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El Pocionista y la Cantante — capítulo 53
Snape se quedó pasmado cuando escuchó la noticia de labios del propio Yaxley, estaba furibundo, le gritaba cargado de frustración, rencor y rabia. Estaban en lo que ahora era su despacho pero que otrora había sido el despacho de Dumbledore, todos los retratos de los antiguos directores miraban al mortífago y escuchaban su perorata con expresiones de asombro, Dumbledore escuchaba con atención y al igual que los demás no dijo ni una sola palabra.
Yaxley estaba transpirado, con el cabello revuelto, su tunica que antes había lucido regia y elegante ahora estaba sucia además de rasgada; resultaba evidente que el hombre había sido envuelto recientemente en una pelea.
- Estaba ahí Snape - Resopló al tiempo que se palpaba las costillas con una meuca de dolor y le dirigía una mirada de odio al ahora director - Tu esposa estaba ahí con el maldito Potter y los otros chicos, ayudándolos, se bebieron una poción multijugos pero a ella ya se le había pasado el efecto ¿Cómo demonios no pudiste retenerla?
Severus trató de mantener el estoiciso mientras lo escuchaba pero internamente se llenó de terror de que pudieran haberla lastimado, de modo que esforzándose por usar el tono más tranquilo que pudo pregunto:
-
¿Dónde están ahora?
-
¿Y yo cómo rayos voy a saberlo? - Preguntó Yaxley casi a los gritos - Se fueron por una de las chimeneas, logré aferrar a la que parecía la chica sangre sucia (bebió una poción multijugos de una vieja del ministerio) y nos aparecimos en esa casa de Grimauld Place que varios de nosotros estuvimos custodiando pero casi inmediatamente se liberó con un encantamiento repulsor y volvieron a desaparecerse.
Snape tomó al hombre por las solapas de la túnica y lo miró a los ojos acercando mucho su nariz a la de él en actitud amenazante.
-
Si me entero de que le tocaste uno de sus cabellos a mi espo…
-
Tu estúpida mujer está bien, te estoy diciendo que huyó con los otros
-
Respondió Yaxley pero inmediatamente sintió una fuerza que lo expulsó, haciéndolo caer al piso, además de un insoportable ardor en el estomago.
Snape estaba frente a él con la varita en la mano y una mirada asesina.
-
Eres tú el culpable Snape, no supiste contenerla cuando debiste, y ahora está allá afuera ayudando a ese maldito mocoso a infiltrarse en el ministerio ¿Qué demonios querrá?
-
Fuiste tú quién los dejó escapar de allí, no me culpes de tu ineptitud ¿Cómo es posible que estando el ministerio rodeado de custodia, ellos hayan escapado? - Preguntó el director apuntándolo con su varita.
-
No lo sé, llámalo "suerte" si quieres, o tal vez fue la cantante quién los ayudó tanto a entrar como a huír, o el padre de ella que es el que trabaja en el ministerio…. El señor tenebroso me castigó Snape - Añadió luego esbozando otra mueca de dolor - ¡Maldita sea! Estaban ahí, el mocoso estaba ahí al alcance de mi mano, ya prácticamente era mío y se marchó frente a mis ojos… y no te sientas tan úfano que el señor quiere verte también a ti, a eso vine.
-
Pues entonces márchate - Espetó Snape echándole una mirada de desprecio.
El hombre se levantó del suelo hecho una furia y salió por la puerta no sin antes azotarla con fuerza. Snape en cambio se quedó mudo, perplejo, con la mirada puesta en el suelo. Voldemort debía estar furioso al confirmar que en efecto Emily se encontraba ayudando a Potter y a sus amigos y eso debía irritarlo además de que de seguro estaría furioso porque él no logró llevársela en cuanto le dio muerte a Dumbledore, Snape sabía que de aquel llamado que le estaba haciendo el señor tenebroso no podía salir algo bueno, pero honestamente esa era la menor de sus preocupaciones, ahora tres asuntos ocupaban sus pensamientos.
En primer lugar estaba el hecho de que Emily ya estaba identificada como uno de los fugitivos y eso lo aterraba, sabía que varios grupos organizados por magos y brujas de poca monta denominados por el ministerio o el mismo Voldemort, que para el caso era lo mismo, como "Carroñeros" se encontraban esparcidos por toda la Gran Bretaña en busca de los hijos de muggles que pudieran estar huyendo, pero al mismo tiempo tenían ordenes explícitas de atrapar a Potter o a cualquiera que se sospechase que conociera su paradero, Fenrir Greyback estaba en uno de esos grupos y el sólo hecho de pensar que pudiran capturar, lastimar de gravedad o matar a Emily hacía que el corazón se le detuviera dentro del pecho.
En segundo lugar estaba el señor Smith, ahora corría peligro, tanto él como su esposa corrían un peligro inminente. Snape confíaba en que ambos fuesen lo suficientemente sensatos como para captar las señales y deducir que ahora que se había confirmado que Emily estaba huyendo con Potter y los demás, el Ministerio iría por él y su esposa para intentar presionarla a ella y que de esta forma entregara al chico. Emily era un personaje público, la noticia no pasaría desapercibida.
Y en tercer lugar estaba el mismísimo asunto de la incursión al ministerio ¿Qué rayos estarían buscando allá?
- ¡Severus¡ - Lo llamó Dumbledore sacándolo de sus pensamientos.
-
¿Qué estaban haciendo en el ministerio? - Preguntó Snape al acercarse al retrato de Dumbledore, tenía la esperanza de que él al fin le revelara los planes que tenían Emily y Potter basándose en sus antiguas reuniones.
-
Eso es asunto de ellos hijo… Sólo quiero que guardes la calma como siempre has hecho frente a él y que intentes no delatarte.
-
No confías en mí, jamás lo has hecho - Le respondió Snape en tono de reproche.
-
Te juro que confío en ti Severus, más de lo que pudieras imaginar, de no ser así yo no estuviera aquí hoy hablando contigo, no te hubiese dicho ninguno de mis planes originales sabiendo que bien pudieras contárselos a Voldemort en lugar de los falsos.
-
Jamás me has contado nada de esas reuniones que tú, Potter y ella…
-
Es por tu seguridad más que por confianza Severus, siempre estás cerca de él, podría vulnerarte de algún modo, si sospecha que sabes algo podría…
-
¿Piensas que él podría vulnerarme? - Inquirió Snape con una escueta risa irónica.
-
No lo subestimes Severus, recuerda que ese es el peor error que alguien puede cometer frente a un enemigo, la arrogancia es muy mala consejera, es la primera que te deja vulnerable ante los posibles ataques.
-
Si, Albus, pero creo que es tiempo de dejar la filosofía a un lado, respeto el que no quieras contarme, como siempre seguiré participando de esto casi a ciegas, lo que más me preocupa es ella… ya escuchaste a Yaxley, ya lo saben y además están sus padres
-
Es necesario movilizar a la orden para que los contacte y los resguarden - Respondió Dumbledore muy serio - Si piensan marcharse del país no podrán hacerlo con el apoyo del ministerio evidentemente, voy a hablar con Minerva para que se haga cargo, la visitaré mediante el retrato de Dorothea que tiene en su despacho y en cuanto a Emily… ella sabrá cuidarse hijo, ahora lo que más me preocupa eres tú, el debe estar furioso.
-
Poco me importa lo que me pase Albus - Respondió Snape con voz seca - Hace mucho que no me importa.
Y al decir esto con un movimiento de su capa se desvaneció en un denso humo negro que se deslizó a través de la ventana abierta del despacho.
Harry, Ron, Hermione y Emily yacían en el interior de una tienda que Hermione sacó de su bolsito de cuentas y que el señor Weasley le prestó en vista de la inminente posibibilidad de la huida.
Ron había sufrido despartición y estaba recostado en la cama de abajo de una litera, ya estaba mejor pues Hermione le había aplicado díctamo.
Harry, Emily y Hermione acordaron vigilar por turnos desde la entrada de la tienda. Harry se colgó el guadapelo al cuello para mayor seguridad, le espantaba la idea de perderlo después de todo el trabajo que le había costado obtenerlo. Hermione por su parte preparó un poco de té y Emily sacó de su bolso de cuentas unas galletas dulces y un frasco de mermelada de melocotón que había empacado previamente como precaución.
-
Chicos, aparte de esto sólo traje una bola de jamón curado que colgaba de una de las paredes de la cocina de mi casa, lo lamento, no pensé en nada más
-
Se excusó la mujer mientras untaba mermelada en su galleta.
-
No te preocupes, nos será muy útil - Respondió Hermione con una sonrisa.
-
Si, que hubiese sido de nosotros ahora si no se te hubiese ocurrido la brillante idea de empacar al menos un poco de comida - Terció Ron tomando un poco de té mientras esbozaba una mueca de dolor, su brazo tardaría un tiempo en recuperarse por completo.
-
Supongo que tendremos que quedarnos al menos un par de días mientras Ron se compone de su brazo ¿No? Sería muy peligroso para ti que nos apareciéramos de nuevo - Añadió luego mirándolo.
-
Por cierto, ¿Dónde estamos? - Preguntó Harry untando un poco de mermelada en su galleta tratando de no pensar en Ginny ni en todo el revuelo que dejaba atrás.
-
En el campo donde se celebró la pasada copa mundial de quidditch - Respondió Hermione y luego añadió en tono serio mientras miraba a Ron - Nos traje aquí porque fue lo primero que me vio a la cabeza, pero supongo que Emily tiene razón, no podemos aparecernos de nuevo, no mientras Ron esté así
-
Ya no me duele tanto Hermi - Añadió él para tranquilizarla.
-
Pero aún estás muy delicado, hice lo mejor que pude con el dictamo pero no me atreví a hacer nada más por temor a generar más daño… lo lamento tanto Ron, Harry, lamento el haber perdido Grimauld Place como refugio - Soltó Hermione poniéndose a llorar desconsolada - Ese Yaxley me tenía sujeta de la manga de la túnica, no podía liberarme, así que lo repelí con un encantamiento pero él logró ver la entrada de Grimauld Place por eso…
-
No te preocupes Hermi - La consoló Emily que se había levantado de su asiento para ir a abrazarla - Cuando algo tiene que pasar, simplemente pasa y ya, además mirale el lado bueno, perdimos Grimauld Place sí, pero ahora tenemos el guardapelo con nocotros, Ron está bien dentro de lo que cabe y nosotros estamos juntos.
-
Si Hermione, todo estará bien -Susurró Harry aunque sin mucha convicción en sus palabras.
Emily por su parte pensaba en su familia, no podía dejar de pensar en su padre que aún estaba en el ministerio cuando surgió el alboroto y además estaba segura de que Yaxley logró reconocerla, lo sabía porque él exclamó su nombre con tono y cara de sorpresa justo cuando aparecieron en Grimauld Place… ¡Y si Snape enviaba a buscar a sus padres para interrogarlos acerca de su paradero para a su vez llegar a Harry?
La incertidumbre llevó a la cantante a dejar sobre la mesita de té lo que quedaba de su última galleta y salir de la tienda. De inmediato la embargó una sensación de asfixia emocional y los ojos se le llenaron de lágrimas pero se obligó a si misma a no ser vista por los demás, se suponía que ella estaba ahí para darles fuerzas, para ayudarlos, no para flaquear; pero su mente le llevaba la imagen de sus padres una y otra vez, la de Espina, la de Snape… sobre todo la imagen de él muy vivida en su mente…
Snape en el despacho de Dumbledore, Snape ocupando su silla en el gran comedor, su cama en su habitación, usando sus cosas después de haberlo asesinado cobardemente, era demasiado, de modo que corrió hasta perderse detrás de un gran roble, sabía que estaba amparada bajo el radio de protección que Hermione había trazado. Una vez allí se dejó caer al suelo invadida por el llanto. Los extrañaba a todos, a sus padres, a la banda, a la orden, a Panda, a Hogwarts, a su amado abuelito y también… ¿De qué servía negárselo a sí misma? Lo extrañaba a él, a su Severus.
-
¿A dónde fue? - Preguntó Ron tomando la galleta que Emily dejó sobre la bandeja que estaba sobre la mesita del té.
-
Creo que está detrás de aquel roble - Respondió Harry señalándolo con la barbilla - ¿La busco?
-
Déjala - Respondió Hermione secándose los vestigios de lágrimas - Todo esto es también muy duro para ella, necesita un poco de espacio.
En la mansión de los Malfoy, Severus estaba recostado sobre el suelo mientras Voldemort lo apuntaba por quinta vez con su varita mientras Lucius contemplaba horrorizado sin atreverse a intervenir por temor a las represalias, Draco estaba en su habitación junto a su madre, quería bajar y detener a Voldemort pero la primera vez que lo intentó éste le había provocado un corte profundo en la mano que su madre curaba en ese momento con díctamo.
-
No debiste intervenir Draco - Le dijo Narcisa mientras las lágrimas le caían por las mejillas - Ya sabes como es él pero no te preocupes que no creo que vaya a matarlo, Severus es demasiado importante para él, me refiero a que lo necesita.
-
Pero mamá esto es inacepta…
-
¡CRUCIO!- Se volvió a escuchar la voz de Voldemort arremeter de nuevo contra el pocionista.
Sin embargo, aunque Severus transpiraba, su rostro se crispaba y no podía evitar retorcerse de agonía mientras dejaba escapar algunos gruñidos y jadeos por el sufrimiento, no gritó en ningún momento, llevaba bastante bien la tortura y ese hecho en parte admiraba a su verdugo aunque este jamás lo confesara, si embargo la ira que sentía era desde luego mucho mayor a la admiración que pudiera causarle el estoicismo de su víctima y sirviente.
-
Debíste haberla contenido cuando pudiste - Espetó Voldemort desviando su varita para acabar con la tortura, Snape se incorporó con dificultad, suspirando mientras trataba de recuperarse lo más que podía, sentía todavía los vestigios de aquél dolor atroz que había invadido cada centimetro de su cuerpo y que ahora parecía instalado en su cabeza - Ahora tu maldita mujer lo ayudó a entrar al ministerio quién sabe con qué intenciones, lo está ayudando a huír de mí, ella… esa mujer se convirtió en un problema Severus, creo que debiste haber acabado con ella luego de haber liquidado al viejo.
-
Se… señor, ella ya no será más un problema cuando la encuantre - Respondió Snape llevándose una mano a la cabeza - Le aseguro que sabré contenerla.
-
Si es que la encuentras - Siseó Voldemort con voz amenazante - Porque si ella ayuda a Potter a lograr lo que sea que esté planeando en mi contra…
-
No señor… Potter es un inepto, no creo que esté planeando nada en su contra…
-
Tu esposa era muy amiga de Dumbledore y él ha debido entrenarla a ella y a Potter, quizá les dio ideas ¿Qué sé yo?... ¡Apartate Nagini! - Exclamó dándole ligeramente con el pie para indicarle a su mascota que debía salir de su camino - No quiero que me estorbe cuando encuantre a Potter… te juro Snape que si me da problemas yo…
-
¡Señor! - Exclamó Snape tratando de permanecer y sonar impertérrito aunque por dentro sintiera que la sangre comenzaba a congelársele - Le aseguro que la encontraré, a ella y a los demás. Yo sabré mantenerla al margen.
-
Primero una inmunda sangre sucia y ahora una despreciable rebelde traidora a la sangre con la que incluso te casaste - Soltó Voldemort con desdén
-
¿Cuándo se te irán a acabar los caprichos por las mujeres indeseables Snape? Bueno, con esta al menos podrás beneficiarte mucho más que con tan sólo su belleza.
Snape guardó silencio, estaba demasiado molesto por como se había referido a Emily y a Lily, pero al mismo tiempo estaba aterrado por lo que pudiera pasar de ahora en adelante.
- Quiero que busques a sus padres ahora mismo y los interrogues, usa métodos persuasivos, sabes muy bien por experiencia propia que con eso no se atreverían a callar lo que sepan - Dijo Voldemort con voz sedosa al tiempo que se paseaba por la habitación - Necesito encontrar a Potter y yo tengo otros asuntos que atender, asuntos de igual importancia, por lo tanto te exijo, al igual que le exigí a la sarta de ineptos que tengo a cargo, que no me molesten si no es para darme buenas noticias, búsquenlo, tu misión es hacer hablar a los padres de la cantante con la que te casaste y averiguar lo que sea, además ya sabes lo que tienes que hacer en Hogwarts, eres el encargado de limpiar los vestigios de impureza de ese lugar, además necesito que persuadas a los chicos de los que puedas sospechar que sepan algo, usa los métodos que más te plazcan pero asegúrate de que si saben algo de Potter te lo hagan saber, y tú Lucius…
El aludido que no se esperaba la atención de su amo, se engogió de miedo y no se tarevió a mirarlo a los ojos, bajó la mirada y musitó.
-
¿Si señor?
-
Encargate de los carroñeros, que te presenten informes regularmente, no sólo quiero que atrapen y eliminen a los sangre sucia, ya sabes que Portter y los demás podrían estar en cualquier lado, diles que si los encuentran te los entreguen de inmediato.
Lucius Malfoy asintió con terror y Voldemort después de fulminar a ambos hombres con la mirada se desvaneció en el aire junto a Nagini. Malfoy inmediatamente se acercó a Severus y le colocó una mano en el hombro.
-
¿Te encuentras bien? - Le preguntó.
-
Sólo me duele la cabeza - Respondió el hombre frotándose las cienes mientras pensaba en Emily y los señores Smith.
-
Sube y ve a recostarte en una de las habitaciones, yo enviaré a un elfo con una poción para el dolor - Concedió Lucius.
Snape negó con la cabeza rechazando la oferta al instante.
-
Tengo un encargo, ya escuchaste al señor tenebroso.
-
Severus no irás a…
-
No seas imbécil Lucius, los señores Smith deben saber de Emily y Potter tanto como yo, ellos estaban muy sorprendidos el día de la fiesta, es evidente que no sabían que ella iba a huir con Potter.
-
En mala hora se le ocurrió a esa atolondrada huir con Potter ¿En qué demonios estaba pensando? - Comentó Lucius dando un golpe en el suelo con su bastón - ¡Cielos! El maldito Greyback está entre los carroñeros - Añadió luego pasándose una mano por la cabeza en señal de preocupación.
Snape lo miró con el ceño fruncido mientras su corazón bombeaba sangre más de prisa.
-
No te preocupes que daré órdenes a los carroñeros de que si los encuentran no vayan a lastimarla, y los mataré si lo hacen.
-
Seré yo quién acabe con cualquiera que toque uno sólo de sus cabellos
-
Sentenció Snape con voz sombría.