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Historia 170095 — capítulo 5

¡Gracias a todas las lectoras que en el capítulo anterior se animaron a comentar por primera vez! Y gracias a todas las que comentan siempre.Antes del capítulo, tengan lo siguiente en mente: Lily tiene tan solo 14 años. No la odien. 

Hogwarts on fire

Una muchacha de cabello rojo fuego por encima de los hombros y lentes cuadrados tamborileaba impacientemente los dedos sobre su brazo, mirando el desértico pasillo en el cual se encontraba esperando a Sebastian Hastings.

Cuando tiempo atrás, la carta de Hogwarts con los libros escolares había llegado junto a una insignia de Premio Anual, Molly se había jurado que haría las cosas diferentes. Ella no tomaría ese puesto como una posición de poder sobre el resto de sus compañeros, sino que se encargaría de hacer algo para mejorar Hogwarts. Se había prometido hacer la diferencia y no solo utilizar la placa como un accesorio a su túnica.

Para su suerte, su compañero tenía la misma idea en la cabeza. Sebastian tampoco quería ser de esos Premios Anuales de adorno y en la primer reunión que habían tenido en el expreso camino a Hogwarts, se habían puesto de acuerdo: harían que esa placa fuese más que solo una placa.

La primera tarea había sido difícil y les había llevado todo el mes. No solo habían tenido que planificar y preparar todo, sino que habían requerido permisos y magia más allá de su nivel.

Quien más los había apoyado en su proyecto había sido el profesor Longbottom, pero eso no era sorpresa para nadie; él siempre estaba a favor de que los alumnos se expresen libremente.

— Buen día, Molly.

Con el mismo aspecto agotado que ella luego de haber dormido dos horas, pero también con la misma sonrisa emocionada, Sebastian la saludó.

— Llegó el gran día.

El castaño asintió. Todas las reuniones hasta tarde, todas las ideas y vueltas, todo el esfuerzo finalmente darían sus frutos. Ese día sabrían si todo su empeño y trabajo duro había valido la pena o no; todo dependía de la aceptación que tuvieran los alumnos con su idea.

El profesor Longbottom llegó a los pocos minutos y los encontró debatiendo sobre quién debería hablar primero. El más nervioso era él, que no estaba acostumbrado a dirigirse a grandes multitudes y tenía pánico de congelarse en el medio de una oración. Bajo ningún concepto quería quedar como un idiota frente a todo el colegio, mucho menos cuando estaba representando el proyecto en el cual tanto habían trabajado con Molly.

— ¿Están listos, chicos?

Neville les devolvió la sonrisa cuando ambos asintieron y abrió la pequeña puerta de madera junto al Gran Comedor. Ese era el lugar que el director Macmillan les había cedido y ellos dos se habían encargado de equipar la pequeña habitación como una estación de radio. Allí tenían todo lo que necesitaban para que Hogwarts FM dejara de ser un sueño y se convirtiera en realidad.

— Wow. Luce incluso mejor luego de haber dormido dos horas.

— Increíble, ¿cierto?

Como el caballero que era, corrió la silla para que Molly tomase asiento y luego hizo él lo propio. Con un simple hechizo que la profesora Clearwater les había enseñado activaron el equipo y Molly se acercó al micrófono mágico que, gracias a que la noche anterior se habían escabullido en cada habitación y dejado una radio además de los altavoces colocados en los pasillos, sonaría en todo el castillo.

— ¡Buuueeenos días, Hogwarianos! — saludó la pelirroja enérgicamente.

— ¡Y bienvenidos a la primera transmisión de radio de la historia de Hogwarts! — con presionar un simple botón, lo que parecían cientos de personas aplaudiendo y vitoreando se dejaron escuchar.

— El primer proyecto de sus premios anuales, ¡comienza así!

A James le tomó cerca de diez segundos entender qué estaba sucediendo cuando despertó esa mañana. Primero creyó que se había quedado dormido y su prima había ido a despertarlo, y luego escuchó la voz de Hastings, demasiado alta e imponente para tratarse del castaño en persona.

Las sábanas de su cama estaban en el suelo, como cada mañana, y tanto Niall como Tanner escuchaban maravillados la radio que habían dejado sobre el escritorio y en ese momento reproducía "Friday I'm in love".

Los doseles de la cama de Alex estaban cerrados y James sabía lo que eso significaba; solo esperaba que la chica que estuviera allí dentro no fuese su prima o perdería totalmente la cabeza.

— Y eso, compañeros, fue The Cure para comenzar su viernes.

Lucy escuchaba la voz de su hermana mayor fascinada mientras cepillaba sus dientes.

— Wow, tu hermana es bastante genial. — comentó Davina entrando al baño, aún en pijamas. — ¿Tenías idea de todo esto?

— No, no me dijo absolutamente nada. ¡No puedo creer que haya guardado el secreto!

— … todo aquel que tenga interés en tener un programa en la radio, podrá anotarse a las audiciones del próximo martes…

— ¡Ey, Lu-Lu, Lorcan está aquí! — gritó Lily mientras se acomodaba la corbata, antes de girar hacia el castaño que esperaba con una sonrisa. — Por cierto, ¿cómo es que siempre logras entrar a nuestra sala común?

El chico Scamander elevó las cejas con aire misterioso, como quien guarda su gran truco.

— Si te lo dijera, tendría que matarte.

Lily puso los ojos en blanco divertida, conociendo de sobremanera las mil personalidades del gemelo; para él, cada día era una oportunidad de interpretar un nuevo personaje y él lo hacía de maravilla. Podía pasar del chico dulce al chico malo en menos de 24 horas y sorprender a todos con su personificación.

— … no solo podrán pasar la música que quieran, sino también discutir los temas que crean pertinentes durante su programa…

Mientras caminaba rumbo al Gran Comedor, lo único que escuchaba Albus era a los alumnos emocionados por tener una radio en el colegio y un clásico de Las brujas de Macbeth sonando a través de los altavoces. Incluso Scorpius y las chicas estaban fascinados cuando los encontró en la puerta.

— Esto era justo lo que necesitábamos: música entre las clases. Molly se lució otra vez.

Los cuatro entraron al Gran Comedor y se sentaron en la mesa de Gryffindor, como tocaba cada viernes.

— ¿Ustedes sabían de todo esto? — preguntó Albus a las prefectas, señalando el techo.

— No, ellos no le contaron a nadie el plan.

— Es decir, todos sabíamos que Molly y Hastings estaban planeando algo grande… — comentó Hollie, agregándole dos cucharadas de azúcar a su té.

—… pero creo que nadie se imaginaba algo así de grande.

— Recuerden que el café literario se reunirá este miércoles en la biblioteca. — anunció Molly.

— Por último, no olviden anotarse para poder participar de la radio. ¡Y ahora los dejamos escuchando un clásico de Queen!

Sebastian deshizo el hechizo y los micrófonos dejaron de transmitir, aunque la música siguió sonando.

Miró a Molly, con una sonrisa que no cabía en su rostro, y ella le devolvió la misma aún más emocionada; sentía que podría ponerse a saltar y gritar de la alegría que tenía dentro.

— Lo logramos. — murmuró finalmente, como si no lo creyera. —Esto es, literalmente, lo mejor que me ha pasado en el año.

— Lo sé — admitió Sebastian, poniéndose de pie. — Y lo mejor es que esto apenas empieza. Vamos, te conseguiré algo de comer antes de la primera clase.


Lily salió de la clase de Pociones sintiendo que la cabeza le explotaría y decidió apoyarse contra una de las paredes mientras esperaba a que Scarlet le entregase su trabajo a la profesora y saliera del salón.

Odiaba tener Pociones en la mañana porque los distintos humos y olores solo lograban dejarla con jaqueca el resto del día. Para colmo, esa clase la compartía sólo con la rubia y la profesora Spunges se había encargado de separarlas a principio de año.

— ¿Estás así de histérica porque besaste a mi hermano o porque vomitaste luego de hacerlo?

En sus catorce años de vida, Lily jamás había deseado tanto que su mirada asesinase, o al menos lograse callar a Scarlet de una maldita vez. No solo salía de la nada, asustándola, sino que además exclamaba aquello como si fueran los únicas dos personas en el castillo.

— ¿No quieres decirlo más alto? ¡¿O tal vez pedirle la radio a Molly para que todo el maldito colegio se entere?! — Scarlet soltó una sonora carcajada ante el chillido de la pelirroja mientras le restaba importancia al asunto con un movimiento de manos. — Y además, no vomité a causa del beso, sino de todo el alcohol que tomé antes.

Lily miraba obsesivamente el pasillo, casi temiendo que él apareciese de la nada por la esquina y escuchase su conversación; lo último que necesitaba en su vida era más humillación luego del papelón que había hecho el sábado.

Había logrado esquivar al Malfoy mayor durante toda la semana. Había cambiado su recorrido a clase, había desayunado más temprano y cenado más tarde y, cada vez que veía al rubio mínimamente cerca suyo, huía como buena serpiente que era, ya que no tenía idea de cómo actuar después de lo que había pasado.

— Fue solo un beso, Lily. Yo tuve que besar a Jaco-idiota y no estoy haciendo semejante escándalo.

— ¡Pero eso es diferente porque Jacobo es tu ex! Ya lo has besado miles de veces. — le espetó histéricamente, girándose a mirarla por primera vez en toda la mañana y cruzándose de brazos, incómoda.  — En cambio, yo a tu hermano…

Se calló al cruzarse con un grupo de Ravenclaw y, disimuladamente, se alejó del lado de Scarlet y fingió que ni siquiera había notado la presencia de ella a su lado. Tenían un plan que seguir y, de acuerdo a ese plan, ella y Scarlet no deberían estar compartiendo charlas de mejores amigas por los pasillos.

— Espera, espera, espera, — comenzó cuando las chicas se perdieron en una esquina —  ¿te gustó el beso? ¿por eso estás así de nerviosa?

— ¡Yo no estoy nerviosa! — una chica de Hufflepuff se giró a mirarla lo suficiente extrañada por el chillido como para que Lily bajase la voz. — Y… no fue un beso. Fue una iniciación, solo eso.

Scarlet le entrecerró los ojos, creyendo muy poco de lo que su amiga decía, pero se guardó sus comentarios para luego cuando vio a Lucy y Davina acercándose a ellas luego de su clase de Herbología. Ambas iban conversando y llevaban una pequeña plantita en su mano.

— El nuevo proyecto de Neville: que crezca sana y salva.

Ambas rubias rodaron los ojos, totalmente compenetradas la una con la otra, y Lucy sonrió mientras enganchaba su brazo con el de su prima.

— Tenemos hasta el almuerzo libre y está hermoso el día, ¿creen que podrán ser vistas juntas un rato? — preguntó la castaña, sabiendo parte de lo que se traían Scarlet y Lily entre manos. — Tengo ganas de dibujar los jardines.

Lily asintió de inmediato y las cuatro emprendieron marcha hacia las puertas de roble. Ni su venganza hacia Jacobo ni la hermandad podía interferir en su amistad con sus mejores amigas; simplemente no podían permitirlo.

Más de una persona parecía haber tenido la misma idea que ellas ya que muchos estaban afuera. Los alumnos sabían que Octubre era su última oportunidad para recostarse en el césped con amigos porque en Noviembre comenzaban las lluvias esporádicas y en Diciembre la nevada impedía toda actividad, excepto una buena guerra de nieve.

En eso mismo había pensado Tanner al arrastrar a sus amigos a su árbol predilecto, cerca del lago. Entre los entrenamientos de las chicas y las actividades de Sebastian como Prefecto y Premio Anual, sentía que había conversado más con Niall Jordan, su compañero de cuarto, que con sus amigos.

Eso era lo que sucedía cuando no formabas parte de un club o no tenías algo especial que hacer. Sus amigos parecían estar siempre ocupados o tal vez era que él siempre estaba libre y disponible para ellos.

— ¿Se han presentado muchas personas para la radio?

Tanto Dominique como Zia estaban poniéndose protector solar en el rostro. Desde que era pequeña, su mamá le había enseñado que si quería mantenerse con una piel perfecta y sin manchas, debería cuidarse del sol aunque éste pareciera no estar; y ella le había pasado el tip a Zia, que en su aspecto natural, era tan blanca como ella.

— De hecho, si. Con Molly hemos estado hablando y posiblemente nos tome más…. ¿Qué sucede?

Supo que algo estaba pasando por la manera en que los tres lo estaban mirando. Él conocía perfectamente ese brillo pícaro en los ojos de sus amigos, cuando estaban tramando algo que posiblemente terminaría con él pagando los platos rotos.

— Así que, ¿la invitarás a salir en algún momento o solo la mirarás como idiota esperando una intervención divina como haces siempre?

Sebastian quiso mantenerle la mirada a Tanner porque de otra manera, él sabría que estaba en lo cierto pero no estaba seguro de querer que sus amigos supieran. ¿Cómo es que se daban cuenta de todo? ¡Ni siquiera había terminado una oración! Ni una oración completa y ellos ya se habían dado cuenta de todo.

— No sé de que hablas.

— Si sabes. — lo contradijo Dominique.

— De veras, yo no… — pero supo que no serviría de nada seguir negándolo porque sus amigos ya lo habían atrapado — ¿Así de obvio soy?

— En realidad, no sé cómo no lo notamos antes — habló Zia por los tres, sonriendo de costado. — Eres el peor mentiroso del mundo.

— Tu rostro lo dice todo. Eres un libro abierto.

El castaño giró la cabeza tan bruscamente que Tanner a su lado pudo escuchar el "crack" que hizo su cuello. Horrorizado era poco adjetivo para expresar el pánico con el cual había mirado a Dominique.

— ¿En serio soy así de obvio?

Ambas mujeres compartieron una mirada antes de negar sincronizadamente.

— Tranquilo, Molly no se ha dado cuenta.

— Aún. — agregó la metamorfomaga.

— Así que deberías hacerle honor a tus colores e invitarla a salir.— intervino Tanner, colocando las manos detrás del cuello y recostándose en el árbol detrás.  — Será divertido; tú invitarás a Molly, yo a Ivonne y…

—¿Invitarás a salir a Ivonne? — pregunto emocionada Dominique.

— Eso es lo que dije.

— Siempre supe que tenías una cosa por las rubias. — reflexionó Zia y ante la expresión de horror y asco que pusieron sus dos amigos, aclaró, no sin antes rodarles los ojos a ambos: — Excepto por Dom-Bon, claro.

— ¡Eso sería casi incestuoso! — exclamó Tanner, escandalizado con la idea de besar a su amiga.

Dominique le lanzó una mirada significativa a Zia; si, ella sabía bastante sobre situaciones incestuosas.


Luego de las pruebas de Quidditch, y el colapso nervioso de James Potter al no conseguir su reemplazo para el primer partido de la temporada, la visita a Hogsmeade llegaba y eso era de lo único que se hablaba por los pasillos. De eso y de la Mascarada que los Premios Anuales habían anunciado para el día de Halloween.

La visita de la semana siguiente al pueblo mágico sería la ocasión perfecta para que todos encargasen sus atuendos y sus máscaras, mientras que esa misma tarde de lo único que debían preocuparse era de las audiciones para la radio que se llevarían a cabo en la pequeña sala junto al Gran Comedor.

— Esperen aquí, por favor, y nosotros los iremos llamando. — pidió Molly, mirando su cuaderno — Julianne Williams, pasa por favor.Roger Lewis, tú también.

Desde un principio habían decidido que la radio sería manejada por los alumnos, pero jamás se habían imaginado que tendría tanto éxito. Habían tenido que iniciar dos horas antes de lo inicialmente acordado y Sebastian y ella harían las audiciones por separado, para poder escuchar a todos en un mismo día.

Algunos de los alumnos llevaban anotado en un cuaderno los temas que les gustaría tratar en caso de conseguir un lugar y otros, como Scorpius y Albus que se habían presentado juntos, solo precisaban de su carisma y usual frescura para convencer a cualquiera de que ellos merecían tener su propio programa.

— Deberíamos cortar por un rato e ir a comer algo. — le dijo Sebastian alrededor de las doce, cuando su vientre no paraba de rugir. — Podría… ir a buscar algo a la cocina y, ya sabes… comer aquí mientras, mm… evaluamos las opciones que tenemos hasta ahora.

Molly, demasiado concentrada en los papeles que estaba acomodando, no notó el nerviosismo en su compañero pero levantó el rostro y le dedicó una sonrisa amable antes de asentir y volver a los papeles.

Con algo de suerte, podría ordenar los formularios que los alumnos le habían ido dejando y así la selección se les haría más sencilla luego.

— Weasley, tengo que hablar contigo.

Molly sintió el retorcijón en su estómago y supo que no tenía nada que ver con el hambre. Si bien recorrió rápidamente el salón con la mirada, rezando por que Sebastian estuviese aún allí, a la única que encontró fue a Chloe Tribbiani con los brazos cruzados y una sonrisa cínica en su rostro.

Deseo estar más arreglada. Deseo no haber tomado la decisión de no usar maquillaje e ir con su vieja sudadera a hacer las entrevistas. Porque ahora estaba frente a la chica con la cual había sido engañada y no solo vestía con ropas que podrían haber pasado por un piyama, sino que su rostro debía estar demacrado y su cabello despeinado y inflado gracias a la humedad.

En cambio ella… ella era Chloe Tribbiani; su cabello lucía espectacularmente lacio y sedoso como siempre, su rostro parecía el de una muñeca de porcelana y su outfit estaba tan perfecto que se preguntó cómo esa chica no era una de las mejores amigas de Roxanne.

Viendo la situación de esa manera, hasta llegaba a entender por qué Andrew le había sido infiel; la Gryffondor era perfecta.

— Sí, dime.

De seguro había quedado como una idiota. ¿Qué tanto tiempo necesitaba una persona para responder? Ella había llegado toda imponente con su "tengo que hablar contigo" y la había paralizado.

De seguro había quedado con la boca abierta y todo, mirándola sin poder creerlo.

Genial.

— Me presentaré para la radio. — anunció altiva — Y no quiero que el hecho de que yo tenga sexo con Andrew interfiera en el proceso.

El uso del tiempo presente no pasó desapercibido para la pelirroja y si bien ella no salía con él desde finales de sexto y el tema debería estar más que superado, no pudo evitar el nudo en la garganta al escuchar eso.

Se obligó a tragar y a fingir una sonrisa, que posiblemente luciera más como una mueca, y asintió un par de veces antes de ser capaz de hablar sin que su voz se quebrara.

— No debes preocuparte. Seré completamente neutral.

— Las dos sabemos que eso no es cierto.

— Si lo es. — volvió a tragar, intentando que el nudo en su garganta se fuera junto con su saliva, pero fue inútil. — Pero si te sientes más cómoda, Sebastian hará tu audición.

Quiso sentirse orgullosa de haber permanecido entera toda la conversación pero su frágil fachada se desmoronó en el momento en que Tribbiani salió por la puerta, satisfecha consigo misma.

Lo más probable era que la castaña hubiese montado todo ese show para humillarla aún más, pero saber eso no la ayudaba en nada. Ya habían pasado más de cuatro meses y ella seguía en el mismo punto que luego de romper con Rhodes.

Había aprendido a ocultar su dolor detrás de sonrisas amables y miles de planes a futuro porque admitir que aún le dolía todo lo que había pasado, la hacía sentir una idiota. Porque él la había engañado y ella seguía amándolo y llorando por él.

Su corazón se había partido en mil pedazos al descubrir la verdad y ella no había encontrado la fortaleza ni descubierto la manera de juntar los pedacitos y volver a unirlos. Después de todo, ¿cómo se suponía que superaría algo que aún tenía dificultad con aceptar como cierto? Ella lo había visto con sus propios ojos y aún así…

— Ey, Molly, quería saber si este sábado quisieras…

Pero ella no lo escuchó.

Salió corriendo del estudio de radio que ambos habían armado y no volvió la vista atrás.

Por primera vez en su vida, se permitió no pensar en todas las cosas que debía hacer y dejó que sus pies la guiaran a paso rápido hasta un salón vació, donde simplemente abrazó sus rodillas y se dedicó a dejar salir todo su dolor.


Narra Lily Luna Potter

Estoy furiosa.

No, furiosa no explica ni de cerca el maremoto de sensaciones que estoy experimentando mientras camino a mi habitación. Es como bronca, impotencia y muchas ganas de asesinar a alguien concentradas en mis cuarenta y nueve kilos.

¿Cómo es posible que…? ¿Cómo se atreve a…? AARGH, ¡¿quién diablos cree que es?!

— ¡¡Odio a mi hermano!!

El portazo no llega a calmarme en lo más mínimo, pero es suficiente para que mis cuatro compañeras me presten atención.

A decir verdad, no me sorprende cuando Jasmine cierra su libro de Pociones y se va del cuarto, sin siquiera mirarme. Cualquiera pensaría que luego de sobrevivir la iniciación y la carrera de la muerte juntas, ella sería algo más agradable pero no. Zabini sigue actuando como si nosotras no existieramos.

— ¿Qué hizo James esta vez?

Veo a Lucy dejar su cuaderno de dibujo a un lado para sentarse conmigo en la cama. Mi prima me conoce mejor que nadie y sabe que cuando algo me molesta, necesito que las personas a mi alrededor me den su completa atención.

— Amo como, sin importar cuál sea el problema, todas asumimos que es culpa de James.

— ¡Es que todo SIEMPRE es culpa de James! — espeto cruzándome de brazos indignada. — ¿Por qué no puede hacer cómo Albus y simplemente dejarme en paz?

— Lils, la única razón por la cual Albus te deja en paz es porque sabe que James está pisándote los talones. En el momento en que el mayor se distrae, el del medio entra en acción. — me asegura Scar con total convicción, mientras agita las manos para que el esmalte se seque. — ¿O acaso crees que cuando Scor no está cerca, no deja a Albus o a Dylan para que me vigilen?

Sé que lo que dice es verdad. Es decir, Al más de una vez me ha demostrado ser tan o incluso más sobreprotector que James, ¡pero al menos él tiene tacto! Jamás me hubiera hecho pasar el papelón que el imbécil de James me hizo pasar.

— Pero Albus… él… ¡sería más disimulado!

— Ya, dinos qué hizo.

— ¿Además de arruinarme la posibilidad de una cita con Brandon O'Connell o cualquier chico de quinto año? Pues, nada. Solo eso.

— ¿Brandon-Brazos de oro- O'Connell te invitó a una cita?

Dav parece sorprendida y ella nunca, absolutamente nunca, se muestra sorprendida. Menos aún por una cita.

— Estaba a punto de, cuando James apareció y amenazó con mandarlo a la enfermería si se me volvía a acercar.

Ahora mis amigas entienden de lo que hablo y sé que, al menos Scar, está tan indignada como yo mientras me propone diversos métodos de tortura para James. Después de todo, las fotos de Jacobo desnudo colgado en uno de los aros de Quidditch cuando ellos habían comenzado a salir, aún circulan por el castillo, recordándole a la rubia que pasa cuando los hermanos mayores se meten en nuestros asuntos.

— Definitivamente debemos golpearlo.— me asegura Dav luego de unos segundos — Alex me dio unas clases de defensa personal en el verano y te aseguro que mi gancho derecho lo dejará recalculando.

— O mejor aún, podríamos quebrarle ambos brazos y así, no podrá jugar Quidditch.

Scar y Dav son demasiado sanguinarias para mi en este momento. Estoy furiosa, si, y he pasado la última media hora fantaseando matar a James, pero privarle de jugar al Quidditch es demasiado cruel mas cuando tía Hanna le advirtió que no podría darle poción crece-huesos hasta dentro de tres meses.

Además, solo conseguiría que él tenga más tiempo para vigilarme y molestarme.

— Tal vez podrías conseguir una aliada. — en medio de la estrategia que las rubias estaban organizando para llevar a cabo la operación "destruir a Potter", escucho a Lucy hablar. — Ya sabes… alguien que esté tan molesto con James como tú y sepa perfectamente cómo volver loco a un chico.

A veces olvido que debajo de esa fachada tranquila y artística, mi prima es una Slytherin de corazón. Una serpiente calculadora, que cuando quiere, sabe dónde golpear.

No tardo ni dos segundos en correr a mi mesita de luz, encontrando el espejo que tío George nos regaló a todas en navidad, para que pudiésemos comunicarnos dentro del castillo. Es igual al espejo de doble-cara que tiene papá, con la diferencia de que éste se conecta con cada una de mis primas. Con decir el nombre basta para que el espejo comience a hacer sonidos muy parecidos al de una banshee gritando, hasta que la otra persona contesta.

Lu-Lu me sonríe, dándome ánimos, y sin dudarlo ordeno:

— Dominique Weasley.


Narra escritora.

Cuando los sábados de Hogsmeade llegaban había algo que todos los alumnos, desde primero hasta último año, esperaban con ansias: ver los outfits que Roxanne y Dominique Weasley habían elegido para la ocasión. Sin importar si eras hombre o mujer, todos coincidían en que las primas Weasley vestían para deslumbrar. Y en cada salida se superaban.

— ¿Dónde pueden estar las botas de terciopelo negras?

Saliendo de debajo de la cama, donde esperaba encontrar sus zapatos, Dominique levantó la mirada para encontrarse con la de Zia, que se maquillaba en su propia cama.

— ¿Buscaste en el escondite no-tan-secreto de Felton? Allí estaba mi saco preferido la última vez.

La rubia se paró y levantó la tabla de madera suelta debajo de la cama de Rebecca, sacando sus botas con una expresión de triunfo. No era como si su némesis necesitara robarles, pero disfrutaba viéndolas enloquecer cada vez que perdían algo.

Desde que Chloe y Vivian habían descubierto a Zia con Aaron y ella había conseguido que Sebastian les quitara el castigo del tren a cambio de su silencio, el ambiente en su habitación estaba… raro.

Rebecca notaba la extraña complicidad que parecía haber entre ellas y, al no poder descubrir la verdad, se desquitaba escondiendo sus cosas y cambiando la hora de los relojes. En esas últimas dos semanas, se habían perdido la mitad de los desayunos y llegado tarde a prácticamente todas sus clases. Era infantil y poco elaborado, pero lograba su objetivo: sacarlas de quicio.

— Esto comienza a ser realmente molesto. — comentó terminando de ponerse las botas y acercándose al espejo de pie que Felton había llevado en segundo año; posiblemente lo único útil que alguna vez había hecho.

— Ni que lo digas.

Zia también se acercó, habiendo terminado ya con el maquillaje, para poder arreglarse el cabello. Cuando estaba probando un flequillo recto, que descartó de inmediato, la puerta se abrió y por ella entraron Roxanne y Lily.

— Sigo creyendo que esta es una pésima idea. — avisó la morena, incluso antes de cerrar la puerta.

Dominique le rodó los ojos y rápidamente desvió su atención al chillido de:

— ¡Amo esa falda! ¿La diseñaste tú?

Roxanne sabía que su prima solo intentaba distraerla, así que simplemente dejó el bolso que había llevado sobre la cama y empezó a sacar las prendas que había ajustado para que se adaptaran a la menuda figura de Lily.

— Mi falda no cambiará lo que pienso: James enloquecerá. Lo digo en serio.

— ¡Y esa es la idea!

— Sí, Roxy. — continuó la pelirroja, hablando por primera vez. — ¿Qué hubieras hecho tú si Fred te arruinaba una posible cita con un bombón como Brandon?

La chica no tuvo defensa posible ante eso, porque sabía que ella hubiera hecho algo incluso peor, así que decidió atacar por otro lado.

— ¿Y cuál es tu excusa? A tí no te arruinó ninguna cita.

Dominique sabía que todos sus primos morían por saber qué había sucedido entre ella y James durante el verano, pero no podía decir nada. La simple idea de decirle a Roux que había pasado el verano histeriqueando con James sin razón aparente solo para terminar acostándose con él le parecía tan hilarante como irreal, algo que posiblemente solo sucedía en libros para pre-adolescentes de muy baja calidad.

— Roux, sabes que yo jet'aime à toi pero ese es un tema mío. — y cambiando radicalmente de tema, tomó una prenda de la cama. — Definitivamente tienes que ponerte esto; cualquier chico heterosexual enloquecería con este shortcito.

Zia hizo un mueca ya que si bien ella era la única que sabía qué estaba pasando entre su amiga y James, conocía a su capitán lo suficiente para saber que nada bueno pasaría si Lily usaba ese micro-short negro de cuero.

Dominique tenía todo el derecho a estar enojada, e incluso algo confundida, pero la metamorfomaga no creía que meter a la pequeña Potter en el problema sería buena idea.

— La clave, Lils, no está en lo que usas, sino en cómo lo usas. — aseguró Roxanne, tendiéndole unos tacones negros.

— Este vestido, por ejemplo, — continuó la rubia, señalándose — no dice absolutamente nada. Es negro, prácticamente básico pero…

— Con los complementos y accesorios adecuados… — Roxanne le acercó el kimono de flecos blanco y negro y la cartera, que la rubia no tardó de completar con una capelina y un collar.

— Tienes el outfit perfecto para impresionar.

Lily las miró con la admiración brillando en sus ojos. Ella cambiaría su cabello pelirrojo y sus miles de pecas sin pensarlo solo para parecerse aunque sea un poquitito a Roxanne o Dominique. Daría todo por tener un poquito de esa confianza, de ese estilo, de ese… ángel; porque sin lugar a dudas, lo que sus primas tenían era ángel.

Se dejó arreglar el cabello por Nique y maquillar por Zia mientras Roxanne arreglaba su propio cabello con un pequeño espejo de bolsillo. Cuanto más miraba a Lily, más se arrepentía de haber aceptado ayudar; James era uno de sus primos favoritos, tal vez no tan cercanos como él y Molly o ella y Nique lo eran, pero definitivamente no tenía ganas de verlo sufrir.

Cuando ese sentimiento que reconoció como culpa se volvió insoportable, alejó la vista de su prima que parecía cada vez más de veinte años, y se centró en la metamorfomaga.

— Y tú, pequeña McLaggen, ¿por quién has agrandado tus pechos?

La azabache frunció el ceño, fingiendo no tener idea de lo que estaba hablando.

<< No te hagas la tonta conmigo; si yo pudiera cambiar mi cuerpo a voluntad, sin lugar a dudas mis medidas serían 100, 60, 90. Pero tú jamás haces eso.

— ¿No serían 90, 60, 90?

— Pudiendo tener 100 de pechos, ¿por qué me conformaría con 90? — retrucó, devolviendo su mirada ámbar a la azabache. — Así que, confiesa, ¿es para Albus? ¿estás saliendo con él? Porque debo advertirte: jamás debes cambiar por un chico pero, en cualquier caso, Al es más un chico de culos grandes, no pechos.

Lily abrió los ojos horrorizada ante esa nueva información que no tenía ningún deseo de poseer y Dominique no pudo evitar soltar una carcajada mientras buscaba algo en su baúl.

— Albus es tan solo mi amigo. — se apresuró en aclarar.

— ¡Por favor! Todos los vimos saliendo del mismo cuarto el primero de septiembre y ni siquiera podían mirarse a los ojos.

— ¡Eso fue culpa de Dom! Por dejarme sola y con una botella de tequila.

— ¡Yo no te obligué a meter tu lengua en su…!

En un ataque completamente infantil, Lily tapó la boca de su prima con una de sus manos, impidiéndole hablar momentáneamente.

— Ya suficientes traumas me han generado mis padres y James. Pretendo poder seguir viendo a Al a los ojos, ¿Si?

Sus dos primas sonrieron divertidas ante la inocencia de la pelirroja y, antes de que pudieran salir del cuarto, Zia se encargó de volver a aclarar:

— Al y yo solo somos amigos. Lo digo en serio.


Luego de casi media hora de ruegos y promesas, Ivonne había logrado que Molly cambiaría el pijama por unos jeans y aceptase ir a Hogsmeade.

No había querido hablar sobre lo que había sucedido un par de días atrás y si bien la rubia estaba intentando darle su espacio, estaba realmente preocupada por su amiga. Ella creía que esa etapa había pasado ya, pero la había escuchado llorando en el baño la noche anterior.

— ¡Saca esa cara, será divertido! — le dijo mientras la arrastraba escaleras abajo; si no se apuraban, perderían los carruajes. — Tanner me invitó y de seguro Sebastian estará allí también así que ustedes dos podrán comportarse como los nerds adorables que son y hablar del colegio. ¡Será como una cita doble!

Molly le dirigió una mirada cansada, agarrando las mangas de su suéter y abrazándose a sí misma.

— Realmente no estoy para citas, Ivy. — la chica le frunció el ceño. Saludó a Tanner, que la esperaba desde las puertas de entrada con Sebastian y Zia a su lado. — Ve tú, ¿si? Diviértete, luego me cuentas.

— ¿Y tú? ¡No volverás a la habitación!

— Iré con James, él no me dejará volver antes de tiempo. — prometió la pelirroja, identificando a sus primos a la salida del Gran Comedor. — Además, Teddy y Victoire prometieron pasarse por Hogsmeade para almorzar.

Ivonne miró a su amiga, aún negándose a ir. La ojeras tan marcadas, la nariz rojiza, la falta de brillo en los ojos; era como si hubieran vuelto al principio del verano, a la Molly con el corazón roto.

Ella sabía que la pelirroja aún no había superado a Andrew. Había sido su primer gran amor y su corazón aún no había sanado pero Ivonne había tomado la decisión de fingir que creía las sonrisas de la chica. Creyó que de esa manera, le simplificaría el duelo a Molly, pero al parecer se había equivocado.

— ¿Sabes qué? Olvídate de Hogsmeade. Tú y yo bajaremos a las cocinas, pediremos mucho chocolate y conversaremos.

— Pero Tanner…

— Tanner entenderá. Tú eres mi mejor amiga.

Molly sintió que los ojos se le humedecían y sin dudarlo abrazó a la rubia, escondiendo el rostro mientras juntaba fuerzas para frenar las lágrimas.

— Gracias. — no necesitaba decirle cuánto la amaba, porque ella ya lo sabía. — Pero de veras, ve con Tanner; luego podemos pasarnos toda la noche hablando si quieres. Además, no puedo perderme el almuerzo de hoy, ¡estaremos todos los primos Wotter juntos!

Ivonne volvió a abrazarla antes de irse aún no muy segura y Molly fue a donde James, Niall y Alex estaban.

— ¡Ey, Molly-Love! — James le pasó un brazo por los hombros, acercándola a su costado, y le besó la coronilla mientras la pelirroja rodeaba la cintura de su primo con ambos brazos. — Me has dejado abandonado esta semana.

— Sabes que no es cierto, solo estuve ocupada con la radio.

— Si sigues pasando tanto tiempo con Hastings, nos pondremos celosos. — la picó el castaño — Bonitas piernas, Northman.

James se giró para ver a su hermano y amigos acercarse desde el Gran Comedor y, si no hubiera estado demasiado ocupado frunciendo el ceño, posiblemente hubiera golpeado a Alex por el comentario.

Hollie, en cambio, sí había reaccionado ante lo dicho por el Gryffindor sonrojándose y bajando la cabeza mientras Scorpius la rodeaba celosamente con un brazo.

— ¿Que significa esto, Hollie?

James soltó a Molly solo para poder cruzarse de brazos esperando una respuesta.

— No sé a que te…

— Primero el descontrol en la carrera, que lo dejé pasar porque era tu cumpleaños, y ahora, ¡te pones una falda para ir a Hogsmeade!

Albus rodó los ojos, sabiendo que su hermano podía ser la persona más exagerada del planeta. Él también era celoso, sobre todo con su amiga, pero James era un caso aparte.

— Si apenas se me ven las piernas... — intentó defenderse con un tono de voz suave.

— ¡Pero se te ven! — dijo medio en broma, medio en serio, para luego girarse hacia su prima. — Rosie-Posie, hazme acordar que te compre algo en Honeydukes hoy. A fin de cuentas, eres la única decente de la familia.

Rose sonrió divertida mientras golpeaba juguetonamente a Niall, quien intentaba sacarle la cámara polaroid que llevaba colgada al cuello. Desde que tenía catorce años y sus padres se la habían regalado, jamás se había separado de ella; era su posesión más preciada y no permitía que nadie la toque.

Alex se fue en la anteúltima camada de carruajes, junto a una bonita castaña que lo había invitado a tomar unas cervezas mientras el resto esperaba que bajaran los Wotter restantes para ir a encontrarse con Teddy, Victoire y la novia de Fred, Natalie.

Niall presintió que habría problemas de inmediato y por la manera en que los rostros de James y Albus se desfiguraron, supo que estaba en lo correcto. Él mismo no podía creer lo que sus ojos le mostraban y, de no ser porque casi todos los alumnos ya habían partido a Hogsmeade, estaba seguro de que todos estarían murmurando.

Lily, con un shortcito que apenas la tapaba y un top que dejaba ver su ombligo entre los flecos, caminaba hacia ellos con pedantería mientras jugueteaba con su cabello, que de tan lacio que lo llevaba parecía incluso más oscuro.

— ¿Qué demonios tienes puesto?

James se adelantó aunque Albus intentó frenarlo. Por su mente había pasado exactamente la misma pregunta, pero sabía que cargarla en su hombro y encerrarla en su habitación como deseaba, no resultaría en nada bueno.

— Un short y un top. — contestó altiva. — ¿Necesitas que te alcance tus anteojos?

Albus creyó que James iba a matarla. Cuando lo vio tomarla del brazo, realmente temió que perdiera el juicio y la matase, porque sabía que su hermano era una polvorita y ante la menor provocación, explotaba. En ese aspecto, Lily era igual; cuando ellos se enojaban, todo rastro de racionalidad desaparecía.

Sin embargo, para su sorpresa, vio a su hermano inhalar profundo al cruzar la mirada con la suya.

— ¿Qué crees que haces, Lily?

— Me voy a Hogsmeade. — soltó clavando su mirada en la de su hermano. Y luego, librándose del agarre, agregó: — Jacobo me espera.

Lily comenzó a caminar, creyendo aquel el final de la discusión, cuando la voz burlona de James volvió a paralizarla.

— ¿Vomitas por un simple beso y luego juegas a la femme fatale?

El cambio de estrategia asustó a Molly, quien sabía cuán hiriente podía ser su primo enojado y de ninguna manera permitiría que Lily se enfrentase a eso.

— James, no…

— "James, no" nada, Molly. ¿Qué clase de hermano sería si dejo que vaya así a Hogsmeade?

Al saber que sería inútil disuadir a James, intentó por el otro lado:

— Lils, ¿no crees que tendrás frío sí…?

— ¡No te metas, Molly, no eres mi madre!

— ¡No le hables así a Molly!

— ¡Entonces no se metan en mis asuntos!

Lily se dio media vuelta, fantaseando con una salida triunfal, sin tener en cuenta que James estaba perdiendo la poca paciencia con la cual se había armado con la mirada de Albus.

— ¡Ni se te ocurra! No irás a ningún lado vestida así. — dictaminó, tomándola de la muñeca.

— ¿Quién te crees que eres para…?

— ¡Tu hermano!

— ¡Exacto! Mi hermano, no mi padre. — le espetó, soltándose del agarre con una sacudida.

— ¡Lily Luna, vuelve aquí ahora mismo!

El dedo corazón de Lily en respuesta fue suficiente para que el castaño viera rojo y se soltara de un solo tirón del agarre de Niall, que intentaba calmarlo, para salir detrás de su hermana.

— Déjala en paz. —le espetó Dominique con fireza, interponiéndose en su camino.

James bufó sonoramente, como si creyera que ese era el colmo de los colmos.

— ¿Qué, ahora si me hablas? — le soltó irónico. — Pues lamento informarte que tengo cosas más importantes que hacer ahora, como encerrar a mi hermana en su habitación hasta que cumpla treinta.

Intentó retomar su camino, pero nuevamente la rubia se interpuso, esta vez golpeando su pecho para hacerlo retroceder.

— ¡Que la dejes en paz, te dije!

Albus vio el peligro de inmediato y supo que esa vez James no sería tan exitoso calmándose. Quiso adelantarse e impedir que su temperamental hermano o su impulsiva prima dijeran algo que terminara en desastre pero Scorpius lo tomó del brazo antes.

Sus rubios amigos aún estaban allí, presenciando la discusión, y el Potter estaba seguro de que si no fuera sábado de Hogsmeade, el pasillo estaría repleto de alumnos escuchando atentamente la interna Wotter.

— Rose fue detrás de Lily; tal vez deberíamos ir a ayudarla. — sugirió Hollie, quien permanecía junto a Scorpius incómoda por la situación.

Albus miró como a menos de un metro, James y Dominique habían dejado de lado el sarcasmo para pasar a los gritos, y dudó en hacerle caso a su mejor amiga.

— Al, ellos tienen que resolver sus problemas solos. — agregó Scorpius, aún reteniéndolo del brazo. — Mejor huyamos mientras podamos.

El mayor de los Malfoy no sabía por qué, pero algo le decía que tenía que dejar al par solo. Tal vez porque su inconsciente reconocía la tensión sexual que su consciente estaba demasiado cegado en que ellos dos eran primos para ver.

Niall empujó suavemente a Molly, para sacarla de allí, creyendo lo mismo que el Malfoy: ellos no tenían absolutamente nada que hacer.

— Dominique, hablo en serio. Sal de mi camino. — el tono duro del castaño no fue capaz de amedrentarla. Por el contrario, le dio más coraje.

— ¿Así como tú saliste aquella noche?

Fue un golpe bajo. ¿Estaban realmente teniendo esa conversación? Y más importante aún, ¿estaban preparados para soportar lo que fuese que resultara de ésta?

— No mezcles las cosas. Lo que pasó entre tú y yo…

— ¿Lo que pasó entre tú y yo, qué? — James quiso decir algo pero no encontró las palabras adecuadas para continuar. Si no se podía dar una respuesta clara a sí mismo, ¿cómo se suponía que se la daría a ella? — Eres muy bueno para criticar las acciones de tu hermana, ¿pero que me dices de las tuyas? ¿eh?

— ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? — espetó furioso y acorralado.

— ¡Tiene todo que ver! — exclamó la rubia, furiosa. En ese momento, su herencia veela era más notable que nunca. — ¡Tiene todo que ver porque te la das de ganador y no tienes idea de cómo tratar a una chica!

— ¿Yo me la doy de ganador? ¡¿Yo?! — se llevó las manos al cuero cabelludo, casi desesperado.  Ella corrió la mirada, mordiéndose el labio inferior. — ¿Qué pretendías que hiciera, Dominique? ¡¿Qué querías que hiciera?! — demandó, tomándola de los hombros y obligándola a verlo. — ¿Querías que fuera a comprarte flores? ¿Que te despertara con el desayuno preparado? ¡¿Qué mierda querías, Dominique?!

— ¡¡Que no te fueras!! — las lágrimas lo tomaron tan desprevenido como el grito y retrocedió un paso, mudo. — ¡Que no me hicieras sentir como una escoria humana, como una maldita zorra! — esta vez fue ella la que se pasó las manos por el cabello, desesperada. — Estaba confundida y solo quería entender qué diablos había sucedido y tú… ¡Ni siquiera fuiste capaz de esperar quince minutos antes de huír! — creyó que sacar todo eso de su sistema la ayudaría a sentirse mejor, pero no lo hizo. Negó levemente con la cabeza, tapándose el rostro con las manos y cuando volvió a hablar, su voz no sonó tan fuerte como antes. — Me hiciste sentir descartable, como si no valiera nada.

— Yo nunca… — inhaló profundamente, intentando calmarse y organizar sus ideas. — No fue mi intención que te sintieras así.

— ¿Y cuál era tu intención cuando me dejaste sola en esa maldita casa del árbol? — preguntó sardónica. — ¿Sabes qué? Mejor ni contestes. Estoy oficialmente harta de tí.

Comenzó a alejarse, dispuesta a internarse en un baño para arreglar su cabello y maquillaje, y no volver la vista nunca más.


— ¡Lily! ¡Esperame!

La joven pelirroja aminoró la marcha y rápidamente su prima llegó a su lado, sin siquiera agitarse luego de la carrera para alcanzarla.

— Si vienes a darme un sermón sobre mi ropa, realmente no estoy de humor, Rose.

— Que uses una túnica o ropa interior para ir a Hogsmeade no podría importarme menos. — le aseguró. — Lo que sí me importa es que recuerdes que Jacobo no es un buen chico. Es lindo, si, y ese exceso de seguridad puede resultar terriblemente atractiva pero… tú estabas allí cuando le dijo todas esas cosas horribles a Scarlet. Y aunque tú y ella estén peleadas ahora…

— Scar y yo no estamos realmente peleadas. — aclaró sin poder evitarlo, para luego rodar los ojos. Odiaba cuando su familia intentaba sobreprotegerla pero algo en la actitud de Rose le impidió mandarla al demonio. — Y tampoco voy a verme con Jacobo, eso fue solo para molestar a James. A decir verdad, es parte del super plan de Scar para vengarse.

Rose soltó un suspiro aliviado ante esa nueva información y sonrió a su prima mucho más relajada.

— Me alegra escuchar eso. Y si necesitas ayuda, ya sabes dónde queda mi habitación.

— Tal vez debería haberte pedido ayuda a tí, teniendo en cuenta lo que le hiciste al tío. Dom no tiene nada de eso en su currículum.

Ambas lanzaron una carcajada. Rose podía no conocer lo que era tener dos hermanos mayores hiper celosos, pero sí sabía lo que era tener un Ronald Weasley, que a veces olvidaba que sus años de colegio ya habían terminado.

— No, claro que no, hiciste bien en recurrir a Nique. — le aseguró y con un gesto la invitó a seguir caminando. Habían perdido los carruajes, así que tendrían que llegar al pueblo caminando. — Puede que ella no sea la chica más fuerte del castillo, pero sin lugar a dudas sabe cómo destruir a un hombre emocionalmente. ¿O no viste el rostro de James?

Lily volvió a carcajearse. Pasaba tan poco tiempo con ella, que olvidaba que de hecho Rose era una chica bastante genial.

El día estaba más ventoso de lo que había pensado y caminando, el pueblo parecía lejísimos.

Tal vez ir a Hogsmeade prácticamente desnuda no había sido la mejor manera de darle una lección a James sobre que era lo suficientemente mayor para tomar sus propias decisiones, pero ya lo había hecho y no se arrepentiría en ese momento. Incluso aunque el viento le calara los huesos y tuviera que apretar la mandíbula y los puños para evitar tiritar.

No, de ninguna manera le daría la razón a James sobre aquello.

Lily no se dio cuenta que Albus estaba detrás de ellas hasta que lo vio pasar por su lado abrazando a Hollie para protegerla del frío, sin siquiera dirigirle una mirada. Posiblemente el azabache le aplicase la ley del hielo durante algunos días ya que no sabía estar enojada con ella.

Sintió la calidez de una campera colocada sobre sus hombros y se giró, encontrándose con unas orbes grises que la miraban con seriedad.

— Me agradeces luego. — se atajó Scorpius, al ver que la pelirroja estaba a punto de reclamar algo. — No quiero terminar en una pelea con todos los imbéciles que se voltean a verte el trasero.

— Puedo cuidarme sola, Scorpius.

— Pues no lo parece. — le respondió él, tajante. — Tal vez la próxima vez, consideres hacerte la rebelde sin ganarte un pase directo a la enfermería... — se detuvo para ver a un grupo de su año que observaban a Lily de arriba a abajo sin ningún tipo de tapujos — o una reputación que luego no puedas cambiar.

Quiso responderle algo, pero el rubio ya había acelerado el paso, dejándola atrás. ¿Por qué todos tenían esa maldita manía de sobreprotegerla y tratarla como si fuera una niña? ¿Acaso no se daban cuenta que ya no era la misma chiquilla de 10 años que no podía dormir sin su peluche? Que no pudieran entender que ella ya había crecido, era algo que la sacaba completamente de quicio y la hacía actuar como actuaba. Pero que de todas las personas, él la seguiría viendo como una niña, la enfurecía más.

— ¡Lily-Pooh!

— ¡Teddy-bear!

El rostro de la Slytherin se iluminó al ver a pocos metros a la única persona que podía tratarla como una niña sin que ella se enojara, y aún así jamás lo hacía. Teddy parecía el único consciente de que cada 25 de Octubre ella crecía, no se hacía más pequeña. Lo quería como si realmente fuera su hermano, sin toda la parte de los celos enfermizos.

— ¿Cómo es que tardaron tanto? — les preguntó Victoire, separándose de Rose y abrazando a Lily. — ¡Lu-lu y Lou han llegado prácticamente hace una hora! Y Roux dijo que ella había subido al último carruaje.

— Tuvimos algunos... problemas técnicos. — explicó Albus secamente, dirigiéndole una mirada a su hermana.

Victoire abrió levemente los ojos, sorprendida, mientras observaba el conjuntito que Lily llevaba debajo de la campera de Scorpius pero no dijo nada.

— ¿Mi hermana y Jay? — preguntó la rubia, queriendo cambiar de tema, pero nuevamente el ambiente se llenó de miradas tensas y silencios incómodos.

— ¿Y si mejor entramos?

Todos parecieron de acuerdo con la propuesta de Rose.

Victoire y Teddy ya había reservado una mesa en el nuevo restaurante de Hogsmeade, que se había inaugurado en el verano y ya estaba repleto de gente. Natalie y Fred estaban sentados juntos, tomados de la mano, y conversaban con Joanne Longbottom y Grace Monroe sobre el próximo partido, que sería un Hufflepuff vs Gryffindor.

En la mesa de al lado, Zia McLaggen buscaba con la mirada a su mejor amiga, mientras esperaba incómodamente sentada entre su hermano y el mejor amigo de éste, Aaron Wilds, quien llevaba la última media hora discutiendo con su novia y lanzándole miradas de piedad, que ella ignoraba olímpicamente.

En el mismo momento en que Molly había decidido no ir con Ivonne y Tanner, Sebastian había dado media vuelta sin decir ni una palabra de regreso a su habitación, y ella había tenido que decidir entre ser la tercera en discordia en la cita de Tanner e Ivonne o estar en la misma mesa que Rebecca Felton, sabiendo que había estado con su novio. Increíblemente, la segunda opción le había parecido menos incómoda.

— ¿Y Nique? — preguntó casi con desesperación al ver a los Wotter faltantes llegar.

— Con James, en el castillo. — Albus leyó la situación de inmediato y le dijo: — ¿Por qué no la esperas con nosotros?

La chica aceptó de inmediato, sin importarle la mirada de súplica de su mellizo para que no lo dejara solo en medio de la discusión de pareja.

La alargada mesa estaba ya casi completa, no solo con los primos Wotter sino también con amigos de la familia que conversaban y reían despreocupadamente; ir al mismo colegio no les garantizaba hablar todo el tiempo.

Victoire, en una de las cabeceras, interrogaba a Louis sobre la chica que había invitado a tomar algo luego del almuerzo. Las dos rubias Weasley eran conocidas por celar a su hermano menor todo el tiempo y no permitirle salir con nadie que ellas no hubieran aprobado previamente. Louis podía no tener el encanto despampanante de James, la frescura romántica de Fred, la labia de Albus o la dulzura de Hugo, pero todas las chicas coincidían en que él era el más guapo de Hogwarts. Con tan solo quince años, el chico arrasaba en el colegio sin siquiera tener que esforzarse.  

— ¿Nadie creyó un poco temerario dejar a James y Dominique sin supervisión? Podrían matarse y nadie los detendría.

Grace, sentada entre Roxanne y Albus, expuso su preocupación al ver que ninguno de los dos llegaba y ellos ya estaban por comenzar a almorzar. Siendo su padre y Harry ex-compañeros de trabajo, la cobriza había crecido con los hermanos Potter, y sabía cuán irracional podía ser James. Eso combinado con Dominique en su fase "estoy enojada y seré una perra contigo", no podía terminar en nada bueno.

— Ellos saben lo que hacen. — respondió el azabache antes que ninguno, ganándose una mirada incrédula de varios en la mesa.

— ¿Debo recordarte que es de tu hermano y Dominique de quienes estamos hablando? Ellos jamás saben lo que hacen.

Todos en la mesa estaban pendientes en la conversación y sin embargo el único que se atrevió a integrarse en ésta fue Teddy, tal vez porque los demás sabían que cuando Grace y Albus hablaban, solo les importaba lo que tuviera que decir el otro. Inconscientemente, se aislaban del resto de las personas y sus posibles opiniones.

— ¿Qué pasó con ellos, de todas maneras? Siempre se han llevado bien. Desde niños.

Albus se concentró para romper el contacto visual con la Hufflepuff solo para encogerse de hombros, desconociendo la respuesta a eso que todos se venían preguntando desde hacía un mes.

— Nadie lo sabe. Llegamos a Hogwarts y de repente, ellos ya no se hablaban.

El muchacho con la comida llegó y el ambiente se dispersó nuevamente. Cada uno conversaba con quien tenía más cerca mientras Rose devoraba el plato de pasta que había ordenado; cuando de comida se trataba, la pelirroja tenía los mismo modales que su padre.

Victoire le contaba emocionada a todo el que quisiera escucharla sobre la última entrevista que le había realizado a la cantante principal de la Snitch cantante, al menos hasta que Roxanne anunció que iría a retocarse el maquillaje y ella no tardó en seguirla.

Zia intentaba comer su hamburguesa y conversar con Rose ignorando la mirada de Grace Monroe sobre ella; la cobriza podía negarlo todo lo que quisiera, pero las noticias sobre el desliz de ella y Albus en el verano claramente habían llegado a sus oídos. Y por su expresión, no eran noticias gratas para la Hufflepuff.

— Tal vez debería chequear que James y Nique sigan vivos. — Molly dejó de lado sus cubiertos y la servilleta que tenía previamente sobre su regazo, lista para pararse e irse al castillo.

La mayoría de sus primos estaban demasiado ocupados terminando de comer como para prestarle atención, por lo cual sólo Teddy, Lysander y Louis la escucharon.

— Termino esto y te acompaño, Molls. Extraño recorrer esos pasillos. — admitió Teddy, de cierto modo arruinando su excusa para chequear en sus primos y poder volver a la tranquilidad de su habitación. — Por cierto, ¿no están tardando demasiado las chicas con ese maquillaje? El pollo de Vic está helado ya.

— ¿Acaso nos las conoces? — intervino Joanne, levántandose de la mesa. — Toire y Roxy podrían pasarse todo el día maquillándose y hablando de ropa. Iré al baño y de paso las traeré. ¿Vienes, G?

Grace se levantó detrás de ella, perdiéndose entre los empleados y clientes que tenía el restaurante.

— ¿Por qué las chicas van siempre juntas al baño? — preguntó Louis, con el ceño fruncido.

— Mi mamá fue al baño sola una vez y terminó petrificada.

— A mi mamá le dieron un collar maldito que casi la mata.

— Y a mi mamá la secuestraron y casi mataron, en un baño también. Todo eso sin contar a Myrtle, que la asesinaron. — agregó Lily, cruzándose de brazos — ¿Acaso quieres que nos asesinen?

La respuesta de Louis se perdió al escucharse el grito de una chica pidiendo ayuda. Los camareros comenzaron a movilizarse hacia el fondo del lugar y, al ver que el grito provenía de los baños, Teddy los siguió rápidamente.

Paradas en la puerta del baño, Grace permanecía con los ojos llenos de lágrimas mientras Joanne miraba fijamente a su mejor amiga desmayada, en shock.

— Vic… — jadeó el metamorfomago, buscando en el baño desesperado.

Sobre el pecho de la morena había un pergamino con solo una oración, capaz de hacerle helar la sangre a Teddy en cuanto la leyó:

Nosotros te advertimos.

L.I

Próximo capítulo: Buscando desesperadamente una victoria.