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Historia 171638 — capítulo 18
Genial. Simplemente genial.
Annabeth no podía creer que el mundo astral entero se la hubiera tomado con ella, porque siendo completamente sinceros, no había otra explicación posible a las jodidas malas vueltas que la vida le habían dado. Miró al cielo en un intento de: Ya por favor.
Pero los dioses se habían marchado a por su almuerzo a esa hora y la lluvia continuó cayendo sobre ella, en lo que quedaba del trayecto, incluso algunos automóviles habían pasado por su lado. Demasiado cerca en realidad, para deleitarse con la visión de ella siendo salpicada por la acumulación que se daba bajo el cordón de la vereda. Jodida gente sin vida.
La rubia estaba consciente de que aquella era la primera vez en mucho tiempo que decía, bueno, pensaba tantas veces en la palabra jodido, para definir su día, pero las circunstancias lo ameritaban y ya luego tendría algo de tiempo para autocensurarse.
El ruido de un motor rugiendo la sacó apresuradamente de sus pensamientos y volviendo la mirada atrás, se corrió un poco más a la derecha, apegándose al sector contrario de la vereda. No, no señor, no la volverían a salpicar.
Tal como lo había previsto, el vehículo paso cerca suyo, pero en lugar de una desconsiderada carrera, se detuvo junto a ella. No era un automóvil, ni mucho menos. Era una motocicleta y Annabeth se preguntó si la suerte había cambiado nuevamente.
El muchacho retiró el casco y lo apoyó sobre la delantera de su motocicleta. También había conducido bajo la lluvia y su cabello oscuro se pegaba a ciertas partes de su rostro, enmarcándolo. Sacudió la cabeza dejando que pequeñas gotas volaran alrededor, pero en lugar de verse como un gesto grosero o desconsidera, incluso ególatra, a ella le pareció ligeramente encantador.
La chaqueta de cuero de Nico lo protegía muy bien del frío, y ella pudo notarlo a la perfección, casi apostó internamente que el material no dejaría que ninguna gota se filtrara y alcanzara al joven.
-¿Sabes?- inició él.- A mí también me gusta la lluvia, pero creo que hay extremos…
Annabeth rodó los ojos, mientras sin poder evitarlo, una sonrisa pequeña se dibujaba en su rostro.
-Hay veces que una no tiene opción.
-Oh, vamos, hay una opción siempre, Annie Bell, sólo debes decir, ¡Hey, Nico! ¿Tienes espacio extra? Y yo responderé…
-Que ya estaba ocupado, por lo que vi en el receso.- apegó la mochila al pecho, como siempre hacía cuando se encontraba un poco nerviosa, y el tono de su voz no resultó para nada recriminador. Lo cual sorprendió en parte al muchacho.
-¿De que hablas?
-Ya sabes, la chica con la que estabas abraz..
-¡Oh, Bianca!- El muchacho la interrumpió con una sonora carcajada y luego sus ojos adquirieron un soñador brillo.- Ella no gusta de los paseos en motocicleta, no importa cuantas veces se lo haya ofrecido.
-¿De veras?- la chica seguía sin dejar a los celos traspasar la umbrela de su voz.- No lo comprendo, ir en motocicleta es genial.
-Dímelo a mí.- murmuró él, mientras apoyaba el codo sobre su casco.- Vale, seguimos estando bajo la lluvia, rubia, así que dejemos esto por la paz.
-De acuerdo, me parece una idea estupenda, así que con tu permiso…
-Dos preguntas- se apresuró él, mientras su mirada volvía a ser misteriosa, atrayente. -¿No que dejaríamos esto por la paz?
-Ey, son sólo dos preguntas, no te preocupes, ya se cuanto tiempo tarda la luz del sol en llegar a la tierra…
-Ocho minutos y veinte segundos-afirmó ella con orgullo.
- Diecinueve en realidad.- corrigió él.- Pero ese no es el punto, ahora, si me disculpas, ya que te he ganado en esta pequeña contienda sobre conocimiento, ¿Aceptarías que te llevara hasta tu casa?
-¿Diecinueve?-repitió ella ciertamente confusa. ¿De veras había errado? ¿Ella? Sacudió la cabeza para dejarlo pasar y luego asintió a penas.- De acuerdo, sólo porque me has ganado…-aunque en realidad hubiera aceptado de todas formas, quizá con la excusa de haberle ganado ella a él.
-¡Bien! Ahora vamos por la segunda.- Nico se tomó su tiempo, mientras cogía su casco y se lo entregaba como todo buen caballero.- Si un avión se estrella entre Alemania central y Alemania oriental ¿Donde entierran a los supervivientes?
-¿Qué?- la rubia parpadeó, mientras tomaba el casco de las manos del muchacho.- Supongo que, bueno, debería verse con la legislación correspondiente de cada país y…
-Jum. No, bonita, si sobrevivieron sería muy cruel el enterrarlos, ¿No lo crees?- El chico estuvo a punto de revolcarse en el suelo de la risa, pero como europeo tan educado, bastó una sonrisa de diversión. Ella parecía de lo más contrariada.- De acuerdo, he ganado el segundo reto y eso presupone que irás al baile conmigo, ¿Cierto?
¿Acababa de escuchar bien? Vale, de las dos preguntas inesperadas, de sus errores casi involuntarios, de los chistes del muchacho a costa suya. Esto era lo que más le había descolocado. Sus ojos se abrieron ligeramente y abrió los labios para responder, pero las palabras parecían haber escapado de su boca, así que lo repitió al menos unas dos veces antes de lograrlo.
-¿Y que hay de tu novia de cabello oscuro…Bianca?
Nico extendió una sus manos y dio una leve caricia al rostro de la muchacha.
-Quiero mucho a Bianca, pero dudo que sea algo muy genial ir con mi hermanita menor de pareja al baile, podrían considerarme sobreprotector, ¿No crees?
Annabeth lo observó con completa diversión, antes dirigir los ojos al cielo en un dialogo privado.
Gracias, Dios, juro que no usaré la palabra jodido nuevamente. Ops.