← Historia 170095 · de
Historia 170095 — capítulo 6
Realmente lamento la demora. No pensé que me llevaría tanto tiempo hacer este capítulo pero... fue complicado. Originalmente iba a ser más largo, pero decidí dividirlo en dos para poder actualizar y no pasar más tiempo sin hacerlo.
Espero lo disfruten y me dejen su opinión sobre lo que les parecio.
Buscando desesperadamente una Victoria.
Narra James Sirius Potter.
¿Alguna vez han sentido como si la sangre se les congelase y el corazón dejase de bombear? ¿Cómo si por un segundo el mundo y el tiempo se detuviese? Así fue como me sentí cuando vi a mis papás y mis padrinos hablar con Ernie: totalmente paralizado por el pánico.
Que papá esté aquí no pueden ser buenas noticias, menos si está acompañado por mamá. Y sé que ninguno de nosotros nos metimos en un problema lo suficientemente grande como para que estén hablando con el director por lo cual algo realmente malo debe haber pasado afuera.
— ¿Papá? ¿Qué hacen aquí? ¿Qué sucedió?
Papá se acerca de inmediato al verme, con sus gafas prácticamente cayéndose y el cabello entrecano demasiado alborotado, como si hubiera pasado esas últimas horas despeinándolo nerviosamente.
Solo recuerdo haberlo visto así una vez, cuando tenía ocho y habían intentado secuestrar a Lily. Y aunque casi diez años han pasado, creo que jamás seré capaz de olvidarme la desesperación en sus ojos.
— Gracias a Dios que estás aquí, James. — me atrajo hacia él en un abrazo algo brusco, que solo logró que me preocupase aún más.
No me malinterpreten, no es como si mi padre fuese un tipo poco cariñoso o que no se preocupa por sus hijos. Es solo que… aquel abrazo no era como los de siempre.
— ¿Qué está pasando? ¿Los abuelos están bien?
Papá asiente y se pasa la mano por el cabello, un tic que posiblemente lleva repitiendo desde hacía rato. Para cuando los otros llegan a nuestro lado, con Ernie esperando a una distancia respetuosa, mi madrina me atrapa entre sus brazos, dejándome sin aire y también sin ver debido a su cabello que parece más enmarañado de lo normal.
— Necesitamos que nos digas dónde están tus primos ahora mismo, amor.
Mamá pone su mano en mi hombro, intentando transmitirme una tranquilidad y seguridad que claramente ella no posee. Su cabello pelirrojo está atado en una improvisada coleta, que deja varios mechones fuera de este, y se ve incluso más blanca de lo usual.
— ¿Cuál de ellos? Ocho de mis primos están en Hogwarts en este momento, por si no lo recuerdan. Y hoy es sábado de Hogsmeade, podrían estar en…
— James. — me frena mi padrino. — Necesitamos encontrar a Rose y Hugo.
Percibo algo de locura en su mirada y sé que no tengo que preguntar más, solo responder.
— Claro, claro… — asiento rápidamente, forzando a mi mente a recordar cualquier mínima información que me hubieran dado mis hermanos y primos sobre ese fin de semana. — Rose… ella… mencionó algo de comprar pergaminos y plumas especiales para su campaña antes del almuerzo.
— La casa de las plumas… la casa de las plumas… — repitió frenéticamente mi madrina. — Espera, ¿Almuerzo? ¿Dónde?
— Toire y Teddy nos invitaron al nuevo restaurante de Hogsmeade.
Antes de poder terminar la oración, mis padrinos comienzan a correr hacia la puerta y papá los sigue. Mamá se queda a mi lado y por unos segundos, temo que se rompa en mil pedazos sin que yo pueda hacer nada, como si fuera una pieza de porcelana en las manos de un niño pequeño.
Siempre he creído que ella y mi madrina son como superheroínas; las grandes salvadoras del mundo mágico, fuertes, imponentes, invencibles, y ver a las dos mujeres más valientes que conozco tan debilitadas, me shockea por completo.
No entiendo que está pasando, pero sé que es algo malo. Muy malo.
— La ley para la inclusión de los semi-humanos se aprobará la semana que viene. — murmura — Muchas personas poderosas han estado presionando a Hermione para que de un paso atrás y ahora…
— Má, ¿Qué está sucediendo?
La veo inhalar profundo, intentando controlarse, y luego me abraza fuertemente.
— Les llegó un sobre esta mañana… con fotos de Rose y Hugo tomadas durante las vacaciones y... — su voz se quiera y por un segundo, no es capaz de decirme nada más. — Amenazaron con llevarselos.
Mamá me sostiene del brazo y me encierra en un abrazo cuando intento salir corriendo detrás de papá. Ni siquiera escucho lo que Ernie le dice a mamá, solo sé que ella comienza a arrastrarme hasta las escaleras y luego, los dos estamos sentados en la Sala Común de los Premios Anuales.
Intento distraerme viendo la decoración, ya que nunca he estado aquí. Las paredes están pintadas de un azul pastel, con bordes blancos, y hay dos ventanales que dan a la huerta de vegetales y los invernaderos. Posiblemente si no estuviera demasiado ocupado intentando calmarme, me quejaría de lo grande que es el lugar y Molly jamás me invitó.
Mamá se aleja y se sienta en uno de los sillones blancos; apoya los codos en las piernas y se pasa ambas manos por el cabello tan desesperada que no puedo hacer más que acercarme a ella y abrazarla. En la familia estamos tan acostumbrados a las amenazas como a los admiradores, pero algo me dice que esta vez es distinto. Jamás había visto a mi papá tan asustado por una amenaza como ahora.
— Traje algo de té. — Ernie entra en la sala, con una bandeja, la tetera y tres tazas en ella.
— Gracias, Ernie.
Mamá toma la taza y sus manos tiemblan tanto que vuelca la mitad del contenido antes de poder llevársela a la boca. Sé que para ella estar aquí sentada, conmigo, sin saber qué está pasando, es tan desesperante y frustrante como lo es para mí. Ni ella ni yo nacimos para mantenernos quietos mientras los demás actúan. De hecho, nadie en mi familia nació para ello, excepto quizá Molly porque hasta Albus pierde el control en (muy pocas) ocasiones.
— Todo estará bien, Ginny.
— Si algo llega a pasarles…
Estar sentado sin hacer nada, sin saber qué está sucediendo, me vuelve loco. La posibilidad de que esta vez las amenazas sean ciertas invaden mi cabeza y de allí no hay retorno. ¿Y si alguien se lleva a Rose, a Hugo o incluso a Lily? ¿Qué voy a hacer si las últimas palabras que tuve con mi hermanita fueron puros gritos y peleas? ¿Y si se los llevan y jamás los encuentran? Ni siquiera puedo pensar en esa posibilidad sin que se me haga un nudo en la garganta.
Me levanto del sillón y comienzo a caminar en círculos. Si sigo quieto, si sigo callado… realmente perderé la cordura. Necesito saber que mis primos están bien. Que ellos simplemente llegaron a Hogsmeade y están disfrutando de su comida, porque si algo les pasó… si algo les pasó y por mi estupidez yo no estuve allí para ayudarlos… Merlín, jamás podré perdonármelo.
— ¿Cómo sabrán que estamos aquí arriba? — pregunto de repente, frenándome en mi lugar y mirando al director.
— He dejado a la celadora esperando a que…
La puerta se abre y Lily corre a mis brazos, llorando.
Oh, no.
No. No, no, no, por favor, no.
Albus entra detrás de ella, blanco como el marfil, y las piernas me tiemblan tanto que si no estuviera abrazando a Lily, me habría caído sin lugar a dudas.
— ¡Debemos salir a buscarla ya mismo, Harry! ¡No hay tiempo!
Mamá se levanta cuando escucha los gritos de Teddy, con las lágrimas ya deslizándose por su rostro. El rostro de Albus y la actitud de Lily confirman todo, sin embargo veo a Rose entrar con los ojos vidriosos al cuarto y todo pierde sentido.
¿Hugo? No, él también está aquí. Entonces, ¿quién…?
Louis entra y, si bien no está llorando, claramente está en shock. Algo pasó, no con Rose y Hugo porque ellos están aquí, pero algo pasó y los gritos de Teddy afuera comienzan a darme una idea que se confirma cuando papá entra y nos dice:
— Se llevaron a Victoire. Debemos contactar a Bill y Fleur.
Sé que Ernie comienza a moverse, pero siento como si mi vista se hubiera nublado totalmente. La voz de papá suena distante y sé que se ha puesto su máscara de "jefe de aurores" para ocultar la desesperación.
Lily se separa de mí y tengo que sostenerme del respaldo de uno de los sillones mientras mamá ahoga el llanto y Lils se cubre el rostro.
<< Y a Richard Monroe. Si esto es lo que yo pienso que es, solo con él tendremos una oportunidad.
De un momento a otro, el salón de Encantamientos se ha convertido en el centro de operaciones de papá. Todos los profesores fueron informados de lo que está pasando y se les ordenó que trajeran a todos los alumnos devuelta al colegio.
Es irónico que tomen todas esas precauciones con los demás ya que no es como si una persona random atacó a Victoire y podría hacerlo con cualquier otro alumno. No, ella era un target. Un target que claramente había sido estudiado y las fotos a mis padrinos simplemente habían sido un señuelo para distraerlos.
— ¡¿Dónde está?! ¡¿Qué le pasó a mi hermana?! Qu'est-il arrivé à ma sœur?!
Veo a Dominique entrar presa del pánico al salón y Albus se acerca a hablarle. Muchas veces envidio la capacidad de mi hermano de mantenerse calmo, o al menos aparentar estarlo, incluso en las peores situaciones. Yo, por mi parte, no he podido decir ni una palabra desde que me sacaron de la sala de Premios Anuales. Menos aún podría consolar e intentar tranquilizar a mi prima como Al lo está haciendo.
Roxanne está en la enfermería y seguramente Grace y Joanne están con ella. Hanna aún no sabe con qué hechizo le dieron, pero el "ennervate" no parece funcionar; o al menos eso fue lo que tío Ron le susurró a mamá.
— Debemos hacer algo… — escucho a Albus susurrar, con Scorpius, Hollie y Rose. Dominique está al otro lado del salón y mi madrina parece lo único que está impidiendo que haga una locura.— Dividirnos y buscarla en Hogsmeade… tal vez aún estén por aquí.
No sé por qué su comentario me enoja tanto, pero lo hace. No puedo controlarlo. Sé que solo quiere ayudar, que no lo dice con mala intención y sin embargo, la furia se apodera de mí y las palabras salen sin siquiera poder procesarlas primero.
— No seas imbécil, Albus. — escupo, levántandome del banco en el cual llevo un largo tiempo sentado. Mamá se gira a vernos, con ese sensor que se activa cada vez que alguno de los tres está a punto de pelearse con el otro — Este no es un estúpido episodio de Criminal minds. ¡Estos son brujos y brujas! ¡Pueden desaparecer! ¡Vic podría estar en cualquier-maldito-lugar!
El estruendo de la mesa al volcarse no solo sorprende a todos los que están dentro del salón, sino que también lo hace conmigo mismo. No sé en qué momento lo hice, pero siento que no puedo parar. Patear el banco hace que el nudo paralizante que llevo dentro no apriete tanto y… se siente bien.
Porque por más de que intento encontrarle sentido a lo que está sucediendo, no lo hay. Y la única manera de descargar mi impotencia, es golpeando lo que tengo cerca e intentando librarme de los brazos de Albus, que quiere frenarme.
¿Por qué no entiende que la charlita reflexiva nos es mi cosa? Que hablar de lo que siento o idear algún plan super elaborado no me ayudará en nada. Yo no soy así. A mí la cháchara emocional no me calmará porque lo único que puede hacerlo es golpear hasta desfigurar al imbecil que tiene a mi prima. Y como en este momento eso no es posible, los bancos no se ven tan mal.
— ¡James, detente, por favor!
No sé cuánto lleva Molly gritándome pero de repente soy consciente de que papá sostiene a Lily y a mamá para que no se pongan en medio y que no solo Al me retiene, sino que Fred y Scorpius lo están ayudando.
Sin embargo lo que me saca de mi crisis no es ver a mi hermanita llorando o a Molly rogándome que pare, ni siquiera es ver a Dominique tan indefensa, sollozando en los brazos de Zia; lo que me saca de mi estado hecatombico es la visión de Teddy en la puerta, temblando, con el cabello tan blanco como su rostro debido al terror que debe estar sintiendo.
— Hermano… — susurro acercándome.
Teddy se desploma sobre mí y por un segundo, me doy cuenta lo egoísta que estoy siendo. Si hay una persona que está mal y tiene derecho a hacer todos los berrinches que quiera, ese es Teddy, no yo. Y mientras llora en mi hombro como un bebé, intento imaginarme lo que debe él estar sintiendo pero no puedo. Porque si yo me siento totalmente impotente y aterrorizado…
Maldición, ¿Acaso esta pesadilla jamás acabará? ¿El mundo jamás se cansará de joder a mi familia?
— Harry, Bill y Fleur acaban de llegar. — avisa el director. — También Richard Monroe, ¿quieres que les diga que suban?
— Si pudiésemos usar otro salón, Ernie, te lo agradecería. — comenta papá, a la vez que llama con un gesto a uno de los aurores que están allí, encargándose de todas las cartas que alguna vez nos han enviado, caminando de un lado a otro y susurrando entre ellos. — Pete, encárgate de las amenazas e intenten establecer un móvil; yo probaré suerte con Richard.
Luego nos mira a nosotros, y sé que lo peor está por venir.
Narra escritora.
Parado fuera del aula de Transformaciones, Harry Potter debatía internamente qué hacer a continuación. Tenía frente a sí el caso más importante de su carrera y esta vez, no era el mundo mágico quién dependía de su trabajo, sino su propia familia. Fracasar jamás era una opción pero en ese momento tenía que tener aún más cuidado porque los suyos estaban en riesgo. Y un solo paso en falso podría significar el final, sin vuelta atrás.
Las manos le sudaban y el cabello de la nuca se le erizaba de solo pensar que Lily podría ser la desaparecida en ese mismo momento. Que, como aquella vez en el parque, su pequeña podría ser la que estaba en peligro en lugar de Victoire.
— ¿Cómo quieres que hagamos esto, Harry?
Richard Monroe lo sacó de su catarata de pensamientos y supo que si quería que todo saliera bien, debía dejar sus sentimientos de lado y actuar fríamente. De otra manera, debería dejar que otro tomara el control del caso.
— No puedo ocultarles la verdad. — respondió luego de unos segundos, viendo dentro del aula donde todos esperaban impacientemente. — Deben saber a qué nos enfrentamos.
El ex-auror asintió y ambos entraron.
Todos los hermanos Weasley y sus respectivos cónyuges estaban allí, a excepción de Charlie con quien no se habían podido comunicar. Luna y su esposo, Rolf, sentados con cada uno de los mellizos; Dean Thomas y Seamus Finnegan, tomados de la mano, miraban alrededor con marcada ansiedad por lo que estaba sucediendo y Neville abrazaba a su hija menor, mientras que su esposa Hanna se había llevado a Fleur a la enfermería, cuando la semi-veela había sufrido un ataque de histeria.
Otros miembros del antiguo Ejército de Dumbledore estaban allí también, como Lee Jordan y su esposa, Katie Bell y Oliver Wood, Susan Bones y Justin Finch-Fletchley y por supuesto Dennis Creevey, acompañando no solo a sus amigos sino también a sus hijos.
Todos allí parecían sentir la misma opresión en el pecho, mientras turnaban su mirada de Bill, quien caminaba de un lado a otro intentando contener las lágrimas, y Harry, quien recién había entrado y ya anunciaba malas noticias con su sola mirada.
— ¿Papá? ¿Qué haces aquí?
Todos volvieron la mirada a la puerta, donde la cobriza Hufflepuff llegaba junto a Joanne y detrás de ellas, Roxanne venía caminando con la ayuda de Niall Jordan y su madre, Angelina, a cada lado sosteniéndola de los brazos.
— Mejor siéntate, Gracie, hay algunas cosas que debo contarles.
George Weasley se acercó y abrazó protectoramente a su hija menor, depositando un beso en su coronilla y ayudándola a sentarse. El pánico que había sentido al creer que su niñita estaba en peligro aún lo tenía temblando. La morena tenía aspecto de enferma, con el rostro transpirado y la mirada cansada, demasiado apagada para tratarse de ella, pero estaba despierta y eso era lo único que importaba.
El silencio en el salón era aplastante y aún así nadie parecía tener el valor suficiente para terminarlo. La guerra había dejado sus secuelas en los mayores y aquella situaciòn resucitaba fantasmas que no estaban tan enterrados como se creía. Ver al Ejército de Dumbledore reunido otra vez, con Harry al frente, traía a sus mentes recuerdos poco placenteros.
— Harry, por favor, tan solo… dinos — suplicó Teddy, quien era contenido por Ginny — ¿Qué tan malo es?
El azabache miró por última vez a Monroe padre, respiró profundamente y contestó:
— Creemos que esto es obra de… la Logia Imperial.
— ¿La logia? — preguntó Hermione horrorizada.
— Creí que eso era solo una leyenda, un mito que corre por el Ministerio.
— Confía en mí cuando te digo, Teddy, que son tan reales como nosotros hablando ahora mismo. — le aseguró Richard mientras el resto esperaba confundido ante la conversación entre entendidos.
— ¿Qué… qué es esta logia? — la voz de Bill tembló cuando finalmente pudo juntar fuerzas para hablar.
— La Logia Imperial es una sociedad secreta, en extremo secreta… — especificó el ex-auror — una secta, podría decirse, enfermamente elitista y purista. Hace varios años formé parte de una investigación pero jamás logramos averiguar desde cuándo operan ni quiénes son sus miembros, solo que siguen los ideales de Ekrizdis y que son… muy escurridizos.
<< El Ministerio lleva años investigándolos, intentando atraparlos y aún no han tenido éxito. Tienen demasiados contactos en puestos altos del Ministerio que los mantienen informados y, las pocas veces que estuvimos a punto de atraparlos… ellos han escapado.
El bullicio por todo lo que estaba ocurriendo finalmente había cesado y la atención de todos estaba volcada en Richard Monroe, mientras su propia hija lo miraba con el ceño fruncido, interiormente agradeciendo que su papá ya no tuviera que enfrentarse a esa clase de personas en el Departamento de Deportes Mágicos.
— ¿Está diciendo que Vic no tiene oportunidad? — susurró Rose mortificada.
El hombre dudó, miró a Harry y luego negó levemente.
— No, no, de hecho quiero decir todo lo contrario. Esto es completamente diferente; no solo tienen a los mejores buscándola, sino que por primera vez desde 1923, ellos han atacado directamente. — Rose frunció el ceño y más de uno en el salón la imitó. — Siempre han actuado desde las sombras, pero hoy han salido a la luz. Si hay una oportunidad de atraparlos, es esta.
Grace se removió incómoda en su asiento, aún procesando todo lo que había escuchado. Todos estaban aún intentando comprender lo dicho, pero la cobriza intentaba cuadrar toda esa información en la vida de su padre. ¿Cuándo se había involucrado en algo tan peligroso? Y más importante aún, ¿por qué su madre lo había permitido? ¿Acaso ese caso en particular había sido la razón de que quince años atrás su papá decidiera que el departamento de aurores ya no era su lugar? Eran demasiadas preguntas de las cuales no sabía si alguna vez recibiría una respuesta.
Todo era tan confuso y repentino que ninguno sabía qué decir o cómo actuar. Si el Ministerio llevaba al menos cien años buscando a los miembros de esa secta y no lo habían logrado, ninguno allí tenía demasiadas esperanzas de que fuera diferente esa vez.
— ¿Y cómo… cómo se busca a alguien cuando no sabemos ni por dónde comenzar?
— La magia deja rastro, Lucy. Tenemos las cartas que han estado enviando para ayudarnos también y ahora mismo un grupo de aurores está buscando hasta el más mínimo detalle que pueda decirnos donde están. — narró Harry, mirando a cada uno de sus sobrinos y luego posando su vista en Teddy.— Les prometo que la encontraremos. Sana y salva.
James quería creer en las palabras de su papá, confiar en que todo saldría bien, pero el pánico se había apoderado de él hacía rato y solo podía pensar lo peor, así que se levantó y salió del salón, antes de protagonizar otra escena con el mobiliario. Nadie se levantó detrás de él, tal vez porque todos lo conocían lo suficiente para saber que el castaño necesitaba pasar un tiempo a solas, golpeando alguna pared o volando en su escoba.
Dominique llevaba llorando desde que se había enterado de lo que estaba pasando y Louis permanecía callado en un rincón desde el mismo momento. La mente de Bill, por su parte, funcionaba a toda velocidad y aunque intentaba conectar lo que le estaban diciendo con su pequeña Victoire, nada tenía sentido así que decidió preguntar.
— Pero ¿qué…? ¿qué tiene que ver mi niña con estas personas? ¡Ella no ha hecho nada!
Harry se quedó momentáneamente en silencio y tanto él como Richard compartieron una mirada con Hermione. Tenía una teoría de por qué Victoire había sido el target justo esa semana de entre todas las semanas, pero no creía que fuera conveniente decirlo.
— Es por mi culpa, ¿verdad? — escuchó a Teddy expresar sus pensamientos en voz alta. Él jamás hubiera dicho que era culpa de su ahijado, pero sin lugar a dudas estaba relacionado.
— Eso no lo sabemos, Teddy.
— Si lo sabemos. ¡Es todo mi culpa! — el metamorfomago se llevó las manos a la cabeza, se pasó los dedos entre el cabello y fue como si con ese simple movimiento fuera desinflándose. — Desde que propusimos esta ley han llegado cartas de amenaza y yo… no he hecho nada. Sabía que esto podía pasar y no hice nada. No… no hice nada.
Desde muy pequeño, incluso antes de tomar sus TIMO's, Teddy había sabido que él quería hacer la diferencia en el mundo. Que él quería luchar, defender y alzar la voz por aquellos que no podían hacerlo por sí mismos. Él quería, como buen idealista, cambiar el mundo. Sabía, también, que el cuartel de aurores no era su puesto de lucha por mucho que su padrino intentara convencerlo y que aunque en un principio la idea de fama y fortuna que Ginny le había vendido lo había seducido, en el Quidditch tampoco se encontraba su vocación.
Su puesto de lucha podía pasar más desapercibido y ser menos glorioso que si estuviera junto a Harry, pero Teddy sabía que su lugar estaba junto a Hermione, recorriendo los pasillos entre los tribunales mágicos y asegurándose de que la ley fuera justa para todos. Y "justa para todos", incluía también a los semi-humanos que habían sido dejados a un costado de la sociedad mágica, por eso llevaban tres años trabajando en esa nueva ley, que aboliese todo tipo de discriminación. Se lo debía a su padre, se lo debía a Hagrid y se lo debía a sí mismo también.
— A todos nosotros nos llegan cartas todo el tiempo. — dijo Harry y muchos alrededor asintieron. — Amenazándonos a nosotros, a nuestras familias, a amigos… pero no por eso podemos encerrarnos todos en una casa blindada esperando que el peligro pase porque el mundo siempre será peligroso, Teddy. Siempre. Y no podemos vivir con miedo a vivir.
— Además, señalar culpables no hará que encontremos a Victoire. — soltando a Hugo, acercándose al frente y disminuyendo la voz para que el resto no escuchase, Hermione agregó: — ¿Están completamente seguros de que esto es obra de la logia? No coincide con su modus operandis en lo absoluto. Podría ser un imitador, alguien que intenta distraernos con…
Pero Richard negó solemnemente. Había determinada información que no podía compartir, como que para ese caso había sido reclutado y trabajado con miembros del Departamento de Misterios. Sin importar que tan altos puestos ocupasen Harry y Hermione en el Ministerio, esa era información clasificada. Sin embargo, sabía que tenía que darles el motivo por el cual estaba tan seguro, así que solo murmuró:
— ¿El hechizo con el cual golpearon a Roxanne? Ya lo he visto. Es la marca registrada de uno de ellos, lo sé, créanme.
Ambos ex-Gryffindor supieron que no debían presionar más, aunque hubiera más en esa historia que lo que Monroe les estaba confiando. Sin darse cuenta, ambos habían terminado con una carrera casi política en el Ministerio y reconocían cuando alguien realmente no podía dar más información de la que ya había dado, porque las cosas funcionaban así algunas veces.
Por la puerta del salón, un hombre de cabello rubio canoso se asomó y más de uno mostró el asombro en su rostro por verlo allí, sin embargo Draco Malfoy solo entró y se acercó sin dudarlo a su primo, Teddy, quien lo recibió de brazos abiertos sin importar las miradas de los demás.
El abrazo del ex-Slytherin era algo tosco, casi incómodo, pero seguía siendo un abrazo y era lo que el metamorfomago necesitaba.
— Scarlet acaba de avisarme de lo que sucedió, ¿hay algo en lo que pueda ayudar? — preguntó sistemáticamente, dirigiendo su mirada a Harry por sobre el hombro del joven Lupin.
Ante los ojos de Harry, una nueva posibilidad se abrió. Si existía una familia que pese a los siglos permanecía pura, esa sin dudas era la de los Malfoy.
— ¿Qué sabes sobre la Logia Imperial?
Draco se separó de su primo y apretó levemente la mandíbula antes de asentir; era hora de ir tras los viejos archivos familiares.
Dos días habían pasado desde la salida a Hogsmeade y en Hogwarts, la situación continuaba tensa. No había habido noticias de Victoire, Dominique y Louis habían vuelto a casa por pedido de sus padres y los primos Wotter ya habían faltado a todas las clases de ese lunes. Nadie, ni la correcta Molly ni el racional Albus, podía encontrar la manera de retomar sus vidas sin tener noticias de su prima mayor.
Molly había pedido permiso al director para poder dormir todos juntos en la Sala Común de los Premios Anuales y en ningún momento se habían separado. Tampoco hablaban demasiado, más que para preguntar ocasionalmente si alguno había recibido alguna noticia, pero estar todos juntos, aunque fuese en silencio, los hacía sentir un poquito menos impotentes, menos solos.
Hollie había estado junto a ellos casi todo el domingo y aquel día los había visitado unas cinco veces entre clases, acompañada de Scorpius, siempre trayéndoles comida e intentando distraerlos, pero nada funcionaba. Ni siquiera Joanne con las noticias de que ese año Hogwarts sería sede del Campeonato Intercolegial de Quidditch, el CIQ, los había sacado de su mutismo.
Zia era una de las que peor la estaba pasando. Sabía que su mejor amiga estaba sufriendo y ella estaba encerrada el colegio, sin poder hacer nada para ayudarla. Sebastian y Tanner intentaban animarla y distraerla, pero de nada servía: lo único que le importaba a la chica McLaggen en ese momento, era conseguir salir de allí. Y por eso cuando el director Macmillan y su padre le habían concedido el permiso para pasar la noche en Shell Cottage, no lo había dudado y había salido corriendo a su habitación para preparar todo.
No necesitaba mucho, solo pasaría la noche, pero si quería hacer sentir mejor a Dominique iba a precisar algunos trucos bajo la manga. Para su suerte, ninguna de sus compañeras de cuarto estaba allí para fastidiarla y atrasarla aún más.
— Cuídate. — Tanner la abrazó en cuanto terminó de bajar las escaleras. — Y cuidala. Recuérdale que lo último que se pierde es la esperanza.
Zia asintió y luego miró a Sebastian, que permanecía parado, tamborileando mañosamente los dedos contra su brazo y mordiéndose el interior de la mejilla izquierda, sin saber qué decir. Jamás había sido bueno con las palabras y los sentimientos, sus amigos lo sabían, y por eso la metamorfomaga tan solo sonrió y les aseguró:
— Estaremos bien, llevo mi artillería más pesada.
La oficina del director parecía estar a kilómetros de distancia mientras prácticamente corría por los pasillos para poder llegar. No le importaba recibir maldiciones de aquellos a los que empujaba en su camino, solo llegar.
— ¡Ya estoy aquí! — agitada por la carrera, abrió la puerta del despacho sin siquiera esperar una invitación a pasar.
El director se levantó de su silla, rodeó el escritorio y luego de unos últimos consejos y advertencias, le acercó una pequeña bolsa con polvos flú dentro.
Sintió como si algo tirara de ella desde el centro del estómago y cerró con fuerza los ojos para evitar que le entraran cenizas pero su boca no tuvo la misma suerte y, al aterrizar en Shell Cottage, comenzó a toser en un intento de limpiar su garganta.
Fleur salió de la cocina corriendo, la ilusión en su rostro desapareciendo al reconocer a Zia en su living y no a su hija. Se secó las manos con el delantal floreado que tenía puesto e intentó componer una sonrisa que disimulara su decepción.
— Zia, cariño, — con voz algo temblorosa, la francesa le dio un beso en cada mejilla — tu madre me avisó que vendrías.
— Señora Weasley, ¿Cómo está usted?
Se sintió estúpida ni bien terminó de formular su pregunta. Era más que obvio que no estaba bien, incluso sin saber que Victoire estaba desaparecida, tenía el rostro chupado y marcadas bolsas debajo de los ojos. Los labios estaban resecos y la nariz roja por la irritación al llorar.
— He estado mejor. —admitó decaída, dos segundos antes de recomponer su débil sonrisa. — Dominique está arriba, aunque no sabe que estás aquí. Pensé que querrías sorprenderla.
La azabache compuso la sonrisa más amable de su repertorio, una que no usaba mucho, con la esperanza de transmitirle fuerzas, y emprendió su camino hacia el dormitorio.
No podía ni imaginarse el infierno por el cual su mejor amiga y toda su familia estaba pasando y lo único que quería hacer era estar con ella, apoyarla. No tenía idea de qué le diría ni cómo reaccionaría, pero allí era donde debía estar en ese momento, no en el colegio aprendiendo estúpidos hechizos que no le servirían de nada.
Golpeó tres veces la puerta de su amiga, que tenía un cartel de "Prohibido pasar" pegado, y Dominique le abrió con el pijama ya puesto y los ojos rojos, producto del llanto.
— Creí que podrían servirte algunos refuerzos — los ojos verdes de Dominique se llenaron de lágrimas nuevamente mientras observaba a Zia parada frente suyo. — Traje toda mi reserva de dulces y tengo la contraseña de Netflix anotada en el brazo con indeleble.
Se lanzó a sus brazos sin dudarlo, sintiendo el llanto comenzar otra vez, y la azabache no dudó en sostenerla con fuerza, inconscientemente cerrando los ojos y mordiéndose el interior de la mejilla para no largarse a llorar también. Ver a su amiga así de débil le hacía sentir un dolor y una impotencia que no sabía cómo controlar, pero tenía qué. Tenía que ser fuerte por ella.
— Aún no saben nada… — susurró justo antes de soltar un sollozo ahogado que la hizo temblar de pies a cabeza. — Han pasado dos días ya y…
El llanto volvió a cortarla e intentó serenarse mientras Zia aún la sostenía y acariciaba su cabello. En esos dos días había llorado lo suficiente para volver frondoso un desierto, y aún así no se había secado. Su organismo parecía capaz de generar más y más lágrimas, aunque no estaba segura de que sus ojos o su garganta lo soportasen.
El día anterior había llegado un punto en el cual su pecho se había cerrado tanto, que el aire no había podido pasar y había tenido que auto-aplicarse un hechizo para poder respirar. Jamás pensó que "Anapneo" se convertiría en el hechizo más útil que alguna vez había aprendido, pero así había sido.
— Tranquila, Dom, todo estará bien. Te prometo que todo estará bien y…
Pero ninguna de sus palabras servían y, luego de unos minutos, simplemente dejó de hablar para poder abrazarla con más fuerza, diciéndole todo lo que no podía explicar con simples palabras.
Le tomó más de veinte minutos que Dominique dejase de llorar y para ese entonces sus brazos ya estaban acalambrados por la fuerza que estaba haciendo y el rostro de la rubia aún más demacrado.
Zia se acercó a la mesita de luz y le extendió un paquete de pañuelitos para luego sentarse en la cama con las piernas cruzadas como india y arrastrar a Dominique en frente suyo. La antigua cama de Victoire estaba desarmada y el pensamiento de que la rubia había dormido allí solo para sentir el perfume de su hermana, le rompió el corazón.
— He buscado información todo el día… ¿sabes que una vez pasadas las veinticuatro horas, las posibilidades de encontrarla viva son…?
— Basta, Dom, basta. — la tomó de los hombros y la obligó a mirarla. — No pienses en eso, ¿de acuerdo? No lo hagas. Todo saldrá bien.
Dominique movió la cabeza a modo de asentimiento, pero las lágrimas volvieron a apoderarse de ella. Se sentía una niñita tonta, llorando cada dos oraciones sin poder contenerse, pero solo quería que todo aquello terminase. Quería que alguien la pellizcase para despertar de esa horrible pesadilla que llevaba viviendo por casi tres días. Quería que su papá la abrazase con fuerza y le susurrara que todo estaría bien, como cuando era pequeña y tenía pesadillas. Quería que su mamá le cocinara galletitas con chispas de chocolate y le cantara en inglés para tranquilizarla.
— Si algo le pasa… yo… ella es una de las personas más importantes en mi vida y jamás se lo he dicho.
Se dejó tomar las manos por Zia, sintiendo su apoyo incondicional en ese momento que tanto lo necesitaba. Habían sido inseparables desde su primer semana en Hogwarts y tenerla allí significaba mucho más de lo que podía parecer a simple vista. Estaba destrozada, pero su presencia allí la hacía sentir un poquito más fuerte.
— Cuando tu padrino la recupere, porque yo sé que la recuperarán, podrás decirle todo lo que sientes mirándola a los ojos. ¿Entendido, Dom? Todo lo que sientes.
Dominique asintió, deseando con todo su corazón poder hacer esas palabras realidad.
Narra Louis Weasley.
Hay veces en las que me pregunto si hay algo mal conmigo. Con mi forma de ser, con mi forma de reaccionar, con mi forma de actuar. Y es en situaciones como ésta en las cuales más me cuestiono.
Mi hermana está desaparecida. Mi familia está compungida llorando. Y en lo único que puedo pensar yo es en fumarme un cigarrillo.
Mi hermana está desaparecida. Papá llora. Mamá camina frenética por las habitaciones, mirando cada dos minutos esperanzada la puerta de entrada. Y yo solo quiero alejarme de todos ellos, aislarme con mi atado de Hamlets en la playa y dejar de escucharlos preguntarme si estoy bien. Tal vez surfear un rato y perderme entre las olas.
Mi hermana está desaparecida.
¿Acaso es normal que no sienta el pánico de no volver a ver a mi hermana mayor? ¿Que no haya abrazado a papá para que ya no llore y hecho un té a mamá para que se tranquilice, como hizo Nique?
¿Acaso eso me hace… menos humano?
Tal vez perdí la facultad de sentir, de conectarme con el dolor. O tal vez jamás poseí la capacidad de hacerlo. Lo cierto es que Vic lleva tres días desaparecida y, según estadísticas muggles, las posibilidades de encontrarla viva… bueno, son muy pocas. Claro que no se trata de un secuestro normal pero ya han pasado tres días… y aún nada.
El sonido de las olas rompiendo contra las rocas siempre logra calmarme, pero no esta vez. Dom ha estado revisando histéricamente cada libro de historia que tenemos en la casa y lo poco que dicen allí sobre Ekrizdis y sus ideales… pues no es agradable. Solía vivir en la antigua Azkaban, rodeado de dementores, y mantenía un diario con las torturas que aplicaba a los marineros muggles que se perdían en su isla. No puedo parar de pensar en lo que leí en el libro que Nique dejó en el living y cómo los diarios habían desaparecido cuando los aurores volvieron a confiscarlos.
¿Quién se los habrá llevado? ¿Serán las personas que tienen secuestrada a Vic? ¿Será que ella realmente… morirá?
— Lou-Lou, deberías entrar. La cena está servida.
Veo a Dominique acercarse a la roca en la cual estoy sentado, abrazándose a sí misma como si de alguna manera pudiese protegerse, aislarse, como si sus brazos fueran un muro contra todo lo malo que está sucediendo.
— ¿Hay…?
El "noticias" muere en mi garganta junto con la negativa de ella.
Verla así es totalmente irreal. Está apagada, sin brillo, sin chispa. Es como si Dominique hubiera dejado de ser Dominique en estos días que han pasado, y frente a mi solo hubiera una sombra de quien ella era.
— Tío Harry ha movilizado a todo el cuartel y...
Su voz se quiebra y las lágrimas vuelven a caer, pero nuevamente yo no hago nada. Me quedo paralizado, viéndola sufrir sin saber que hacer, hasta que ella decide dar media vuelta y volver a la casa, sin decir nada y dejándome con un vacío enorme en el pecho.
Con la sensación de que debería haber reaccionado.
Narra Escritora.
— ¿Dominique?
Harry Potter vio a su ahijada tomar la tetera que silbaba sobre la hornalla con manos temblorosas y apoyarla sobre una bandeja antes de responder:
— Haré algo de té, ¿quieres, padrino?
Harry asintió cuando la muchacha se giró a verlo y se sorprendió de su aspecto: jamás había visto a la rubia en ese estado; sus ojos verdes le transmitían la misma desesperación que los de Bill.
Había llegado hacía un rato, para informarles sobre los últimos progresos; el pelirrojo ni siquiera había sido capaz de escuchar lo que tenía que decir y había abandonado la habitación antes de que terminase de hablar.
— ¿Cómo estás, Nique? — preguntó luego de unos segundos en completo silencio.
— Con demasiadas ojeras y no suficiente maquillaje. — intentó bromear, aunque sus rasgos se mantenían igual de decaídos que antes, sin ni siquiera un mínimo atisbo de diversión. — Papá está muy mal. Y mamá aún más, aunque intente ocultarlo. — el azabache solo asintió, sabiendo que su ahijada solo necesitaba descargarse, no escuchar lo que él tuviera para decir. Tomó asiento junto a ella en la mesa y aceptó la taza de té caliente que le ofrecía — No llora delante de nosotros, ¿sabes? Quiere permanecer fuerte pero... puedo oír sus llantos a la noche, cuando corre al baño y piensa que nadie la escucha.
Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas que intentó secarse con dedos temblorosos.
<< Papá… él está… él está desesperado. — continuó con la voz quebrada, utilizando la misma palabra que Harry minutos antes en su cabeza, cuando la había visto. — No come y… — un sollozo se escapó de su garganta y evitó el contacto visual durante unos segundos antes de continuar. — No sé que haré si algo le pasa.
Ambos se giraron cuando Louis entró y ella se limpió rápidamente las lágrimas. Con tan solo el pantalón azul que usaba para dormir y el torso desnudo, tomó una taza, se sirvió un poco de té y se sentó junto a su hermana en completo silencio.
Harry miró a sus dos sobrinos y, por primera vez, se sintió viejo. Ya no eran los niños que armaban campamentos en el patio de su casa, comían malvaviscos y le rogaban que les enseñara nuevos hechizos. Dominique ya no era la misma niña traviesa que volvía locos a todos en la Madriguera, más cuando se juntaba con James y Roxanne, y Louis definitivamente no era más ese niño risueño que encandilaba a todos con su risa.
Dominique de seguro ya enloquecía a sus compañeros, y un poco a sus padres también, y Louis tenía… ¿un tatuaje?
— ¿Qué es eso?
Louis miró su pecho, sin entender de lo que hablaba en un principio hasta que allí vio el tatuaje en runas que se había hecho durante el verano, con la ayuda de Fred.
— No le cuentes a mamá. — pidió, con una media sonrisa. — Por favor.
Harry le devolvió la sonrisa, negando levemente a modo de desaprobación.
— No diré nada pero sabes que lo descubrirá.
— Estoy contando con que papá se ponga de mi lado y evite que me asesine. — sorbió el último trago de su té y se aclaró la garganta antes de poder preguntar: — Hay noticias, ¿no? Por eso estás aquí.
— ¿Son... malas? — agregó con voz temblorosa Dominique.
Harry miró a ambos antes de responder. Sus sobrinos representaban las dos caras de la misma moneda: Dominique no podía parar de llorar, posiblemente se sintiera injustificadamente culpable por lo que estaba sucediendo mientras que Louis se había aislado completamente de la situación, negándose a aceptar la realidad. Lamentablemente, ya había manejado casos así desde que estaba en el cuartel de aurores y sabía por experiencia que ocultar información a veces era necesario.
Sin embargo, la situación era otra. Era su familia con la que estaba tratando. No podía mentirles, no a ellos, aunque corriera el riesgo de perjudicar la investigación; tenía que confiar en ellos y en que no harían ninguna locura que pusiera en peligro la vida de Victoire.
— Llego una nota esta tarde, al despacho de Hermione, de parte de la Logia.
— ¿Y qué decía? — la ansiedad se apoderó de ella antes de que su padrino pudiese terminar.
— Que ella y Teddy deben votar en contra de la ley el viernes.
— ¿Y si no lo hacen?
— Matarán a Victoire.