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Historia 171238 — capítulo 5
Capítulo 4
El carruaje en el que habían ido a la casa oscura era el oficial del instituto, tenía cuatro ces grabadas en dorado en la puerta del carruaje. Will se las quedó mirando fascinado, no sabía su significado pero le parecía algo mágico en si mismo.
Esas cuatro ces son los fundamentos de los Cazadores de Sombras. Son por Clave, Consejo, Cónsul y Convenio, aunque también la llamamos Alianza.
-Alianza... Las brujas dijeron algo sobre eso cuando me transformé en el pequeño Jeremy. Ellas hablaban en susurros, pero las pude entender perfectamente.
Cuando todos tuvieron que entrar al carruaje, Will vislumbró desde fuera a una mujer y un extraño muchacho.
La mujer tenía el pelo castaño, como Tessa, pero era mucho más baja de estatura. Hasta sentada en el carruaje, parecía que sus pies tocaban el suelo a duras penas. El muchacho parecía más o menos de su edad, alto y delgado, seguramente demasiado. Su pelo era plateado, no canoso, sino de ese color. Sus ojos eran casi trasparentes, un color gris mate y reflejaban la luz como dos pequeñas antorchas.
Hola Lottie. -Dijo Henry acercándose a la mujer pequeña, haciendo que el hombre plateado se tuviera que cambiar al banco de enfrente. Henry e dio un beso en la mejilla a "Lottie" y se sentó a su lado.
La siguiente en subir al carruaje fue Tessa que sin pensarlo dos veces se sentó al lado de aquel extraño hombre.
Hola de nuevo, Jem. ¿Como te va?- Will notó que, por primera vez desde que la conocía, su voz sonaba sincera y verdaderamente amigable.
Bien, Tessa. No hacía falta que casi me ataras a las ruedas del carruaje para que no fuera contigo. Creo que no hace falta recordarte que soy tu Parabatai.
Ya lo se James, pero me dice la experiencia que es difícil quitarte algo de la cabeza.
-También me alegro de verte Tessa. - Intervino la mujer del banco de enfrente.
-Ah, hola Charlotte.
¿Habéis encontrado algo interesante?- Gracias a esa pregunta, Tessa se acordó de Will y se giró hacia el.
-¿Piensas subir algún día? Tenemos que volver al Instituto.
Will no le hizo caso y subió al coche. Una vez dentro, no sabía donde sentarse exactamente, pero al final se decantó por sentarse al lado de su "amiga" Tessa.
Cuando se hubo acomodado y levantó la vista, Charlotte tenía la boca abierta de par en par, Will pensó que, a lo mejor lo que esperaba que hubieran encontrado hubiera sido el gato de las brujas en vez de una persona.
Gracias al apoyo de Henry, se recuperó rápido y pudo preguntar.
¿Quien eres? ¿Como te llamas?
-Me llamo William Gray. Soy de América y he venido aquí porque mi hermano me regaló un pasaje en un barco y me dijo que me esperaría aquí.
-¿Como se llama tu hermano?
-Nathaniel Gray, señora. El muy mentiroso, cuando llegué a puerto, lo busqué por todos lados, y lo único que encontré fueron estas malditas brujas...
-¿¡Brujas!?- Preguntó esta vez mirando a Tessa. Quien se encogió de hombros y contestó pausadamente.
-Si, dos. Las Hermanas Oscuras. Te hablé de ellas hace poco, ¿recuerdas? Cuando volví de recorrer cada garito subterráneo. En ellos me enteré de que eran unas hermanas que dirigían un burdel, pero cuando he entrado... Bueno, eso tenía aspecto de todo menos de un burdel.
Bueno, ya avisaremos al Enclave. -Dijo Charlotte resignada.- Por otra parte, me llama mucho la atención que las hermanas te tuvieran prisionero.
-A mi no, la verdad, - Will quería ser sincero. Si se habían ofrecido a ayudarle, tenían que saberlo.- querían explotar mi poder, para luego entregárselo al Magíster. El iba a hacer que yo renegara de ser brujo, para quedarse con mis poderes para el solo. Pero para que yo renegara primero debería saber utilizarlos, por eso me enseñaron a cambiar.
Un silencio sepulcral se adueñó del carruaje. Solo se oía el rítmico golpeteo de los casco de los caballos sobre el pavimento Londinense.
-Está decidido, te quedarás en el Instituto, porque, ¿no tienes ningún sitio a donde ir? ¿Verdad?
-No, no lo tengo.
-Entonces, te quedas con nosotros. Jem, tu le dirás a Sophie que prepare una de las habitaciones. Que esté cerca de la de Tessa y de la tuya, por si necesita ayuda.
-De acuerdo Charlotte.
¡So!- Se oyó gritar a Thomas desde el exterior.- Hemos legado, Charlotte. ¿Le doy los caballos a Cyril para que los cepille?
-No, dejalo Thomas. Tu y Henry, llamad al Enclave, que registren la casa Oscura y que me digan lo que sea.
Todos bajaron del carruaje, se encontraban delante de una gran extensión de tierra desolada. Todo lo que cubría el solar eran escombros. Will frunció en ceño.
-No está tan mal como parece, - le dijo el hombre plateado- me llamo James Carstairs, pero todos me llaman Jem.
-Encantado Jem, yo soy Will. Esto... Si me pudieras decir donde nos vamos a quedar...
-Ah, no lo ves ¿verdad?
-¿Ver el que?
-Vale, mira el solar de reojo, como si no quisieras verlo. Ahora gira la cabeza hacia otro lado y aparta la vista. ¡Ahora miralo!
Hizo como Jem le dijo y se quedó fascinado, más aún si cabe.
El solar ya no estaba ahí, en su lugar había aparecido un edificio majestuoso, con el aspecto de una iglesia. Desde su punto de vista podía vislumbrar dos enormes torres que sobresalían casi tocando el encapotado cielo de Londres.
Delante suya había una alta verja de hierro forjado con una inscripción el la parte superior.
-*Pulvis et Umbra Sumus. -DijoTessadetrásdeel,*asustándolo.- Somospolvoy sombras. Acertado, ¿eh? Somos polvo y en polvo nos convertiremos.
-¿Eres cristiana? Eso está en la Biblia.
-No lo soy. Ninguno lo somos. Los Cazadores de Sombras no estamos adscritos a ninguna religión, pero por así decirlo usamos elementos de todas ellas.
Y dicho esto entró en el Instituto de Londres sin siquiera mirar atrás.
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Capítulo 5
Will llevaba viviendo en el Instituto poco más de una semana y ya lo conocía como la palma de su mano, conocía a todo el mundo. Charlotte y Henry Branwel eran marido y mujer. Llevaban casados unos dos años y desde que tenían dieciocho años dirigían e instituto de Londres, aunque Henry pasaba la mayor parte del tiempo en su cripta investigando, cosa que a Charlotte no le hacía ni pizca de gracia. James Carstairs tenía su misma edad y habían congeniado muy bien. Aunque había algo en el que no cuadraba. Por otra parte estaba la señorita Jessamine Lovelance, quien se había tirado casi a sus brazos, pero cuando se enteró de que era un brujo, casi lo lanza por las puertas del instituto a patadas. Después estaba Thomas Hoodwell, otro chico de su edad, cazador de sombras excepcional, según como dijo Jem el primer día que había estado en el Instituto. Pero claro, las opiniones de los habitantes de este diferían sobre quien era el mejor de ellos matando demonios. Charlotte y Henry nunca contestaron a las preguntas de Will sobre ello, se veían como los padres de aquellos que, al vivir en el Instituto no los tenían. Cuando le preguntaba a Jessamine o a Jem ellos contestaban que Tessa, pero que si se centrara más y fuera más seria, incluso podría ser mejor de lo que es. Si le preguntaba a Tessa ella siempre respondía que era James. Si le preguntaba cualquier otra cosa sobre el hombre, se cerraba en banda y su cara se transformaba totalmente, carente de expresión.
Al servicio de las gentes del Instituto, estaban: Sophie, una chica preciosa, unos tres o cuatro años mayor que el. Era preciosa, pero una gran cicatriz, que surcaba su rostro desde la esquina del labio hasta la sien, la afeaba.
Agatha: una cocinera excepcional, con quien Tessa anunciaba a los cuatro vientos, se iría a vivir. Y Cyril, amigo de toda la vida de Thomas, humano que tenía la Visión. Todos los del servicio la tenían.
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Una mañana estaban todos desayunando, en el gran comedor del edificio, cuando Sophie entró corriendo en el comedor y susurró algo al oído de Charlotte, que se puso blanca y salió corriendo por la puerta que había entrado Sophie.
En el mismo momento en que la puerta se cerró todos los ojos se giraron hacia Henry.
-Sabe lo que hace. Seguro que enseguida vuelve y nos lo cuenta todo. Ya sabéis que no siempre me cuenta todo lo que hace.
No parecía triste, más bien parecía que lo había aceptado.
-Will, hace tiempo que quería preguntártelo. ¿El alfiler del ángel que siempre llevas colgado a la chaqueta, funciona de verdad? Antes creí oír el tic-tac.
-Si, era de mi madre. Ella lo llevaba como un collar, cuando murió lo adapté como un alfiler.
-¿Me dejarías examinarlo? Es por puro interés académico, por supuesto.
Will se lo pensó un momento, le tenía demasiado cariño al ángel...
-De acuerdo, pero tenga cuidado, es lo único que conservo de mi madre.
-Claro, jamas lo dañaría.- Dijo metiéndoselo en el bolsillo de la camisa.
El silencio se adueñó del comedor, hasta que Charlotte entró corriendo por la puerta.
-Es De Quincey, está en el Santuario. -Hizo una pausa, como queriendo decidir si debía continuar. - El quiere hablar contigo, Will.
-No tienes porqué ir si no quieres. - Se apresuró a decir Tessa.- ¿Por qué está aquí, Charlotte?
-Dice que tiene información sobre Belcourt, pero me ha advertido que no dirá nada si no es con Will.
Seis pares de ojos se fijaron en Will, la decisión era suya. La tomó en un abrir y cerrar de ojos.
-Voy, Charlotte.- Dijo levantándose de la silla.
-Will...
- Dijo Jem en forma de advertencia, cosa que no sirvió de nada.
-Nunca he conocido a otro subterráneo, aparte de las hermanas oscuras, creo que me gustaría.
Dicho esto, salió a la carrera detrás de Charlotte. Jem y Tessa no tardaron en seguirlo.
-De Tessa me lo esperaba, no se le da bien captar indirectas, pero de ti James... La verdad tenía un concepto más alto de ti.
Donde va Tessa, ahí voy yo. - Will no lo miraba, pero por el tono de su voz, adivinó que estaba sonriendo.
-Hemos llegado, - anunció Charlotte.- y Will... Intenta no asustarte.
Charlotte tocó las puertas y con solo acercarse, cedieron a lo que Will creyó un suspiro. Entraron a una estancia iluminada tenuemente con luz mágica llena de columnas y con una fuente en el centro. Justo detrás de la fuente había un conjunto de dos sillones y una mesita de café. Sentado en uno de esos sillones se encontraba un caballero vestido a la moda de dos siglos atrás. Con una larga melena rubia suelta sobre los hombros, extendido sobre un levita floreada.
-Gracias por su paciencia, señor De Quincey. Este es William Gray y con el están James Carstairs y...
-Theresa Gray. Se llevó quince libras esterlinas la semana pasada. No creía que las mujeres pudieran jugar como usted a las cartas.
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Tras una larga discusión sobre lo que Tessa había hecho con el dinero que ganó esa noche en el Club y de que De Quincey le explicara el porqué de su visita, Charlotte habló:
Si dices que las muertes llevan sucediendose por varios meses, años según tu, ¿por que nos lo cuentas ahora?
-La jefa del clan de los vampiros de Londres es bastante poderosa, traicionarla es como firmar una sentencia de muerte. Por eso quería ver al cambiante, si el ve lo que hace Belcourt, podrán actuar.
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Will, Tessa y Jem se encontraban en la biblioteca, viendo a Will andar como De Quincey. Tessa se estaba comiendo una manzana, riéndose de los ridículo andares que el estaba practicando, después del susto de no sentir el corazón dentro del pecho, claro está.
-Si no caminas más recto y con más delicadeza, van a pensar que están viendo caminar a un pato. -Dijo Tessa mirando a Jem.
-Si, como los patos caníbales de Hyde Park.
-Por aquí señor Lightwood. señorita Whitelaw, sientese al lado del señor Parngborn, por favor.
-Tessa
- dijo Jem en un susurro. - Me habías dicho que la reunión no era hoy.
-Una simple equivocación. Vamos detrás de la estantería.
-Vamos Charlotte, dinos si va a venir Henry o no. Deja de darnos largas.
-Si Benedict, va a venir.
-Padre, creo que hay algo detrás de la estantería.
-Oh, maldita sea, Gabriel Lightwood.- Tessa empezó a ponerse roja de rabia.
-¡Quien haya ahí, que salga y se muestre!
Will, Tessa y Jem salieron a la vista de todos. Will volvía a ser el mismo y no se le pasó inadvertida la mala mirada que Gabriel, Tessa y Jem se lanzaron.
-Tessa, recuerdo haberte dicho que hoy se reunía aquí el Consejo del Enclave.
-Se me debió pasar.- Dijo encogiéndose de hombros.
Charlotte, son demasiado jóvenes para estar en la reunión del Consejo.
Gabriel, - contestó Tessa con rabia contenida. - tu tampoco eres mayor de edad.
-Tengo dieciocho años recién cumplidos, Theresa.- Dijo con petulancia.
-Hijo, deja de jugar con los niños pequeños, si no quieres faltar a tu primera reunión.- Benedict se examinaba las uñas, mostrando su indiferencia hacia ellos.
-Les acompaño fuera, padre.
Salieron los cuatro afuera y cuando todos hubieron pasado por la puerta, una figura pasó por ella sin que los otros se dieran cuenta.
-Bueno, bueno, Tessa. Creía que habías dejado de hacer el tonto.
Tessa iba a contestarle, pero otra chica se interpuso entre ellos.
-Gabriel, como ha dicho tu padre, para de hacer paripés y entra de una vez. Tu estúpida petulancia me pone enferma.
Gabriel cerró la boca, y como un niño obediente entró en la biblioteca.
-Lo siento por mi primo, a veces se pasa de la raya.
Jem estaba asombrado, nunca, en los seis años en los que le había dado tiempo a conocer a Gabriel, Gideon y a su hermana, había visto a nadie plantarles los pies en la tierra a ninguno de los tres. Esa chica con el cabello dorado y los ojos tan claros como un cielo azul en un día de verano, en su vestido rosa con sus guantes a juego de cabritilla... La chica iba a entrar en la biblioteca tras su primo, pero Jem a detuvo.
-Espera, ¿como te llamas?
La chica sonrió, y sus ojos se llenaron de un brillo travieso.
-Meredith Whitelaw.
Y la puerta se cerró tras ella.
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Bueno, he decidido publicar estos dos capítulos juntos porque el capitulo cuatro solo era muy aburrido. Hasta yo lo reconozco. Además el siguiente capítulo es un poquito diferente... Ahí lo dejo a ver que os parece cuando lo publique:P
Muchisimos besos. Gracias por las lecturas, los favoritos y esos comentarios maravillosos!!