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Orgullo Merodeador — capítulo 35

Capítulo 35: Aceptación

Sabía que se arrepentiría de hacerlo, pero lo hizo de todas maneras. James entró en la habitación que compartía con sus mejores amigos abriendo la puerta de golpe, esperando hacer el suficiente ruido como para despertar a los únicos dos ocupantes que quedaban.

Dominique y Remus dormían cómodamente, tapados con el acolchado color escarlata de la cama del licántropo. James no podía creer cómo soportaba ver a su mejor amiga semidesnuda en la cama de un hombre. Cada vez que veía la pierna desnuda que Dominique sacaba fuera de las mantas para mantener la temperatura correcta le daban ganas de vomitar.

—¡Arriba par de asquerosos! —Exclamó a viva voz— Nique necesito tu ayuda.

Dominique saltó de la cama instantáneamente, llevándose las sabanas consigo, para cubrir su desnudez de los ojos de su mejor amigo.

—Por Merlín, James —Susurró aferrando la sábana con fuerza contra su pecho.

—Oh vamos, Nique… —James la miró con picardía, utilizando su sonrisa coqueta— No hay nada allí que no haya visto antes.

—James —refunfuñó Remus con la mirada clavada en su amigo— Estás hablando de mi novia ¿Acaso tengo que recordártelo?

—Lo siento Lunático —Sonrió James encogiéndose de hombros— Ella siempre será mi cazadora.

Le sacó la lengua al mismo tiempo que se acercaba a Dominique para tomarla en brazos. Cómo si de una pluma se tratase, James se cargó a la joven Gryffindor al hombro y salió del cuarto bajo la furiosa mirada de Remus y los gritos ensordecedores de su mejor amiga.

—¡James bájame en este instante!

Pero el azabache no hizo caso a los gritos de Dominique, al menos no hasta que llegó al límite donde las escaleras le permitían. Dejó a la rubia sin ningún tipo de delicadeza y le sonrió.

—Necesito que te vistas

—Eso sería mucha más fácil si no hubieses dejado mi ropa en el cuarto… —Dijo Dominique intentando volver al cuarto de los hombres— Te mataré por esto ¿Lo sabes?

—Puedes matarme luego, ahora necesito tu ayuda —Repitió, esta vez utilizando sus ojos de cachorro— ¿Ayudarás a tu capitán, por favor?

Dominique bufó enojada mientras se cruzaba de brazos. Era demasiado injusto que James siguiera usando su cara de cachorro desvalido para conseguir lo que quería.

—Dame cinco minutos ¿Puede ser?

—Te espero abajo —Murmuró— No tardes.

Antes de desaparecer con rumbo a su cuarto, Dominique bufó una vez más, mientras se preguntaba qué era lo que James necesitaba tan urgente que no podía esperar hasta el mediodía.

Entró al cuarto sin tocar, como siempre y se encontró con su hermana mirando al vacío, con un sobre en la mano.

—¿Allison? —Preguntó acercándose a ella— ¿Te encuentras bien?

Su hermana menor, por sólo unos minutos, levantó la vista y una expresión de confusión se cruzó en su rostro.

—¿Qué haces en bombacha? —Preguntó confundida— ¿Esa camisa no es de Remus…? Oh…

—Si, si… —Contestó Dominique, agitando su mano derecha para restarle importancia— ¿Qué te ocurre?

—Creo… —Suspiró— Creo que tengo algo que confesarles… a todos

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Cinco minutos en completo silencio. Sus amigos comenzaban a impacientarse, pero Allison no encontraba las palabras correctas para comenzar a explicarse. Llevaba meses guardando secretos, escondiéndose de sus amigos y ahora intentaba confesarles todo. ¿Cómo podrían tomarlo?

Sabía la reacción de Dominique y estaba segura de cómo reaccionaría Sirius. El resto eran una incógnita que estaba a punto de descifrar. Sabía que el único que tenía una mínima idea de lo que ocurría era Aspen y por lo que habían hablado en su momento, a él no le parecía mal.

—Quiero que me dejen hablar, sin interrupciones —Comenzó pidiendo, mirando exclusivamente a su hermana y su mejor amigo— ¿Puede ser?

—Si hasta ahora no has dicho una sola palabra, Allison —Refunfuño Sirius, cruzándose de brazos.

En los cinco minutos que llevaban allí, lo único que había notado, además del silencio de Allison, era que Willa ni siquiera se dignaba a cruzar una mirada con él. Habían pasado dos días desde que se habían besado y todavía no había tenido oportunidad de hablar con ella, no después de que saliera corriendo asustada.

Allison suspiró, volviendo a captar la atención de todos. Levantó la mano enseñándoles un sobre.

—Esta es la razón por la que todos me han estado notando rara en los últimos meses…  —Comenzó a explicar— Desde navidad.

¿Cómo podía explicarles a sus amigos lo estúpida que había sido? Intentó seguir hablando, antes de que alguno formulara preguntas que no estaba lista para responder.

—Desde navidad, he estado hablando a través de cartas… con un chico —tragó saliva, observando las caras de todos, buscando reacciones— Sólo lo vi dos veces, pero creo que me estoy enamorando de él….

—Eso no explica porque lo mantuviste en secreto —Recordó Willa, luego de un largo minuto de silencio— ¿Por qué tanto misterio?

Y ahí es donde comenzaba la parte en la que Allison se sentía una estúpida. En su momento, sólo había sido algo premeditado, lo había pensado cuidadosamente y había decidido que no les contaría absolutamente nada, porque sus amigos no merecían saber lo que estaba pasando con ella. ¿Por qué? Si lo pensaba ahora, no tenía un motivo concreto, realmente no. Sólo se le podía ocurrir una respuesta, celos.

—Quería tener algo que fuera mío, absolutamente mío —Explicó— Me sentí fuera de lugar, todos con sus historias, preocupados por sus problemas… —Suspiró, bajando la mirada— Dominique ya casi no pasaba tiempo conmigo, Brianne se pasaba los días tras Kevin, tratando de reconquistarlo —Comenzó a enumerar— Sirius no dejaba de correr detrás de la falta de Willa Y Lily —Suspiró— No sé, James y tu lucen tan enamorados y felices que me dio envidia…

Ese era el verdadero motivo por el cual había preferido ocultar sus cartas. Así al menos, había logrado que sus amigos le prestaran un poco más de atención.

—Lo sé, fui una estúpida, no hace falta que me lo digan —Dijo— Pero ahora quería contárselos porque estoy en problemas

—¿Qué sucede? ¿Te enamoraste de un violador? —Bromeó Dominique, porque no sabía que otra cosa hacer.

—Dom… —Murmuró Remus en forma de regaño— No es momento de molestar a tu hermana…

Con muchos nervios, Allison les contó absolutamente toda la historia. Había conocido al chico aquella tarde en vacaciones de Navidad, cuando habían decidido salir a patinar, el chico que tanto la había ayudado a mantenerse de pie sobre sus patines.

Un Muggle, que no tenía idea de que ella era bruja, por eso el sistema de cartas era sumamente complicado, pero de alguna manera Allison se había arreglado para que funcionara y todas las semanas se escribían.

Travis quería conocer a su familia, quería poder salir con ella, aunque Allison le había dicho que asistía a un colegio pupilo, por lo que no podrían verse hasta que acabara el curso.

—Tengo pánico de que se entere de que soy una bruja —Finalizó— Nunca lo hablamos, pero por algunos detalles, cómo películas y libros, sé que no es muy fan de los magos…

—Una cosa es la literatura, Alli —Trato de tranquilizarla Remus.

—Si este muchacho, Travis, es el chico para ti —Comenzó a decir Sirius— Te aceptará tal y como eres y sino…

—Una Bludger aterrizara sobre su cara, no te preocupes —Finalizó James, sonándose los dedos en forma amenazadora.

Fue en ese momento en que Allison liberó todo el estrés que tenía acumulado y se largó a llorar, el grupo entero la abrazo con fuerza. No podía creer que aunque les hubiese mentido y sobre todo, los hubiese destratado de aquella forma, ellos simplemente se lo tomaran con naturalidad.

—Espera un momento —La detuvo Dominique, cuando todos se habían marchado ya— Una de esas dos veces que lo viste… ¿Fue durante el funeral de los padres de Lily?

Allison asintió, bajando la mirada. Sabía que haber dejado a su amiga en un momento como ese había estado pésimo, igual que todo lo que había venido después. Ahora se daba cuenta que mantener en secreto sus cartas con Travis simplemente había servido para que sus amigos desconfiaran de ella.

—Eres una estúpida y lo sabes —Le soltó Dominique con tono molesto— Pero si Lily pudo perdonarte por eso, yo no tengo más nada para decirte…


—Estaba pensando que quizás, quisieras que fuéramos al baile de graduación juntos…

Quizás se estaba apresurando, Samantha aún estaba de duelo por la muerte de su mejor amiga y los alumnos en el colegio no se lo hacían más fácil, susurrando a sus espaldas tonterías sobre lo que había ocurrido, manchando el nombre de Jessica.

Pero allí estaba, como un estúpido preguntándose qué iba a decir ella.

—¿Tengo cara de necesitar una cita?

Definitivamente no estaba preparado para una respuesta mordaz como esa. La cara de Samantha hablaba por sí sola y no decía nada bonito sobre Kevin. El chico se quedó con la boca abierta, sin saber que responder, entonces Samantha soltó una carcajada que Kevin simplemente no pudo creer.

—¿Acaso te has enamorado de mí, Kevin? —Preguntó entre risas la castaña— De verdad, deberías haberte visto la cara…

—Muy graciosa, Sam —Ironizó Kevin, cruzándose de brazos con el ego herido— Obviamente lo digo como amigos, no creas que…

—Kevin, somos amigos —Puntualizó Sam— ¿Cómo que otra cosa podrías ofrecerme ir al baile?

Kevin puso los ojos en blanco y soltó un sonoro suspiro.

—Es demasiado obvio que te has enamorado de mí, Sam —dijo, mirándola a los ojos— Es completamente comprensible, mírame…

Se señaló el cuerpo al completo, como si eso hiciera falta para que Samantha lo notara. Kevin era un hombre apuesto, no hacía falta estar enamorada de él para notarlo.

—Creo haberte dicho que tu sonrisa compradora y tu arrogancia no funcionaría conmigo —Dijo ella, con los ojos clavados en los de él, demostrándole que no la ponía nerviosa— Tendrás que esforzarte mucho más para conquistarme…

—¿Es un desafío? —Preguntó con su voz seductora, dando un paso hacia ella— No has visto todos mis trucos…

Por segunda vez en menos de cinco minutos, Samantha se soltó a reír a carcajada limpia. Esta vez, Kevin tuvo que reírse con ella. Al menos su amiga no había perdido la capacidad de reírse y eso hacía muy feliz a Kevin.

—Aceptaré ir contigo al baile —Acordó Samantha luego dejar de reír— ¿Podrás soportar verme tan hermosa sin querer quitarme el vestido?

—Ese sí que será todo un desafío

Entre risas, Kevin y Sam se fundieron en un cálido abrazo. Gracias a ella, Kevin había vuelto a sentirse él mismo y eso era algo por lo que estaría eternamente agradecido. Sam había llegado a su vida en el momento adecuado, de la manera adecuada.

—Usaré azul, por favor —Lo señaló con el dedo, de forma acusadora— Combina nuestras prendas…

—


Jakeline se descubrió a si misma mirando fijamente el lugar donde Alecto Carrow la había marcado como una traidora. Ya no quedaban evidencias de la marca, Madame Pomfrey había hecho un gran trabajo restituyendo su piel; pero el ardor seguía allí, la risa sínica de Alecto mientras la marcaba, todo estaba en su memoria.

Había pasado una semana, una semana entera de burlas a sus espaldas. Jack podía sentir cómo el resto de los Slytherin se burlaban de ella.

—¿Jack? —Dorcas la sacó de sus pensamientos— ¿Estas bien?

Llevaba toda la semana preguntándole eso. Si estaba bien, si necesitaba algo. Pero lo único que hacía Jack era pensar, pensar en lo que le había pasado, en lo que sus propios compañeros le habían dicho y hecho. De pronto, sonrió. Había algo en lo que Alecto y sus cómplices habían acertado.

—¿Sabes qué? —retrucó Jack, clavando la mirada en su mejor amiga— Eres mi mejor amiga y te adoro

Se puso de pie y la abrazó con fuerza.

—No sé qué haría sin ti —confesó— Perdóname por haberme tardado tanto tiempo en darte la razón….

—¿Jack?

—No te burles —Pidió con una sonrisa en el rostro— He tenido demasiado tiempo para elegir…

—No sé de qué hablas… —Dijo Dorcas, totalmente confundida por la actitud de su mejor amiga.

—De que es hora de tomar decisiones basándome en lo que yo quiero, en lo que me hace bien —Dijo con una sonrisa y volvió a abrazar a su amiga— Te quiero, tu eres una de esas personas que me hacen bien…

Salió de la sala común de Slytherin con un solo objetivo, dejando a Dorcas completamente confundida, pero sonriente.

Caminaba deprisa, cómo si alguien la estuviera persiguiendo, pero no llegaba a correr, no necesitaba parecer una loca. Algo había cambiado en la última semana, algo llevaba cambiando en ella desde hacía mucho tiempo y lo sucedido con sus compañeros le había dado el último empujón para dar aquel paso que necesitaba tanto.

—¡Aspen! —Gritó cuando lo vio al otro lado del pasillo.

—¿Jack, que ocurre? —Preguntó el muchacho al verla tan agitada.

Aspen caminó a su encuentro, para ahorrarle el camino, pero se sorprendió cuando ella no frenó a una distancia prudencial, sino que siguió avanzando y le tomó el rostro entre sus manos.

—¿Jack, que sucede? —Volvió a preguntar más extrañado todavía.

—Me quieres, ¿verdad? —Preguntó sin filtro alguno.

Los ojos de Aspen brillaron por un instante, emoción, alegría. Jack no supo decirlo. Era ahora o nunca, pues si daba un paso atrás se convertiría en una cobarde y jamás en la vida se perdonaría si se acobardaba en ese momento.

Entonces Aspen asintió, levemente. Apenas un movimiento imperceptible que llenó a Jakeline de valor.

—Eso era todo lo que necesitaba —Dijo sonriéndole, sin dejar de mirarlo a los ojos.

—¿Qué…?

La pregunta de Aspen quedó en el aire, pues los labios de Jakeline se habían acercado a los suyos y sin mucha más ceremonia lo besó. En un principio fue todo Shock y emoción, el estómago de Aspen se convirtió en un nido de mariposas que le causaron cosquillas maravillosas.

Jack lo estaba besando y él la estaba besando a ella. Había imaginado muchas veces ese momento, pero jamás se le hubiese ocurrido que sería tan perfecto.

Cómo en la más tonta de las novelas, Aspen sintió que los minutos se convertían en horas y confundió los tiempos, sin saber si habían pasado apenas unos segundos o toda la eternidad. Aquel era no era su primer beso, pero sin duda alguna, era el más hermoso que le habían dado hasta la fecha.

Cuando se separaron, Jack juntó sus frentes y se quedó mirándolo a los ojos. Estaba llorando.

—Yo no quiero ser tu amiga, Aspen…


A pesar de haber pedido la ayuda de Dominique, lo único que le preocupaba a James en ese momento era volver al castillo lo antes posible. Sabía que después de la confesión de Allison, Lily había quedado preocupada. Después de los eventos recientes, la muerte de Jessica, los ataques a tantas familias de Muggles, todo había abierto nuevamente la herida de la perdida de sus padres.

James trataba todos los días de consentir a su novia, de distraerla lo suficiente como para no pensar en todas las tragedias que estaban ocurriendo en el exterior.

Después de agradecer a Dominique por su ayuda, corrió a la sala de prefectos, donde sabría qué Lily lo iba a estar esperando, como cada día antes de bajar a cenar.

Ser un Merodeador y salir con una prefecta traía como consecuencia el poco tiempo que tenían para estar a solas, por eso James aprovechaba cada minuto del día como si fuera el último.

—Lo siento, siento llegar tarde —comenzó a disculparse incluso antes de llegar hasta ella y abrazarla— Lo siento mucho, cariño.

—James, sólo te demoraste cinco minutos —Dijo ella, acariciándole el rostro— ¿Estas bien?

—Claro —Le dio un suave beso— ¿Tú?

Lily se encogió de hombros y frunció los labios. Obviamente había entendido que Allison, el día del funeral de sus padres, había preferido marcharse a un encuentro fugaz con su amante, novio o lo que fuera. No estaba molesta por eso, ya había dejado atrás eso, pero de alguna forma, su confesión había traído los recuerdos nuevamente y eso le dolía.

Le dolía todos los días. La muerte de sus padres era una pena que llevaría por siempre, eso lo tenía muy claro.

—En realidad —murmuró. Ya habían entrado a la sala de prefectos y estaban cómodamente acurrucados en uno de los sillones— Estaba pesando en Peter…

—¿En Peter?

—Pienso en el dolor que yo siento por la muerte de mis padres… —Suspiró— Y en lo mucho que me ayuda estar cerca de ti, de mis amigos…

Lily llevaba casi un año preguntándose cómo demonios Peter había preferido afrontar la perdida de sus propios padres en solitario, en lugar de refugiarse en el amor de sus seres queridos. No conocía muy bien a Peter, en realidad no podía decir que conociera muy bien a ninguno de los Merodeadores, exceptuando a Remus, hasta ese año. Pero podía ver lo dependiente que había sido siempre Peter de James, Sirius, Kevin y Remus durante los años pasados.

—Todos tenemos maneras distintas de llevar el duelo, Lils —Explicó James— Ya sabes, yo me pongo histérico de Quidditch.

—Y Allison quiere matarte cada vez que lo haces —Sonrió ella y le dio un suave beso— Es sólo que… —de pronto se puso aún más seria— Sigo pensando que podría haber hecho algo para evitarlo….

Habían hablado de eso millones de veces y James nunca lograba convencerla de lo contrario. Así que esta vez, simplemente le dio un beso cargado de sentimientos y luego la abrazó con fuerza, acariciándole el cabello.

—No sé qué podrías o no haber hecho, Lils —Susurró en su oído— sólo sé que ya no tienes que preocuparte por nada, yo cuidaré de ti

—James… —Se separó de él para mirarlo a los ojos.

—Por siempre Lils, siempre cuidaré de ti —Le tomó el rostro entre las manos— Hasta el último aliento de mi existencia será para protegerte.

Entonces lo supo. Era ese momento o nunca. Volvió a separarse de ella y le sonrió, mientras rebuscaba en su bolsillo.

Trago saliva, dos veces, para deshacer el nudo que de pronto se le había formado en la garganta. Cuando puso una rodilla en el suelo, Lily ya estaba llorando.

—¿Lilian Evans, te casarías conmigo?

—James… —Murmuró, con los ojos inundados en lágrimas— ¿Qué? ¿Cómo…? ¿Cuando?

Tartamudeaba todas las preguntas que quería formularle, porque no podía pronunciar una palabra sin llorar como una boba.

—Dominique me ayudó a escogerlo —Explicó— Iba a preguntártelo en el baile de graduación, pero, no veo porque torturarme a mí mismo con la espera… —sonrió y Lily sonrió con él— Entonces… ¿Me aceptarías como tu arrogante, irritante y sobre todo, muy apuesto esposo?


Brianne se juró a si misma que si volvía a escuchar cuando enamorada estaba Marlene de su novio, vomitaría. El comité de organización del baile de graduación se había reunido esa noche para continuar con los decorados y preparativos para la gran fiesta. Sólo faltaban dos meses para que acabara el año, los exámenes se acercaban y Brianne en lo único que podía pensar era en hacer de ese, el mejor baile de graduación de la historia.

—¿Si intentas terminar la decoración que te encargué, en vez de parlotear sobre Creonte? —Preguntó Brianne a Marlene con mala cara.

—Que amargada estas Reid —Contestó la rubia, corriéndose el cabello de la cara— Terminaré tu maldito decorado a tiempo ¿Si? —Suspiró— Así que deja de fastidiar…

Willa le dedicó una sonrisa de disculpa a Brianne y luego se giró a mirar a su amiga, con los ojos bien abiertos, como si una obviedad se le hubiese escapado justo delante de su nariz.

—Podrías tener un poco más de tacto —Le pidió mientras terminaba de pegar el papel maché— El tema amoroso es delicado si se trata de Brianne…

—¡Te escuché Hastings! —Exclamó Brianne desde la otra punta del gran salón.

Entonces Willa puso los ojos en blanco, cuando Brianne estaba así de intolerante, lo mejor era no discutir con ella.

—Entonces… ¿Cuándo dejarás de evitar a Sirius? —Preguntó Caroline con la mirada llena de ilusión.

—Otra vez con lo mismo no —Les advirtió Willa—No voy a hablar de eso

—Bueno tranquila….

Brianne volvió a acercarse hasta ellas y dejó caer una enorme caja llena de pequeñas lámparas de papel de colores.

—Cuando terminen con eso ¿Podrían separar las lámparas por colores? —pidió en ese tono autoritario de ella que todo el mundo sabía interpretar— Gracias.

Marlene le hizo un gesto grosero por la espalda mientras Brianne se alejaba.

—¿Se puede saber por qué esta tan de mal humor hoy? —Preguntó Caroline, mientras tomaba la mano de Marlene para ocultarla de los ojos de Reid.

—Kevin…

Willa les contó a sus compañeras de cuarto el verdadero motivo por el cual Brianne estaba de tan mal humor. Esa misma mañana, se había enterado que Kevin y Samantha irían al baile juntos, como una pareja.

La castaña sabía que Samantha y Kevin eran sólo amigos, pero aquello había desmoronado sus esperanzas de ir al baile con su ex mejor amigo y, por eso, se comportaba como una perra autoritaria.

¿Lo peor de todo? Brianne se había enterado de todo, porque Calíope, su eterna rival, se lo había comentado personalmente; con la única intención de hacerla miserable.

—Deberían retarse a un duelo y dejar de molestar —Sentenció Caroline, para sorpresa de sus amigas— ¿Qué? Es verdad, su eterna rivalidad ya tiene a todos cansados…

—El compromiso de Lily y James tampoco le pegó bien a Brianne

Dominique se unió a la conversación de las Ravenclaw sorpresivamente, mientras disimulaba que buscaba algo dentro de las cajas que ellas tenían sobre la mesa.

—El amor florece por todos lados —murmuró Caroline soñadora— Que lindo

—¿Qué tiene que ver el compromiso de James y Lily? —Preguntó Willa, sin poder evitar sonreír por su amiga.

—No lo sé —Contestó Dominique encogiéndose de hombros— Pero así es Brianne, supongo que piensa que es la única que no consigue lo que quiere…


Tres semanas. Hacía tres semanas que Sirius la había besado; y durante tres semanas completas ella no había hecho más que ignorarlo con excusas estúpidas y técnicas inesperadas. El azabache había intentado hablar con ella, no estaba segura de si quería disculparse, ofrecerle una explicación o burlarse de ella, pero tampoco estaba dispuesta a averiguarlo.

Marlene y Caroline ya la habían regañado, también Lily, Brianne, Dominique e incluso Allison, a pesar de haberse mostrado sumamente celosa, pero nada de lo que ellas dijeran podía hacerla cambiar de opinión, Sirius la había besado sólo para que dejara de llorar.

Su táctica por el momento parecía estar funcionando. Evitar los horarios del azabache, utilizar caminos alternos para llegar a clase e incluso saltearse algunas comidas con tal de no verlo.

Justamente por eso, se sorprendió cuando, de camino a clase de historia de la magia, Sirius la tomó del brazo con fuerza y la arrastró por un corredor desierto, hasta entrar en un aula aún más desierta que el corredor.

—¿Qué es lo que estás haciendo? —Preguntó Sirius con la furia reflejada en los ojos.

La tenía acorralada contra una esquina de la habitación, evitando así que lograra escapar. Llevaba tres semanas intentando hablar con ella, no dejaría que se marchara esta vez, por muy loco que pareciera.

—Sirius… Tengo que ir a clase —Murmuró ella, desviando todo el tiempo la mirada. Por más que quisiera, no se atrevía a mirarlo a los ojos.

Se sentía una estúpida, plenamente consciente de que sus miedos quizás hubiesen arruinado la única oportunidad de estar con Sirius Black. No quería saber la verdad, el porqué de ese beso, no estaba preparada para escucharlo, fuera lo que fuera.

—¿Por qué me evitas? —Preguntó Sirius, haciendo un vano intento de calmar sus nervios— ¿Acaso no te quedó claro que prefiero ser tu amigo a.…?

—Ya, no digas nada —Lo interrumpió, mientras sentía como la pablara amigo se clavaba directo en su pecho— No tienes nada que explicar

—¡Te bese! —Exclamó— No tengo que explicarlo, pero quiero que sepas…

—Sirius, de verdad —Volvió a interrumpir ella, aun esquivando su mirada— Yo estaba mal, no sabías que hacer… lo entiendo

¿Qué cosa entendía? Sirius enfureció en ese mismo instante. La ira se apoderó de él como nunca antes lo había hecho. Sabía que Willa tenía sus dudas, sus miedos, pero creía haberle dejado claro en una oportunidad, que respetaría todo eso si ella lo necesitaba.

Pero no podía creer que estuviese pensando que él la había besado por lástima, cómo una forma de hacerla dejar de llorar. ¿Qué clase de mala persona creía que era?

—¿Acaso eres estúpida, Willa? —Exclamó lleno de furia— ¿Crees que te besaría por lástima? ¿Crees que soy de esa clase?

—Te has besado con medio Hogwarts…

—¡Jamás por lástima! —Exclamó— Puedo ser un mujeriego, puedo ser un estúpido yo también, pero jamás me aprovecharía del dolor de alguien ¡No soy un desgraciado!

—Yo no he dicho eso… Sirius —Susurró Willa sintiéndose completamente estúpida.

—Me siento como un imbécil, preocupándome por ti… —Escupió con bronca— ¡Llevo meses sin acostarme con alguien! —se alejó de ella unos centímetros— No dejo de pensar en ti… Cuando beso a otra chica, me siento sucio…

—Conozco tu pasado… —Volvió a interrumpir Willa, sorprendida de lo que Sirius le decía— Sé que jamás te enamorarás de una chica como yo…

Sirius comprendió todo en un instante. Él y Willa se estaban comunicando con códigos distintos. Ella esperaba algo que creía que él jamás le podría dar, por eso se escondía, por eso lo esquivaba.

—No puedo asegurarte que sea amor, Willa —Susurró suavizando el tono, mientras se acercaba nuevamente a ella— No estoy familiarizado con el término —Hizo una pausa, resignado a confesarse— Pero esto es lo mejor que tengo para ofrecerte….

En ese momento Willa pensó que Sirius la volvería a besar; Merlín sabía cuándo lo deseaba. Pero en cambio, él tomó le tomó la mano y la apoyó directamente sobre su pecho, justo en su corazón. Después de unos segundos, Willa no pudo evitar que una sonrisa apareciera en su rostro y todos los miedos se evaporaran, al menos por un momento. Dentro de su pecho, el corazón de Sirius latía con fuerza.


¡Hola a todos! ¿Cómo están?

Espero que les haya gustado el capítulo, trataré de traer el siguiente lo más pronto posible, pero no prometo nada, ya saben, por las dudas.