← La recompensa del Príncipe · de
La recompensa del Príncipe — capítulo 3
Una semana había pasado desde el "renacer" de Severus Snape, el y Hermione Granger no habían coincidido.
Severus acudió a Hogwarts el mismo día que Hermione lo encontró gracias a la suerte líquida y por Albus Dumbledore se enteró de que habían pasado 3 meses de que la guerra había terminado.
-"¿Por qué permitiste que me salvaran Albus? ¿No te das cuenta que no haces más que prolongar mi agonía? Mi misión ya ha sido cumplida, mi vida ya no tiene razón de ser. Cualquiera con dos dedos de frente podría haberte sacado de este lienzo con un poco de preparación, incluso el mismo Potter. ¿Por qué haces esto conmigo? ¿Acaso no te has divertido ya suficiente con mi vida?"-Reclamó Snape al anciano de la pintura que lo miraba divertido con una sonrisa en los labios.
-"No es por mi Severus"- Y cambiando totalmente de tema mencionó. -"El amor es la magia más poderosa del mundo. Alguien espera por ti Severus y será muy importante en tu vida".
Snape salió del despacho con una frustración mayor a la que jamás había sentido. Para él nunca había sido una opción el sobrevivir a la guerra. Y su futuro era un enigma aún para él mismo.
Hermione Granger se encontraba en la casa de sus padres, sin saber exactamente dónde empezar su búsqueda. Y aun cuando los encontrara no tenía idea de cómo devolverles sus recuerdos. Aunque eso tampoco era su prioridad, ella quería saber si estaban bien, si sus acciones para mantenerlos a salvo habían valido la pena. Aun cuando no pudieran recordarla, la certeza de su seguridad era suficiente para ella. No esperaba rendirse ahora; pero sabía cuáles eran las consecuencias cuando aplicó sobre ellos ese hechizo.
Las semanas pasaron sin que ella pudiera encontrar alguna pista sobre el paradero de sus padres, estaba ensimismada en sus pensamientos cuando una lechuza se detuvo en el alfeizar de su ventana, con un sobre en el pico.
-"Carta de Hogwarts"- Se dijo a si misma mientras la abría para enterarse de su contenido. La carta era breve, Minerva McGonagall la citaba en su oficina para hablar de su futuro, no pudo evitar sonreír nostálgicamente al pensar en su futuro. ¿Acaso podía aspirar al mismo futuro que soñaba antes de que la guerra estallara?
Sin pensarlo dos veces se dirigió a la chimenea para terminar con ese asunto cuanto antes. Aunque las cosas en su vida personal no eran para nada como las había soñado tiempo atrás, era claro que no descuidaría sus estudios, su vida académica tendría que seguir como siempre.
-"Querida que gusto que vienes tan pronto"- Dijo Minerva con una sincera sonrisa en su rostro -"¿Cómo estas hace mucho que no sabemos nada de ti?"-
-"Muchas gracias profesora, disculpe el que no viniera antes; estaba intentando encontrar a mis padres pero no pude llegar a nada concreto. La realidad es que no tengo idea de donde están y no se siquiera por dónde empezar"-
-"¿No les diste algo para encontrarlos? ¿Algún hechizo para rastrearlos? ¿Algo?"- La preocupación que sentía por su alumna predilecta se notaba.
-"No quería correr ningún riesgo, sabía que podían usarlos para chantajearme de algún modo y no quise comprometer su vida, ellos no tenían por qué salir dañados. Así que no quise que nadie pudiera encontrarlos, aun cuando me capturaran y me torturaran o usaran Legeremancia en mi contra"- Respondió Hermione con un semblante bastante serio.-"Pero no estamos aquí para hablar de eso, ¿qué es lo que sucede profesora? ¿Cuál es la noticia que mencionó en su carta?"-
-"Claro, te cité aquí para hablar de tu futuro. El ministerio te da una oportunidad de terminar tus estudios en Hogwarts o continuar en una academia superior en la rama en la que tu decidas, a los Señores Potter y Weasley les hicieron el mismo ofrecimiento, ellos lo aceptaron y entraran en el siguiente curso a la academia de aurores, y tiempo atrás me mencionaste que querías especializarte en pociones."- Hermione se limitó a asentir sin interrumpirla -" Yo quiero ofrecerte un empleo en el colegio. Aunque más bien creo que serias tú la que me ayudaría a mí. Hogwarts es en este momento un caos, Severus pudo traer de vuelta a Dumbledore, hace unos momentos lo saco del lienzo; el retomó su cargo de Director. Severus estará en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, Horace no regresará necesita descansar después de la guerra; y aunque Severus insiste en que podrá tomar también pociones quisiera que tu tomaras los primeros tres cursos. Es demasiado para él y ambas sabemos que no está del todo recuperado. Yo hablare con él para que sea tu tutor y puedas presentar tu trabajo ante el ministerio para ser maestra en pociones. Esas son tus opciones ¿Qué es lo que quieres hacer?"-
Hermione la miró desconcertada, desde tiempo antes de la guerra se había planteado que quería estudiar pociones, pero para eso necesitaba tomar cursos avanzados con un tutor y Severus Snape era la única persona que podía ayudarla, por lo que había descartado la idea y se había inclinado hacía el campo de las leyes. Pero su verdadera pasión eran las pociones. Pero ahora la situación era distinta, aunque Severus Snape seguía siendo el murciélago de las mazmorras ya no le provocaba miedo como antes. Además la sensación que despertó en su cuerpo con la sola mención de su nombre, le emocionaba sobremanera. La idea de compartir los próximos dos años con él no le resultaba para nada desagradable. Sin pensarlo mucho respondió dejando ver por primera vez una sonrisa sincera.
-"Estaré encantada de ayudarla profesora; claro siempre y cuando el profesor Snape acepte, yo tampoco creo que sea una buena idea que quiera hacer todo el solo, usted tiene razón aunque él no diga nada estoy segura que no está completamente recuperado. Me da mucho gusto que el profesor Dumbledore esté de regreso, sé que el logrará convencerlo de que me acepte como su aprendiz, espero su confirmación en cuanto hablen con el profesor Snape. Me gustaría quedarme pero tengo una invitación para cenar en la madriguera. ¿Gusta acompañarme?"-
Minerva McGonagall había recibido la misma invitación así que se dirigieron juntas al lugar. Mientras tanto en otra parte del castillo un hombre solitario pensando en los últimos acontecimientos de su vida.
Desde que despertó en San Mungo con la noticia de que habían resultado vencedores en la guerra, el tiempo transcurría muy lentamente para él.
En el momento en el que todos se enteraron de su verdadera lealtad muchas personas habían intentado acercarse a él, cosa que le resultaba molesta en demasía. Toda su vida había podido manejar el odio que expresaban hacia él, pero el cariño, las muestras de afecto, el amor. Además de su madre nadie nunca lo había amado. No podía manejar eso.
Lo peor sin duda para él fue cuando al aparecer en Hogwarts y encontrarse con Minerva McGonagall ella lo abrazó y no conforme con eso le dio un beso en la mejilla. Después de su infructuosa charla con Albus, se disponía a ir a sus mazmorras el lugar en donde se encontraba seguro cuando al toparse en un pasillo con ella, ésta hizo público lo que sentía por él, puso en tales muestras de afecto todo ese agradecimiento y cariño que sentía hacia su amigo y que tenía guardado en su corazón.
Además las palabras de Albus Dumbledore aún sonaban en su cabeza.
-"El amor es la magia más poderosa del mundo. Alguien espera por ti Severus y será muy importante en tu vida….."- Dijo en voz alta y sacudiendo su cabeza como queriendo aclarar su mente continuó -"Basta Severus, saca esas tontas ideas de tu mente. Nadie llegará a tu vida, seguirás solo... siempre"