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El Pocionista y la Cantante — capítulo 63

Emily estaba desesperada, Roger Carter la había conducido (valiéndose de pasadizos) hacia un aula vacía del tercer piso, era en un lugar apartado por el cual casi no transitaba gente. Por más que la cantante pataleó y pugno por liberación, le fue imposible y cuando sacó su varita para defenderse, Roger se la arrebató en un movimiento rápido. El mortífago empujó a la mujer hacia el interior del aula y cerró la puerta detrás de él, sellándola con un encantamiento.

  • ¿Qué demonios haces? - Preguntó Emily tratando de aparentar ira aunque lo que ya sentía en esos momentos era pánico, al verse sola y desarmada en compañía de ese mortífago (Su cabello volvía a ser rubio y sus ojos azules, con lo cual Roger comprendió que ya no estaba molesta, intuyendo, por lógica que ahora debía estar aterrada) - ¡Abre esa maldita puerta! ¿Crees que porque no tengo varita no puedo defenderme? ¡No me pongas a prueba!

  • ¡Cálmate corazón! - Espetó Carter acercándose - Ya no finjas, sé que te morías por estar a solas conmigo. 

  • ¿Qué pretendes payaso?

  • Emily, eres tan hermosa… Todavía no puedo creer que mientras salías conmigo no te haya hecho mía.

Ella abrió los ojos en señal de sorpresa, retrocediendo, sorteando de vez en vez, algún pupitre en mal estado y lleno de telas de araña.

  • Sin embargo nunca perdí las esperanzas, a pesar de que el destino nos llevó por diferentes caminos. Siempre quise tenerte Emily, no entiendo cómo pudiste entregarte al adefesio ese de Snape. Eso… eso fue un sacrilegio, un total desperdicio.

  • ¿Estás consciente de dónde estamos? No saldrías vivo de aquí. Severus debe estar buscándome a estas alturas.

  • Para cuando llegue, si es que le importas tanto como para buscarte, ya yo habré conseguido lo que quiero - Posteriormente detuvo el avance, soltó una carcajada y añadió - ¿De verdad crees que le importas? Durante tu ausencia se dedicó a retozar con Julieth por doquier y esos encuentros hasta tuvieron consecuencias. ¡Acéptalo hermosa! Ya no le importas, fuiste un capricho que ya se le pasó.

  • ¡Cállate Carter! Estoy hablando enserio ¡Abre esa puerta o habrá consecuencias! Puede que él ya no me ame pero de alguna forma le importo o si no, no me hubiese traído de vuelta - Respondió la cantante tratando de parecer estoica pero su voz se quebró, lo que provocó que Roger sonriera.

  • Te trajo sólo por órdenes del señor tenebroso, él sabía que sufrirías a su lado, ese es tu castigo por traidora a la sangre. Además, poco me importa si tuviera que enfrentarme a él, ya me tiene harto - Al decir esto último lo dijo con un semblante hosco que a Emily le aterró aún más.

De pronto, Carter estornudó y le echó un vistazo al lugar.

  • Es un asco aquí, creo que tendré que mejorarlo un poco.

El mortífago se guardó la varita de Emily en el bolsillo interno de su chaqueta y, alzando su propia varita, comenzó a eliminar el polvo y telas de araña de las paredes, piso y los enceres destartalados que yacían arrumados por todo el lugar.

  • No te conviene cometer ninguna estupidez Roger, déjame salir de aquí, te prometo que no diré que me trajiste a este lugar.

  • ¿Crees que le tengo miedo al maldito Snape? - Inquirió Roger caminando de nuevo hacia ella hasta capturarla. Emily intentó zafarse de su agarre pero él la sujetó con mucha fuerza, además, ella estaba temblando.

  • Siempre le has temido, desde que éramos sus alumnos, siempre intentas huir de él con cada fechoría que cometes - Espetó la mujer advirtiendo, por primera vez, ya que lo miraba con detenimiento, además de que se le había corrido el mechón de pelo de la frente, las cicatrices de Carter que formaban la palabra "Asesino" - ¿Se te olvida que fuiste tú el causante de la muerte de mi bebé?

  • ¿PARA QUÉ DEMONIOS QUERÍAS UN BEBÉ DE ESE MALDITO? - Gritó Carter - Lo que no se me olvida es lo que le hizo a mi rostro. Siempre me creyó un inútil e incapaz, por eso lo odio ¿Quién demonios se cree que es ese mortífago hijo de perra? y lo detesto aún más por lo que me hizo - Se tomó los mechones de cabello con la mano derecha para revelar aún más sus cicatrices - LO ODIO Y HA LLEGADO EL MOMENTO DE COBRARLE.

Al decir esto empujó a Emily, que perdió el equilibrio al tropezar con un caldero viejo y roto que estaba en el suelo. La  muchacha cayó al piso y Roger Carter se le fue encima para inmovilizarla, apresándola con su propio cuerpo. Emily intentó liberarse de forma desesperada.

  • ¡No, Roger! Déjame ¿Qué pretendes?

  • La pasaremos bien, no te preocupes, sólo relájate y deja de resistirte.

  • ¡SUÉLTAME!

  • Te aseguro que te gustará más que con ese murciélago - Dijo el mortífago mientras besaba el cuello de la cantante, aspirando su perfume natural con avidez - ¡Por Merlín Emily! Dicen que poseer a una veela o a una de sus descendientes es un prodigio y estoy a punto de comprobarlo.

  • ¡NO! - Gritó Emily aterrorizada y frustrada por intentar quitárselo de encima en vano, pero estaba decidida a que, aunque tuviera que invertir su vida, no permitiría que ese maldito lograra su cometido.

Por su parte, Snape salió de su despacho hecho un remolino, respirando con agitación, casi corriendo por los pasillos y escaleras.

  • ¿Has visto a Emily? - Le preguntó a un asustado chico de cuarto curso de Hufflepuff que negó con la cabeza antes de perderse de vista.

 Frustrado, el profesor continuó su búsqueda y por su parte también lo hizo el profesor Dumbledore mediante los retratos pero no había ni rastros de Emily, incluso, Snape le preguntó a los hermanos Carrow si la habían visto y estos dijeron que no.

  • No pudo haberse esfumado así como así.

  • El colegio está lleno de mortífagos y hasta algunos dementores, estamos diseminados por los puntos estratégicos y cubrimos toda la extensión del castillo, es imposible que haya escapado - Respondió Alecto Carrow con un gesto de fastidio.

  • Debe estar escondida en algún lugar - Se mofó Avery - Tu mujercita no te soporta Snape.

  • Ya cállense los dos y piérdanse de mi vista.

Roger Carter, rasgó los botones de la camisa de Emily y mientras lo hizo, obviamente liberó las muñecas de la muchacha, por lo tanto ella aprovechó la ocasión para asestarle un puñetazo en un ojo que lo dejó medio ciego, de modo que tuvo que apresarla de nuevo.

La mujer se defendía como podía, intentando asestar patadas pero Carter la superaba en fuerza.

  • ¡Quédate quieta maldita sea Emily! - Demandó Roger luchando por contenerla - Ya verás que será todo un placer.

  • No lo voy a permitir - Dijo la cantante con lágrimas de frustración, rabia y angustia - Quítate de encima ¡ME DAS ASCO!

  • ¿Yo te doy asco? - Inquirió Carter deteniendo su labor de besar el cuello de la cantante, mirándola con incredulidad - ¿Y no te daba asco besar al adefesio de tu marido?

  • Basta Roger ¡Suéltame, Por Merlín! - Dijo la muchacha sin poder contener el tono de súplica. 

  • Pues te morirás del asco entonces - Espetó el mortífago con rabia antes de capturar los labios de Emily en un beso forzado. Ella no sólo lo rechazó sino que, en un arrebato de ira, lo mordió, con lo cual lo hizo detenerse en el acto - ¿Qué hiciste maldita loca? - Preguntó liberando la muñeca derecha de la mujer para tocarse el labio, comprobando que había sangre.

  • Te lo dije Roger, te lo pedí por las buenas pero no me hiciste caso.

  • Pues yo también me cansé de pedirte por las buenas que dejes de resistirte - Respondió Carter antes de abofetearla y volver a sujetarla.

Emily ahogó un grito al recibir el golpe que también partió su labio inferior.

  • Voy a hacerte mía y no vas a poder evitarlo Emily, no sabes cuantas veces he soñado con este momento.

  • ¡YA BASTA! ¡DÉJAME!

Justo en ese momento, ambos escucharon un ruido y al girar el rostro, vieron a Pevees que contemplaba la escena con asombro.

  • ¡Ayúdame Pevees, por favor! - Suplicó Emily.

El duende se dio la vuelta, dispuesto a atravesar la misma pared que lo había llevado hasta allí.

  • ¡No te atrevas o llamaré al barón sanguinario! - Amenazó Roger sin soltar a Emily.

Los ojos del duende delataron su espanto.

  • ¡NO! PEVEES ¡NO TE VAYAS! - Gritó Emily - NO TE HARÁ DAÑO TE LO JURO.

  • ¡EMILY! - Llamaba Snape casi sin aliento por aquel pasillo desierto del tercer piso.

  • ¡Ohh, señor director! - Lo llamó una voz de mujer proveniente de un retrato a su izquierda, se trataba de una joven, vestida con ropas victorianas - Que bueno que aparece usted.

  • ¿Has visto a Emily, mi esposa?

En ese instante, Dumbledore apareció junto a la dama del retrato, jadeando por el esfuerzo de la carrera.

  • Claro que la he visto - Respondió la mujer abanicándose con energía - Vi cuando un desalmado se la llevaba en contra de su voluntad.

  • ¿Hacia dónde? ¿Quién era ese tipo? - Preguntó Snape pasmado. En sus ojos estaba reflejado el pánico que sentía. 

  • No lo sé profesor, no se de quien se trataba, era un hombre castaño - Respondió la dama del retrato.

  • Era Carter Severus, sir Cadogan me lo describió - Saltó Dumbledore - Dijo que se dirigían al tercer piso y por eso llegue aquí.

En ese instante, ambos vieron a Pevees que llegó flotando hacia ellos desde el fondo del pasillo, con una expresión de horror.

  • Sal de aquí estúpido duende, no estoy para bromas

  • Soltó Snape a la defensiva - ¡Maldición! ¿Dónde rayos están?

  • En la última aula de este pasillo - Respondió Pevees ignorando la forma grosera en que el profesor se había dirigido a él. El polstergaist podía ser molesto, llegar incluso a ser un vándalo, pero tenía ciertos códigos que no rompía ni por temor al barón sanguinario - Ese Carter la tiene, dice que llamará al barón.

  • Muchas gracias - Respondió Dumbledore - No te preocupes que el barón no te hará ningún daño.

  • ¡Maldito Carter! - Espetó Snape ira, dispuesto a salir corriendo con dirección al aula que había indicado el duende, pero una voz, desagradablemente conocida lo hizo detenerse.

  • ¿Qué estás haciendo aquí? - Preguntó con sorpresa Julieth, venía jadeando y sudorosa, al parecer había corrido hasta allí - ¡Ven cielo! Quiero mostrarte algo.

  • ¡Déjame en paz Julieth! - Soltó Snape fulminándola con la mirada, disponiéndose a avanzar, pero ella se posó frente a él para impedirle el avance.

  • ¡Son los Carrow! - Dijo a la desesperada - Creo que mataron a un alumno.

  • Los alumnos están en sus salas comunes ¡Quítate de en medio que llevo prisa! Además ¿Desde cuándo te importan los alumnos?

  • Ellos no me importan en lo absoluto, pero es cierto aquello que siempre has dicho de no ser tan obvios, no podemos sobrepasarnos con ellos.

  • ¡Déjame en paz! - Dijo Snape apartándola con un brazo para luego correr por el pasillo.

  • ¡Severus! - Lo llamó Julieth con rabia, en sus ojos había tal furia que el director no pudo percibir por la prisa que llevaba.

Dumbledore, siguió a Snape, a través de los retratos pero sólo pudo llegar hasta la mitad ya que, lamentablemente, más allá no había más marcos. 

  • ¡Severus! ¡ESCÚCHAME! - Gritó la mortífaga antes de correr detrás de él, llena de frustración e ira.

Peeves siguió su camino y Snape también. Se fue corriendo con la respiración agitada, el corazón lleno de angustia y Julieth pisándole los talones mientras le gritoneaba, pero él no escuchó nada de lo que ella dijo porque no le interesaba, su única prioridad era encontrar a Emily.

De pronto, escuchó gritos y se detuvo en seco frente a la puerta de un aula.

  • ¡SUÉLTAME ROGER! ¡NO ME TOQUES! ¡AUXILIO!

  • ¡CÁLLATE Y ESTATE QUIETA!

  • Severus, cariño, eso no es nada - Dijo Julieth con desespero, colocándole una mano en el hombro, pero él se zafó con violencia.

Por instinto, Snape intentó abrir la puerta pero al ver que no cedía, sacó su varita…

- ¡Alohomora!

Cuando la puerta se abrió, lo que observó le provocó un odio desmedido así como un terrible sentimiento de culpa por no haber protegido mejor a su esposa.

Emily estaba en el suelo, aterrada, llorando, el pelo revuelto y  la blusa rasgada, dejando ver su brasier negro. Roger Carter estaba sobre ella, tratando de sujetarla con una sola mano mientras con la otra intentaba desabrocharse el pantalón.  Estaba tan enfrascado en su labor que ni siquiera advirtió la puerta al abrirse.

  • ¡DÉJAME EN PAZ! ¡BASTA!

  • Cállate o volveré a golpearte.

  • ¡MALDITO DEGENERADO! - Gritó Snape abalanzándose sobre el mortífago, quitándoselo por fin a Emily de encima.

La cantante, al ver a su esposo sintió un inmenso alivio que no creyó jamás sentir después de que su imagen se desmoronara ante ella. La pobre se arrastró hacia un rincón, tomando, por instinto las solapas de su camisa rasgada en los botones, para intentar cubrir su ropa interior. Temblaba entera y miraba con alivio como Severus descarga su ira  sobre Carter que, en vano intentaba cubrirse el rostro. Sin embargo, había algo en el pocionista que inquietó a Emily, la mirada su mirada estaba ensombrecida por el odio y la cólera, su rostro esbozaba una expresión que ella no llegó a ver ni siquiera el día en que, de forma inescrupulosa, asesinó a Dumbledore.

  • ¿Qué te molesta Snape? Ella es mucho más mía que tuya, te recuerdo que primero estaba a mi lado, sólo que jamás pude tenerla como me hubiera gustado por culpa de su maldita mojigatería.

  • Ahora si me las pagarás Carter - Dijo Snape con ese tono de voz sedoso que anticipaba peligro y ese brillo aterrador en los ojos - Son demasiadas las que me debes ya, todavía no olvido lo de mi hijo, eso y esto ya fueron el colmo… nadie se mete con mi familia y VIVE PARA CONTARLO.

El pocionista le propinó dos patadas a Carter en las costillas que él trató de evitar poniéndose en posición de armadillo. Sin embargo, en una de esas, Carter se giró, apuntando a Snape con la varita y arrojó un encantamiento no verbal sobre él que le rozó el hombro, haciéndole un corte en la tela de la túnica y en su piel. Snape esbozó una mueca de dolor, pero apuntó de vuelta al mortífago para devolverle el hechizo, sin embargo, este giró sobre su costado para evitarlo, luego se puso de pie de un golpe y volvió a apuntar a Snape.

  • Ya me tienes harto - Le dijo - Hoy acabaré contigo y te juro que me elevaré ante los ojos del señor tenebroso.

  • Eso lo veremos - Espetó Snape arrojando un rayo de luz morada que impactó sobre un encantamiento escudo que Carter había conjurado para protegerse. El encantamiento rebotó sobre Snape pero, afortunadamente, el profesor pudo esquivarlo lanzándose a un lado, posteriormente le envió otro ataque que impactó a Carter, arrojándolo lejos, impactando contra una pila de pupitres. El mortífago se levantó de allí, con la frente sangrando, gritando de dolor y rabia, lanzando un maleficio asesino sobre Snape que, por fortuna, terminó sobre la pared que había detrás del pocionista, gracias a que él contaba con buenos reflejos.

  • ¡CUIDADO SEVERUS! - Gritó Emily aterrorizada cuando vio que el conjuro casi lo alcanzaba. 

Julieth Malfoy estaba furiosa y terriblemente frustrada ya que era evidente que Carter no había consumado su plan. De todos modos vio su oportunidad, ya no le importaba nada, al fin y al cabo ya era hora de aceptar lo inexorable, lo que hasta ahora no había querido aceptar. Severus jamás se enamoraría de ella y todo por culpa de la cantante. Así que, aprovechando que Snape estaba descargando su furia sobre Carter, caminó hacia Emily y luego de tomarla por el cabello, la arrastró hacia afuera del aula.

  • Tú también me las pagarás maldita cantante.

Emily le dio un manotón para que la soltara y la bruja lo hizo pero en cuanto la muchacha intentó incorporarse del suelo ella se lo impidió pateándola en el estómago. Por, instinto, Emily se dispuso a devolver el golpe pero de pronto algo la detuvo, su consciencia. Julieth estaba embarazada, no podía hacer eso, por más que la odiara, por más que quisiera matarla con sus propias manos, no podía lastimar al bebé que ella llevaba en su vientre, era una criatura inocente.

  • Déjame en paz Julieth, estás embarazada y no deberías agitarte.

  • ¡Pero qué considerada! - Se burló la bruja apuntándola con la varita - ¡Crucio!

  • ¡Ahhhhhhhhhh! - Emily gritó con desesperación, retorciéndose en el piso al sentir como si mil dagas al rojo vivo se clavaran en su carne.

  • ¡Emily! - Exclamó Snape al escuchar su grito y caer en la cuenta de que Julieth había llegado con él hasta esa aula. Giró el rostro hacia un costado y al ver que ni su esposa ni Julieth estaban presentes se aterró.

Carter aprovechó el descuido de Snape en el duelo y le arrojó un encantamiento látigo que le provocó un corte en la cien y lo expulsó lejos de él.

  • Déjala, está en buenas manos - Comentó el mortífago con tono de burla.

Snape respondió con un chorro de luz ígneo que salió de su varita y que impactó a Roger en el brazo izquierdo, provocando que se le incendiara. Chillando de dolor, el mortífago logró apagarlo pero arremetió contra Snape con una maldición asesina que nuevamente el profesor esquivó por muy poco.

Julieth estaba satisfecha al mirar a Emily en el suelo, maltrecha tras una nueva maldición torturadora. Posteriormente y aprovechándose de la debilidad de la muchacha, se sentó a horcajadas sobre ella, tomándole la mano derecha mientras la miraba con una sonrisa siniestra y sádica.

  • Eres una maldita perra, pero ha llegado tu hora y la de tu marido. Carter acabará con él y me alegra porque si yo no pude tenerlo, nadie más lo hará. El señor tenebroso nos premiará ya que hace mucho que sospecho de la verdadera lealtad de Severus - Dijo con voz parsimoniosa, casi en un susurro, pero Emily estaba muy atenta a sus palabras, así como al duelo que se estaba suscitando dentro del aula.

De pronto, la puerta del aula de D.C.A.O se abrió y salió Avery Carrow seguido de su hermana.

  • ¿Qué sucedió? ¡Julieth! ¿Qué haces? - Preguntó Alecto con sorpresa al mirar la escena.

  • ¡Ahhh! - Gritó Snape en el aula al sentir que una lámpara de vidrio impactó su espalda.

  • ¡Severus! - Susurró Emily con voz débil.

  • Muda debería dejarte para que jamás vuelvas a cantar - Dijo Julieth apuntando a la mujer con la varita en la garganta - O tal vez arruinar tus dedos para que no vuelvas a tocar la guitarra.

Avery rió divertido ante lo que la mujer decía.

  • Ya levántate de ahí Julieth ¿Qué rayos pretendes? Snape te matará.

  • ¡TÚ, NO TE METAS! - Gritó la mujer lanzando un encantamiento repulsor sobre el mortífago que lo lanzó por los aires. Alecto iba a responderle el encantamiento, completamente furiosa, pero Julieth le envió una mirada asesina que la hizo contenerse - ¡Aléjense de mi vista!

  • Luego no digas que no te advertimos - Dijo Alecto con aire ofendido, yendo a socorrer a su hermano.

Julieth por su parte, aún sosteniendo la mano derecha de Emily con su izquierda, colocó la varita en el piso para poder tener la otra disponible.  Emily pensó en tomarla, pero la debilidad se lo impedía, además, Julieth, en un rápido y cruel movimiento, tomó su dedo índice y lo llevó hacia atrás, quebrándoselo al instante.

  • ¡Ahhhhhhh! - Gritó de dolor la pobre cantante mientras su torturadora reía a carcajadas.

  • Que bueno que no te dejé muda, así puedo escucharte gritar ¡MALDITA! - Dijo antes de partirle ahora el dedo anular a la pobre mujer.

Al escuchar a Emily gritar de nuevo, Severus volvió a desesperarse. Carter le enviaba un encantamiento tras otro. Estaba furioso y lo estimulaba el odio que sentía hacia el profesor, quería cansarlo para matarlo en cuanto tuviera la oportunidad pero Severus no le daría tregua, también estaba ansioso por quitarse a Carter de encima de una vez, tenía que ver qué sucedía con Emily.

La profesora MacGonagall, Flitwick y Slughorn también llegaron al pasillo del tercer piso, alertados por Dumbledore y los demás retratos. Al ver a Emily lastimada en el suelo y a Julieth sobre ella, tomándola del cuello para sofocarla, intentaron quitársela de encima, pero la mujer, se deshizo del profesor Flitwick con una patada y de inmediato, hurgó en su túnica para sacar una daga.

  • Si, definitivamente es mucho más divertido al estilo muggle ya que los malditos te encantan tanto - Dijo con sádica emoción intentando apuñalar a la cantante, pero un encantamiento repulsor por parte de MacGonagall la hizo retroceder, bajándose de encima de Emily. La daga rodó un par de metros lejos de Julieth. Slughorn aprovechó para capturarla aunque ella estaba hecha una fiera. MacGonagall y Flitwick intentaron ayudar a Emily a incorporarse pero ella estaba demasiado débil y sólo pudo permanecer sentada en el piso, aterrada, llorando con desconsuelo.

  • ¡Válgame el cielo! ¿Y ustedes no hicieron nada par de inútiles? - Dijo la profesora MacGonagall con estupefacción cuando observó los dedos de Emily vueltos en una posición anormal.

  • Ese no era nuestro asunto - Respondió Avery empujando a su hermana hacia el aula de D.C.A.O donde estaba la habitación que ambos compartía.

  • Ya te queda poco tiempo Snape - Comentó Carter con una sonrisa maquiavélica - Y cuando acabe contigo, disfrutaré de ella hasta que me canse.

Aquellas palabras fueron como combustible para la llama que el profesor llevaba por dentro, de modo que, pensando en su hijo que no pudo llegar a nacer y pensando en su esposa, levantó la varita una vez más hacia Carter y por segunda vez en su vida, pero evidentemente con más satisfacción que la primera, pronunció el hechizo que le pondría fin a la situación.

- ¡Avada Kedavra!

El encantamiento impactó de lleno en el pecho de Roger Carter que lo recibió con una mueca de asombro. Snape había sido más rápido que él que, segundos antes, había levantado la varita para una nueva arremetida.  

El mortífago cayó por fin al suelo, con el cuerpo laxo y los ojos abiertos pero inexpresivos.

Severus por su parte, salió de aquella aula, pálido, sudoroso y sangrando, ni siquiera pudo saborear la satisfacción de la venganza y la victoria porque al llegar al pasillo, vio a Emily sentada en el suelo y recostada de la pared, sumida en un completo estado de histeria mientras Minerva intentaba calmarla. El profesor Flitwick había reducido a Julieth, atándola con unas cuerdas que emergieron de su varita.

 Todos los profesores lanzaron una mirada fulminante sobre Snape al verlo emerger del aula, pero los invadió la sorpresa, e incluso a él mismo, cuando Emily estiró los brazos hacia él.

  • ¡Severus! - Dijo ahogada en un sollozo.

Él se sentó en el piso y la contuvo entre sus brazos mientras ella se deshacía en llanto, refugiándose en él, sin atreverse a pensar nada más. Fue como si se le hubiese olvidado todo lo que había hecho, su lealtad depositada en Voldemort, su traición hacia Dumbledore, todo. En ese momento él era su protector, su refugio.

  • ¡Ya pasó! - Susurró Snape meciéndola para calmarla - Carter está muerto.

  • ¡ERES UN MALDITO! - Gritó Julieth intentando moverse pero las cuerdas se lo impidieron.

  • ¿Mataste a Carter? - Preguntó Slughorn con sorpresa.

  • Intentó abusar de mi esposa y además trató de matarme - Respondió Snape a modo de justificación.

  • Pues eso fue por tu culpa ya que la trajiste aquí a donde tú mismo trajiste a tantos delincuentes - Le reprochó MacGonagall escandalizada - La pobre pagó las consecuencias de tus desmanes. Mira lo que esa loca le hizo a la pobre Emily - Añadió luego señalando la mano de la cantante.

Snape, sintiéndose terriblemente culpable por las palabras de la profesora, se sintió todavía peor cuando observó con detenimiento la mano derecha de Emily. Sintió un dolor agudo atravesar su alma, que se intensificó cuando sus ojos se encontraron con los de su esposa, húmedos y tristes. La muchacha gimoteaba de dolor y miedo. 

Severus se levantó del suelo y por instinto se encaminó hacia Julieth. Todo el dolor y la conmiseración que sentía por Emily se habían transformado en unas ganas terribles de acabar con la mortífaga como lo había hecho con Carter, pero quería hacerla sufrir, estaba ciego de rabia. Así que, levantó su mano contra ella ante la mirada atónita de los profesores que se apresuraron a tratar de impedírselo.

  • ¡Estoy embarazada! ¿Recuerdas? - Soltó la bruja mirándolo con desafío.

Severus bajó la mano con frustración enseguida. Ella tenía razón, estuvo a punto de cometer una locura.

  • Háganme el favor de llevar a esa porquería de mujer lejos de mi vista, enciérrenla donde no pueda verla - Luego se giró hacia ella para advertirla - No estarás embarazada por siempre, algún día me las pagarás tú también.

  • ¡MALDITO! ERES UN MALDITO, TÚ Y ESA PERRA. LES JURO QUE ME LAS PAGARÁN - Dijo Julieth llorando de ira.

  • Saquen a esa otra escoria lejos del castillo, déjenlo tirado en algún lugar para que los buitres se encarguen de él - Ordenó sin piedad.

Luego tomó a Emily por la cintura y la ayudó a incorporarse lentamente. Ella estaba muy confundía, sabía que la profesora MacGonagall tenía razón al decir que todo había sido culpa de Snape pues, si él no la hubiese raptado, nada de eso hubiese sucedido, pero por otro lado tampoco podía olvidar la sensación de alivio que tuvo cuando lo vio entrar en aquella aula donde Carter intentó tomarla por la fuerza. Sin duda fue su salvación.

  • Por favor Minerva - Dijo el director con voz más calma - Envía a Pomfrey a mi habitación, prefiero que atienda a Emily allá.

Severus tomó en brazos a su esposa para poder conducirla y pese a lo que creyó que pasaría tras las palabras de MacGonagall, ella se dejó llevar dócilmente.