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El Pocionista y la Cantante — capítulo 64
Julieth fue trasladada a un aula del séptimo piso donde improvisaron una celda (La misma dónde, años antes, fue encarcelado Sirius Black, esperando ser entregado a los dementores). La mujer profería gritos y maldiciones que de nada le sirvieron. El profesor Slughorn le había arrebatado tanto la varita como la libertad, cerrando la puerta detrás de él. Julieth estaba hecha una verdadera fiera, pateaba la puerta con furia clamando por liberación y de nada le sirvió a MacGonagall advertirle a la mujer, a través de la ventana con barrotes del aula, que si seguía agitándose de esa forma, podría llegar a lastimar a su bebé, Julieth le había largado por toda respuesta que, poco y nada le importaba ese engendro y que de no ser porque temía lastimarse a si misma se lo sacaría como pudiera.
MacGonagall apartó la mirada de la mortífaga con asco y rabia, por más que Julieth fuese una mortífaga, no podía concebir que fuese tan cruel con su propia descendencia.
En cuanto a Roger, Slughorn y el profesor Flitwick cumplieron con gusto las órdenes de Snape, sacando el cadáver del hombre fuera del castillo. Hagrid que había visto que trasladaban el cuerpo, luego de saber lo que había sucedido, se ofreció a ayudarlos y fue así como lo dejaron a merced de las bestias en lo más profundo y tenebroso del bosque prohibido, exactamente, cerca de la guarida de Áragog ya que el semigigante estaba convencido de que las arañas se harían cargo enseguida y para colmo no les harían daño al ver que les llevaban semejante ofrenda.
Snape, por su parte, había conducido a Emily hasta su dormitorio mientras esperaba la llegada de la señora Pomfrey.
La muchacha aún estaba en shock, no podía o tal vez no quería hablar, sólo temblaba y gimoteaba. Severus tenía un terrible sentimiento de culpa tan sólo con mirarla recostada sobre la cama en posición fetal. Al ver su labio partido, sus espasmos propios después de la tortura y los dedos de su mano derecha vueltos en una posición anormal, sintió una ira enorme que únicamente fue aplacada cuando recordó que él mismo había dado muerte a Roger Carter, pero aún quedaba Julieth, si tan sólo pudiera acabar con ella, pero su estado se lo impedía. Snape podía haberse convertido en asesino, pero jamás sería capaz de atentar contra la vida de un ser indefenso e inocente, porque por más que ese niño fuese hijo de un par de desalmados mortífagos, no dejaba de ser tan sólo un bebé que ni siquiera había nacido, que no tenía la culpa de la maldad de sus padres.
- Tranquila Emily ¡Déjame ver eso! - Dijo tomando la mano de su esposa, pero ella lanzó un pequeño grito de dolor lo que le indicó a Severus que, con apenas tocarla le hacía daño. Los dedos afectados comenzaban a tornarse violeta
- Lo lamento - Se excusó enseguida, sintiéndose más culpable.
Emily respiró profundo para soportar las puntadas terribles que provenían de su mano derecha.
-Todo pasará pronto, ya verás - Dijo Snape.
Emily giró sobre la cama y se detuvo a mirarlo detalladamente por primera vez. Notó que tenía sangre en la sien derecha y también en su hombro, además de la túnica rasgada, el rostro sucio y el cabello revuelto por la lucha. Ella sintió una extraña mezcla entre compasión, angustia y rabia. Sabía que todo lo sucedido en parte había sido culpa de Snape, como había dicho la profesora MacGonagall, por haberla raptado y llevado hasta allí donde él mismo había permitido la permanencia de esos delincuentes. Sin embargo, no podía evitar reconocer que él había luchado fervientemente por protegerla y que de hecho, de no haber sido por él, el degenerado de Roger Carter se habría salido con la suya y quizá después de consumado su crimen, se la habría entregado a Julieth para que se divirtiera torturándola más antes de matarla.
La cantante estiró la mano sana hasta la sien derecha de Snape, y con el dorso le prodigó una caricia.
-
¡Estás… herido! - Susurró con voz trémula por el dolor. Snape por su parte, esbozó una ligera sonrisa, al notar que, al parecer, Emily había salido del shock y que incluso así, no le gritaba, sino que parecía preocuparse por él.
-
No es nada Emily, tú descansa.
La muchacha le echó un vistazo a la herida de su hombro, parecía un poco profunda ya que la tela rasgada de su gabán dejaba ver parte de ella.
-
Debes… hacerte ver por…. Pomfrey - Le indicó - Ese maldito te lastimó.
-
No más de lo que Julieth a ti - Reconoció Snape pero Emily, al escuchar ese nombre, debió la mirada y frunció el entrecejo.
-
¡Aléjate de mi… po… por favor - Dijo haciéndose a un lado, no pudo evitar recordar de pronto el embarazo de la mortífaga, ni el hecho de que ella le restregara en la cara que su estado era producto de las noches de pasión junto a él!
-
¡Emily!
-
Te agradezco… de verdad te agradezco que me hayas salvado de ese maldito pero… no se me olvida que…
En ese momento se oyó que tocaron la puerta del despacho.
- Debe ser madame Pomfrey - Dijo Severus aliviado de que alguien interrumpiera el reproche de Emily.
El hombre salió de la habitación y al hacerlo, descubrió que Dumbledore volvía a ocupar su marco correspondiente en el despacho.
-
¿Cómo está ella? - Preguntó con semblante preocupado el ex director.
-
Lastimada - Respondió Snape con tono lúgubre - Pero Pomfrey va a revisarla ahora mismo.
Severus abrió la puerta y efectivamente la enfermera de Hogwarts se encontraba al otro lado, con un rostro que se debatía entre la preocupación y la rabia, sosteniendo un maletín blanco con una cruz roja.
-
Ya me contaron lo sucedido - Anunció la mujer adentrándose al despacho sin esperar la invitación por parte del nuevo director - ¡Maldita mujer! Ni siquiera se detiene por el hecho de que está encinta… Y el otro malnacido, yo lo sabía Snape, sabía que algo terrible ocurriría desde que tomaste el puesto de nuestro querido Dumbledore. Convertiste el colegio en una guarida de desalmados asesinos.
-
No la mandé a llamar hasta aquí para escuchar sus reproches madame, sino para que atendiera a mi esposa - Dijo Snape con tono admonitorio.
-
¿Dónde se encuentra ella? - Preguntó la sanadora elevando la mirada por encima del hombro de Snape.
-
En nuestra habitación - Contestó él señalando hacia las escaleras dobles.
- Por lo que veo usted también necesita atención - Dijo Pomfrey echándole un vistazo a las heridas del profesor.
-
Mis heridas pueden esperar - Zanjó él
-
No son nada grave.
-
La del hombro parece profunda - Analizó la mujer posando la mirada en el lugar afectado.
-
No tiene importancia - Contestó él cubriéndose con la capa mientras volvía a señalar las escaleras que conducían a su habitación.
La mujer asintió resignada y avanzó. Al llegar a la habitación casi se le cae el maletín de la mano al contemplar el estado de Emily que tenía el rostro pálido, el labio partido y la mano derecha con un tono violáceo.
- ¡Por las largas barbas de Merlín! - Exclamó con asombro.
La enfermera se acercó rápidamente a Emily para socorrerla.
- Tengo aquí una poción para el dolor, al fin la encontré - Dijo Severus detrás de ella - Estuve buscándola en mi anaquel pero la tenía en la repisa del baño.
El profesor de pronto recordó que la había dejado allí después de haberle dado a beber un poco a Emily el día que la trajo de la mansión de los Malfoy.
- ¡No! - Exclamó la enfermera mirando con conmiseración la mano lastimada de la cantante - No le hará efecto, tendré que usar crece huesos y ya sabe cuál es el efecto secundario que provoca esa poción.
Severus negó con la cabeza y se pasó una mano por la cara, no soportaba la idea de que Emily continuara sufriendo, incluso, durante su proceso de sanación.
-
¿Qué puedo hacer entonces? - Inquirió.
-
Sujetarla - Respondió la enfermera - Primero debo arreglar sus dedos y eso será doloroso.
-
No será… necesario señora Pomfrey - Respondió Emily que ya no deseaba más contacto con su marido - Sabré… contenerme.
-
No es tan sencillo Emily - Rebatió la señora Pomfrey haciéndole señas a Snape que, enseguida se sentó junto a Emily, posteriormente se posicionó detrás de ella para sujetarle ambos brazos, rodeándola con los suyos.
Emily protestó, no sólo porque no deseaba ya el contacto con él, sino porque intuía que volvería a sentir mucho dolor y el instinto la obligó a resistirse.
-
Será rápido Emily, lo prometo - Dijo la enfermera al ver su reacción.
-
¡No! Espere un segundo… - Dijo con desesperación la cantante, pero la enfermera ya apuntaba su mano lastimada con la varita.
- ¡Episkeyo! - Exclamó y tras un sonido de crujido, los dedos de la cantante volvieron a su posición original.
- ¡Ahhhh! - Gritó Emily al sentir un intenso dolor. Detrás de ella, Severus la contuvo con fuerza.
La sensación fue mermando rápidamente y ella se dio cuenta de que ahora podía mover los dedos al menos un poco. Severus la soltó enseguida.
-
Los dedos han vuelto a su posición correcta, sin embargo, aún hay que reparar la fractura - Explicó la señora Pomfrey sacando de su maletín un frasco que a Emily le pareció extraño - Lo lamento, pero el proceso de sanación será un poco doloroso.
-
No se preocupe, a estas alturas ya me estoy acostumbrando - Respondió la cantante, tomando las solapas de su camisa para cubrirse - Me gustaría cambiarme de ropa primero, por favor.
-
Desde luego, yo te ayudaré - Respondió la enfermera, y ante la mirada expresiva de su esposa, Snape comprendió que ya no le permitiría quedarse en la habitación.
El hombre salió hacia el despacho y se dejó caer exhausto sobre el asiento detrás del escritorio. Por primera vez comenzaba a sentir el dolor de las heridas producidas durante el combate con Carter, aunque aún así, lo que más le dolía y le pesaba era la culpa de que Emily hubiese soportado todo aquello por su incompetencia. No se arrepentía ni por un segundo de haberla llevado hacia el castillo sino de no haberla protegido de aquel par de seres monstruosos y sanguinarios. Suspiró con pesadez y colocó los brazos sobre la superficie del escritorio para dejar descansar allí su cabeza, se estremeció de tan sólo imaginar que no hubiese llegado a tiempo y que Carter hubiese consumado su plan maquiavélico, en ese caso, un simple Avada Kedavra no hubiese bastado para calmar su sed de venganza, ni tampoco todas las formas de torturas posibles. Y si Julieth hubiese logrado asesinar a Emily… Severus se horrorizó al imaginar que, tal vez en ese caso hubiese terminado por desoír su conciencia pues se hubiese abalanzado contra la mujer sin importarle que llevaba una criatura en el vientre, para torturarla hasta matarla, después de todo, tanto ella como el infeliz de Carter, se habían aliado para asesinar al bebé que Emily había gestado tiempo atrás.
El profesor suspiró con ímpetu para tratar de retener un sollozo.
- Lo sé, todo esto ha sido demasiado para ti Severus - Dijo la voz pacificadora y paternal de Dumbledore, proveniente del marco detrás del escritorio.
Severus no respondió, pero sus espasmos le indicaron al antiguo director que sus esfuerzos por retener el llanto habían sido inútiles.
Con toda su fuerza de voluntad, con todo su temple, la astucia, inteligencia, valentía y la admirable capacidad que tenía para fingir indiferencia ante sus enemigos, detrás de esa mascara de impavidez, Severus Snape no era más que un ser humano, extraordinario, brillante, pero un ser humano al fin y al cabo, que no era ajeno al dolor, que podía sentir hartazgo y agotamiento ante todo lo que le había tocado vivir. ¿Cuánto más podía soportar las miradas acusadoras y los reproches, aunque silenciosos? Y sobre todo ¿Cuánto tiempo más podía soportar el desprecio y el odio de Emily?
Dumbledore también suspiró desde su marco mientras lo contemplaba ahora sin decir nada, dejando que el hombre se desahogara en el medio de su frustración.
-
¿Pero…qué le pasa…?
-
¡Ya basta, déjalo en paz Everard! - Ordenó Dumbledore con vehemencia al tiempo que una lágrima de oleo surcaba su mejilla.
Después de unos minutos que tanto a Severus como a Dumbledore le parecieron horas, la señora Pomfrey salió de la habitación.
- ¡Ya puede entrar profesor Snape! Es necesario que lo atienda también a usted.
Snape levantó la cabeza con dignidad, pasándose las manos por el rostro para eliminar el rastro de sus lágrimas, sin que la enfermera notara su gesto, y luego se adentró en la habitación.
Emily ya no sangraba en su labio y su mano lucía más sana, poseía un color normal aunque, a juzgar por las muecas de dolor en el rostro de la cantante, los efectos de la poción regeneradora de tejidos óseos le estaban causando bastante malestar.
-
La poción para dormir sin soñar no interfiere con la acción de la crece huesos - Intervino Snape enseguida - Tengo varios frascos en mi anaquel.
-
No te preocupe - Dijo la enfermera tomándolo del brazo al ver que él iba a salir nuevamente de la habitación - Yo traje un frasco conmigo y acabo de administrárselo a Emily, dentro de poco surtirá efecto, será mejor que descanse. En cuanto a ti será mejor que te atienda.
-
Ya le dije que no es nada de cuidado
-
Respondió Snape tomando asiento sobre el diván que estaba a los pies de la cama.
-
No seas testarudo - Masculló Emily con voz débil, tratando de mantener los ojos abiertos - No le haga caso madame Pomfrey.
Severus no dijo nada, pero las palabras de Emily fueron como un bálsamo invisible para sus heridas porque le indicaron que, muy en el fondo, ella se preocupaba por su estado.
La señora Pomfrey despojó a Snape de su capa mientras él suspiraba con resignación, posteriormente se retiró también el gabán y la camisa.
-
Tienes un moretón en la espalda - Analizó la enfermera mientras él recordaba la lámpara de vidrio que se había impactado contra él en la pelea - Y la herida del hombro efectivamente es profunda, requerirá díctamo.
-
¿Se va a poner bien? - Preguntó Emily sin poder evitarlo, girándose sobre su costado izquierdo para poder contemplarlo mejor, sus ojos se cerraban por inercia, pero ella luchaba por frenar el impulso.
-
Si, ya lo creo - Respondió la sanadora - Pero debe seguir mis instrucciones.
La mujer aplicó el díctamo sobre la herida del hombro y con su varita curó la herida de la sien y el moretón de la espalda, con lo cual el profesor se sintió muy aliviado, al menos físicamente. Posteriormente, y luego de aconsejarle beber una pócima para el dolor, la enfermera se marchó.
Snape se levantó del diván para ir en busca de su piyama cuando escuchó la voz débil de Emily.
- ¡Severus!
Al volverse, el profesor notó que ella tenía los ojos cerrados.
-
¿Si? - Preguntó.
-
Gracias - Musitó la muchacha antes de sucumbir ante un sueño profundo.
-
De nada - Respondió él acercándose a ella para besarla en los labios, aprovechando que ya se había dormido - Estoy y estaré siempre a tu orden.
Severus se dio un baño, se colocó el piyama y se tomó una poción para el dolor que terminaría de aliviarlo, sin embargo, estaba seguro de que no podría dormir, ni siquiera tomando algún brebaje porque todos los acontecimientos de esa sola noche, lo atormentaban con la misma intensidad que lo hacía el saber que los Potter fueron asesinados por su culpa. De modo que salió hacia su despacho donde Dumbledore lo esperaba despierto, tanto lo conocía, que sabía perfectamente que esa noche, el pobre hombre no podría dormir.
-
¿Cómo te sientes?... me refiero a tu estado físico - Preguntó el anciano mirándolo con las manos entrelazadas a la altura del pecho.
-
Bien, nunca tuve nada grave - Respondió el pocionista parándose frente al retrato, los otros personajes dormían ya.
-
Severus… lo he pensado muy seriamente, analizando los últimos acontecimientos…
-
¡Albus! - Exclamó Snape colocando la palma de la mano al frente para indicarle al ex director que se detuviera - Al menos por esta noche no quiero saber nada acerca de planes… He tenido suficiente.
-
Estoy de acuerdo contigo muchacho - Concedió el anciano, Snape lo miró enseguida con sorpresa.
-
¿Qué dices? - Preguntó.
Dumbledore le devolvió una mirada de indulgencia y comenzó a hablar nuevamente mientras Severus escuchaba entre atento y sorprendido.
-
Sé que te he dicho (Y aún sigo pensando en que es lo mejor) que mientras menos sepa Emily de nuestro plan, la tendrás más protegida pero… a estas alturas no sé si realmente ella pueda soportar mucho.
-
¿A qué te refieres exactamente? - Preguntó el nuevo director, mirando al antiguo ahora con un gesto de confusión.
-
Severus, has pasado por mucho hijo al igual que Emily. Ella ya está contigo y después de lo que pasó esta noche creo firmemente que ya se puede considerar a salvo. Está lejos de Voldemort, acabaste con ese desgraciado que quiso lastimarla y Julieth Malfoy está encerrada.
-
No supe proteger a Emily.
-
Actuaste como debías - Dijo Dumbledore en un tono vehemente - Desde luego que la protegiste, lo hiciste incluso a través de tu mejor actuación, a sabiendas de que ella te odiaría por, supuestamente ganarte la confianza del lado oscuro. Pero ya que ella está aquí y que además está fuera del alcance de Voldemort no veo el por qué ella no deba saber la verdad.
Una luz de esperanza iluminó el corazón del pocionista pero casi inmediatamente su mirada se ensombreció de nuevo.
- Es imposible - Zanjó - Aquí permanecen los Carrow además de otros que también son fieles a la causa del señor tenebroso, no sé si Emily sepa disimular bien ante ellos. El hecho de que ella conozca la verdad podría echar por tierra nuestros planes ya que podría ponerlos en evidencia… Albus, sabes que, si ellos se enteran de mi verdadera lealtad, todo se habrá ido al caño.
- Eso no tiene por qué suceder, el vehemente rechazo que Emily te ha prodigado desde que pasó lo que pasó (se refería al día de su propia muerte) ha provocado que te ganes la confianza absoluta de Voldemort.
-
Julieth tiene sospechas, creo que siempre las tuvo, al igual que la bestia de Carter y los Lestrange, en especial Bellatrix.
-
¿Pero quiénes son ellos para armar conjeturas acerca del favorito de Voldemort? Estoy seguro que, de escuchar esas sospechas, él las tomaría como un intento de perjudicarte a causa de la envidia. Lo que hiciste el año pasado fue una gran prueba de tu… "Lealtad"
-
No me lo recuerdes.
-
Ha llegado el momento muchacho, no tienes por qué cargar con esto solo. Emily ya no está lejos de ti y mucho menos bajo el riesgo de ser capturada por ellos, nadie le sacará información porque con su desprecio hacia ti todo este tiempo, ha demostrado que supuestamente le eres fiel a las fuerzas oscuras y que deseas capturar a Harry para entregárselo a Voldemort.
-
¿De verdad lo crees? - Preguntó con un ligero tono de esperanza.
-
Estoy seguro.
-
No me creerá - Respondió Snape bajando la cabeza en un gesto derrotista.
-
De seguro que no lo hará, pero no serán tus palabras las que la convenzan sino las mías y si es posible recurrir a…
-
¡No! Estás loco, de ninguna manera, ya sabes que no me gusta…- Dijo Snape adivinando las intenciones del antiguo director.
-
Si es necesario, así será.
Al día siguiente, Emily despertó como nueva, comprobó que sus dedos ya no le dolían para nada y que además podía moverlos con total libertad. Giró sobre su costado y notó que ese lado de la cama estaba vacío y que no había señales de que Severus lo hubiese ocupado, posteriormente salió de la cama, dispuesta a dirigirse al baño para asearse pero notó algo que le llamó poderosamente la atención. Su guitarra yacía sobre el diván, perfectamente reparada aunque recordaba haberla dejado caer durante el forcejeo con Carter cuando la raptó.
La tomó en el regazo, pensando que su marido debía ser el responsable de su reparación y posteriormente, casi por instinto, comenzó a rasgar las cuerdas tocando una melodía, comprobando así que tanto el instrumento como su mano estaban ya en perfectas condiciones. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro al notar que los planes de Julieth habían sido lapidados por completo.
Una hora más tarde, la mujer salió de la habitación, encontrándose a Snape mirando por la ventana que daba al campo de quidditch. Él tenía una expresión insondable en el rostro.
-
¡Buenos días! - Exclamó él sin girarse a mirarla, su intuición le decía que ella estaba allí, la había sentido.
-
¡Buenos días! - Respondió ella - ¿Cómo te sientes?
-
Bien ¿Y tú? - Preguntó él girándose para darle el frente.
-
Excelente - Respondió ella abriendo y cerrando la mano - Por cierto… gracias por lo de mi guitarra, quedó magnífica.
-
De nada, era lo menos que podía hacer… ¿Podrás tocar de nuevo?
-
La señora Pomfrey dijo que si y acabo de comprobarlo ahora mismo - Respondió la muchacha.
-
Necesito hablar contigo Emily.
-
¡Severus! Será mejor que no digas nada… ya ese infeliz obtuvo lo que se merecía gracias a ti y eso es lo que importa…. En cuanto a tu amante…
-
Ella jamás fue mi amante.
-
¿En serio? - Preguntó ella con ironía.
Severus suspiró con impaciencia.
-
Bueno, tal vez hace tiempo pero ya conoces la historia, ella usó Amortentia.
-
No me refiero a esos días y lo sabes, de todos modos ya no tiene importancia. Comprendo que ahora no la quieras pero está esperando un hijo tuyo y tendrás que velar por él.
-
¡No es mío! - Repitió Snape por enésima vez - Yo no he tocado a esa loca. ¡La detesto!
-
Si tanto la detestas ¿Por qué la nombraste sub directora?
-
Yo no hice tal nombramiento… fue el señor tenebroso.
Emily esbozó una risa escueta al escuchar aquello.
-¡Claro! Se me olvidaba que tienes hilos por los cuales te maneja tu marionetero.
- No sabes de lo que hablas - Espetó Snape acercándose a ella, capturándola de forma abrupta en un movimiento certero.
Ella abrió los ojos con sorpresa.
-
Desde luego que sé de lo que hablo y tú también lo sabes - Respondió ella intentando apartarlo.
-
No tienes idea del infierno que he vivdo todo este tiempo - Rebatió él con voz exaltada.
-
¿Tú has vivido un infierno? ¿Acaso imaginas siquiera por lo que yo pasé desde que te vi hacerle daño a mi abuelito? - Preguntó ella con voz trémula, intentando inútilmente retener el llanto - Él te amaba como a un hijo y tú lo traicionaste.
Su voz fue tomada por el llanto, intentó luchar para liberarse del agarre de Severus pero él la abrazó con más ímpetu para intentar contenerla y consolarla, ella dejó de luchar, entregándose por completo al llanto, rindiéndose ante el agotamiento que le causaron los acontecimientos, el dolor, la ira y el miedo.
-
Él no te había hecho nada y tú me lo quitaste - Dijo entre sollozos.
-
No quise hacerlo Emily - Respondió él hablándole con suavidad, sin soltarla, manteniéndola cautiva en un abrazo consolador - Te juro por la memoria de mi madre que no quise hacerlo.
Emily se quedó de piedra al escuchar aquello, Severus jamás mencionaba a su madre y mucho menos para jurar por su memoria, estaba sorprendida pero lo estuvo todavía más cuando escuchó la voz de Dumbledore proveniente del retrato, todos los demás personajes permanecieron atentos a la escena, pero a esas alturas, nadie le daba importancia.
-
Severus tiene razón hija mía, él jamás quiso hacerlo… yo, prácticamente lo obligué.
-
¿Qué? - Preguntó con los ojos abiertos al límite - ¿De qué estás hablando? Él manipuló tu lienzo de algún modo ¿No es cierto? Solamente así puedes decir semejante barbaridad.
-
Es cierto Emily - Respondió Dumbledore con su semblante serio, levantándose de su sillón.
-
¿Por qué razón harías algo así? Ya he escuchado suficiente Severus, no tenías por qué hechizar el retrato, no sólo te limitaste a asesinarlo sino que además profanaste su imagen ¿Cómo pudiste? - Increpó ella furiosa dándole un certero empujón para que la soltara, pero no lo tomó desprevenido.
-
Ni modo Severus, te lo dije, tendrás que hacerlo.
-
¿Hacer qué? - Preguntó Emily nerviosa al ver que Severus la soltaba para dirigirse hasta la vasija de piedra que había junto al escritorio. Con actitud resignada, comenzó a extraer recuerdos de su cabeza, usando su varita mágica.
-
Me parece que tendrás que mirar algunos recuerdos en mi viejo pensadero - Dijo Dumbledore asintiendo.
-
¿Por qué? ¿Qué se supone que debo mirar allí?
-
La prueba de mi verdadera lealtad - Respondió Snape mirando sus propios recuerdos arremolinarse sobre el líquido de la vasija.
Él tenía el corazón lleno de múltiples emociones; miedo, incertidumbre, expectación y una remota esperanza ¿Cuál sería su reacción? Había llegado uno de los momentos que más había esperado desde que la perdió ¿Lo perdonaría?
Por su parte, Emily miraba alternativamente a Severus, la vasija y a Dumbledore en su marco. También su corazón estaba lleno de múltiples emociones y su cabeza repleta de preguntas. ¿Estaría soñando? ¿Tendrían razón tanto Snape como Dumbledore? ¿Y si todo lo que decían tanto uno como el otro fuese cierto? Eso significaría que… ¡No! De seguro despertaría en cualquier momento. De todos modos, decidió hacerle caso a ambos y caminó hacia el pensadero, total, después de todo lo que había pasado ya no tenía nada qué temer.
Nota de autora: Hola a todos mis lectores y lectoras, en especial a mi querida amiga Rubí Galasanz y a marmik, quienes han sido fieles a esta historia desde un principio, desde la primera parte. Muchas gracias a ustedes chicas, por dedicar su valioso tiempo a la lectura de esta historia y a la redacción de sus hermosos comentarios, aún y cuando no es algo obligatorio.
Quiero anunciarles con algo de tristeza, pero también de expectación y alegría que este que acaban de leer es uno de los últimos capítulos. Así es, el final de "El Pocionista y la Cantante" se encuentra ya muy cerca. Pero todavía quedan algunas emociones por vivir, sobre todo en el próximo episodio.
No me quiero despedir sin antes dar mis recomendaciones como antes solía hacerlo, de mis historias favoritas.
Se trata de:
"El Poema y el Tiempo" por: TaliMau, "La Historia de la Princesa" por: TaliMau, "El alma perdída" por: TaliMau "Deletrius" por: MPotterBlack, "¿Cómo puedo ser una Potter y no saberlo?" por: Rubí Galasanz, "Severus en Gryffindor" por: Rubí Galasanz y "Siete años en Hogwarts" además de la segunda parte "Siete años en Hogwarts… El momento de las revelaciones" Por: Rubí Galasanzs
Casi todas ellas son magníficas historias protagonizadas por nuestro amado profesor de pociones junto a personajes OC, e decir, personajes de creación de las autoras. A excepción de "Deletrius" que es un precioso Remdora (Remus y Nymphadora)
Dicho todo esto me despido hasta una próxima oportunidad y muchas gracias por su apoyo y su cariño.
Un beso de
Hermaire.