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El Pocionista y la Cantante — capítulo 61
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Todavía no puedo entender cómo demonios la dejaron venir aquí - Dijo Sirius rodeando a Espina con un brazo mientras miraba a Boris y a Donatello.
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¿Y acaso tú podrías retenerla? - Preguntó el estilista - Sé que fue una locura de su parte pero… la pobrecita ya no podía soportar más la angustia.
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Pensé que en cualquier momento tú… - Espina no pudo terminar la frase porque se derrumbó en llanto prendida al cuello de Sirius.
Él la estrechó con fuerza.
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Tranquila amor, yo estoy bien.
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Siamo anche qui per aiutare… quiero decir que estamos aquí para ayudar - Soltó Donatello.
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Muchas gracias - Respondió Remus asintiendo - Es un gesto noble de parte de un extranjero.
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En momentos como estos pienso que ya no debe haber fronteras - Respondió el diseñador - Dobbiamo essere uno… digo que debemos ser uno solo.
Espina sonrió complacida.
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¿Qué hay de Emily y los chicos? - Preguntó.
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No se sabe nada aún - Contestó Sirius bajando el rostro con preocupación.
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La última vez que los vi fue en Grimauld Place. Luego de la boda se fueron para allá pero le perdimos la pista. Gracias a la radio mágica hemos sabido que se han estado moviendo por el país pero ningún dato en concreto - Añadió Remus.
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Lo bueno es que tampoco hemos recibido malas noticias acerca de ellos - Terció Tonks meciendo a Ted para calmarlo pues estaba llorando.
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Amiga, lamento tanto lo de tu padre, en serio, fue eso lo que me hizo venir hasta aquí, ya no podía soportar que siguiera muriendo gente inocente y buena mientras yo estaba allá, resguardada y sin hacer nada.
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Muchas gracias - Respondió Tonks con una sonrisa triste - Pero tampoco nosotros podemos soportar la idea de que te ocurra algo o a tus padres.
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Afortunadamente ellos están resguardados en Génova - Contestó Espina.
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Y tú no debes olvidar la promesa que les hiciste de no poner tu vida en peligro si puedes evitarlo - Dijo Boris.
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Lo sé - Respondió Espina con voz cansina, recostando la cabeza en el pecho de Sirius.
En Hogwarts, Julieth Malfoy entró a su despacho echa una fiera aunque aún no estaba en conocimiento de la llegada de Emily al castillo, era otro el motivo de su furia. El corazón le palpitó con violencia y en su rostro también se reflejó una preocupación que jamás se imaginó sufrir.
Al girar sobre los pies después de cerrar la puerta del despacho, su cólera se acrecentó al observar frente a ella al causante, en parte, de su malestar.
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¿Qué demonios estás haciendo en mi despacho? ¡Lárgate!
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¿Y bien? - Preguntó Roger Carter con una ceja alzada mientras se sirvió un whiskey - Pensé que volverías mejor de la enfermería pero tienes muy mala pinta ¿Qué te dijo Pomfrey que te puso así? ¡Hmmm! pero me gustas más cuando estás furiosa.
Julieth se abalanzó sobre él arrojándole el whiskey al suelo de un manotón.
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¡Eres un maldito!
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¡Hey! ¿Qué sucede? - Preguntó el hombre tomándola por los hombros para hacerla reaccionar.
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¡Maldita sea! - Exclamó con los ojos llenos de lágrimas de rabia - Me embarazaste, YO NO CONTABA CON ESTO - Dijo tocándose el vientre con una expresión de asco.
Roger la soltó enseguida con un semblante de sorpresa.
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¿Qué dices? ¿Estás segura? Es decir… ¿Esa vieja lo está?
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Claro que si, ese encantamiento no falla.
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¿Y cómo estás segura de que es mío? - Preguntó Carter entrecerrando los ojos con suspicacia.
La respuesta de Julieth fue una bofetada que lo hizo girar el rostro.
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¿Qué demonios?... Has podido estar con cualquier otro.
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No he estado con nadie más.
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Eso lo sabrás tú - Respondió Carter encogiéndose de hombros.
Julieth se quedó callada por unos segundos que a Carter le parecieron horas. La actitud de la mujer era pensativa, se quedó contemplando el suelo con absorción…
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Aunque bien pudiera intentar…
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No me digas que intentarás otra más de tus absurdas trampas contra Snape - Se adelantó Roger en medio de risas, adivinando al fin los planes de la mujer.
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Si lo planeo con más cuidado podría resultar Roger ¿Te das cuenta de lo que esto significa? Yo podría darle el hijo que esa desgraciada no pudo.
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Aceptalo ya Julieth ¿Crees que esta vez podrás entrar al despacho de ese cretino?
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¡MALDITA SEA! - Gritó con desesperación Julieth pateando la alfombra para tratar de drenar su frustración. Roger tenía razón.
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¿Y entonces qué harás? - Tanteó Carter.
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Si no puedo retener a Severus con él pues entonces ya no me sirve.
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¿Qué? - Roger la miró con sorpresa, hasta a alguien como él le sonaba inverosímil y extremadamente monstruoso lo que acababa de escuchar.
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Qué no tengo por qué cargar con este engendro. ¡No lo quiero! Le diré a la inútil de Pomfrey que me de algo para…
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¡Estás loca Julieth! No puedes tomar esa decisión sola.
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¿Me vas a decir que tú si lo quieres? - Preguntó Julieth con un meloso tono burlón - ¡Qué tierno!
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Siempre pudieras enviarlo a un orfanato.
La respuesta de Julieth fue una escueta risa burlona.
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¿Y soportar que durante nueve meses se alimente de mi como un parásito?
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No creo que la enfermera vaya a darte alguna poción para eso.
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Pues tendrá que obedecer porque de lo contrario le va a pesar.
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Ya cálmate Juli, ven aquí, será mejor que te relajes.
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¡Suéltame y lárgate de aquí! No quiero que Severus se entere de que vienes a visitarme de vez en cuando - Soltó empujándolo.
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Para lo que a él le importa - Respondió Roger en venganza al tiempo que se dirigía a la puerta.
Esa misma noche, un par de horas más tarde, Emily despertó con un ligero dolor de cabeza. Se removió un poco en la cama y abrió los ojos lentamente. Las velas del candil del techo estaban encendidas, así como las del candelabro que estaba sobre el buró al lado izquierdo de la muchacha y por ende había muy buena iluminación.
Trató de reconocer ese lugar mientras ponía sus ideas en orden, recordando todo lo ocurrido en los últimos momentos, pero aunque pudo recordar los acontecimientos no logró reconocer esa habitación. Se incorporó entonces con lentitud en la cama y giró la cabeza hacia su derecha y fue ahí donde todo cobró sentido. Severus Snape estaba sentado en un sillón de orejas, a su lado, mirándola con una expresión de desconcierto.
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¿Dónde estoy? - Preguntó Emily llevándose una mano a la cabeza por instinto, notando así que ya no tenía la profunda herida de antes, en su lugar había ahora un pequeñísimo corte con costra.
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En casa - Respondió Snape tratando de sonar impertérrito.
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Esto no es…
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Hogwarts - Respondió Snape sacándola de su error al intuir que ella había deducido que la había llevado a la calle de la Hilandera - Estamos en Hogwarts. Esta es nuestra nueva habitación. Ahora soy el director.
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¿Quieres decir que esta es la habitación de mi abuelo? - Preguntó Emily horrorizada.
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Lo era - Respondió Snape asintiendo.
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Claro, ya no porque tú lo mataste ¡Traidor! ¡Maldito! - Espetó la mujer intentando arrojarse sobre él para atacarlo pero era tanta la debilidad debido a las torturas sufridas que sólo consiguió caer en su regazo, lo que la enfureció aún más - No mereces estar en su habitación, la estás profanando con tu presencia, así como estás mancillando su cargo de director…. ¡Quítame las manos de encima! ¡ME DAS ASCO!
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¿Te torturó demasiado? - Inquirió Snape haciendo caso omiso de los insultos de su esposa, estaba atento a sus temblores y debilidad.
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Eso no es tu problema ¿A ti qué te importa? Era eso lo que querías ¿no es así? ¿Ahora lo harás tú? ¡Vamos, mátame! Será mejor estar muerta que vivir a tu lado.
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¡YA BASTA! - Espetó Snape haciendo un enorme esfuerzo por entrar en su rol de vil mortífago. Sabía que era necesario seguir fingiendo. Si Emily lo odiaba le sería más fácil desempeñar su papel ante sus cofrades mortífagos, más confiarían en él y por ende el señor tenebroso también
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Ya déjate de tonterías y mejor duérmete.
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¿Aquí? Ni loca, prefiero ir mi antigua habitación en el séptimo piso.
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Dije que te quedarías aquí. Eres mi esposa ¿Aún no lo entiendes? Además estás muy débil.
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Nos mandaste a cazar como animales - Le reprochó Emily.
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No fui yo.
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¡Ah! tienes razón, fue tu amo el que lo hizo… pero no se salieron con la suya. Puede que me hayas cazado a mí pero Harry huyó
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Dijo la cantante con regocijo.
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Al menos yo si tuve lo que quería.
La sonrisa de satisfacción en el rostro de Emily se borró al instante.
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Pero no por mucho tiempo. No te quedarás conmigo Severus… Voy a escapar, de alguna forma voy a escapar.
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Te será imposible.
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Lo voy a hacer - Dijo Emily con determinación e ira - Así tenga que morir en el intento, así tenga que matarme yo misma para no tener que verte la cara nunca más…
Su voz se quebró por el llanto, estaba excesivamente frustrada, asustada y la sensación de abandono que sentía la quemaba por dentro.
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No digas estupideces - La cortó Snape tomándola por los hombros, su voz fue determinante y hubo cierto matiz de temor en ella tras escuchar las palabras de su esposa.
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¡Suéltame! Ya te dije que no dormiré aquí - Respondió Emily intentando apartarlo. De pronto esbozó una mueca de dolor e intentó tomarse la cabeza con las manos. El dolor estaba subiendo de intensidad por el estrés.
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Te daré algo para el dolor - Determinó Snape soltándola.
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No tomaré algo preparado por ti, prefiero ir con Pomfrey ¿Sigue ella con vida?
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No saldrás de aquí. No a esta hora, es de madrugada.
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No te estoy pidiendo permiso ¡Apártate de mi vista!
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Te quedarás aquí así tenga que atarte… Tú decides.
Emily se quedó callada y su silencio fue un indicio de que aceptaría quedarse aunque de mala gana. Snape, complacido, caminó hasta un pequeño anaquel donde guardaba sus brebajes y regresó un tanto después con un frasquito de cristal y un líquido de color blanco en el interior. Era una poción para dormir sin soñar que además contaba con hierbas analgésicas.
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¿Qué es eso? - Inquirió la mujer por instinto - Ya sabes que odio beber pociones.
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Te hará bien.
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Si, claro - Respondió Emily con ironía - Es veneno ¿No es cierto?
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¡Bébela Emily! - Ordenó Snape con tono admonitorio - Te prometo que te hará bien.
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Ya no creo en tus promesas - Dijo la cantante con una risa escueta de ironía.
Snape sabía que Emily no cedería fácilmente. Era una Gryffindor terca y obstinada. Así que, muy a su pesar, la tomó con fuerza del brazo derecho.
- Bébela o te obligaré a hacerlo, puedo arrojar un Imperio sobre ti ¡Hazlo ya!
La mujer tomó el frasco ya sin tapa, fulminando a Snape con la mirada, lo olfateó aunque sabía que eso no le resultaría de nada y lo llevó a sus labios aunque no lo bebió…
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¡No! Olvídalo, no tengo por qué hacerlo.
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¡Imperio bébelo ahora! - Espetó Snape sorprendiéndola.
Emily sintió que una fuerza ajena se apoderó de su cuerpo. La mano que sostenía el frasco, actuando por voluntad propia, se irguió y se dirigió hasta la boca que también actuando por su cuenta se abrió, dejando pasar el contenido de aquel frasco. La muchAcha estaba indignada, había sido víctima de dos maldiciones imperdonables esa misma noche y una de ellas fue ejecutada por el hombre que una vez creyó que la amaba con la misma intensidad que ella a él.
- Eres un cobarde Severus.
Aquella palabra… la odiaba tanto como las palabras "Sangre sucia" Si tan sólo Emily supiera todo lo que él tuvo que hacer y lo que aún estaba haciendo para ayudar al declive del señor tenebroso. Pero claro, la entendía, para ella tampoco era una situación fácil. Era una mujer de temple que no se rendía fácilmente, no sin luchar.
- Será mejor que cierres la boda - Espetó Snape con un tono amenazador que logró asustarla, acercándose mucho a ella para hacer que retrocediera y por ende volviera a recostarse sobre la cama.
La cantante luchó con el cansancio, con los parpados pesados y la debilidad pero por más que lo intentó, el sueño la venció por completo. Entonces Snape, también exhausto, se recostó a su lado, velando su sueño hasta que se durmió él también.
Al la mañana siguiente, en El Refugio (La casa de Bill y Fleur) Casi todos estaban reunidos en torno a la mesa mientras Fleur servía el desayuno. Arriba, en su habitación se encontraban el duende y el señor Ollivanders, descansando y reponiéndose.
Hermione, aún estaba un tanto débil pero mucho más restablecida, aunque sólo físicamente pues su ánimo estaba por el suelo.
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La dejamos ahí sin ninguna posibilidad de salvación… Harry dice que el que no debe ser nombrado estaba a punto de llegar y si… ¡No Dios mío!
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Ya Hermi, no te mortifiques más - Dijo Ron estrechándola con una expresión preocupada.
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Tal vez Snape intervino para que no la lastimara
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Propuso Bill.
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No lo sé - Respondió Harry con las manos en la cabeza.
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Toma tu desayuno y ve a gecostagte Haggy - Dijo Fleur mirándolo con indulgencia - No has dogmido nada.
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No tengo sueño - Dijo el muchacho.
- Y para colmo Dobby - Continuó sollozando Hermione - ¡Ay Dios! Si tan sólo tuviéramos noticias de Emily… No quiero que ella… Ella no puede haber muerto.
- No Hermione, estoy segura de que ella a estas horas está viva - Dijo Luna con una sonrisa amistosa mientras le colocaba la mano sobre la cabeza.
Emily despertó un poco tarde aquella mañana, se desperezó y se levantó de la cama, comprobando con satisfacción que Snape no se encontraba en aquella habitación.
La mujer se dirigió al baño para ducharse y lavarse los dientes, posteriormente salió envuelta en la toalla, dispuesta a colocarse la misma ropa pero entonces observó el armario que estaba abierto de par en par, donde se notaba parte de su ropa lo que la hizo sospechar de que Snape había estado planeando secuestrarla pues allí estaban guardadas sus pertenencias, o quizá era que había trasladado la ropa que había dejado en el armario de su antigua habitación en las mazmorras hasta este. No le dio más importancia al asunto y se vistió para salir de aquella habitación. Le urgía ir al gran comedor, no porque tuviera hambre sino porque ansiaba ver a sus alumnos y fans, saber cómo se encontraban, sobre todo Ginny y Neville.
Emily salió de la habitación hacia el despacho y se sorprendió. Sabía que había dormido en la habitación del antiguo director pero ver su despacho le revolvió los sentimientos. Había esperado ver un cambio drástico en la decoración. Tarros de pociones por doquier, cortinas verdes y cosas por el estilo. Sin embrago, el lugar estaba casi tal y como lo recordaba. Si había un anaquel con pociones y un caldero grande en el medio del salón (Snape no dejaría por nada sus amados brebajes, y más tarde Emily comprobaría que aquel caldero resultó ser el que ella le regaló una vez por cumpleaños) pero sobre el escritorio se conservó todos los utensilios de plata que tenía Dumbledore. Su pensadero en el mismo lugar, las cortinas escarlata con borlas doradas pendiendo de los ventanales y desde luego, todos los retratos de los antiguos directores que la miraban fijamente, algunos susurrando palabras cuyo significado fue irrelevante para la cantante.
- ¿Creen que esta vez si se trate de la autentica?
- Preguntó Armando Dippet.
La mirada de Emily se paseó por todos ellos hasta que cayó en la cuenta de algo… ¡Claro! ¡Allí estaba él! Albus Dumbledore cerca de la ventana, detrás del escritorio. El director se desperezó y se acomodó en la silla cuando también la vio.
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¡Abuelito! - Susurró Emily con voz trémula - ¡Abuelito, ahí estás! - Exclamó luego con un tono alegre que se mezcló con su llanto.
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¡Emily, mi niña! Es cierto, aquí estoy.
La mujer corrió hasta llegar frente al cuadro y lamentó no poder abrazarlo, sólo se limitó a pasear los dedos por sobre el lienzo para acariciar el rostro del antiguo director. Dumbledore cerró los ojos para disfrutar el contacto.
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Abuelito… Lo siento tanto - Dijo sollozando - Todo fue mi culpa… yo me casé con ese crétino… fuimos tan ciegos… jamás pensamos que él pudiera…
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Ya no pensemos en eso mi niña - Dijo Dumbledore sintiendo una punzada de dolor al oírla hablar así, quería evitar el tema a toda costa - Lo importante es que ahora estamos juntos de nuevo. Ya no llores.
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Yo no quería estar aquí por él pero, estando a tu lado no me voy a sentir tan sola…. Te quiero tanto abuelito… no tienes idea de cuento te he extrañado.
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También yo a ti Emily, créeme que te he extrañado mucho pero ya verás que todo va a estar bien.
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No sabes cuanto añoraba escuchar eso. Tus palabras siempre me hacía sentir mucho mejor… pero la verdad es que él… estuvo a punto de capturar a Harry.
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Pero no lo consiguió - Respondió Dumbledore.
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¿Y cómo lo sabes? - Inquirió Emily.
Dumbledore palideció de repente, con la emoción del momento casi se va de boca y le cuenta todo.
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Pues lo supongo, si no hubiese sido lo primero que me hubieses dicho, te conozco muy bien mi niña - Respondió con astucia el anciano.
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Tienes razón mi querido viejito - Respondió la cantante sonriendo con tristeza - Cuanto quisiera abrazarte.
En ese momento, la puerta del despacho se abrió y Snape entró.
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¡Vamos al gran comedor! - Espetó mirando a Emily frente al retrato de Dumbledore mientras un nudo se apoderó de su garganta - ¿Qué esperas?
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¡Ya cállate! - Espetó Emily con rabia.
Emily y Severus se dirigieron al gran comedor y por el camino hubo muchas exclamaciones de sorpresa. Varios alumnos intentaron acercarse a ella pero Snape no se los permitió.
Por su parte, el pocionista fue pensando en todo el camino qué sucedería cuando entrara al gran comedor y se encontrara con la mirada de Julieth. ¿Cómo reaccionarían ambas? ¿Acaso Emily pensaría que él y la mortífaga llevaban algún tipo de relación? Sabía que no debía pensar en eso, no era lo más relevante pero si lo llenaba de intriga. Además, estaba consciente de que Julieth no aceptaría la presencia de Emily en el castillo y que por más que él la hubiese amenazado con maldecirla y hasta matarla si lastimaba o intentaba matarla de nuevo, ella no se quedaría tranquila, era igual de obstinada que la cantante.
Sin embrago, en la mesa de los profesores, Julieth no estaba presente, sólo vio al desgraciado de Carter entre los mortífagos que solían comer en la mesa de Slytherin y que servían para "Mantener el orden en el castillo"
Una lluvia de aplausos se cernió sobre Emily cuando los alumnos la vieron entrar mientras Snape la llevaba del brazo. Ella sonrió a medias, asintiendo en agradecimiento pero por más que buscó entre los rostros no halló el de Ginny ni el de Neville ¿Dónde estarían? Tampoco vio a Seamus Finiggan ni a Lavender Brown ni a Parvati. ¿Qué pasaría con todos ellos? Miró hacia la mesa de Slytherin y descubrió a Crabbe y Goyle junto a nada menos que Roger Carter que la miró con sorpresa como todos los demás.
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¿Qué está haciendo ese maldito aquí? - Preguntó Emily deteniéndose en seco, soltándose del agarre de Snape para darle la espalda.
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Forma parte de los mortífagos, lo sabes - Respondió Snape detrás de ella.
Al llegar a la mesa de los profesores, MacGonagall, todavía mirándola con sorpresa, la estrechó con fuerza.
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Pero ¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Dónde están Harry y los otros?
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No es conveniente Minerva, no aquí - Susurró Flitwick.
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¡Oh! tienes razón.
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No lo sé - Respondió Emily en un sollozo - La verdad es que no lo sé profesora y lo digo con toda sinceridad, lo único que sé, y me complace, es que tanto él como los demás lograron escapar. Fuimos capturados en pleno bosque y trasladados a la casa de Lucius y Narcisa Malfoy.
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¡Por Merlín! - Exclamó MacGonagall.
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Y ahora estás aquí muchacha - Exclamó Musbick sin dar crédito todavía.
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No me digas que la has lastimado Severus - Dijo MacGonagall señalando al director con un dedo en actitud amenazante.
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Ese no es tu problema Minerva - Espetó Snape tomando nuevamente a Emily del brazo para separarla, llevándola a un lugar junto al suyo. La silla de oro que otrora ocupaba Dumbledore.
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Que grande te queda ese lugar Severus - Dijo con desprecio MacGonagall.
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Aún no puedo creerlo - Susurró el profesor Slughorn.
Durante el desayuno, los alumnos no hicieron más que conjeturas mientras señalaban a Emily con la cabeza.
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¡Bienvenida! - Susurró Alecto Carrow con sorna cuando Emily tomó asiento.
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¡Púdrete! - Soltó la cantante en respuesta.
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¡Vaya! Era cierto que eres altanera además de hermosa - Añadió Amycus pero cerró la boca en el instante en que Snape le dirigió una mirada asesina.
Como era de esperarse, Emily no disfrutó aquel desayuno. Le asqueaba encontrase cerca de mortífagos y sobre todo de Roger Carter, además, tenía presente en todo momento los rostros de Harry, Ron y Hermione. De seguro estaban preocupados por ella y ese hecho le angustiaba. Si pudiera decirles que estaba bien.
Apartó su plato con la mitad de los panqueques que había tomado porque ya no podía más, además no se sentía muy bien ya que aún estaba débil por tantas maldiciones Cruciatos y la pequeña herida en su frente volvía a dolerle un poco.
Al notar que ella compuso una mueca de dolor, Snape lo comprendió, la herida requería de una nueva aplicación de díctamo.
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Será mejor que vuelva a aplicarte díctamo.
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Prefiero ir a la enfermería.
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Pero yo…
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Conozco el camino, puedo ir sola y según tú, no podré escapar así que no hace falta que me acompañes.
Emily se levantó de su asiento y se dirigió hacia la enfermería. Al principio, Snape la dejó ir sola, sin embargo, de pronto recordó que Emily andaba sin varita (La cual guardaba él en la casaca) Ya no tenía caso que la siguiera reteniendo, era cierto, a Emily no le sería posible escapar de Hogwarts con o sin varita y además, no convenía que anduviera desarmada estando el lugar repleto de mortífagos que aunque no se atreverían a lastimarla por temor a la autoridad de él como director, tampoco era bueno tentar la suerte. Asimismo, por otra parte estaban Carter y Julieth a quien aún no había visto.
De modo que Snape caminó tras Emily y la alcanzó en los primeros escalones de la gran escalera de piedra.
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Será mejor que la tengas - Le dijo otorgándole la varita.
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¡Oh pero que amable! - Se mofó la mujer arrebatándosela - ¿A dónde vas?
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A acompañarte.
Emily suspiró con impaciencia y resignación antes de ponerse en marcha de nuevo.
Al llegar a la enfermería, la señora Pomfrey, tan sorprendida como los demás al ver a la cantante, se dispuso a atenderla. Sin dejar de mirar a Snape con una actitud acusadora, pensando que había sido él el causante de aquella herida.
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Fue cuando huía - Aclaró sin embargo Emily - Me caí y me golpeé con una piedra, pero de todos modos esos malditos carroñeros nos atraparon.
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¿También a los demás? - Inquirió madame Ponfrey con preocupación - ¿Harry Potter entre ellos?
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Así es pero descuide que él logró escapar, al igual que los demás - Respondió Emily mirando a Snape con una sonrisa de satisfacción.
En ese momento, ocurrió algo que ni Emily ni Snape se esperaron. Unas tres camas después de la de Emily, una mano apartó la cortina que la mantenía oculta mientras dormía y así Julieth Malfoy quedó expuesta. Se había despertado con las voces y no pudo dar crédito a lo que creyó oir… La voz de Emily.
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Así que no fue un sueño… realmente estás aquí cantante.
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¡Malfoy! - Eclamó Emily con sorpresa, luego miró a Snape por instinto - ¿Qué haces aquí?
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No… ¿la pregunta es qué haces tú aquí? ¿La trajiste tú Severus?
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Es mi esposa y tengo todo el derecho.
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Pues aunque no debo, yo también le responderé la pregunta a esta imbécil - Soltó la mortífaga - Estoy aquí porque… espera un momento ¿Tu marido no te lo dijo?... Soy la nueva subdirectora… así es, a este colegio ya le hacía falta algo nuevo, algo diferente a esas momias decrepitas que tenía por director y subdirectora.
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¿Cómo te atreves? Deberías lavarte la sucia boca con jabón antes de hablar así de ellos- Dijo Emily furiosa, levantando la varita contra Julieth que contrario a lo que Snape imaginó, no sacó la suya sino que se cubrió el rostro con las manos. La señora Pomfrey tomó la muñeca de Emily para evitar que la muchacha cumpliera su cometido. Ella la miró sorprendida.
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¡No! - Dijo Julieth regodeándose internamente por lo que estaba a punto de decir - Tú no lastimarías a una mujer embarazada.
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¿Qué? - Preguntaron Snape y Emily a la misma vez.
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Si, estoy embarazada cielo - Respondió mirando a Snape con pose de víctima - Nuestros encuentros tuvieron una consecuencia.
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¿De qué demonios estás hablando? - Preguntó el pocionista entre confundido, furioso y preocupado, preguntándose si tal vez el día en que Julieth se coló en su habitación con el efecto de una poción Multijugos de Emily, no habría logrado su cometido de alguna forma…. ¡No! Él estaba seguro de que la había sacado de su habitación antes de que ella lograra lo que se había propuesto.
La señora Pomfrey negó con la cabeza, completamente escandalizada.
- Yo me retiro a mi despacho - Dijo antes de marcharse.
Emily por su parte, no quería sentir lo que estaba experimentando en ese momento pero un dolor muy profundo se alojó en su corazón al escuchar eso. Ella lo sospechaba, esos dos debían haberse liado y burlado a sus espaldas pero confirmalo había sido más duro de lo que imaginó. Julieth estaba embarazada de Severus…. La vida no podía ser tan cruel. Esa desgraciada que en complicidad con Roger acabó con el bebé que ella (Emily) iba a tener, ahora estaba esperando un hijo también.
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No lo niegues Severus… ¿ya qué caso tiene?
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Emily, eso no es cierto ¡Julieth, ya basta! - Snape estaba desesperado aunque, por desgracia no podía, o mejor dicho, no debía demostrarlo.
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¿A mí qué me importa lo que hayan hecho ustedes dos? - Escupió la cantante con rabia con una mal fingida indiferencia - Son tal para cual ¿No?
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Así es querida - Respondió Julieth apoyándose del hombro de Snape pero este enseguida se echó para atrás.
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No sé de qué demonios está hablando esta mujer. Está loca, ni siquiera es cierto que…
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¡Espera un segundo! - Exclamó la mortífaga caminando hacia el despacho de la señora Pomfrey - ¡Hey! ¡Madame Pomfrey! - La llamó tocando la puerta.
La mujer asomó el rostro con algo de temor.
- Dígale al director si es cierto o no que estoy embarazada.
La señora Pomfrey asintió sin decir una sola palabra, antes de perderse de nuevo en su despacho.
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¿No es una noticia grandiosa mi cielo? - Julieth no podía creer que después de todo, aquel embarazo al que creyó una molestia ahora resultaría tan útil. Desde luego Snape sabía que aquel hijo no podía ser suyo pero Emily no lo creería así, aunque por lo que veía, la cantante ya lo odiaba. Sin embargo, ahora tenía un motivo más.
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La has amenazado - Soltó Snape fulminando a la mortífaga con la mirada. Ella volvió a tocar la puerta pero la señora Pomfrey no abrió.
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¡Salga de ahí Pomfrey! - Ordenó Snape con vehemencia, necesitaba comprobarlo.
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Yo me largo de aquí, no tengo por qué soportar esta sandez - Dijo Emily encaminándose a la puerta pero Snape la tomó por el brazo para evitar su avance.
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¡Quédate!
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No me interesa saber nada.
La señora Pomfrey salió al fin de la habitación.
- ¡Realice la prueba de nuevo sobre esta maniática!
- Solicitó el director sin soltar a su esposa.
Julieth, muy complacida sonrió y elevó los brazos en cruz mientras cerró los ojos. La señora Pomfrey, resignada, apuntó a la mortífaga con su varita y exclamó:
- ¡Mater!
De inmediato, una luz blancuzca salió de la varita y al impactar contra el vientre de la mujer, la hizo resplandecer como si irradiara luz propia.
Emily reconoció enseguida aquel encantamiento, era la prueba fehaciente de un embarazo, lo sabía porque la señora Pomfrey también lo había aplicado sobre ella.
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Está embarazada - Confirmó la sanadora - Ahora si me disculpan, tengo asuntos qué atender.
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¿Lo ven? Estoy esperando un hijo.
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Pero no es mío y lo sabes - Espetó Snape furioso
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De seguro es de tu amante.
Emily se safó del agarre de Snape tras un movimiento rápido y preciso.
- ¡Felicidades! - Dijo con una sonrisa irónica - Que lo disfruten, a mí me tiene sin cuidado.
La mujer salió corriendo de la enfermería para ocultar el profundo dolor que amenó con escurrirse desde el interior a través de sus ojos.
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¡Emily! Te haré pagar por esto Julieth, sabes que soy capaz.
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Estoy embarazada ¿Recuerdas? No creo que seas capaz de lastimarme.
Snape apretó los puños con fuerza sintiéndose impotente de nuevo, cuanto odiaba a Julieth.
El pocionista abandonó también la enfermería, pisando fuerte, cerrando de un portazo sonoro mientras su capa negra ondeaba detrás de él.