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El Pocionista y la Cantante — capítulo 62

Los ojos de la cantante se anegaron en lágrimas de amargura e ira, no entendía por qué rayos le importaba tanto el hecho de que Julieth estuviera embarazada de Severus, después de todo ya se esperaba que ambos dieran rienda suelta a su relación. Emily estaba consciente de que Severus jamás la amó y por lo tanto lo más lógico era que continuara su vida junto a la mujer por la cual tenía sentimientos verdaderos, pero lo que más laceraba el alma de la muchacha era pensar en el hijo que llevó en su vientre y que por culpa de esa malvada mujer no pudo llegar a nacer; También pensó en la pobre criatura que gestaba la mortífaga ¿Qué culpa tenía él o ella? Ninguna, eso lo sabía, sólo la compadecía por tener semejantes padres.

Sin embargo, no pudo dejar de sentirse traicionada, el dolor en su alma se intensificaba a cada paso que daba, no quería ni podía admitir, ni siquiera ante sí misma que aún amaba a Severus a pesar de todo lo que le había hecho.

Se secó las lágrimas con furia y continuó avanzando, odiándose a sí misma por aquellos sentimientos, hasta que una voz, desagradablemente familiar la hizo detenerse…

  • Es un placer volver a verte mi princesa del rock ¿Por qué lloras?

  • Ese no es tu problema Roger - Espetó la cantante mirando con desprecio a su ex representante artístico.

  • ¡Aléjate de ella maldito! - Advirtió Snape que logró alcanzar a Emily luego de salir corriendo de la enfermería, con un tono de voz extremadamente amenazante además de su actitud. (Lo apuntaba con la varita)

  • ¿Y por qué tengo que obedecerte Snape? - Inquirió el hombre desafiante, sacando también su varita.

  • Aléjate de mi esposa ahora mismo.

  • Al señor tenebroso no le gustaría que tú…

  • El señor tenebroso sabría perdonarme por no poder controlar mi ira, a diferencia de ti, ¡Asquerosa sabandija! Le he servido mucho más que tú, le he sido mucho más útil.

Al escuchar aquello, Emily no pudo soportarlo más, de modo que salió corriendo escaleras abajo. Ella quería salir del castillo, si no podía salir de sus lindes, al menos quería alejarse lo más que pudiera, ir hacia el bosque y perderse en él, después de todo, ya nada tenía sentido, se sentía sola, deprimida y quería morir.

Snape corrió detrás de ella, sorteando en el camino a algunos alumnos asustados que lo miraron a él y a Emily con semblante de sorpresa.

  • ¿Crees que vaya a matarla? - Le preguntó Astoria Grengrass a su hermana Dafne.

  • No lo sé - Respondió ella - No parecía furioso sino asustado.

  • ¿Qué demonios están haciendo en medio del pasillo par de mocosas? ¡Quítense! - Gritó Roger apartándolas de un empujón - ¡Váyanse a sus clases!  

Las dos muchachas echaron a correr para perderse de vista del mortífago mientras este, con una sonrisa de satisfacción decidió encaminarse a la enfermería.

Severus logró alcanzar a Emily en la puerta del vestíbulo, afuera caía un torrencial aguacero y el cielo gris, casi blanco, amenazaba con que el clima no cambiaría.

  • Ven conmigo, necesitamos hablar.

  • ¡Déjame en paz Snape! ¿Por qué me retienes? ¡Mátame de una vez! - Espetó la cantante sin poder reprimir un sollozo, comprobando con amargura la veracidad de las palabras de Voldemort cuando aseguró que permanecer como prisionera de Snape sería mucho peor que morir.

  • Ya deja de decir tonterías Emily. ¡Ustedes! ¿Qué miran? - Preguntó el director a un grupo de estudiantes de Gryffindor de primer curso que, al salir del gran comedor, se les quedaron mirando.

Los chicos salieron corriendo pero Emily renovó intentos por zafarse del agarre de su esposo, sin embargo Snape no parecía querer ceder, por el contrario, la tomó por la cintura y la condujo casi a rastras hasta su despacho.

  • Todavía no comprendo cómo demonios pudiste abrir este despacho y adueñarte de él, la urraca de Umbridge jamás pudo hacerlo - Comentó Emily empujándolo para rechazarlo.

Snape la contempló por unos segundos sin decir nada, esas lágrimas en los ojos de ella le confirmaron algo que hizo brillar una luz de esperanza en su corazón, pese a la situación. Ella sentía dolor a causa de la mentira de Julieth, lo que significaba que, por alguna extraña razón, lo seguía amando.

  • Eso que dijo no es cierto Emily, sabes perfectamente que Julieth está loca.

  • Está embarazada, tú y yo lo comprobamos, o ahora me dirás que la señora Pomfrey hizo algún truco con el hechizo.

  • Podrá estar embarazada pero no es mío.

  • PUÉS ESO NO ME INTERESA - Gritó Emily subiendo las escaleras que daban hacia la habitación - Pudiste o no haberte revolcado con ella como el par de ratas inmundas que son, me tiene sin cuidado.

La mujer azotó la puerta con una fuerza extraordinaria, tanto, que varios de los retratos de directores ahogaron un grito antes de que Snape los fulminara con la mirada.

  • ¿Y ahora qué le sucedió a la berrinchuda de tu esposa? - Preguntó Everard.

  • Ese no es tu asunto - Escupió Snape.

  • Ven aquí muchacho - Solicitó Dumbledore con voz indulgente.

Severus obedeció resoplando con resignación.

  • ¿Sigue enojada por permanecer aquí?

  • Es mucho peor que eso Albus - Respondió Snape apretando los puños - La…. Julieth Malfoy está embarazada y dice que su hijo es mío.

Dumbledore se pasó una mano por el rostro por toda respuesta.

  • Pero no lo es Albus. Desde que descubrí que todo fue una treta para ganar una apuesta, jamás volví a tocar a esa lunática… La odio Albus, no sabes cuánto me cuesta contenerme porque lo que más deseo es matarla a ella y al infeliz de Carter, estoy seguro de que él debe ser el padre.

Yo también lo creo Severus, pero hay dos cosas que me llaman la atención.

  • ¿A qué te refieres?

  • La primera es que no creo que esto haya sido premeditado, después de todo ni Carter ni Malfoy sabían que traerías a Emily de vuelta al castillo, ni siquiera tú mismo lo sabías; así que es obvio que todo esto fue algo espontaneo, algo que surgió de repente y que la muy astuta supo aprovechar para enlodar aún más tu reputación frente a Emily.

  • Y sí que le funcionó - Dijo Snape con amargura.

  • Pero por otra parte - Continuó Dumbledore - Está el hecho de la propia molestia de Emily, estaba furiosa y dolida, eso sólo significa una cosa Severus…. Es evidente que todavía te ama.

  • Lo mismo pensé - Respondió el ahora director con un brillo especial en la mirada - Es lo único que me reconforta, saber que después de todo lo que ha sucedido aún siente algo por mí, sin embargo después de esto… lo tomará como la guinda del pastel.

Dumbledore sonrió.

  • ¡Ve con ella! - Le dijo - Te necesita aunque diga lo contrario.

Al ver a Snape entrar en la habitación, Emily quiso salir enseguida, pero él se lo impidió.

  • Quiero saber por qué demonios me retienes a tu lado si tanto me odias. Ya te serviste de mí, alejaste a todos los que amo, hasta me quitaste mi música porque en estas condiciones, la banda tuvo que separarse ¿Qué más quieres?

  • Ya no llores Emily - Soltó él por instinto, conmovido ante sus lágrimas.

  • ¿A ti qué demonios te importa si lloro o no? Lloro de rabia y de impotencia porque no puedo estar allá afuera, luchando para combatir al maldito de tu amo. Ni sueñes que lloro porque embarazaste a tu amante, ustedes son tal para cual, sólo lo lamento por ese pobre niño o niña.

Severus no pudo contenerse más, así que la tomó entre sus brazos y la besó. Emily reaccionó enseguida, intentando empujarlo para apartarlo de si pero él la superaba en fuerza y no se lo permitió, estaba aferrado a sus labios como un sediento ante una fuente, había sido demasiado tiempo sin ella, sin sentir su olor ni su piel suave. La cantante, por su parte no podía dar crédito al sinismo de su marido ¿Cómo se atrevía a besarla? Después de todo lo que había sucedido, después de haber matado a Dumbledore a sangre fría y para colmo servirse de él a través de su retrato, aprovechándose de que era su obligación como ex director prestar sus servicios al nuevo, después incluso de conocer que había embarazado a otra mujer ¿Cómo podía entonces atreverse a pensar que ella aceptaría sus besos de buen grado? Sin embargo, sus sentimientos más internos la traicionaron, se impusieron por encima de la rabia y el dolor, había pasado demasiado tiempo ya desde que sintió aquellos labios cálidos por última vez, así que terminó rindiéndose ante aquel beso, aferrándose incluso al cuello de su esposo mientras se dejaba llevar.

Él era su Severus, el hombre del que se había enamorado, el mismo ser que sabía ser tierno,  a pesar de esa apariencia de murciélago mal encarado, el que sonreía sólo por ella y para ella, no el monstruo asesino que había surgido de repente…

En ese mismo instante en el que estaba sumergida en medio de sus cavilaciones, dejándose llevar por sus sentimientos, Emily reaccionó como despertando de un letargo. A su memoria llegó la dolorosa imagen de su marido empuñando la varita contra Dumbledore, quitándole la vida, sin importarle incluso que cayera fuera de la torre, al vacío, dejando que los mortífagos contaminaran el castillo con su presencia, asediando y buscando a Harry como si se tratase de una bestia a la que se debía cazar. Recordó también la tortura de Hermione y la suya propia en casa de los Malfoy, así como también, la sonrisa de satisfacción en el rostro de Julieth Malfoy al decirle que iba a ser madre. No pudo soportarlo ni evitar llenarse de odio hacia si misma por haber sido tan débil. De modo que apartó el rostro para interrumpir el beso. 

  • ¡Suéltame! - Exclamó llena de ira - Quiero que permanezcas lejos de mí.

  • Eres mi esposa - Respondió Snape sin soltarla.

  • Por desgracia - Aclaró la cantante - Pero eso no te da ningún derecho a besuquearme ¡Maldita sea! ¿Por qué no corres a donde está ella? ¡Suéltame!

  • Estás celosa - Dijo Snape con cierto regodeó que exasperó aún más a Emily.

  • ¿Estás loco o tomaste una poción caducada? Cómo demonios voy a sentir celos, ya te dije que no me interesa lo que tú y esa ramera hayan hecho, lo único que me importa es salir de aquí, no puedo permanecer junto al asesino de mi abuelo ¡Suéltame ya! Me asquea que me toques después de haberla tocado.

  • No la toqué.

  • ¡Quítame las manos de encima!

Severus decidió hacerle caso y la liberó.

  • Eres un despreciable asesino - Espetó la mujer en medio de los espasmos de llanto de ira y dolor - ¿Cómo pudiste matarlo? ¿Qué te había hecho?

  • Hubo una razón para eso Emily.

  • ¡CLARO! LA MALDITA RAZÓN FUE APODERARSE DE TODO LO QUE LE PERTENECIÓ - Gritó Emily perdiendo el control, abalanzándose sobre Snape para golpearlo pero él le apresó las muñecas, exacerbando la ira de la cantante.

  • ¡Cálmate Emily! ¡Ya basta!

  • ¡SUÉLTAME!  DESEO TANTO ESTAR MUERTA - Gritó desesperada.

  • ¡Shhh! No digas eso - Dijo Snape abrazándola con fuerza para tratar de calmarla pero ella parecía una fiera adolorida - Cálmate Emily o me obligarás a usar una poción para dormir.

  • ¡Máteme! Aprovecha de una vez y envenéname, ya no quiero sentir esto.

  • Será mejor que no salgas de aquí por unos días.

  • ¿También vas a encerrarme? 

  • Podrás salir al despacho y hablar con Albus si así lo deseas - Aclaró Snape soltándola al fin.

  • Quiero salir de este castillo y llevarme al retrato conmigo.

  • Pues es aquí a donde ambos pertenecen - Soltó Snape con vehemencia aunque por dentro se sentía morir al ver el estado de sufrimiento de ella - Y por lo tanto aquí se quedarán.

  • Pues yo no pienso dormir en esta habitación esta noche.

  • Ya te dije que de aquí no saldrás.

  • No dormiré en esa cama - Dijo Emily mirando el lecho con asco.

  • Nada más he usado esa cama para dormir - Aclaró el pocionista, cayendo en la cuenta de la insinuación de su esposa - Regresaré luego, por ahora tengo asuntos qué atender.

  • ¡Usurpador! ¡Asesino! TE ODIO - Gritó Emily cuando Snape salió por la puerta de la habitación. Ella se dejó caer al piso deshaciéndose en llanto, molesta ante el hecho de que sus verdaderos sentimientos no fuesen congruentes con los que acababa de expresar con su voz.

 Un par de semanas pasaron. Por fortuna o desgracia para Emily, Severus nuevamente le permitió salir del cautiverio del despacho aunque evidentemente no del castillo. La cantante no soportaba ver a Julieth que cada vez que la veía no dejaba de acariciarse el vientre o largar comentarios insidiosos (Emily estaba alerta pues había algo, tanto en Julieth como en Roger que la inquietaba y su experiencia con ambos la incitó a no bajar la guardia) por otra parte, al menos se sentía contenida en compañía de la profesora MacGonagall y Hagrid aunque la jefa de Gryffindor no desistía de hacerle preguntas que ella no podía responder por lealtad a Dumbledore y al niño que vivió.

La mayoría de las veces, ella misma escogía encerrarse en el despacho del director sólo para estar cerca de su amado abuelito; en parte se sentía complacida de estar en ese lugar porque sólo así podía conversar con él. 

  • Te extrañé tanto abuelito, no sabes cuánto.

  • Y yo a ti mi Emily.

  • ¿Cómo pudimos confiar en él? ¡Mira lo que te hizo! - Dijo la muchacha y un par de lágrimas cayeron de sus ojos.

Dumbledore negó con la cabeza, dolido ante las lágrimas de ella.

  • Ya no pensemos en eso - Le dijo intentando sonreír - Al fin y al cabo no me fui del todo.

  • Todo esto ha sido muy duro…

  • No tengo dudas de eso mi niña.

  • Sobre todo para Harry… Él no comprende por qué no fuiste más específico en tus instrucciones, la verdad yo tampoco lo comprendo.

Dumbledore le regaló una sonrisa de indulgencia.

  • Emily, recuerda que yo mismo me encontraba investigando. Esa noche… la noche en que sucedió ya sabes qué - Dijo sin atreverse a mencionar lo de su asesinato - Yo iba a revelarle a Harry como destruir los horrocruxes pero aunque sospechaba que Draco intentaría atacarme nuevamente, no preví que, justo esa noche sucedería.

  • ¡Claro! Jamás esperaste ser traicionado, nadie lo espera - Soltó Emily con amargura, dejando escapar otro par de lágrimas ¡Por Dios! Jamás imaginé que Severus resultaría ser el horrible monstruo que es, ni siquiera cuando fue mi profesor de Pociones.

Dumbledore carraspeó su garganta, visiblemente incómodo y sintiéndose culpable.

  • Todo en esta vida tiene una razón de ser mi niña.

  • No todo abuelito, la maldad no tiene justificación, por eso lo odio, lo odio con todas las fuerzas de mi alma.

  • ¿Estás completamente segura de eso? - Preguntó el ex director sin poder contenerse.

Emily guardó silencio por unos segundos, sin poder creer que analizara su respuesta.

  • ¡Ya es la hora del té! - Exclamó al ver el reloj de pedestal que comenzaba a emitir campanadas.

  • Nunca te ha gustado el té mi querida Emily - Contestó Dumbledore sonriendo.

  • Es cierto, aunque con limón nunca me ha sabido tan mal, sin embargo, no creo que sea la única chica inglesa que beba café a la hora del té.

Dumbledore sonrió por toda respuesta.

Un par de días más tarde, los Weasley, los Lupin, Sirius, Espina, Sasha, Gloria, Kevin, Jeremy, Boris y Donatello estaban reunidos en la casa de la tía Muriel, pensando qué podrían hacer para averiguar el paradero de Emily y los demás chicos. De pronto, Bill y el señor Ollivanders aparecieron por la chimenea, provocando que, por instinto, todos los apuntaran con las varitas.

  • ¡Vaya! - Exclamó el señor Weasley visiblemente aliviado - Es Ollivanders ¿Dónde lo conseguiste Bill?     

  • Estuvo en mi casa hasta hoy pero creo que aquí estará más cómodo tía Muriel, con tu permiso.

La mujer dio una cabezada perezosa.

  • Ya estoy acostumbrada al tumulto - Respondió encogiéndose de hombros - Mi casa le ha hecho honor al nombre de la tuya.

  • Es cierto - Respondió Bill sonriendo - "El Refugio" y vaya que también se convirtió en eso. Les tenemos buenas noticias a todos. ¡Ahhh! Y Fleur te envía de vuelta la diadema tía, dice que está muy agradecida.

  • ¡Oh vaya! Mi diadema, es cierto que la tenía tu esposa, no lo recordaba, ya pensaba que me la habían robado - Contestó la anciana levantándose con dificultad de su asiento para marcharse a su habitación (Un par de elfos domésticos la ayudaron a trasladarse)

  • Se ve usted un poco pálido señor Ollivander - Dijo Fred ofreciéndole su asiento al fabricante de varitas que lo agradeció enseguida.

  • Muchas gracias muchacho, aunque la verdad es que, gracias a la hospitalidad de tu hermano y su esposa, me he sentido mucho mejor, estoy casi recuperado.

  • ¿Pero dónde estuvo todo este tiempo? - Preguntó Jeremy Tompsom con curiosidad- Tenía entendido que fue raptado por mortífagos.

  • Así fue - Respondió el hombre estremeciéndose ante un escalofrío - Estuve encerrado todo un año en una mazmorra en el sótano de la familia Malfoy.

  • ¡Desgraciados! - Exclamó el señor Weasley con rabia.

  • Poco después llevaron también a una chica llamada Luna, la raptaron desde el expreso de Hogwarts - Prosiguió el fabricante de varitas.

  • Luna Lovegood - Dijo Ginny con sorpresa - ¿Y qué pasó con ella? ¿También logró escapar?

  • Todos ellos - Dijo Bill asintiendo - También capturaron poco después a Dean Thomas (el muchacho abrió mucho los ojos) y ¿adivinen a quienes más?

  • No me digas que a los chicos - Soltó Gloria levantándose de su asiento.

  • ¡Por Merlín! ¿Capturaron a Potter, a Emily y a los demás? - Preguntó su esposo Kevin a su lado.

Cuando Bill asintió, todo el lugar se llenó de comentarios, hablaban a la vez. Sirius se levantó de su asiento y tomó a Bill por los hombros.

  • ¿Cómo es posible? Pero… ¿Están bien? ¿Dónde están?

  • Si, ¿Dónde estuvieron todo este tiempo? - Preguntó Remus con interés.

  • Bueno… Harry, Ron y Hermione lograron escapar junto a Dean, el señor Ollivander, Luna y uno de los duendes de Gringotts, gracias a la ayuda de un elfo doméstico, aunque la pobre de Hermione fue fuertemente torturada por Bellatrix Lestrange.

  • ¡Maldita mujer! - Soltó la señora Weasley con los ojos húmedos - ¡Pobre Hermione! Pero ¿Cómo está ella?

  • Ya se encuentra bien pero llegó muy débil - Respondió Bill.

  • ¡Dios mío! Susurró Tonks negando con la cabeza - Esa mujer es una bestia… pero afortunadamente lograron escapar ¿Dijiste que con la ayuda de un elfo doméstico?

  • Si, su nombre era Dobby pero murió a causa de la misma Bellatrix Lestrange. Ella arrojó una daga con la intención de hacerles daño cuando vio que se desaparecían - Respondió el señor Ollivander.

  • ¡Desgraciada! - Expresó Ginny haciendo un gesto de impotencia con la mano derecha - ¿Realmente Harry, Ron, Emily y Hermione están bien? No nos estás mintiendo ¿Verdad?

Bill negó con la cabeza mientras sonreía.

  • Te digo que están bien, aunque como te dije, Lestrange torturó mucho a Hermione y bueno… Emily… ella no… - Respondió Bill

  • ¡Por Merlín! - Soltó la señora Weasley con lágrimas en los ojos - ¿Qué sucedió con ella?

  • ¿Emily? ¿Qué pasó con ella Bill? - Preguntó Espina con voz aterrada.

  • Ella no tuvo tanta suerte como los demás - Respondió el mayor de los hijos Weasley.

  • ¿Murió? - Preguntó Sasha levantándose de repente de su asiento, con lágrimas en los ojos y la voz trémula.

 - No me digas que la mataron - Añadió Espina muy dolida mientras Sirius la contenía pues también se había levantado como impulsada con un resorte.

  • No lo sabemos aún, sólo que no pudo escapar y se quedó en la casa de los Malfoy - Respondió Bill - Sin embargo Harry dice que Lestrange y los Malfoy hablaban de llamar a quienes ustedes saben, por lo tanto no estamos seguros de lo que haya ocurrido con ella después.

  • Probablemente lo peor - Dijo Gloria echándose a llorar sin poder contenerse.

  • ¡Snape no lo permitiría! - Añadió Sasha desesperada - No puede permitirlo, es su esposa.

  • ¿Crees que a él le importa? - Inquirió Espina llorando también.

  • No seamos tan pesimistas - Dijo Sirius - Probablemente la quiera viva para tratar de llegar nuevamente a Harry.

  • Es cierto, eso podría ser una posibilidad viable

  • Añadió Remus.

  • ¡Ojalá que sea así Dios mío! porque sería terrible que… ¡No! No quiero ni imaginarlo - Terció Tonks, también acongojada.

Por la noche en Hogwarts, Emily terminó de cenar y se disponía a marcharse hacia la habitación, Severus se había quedado un poco más en la mesa, discutiendo algunos asuntos con los Carrow que en esa misma semana ya habían mandado a la enfermería a una docena de alumnos, la mitad de ellos de primer curso.

La cantante iba tan absorta pensando en Harry, Ron y Hermione, que ni siquiera advirtió la mirada cómplice que se dirigieron Julieth y Roger y mucho menos se percató de que su ex representante artístico se levantó de la mesa también y comenzó a seguirla.

De pronto, Emily sintió que alguien la tomó del brazo, apartándola del mar de alumnos que comenzaron a subir por las escaleras de mármol. Roger, que venía detrás de ella se refugió detrás de una armadura maldiciendo por lo bajo cuando vio que Draco Malfoy interceptó a la cantante.

  • ¡Emily! Quería entregarte esto, la dejaste en mi casa ¿recuerdas? - Dijo el muchacho devolviéndole la guitarra a su amiga.

  • ¡Claro! ¿Cómo olvidarlo? Se quedó cuando el mortífago de tu padrino me raptó - Respondió ella arrebatándosela con violencia, después de lanzarle una mirada de desdén.  

  - Él sólo quiso rescatarte de la ira del señor tenebroso.

  • Ya deja de decir estupideces - Respondió Emily negando con la cabeza - Son iguales todos ustedes, asquerosos mortífagos, me dan asco.

Ella se marchó con dirección a su habitación mientras que Malfoy se quedó con la cabeza gacha hasta que Astoria Greengrass le pasó un brazo por los hombros, obligándolo a continuar sus pasos hasta la sala común de las mazmorras.

El pobre muchacho estaba dolido, no soportaba el desprecio de su mejor amiga, la única que lo había comprendido, la hermana que jamás tuvo.

Emily por su parte continuó avanzando mientras se secaba un par de lágrimas, también estaba dolida porque nunca se imaginó que Draco pudiera traicionarla, a pesar de todas las advertencias de Harry. Se aferró a su guitarra aún más, refugiándose en ella como una vieja amiga. Sin embargo, cuando casi llegaba a la gárgola que custodiaba la entrada de la dirección, volvió a sentir que la tomaban del brazo.

  • ¿Qué rayos quieres ahora Draco? - Preguntó la mujer girándose con vehemencia pero se llevó una enorme sorpresa al comprobar que quien la tenía sujeta, no era el chico rubio de Slytherin sino… - ¡Roger! - Exclamó sorprendida - ¿Qué quieres?

  • Conversar - Respondió el otro con una sonrisa que a Emily le inspiró desconfianza.

  • No tengo nada qué conversar contigo, déjame en paz. 

  • De nuevo estamos cerca, el destino nos quiere juntos - Comentó el mortífago, hablándole al oído en tono seductor.

Tras aquella acción, Emily sintió más vívido que nunca el recuerdo de la pérdida de su hijo por causa de ese malnacido que aún osaba hablarle y además con tanta familiaridad. De modo que, olvidando incluso su varita que llevaba en la pretina del pantalón, empujó al hombre con todas sus fuerzas haciendo que este chocara de espaldas contra la pared de piedra de ese pasillo. Fue tal la intensidad del empujón, que provocó que por unos breves segundos Roger la mirara con sorpresa. La guitarra de la muchacha cayó al piso, con lo cual se le abrió una grieta en la caja de resonancia.

Los ojos de Emily se habían oscurecido hasta parecer casi negros, al igual que su cabello, Roger conocía muy bien esa reacción pero lejos de intimidarle lo atraía.

  • ¡Maldito infeliz! tú y esa otra perra mortífaga me deben muchas - Expresó con ira y posteriormente le clavó un puñetazo en el estómago.

  • Así… me gustas Emily - Respondió el hombre con ambas manos en su abdomen, respirando con dificultad aunque no dejó de sonreír, gesto que exasperó aún más a la chica - Todavía recuerdo lo mucho que me costó conquistarte, aunque al final lo logré.

  • Qué cretino eres - Soltó la mujer con desprecio.

  • ¿Todavía estás enojada por lo de Dorothy? ¡Vamos Emily! Eso ya pasó, ni siquiera sé dónde está y tu marido…. Bueno, terminó decepcionándote más que yo.

  • ¿De verdad crees que tan sólo te odio por haberme hecho el favor de cambiarme por Dorothy?

  • Fue algo que te quitó el sueño por mucho tiempo - Respondió él intentando acercarse de nuevo pero ella volvió a rechazarlo con otro empujón, poco y nada le importaba si llegaba Snape, deseaba enfrentarse a él. Lo odiaba por haberlo humillado en tantas ocasiones, queriendo sobresalir más que él, lo odiaba desde que era su alumno. Pese a ser un Slytherin. No importaba lo que dijera Julieth, quizá hasta se ganara la confianza del señor tenebroso por ello, al darse cuenta de que había sido lo suficientemente hábil como para asesinar al invencible Snape.

  • Me debes muchas, tú y ella.

  • Todo lo que hicimos fue para alejarte de Snape que al fin y al cabo no te convenía ¿O sí?

  • ¿Se te olvida mi hijo? - Preguntó ella con renovado odio - No llegó a nacer por tu maldita culpa.

  • ¡Por Merlín Emily! Sólo te hicimos un favor, en el fondo no querías tener un hijo de Snape. ¡Qué horror! Además imagínate lo que eso significaría actualmente, lo odias ¿Querrías conservar un hijo suyo?

  • Eres una maldita bestia despreciable - Dijo Emily intentando golpearlo nuevamente pero esta vez en el rostro. Sin embargo, Roger estaba prevenido y por lo tanto le tomó la muñeca en el acto esquivando el golpe, posteriormente apresó a la mujer contra la pared de piedra.

Emily estaba furibunda intentando patearlo pero él también logró neutralizarle las piernas con las suyas.

  • Siempre he tenido tu perfume en la memoria - Susurró Carter en el oído de la cantante. Ella se sintió asqueada y con renovado odio e ímpetu intentó liberarse pero le fue imposible - Eres tan hermosa Emily, es un desperdicio que seas la esposa de Snape, es un sacrilegio que sea él quien te toque.

  • ¡DÉJAME EN PAZ MALDITO!

A este punto, Emily sintió más que rabia, miedo. No pasaba un alma por ese lugar ¡claro! ya todos los alumnos se habían retirado a sus salas comunes, pero Snape llegaría en cualquier momento; no le agradaría admitirlo pero la verdad era que se moría porque él llegara, prefería deberle el favor de que la ayudara a quitarse a Roger de encima que seguir soportando la cercanía de este. Desafortunadamente Carter pensó lo mismo así que retrocedió, dándole un poco más de espacio aunque no la liberó del todo, aún la mantuvo sujeta de las muñecas y no parecía querer soltarla sino todo lo contrario.

  • Vayámonos de aquí a un lugar más privado - Dijo llevándola a rastras.

  • ¿De qué hablas? ¡Suéltame Roger! - Dijo la muchacha intentando liberarse para tomar su varita pero el mortífago la llevó hacia un tapiz.

  • Se trata de un lugar maravilloso que me encontré el otro día, en donde podemos estar solos sin que alguien nos moleste.

La urgencia de Roger Carter por alejarse de aquel pasillo se debía a que, de pronto, escuchó pasos acercándose (El hecho de ser mortífago le había conferido mucha más sagacidad que antes)

  • Quiero estar a solas contigo Emily, siempre he querido.

  • ¡Déjame en paz Roger! ¡Ya basta!

  • ¡Shhh! ¡Cállate!

Ambos se perdieron detrás del tapiz.

Snape, llegó al fin frente a la gárgola que custodiaba la entrada de su despacho pero se alarmó cuando reconoció la guitarra de Emily en el suelo, estaba partida. Sabía que Draco iba a devolvérsela pero dudaba mucho que ella hubiese pagado la rabia de encontrarse con él con su guitarra; Emily la amaba como si tuviera vida propia.

Severus aun así, tomó el instrumento del suelo e ingresó en el despacho.

  • ¡Emily! - La llamó sin obtener respuesta - ¡EMILY!

  • ¡Shhh! Sé que aún es temprano pero yo comenzaba a dormirme - Lo reprendió Armando Dippet desde su retrato.

  • ¿Qué sucede Severus? - Inquirió Dumbledore un tanto preocupado.

  • Es Emily, no sé dónde está.

  • Aquí no ha entrado - Respondió Dumbledore - Debes tener mucho cuidado con ella Severus, recuerda que esa mujer…

  • Julieth estaba en el gran comedor conmigo y los Carrow….

De pronto, se quedó callado pues había caído en la cuenta de algo. No recordaba haber visto a Roger Carter por ahí ¿Cómo pudo ser tan estúpido de tener la confianza suficiente para dejar que Emily regresara sola al despacho? Lo sabía, quería darle un poco más de libertad para que ella no le reprochara tanto, pero había sido algo extremadamente arriesgado. No debió hacerlo… definitivamente no debió. 

  • ¡Carter! - Exclamó de repente, aterrado ante la horrible posibilidad de que él la tuviera en su poder. 

  • ¿Qué dices? - Preguntó Dumbledore sobresaltándose en su asiento. 

  • Posiblemente el maldito Carter la tenga pero… ¿Dónde?... cuando lo encuentre… si ha osado tocarla lo mataré…. ¡Lo juro! - Dijo Snape furioso, con un tono entre el miedo y la cólera, con la certera convicción de cumplir su palabra. 

  • Yo indagaré con los otros retratos muchacho, pero tú debes guardar la calma - Dijo Dumbledore levantándose de su silla con una expresión de preocupación.