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Historia 171638 — capítulo 17

Un paso, dos, tres… ¡Ahí está el salón!

La rubia dejó los textos y cuadernos de apuntes sobre la mesa, casi formaban una pila lo suficientemente alta para cubrirla por completo y así era como le gustaba. Abrió la parte delantera de su bolso, sacó los lápices, el bolígrafo y tajador, se aseguró que la punta de su lápiz estuviera del todo perfecta y acomodó estos junto al resto de sus cosas, mientras la pequeña regla y el resaltador se les unían más tarde.

Sí, sí, toda una nerd.

La profesora de latín solía llegar entre treinta y cuarenta minutos tarde, vale, entendedle, esa mujer entre su divorcio, sus hijos adolescentes y las visitas de su madre a su casa, tenía una vida de lo más ajetreada, o al menos eso había puesto como excusa cada clase, durante dos años, por ello era que la mayoría de los estudiantes decidían saltarse ese tiempo, pero aun así, la joven rubia solía llegar mucho antes que el resto y tener todo preparado, en caso de que los hijos de la maestra dejaran de darle lata, el móvil de su madre quedara atascado en el tráfico y al fin su ex esposo no pusiera trabas en el divorcio, un día de aquellos.

Dejó escapar un pequeño bostezo mientras la puerta de la entrada se abría y llevó la vista a su reloj pulsera. Faltaban diez minutos para el supuesto inicio de la clase. ¡Já! De seguro era su día, y toda su previsión tendría grandiosos resultados.

Pero no.

El chico de cabello negro azabache dejó también escapar un bostezo al cruzar el umbral, sin embargo en su caso, eso le hacía ver más…sexy.

-¿Y dónde está el resto?-preguntó, tras unos minutos, mirando en dirección a la muchacha.

-Bueno, verás, hay una política en esta clase, se puede definir como, "No vengas hoy si puedes venir mañana" y todos, menos yo, se lo toman muy a pecho.

Nico la recompensó con una pequeña risa, así que Annabeth intentó nuevamente con otro comentario.

-Oh, tal vez fueron a medirse los vestidos para el baile, ya sabes , eso sí, las chicas no sé a donde fueron.

Una vez más, el resultado fue el esperado.

-No se porque nadie te toma como el payaso de la clase, eres graciosa- el joven avanzó hasta ocupar el asiento a su lado y se dejó caer sobre la silla, con una elegancia despreocupada que de seguro era herencia de su sangre europea, pues la rubia no había visto aquello nunca en otro muchacho.

-Supongo que por tener el rostro bonito- se burló la chica.- Por lo general aquí se cree en el estereotipo de la rubia tonta.

-¡Qué blasfemia! En Italia valoramos a las rubias, no hay muchas, entonces son como una especie en peligro de extinción, tal vez si quisieras ir algún día, te aseguro, milady, que serías tratada como…

-¿Una especie en peligro de extinción?- alzó una ceja con diversión.

-Quizá- el chico miró al frente, y sonrió de forma divertida, mientras se inclinaba y balanceaba con la silla.

-Creo que elegiste esta clase de a propósito, ¿No?

-¿Y eso por qué?- preguntó, sin detener el movimiento de sus piernas que a su vez originaba el del objeto.

-Ya sabes, Italia, Roma…latín.

-¡Ah, ya! Y sí, no me puedes acusar de idiota, es de esperarse que entre a una de estas materias al menos mi primer semestre.- dijo con una pequeña sonrisita, mirándola por el rabillo del ojo.- Es decir, si fueras de Inglaterra, y hubiera la materia de Inglés Británico, ¿No entrarías?

-Aunque no fuera de Inglaterra entraría, no hay acento más genial que el inglés, es…exquisito- alzó el meñique como había visto que se hacía en las mesas de té donde su abuela solía participar.

Nico soltó una nueva risa, y observó su reloj.

-Vale, vale, te lo concederé, pero en realidad, el idioma del amor es el nuestro, ¿No te gusta el italiano?- su voz fue suave como el humo, y le envolvió los sentidos. El chico posó la mirada en ella de golpe, de forma seductora, y Annabeth captó el mensaje intrínseco en la pregunta.

-Prefiero el inglés…

-¡¿Y dónde están los demás?!- ambos muchachos levantaron la cabeza al observar a la mujer entrar de forma apresurada al salón de clases.

¡Jesús le ayudara! ¡Había llegado apenas quince minutos retrasada!

-¡A que no adivináis, el cerdo de mi ex marido ha vuelto a liarla con lo del divorcio! ¡¿Qué tan estúpido hay que ser para no saber firmar un par de documentos?!

-¿Y te lo pidió?-le acosó Piper en el segundo receso, prendiéndose de su brazo y jalándola hacía atrás, escapando de sus propios acosadores.

A joven McLean tenía una reputación impecable a la hora de quitarse de encima a esos chicos pesados que tenían el descaro de, no sólo caer rendidos por su exótica belleza, sino el fastidiarla aun sabiendo que ella salía con Jason. Piper nunca entendía porque insistían tanto, si la respuesta siempre sería que no.

-¿De quién hablas?

-Ya sabes de quién hablo.

-Oh, créeme que si lo supiera no estaría repreguntando por ello, anda sé clara.- le fastidió la rubia.

-Vale, vale, alto, guapo, cabello negro, personalidad de chico malo, no es de aquí, es Italia, su nombre empieza con N y termina con Ico ¿Ya entendiste o seguimos con esto?

-Ah, ya vale, lo capto.- rodó los ojos ante la insistencia.

-Entonces…¿Lo ha hecho o no?

-No, no lo ha hecho- respondió Annabeth, con algo de fastidio.

-Oh…ya veo.- Piper se calmó, y formó casi de forma inconsciente un pequeño puchero, estirando su labio inferior.- Seguro no ha tenido tiempo de hacerlo, por lo general es imposible hablarte entre clases, nunca prestas atención, eso es algo que he observado.

-Pasábamos latín…y él llegó a tiempo.

-Oh…-volvió a decir.

-Exactamente…

-Vale, no es el único chico del mundo y ya conseguiremos a alguien que te lleve al baile, Annie, lo juro.

-Pipes, ya te he dicho que eso no es necesario, la verdad ni me interesa aquello, así que siendo sinceros…

-¡Así que siendo sinceros nada! Tienes que ir, Annabeth, ya es hora de que descanses un poco de todos los problemas que tienes y demás.

-Bueno, un baile sólo implicaría más problemas, es decir…un vestido, maquillaje, dioses, ni siquiera puedo pensar en eso, tendría que vender un riñón, o peor, mi bicicleta.

La muchacha castaña dejó escapar una risa.

-Oh, vamos, ya te había dicho antes que mi madre se ha comprometido a encargarse de ti, y también de Hazel, desde que le hablé de ustedes no deja de insistir en probar sus nuevos modelos, y no les costaría nada, ni un riñón, ni tu bicicleta, ¿Qué dices?

-Que no sería justo para tu madre tener que cargar con mis gastos, de veras, además, ni siquiera conseguiré pareja, así que deja de pensar en ello.

-Oh, vamos, estoy segura que Di Angelo no sabía como decírtelo hoy, tal vez esté esperado a armarse de valor.

-¿Estamos hablando del mismo chico? Lo más seguro es que ni vaya.

-Obviamente irá, y te aseguro que irán juntos, casi puedo asegurártelo…¡No! Es más, te lo firmó, ya, aquí mismo-alzó su mano y garabateó en el aire sus iniciales, pasando una fina línea por el medio.

Annabeth pensó en que los hijos de Piper serían felices de tener una firma tan fácil de copiar, si es que ella mantenía la suya.

Siguieron su camino en silencio, hasta el puesto de venta cercano.

Annabeth apretó los dientes al ver aparecer a Silena y Drew, junto a Rachel, y Percy por detrás de ellas manteniendo sujetos los libros de la pelirroja, que lo miraba con ternura de vez en cuando, precisamente, cuando Drew dejaba de soltar palabras o comentarios que generaba una risa sincera en Silena y una algo forzada en Rachel.

Vaya que ridículo que se veía aquello.

Casi le dijo a Piper que no deseaba comer nada, pues lo último que quería era acercarse al rastro de baba que de seguro Percy iba dejando, pero las palabras quedaron en sus labios al girar el rostro y ver el cabello azabache tan conocido de Nicolás Di Angelo a unos pasos.

Pipes pareció haberlo visto también, porque enseguida quitó su brazo del de Annabeth y ladeó la cabeza ligeramente.

-¿Se puede romper el contrato?- preguntó Piper, sin despegar la vista de la joven pelinegra también, abrazada a Nico, rodeando su cintura con los brazos y apoyando la frente en el hombro del muchacho, que la rodeaba con sus brazos.

-Yo supongo.- mencionó Annabeth, sintiéndose ligeramente tonta, y sobre todo confundida.

¿Acaso ella había albergado alguna posibilidad de que él le invitara? Aunque no quiso, tuvo que aceptar que así era, y ese sentimiento de indignación le llenó el pecho y soltó su lengua.

-¿Sabes? A quién le importa las citas, iré sola al baile, ¿Quién dijo que es necesario tener una pareja para todo?

Piper pareció no escucharla al menos por unos treinta segundos, porque luego, al caer en cuenta de las palabras de la rubia, se abrazó a ella, tal vez un tanto menos íntima que Nico y su amiga, o un poco menos enamorada que Percy y Rachel, pero de seguro muy entusiasta.

-¡Oh, Annie! Será una gran noche, ya verás, y sobre todo, demostrarás a ese chico que eres demasiado para los extranjeros.