoyo en el marco de la puerta con una gran sonrisa. Su mirada brillo por un segundo cuando lo vio, pero después frunció el ceño, pero también se sonrojo, y era una mezcla de emociones, una peor que la otra. Ira, preocupación, curiosidad y amor. — Ly, tanto tiempo.— Murmuro mi padre con una sonrisa Ella no saludo, simplemente le pegó en la cara, y se fue furiosa hasta la cocina. — ¿Esa es la mujer?— Escuché susurrar a Isabelle, y yo quise reír. Mi madre ni siquiera sabía que tenía que encargarse de dos niñas, por lo que había actuado de una manera que asustaría a cualquier persona. Las hijas de Afrodita eran bastante complicadas en eso del amor, y eso que su madre se especializaba esencialmente en ese tema. Entramos en el departamento y le pedí a Matt que buscará a mi madre y le explicará lo sucedido, yo tenía cosas que hablar con Apolo, y eran bastante importante y de gran urgencia. — Padre, sé que has sacado la maldad que hay dentro de mi, pero también ha quedado algo, y nadie quiere explicarme los riesgos, y tal vez pensé que tu podrías.— Lo dije directamente, no iba a andar con rodeos. — ¿Es qué nadie dice la verdad?— Pregunto bastante enojado, obviamente porque era el dios de la verdad.— La maldición de Pandora, la verdad no se cual te ha impuesto, pero tu futuro no cambiaría mientras que no sientas esa necesidad de curiosidad, tienes que negarla, porque lo que hay dentro de ti saldría tan deprisa que no habría tiempo para frenarlo. — ¿Podrías hablar en palabras que una adolescente entiende, por favor? — Tu defecto fatídico es la curiosidad, también era el de Pandora, y a lo que me refiero es que tienes que negar ese defecto, tratar que no salga a la luz, eso podría llevar a desatar los males que llevas dentro. — ¿Así que soy una bomba con tiempo, no? Si había algo a lo que no me podía resistir era a ser curiosa. A mi me encantaba investigar de más, meterme en lugares solo porque me llamo la atención un ruido, y si Pandora me había maldecido, bueno, prácticamente era la bomba de tiempo pelirroja más genial del mundo. — Me gustaría creer que no, mi querida hija.— Murmuro él.