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La recompensa del Príncipe — capítulo 1
Después de que mi mente se hizo mucho del rogar ya por fin creo que podré escribir una historia larga (o eso espero), se que contaré con las lecturas del super cuarteto de oro
YazminAche: Gracias por leer y comentar mis tontas ocurrencias :3 Espero que esta sea de tu agrado
Jessica: Con tus ocurrencias me haces reír y aunque "el que no debe ser nombrado" esté enojado conmigo por nombrar "Umbridge" a su mamá creo que seguiré tus consejos y usaré un muffiato para mis fines diabolicos jajaja! Gracias por leerme y darme animos para que escriba otra locura más.
Kharla: Gracias porque sin ti aun me estaria rompiendo la cabeza al pensar en un titulo para mi historia.
Sin ustedes creo que no seguiría escribiendo, o mas bien nunca me hubiera animado a hacerlo. Gracias a todas! Espero que les guste, sino con gusto acepto comentarios, criticas, sugerencias y crucios a la distancia C:
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Eran ya tres meses desde el final de la guerra, una que a pesar de que resultamos triunfadores teníamos muchas cosas que llorar. La pérdida de algunos seres queridos, la destrucción del mundo mágico y para muchos como para mí una sensación de vacío; ¿que seguía en mi vida ahora?, ¿que tenía que hacer?
De momento me ocupaba en no pensar en mis padres, ya que aún no había podido encontrarlos, y en cumplir las tareas que me fueron encomendadas junto con quienes quedaban en la Orden del Fénix.
La misión en la que todos participábamos, era cuidar la seguridad del Profesor Snape en San Mungo, aunque su inocencia había sido claramente demostrada con los recuerdos que entregó a Harry; y aún más desde que el "retrato" del profesor Dumbledore nos confesó que era el en persona con un hechizo desilusionador; que el mismo Snape había encontrado la manera de contrarrestar la maldición que guardaba el anillo y que planeó su "muerte" para cumplir así con los mandatos del Señor Tenebroso y seguir así ayudándonos desde la distancia en nuestra búsqueda de los Horrocrux.
No a todos les parecía la idea de procurar la seguridad del profesor Snape; no porque no creyeran en su inocencia; sino porque aun a pesar de no haber despertado en este tiempo, seguía siendo igual de temible y nadie quería estar ahí cuando el despertara; quienes nos encargábamos de esa tarea regularmente éramos la Profesora McGonagall, Molly Weasley, Harry y yo.
Al principio me limitaba a leer en silencio algún libro, pero un día mientras cantaba una canción que me recordaba a mis padres y comencé a llorar, noté un pequeño movimiento en una de sus manos, entonces me di cuenta de que el sí estaba ahí, que no era solo su cuerpo como muchos decían y que a pesar del pensamiento de la mayoría si tenía caso seguirlo visitando, que su mente estaba ahí tan lucida como siempre, estaba atrapado dentro de su propio cuerpo. Cuando llegó mi cambio, Harry, le comenté lo que sucedió
-"Fue extraño, no sé lo que haces mientras estas aquí, pero hace un instante mientras estaba cantando vi claramente como movió su mano, tal vez si hablamos con él mientras estamos aquí lo ayudemos a recuperarse"- Le dije muy emocionada. Y noté una sonrisa fingida en su rostro triste.
-"Hoy hablé con el medimago Herms, no nos da esperanza alguna, le darán una semana más pero no tiene buenos pronósticos, tal vez sea hora de dejarlo partir; su vida fue muy ajetreada es momento de que descanse"- No podía creer lo que Harry sugería sé que lo hacía pensando en él, que el odio que alguna vez llegó a sentir era cosa del pasado. Pero no iba a permitir que le retiraran la ayuda médica, así tuviera que llevarlo al mundo muggle yo haría lo posible por que él se recuperara.
-"Pues si tú vas a rendirte yo no, y si no quieres ayudar te pido que te retires yo puedo hacerme cargo sola muchas gracias"- Él sabía muy bien que no era momento de desafiarme así que sin más salió de la habitación y yo comencé a trabajar
Por más que el amara el frio y la oscuridad de las mazmorras, estar en cama durante tanto tiempo en un cuarto frio y oscuro era claro que no le estaba ayudando.
Abrí las cortinas para que el sol pudiera tocar su piel y comencé a leer para los dos lo que leía para mí. Hacía tiempo que me había inclinado a estudiar pociones así que no pensé en algo que lo pudiera animar más que escuchar sobre estas. A fin de cuentas eran su vida. Leí durante mucho tiempo hasta que el sueño me venció, sentada a su lado como estaba acomode mi cabeza junto a su mano no quería separarme de él.
Harry obviamente no guardo en secreto lo que yo había dicho así que al día siguiente fue Molly Weasley la que trató de convencerme de que lo mejor era dejarlo partir.
-"Buenos días querida, hable con el medimago para confirmar lo que Harry nos comunicó, y aunque sea duro el aceptarlo creo que es mejor que te mentalices sobre lo que sucederá, tu sabes muy bien que ha pasado mucho tiempo así, y aun cuando despierte no estaría totalmente bien. Tendría que pasar por una recuperación lenta y dolorosa. Las cosas suceden por algo y tal vez esto es lo mejor. El ya no está aquí"- Dijo mientras me abrazaba. En lugar de sentirme confortada me sentía enfadada, ¿cómo era posible que todos hablaran de le como si no estuviera más ahí? ¿Cómo todos estaban dispuestos a no hacer nada más por quien arriesgo su vida por nosotros?
-"Señora Weasley de ninguna manera pretendo ser grosera ni ofenderla, sin embargo las palabras que se forman en mi mente no son las más adecuadas; así que por favor le pido que se retire. Como le dije a Harry ayer por la noche, yo no me voy a rendir"- Le respondí al tiempo en que le abría la puerta, al igual que mi amigo ella decidió marcharse antes de tener un enfrentamiento conmigo.
De nuevo estábamos solos, continué leyendo hasta que mis ojos no pudieron aguantar más, entonces decidí hablarle sobre mis padres, le conté como tuve que hechizarlos y que no sabía dónde estaban comencé a llorar y lo noté de nuevo su mano se movía. Estaba segura que no era un reflejo de su cuerpo, que él me quería mostrar que estaba ahí. Tomé su mano y seguí llorando, pero esta vez el sentimiento era distinto, no era la angustia de no saber de mis padres, por un momento sentí paz en mi interior. No me di cuenta de cuánto tiempo estuve así simplemente sosteniendo su mano y sintiendo paz, hasta que el sonido de la puerta abriéndose me despertó de mis ensoñaciones. Era la profesora McGonagall. En cuanto la vi supe que iba a lo mismo que los demás a tratar de convencerme de que lo dejara partir así que sin dejarla siquiera saludar le hice saber mi opinión.
-"Profesora si viene aquí a decirme que lo mejor es dejarlo ir, le suplico que se ahorre el discurso, no me voy a rendir, voy a ayudarlo; el entrego su vida para poder salvarnos a todos así que no, no me iré a descansar, no lo dejaré solo y si solo es eso por favor retírese"- Ella me miró sorprendida y respondió con un tono de voz firme.
-"Señorita Granger jamás creí que pudiera hablarme de esa manera, pero la comprendo. Y no se preocupe no vine a convencerla de nada; al contrario vengo a decirle que yo tampoco me voy a rendir y a ofrecerle mi ayuda, bueno nuestra ayuda"- Dijo al tiempo que sacaba de una pequeña bolsa el "retrato" de Albus Dumbledore que sonreía mientras me miraba -"Puede darse cuenta que deja a Severus en buenas manos y que no lo dejaremos solo mientras va a su casa a asearse y comer algo, si quiere puede quedarse a dormir, con gusto pasaremos aquí la noche"- Fui feliz porque por fin tenía un par de aliados en mi misión y con ellos a su lado yo podía irme tranquila .
-"Gracias profesores, si tengo un poco de hambre y necesito un baño; aunque sino les molesta prefiero quedarme a dormir aquí claro que si prefieren quedarse y mi presencia les incomoda solo tienen que decirlo…"-
-"Su presencia jamás incomoda señorita Granger, y gracias por cuidar de mi muchacho tan bien"- Me interrumpió un sentimental Dumbledore -"Vaya y haga lo que crea conveniente cuando regrese al menos yo estaré aquí ya que Minerva tiene muchas ocupaciones en el castillo"- Finalizó sonriente.
-"Si vaya y no se preocupe aquí seguiremos los dos, la reconstrucción del castillo puede seguir sin mí"- Y volteando a ver al profesor Snape le dijo- "Y no me iré a hacer tu trabajo Severus, tu eres el director y estas pequeñas vacaciones que estas tomando no te eximen de tu trabajo en Hogwarts, así que descansa bien porque yo no haré tus pendientes cuando regreses a tu puesto, cumplirás con todos ellos"- El escucharla hablarle así me tranquilizó por completo podía irme, él estaría bien.
Me despedí y salí de San Mungo, aunque después de la guerra me estaba quedando en la madriguera no quería ir ahí en esos momentos; así que me dirigí a la casa de mis padres, aunque era doloroso estar ahí y recordarlos, eso era mejor que estar en un lugar donde nadie te comprende.
Me di un baño y comí bastante, dormí un par de horas y casi al anochecer regrese al hospital con mi pequeña bolsa repleta de ropa, libros e incluso comida, no quería separarme de él, aunque aún no entendía bien el porqué, algo me decía que debía estar a su lado.
Como me prometieron ahí estaban el profesor Dumbledore y la profesora McGonagall. En cuanto llegué ella se disculpó y se retiró para poder comer algo, nos quedamos los tres restantes en la habitación.
-"Señorita Granger este anciano por muy retrato que sea necesita dormir, espero me disculpe iré a dormir a Hogwarts; sino le molesta quisiera que este cuadro se quedara aquí para poder estar pendiente de Severus sin depender de nadie más"-
-"Por supuesto que no es molestia profesor aquí estaré siempre no tengo otro lugar a donde ir, y aunque lo tuviera es aquí donde quiero estar, cualquier cosa que suceda yo le mandaré un patronus para avisarle"- El asintió se dio la vuelta y de nuevo nos quedamos solos.
Continué leyendo el libro de pociones, estaba por quedarme dormida cuando la profesora McGonagall entró en la habitación.
-"No creo que eso ayude Hermione, piensa un momento y respóndeme ¿cuántos libros compraste para tus cursos de pociones mientras Severus fue tu profesor?"- La miré intrigada y ella rodó los ojos- "Bueno debo suponer que tú compraste 5 o 6 libros de pociones por tu propia cuenta, pero ninguno por encargo de él. Nunca le han gustado esos libros, piensa que los autores son incompetentes y prefiere enseñar con sus propias 'recetas'. ¿Las veces que ha hecho notar su presencia ha sido cuando lees?"- Negué con la cabeza - "Lo sabía, aunque él ha aparentado durante mucho tiempo ser un hombre frío y sin sentimientos, no lo es; solo que le cuesta aceptarlo, habla con el de tus sentimientos, cuéntale de tu infancia, no se simplemente habla desde el corazón. Ahora no creo que sea una buena idea que las dos estemos aquí, iré al castillo y descansaré mañana vendré a verlo para que tú puedas descansar, hasta mañana"-
-"Hasta mañana profesora y muchas gracias por todo"- Se retiró y al quedarme con el comencé a contarle sobre mi infancia como McGonagall me recomendó y al parecer tenía razón, comenzó a mover inquietamente su mano cuando le hablaba de como fue el "bicho raro" y de que el hecho de refugiarme en los libros fue un escudo para que nadie dañara mis sentimientos. Al parecer teníamos más cosas en común de lo que llegué a pensar algún día, los dos nos ocultábamos bajo mascaras para no ser dañados y los dos fuimos decepcionados en el amor.
La semana había pasado y su mejoría era notoria, sin embargo los medimagos no daban crédito a la mejoría de su condición y seguían con la idea de dejar de asistirlo medicamente.
La noche anterior al día en que se cumpliría el plazo le hablé de mi rompimiento con Ron, de como él después de besarme en media batalla corrió a festejar con Lavander la caída de Voldemort, y como me explicó que el beso solo había sido parte de la emoción del momento. Aun me dolía así que comencé a llorar recargada en su mano, hasta que me quedé dormida.
La mañana me sorprendió y más aún el hecho de que su mano estaba sobre mi cabeza como intentando consolarme, no pude pensar más en eso porque el profesor Dumbledore llego al cuadro para indicarme que la profesora McGonagall llegaría en unos instantes y que si no me molestaba quería hablar con el profesor Snape en privado.
Simplemente asentí y salí del lugar para dirigirme a mi casa, al llegar me metí directo en mi cama había sido una semana muy agotadora y sería peor en un par de horas cuando tuviéramos que discutir con un grupo de medimagos para que no le retiraran sus cuidados y en caso de que insistieran en hacerlo lo sacaríamos de ahí. No sería fácil, pero lo ayudaríamos todo estaría bien.
Cuando desperté me di cuenta que era de noche, no lo podía creer me quedé dormida todo el día, sin cambiarme siquiera la pijama que había usado para descansar me desaparecí y aparecí en las afueras de San Mungo, entré corriendo y al llegar a su habitación no pude contener las lágrimas al notarla vacía. ¿Era verdad? ¿Ya no estaba entre nosotros? ¿Dumbledore y McGonagall habían cedido a la presión?
-"¿Dónde estás Severus Snape?"