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Historia 170095 — capítulo 7

Lucy sintió a alguien tocarle el hombro delicadamente y si no fuera porque Lorcan le había cubierto la boca con su mano, posiblemente hubiera lanzado un grito capaz de despertar a todas sus primas que dormían con ella. En cambio, al reconocer a su gemelo favorito como su supuesto atacante, se relajó visiblemente y le regaló una sonrisa cuando le liberó la boca, que él no tardó en devolver.

— Te tengo una sorpresa. — anunció, incorporándose y metiendo las manos en los bolsillos — Cambiate, te espero afuera.

La castaña amplió su sonrisa mientras el chico salía de la Sala Común de los Premios Anuales. Era reconfortante saber que en medio de la situación horrible que estaba pasando su familia, siempre podía contar con Lorcan para alegrar su día así que sin dudarlo salió del colchón en el suelo que estaba utilizando como cama y, cuidando de no molestar a ninguna de sus primas, se higienizó, se puso su túnica y salió.

Tal y como había dicho, el castaño Scamander estaba allí, apoyado contra una de las columnas, esperándola listo para depositar un beso en su frente, como cada mañana.

— ¿Qué es lo que haremos a las siete de la mañana? — preguntó curiosa, frotándose los brazos.

Lorcan se quitó la capa y la colocó sobre los hombros de la castaña, olvidándose de su propio frío en el momento en que ella lo miró con ese brillo en los ojos y le dedicó esa sonrisa que solo a él le dedicaba.

— Digamos que pedí algunos favores… — entrelazó los dedos con los de ella y comenzó a caminar hacía los jardines. — No sé si lo sabías, pero los elfos me aman.

— Aman a Lys. Y tú te aprovechas de que ellos no saben distinguir entre ustedes.

Lorcan le restó importancia con un gesto de manos y tuvo mucho cuidado al abrir las puertas de roble para salir. Técnicamente, no estaban rompiendo ninguna regla pero dudaba que a la celadora le agradara encontrarlos fuera a esa hora.

— De hecho, creo que ellos ni siquiera saben que Lys tiene un gemelo, lo cual es genial porque sino, no habría podido armar todo esto.

Con su mano libre señaló hacia donde una pequeña manta estaba tendida y, sobre ésta, lo suficiente para que dos personas desayunaran como reyes. El sol se reflejaba en la superficie del lago y mientras se sentaban uno al lado del otro todo se veía tan pacífico, que sintió la necesidad de preservar ese momento por siempre.

<< Ten. — le acercó el cuaderno y la cartuchera con útiles que guardaba en su habitación. — Imaginé que querrías "preservar el momento para siempre".

Cualquiera pensaría que, conociéndose desde pequeños, Lucy estaría ya acostumbrada a que Lorcan la conociese mejor de lo que ella misma se conocía y tuviera esos detalles, pero la verdad era que él siempre lograba sorprenderla. Lorcan era así de especial: volvía cada momento único y la hacía sentir única también.

— Eres increible.

Estar allí le permitía, al menos por un rato, olvidarse de todo lo que estaba sucediendo. Los pájaros volando por sobre el bosque prohibido, el viento moviendo las hojas y las ocasionales apariciones del calamar gigante; todo era perfecto y el hecho de que Lorcan estuviera allí con ella, mirándola dibujar, apoyándola en silencio, volvía todo mejor.

Era lo único que necesitaba en ese momento de locura, su cable a tierra.

— ¡Déjame ver! — insistió intentando sacarle el cuaderno.

— ¡No aún! Ya casi está terminado. — prometió, dando los retoques finales. Luego, le entregó el cuaderno, esperando una devolución.

En el dibujo podía verse a Lorcan, de frente, sonriéndole mientras el sol iluminaba su cabello, haciéndolo parecer aún más claro. De fondo, parte del bosque y del lago. La posición del sol en ese momento hacía parecer todo más hermoso y pacífico y eso era lo que intentaba Lucy reflejar.

— Es perfecto, Lu-Lú.

Abrió los brazos para que ella apoyase la cabeza en su pecho y comenzó a acariciar su cabello lentamente. El desayuno había quedado dejado de lado, ninguno de los dos le estaba prestando atención a toda la comida que los elfos les habían preparado, solo les importaba el otro estando allí, a su lado.

— ¿Por qué no pueden todos los días ser así? — murmuró pero no tenía necesidad de hablar más fuerte: estaban tan cerca y todo estaba tan callado, que podía oírla sin problemas.

— Supongo que… la vida sería aburrida con tanta paz.

Se incorporó para poder mirarlo a los ojos, las mismas orbes verdes que compartía con su hermano y sin embargo, lo que conseguía que Lucy los distinguiese sin dudar ni un segundo.

— Paz es lo único que necesitamos en este momento. Y parece que también es lo único que mi familia jamás conseguirá.

Lucy jamás era pesimista. Es más, ella solía caracterizarse por ver las cosas siempre positivas, el vaso medio lleno pero ni siquiera ella podía ver la luz en esa situación. Estaban a miércoles y aún no había habido ni una sola noticia sobre Victoire, ni una simple carta diciendo que todo estaría bien o que estaban más cerca de encontrar a su prima. Y cuanto más tiempo pasaba, más perdía las esperanzas de que aquello pudiera tener un desenlace feliz.

— Todo saldrá bien. — aseguró sonriendo de costado, antes de soltar el comentario que arruinaría por completo la mañana: — Y si no lo hace, aún tendrás otros once primos. Eso es lo genial de los Wotter, no se extinguen jamás.

— ¿Qué?

Tal vez si Lorcan hubiera tenido más experiencia con mujeres, hubiera sabido que ese era el momento para callar e intentar distraerla con algún cumplido hacía su cabello o sus ojos; hubiera sabido que había metido la pata, profunda y parejamente, y que tendría que dedicar días completos a enmendar su error. Pero él no tenía experiencia con las mujeres y no conocía los peligros de que lo él consideraba una simple broma para quitar la tensión, por eso simplemente río. Río sin notar como la expresión de Lucy se transformaba en un microsegundo.

— ¡Son como las plagas! Terminas con una y aparecen diez más. — bromeó entre risas.

— Eres un grandísimo idiota.

Lucy no entendía por qué todo siempre terminaba así con Lorcan. Cada vez que ella quería hablar algo serio, algo que la preocupaba, él simplemente lanzaba un comentario estúpido y sin sentido, logrando arruinar la mañana perfecta que estaban teniendo. ¿Tan difícil era para él tomarse aunque sea una cosa en serio? ¿De veras le costaba tanto dejar los chistes de lado? Para ella, y estaba segura de que para nadie, lo que estaba sucediendo era gracioso. No había nada gracioso, absolutamente nada y sin embargo el castaño se las arreglaba para bromear al respecto.

Siempre, siempre era igual. Y siempre terminaba con ella alejándose enojada y él confundido, sin saber por qué la chica se había enojado con un inofensivo comentario.

Molly no tuvo que preguntarle a su hermanita qué sucedía cuando la vio atravesar las puertas de roble furiosa y supo que tampoco era momento de echarle la bronca por haberle dado a ella y todos sus primos el susto de su vida, al despertarse y no encontrarla con ellos.

— ¡Lucy! — Lily fue la primera en llegar a ella e instintivamente la abrazó, para luego alejarla y empujarla. — ¡Maldición, me asustaste! ¡¿Cómo vas a desaparecer así?!

— Iré a avisar al resto que la encontramos.

Scarlet le hizo una seña a Davina y ambas se separaron para buscar al resto de los Wotter y amigos que se habían levantado desesperadamente corriendo para emprender la búsqueda de la Weasley menor.

— Lorcan es un imbécil. — fue lo único que escuchó Molly antes de ver a Lily enganchar su brazo al de su hermana y sacarla de allí rumbo al primer piso.

Sintió como el peso en su pecho se iba levantando, al saber que la castaña estaba bien y al voltearse para volver a la Sala Común de los Premios Anuales y ponerse el uniforme apropiadamente, toda la tensión regresó. Andrew Rhodes tenía sus penetrantes ojos azules clavados en ella, acorralándola entre la pared y su persona.

— Molly-Love… — suspiró su nombre como si llevara semanas queriendo hacerlo y luego la abrazó. — Merlín, te he extrañado tanto.

La pelirroja se quedó completamente paralizada ante el contacto, con los brazos inertes a cada lado de su cuerpo mientras lo sentía a él, de entre todas las personas, estrechándola. Sintió un vuelco en el estómago y que las piernas le fallaban mientras su fragancia inundaba todos sus sentidos, atontándola por unos segundos. Y cuando él finalmente se separó, simplemente volvió a mirarla a los ojos con la misma intensidad que había sabido enamorarla y en lugar de sostener su cuerpo contra el suyo, simplemente la tomó del rostro y acarició su mejilla.

<< Oí lo de Victoire y… quise acercarme ni bien me enteré pero no sabía cómo. — apoyó su frente contra la de ella, demasiado paralizada como para saber cómo reaccionar, y cerró los ojos mientras sus pulgares seguían recorriendo sus mejillas como el parabrisas de un auto.

Por un segundo, Molly se sintió como si hubiera vuelto en el tiempo, a esos meses previos al verano, cuando ellos estaban juntos y ninguna Chloe estaba en el medio. Y en ese ínfimo segundo, se sintió otra vez en casa, segura, acompañada. Cerró los ojos y se dejó cegar por esa sensación de calidez en su estómago que sólo el Slytherin era capaz de provocar en ella.

— Tengo mucho miedo. — admitió en voz baja, negándose a abrir los ojos y romper con la magia.

— Lo sé. — respondió él, besando suavemente su frente y volviendo a acercarla a su pecho, acariciándole el cabello.

El sonido de alguien aclarándose la garganta tras ellos los sacó de su ensoñamiento y Molly se separó, con la cabeza gacha, para huir avergonzada.

Apoyado contra una de las columnas, las manos metidas en los bolsillos de la túnica como si no le importara, Austin Donovan miraba la escena con las cejas alzadas. Andrew sabía lo que venía a continuación y aunque deseaba evitarlo, conocía a su mejor amigo lo suficiente como para saber que le diría lo que quería decirle, sin importar cuánta resistencia pusiera. Por esa misma razón se acercó a donde el castaño esperaba, resignado a ser puesto en su lugar.

<< Si vas a decirme que soy un idiota y no debería confundirla… ya lo sé, pero no puedo evitarlo. No soporto verla así.

— No iba a recordarte que eres un idiota, eso es obvio. — le dedicó una media sonrisa torcida y el azabache rodó los ojos. Austin no era Sr. Sonrisas, más bien todo lo contrario, pero disfrutaba de un buen sarcasmo y tomarle el pelo a su amigo siempre que podía. — Solo iba a decirte que si realmente quieres volver a intentarlo con Molly, resuelve tus asuntos con Chloe y Maggie o el que te partirá la cara de un golpe esta vez no será Potter, seré yo.


Al finalizar la segunda guerra mágica, la familia Malfoy había tenido que superar grande obstáculos. Los juicios, las malas miradas, los susurros. Si bien habían comenzado un par de años atrás, con el encarcelamiento de Lucius, habían frenado durante el corto reinado de Voldemort y en ese momento volvían a empezar. No todos en la comunidad mágica creían el arrepentimiento de la familia y mucho menos creían que merecieran la redención, pero Harry Potter se había asegurado de aparecer en cada juicio para "salvar tu albino trasero, Malfoy", como solía recordar Ron Weasley.

Sin embargo, una vez terminados los juicios, la situación tampoco había mejorado demasiado; no irían a prisión, pero había demasiadas personas que les habían jurado venganza por su deserción. Tan solo dos años luego del final de la guerra, un grupo de ex-mortífagos había atacado y Lucius Malfoy había sido encontrado asesinado en una callecita paralela del Callejón Diagon.

Había sido un golpe duro para la familia. Narcissa creyó que jamás se recuperaría pero junto con la tragedia, o tal vez gracias a ella, su hermana Andrómeda se había presentado en las puertas de la Mansión Malfoy, dispuesta a hablar con su hermana menor luego de tanto tiempo y ayudarla a superar la mayor pérdida de su vida. Porque los demás podrían decir lo que quisieran de su familia, pero ella realmente amaba a su marido y a su hijo con cada fibra de su ser.

Teddy había sido de gran ayuda durante el duelo, quien con sus sonrisas y colores extravagantes de cabello llenaba de luz la mansión, y también Astoria había sido fundamental. Si bien la chica llevaba tan solo unas semanas saliendo con el Malfoy menor, no había dudado ni un segundo en dejar de lado todo para pasar cada día y cada noche al lado del rubio, brindándole su apoyo incondicional. Después de todo, para ella la familia era sagrada. Y tal vez por esa misma razón, no había dudado ni dos segundos antes de gritar "¡Si, si, claro que acepto!" ante la propuesta de casamiento de Draco, dos años después.

— Cariño, ten. Te ayudará a calmarte.

Teddy no emitió palabra, pero aceptó la taza de té que su tía abuela Narcissa le alcanzaba. Llevaba días sin hablar, sin hacer contacto visual con nadie y solo parecía despertar de su ensoñamiento cada vez que Harry aparecía, esperanzado de que trajera noticias, buenas noticias. Se pasaba las horas mirando la puerta esperando, deseando con todo su corazón, ver a Victoire entrar por allí, sana y salva.

Las hermanas Black compartieron una mirada, la preocupación rebosando en sus ojos. Luego de la muerte de Lucius, no les había tomado tanto como habían creído recuperar su relación. Menos aún cuando a Andrómeda le habían ofrecido, por tercera vez, un importante puesto en la oficina de Cooperación Mágica Internacional y ésta, en lugar de negarse como las anteriores veces, había aceptado bajo la promesa de su hermana de que la ayudaría a cuidar a Teddy cuando tuviera que viajar por demasiado tiempo. Unos meses después, el pequeño metamofómafo tenía su propio cuarto en la mansión, y al poco tiempo, también Andrómeda. Narcissa sentía que su hogar le quedaba cada vez más grande y pensó que tener a su hermana cerca, quien también había perdido a su marido, la ayudaría aún más.

— Todo saldrá bien, Teddy. — musitó Andrómeda, mirándolo con dulzura, intentando conectar. Y aunque él seguía sin mirarla, ella no dudó en tomarle la mano. — Victoire es una chica fuerte. Te aseguro que estará bien.

— ¿Y si no lo está? — murmuró con la voz ronca. — ¿Y si ellos…? ¿Y si ella está…?

No pudo terminar la frase. No podía decirlo en voz alta, pero eso era en todo lo que pensaba. ¿Y si ella estaba muerta? Teddy sabía perfectamente que no se lo perdonaría jamás. Los demás podían repetirle mil veces que aquello no era su culpa, pero si lo era. La habían secuestrado porque él había presionado demasiado y ahora tenía que soportar las consecuencias.

— Deja de hacer eso. — le exigió entonces Narcissa, con voz dura. — No te sientes aquí a sentir pena de tí mismo. — su hermana le lanzó una mirada de advertencia, que naturalmente ignoró. — Tu prometida está allí afuera, en algún lado, esperando a que tú la rescates. ¿Quieres asegurarte de que ella estará bien? Entonces llama a Potter y dile que quieres ayudar. Sube a tu cuarto y lee cada carta que alguna vez alguien te haya mandado. Busca entre las personas que están en el Wizengamot y saben de la ley. Ve al trabajo de Victoire y pregunta si alguien ha estado vigilándola. Pero no te quedes aquí, lamentándote, pensando estupideces. Se un hombre y haz algo.


Hollie Northman estaba por darse por vencida cuando, en un jardín interno del tercer piso, vio a dos chicos fumando. Llevaba cerca de cuarenta minutos recorriendo el castillo en busca de alguno de los hermanos Potter o de su mejor amiga, Rose, pero no parecía haber rastros de ninguno de ellos desde el almuerzo.

La chica comenzaba a preocuparse de que hubiera vuelto a pasar algo malo así que se adentró en el jardín, ignorando la repulsión que le causaba el humo del cigarrillo, segura de que los dos Gryffindors podrían ayudarla.

— Wood, Jordan… — les llamó la atención con voz suave — Lamento molestarlos, es solo que…

— No nos molestas.

Antes de que pudiera dar sus razones, Alex le dedicó una de esas sonrisas de costado que había sabido derretir a varias desde que había aprendido a usarla a su favor. Niall lo miró de refilón, sin decir nada, y Hollie se le quedó mirando unos segundos, confundida, antes de aclararse la garganta y retomar.

— Sí, bueno… — había algo en los ojos verdes del castaño que la hacía poner nerviosa, más cuando la miraba directo a los suyos, así que se concentró en el moreno. — He estado buscando a James y a Albus pero no los encontré. ¿Acaso saben dónde podrían estar? ¿O si pasó algo malo?

— No creo que quieras cruzarte con ellos ahora, Northman. No hay noticias de Victoire aún y… las cosas no están bien para ninguno de ellos.

— Justamente por eso los estoy buscando. Soy su amiga. Si están mal, debo, quiero estar allí para ellos así como ellos están siempre para mí.

— Creo que no estás entendiendo lo que Niall te quiere decir. — intervino nuevamente Alex. — James y Albus no están tristes, están enojados. Y cuando los Potter están enojados… bueno, ellos tienen una forma bastante peculiar de lidiar con la furia.

Hollie miraba a ambos chicos confundida, sin entender el código con el cual parecían intentar explicarle qué sucedía. Ella simplemente quería encontrar a sus mejores amigos y acompañarlos, pero la tarea se le complicaba si ni siquiera querían decirle dónde estaban.

— ¿Qué quieren decir con eso?

— Que Albus tiene su lengua atascada en la boca de una Ravenclaw y James está practicando lucha libre con un muñeco en la Sala de Menesteres.

Grace Monroe pasó por su lado y tomó uno de los cigarrillos de Niall, apoyándose contra una de las columnas y encendiéndolo con su varita.

Cualquiera, sin siquiera conocerla, podría darse cuenta que la chica estaba enojada. Era un libro abierto y cuando de celos se trataba, todo su cuerpo hablaba por ella.

— ¿Qué sucede? ¿Te molesta que no sea tu boca, Gracie?

— Cierra el pico, Jordan. No estoy de humor para sus pendejadas.

Alex tuvo que morderse la lengua para no soltar un comentario que lograra enojar aún más a la cobriza. Generalmente ella era todo sonrisas y bromas de doble sentido, siempre lista para una nueva aventura, pero Albus la sacaba de eje siempre. Ellos no eran nada, pero eran todo a la vez, y se ponían de un humor de perros cada vez que el otro hacia algo que no les gustaba.

— Debes estar confundida. Al no es un mujeriego. — le aseguró la rubia, sonriéndole. Ella era plenamente consciente de la no-historia que su amigo tenía con la Hufflepuff y a veces deseaba que dejaran de ser tan idiotas y afrontaran lo que les pasaba, en lugar de ese juego de histeriqueos y celos que llevaban. — Él jamás utilizaría a una chica de esa manera.

— No es un mujeriego, cierto, pero sí un pacifista. — especificó Alex, volviendo a clavar sus ojos en los azules de ella con total seguridad y sonriéndole como quien sabe una gran verdad. — Y como no puede golpear las paredes hasta quebrarse los nudillos, como James…

— Mete su lengua en la garganta de desconocidas. — bufó Grace. — Grandísimo imbécil.

Totalmente confundida con cómo había resultado esa conversación, Hollie vio a la cobriza apagar el cigarrillo contra el suelo, hacerlo desaparecer con un simple movimiento de varita y salir de allí, tan enojada como había llegado. Abrió y cerró la boca un par de veces, intentando encontrar algo que decir, pero el ambiente había quedado tan extraño, que simplemente les dedicó un asentimiento de cabeza y se fue detrás de la chica, deseando al menos encontrar a Rose y Scorpius.

— Olvídate de eso. — le advirtió Niall, levantándose de su lugar en el pasto y mirándolo severamente desde su altura.

— ¿De qué hablas?

— Conozco esa mirada, Wood. Dejala en paz o James te la cortará sin pensarlo dos veces. Ya bastante has presionado metiéndote con Dominique, no agregues más leña al fuego.


Si bien la mayoría de los trabajadores habían partido a su casa horas atrás, en el nivel dos del Ministerio de Magia, en una de las oficinas del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, un grupo de hombres y mujeres discutía acaloradamente.

— Les mandaré una carta. Les diré que estoy interesado en unirme a ellos o lo que sea y así podré sacarles información sobre el paradero de Victoire.

— Eso no funcionará, Draco. — Richard Monroe miró a su cuñado, ya cansado. Les quedaban pocas horas para encontrar a Victoire y seguían en el mismo punto que el sábado.

— Papá tiene razón. — intervino Adam de inmediato, al ver que su tío estaba a punto de replicar.  — La logia no sobrevivió todos estos años siendo estúpidos; olerán la trampa en segundos y podrían desquitarse con la chica.

El castaño era uno de los aurores más jóvenes y prometedores que se habían graduado de la Academia y eso no era debido a su apellido sino a que, mientras la mayoría de sus compañeros había vuelto a casa, él había cancelado la cita con su novia para poder quedarse allí, a ayudar. No para ganar puntos con su jefe, sino porque estaba en su naturaleza el acudir ante la necesidad de los otros.

En una de lasesquinas, Hermione permanecía apoyada contra una de las paredes mientras miraba el cielo estrellado por el ventanal mágico del cual su oficina disponía. Tenía marcadas ojeras, después de todo no había pegado un ojo en esa semana, pero lo más perturbador era que lucía como si ya hubiera perdido todas las esperanzas. Por primera vez en su vida, la castaña sentía que ya no tenía sentido pelear, que la batalla estaba perdida.

— ¿Estás bien?

Ron Weasley la abrazó por detrás, apoyando la pera en su hombro derecho y alejándose de la discusión que su mejor amigo, su hermana y los Greengrass-Monroe llevaban intentando convencer a Malfoy de que su idea no era una buena idea.

— Si, tan solo…

— No tienes que fingir conmigo, Hermione.

Ella giró sobre su eje y apoyó su frente contra la de su marido, mientras él depositaba dulcemente las manos en su nuca, fortaleciendo aún más la unión.

— Todo esto es mi culpa. — susurró, mirando el suelo avergonzada.

— No, ¡no lo es!

— Si lo es. Victoire está secuestrada porque yo… porque yo… — su voz se quebró pero eso no la detuvo — Podría haber sido Rose… o Hugo… si yo tan solo no hubiera…

— ¡Maldición, Hermione, no hagas esto! — espetó, en voz baja pero con tono duro. — No te culpes a tí, no te des por vencida. — la tomó del mentón y sus ojos chocolate conectaron con los suyos azules. — Lograremos salir de esta. Siempre lo hacemos.

Pero esta vez la castaña no estaba tan segura de ello.

Quería creer que todo saldría bien como siempre, pero era jueves por la noche, tan solo le quedaban unas pocas horas, y ellos no tenían ni una sola pista sólida de dónde su sobrina podría estar.

Sin embargo, hizo un intento de sonrisa que parecía más una mueca y juntó sus labios con los de su marido antes de volver a donde sus amigos y colegas intentaban agotar todos sus recursos para encontrar a Victoire, sana y salva.


— ¿Alguna idea de por qué Albus Potter está besándose pornográficamente con Sarah Parker en la entrada de la Sala Común?

Elizabeth Dankworth se deshizo de la colita de pelo que había usado para ir a correr y se tiró en la cama, porque si bien estaba transpirada y desesperada por una ducha luego del ejercicio, la puerta del baño le indicaba que una de sus compañeras lo estaba ocupando. Megan Nott, su mejor amiga, quitó la mirada de la revista que estaba ojeando y sin inmutarse respondió:

— Su prima está secuestrada, solo exterioriza. ¿O no viste a Lily en la misma situación, con el princesucho?

Elizabeth sabía perfectamente que aunque su amiga fingiera que nada era lo suficientemente interesante para obtener su atención, estaba al tanto de todo lo que pasaba en el castillo y por eso sonrió. Porque a pesar de los años, la castaña seguía con la misma pose de superioridad que tanto le divertía a ella pero que se había ganado el odio del resto de la población femenina.

Desde el momento en que la había visto embrujar, con tan solo once años, a un chico de cuarto que intentaba molestarla por los pasillos, había sabido que esa niñita malcriada, como la llamaban el resto de sus compañeras, sería su mejor amiga. Porque no se dejaba pisotear por nadie y eso era lo que más adoraba de ella. Era lo que las hacía iguales en tantos sentidos.

— Debe ser horrible, pero ya. ¿Crees que deberíamos intervenir en la situación Scarlet-Jacobo-Lily? No veo manera de que eso termine bien.

— Sí, lo sé. A mi tampoco me agrada.

— Somos sus hermanas mayores. No podemos permitir que se peleen por un chico. Las hermanas van primero, siempre, esa es la ley de oro.

— Lo sé. — repitió la castaña, mordiéndose el labio inferior pensativa. — Pero siempre hay más de lo que parece con Scarlet. Yo le enseñé eso.

La rubia no estaba segura de qué significaba eso, pero ella no conocía tanto a la chica Malfoy como para opinar al respecto.

Tanto ella como Megan odiaban al chico, en un principio porque todas sus compañeras lo idolatraban y parecían besar el piso por donde él pasaba y en segundo lugar, por cómo había manejado su noviazgo con Scar. En ese tema, la castaña estaba más informada, pero las dos lo odiaban por igual.

— Si tú lo dices… — murmuró, encogiéndose de hombros e incorporándose de la cama cuando escuchó que el grifo del baño se cerraba y posiblemente no faltara mucho para que lo desocuparan. — Cambiando de tema, ¿cómo es que aún no ha habido reunión para la actividad post-fiesta oficial de Halloween? ¡Es la fiesta más importante del año y aún no tenemos nada!

Megan se calló cuando su compañera salió del baño y esperó hasta que ésta saliera de la habitación, sin dirigirles ni una mirada como siempre, antes de responder.

— Hoy estuve hablando con Rhodes y Donovan al respecto. La Weasley mayor era la encargada de organizar todo esto pero con lo de su prima… en fin, la organización es un desastre total.

— ¿Y desde cuándo dependemos de la aburrida Weasley para organizar una fiesta? ¿Acaso el resto no puede hacer nada sin ellos?

Elizabeth no tenía nada personal en contra del clan Wotter, pero realmente le fastidiaba como toda la escuela parecía paralizarse ante cualquier cosa que los involucrara. Esa vez se trataba de algo serio, pero la rubia realmente se había cansado de todas las veces que el castillo se llenaba de cuchicheos por alguna estupidez insignificante que algún miembro de esa familia o amigos había realizado. No eran de la realeza, pero todos parecían idolatrarlos. Tal y como pasaba con Jacobo.

— Sabes que este colegio es Wotter-centrista — la castaña rodó los ojos, tan harta como la otra, y se sentó en el suelo del baño con una lima de uñas mientras Dankworth comenzaba a ducharse, rogando que el agua caliente aflojase sus músculos. — Y de todas maneras, no es como si a Drew se le cayera una idea inteligente, pero al menos me dijo que convocaría una reunión con los de sexto y séptimo para este sábado. — y luego, en un tono demasiado frío y desinteresado para hablar de un tema tan delicado, agregó: — Aunque seguramente todo se cancele si la reportera no aparece viva mañana.


Viernes por la mañana y en la Sala Común de los Premios Anuales se respiraba el mismo ambiente que en Shell Cottage: miedo, ansiedad. Todos permanecían inmóviles en sus lugares, demasiado aterrorizados de que un movimiento brusco pudiera terminar en tragedia.

Dominique estaba sentada en el sillón, abrazando sus rodillas mientras las lágrimas caían por su rostro. Su mamá había dejado de intentar hablar con ella, porque no sabía qué decirle ya, y su papá se había encerrado en su cuarto, demasiado perturbado con la situación.

Un extraño chispeo llamó la atención de la rubia, y se limpió rápidamente el rostro antes de mirar a la chimenea, encontrándose con los rostros idénticos de Lysander y Lorcan Scamander mirándola entre las llamas. Los gemelos parecían estar discutiendo por algo y no se percataron de que Dominique estaba allí hasta que ésta se aclaró la garganta, agachándose junto al fuego.

— Ey, chicos, ¿qué hacen?

Intentó mostrarse entera y componer una sonrisa, pero ninguno le creyó. Lorcan se consideraba un excelente actor y, como tal, sabía perfectamente cuando alguien estaba fingiendo, y Lysander tenía una extraña habilidad para notar cuando alguien no estaba bien. Era como si pudiera ver los colores de las personas, leer su aura. Y claramente, el aura de Dominique no estaba bien en ese momento, pero ellos no eran quienes para cuestionarla, menos aún en su situación.

— Neville nos dio permiso para hablar con Louis. ¿Está por allí?

— Iré a buscarlo.

Tomó una de las túnicas de invierno que estaban colgadas en la entrada y se la puso antes de salir. Jamás había visto a su hermano tan callado y sumido en sí mismo como esa semana; ella tampoco había sido una gran compañía pero el rubio lo único que hacía durante el día era sentarse en la playa y mirar las olas romper contra las rocas. Exactamente así lo encontró Dominique, con un cigarrillo en la boca y la cajita a un costado.

Se sentó a su lado, en el mismo lugar que había ocupado toda esa semana, tomó un cigarrillo para ella misma y Louis le alcanzó el encendedor sin mirarla. Allí hacía incluso más frío, el viento les azotaba el rostro y Dominique tuvo que abrazarse con más fuerza aún para intentar conservar algo del calor que traía de la casa.

Ambos tenían su mirada perdida en el mar, en las olas salvajes que rompían contras las rocas pero no llegaban a salpicarlos, hasta que el cigarrillo de él se terminó y tuvo que fijar los ojos en su hermana.

— ¿Hay noticias?

— No, nada aún. — suspiró, alejando el cigarrillo de sus labios y soltando el humo pero con la mirada aún en el mar. Había algo casi poético en su postura y la manera en que el viento le despeinaba el cabello. — Lys y Lorcan están en la chimenea, buscándote.

El chico asintió y se puso de pie, pero antes de volver hacia la casa, miró a su hermana intensamente a los ojos, verde contra azul por primera vez en días, y le dijo:

— Todo saldrá bien. Te lo prometo.

No se quedó esperando una respuesta. Le echó un último vistazo al revoltoso mar, que ese viernes estaba del color azulado que tanto le gustaba, y se metió en la casa, rogando por que sus padres no notasen el olor a tabaco que llevaba impregnado en su cuerpo y ropa.

Sus dos mejores amigos cuchicheaban algo entre ellos, pero la comunicación por red flu no era lo suficientemente clara como para que entendiera de qué se trataba y ambos se callaron en cuanto lo vieron, así que dedujo que estaban hablando de él.

— Luces terrible.

Lysander codeó a su hermano, molesto, pero Louis sonrió. La primera vez que sonreía en esa semana y todo gracias a la falta de tacto del castaño, quien aún con quince años tenía problemas entendiendo las normas sociales que regían su mundo tales como no decirle lo destruido que lucía cuando su hermana estaba desaparecida y podía aparecer muerta en unas horas.

— Aún así, sigo siendo el más guapo de Hogwarts. Las encuestas lo dicen.

Ambos chicos sonrieron, sabiendo que era verdad. El año pasado un grupo de chicas de séptimo había realizado una lista de Los más guapos y las más guapas de Hogwarts y por primera vez luego de dos años consecutivos, Louis había destronado a Alex Wood y junto a Dominique, se habían ganado el puesto número uno de la lista.

— Solo es por los genes veela. Atontas a las chicas.

— No es cierto. — contrapuso Louis, sonriendo de costado. — El gen veela no se pasa a los hombres y lo saben. Es todo mérito mío.

Lysander sonrió observando que, si bien el aura de su mejor amigo seguía apagada, destellaba un poco más que antes gracias a lo que él mismo había bautizado como el "Efecto Lorcan". Su gemelo tenía esa habilidad de cambiarle el humor al resto, ya sea para bien o para mal.

Estaban allí con un único objetivo: distraer a Louis. Porque si algo sabían del rubio, era que no tenía la habilidad de manejar situaciones delicadas. Por el contrario, jamás sabía cómo actuar y cuanto más lo presionaban, peor era. Él no tenía la música como Hugo para expresar lo que sentía, ni la habilidad con las palabras de Victoire. Él se cerraba. Y si bien los gemelos sabían que esa era una actitud poco saludable, no podían cambiarlo, solo acompañarlo e intentar que el momento pasara lo más rápidamente posible. Después de todo, en ese momento se definiría todo.

— Ey, ey, ey — intervino Lys, con una media sonrisa. — No estoy tragando cenizas para que sus egos puedan seguir peleando; eso pueden hacerlo cualquier día.

— Además, todos sabemos que yo ganaría esa batalla y tu frágil orgullo no lo soportaría.

Desde su casa, Louis pudo ver como Lys empujaba a su hermano.

— Ya sabes, Lorcan hoy se levantó en modo patán.

Louis soltó una risotada, por un segundo olvidándose lo que estaba pasando en su casa y deseando estar junto a sus dos mejores amigos. Lysander podía ser el más extravagante y el que vivía más con la filosofía de creer en todo de su madre, pero irónicamente era el único centrado que traía algo de equilibrio al grupo. Porque si todo se resumiera a él y los mil personajes de Lorcan, ellos serían un desastre, encerrados en la Sala Común de Ravenclaw toda la noche discutiendo desde quién era el más guapo hasta cuál había sido el peor Primer Ministro muggle de esos último 100 años, olvidándose de cosas tales como comer o ir a clases.

— ¿Hay algún día que no se levante en ese modo o alguno similar?

— Si estuvieras aquí, te golpearía.

— Si estuviera allí, no podrías conmigo. — retrucó el rubio, con una pedantería innata. — Ni aunque te internaras en el gimnasio un año entero.

— ¿Acaso esos no son los lugares donde la gente pretende correr pero no se mueve y para colmo suda como un cerdo alado llevando un par de huevos de hipogrifo?

Louis miró por unos segundos al gemelo de la derecha y si no fuera porque alguien había entrado en la cocina, hubiera lanzado la tercera carcajada de la semana; Lysander entendía tanto de cosas muggles como él lo hacía de cocina, es decir, absolutamente nada.

Sin embargo, su papá había bajado al living corriendo y solo había alcanzado a oír el "tienen una pista", antes de verlo desaparecer, con su madre detrás.


Ginny Potter odiaba el silencio.

Después de años viviendo en la alborotada Madriguera, no lograba sentirse cómoda sin el ruido.

Cuando Harry estaba lejos en alguna misión, los niños en Hogwarts y ella se quedaba sola en la casa, hacía casi cualquier cosa para hacer ruido: ponía música, escuchaba la radio, cantaba o incluso acomodaba las ollas de la cocina con el único objetivo de escucharlas chocar una contra otra. Lo que jamás hacía era hablar consigo misma, porque entonces la posibilidad de que la voz de él, de Tom, le respondiera, la aterrorizaba. Su peor miedo era que un día ella estaría murmurándose para mantener el silencio acorralado y la voz de él le respondiera.

Por eso mientras preparaba el té, tarareaba una canción que Albus le había hecho escuchar al principio del verano y no había podido sacar de su cabeza. Tarareaba y preparaba el té. Preparaba el té y tarareaba. Pero jamás dejaba que el silencio invadiera la cocina.

Hermione se había aparecido en su casa dos minutos después de haber recibido el patronus de Harry, avisándole que tenían una muy buena pista. La castaña estaba blanca como las paredes de su entrada y Ginny la había obligado a sentarse frente al fuego antes de desaparecer en la cocina. Si algo había aprendido de su madre, era que con el estómago lleno y caliente, todo era más sencillo.

— Ten.

Le dió una de las tazas con té negro a su amiga y tomó la otra para ella misma, sentándose en el sillón que estaba colocado al lado de ella. El jarrito con leche permanecía aún en la bandeja, por si alguna de las dos quería agregarle más a su bebida, junto a los scones y bollos que había llevado para acompañar.

— Gracias, Ginn. — el calor de la infusión devolvió algo de color a las mejillas de Hermione y la pelirroja supo que había hecho bien en preparar todo aquello antes que nada. — ¿Has sabido algo? De… ya sabes…

— Harry me mandó un Patronus. — apoyó la taza en la bandeja y se sentó en el borde del sillón, de manera tal que tomar la mano de su amigo en forma de apoyo no le resultara complicado. — Intenté mandarle otro para acompañarlo pero…

— Sabes que de todas maneras no lo hubiera permitido. — susurró Hermione, casi sonriendo. — Es demasiado profesional para eso. Incluso puso a Peterson a cargo, para no perder el enfoque.

— Lo sé… es solo que… — pero se interrumpió, tragando saliva, sabiendo que lo último que necesitaba su cuñada en ese momento, era escuchar sus miedos. Conocía a Hermione, y en ese momento debía sentirse como la única responsable de todo aquello, aunque todos, incluyendo Bill y Fleur, le dijeran lo contrario. Por eso mismo, cambió de estrategia e intentó sonar segura mientras decía: — Todo saldrá bien, Hermione. Tienes que confiar.

— Todo tiene que salir bien.

Ginny frunció el ceño, preocupada por el énfasis en la oración. No como si fuera un deseo o un intento de autoconvencerse, sino como si hubiera hecho algo para asegurarse de que aquello sucediera.

— ¿Qué quieres decir con eso? — preguntó con cautela, pero los grandes ojos chocolate de su amiga le dieron la pauta de que había hecho algo posiblemente estúpido y desesperado.

— A que hicimos todo lo que nos pidieron. — admitió, avergonzada consigo misma, sabiéndose perdedora. — Con Teddy votamos en contra de la ley y… la derrogaron, como todas las otras.

Ginny cerró los ojos por unos segundos, sabiendo cuánto le había costado a su cuñada y a Teddy votar en contra de esa ley. Llevaban años intentando introducir una reforma así al sistema y esa era la primera vez que tenían posibilidades de lograrlo pero el que los mayores promotores de la igualdad hubieran votado en contra, no los ayudaría si intentaban algo similar en el futuro.

Asintió y le sonrió, intentando darle ánimos y deseando con todo su corazón que el sacrificio no hubiera sido en vano.


A Louis no le interesó si golpeaba a algún enfermo en su camino o se llevaba puesto a la medimaga que traía levitando la comida a las habitaciones. Mientras corría por los pasillos del San Mungo, con su hermana pisándole los talones, nada ni nadie le importaban.

"Ver para creer", un dicho al cual Lysander le había enseñado no respetar, pero que era lo único que necesitaba en ese momento: ver, para creer. Ver a su hermana viva, para saber que toda esa pesadilla finalmente había terminado.

Dieron un giro a la izquierda al final del pasillo del cuarto piso y en la habitación 4013 frenaron bruscamente, como si alguien puesto un escudo entre ellos y su hermana, quien yacía en una cama de hospital, inconsciente.

Dominique fue la primera en dar un paso al frente, y luego otro, hasta llegar junto a la cama. Tomó la mano de la rubia, demasiado fría pero no lo suficiente para ser preocupante, y sin importarle que ella no pudiera corresponderle, la abrazó con todas sus fuerzas, lágrimas cayendo por sus mejillas. Solo cuando se separó de su cuerpo, pudo notar que los sollozos no eran suyos, sino de Louis, quien había llegado junto a ellas sigilosamente y en ese momento estaba arrodillado junto a la cama de Victoire, escondiendo el rostro para que nadie lo viese llorando.

En uno de los pasillos de esa misma planta, Ginny Potter se acercaba a su marido con una sonrisa en el rostro, que fue apagándose al ver el rostro de éste.

— Estuve hablando con algunos medimagos y Victoire se pondrá bien. — informó creyendo que eso animaría a Harry, pero al ver sus ojos verdes esmeralda totalmente perdidos, como si ni siquiera estuviera allí, lo supo: — Harry, ¿qué sucedió? — preguntó, poniendo una mano en su brazo. — Harry, háblame, ¿qué sucedió cariño?

Solo en ese momento, con el contacto físico de la pelirroja, el hombre pudo reaccionar y enfocar su mirada en ella.

— Fue horrible, Ginny. Fue horrible.

— ¿Qué sucedió, Harry? — repitió, acercándose más a él y acariciando su rostro.

Ginny jamás lo había creído posible, pero el ser madre la había sensibilizado considerable. Con solo ver como sus ojos se habían humedecido al escuchar la voz quebrada de Harry, era suficiente.

— Era como si… como si supieran que estábamos yendo, como si nos estuvieran esperando. Pero… no opusieron resistencia. — Harry miró hacia un costado y se mordió el interior de la mejilla, intentando controlarse. — Cuando quisimos acercarnos para llevarlos, ellos… ellos… — la pelirroja lo tomó del rostro al ver que se había detenido y unió suavemente sus bocas, una simple presión de labios, antes de mirarlo profundamente a los ojos, esperando a que continuase. — Eran solo niños… no más grandes que James…

La imagen de los tres chicos que mantenían encerrada a Victoire en esa casa abandonada a las afueras de Nottinghamshire no salía de su cabeza.

Como los tres, ya desarmados, habían tomado una poción de sus túnicas y simplemente se habían quitado la vida sin dudarlo, sería una imagen que lo acompañaría en cada una de sus pesadillas, junto a imágenes del Señor Tenebroso volviendo al poder. Nuevamente debo disculparme por tardar tanto en actualizar, pero espero que el capítulo les haya gustado lo suficiente para no tirarme tomatazos en los comentarios.Besos,Ginny.