← La recompensa del Príncipe · de
La recompensa del Príncipe — capítulo 2
De nuevo un capitulo de mis locas creaciones. Cabe mencionar que este capitulo se compone de tres partes, la 1a es desde el punto de vista de Severus. Las letras en cursiva pertenecen a un narrador (que como me costo escribir en 3a persona). Y la última parte es desde el punto de vista de Hermione. Creo que queda claro mientras se lee pero no quería que se prestara a malos entendidos. Gracias por leerme!
Me sentía totalmente extraño y desubicado. Lo último que recordaba era que le pedía a Voldemort que me dejara llevarle a Potter, realmente no quería hacerle daño, tenía que cumplir con lo que le prometí a Dumbledore, era el momento justo, Voldemort era vulnerable no podía esperar más, pero no me dio oportunidad de buscarlo, me atacó y ordenó a esa asquerosa serpiente que "terminara" conmigo. Potter y sus amigos aparecieron, solo pude entregarle mis recuerdos sabía que moriría.Y eso pensé que había sucedido, pero ahora no me quedaba claro.
De pronto me sentía solo, en un lugar muy extraño y parecía que flotaba entre las tinieblas. Estaba acostumbrado a estar solo, pero esta incertidumbre de no poder ver ni escuchar a nadie más resultaba agobiante. Algunas veces me parecía escuchar a Potter, a Minerva y a una muy molesta Molly Weasley; pero mi alma encontró paz un día que escuche una voz que me resultaba familiar cantando, parecía sufrir pero me mostraba la luz en las tinieblas en las que me encontraba.
Intentaba acercarme a la luz de la que provenía esa voz y sin embargo parecía no avanzar mucho. Desde ese día solo veía la luz cuando esa voz se escuchaba. Pronto las voces a mi alrededor parecían hacerse más claras y pude entender lo que sucedía, estaba en un hospital, al parecer San Mungo y a mi lado estaban frecuentemente Minerva McGonagall y Albus Dumbledore, junto a la dueña de esa voz particular que aún no podía reconocer.
Esa dulce voz me hablaba sobre pociones era interesante; pero me intrigaba más oírla hablarme sobre su infancia, el escucharla me hacía sentir levedad en el alma. Con el paso de los días las historias sobre la vida de esa misteriosa mujer avanzaban y entonces descubrí su identidad. Hermione Granger, eso me sorprendió; de Albus y Minerva lo comprendía incluso lo esperaba pues ellos siempre han sido lo más cercano que tuve a una familia, pero ella Granger jamás fui amable con ella, nunca tuve consideraciones para con ella, y sin embargo era ella quien parecía empeñada en luchar por mi recuperación.
Conforme me contaba su vida me di cuenta de que teníamos muchas cosas en común, señalados siempre como fenómenos, ocultándonos bajo mascaras para no ser dañados. Pero el día en que me hablo sobre su decepción con el inútil de Weasley fue cuando tuve la determinación de seguir caminando hacia su voz. No podía escucharla llorar sin recordarme a mí mismo tiempo atrás, de pronto tuve la necesidad de abrazarla y consolarla.
De pronto la voz de Granger cambió por la de Albus Dumbledore que me incitaba a despertar:
-"Vamos hijo, yo sé que estás ahí debes regresar ahora, no me importaría quedarme en este lienzo para siempre ¿sabes? Podría vivir por la eternidad sin ningún caramelo de limón, pero tu oportunidad de ser feliz es ahora, hay muchas personas preocupadas por ti, por tu bienestar, así que tienes que despertar ahora. No debes rendirte, sino despiertas hoy te llevaremos a un hospital muggle y no creo que quieras eso"- Ese viejo chiflado hasta en los peores momentos tenía que ser molesto.
En ese instante y como si Severus Snape solo hubiera estado durmiendo despertó sin mayor problema. Le costó un poco de trabajo acostumbrarse a la luz y al hecho de que oficialmente había sobrevivido de una manera extraña a la guerra. El retrato de Albus Dumbledore comenzó a gritar pidiendo ayuda, un grupo de medimados y enfermeras que en esos momentos estaba haciendo sus rondas diarias se acercó a la habitación y todos se sorprendieron con lo que vieron. Severus alcanzo su varita que estaba en una pequeña mesa junto a su cama. Con un hechizo inteligible se vistió y salió del lugar sin permitir que nadie lo tocara, en la entrada del hospital desapareció y nadie supo a donde se dirigió.
Minutos más tarde una ajetreada Minerva McGonagall hacia su aparición frente al hospital, al acercarse a la habitación de Severus notó un alboroto y temió lo peor. Entró rápidamente y tanto Albus como los medimagos le explicaron lo sucedido. Tomó el retrato del ex director y salió para poder emprender la búsqueda del mago.
Todo el día sin noticias de Severus Snape, la orden estaba reunida y pese a hacer varios intentos por localizar a Hermione Granger, tampoco era posible. Le mandaron lechuzas, un par de encantamientos patronus y no respondía nada, incluso intentaron localizarla por medios muggles y nada daba resultado. Por mucho que Harry Potter insistiera el localizar a su amiga no era una prioridad, nadie sabia donde estaba y parecía que no quería ser encontrada, no podían aparecerse en su casa, la chimenea estaba desconectada de la red flu y al llegar por medios muggles la casa no era visible; un encantamiento Fidelio del que seguro ella era la guardiana, eso complicaba bastante la situación, pero la principal ocupación de los miembros de la Orden del Fénix era localizar a Severus Snape y llevarlo a un lugar seguro. A pesar de que la mayoría de los mortifagos peligrosos cayeron en la guerra o fueron apresados el pensamiento colectivo era que alguno de ellos podía tomar venganza contra el traidor de Lord Voldemort. La información de que Severus Snape había sido siempre leal a Dumbledore y un espía de la Orden del Fénix era de dominio popular.
A pesar de no saber de él durante todo el día seguían buscando, no se darían por vencidos.
Una muy descansada y desorientada Hermione Granger despertaba en su recamara varias horas después de salir del hospital. No se dio cuenta cuanto tiempo había dormido y cuando se percató del paso de las horas se encamino al hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas.
Cuando noto la ausencia de su profesor en la habitación tuvo miedo de que sus peores temores se volvieran realidad, tras un instante de intranquilidad pudo controlarse y pensar claramente. Lo lógico era que Minerva McGonagall supiera que había pasado y donde se encontraba su profesor.
Salió del hospital y se desapareció para aparecer en el límite de los terrenos de Hogwarts, corrió como nunca en su vida para poder llegar a la dirección. Cuando lo hizo totalmente sin aliento encontró a un muy preocupado Albus Dumbledore caminando en círculos alrededor de su silla dentro del lienzo.
-"¿Dónde está el profesor Snape?"- Pregunté sin siquiera detenerme a saludar.
-"Es lo que yo quisiera saber señorita Granger, pero no se preocupe algo en mi interior me dice que está bien. La orden al pleno se está ocupando de localizarlo. Tal vez solo necesitemos un poco de suerte para encontrarlo"- Mencionó Dumbledore sonriendo de lado.
-"¡Suerte! Es exactamente eso lo que necesito"- Y de la misma forma en que entre a la dirección salí rumbo al armario de pociones de Snape.
Al llegar ahí busque lo que necesitaba y corrí a la chimenea más cercana, era mucho más practico llegar vía red flu a cualquier lugar donde pudiera desaparecer que llegar de nuevo a los límites del castillo.
-"Número 12 Grimmauld Place"- Fue el primer lugar que vino a mi mente, al llegar ahí pude notar que la casa estaba vacía, aunque para mí no suponía ningún cambio, mi objetivo era claro estar junto a Severus Snape lo antes posible. Salí al pequeño pórtico y de un trago vacié el contenido del pequeño frasco que llevaba en mis manos. No me sentí muy diferente pero tenía que intentarlo. Pensé en él y me desaparecí.
Cuando volví a sentir el piso firme sobre mis pies abrí mis ojos, la aparición seguía sin gustarme y aún causaba estragos en mi cuerpo. Cuando noté donde estaba tuve miedo; un cementerio, a lo lejos vi la figura de un hombre, eso en lugar de asustarme más, me dio esperanza. Tenía que ser él.
Me acerqué con precaución y aferrando con fuerza mi varita, aunque esperaba que fuera él no podía estar segura. Estando a pocos metros de distancia volteó y pude ver su rostro. La emoción que sentí fue incontrolable, al punto tal en que totalmente sin pensarlo me lance a él y lo abrace fuertemente. Como era de esperarse el no respondió a mi muestra de afecto y preocupación y entonces me di cuenta de lo estúpida que había sido al correr como una loca a buscarlo y más aún al abrazar al "murciélago de la mazmorra". Me separé rápidamente, aunque estaba consciente de que tarde demasiado en hacerlo.
-"Profesor Snape, todo el mundo está preocupado por usted. Es un alivio encontrarlo"- Dije lo más tranquilamente que pude disimular.
-"No entiendo porque su repentina preocupación hacia mi persona Granger, lo agradezco; pero agradecería más que se retirara para poder continuar con mis asuntos"- Siseó como era su costumbre, di la vuelta y a punto de desaparecer escuche que me llamaba. -"Granger, una cosa más. ¿Cómo me encontró?"-
-"Félix Felicis, la tomé de su armario y cuando la consumí pensé en usted, y al parecer funcionó muy bien"- Un momento de silencio nada incomodo se apoderó del momento y yo me quedé ahí a su lado esperando por él.
-"Gracias Granger, por todo lo que hizo en este tiempo por mí, sé que usted fue de las pocas personas que no se dieron por vencidas"- Eso sí que no lo vi venir, él dándome las gracias. Era un momento para recordar.
-"Fue un placer profesor. ¿Puedo preguntar dónde estamos?"-
-"Ya lo hizo, estamos frente a la tumba de mi madre. Después de tanto tiempo de guerra, necesitaba un poco de paz y los pocos momentos de paz que tuve en mi vida fueron junto a ella, así que heme aquí. Aunque ahora es un poco tarde tal vez es momento de enfrentarme con la realidad"- Me respondió con un tono de voz que jamás había escuchado en él.
-"Si concuerdo con usted, me alegra mucho haberlo encontrado, debería visitar Hogwarts; el profesor Dumbledore y la Directora McGonagall están bastante preocupados. Con permiso señor"- Me di la vuelta y desaparecí para aparecer en un callejón contiguo a la casa de mis padres. Después de haberlo visto me sentí mejor que en cualquier momento después de la guerra. No lograba entender muy bien el porqué de ese sentimiento, pero tampoco me importaba mucho. Hoy por fin dormiría tranquila.