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El Pocionista y la Cantante — capítulo 2

Emily se encontraba flotando en una nube nada más de recordar la cena del día anterior, se había quedado a dormir en casa de sus padres y su abuela Iridezza había hecho lo mismo. Aún recostada en la cama con doseles de seda y colchón relleno de plumas de cisne de su antigua habitación, la cantante recordaba con expresión embelesada los besos furtivos que le había robado a su pudoroso prometido en los jardines de la gran mansión de sus padres

 ¡Cuánto lo amaba! ¡Cuánto deseaba ser su esposa! Había soñado una y mil veces casarse con Severus y vivir en la humilde casita de la calle de la Hilandera que, pese a su aire misterioso, le agradaba en demasía, pero el hecho parecía preocupar a Severus en gran medida porque, en la conversación que habían mantenido durante su paseo por los jardines el día anterior, él parecía no estar dispuesto a usar la casa de sus padres como su nueva residencia de matrimonio:

- No creo que sea prudente llevarte a vivir allí Emily - Le dijo él recostado de una enorme estatua de San miguel arcángel que imperaba en medio de un laberinto de rosales

  • Ya sabes cómo es ese lugar.

  • Estupendo - Respondió ella con una sonrisa - Tu casa me pareció maravillosa y lo sabes.

  • No me refiero a mi casa Emily, me refiero a… la zona donde vivo, no… no sería justo para ti ir a vivir a un lugar así, no estás acostumbrada a eso y tus padres…

En ese momento, Severus sólo podía recordar la ocasión en que los padres de Emily lo habían visitado en Hogwarts cuando aún se oponían a la relación y entonces la señora Smith había expresado con voz desdeñosa:

"Vives en un cuchitril en… la calle de la Hilandera, rodeado de muggles pobretones"

El señor Smith por su parte había añadido:

"¿Qué podrías ofrecerle tú a mi hija?"

Severus estaba plenamente consciente de que en la actualidad ambos padres de la muchacha aprobaban la relación luego de que él la salvara de una muerte segura tras la mordida de la serpiente mágica de Julieth, pero estaba seguro de que, aún así, a ninguno de los dos les gustaría ver a su hija como ama de casa en su humilde morada.

 En ese momento la voz de su prometida lo sacó de sus cavilaciones…  

  • Mis padres no son los que se irán a vivir allí Severus - Respondió ella con voz vehemente - Seré yo y ya te dije que adoro ese lugar.

  • Pero tan sólo imagínate lo que dirán tus padres si se enteran de que quieres ir a vivir allí.

- ¿Y desde cuando te importa el qué dirán?

  • Jamás me ha importado pero…ya sabes la clase de personas que acostumbra merodear por esa calle y también la que vive allí ¿Recuerdas a la entrometida señora Polkiss?

Emily rió.

  • Como olvidarla - Respondió - A mí me divirtió muchísimo, vecinos chismosos siempre ha habido, además, el chisme es el deporte favorito de la gente de la alta sociedad, si no lo crees pues pregúntaselo a mi madre y a mi abuela, la madre de mi padre por supuesto porque mi querida Iridezza no es así para nada.

- Si… lo imagino.

*- Severus, si lo prefieres podríamos vivir en mi casa en el West End -*Tanteó ella al ver que él tenía la mirada perdida en el horizonte.

- Esa es tu casa Emily, se supone que yo debería ofrecerte un espacio.

- ¡Por Merlín Severus! No seas machista.

  • No es machismo Emily, es lo que se acostumbra, yo debería encontrarte un espacio.

- Pues ya sabes a donde quiero ir - Respondió ella con voz melosa al tiempo que le rodeaba el cuello con los brazos.

Severus suspiró con resignación, ya sabía lo obstinada que podía llegar a ser su futura esposa, la idea de poder llamarla así le llenaba el corazón de emoción. En ese momento, su beso fue interrumpido por una vocecilla que llamaba a lo lejos…

- ¡Señorita Smith! ¡Señor Snape! Los señores Smith han mandado a buscarlos.

- ¡Oh cielos! - Se lamentó Emily - ¡Ya vamos Minsy! - Informó luego a la elfina.

La chica salió de sus cavilaciones y se permitió sonreír una vez más, adoraba a Severus, sabía que él quería lo mejor para ella pero a veces exageraba un poco.

Salió de la cama al fin, justo en el momento en que Panda se había arrojado sobre ella para reclamar afecto, ella lo estrechó entre sus brazos y lo cubrió de besos, posteriormente se dio un baño con agua tibia y perfumada con un aroma especial para resaltar su exquisito olor natural, lavó sus dientes, se vistió y posteriormente bajó a desayunar  encontrándose ya en el comedor a sus padres y a sus abuelas.

  • ¡Buenos días! - Saludó la muchacha mientras tomaba asiento.

-¡Buenos Días! - Saludaron los demás.

Un elfo se acercó a la muchacha con un tazón de cereal de chocolate sobre una bandeja.

  • Muchas gracias Duvock - Dijo Emily mientras tomaba el tazón. 

  • ¡Santo cielo! Hay croissant, tostadas francesas, pudin de arándanos ¿y tú prefieres comer eso? - Preguntó la señora Gertrude Smith mirando el desayuno de la cantante con desprecio.

  • Pues desde luego abuela - Contestó la muchacha desafiante - El chocolate es mucho más divertido que un montón de comida de caballo - Añadió luego mirando con repulsión la rebanada de pan integral con alfalfa que la señora tenía sobre su plato de porcelana china.

  • Emily, no empieces - La reprendió su madre.

La rubia se encogió de hombros y comenzó a desayunar procurando hacer ruido al sorber el cereal porque sabía que con esa actitud infantil molestaría aún más a su abuela paterna. Iridezza en cambio, hacía un enorme esfuerzo por no reír, Greta entonces volvió a indicarle a su hija que se comportara.

  • Una mujer de tu edad comportándose como una chiquilla malcriada ¡Por Merlín! - Se quejaba Gertrude Smith - ¡Claro! pero como los padres se lo han permitido, perdió el rumbo desde que decidió huir de aquí a los diecisiete años y ahora ¡Ja! Ahora se casará con un mestizo.

  • ¡Madre, por favor! - Solicitó el señor Smith comenzando a hartarse también.

  • Es la verdad Jacob.

  • Soy yo quien me casaré con él, no tú abuela, así que no tienes de qué preocuparte ¡relájate!  

  • ¿Podríamos por favor desayunar en paz? - Pidió Iridezza hablando por primera vez - Deberíamos estar felices por Emily, por el éxito que ha tenido en su carrera y porque se ha encontrado a un hombre que si la valora, la respeta y la ama de verdad.

  • ¿Ah sí? - Inquirió la madre de Jacob -Y dime una cosa Iridezza ¿Dónde vivirá ella cuando se case? ¿Lo llevará a vivir a su casa en el West End? ¡Ohh por Dios! Si es así, ese hombre se ha sacado la lotería, ha conseguido a alguien a quien desplumar.

Emily sentía sus mejillas arder por la ira, tal y como en la época en que sus padres solían despotricar de ella o de Severus, ella estaba haciendo un esfuerzo descomunal por no dejar salir lo que llevaba dentro, pero su abuela paterna no parecía dispuesta a detenerse.

  • O tal vez decida más bien llevársela al vulgar barrio de muggles donde vive él - Continuó la mujer esbozando un gesto de suficiencia.

A este punto de la perorata de su abuela, Emily supuso que tal vez la elfina no habría llegado por orden de sus padres para buscarla a ella y a Severus la noche anterior, sino por orden de su abuela para escuchar su conversación y luego llamarlos, después de todo Minsy, la elfina le pertenecía a su abuela.

  • ¿Y si es así qué? - Inquirió Emily con tono desafiante - ¿Te afectaría en algo?

  • ¿Que una Smith, mi única nieta nacida de mi único hijo vaya a vivir a un barrio marginal muggle junto a un mestizo? Desde luego que me afecta.

Emily rió con ironía.

  • ¿Qué sucedería si me voy a vivir a la calle de La Hilandera? Después de todo, eso es lo que se espera de la machista sociedad mágica ¿No es así? ¿Acaso no dice la ley conyugal mágica que la mujer prácticamente le pertenece al marido y que por lo tanto debe seguirlo a donde quiera que este fije su residencia? ¡Ja! ¿O tal vez eso deja de ser ley cuando el marido no tiene apellidos rimbombantes y es de origen muggle?

La mujer había despegado los labios para responder pero posteriormente volvió a sellarlos y entonces Emily, comprendió que se había quedado sin argumentos para rebatirla, finalmente volvió a hablar pero esta vez para expresar que se retiraba.

  • Sí, claro abuela ¡retírate! de todos modos jamás has pasado demasiado tiempo junto a mí - Continuaba Emily, esta vez hablando desde el rencor.

  • Emily ¡Por Dios, Ya basta! Madre, tú quédate dónde estás.

  • ¿Te estás dando cuenta de cómo me está hablando tu hija Jacob?

  • Tan sólo digo la verdad papá - Se defendió la mujer - Ella únicamente ha venido a criticarme, es igualita a su mejor amiga, la arpía esa cara de sapo

  • Al decir esto, el rostro de la madre de Jacob se tiñó de rojo de pura ira - Lo único que has hecho desde que llegaste fue criticarme a mí y a Severus y no conforme con eso mandaste a Minsy a espiar nuestra conversación de anoche.

  • Sólo quiero lo mejor para ti pero eres una desagradecida.

  • Si hubieses querido lo mejor para mí hubieses estado junto a mí en uno de mis peores momentos tal y como lo hicieron mamá y papá a pesar de sus prejuicios.

Tanto Jacob como Greta, así como Iridezza comprendieron que ella estaba dolida por no haber visto a su abuela junto a ella en el difícil momento en que fue mordida por la serpiente y en cambio sólo la veía para recibir malas críticas.

La anciana mujer no lo soportó más, sacó su varita y conjuró su equipaje, llamó a su elfina y posteriormente ambas se marcharon de la mansión.

  • Lo lamento papá pero no pude reprimir más lo que sentía.

  • Lo sé hija, no te preocupes, mi madre siempre sabe cómo sacar de sus casillas a cualquiera, ya sabes que ella es así pero…

  • ¿Pero qué? - Quiso saber ella mirándolo con suspicacia, él miró a su esposa, luego a su suegra y nuevamente a su hija.

  • ¿Es… cierto eso? ¿Irás a vivir en…ya sabes, en ese lugar?

Tanto Emily como Iridezza no pudieron evitar percibir cierta expresión incómoda en los señores Smith.

  • Severus se ha negado hasta ahora porque dice que quiere un lugar mejor para mí, pero a mí me gusta, además, si toman en cuenta que la mayor parte del tiempo viviremos en Hogwarts y sólo estaré en esa casa durante el verano, y eso cuando no esté de gira.

La respuesta de Emily pareció aliviar en parte a sus preocupados padres, sin embargo su madre le hizo una oferta…

  • Emily… verás - Comenzó Greta después de limpiar sus labios con una servilleta de seda - Entiendo que quieras ir allí porque te guste pero… tu padre y yo habíamos pensado en… bueno en que nuestro regalo de bodas fuese la casa de verano que tenemos en Gales o si lo prefieren podríamos comprar una aquí en Londres, incluso cerca de los muggles como a ti te gusta. 

  • ¡Mami! - Dijo la chica tomando la mano de su madre mientras le sonreía con dulzura, posteriormente tomó también la mano de su padre - ¡Papi! enserio agradezco su oferta, pero estoy segura de que quiero vivir allí, en esa casa, en la casa de Severus, no sé porqué pero me agrada. 

  • No importa a donde te lleve tu futuro marido hija, siempre y cuando él te ame y te respete así como tú a él, cualquier lugar se convertirá en un paraíso - Añadió Iridezza con cariño - Ya ves mi ejemplo, yo era tan feliz viviendo en el claro de las Veelas en el bosque prohibido donde se asentó la primera tribu proveniente de nuestra Bulgaria natal, hasta que conocí a tu abuelo - Ella exhaló un hondo suspiro y luego continuó - Mi querido Thomas insistió en que nos casáramos y al hacerlo evidentemente tuve que dejar el claro del bosque y a mis hermanas, pero pese a que me costó acostumbrarme al principio a vivir entre magos y brujas, mi amor por él y su amor por mí terminaron por envolverme y en serio disfrute muchísimo de mi convivencia fuera del bosque.

Greta sonrió, sabía que su madre hablaba con sinceridad.

  • Gracias abuelita - Respondió Emily enternecida - Gracias por tu apoyo y tu comprensión.

  • De nada mi sol, ya sabes que te quiero mucho.

  • Y yo a ti.

En ese momento, una lechuza parda entró al comedor y dejó caer una carta sobre Emily, posteriormente se posó sobre el alfeizar de uno de los grandes ventanales.

  • Es de Sirius - Dijo.

  • Léela - La apremió Iridezza - Veamos que tienen preparado para la banda

Emily desplegó el pergamino, comenzó a leer primero con la vista y posteriormente al darse cuenta de que el contenido no incluía nada acerca de la orden comenzó a leer en voz alta:

Querida Emily, la presente es para informarte que he recibido una lechuza de parte de Emeline Wilson, directora de publicidad de "Hechizo"  el perfume recién lanzado al mercado con aroma a Veela, dice que la compañía te quiere como imagen publicitaria de su producto y que de aceptar te realizarían una sesión de fotos y tendrías que hacer la publicidad por la radio mágica, yo les he dicho que mañana partiremos a Los Estados Unidos para el comienzo de la gira Oclumancia pero ella quiere que sea lo más pronto posible. Por lo tanto debes enviarme la respuesta para yo avisarle si firmarás el contrato o no

Att Sirius Black

Más abajo había un Post data pero Emily decidió no leerlo en voz alta. 

P.D: la lechuza me interceptó en la calle cuando fui a sacar la basura porque como comprenderás ninguna persona o animal ajeno a la orden puede cruzar los lindeles

  • ¡Cielos!  Esa es una noticia estupenda mi niña ¿Aceptarás? - Inquirió su padre.

  • No lo sé… primero averiguaré si para la realización de ese perfume utilizan sangre de *Veela,*porque de ser así no aceptaré de ningún modo, ya sabemos que los traficantes de pociones han lastimado a muchas de ellas para obtener ese ingrediente.

  • Tienes razón querida mía - Soltó la señora Smith.

Pero Iridezza rió mientras negaba con la cabeza.

  • ¡Ohh! no se preocupen por eso, para la realización de perfumes con aroma a Veela no se requiere la sangre sino hebras de cabello.

  • De todos modos los traficantes de pociones y cosméticos podrían haber obtenido esas hebras por la fuerza.

  • Descuida mi niña, escríbele a tu representante y dile que si.

Emily y sus padres sonrieron y posteriormente la muchacha envió la respuesta afirmativa a Sirius. 

Había pasado una semana ya desde que Las Brujas de Macbethabandonaron Inglaterra rumbo a Norte y Latinoamérica, Severus extrañaba mucho a Emily pero a diario recibía una carta o se comunicaba con ella vía red flu.

Después de visitar los Estados Unidos, la banda partiría a México, Chile, Colombia, Perú, Venezuela, Argentina y Brasil para cubrir Latinoamérica, la semana siguiente partirían a Holanda, luego visitarían  Francia, Italia, Alemania Bulgaria y España donde se encontrarían con Las Melódicas y además compartirían escenario con la banda latina, antes de volver a su país. Cubrirían la gira en poco tiempo ya que para trasladarse de estado a estado o de país a país utilizarían trasladores.

Emily, a menudo le preguntaba a su prometido por los asuntos de la orden, quería saber si Voldemort o sus mortífagos habían dado ya una señal de vida, sin embargo la respuesta de él siempre había sido "No" y aunque sabía que aquello podría tranquilizarla, a él lo mantenía inquieto, ni siquiera Albus se había manifestado en los últimos días, de pronto había comenzado a actuar de forma extraña, era como si estuviese investigando algo que no deseaba compartir con alguien  más, o como si hubiese descubierto algo que necesitaba más indagación y no toleraba interferencia de nadie. De pronto le había anunciado vía lechuza que se marchaba de vacaciones, que no deseaba que le preguntase a donde iba y que a su regreso tendrían una conversación, no hacía falta que Severus viera el rostro del anciano frente a si para determinar que estaba preocupado, que algo estaba pasando.

Una mañana, de esas en que se encontraba pensando en qué rayos sucedería con el futuro del mundo mágico y en qué diantres estaría planeando el señor tenebroso que aún no se manifestaba, el pocionista se daba una ducha, pero pese a ser verano sintió un poco de frio, al salir del baño se vistió y antes de desayunar se asomó por una de las ventanas de su casa y entonces percibió algo sumamente extraño…

Había mucha niebla, las pocas personas que transitaban por aquella sinuosa calle iban ataviadas con abrigos ¿Qué rayos estaría pasando? ¿Niebla en pleno verano? Entonces cuando menos se lo esperaba tuvo la horrible sensación que no se había manifestado desde hacía unas semanas. Su antebrazo izquierdo comenzó a escocerle, se subió la manga de la casaca y la camisa y sus negros ojos se abrieron mucho al comprobar lo que se temía, la marca grabada a fuego en su antebrazo estaba más visible que nunca, parecía remarcada por tinta negra y la serpiente de la imagen se movía.

  • Es él - Musitó con pesadez.

Sabía que ese momento llegaría en cualquier momento después de su incursión al ministerio de magia, pero nunca deseaba reunirse con él, volver a tener frente a sí al oscuro ser que le quitó la vida a su querida amiga, por más que lo intentaba jamás estaba preparado para eso, sabía que tenía que enfrentarlo, que la hora de fingir y actuar había llegado nuevamente, sabía que no sería fácil, jamás había sido fácil para él reunirse con ese ser cada vez. 

  • Aquí vas de nuevo Severus - Se dijo a sí mismo después de encogerse de hombros y sin más su figura se volvió etérea y oscura como el humo para marcharse por entre las hendijas de su ventana ya cerrada rumbo al cielo y de allí a donde quiera que se encontrase el señor tenebroso, la marca lo guiaría, de alguna forma lo sabría.

Días después, una lluvia torrencial caía sobre Londres y varias regiones de Inglaterra, por supuesto la humilde calle de la Hilandera no sería la excepción, algunos niños corrían por la calle tratando de resguardarse de la lluvia mientras la entrometida señora Polkiss permanecía estoicamente asomada a la ventana de su casa bebiendo una taza de chocolate caliente sin saber que al frente, su vecino degustaba la misma bebida, sólo que no acostumbraba a asomarse a sus ventanas.

Severus meditaba acerca de todo lo que había conversado con el señor tenebroso hacía unos días, cosas terribles que aún lo mantenían preocupado y sobre todo un tema que prefería no recordar, no al menos hasta que Dumbledore regresara y pudiera hablar con él. Trató de concentrarse en la lectura de El Profeta aunque este únicamente daba noticias acerca de cosas que a él directamente le recordaban a Voldemort.

El puente de Brockdale se ha caído misteriosamente

Decía uno de los titulares. ¿Qué estaría sucediendo? Se preguntaban los muggles, gracias a Voldemort, Severus Snape sabía que aquella extraña niebla en pleno verano no podía ser más que el resultado de la presencia de los dementores que al fin se habían sublevado de Azkaban, la caída del puente, la catástrofe de West Country, los asesinatos de algunas familias muggles, todo, absolutamente todo se debía a las acciones de Voldemort y algunos de sus secuaces.

El ruido estrepitoso de una olla al caerse en la cocina lo distrajo y lo hizo sobresaltarse.

  • ¡Estúpido Petegrew! - Musitó.

Peter Petegrew se había ido a vivir temporalmente con él para ayudarlo a poner su casa en orden para el momento en que Emily la ocupara, Severus sabía perfectamente que aquella había sido una forma de humillar al animago por haber permitido a Barthy Crounch padre escapar en los tiempos del torneo de los tres magos y demás sabía que la humillación sería doble al saber que tendría que servirle nada más y nada menos que a la persona que tanto martirizó junto a sus compañeros en sus tiempos de adolescente.

Cuando trataba nuevamente de concentrarse en su lectura tuvo una nueva distracción, unos golpeteos en la puerta le indicaron que alguien había ido a visitarlo ¿Quién podría ser? No estaba acostumbrado a recibir visitas, Emily era la única persona que solía visitarlo además del profesor Dumbledore pero tanto uno como la otra se encontraban ausentes, una por motivos de trabajo y el otro por vacaciones o ¿Quién sabe qué?, por un momento dudó en abrir la puerta, ¿se trataría de uno de esos muggles vendedores de puerta a puerta? Sinceramente no lo creía, no con ese torrencial aguacero, posteriormente la curiosidad le ganó y al volver su rostro comprobó que también Colagusano estaba a la expectativa pues se había asomado desde la cocina y miraba el par de siluetas que se dibujaban a través de los vidrios empañados de la puerta.

  • Hay alguien allí Severus, parece que son dos.

  • Ya lo sé - Respondió el aludido con voz fastidiada - Vuelve al trabajo, tengo hambre.

Colagusano maldiciendo por lo bajo volvió a introducirse en la cocina mientras que Severus se disponía por fin a abrir la puerta llevándose una enorme sorpresa.

  • ¡Narcisa! ¡Bellatrix! - Exclamó al ver a las dos mujeres empapadas - ¡Que sorpresa! Por favor pasen adelante.

Al frente, la señora Polkiss miraba la escena con asombro.

  • Pero ¡mira nada más Norman!  ¡Que desvergonzado se ha vuelto el hijo de los Snape! Vive metiendo mujeres a la casa de sus padres.

  • Es un hombre soltero mujer, puede hacer lo que le plazca - Contestó su marido con tedio - Además, tengo entendido que la mujer que lo frecuenta no es otra que su novia.

  • Pero es que esta vez no es su novia quien lo visita, son dos mujeres, una rubia y otra morena ¿Puedes creerlo? ¡Qué desfachatez!

  • Ya deja de espiar a los vecinos mujer, más bien ven aquí y siéntate conmigo a disfrutar de esta deliciosa taza de chocolate.

  • Y además, tienen pinta de gente rara - Continuó la mujer sin escuchar a su esposo.

  • ¿Gente rara? - Repitió el hombre.

  • Si, visten de manera extraña, ese hombre es extraño, siempre lo he dicho, desde niño siempre lo fue y ahora lo visitan mujeres extrañas también, quien sabe qué clase de juerga montarán allá adentro ¡Santo Dios!

  • Pero que mente más… ven aquí y deja al pobre Severus en paz mujer chismosa - La reprendió su marido.

Dentro de la residencia Snape, las dos mujeres, sin sospechar  de la calumnia que habían sido víctimas por parte de una de las vecinas de la zona se habían deshecho de la humedad de sus ropas y cabellos usando sus respectivas varitas.

 Severus no pudo evitar notar que Narcisa parecía muy afligida y que tenía claros signos de haber llorado, Bellatrix por su parte tenía cara de asco mientras miraba a todos lados.

  • Jamás pensé que vivieras en este vertedero muggle Snape - Espetó con todo el desprecio que pudo.

  • ¿Y si tanto te desagrada por qué decidiste venir? - Respondió él.

  • Pues porque Cissy se empeñó en venir, no podía dejarla sola tomando en cuenta la locura que está a punto de cometer.

  • ¿Locura? - Repitió Snape y en ese momento Colagusano los interrumpió.

-¿Qué hacen aquí? - Les preguntó a las mujeres.

  • Lo mismo te pregunto yo a ti ratita - Respondió Bellatrix riendo y luego posó una mirada de suspicacia sobre Severus - No me digas que ahora viven juntitos.

  • No seas estúpida Bellatrix - Soltó Snape con voz vehemente con ganas de echarla tras su atrevimiento pero decidió más bien ser tolerante y actuar con prudencia - Colagusano nos traerá algunas bebidas y posteriormente se marchará a su habitación -        Severus ahora se dirigió al hombrecillo de ojos vidriosos - Deja lo de la cocina, yo me encargaré luego.

  • Yo no soy tu sirviente - Espetó el animago enfadado.

  • Pero tengo entendido que el señor tenebroso te dijo que vinieras a ayudarme.

  • A ayudarte, no a servirte como un criado, ni a limpiar tu casa o cocinar para ti.

Severus sonrió con maldad.

  • No pensé que tuvieras pensado desempeñar tareas más riesgosas, pero no te preocupes, hablaré con el señor tenebroso - Dijo el pocionista.

  • Puedo hablar con él cuando quiera.

  • Si claro, ya vete y cuando regreses trae un vino de elfo para las damas y para mí.

Colagusano se marchó y al poco rato regresó con el pedido para posteriormente marcharse de nuevo tras una orden de Snape. El pocionista sabía que ya debía comenzar con su repulsiva actuación. 

  • ¡Por el señor tenebroso! - Exclamó sintiendo asco de aquel brindis.

Posteriormente las invitó a tomar asiento y él las imitó sentándose en una butaca de piel de dragón ya muy gastada, no podía evitar advertir casi con diversión como Bellatrix paseaba su mirada por algunos de los aparatos muggles que permanecían en la casa casi sin uso pues Severus no acostumbraba aprovecharlos salvo el televisor y su nevera.

  • ¡Severus! - Comenzó Narcisa - Quiero pedirte disculpas por haber llegado así sin invitación alguna.

  • ¡Disculpa un momento! - Espetó él agitando su varita contra una pared, momentos después escucharon un chillido y pasos de retirada - Es Colagusano, no sé qué gana con intentar escuchar algo - Ahora sí, continua por favor.

  • Sé que no debería haber venido y menos cuando, se me ha dicho que no cuente nada…

  • Pues cállate Cissy, no deberías hablar y mucho menos frente a alguien como él.

  • ¡Espera un momento!… ¿Qué quieres decir con eso Bellatrix? - Inquirió Severus.

  • Bella, por favor.

  • No, déjala Narcisa, deja que se exprese, repito ¿Qué quieres decir?

  • Que no confió en ti y lo sabes - Respondió Bellatrix mirándolo con odio.

  • ¿Y por qué no has de confiar? Si se puede saber.

  • ¿Y todavía lo preguntas? - Respondió la otra indignada - Has traicionado al señor tenebroso.

  • ¿Y quién lo dice? ¿Tú? Te aclaro que ya hablé con él hace mucho tiempo… después de su renacimiento y quedó muy satisfecho con mis explicaciones.

El sonido de un golpeteo en la puerta interrumpió nuevamente la conversación.

  • ¡Adelante! - Espetó Snape.

Colagusano entró fulminándolo con la mirada, colocó una charola con una botella de vino de elfo y tres copas sobre el escritorio y se marchó nuevamente.  

  • Pues creo que el señor tenebroso por primera vez en la vida se equivoca - Dijo Bellatrix retomando la charla.  

  • Así que crees que… el señor tenebroso es un tonto o algo así.

  • Yo no he dicho eso Snape - Espetó Bellatrix con tono admonitorio - Es sólo que… tú estás aquí ahora tan campante al igual que en las anteriores reuniones pero… ¿Dónde estabas cuando cayó el señor tenebroso? ¿Por qué no lo buscaste? ¿Qué has hecho todos estos años junto a Dumbledore? ¿Por qué impediste que el señor tenebroso tomara la piedra filosofal? ¿Por qué no regresaste de inmediato cuando él renació? ¿Dónde estabas cuando luchamos hace algunas semanas para recuperar la profecía para el señor tenebroso? Y… lo más importante de todo ¿Por qué sigue Harry Potter con vida si lo has tenido a tu merced durante cinco años? Dime ¡Ahh! ¿Por qué? - Preguntaba con actitud desafiante - Desde hace tiempo he querido preguntarte eso durante nuestras reuniones, pero lamentablemente con lo de la estúpida de Julieth nunca se pudo.   

  • Primero que todo déjame decirte que todas esas preguntas ya se las respondí a quien me importaba, es decir, al señor tenebroso - Dijo Snape después de darle su último sorbo a su copa de vino de elfo - Pero de todos modos si… las responderé nuevamente para ti ¿Dónde estaba cuando cayó el señor tenebroso? Pues me hallaba donde él me había ordenado, en Hogwarts, no sé si sabías que él me había enviado allí para espiar a Dumbledore, No lo busqué cuando se fue por la misma razón que muchos otros, porque pensé que estaba acabado y eso no me enorgullece pero… en su momento lo pensé y si él no nos hubiese perdonado ya no tendría a tantos a su favor.

  • Me tendría a mí - Espetó Bellatrix con tal ímpetu que a Severus le recordó la expresión desquiciada de Julieth cada vez que le hablaba.

  • Por otra parte, impedí que robara la piedra filosofal porque para ese entonces él desconfiaba de mí, no se atrevía a mostrarse ante mí tal cual sino que se amparaba bajo la protección de un mago llamado Quirrel que había accedido a prestarle su cuerpo, yo vi al hombre intentando llevarse la piedra sin sospechar que actuaba bajo órdenes del señor tenebroso. En cuanto a que no volví de inmediato tras el renacimiento del señor tenebroso pues…volví un par de horas más tarde por órdenes de Dumbledore.

  • ¿Qué?- Inquirió Bellatrix incrédula. 

  • Si, piénsalo por un momento Bella, al quedarme en Hogwarts por dos horas más, me aseguraba de espiar y sólo fui cuando Dumbledore me lo pidió para ganarme su confianza, desde ese entonces he podido mantener al señor tenebroso informado de todos los movimientos de La Orden del Fénix ¿O no es así? Tú misma has podido comprobarlo en nuestras reuniones.

  • Si claro ¡Ja! Y aún continúas alegando que no puedes revelar dónde está el cuartel general.

  • Siempre te lo he dicho Bella, yo no soy el guardián de los secretos - Respondió Severus con voz cansina - Y con respecto a por qué no estuve en el ministerio hace algunas semanas ya sabes la respuesta, el señor tenebroso me ordenó estar en Hogwarts.

  • Totalmente resguardado si - Respondió la otra con sorna - Pero ¿Por qué no fuiste cuando nos vimos descubiertos, cuando llegaron los malditos aurores?   

Severus se pasó la mano derecha por el rostro lentamente en señal de impaciencia.

  • ¡Por Merlín! Porque de haberlo hecho ahora no podría continuar en Hogwarts desempeñando mi papel, yo también habría sido descubierto y por ende no podría seguir espiando, solo seguí las instrucciones del señor tenebroso, además… ¿de qué te quejas? No fui yo quien se dejó vencer por un grupo de adolescentes

  • No sólo eran adolescentes Snape, se les unieron los aurores y posteriormente llegó Dumbledore además, aún me queda una pregunta sin respuesta.

Snape bufó y enarcó una ceja.

  • Dime.

  • ¿Y Potter? - Continuó Bellatrix - ¿Por qué sigue Potter con vida?

  • Si lo hubiera matado, el señor tenebroso no hubiera tenido forma de regresar ¿O sí? - Respondió él mirándola con suficiencia - Él utilizó su sangre para renacer.

Bellatrix rió con ironía.

  • Ahora resulta que tú conocías los planes del señor tenebroso.

  • No, no lo sabía pero si yo no fui a Azkaban fue por la protección de Dumbledore, no podía arriesgarme matando al muchacho y en fin… si al señor tenebroso no le molesta no veo porque a ti si.

  • Ya basta de perder el tiempo - Dijo Narcisa con voz presurosa - A lo que hemos venido.

  • No lo hagas Cissy, por favor.

  • ¡Severus!… te busco a ti porque no tengo a nadie más - En ese momento no pudo reprimir un sollozo - El señor tenebroso me dijo que no lo contara pero…

  • Entonces no deberías contarlo - Respondió Snape sintiendo verdadera pena por la esposa de su amigo pero evidentemente no podía demostrarlo.

  • ¿Lo ves Cissy? Te lo dije, hasta él opina igual que yo.

  • Déjame hablar Bellatrix - Solicitó Narcisa secando sus lágrimas - Él puede ayudarme yo lo sé, Severus yo…

  • Conozco el plan - Respondió él interrumpiéndola.

  • ¿Qué? - Preguntaron ambas mujeres.

  • Si, lo sé

  • ¿Y por qué tú lo sabes y a mí no me lo dijo?

  • Tal vez no confía tanto en ti como confía en mi Bellatrix.

  • Entonces sabrás que lo que él pretende hacer con Draco es… es una venganza por lo de Lucius - Saltó Narcisa llorando nuevamente - Dumbledore es un mago muy hábil, se defenderá, Draco está perdido.

  • No seas llorona, deberías sentirte honrada Cissy, si yo tuviera un hijo me honraría que perdieran la vida a causa de mi señor.

  • No digas estupideces Bellatrix - Soltó Narcisa con rabia y con indignación pese a los sollozos que ahora sofocaban su garganta - ¡Severus!…

Ella se encaminó hacia él y sin poder evitarlo se arrojó a sus brazos.

  • Mi hijo… es mi hijo… mi bebé, no permitas que le hagan daño.

Severus no pudo evitar ver en Narcisa la misma desesperación y dolor que debió haber sentido Lily años atrás al ver entrar a Voldemort en la habitación de su hijo.

  • Él confía en ti Severus.

  • Draco está entusiasmado Cissy, porta orgulloso su marca, ahora es un miembro oficial de las líneas.

  • Porque sólo tiene dieciséis años, es un adolescente, no sabe a lo que se enfrentará - Narcisa lloraba aferrada a Snape mientras él intentaba consolarla acariciando su largo cabello rubio - Esto es una venganza por lo de Lucius, pero él hizo todo lo posible por tomar la profecía sólo que… no pudo.

Severus se apartó cuidadosamente de ella, no quería mirarla así, no quería seguir escuchándola, le afectaba demasiado, era como mirar en su dolor a Lily.

  • Él podría vencer - Tanteó Severus sin mirarla.

  • Sabes que no podrá hacerlo, ni siquiera el señor tenebroso ha podido… Severus, él no lo logrará pero si tú hablas con él… Severus por favor pídeselo.

  • No soy tan estúpido como para pedirle algo así - Respondió Severus dándose la vuelta para no mirarla y sintiéndose un miserable por dentro - El señor tenebroso está muy, muy disgustado con Lucius, es evidente que esto se trata de una venganza,

  • Pero tú puedes ayudarlo Severus - Dijo la mujer tomándolo por los hombros y girándolo para mirarlo a los ojos, lo tomó por el cuello de la túnica y continuó suplicando - Tú podrías hacerlo Severus, tú si,

  • Creo que él quiere que a la final lo haga yo pero quiere que Draco lo intente - Respondió Severus tomándola por las muñecas para apartarla de si,

  • Pero lo matará… él matará a mi bebé ¡Dios mío! No puedo permitirlo Severus por favor…

Y al decir esto, no quedó ni un ápice de la altiva y orgullosa mujer que solía ser, se dejó caer de rodillas ante Severus tomando sus manos,

  • Te lo imploro Severus, por la amistad que nos une, por el afecto que le tienes a mi esposo - Pedía mientras sollozaba - Ayuda a mi hijo por favor ¡Ayúdalo! No quiero que me lo maten ¡Por favor!

Severus la tomó por los brazos y la levantó del suelo, la condujo hasta el sofá donde ella había estado sentada y le sirvió de nuevo una copa de vino.

  • Bebe esto, te hará bien - Le dijo con voz indulgente y posteriormente añadió como meditando muy bien lo que iba a decir: - Tal vez pueda…ayudar a Draco. 

A Narcisa se le iluminaron los ojos.

  • ¿De veras? ¿Lo vigilarás? - Preguntó ella dejando su copa a un lado para arrodillarse nuevamente y tomó la mano de Severus entre las suyas para besársela - ¿Lo protegerás? ¿Harás tú el trabajo? ¿Pronunciarías el juramento inquebrantable?

  • ¿El juramento? - Inquirió Severus retirando su mano con delicadeza.

Bellatrix soltó una carcajada.

  • Lo sabía, te has humillado frente a un cobarde, no sería capaz de pronunciarlo.

  • ¡Saca tu varita! - La desafió Snape y advirtió claramente la sorpresa en los ojos de la mujer - Sácala, estoy dispuesto.

Y ante la sorpresa de ambas, se arrodillo también ante Narcisa tomando su mano, Bellatrix impávida aún tomó su varita, se acercó y apuntó las manos entrelazadas…

  • ¡Severus Snape! - Comenzó Narcisa mirándolo a los ojos mientras hablaba con voz trémula - ¿Juras vigilar a mi hijo Draco mientras intenta cumplir los deseos del señor tenebroso?

  • Lo… juro- Respondió Snape con su voz parsimoniosa.

Un hilo de luz roja salió de la varita de Bellatrix y se enroscó alrededor de las manos de Narcisa y Severus.

  • ¿Y juras protegerlo lo mejor que puedas de cualquier daño?

  • Lo juro.

De nuevo una lengua de fuego rodeó ambas manos.

  • Y si por alguna razón Draco falla, tú… - a este punto Snape sintió una sacudida en su pecho de tan sólo pensar en semejante atrocidad pero continuó estoico - ¿Juras realizar la tarea que el señor tenebroso le encomendó? 

Por un momento reinó el silencio pero más tarde Severus habló.

  • Si… lo juro.

Por tercera vez la varita de Bellatrix despidió un ígneo hilo que ató las manos de Severus y Narcisa.