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Una vida sin magia — capítulo 19

En la fiesta del décimo aniversario del fin de la guerra, que se celebraba en el ministerio, todos estaban allí, llevaban un rato hablando, cuando Draco y Hermione hicieron su aparición, al verlos allí todos los miraron.Sirius con una sonrisa se acerco a su sobrino y a su mujer.

−Os habéis hecho esperar.

Draco lo miro. −Aunque te dije que vendríamos, hasta el último momento tuvimos dudas, no entiendo qué pintamos aquí, y mucho menos yo, que sabes que mis padres estuvieron en el otro lado.

−Es muy pronto para estar quejándote ven vamos a tomar un refrigerio.

−Si esto termina mal, te diré que ya te avise.

−Sí, sí, lo que tu digas. −Y los llevo a una zona donde estaban sirviendo bebidas.

Dora que estaba sentada junto a su marido, se levanto y se acerco a su primo. −¿Por qué esa cara tan larga?

Sirius la miro. −Tu primo que no quería venir, lo he obligado.

La mujer le sonrió. −Pero si va a ser divertido, no pongas esa cara.

Hermione le sonrió a su marido. −Solo será un rato, luego volveremos a nuestra casa y te podrás olvidar de todo.

Draco la miro. −Está bien, lo hago por vosotros.

−Lo sé.

−¿Eso quiere decir que dejaras de refunfuñar? −Pregunto Sirius.

−Lo hare, ahora me voy a sentar un rato, haber de que cosas interesantes me entero. −Cogió un vaso, un plato de comida y se fue a sentar a una de las mesas que habían colocado.

Llevaban ya un rato allí, y los grandes héroes habían hablado, cuando Ronald se acerco y los miro.

−¿Qué haces aquí? Eres hijo de mortifagos.

Draco suspiro y lo miro. −Ya sé lo que soy, no hace falta que me lo digas en todo momento. −Se levanto y miro a Hermione. −Voy al baño, espero que cuando vuelva, este tipo ya se haya ido.

−No tardes.

−No tranquila. −La beso y se fue, al llegar a los baños se metió en un cubículo y al salir para lavarse las manos vio que su tío Sirius estaba allí mirándolo.

−No hagas caso a Ronald, el siempre está igual, lo mejor es ignorarlo.

−Lo sé, ya hasta hago oídos sordos. −Draco se quito la chaqueta, se arremango las mangas de la camisa y se lavo la cara y las manos. −No me gusta este lugar, y nunca me gustara.

−¿Qué quieres decir?

El hombre miro a su tío. −¿Nunca te he contado de mi vida?

Sirius negó. −No.

−Tenía cinco años, y estaba durmiendo en mi cama, cuando una gran tormenta eléctrica se despertó, tenía mucho miedo, solo quería que mis padres cuidaran de mi, pero mi padre tenía otros planes, me dijo que los miembros de la familia Malfoy, teníamos que ser fuerte y no ser unos inútiles, que temíamos a todo, me lanzo dos crucios y me encerró en las celdas de la mansión, estuve allí no sé cuantos días, hasta que mi padrino llego y me saco, me pase dos semanas en cama, no solo por los crucios si no que mientras estuve allí abajo no me dieron ni agua ni comida. −Y lo miro. −Sigo vivo por Severus, el controlaba que mis queridos padres no me terminaran por matar.

−Los Malfoy nunca han sido conocidos por su piedad, y por el amor que les daban a sus hijos. −Y lo miro. −Eso ya lo has dejado atrás, y tienes una hermosa familia, he visto como tratas a tus hijos, te aman y no te temen.

Draco lo miro y se puso la chaqueta del esmoquin. −Es porque tengo a Hermione conmigo, si tuviera a otra mujer y hubiera estado más tiempo con mi padre, sería como él o peor aun.

−Has tenido suerte, supiste cuando escapar. −Y le sonrió. −Ahora volvamos a la fiesta.

−Sí.

Los dos hombres volvieron, Draco se sentó al lado de su mujer y le sonrió.

−¿Todo bien? −Pregunto la leona.

−Todo perfecto.

−Bien.

Susan que pasaba de todo eso de la guerra, y solo había ido a acompañar a su marido para que ninguna lagarta se lo quitara, se puso a hablar de negocios con Draco.

El hombre miro a Sirius. −Tío.

−Draco.

−Quiero que tires la mansión Malfoy abajo.

Al escuchar eso, todos lo miraron.

Sirius ignorando a todos los curiosos miro a su sobrino. −Por mi está bien, ¿pero para que la quieres tirar?

−Este verano, vendremos a pasar las vacaciones aquí, aunque los niños han nacido en Nueva York, quiero que conozcan el país donde nosotros nacimos, y no vamos a vivir todos en tu casa, que aunque es grande terminaríamos todos locos.

−Me parece bien. −Y lo miro. −¿Qué quieres que haga?

−Quiero que construyas una casa muggle, con magia no se tardara mucho, aparte de nosotros, vendrán mis amigos y mis sobrinos.

Sirius miro a Hermione. −¿Qué dices tú?

−No tengo problemas, Londres solo es una ciudad, y como dice Draco los niños tienen que conocer sus raíces.

−Iré a la mansión, guardare las cosas importantes y lo demás lo tirare.

−Sí. −Draco lo miro. −Aparte de eso, quiero que mires cuantas hectáreas tiene exactamente la propiedad, y vayas vendiendo tanto a muggles como magos, solo me quiero quedar con el jardín que hay alrededor.

−Lo haré, y es una buena idea eso de vender las hectáreas que te sobren. ¿Quieres vender algo más?

El hombre lo miro. −Si te soy sincero nunca me he puesto a comprobar lo que tengo y lo que no tengo.

Sirius se rio. −Ya me ocupare de ello, si te lo dejo a ti, nos haremos viejos.

−Oye que soy un hombre muy ocupado. −Y miro a su tío. −Quiero que mires las propiedades Black. −Y miro a Dora. −Quiero que te quedes la mitad de lo que me han dejado los abuelos. −Y antes de que pudiera decir algo, cogió a Hermione de la mano, y la saco a la pista de baile.

−No puedes huir, Malfoy, se dónde vives. −Dijo Dora.

Draco se rio y le saco la lengua. −No puedo esconderme mucho, pero de momento huyo. −Y se puso a bailar con su mujer.

Sirius y Remus se rieron.

−Vosotros no os riais que sois los siguientes. −Dijo Dora y miro a su tío. −Sabes que no me interesa ese dinero.

−Lo sé, pero él lo quiere compartir contigo, y si tenéis mucho dinero gracias al gran trabajo que hacéis en la empresa, pero nunca está de más tener.

Remus miro a su mujer. −Yo hare lo que tú quieras.

−Lo sé. −Suspirando miro a su tío. −Está bien, como decís nunca está de más tener dinero para cuidar de la familia.

Unas horas después, Draco ya se había cansado de estar allí, así que se acerco a Sirius que estaba hablando con algunos invitados.

−Tío Sirius nosotros ya nos vamos, ya he estado aquí casi 4 horas, hemos estado más del que te habíamos dicho, así que con tu permiso nos retirarnos.

Sirius le sonrió. −Nosotros tampoco tardaremos mucho irnos, nos vemos en casa.

−Sí. −Draco se iba a ir, pero miro a Ron que estaba comiendo. −Wesley-pis deberías de dejar de comer, si no tu mujer terminara por tener que llevarte rodando a todos lados como si de una rueda se tratara. −Miro a Sirius y le sonrió con una sonrisa inocente y se fueron.

Cuando Draco y Hermione se fueron, el hombre miro a Ronald que estaba rojo como su cabello. −Ni se te ocurra decir nada, has empezado tu primero, poniéndolo en esa situación, el solo ha venido porque yo se lo he pedido, así que mejor te cayas y sigues comiendo que es lo que se te da mejor.

−Vamos a bailar. −Dijo Susan que cogió a su marido de la mano, y se fueron a la pista de baile.

OOO

Scorpius se acababa de despertar y miro a su alrededor, estaba en su habitación en su casa con sus padres, se levanto y después de bañarse bajo al comedor donde vio a su madre, con sus hermanos desayunando.

−Buenos días.

−Buenos días. −Hermione le sonrió.

−¿Y papa? −Pregunto sentándose después de darle un beso a su madre y otro a su hermana.

−En la oficina.

−Quiero ir a verlo.

−Claro, puedes ir en mi coche, nosotros iremos al parque acuático.

Scorpius se puso un vaso de zumo y sonrió a su madre. −Le pediré a alguien que me lleve, luego iré a jugar a básquet, seguro que papa se apunta.

−Seguro, ya sabes cómo le gustan los deportes. −Hermione le sonrió. −Desayuna tranquilo, y luego puedes ir.

−Lo hare. −Y cogió una tostada para untarla con mantequilla y mermelada.

Draco estaba en su despacho trabajando, cuando tocaron a la puerta.

−Adelante.

−Soy yo. −Dijo Scorpius entrando y sonriendo.

El hombre al ver a su hijo sonrió. −¿Y esta sorpresa?

−He venido a hablar contigo.

−Dame un minuto. −Draco apago el ordenador y se levanto. −Para hablar es mejor estar al aire libre. −Y salió de su despacho y miro a Anna. −Cancela todas mis citas, no volveré al despacho.

−Sí.

−Eso es lo bueno de ser el jefe. −Dijo Draco sonriendo a su hijo mientras bajaban en el ascensor. −Que puedes decidir a qué hora se termina tu trabajo.

Scorpius le sonrió.

−Iremos al central park me gusta mucho ese parque, puedo pensar bien.

Un rato después, estaban comprando unos perritos caliente. −¿Y bien de que querías hablar conmigo? −Pregunto cuando termino de pagar y caminaban por el parque.

−Lo he estado pensando mucho, y no voy a seguir con esto de la magia. −Dijo dándole un mordisco a su hot dog.

−Si es lo que quieres, sabes que te apoyamos. −Dijo Draco.

−Lo sé, a ti te ha ido genial sin la magia, tienes una gran compañía con sucursales en medio mundo, tienes a mama y a mis hermanos, yo quiero hacer lo mismo.

El hombre sonrió. −He podido conseguir todo esto, porque me he rodeado de buena gente, tu también tienes buenos amigos.

Scorpius lo miro. −Lo sé, tengo a Ariadna, cuando terminemos la escuela le pediré que se venga conmigo.

−Si de verdad te quiere, se vendrá contigo. −Dijo Draco.

−Lo sé, me preocupa porque sabes lo testaruda que es, piensa que no es lo suficientemente buena para mí.

−Yo una vez me sentí así. −El hombre miro a su hijo. −Mi padre, era un hombre malvado, y siempre se tuvieron que hacer las cosas como él decía, cuando me di cuenta de los sentimientos hacia tu madre, creí que no era lo suficientemente bueno para ella. −Y le sonrió. −Pero ya conoces a tu madre que es testaruda como ella sola.

−Sí. −Y le sonrió.

−Demuéstrale que sí que es buena para ti.

−Lo hare, y Mark ya hablado con mi tío Sirius, le ha pedido que le contrate cuando terminemos.

Draco se rio. −Ya me lo ha dicho.

Scorpius le sonrió. −Yo quiero seguir con lo que tú has creado fuera del mundo de la magia, con la empresa, quiero seguir tus pasos.

Su padre le sonrió. −Y serás bien recibido en la empresa, no porque seas mi hijo si no porque realmente te interesan los ordenadores y este mundo.

−Sí, ahora no se que estudiar. −Dijo sonriéndole.

−Tienes para escoger, empresariales, informática, o tecnología, y tienes un año para hacerlo.

−Lo sé. −Y le sonrió. −Ahora que hemos hablado de cosas serias, he quedado con Jason para jugar a básquet. ¿Te apuntas?

−Me apunto. −Dijo sonriendo y padre e hijo se fueron.