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Historia 171638 — capítulo 19

Percy observó a Rachel siendo acaparada por Silena y Drew.

La pelirroja le regalo una sonrisita de disculpa mientras caminaba con sus amigas a la mesa del ponche, se veía hermosa con aquél vestido verde que resaltaba el esmeralda de sus ojos, había sido muy inteligente de su parte elegirlo, al igual que Annabeth.

Recordó el cuerpo de su amiga envuelto por ese vestido gris sin mangas que se le pegaba hasta la cadera y luego caiga con gracia sobre sus piernas y sonrió, las piedras de los bordes del vestido y el color del mismo hacía que cualquiera fijara su vista en ella, llevaba sombra para ojos de color rosa pálido, tenía las pestañas tan largas que proyectaban una sombra sobre sus mejillas y resaltaban sus ojos grises que brillaban como tormentas.

Se la veía tan hermosa y femenina que no dudaba que alguno del equipo de fútbol tratara de aprovecharse de ella. ¡Ja! ¡Buena suerte con ello! 

Percy no los dejaría ni acercársele, aunque eso no sería necesario, porque ella ya tenía a una pareja que la protegiera.

Rodó los ojos pensando en lo terca que era a veces Annabeth.

Vio al chico ese, Nicolás Di Angelo, con su estúpido traje Armani negro, zapatos italianos y su actitud de chico malo, acercarse a Annabeth por la espalda, con dos bebidas en la mano para ambos, la chica giró al sentirlo llegar y le sonrió de manera encantadora.

Percy sintió las manos crisparse en puños, mientras ella bebía confiada. ¿Y si él había puesto droga en su bebida? ¿Y si buscaba también aprovecharse de ella? Se cuestionó, sabiendo de antemano que estaba exagerando.

Rachel volvió a su lado en unos minutos y Percy se olvidó de Annabeth y su "casi" novio italiano.

Annabeth lo estaba pasando genial, las bebidas eran deliciosas, la música fantástica y el ambiente asombroso, además claro, Nico había sido el mejor acompañante que podría haber deseado para aquella noche, sabía bailar muy bien, aunque él insistía en que no le gustaba, le hacía cumplidos realmente halagadores y seguía usando sus palabras italianas de cariño para ella, hacía bromas en los momentos justos y comentarios inteligentes y no había bailado ni estado con ninguna otra chica en lo que iba de la noche, a pesar que más de una le lanzaba miradas suplicantes.

Casi lograba hacer que Annabeth ignorar los movimientos de Rachel y Percy por el salón.

Annabeth dio un suspiro luego de tomar un trago largo.

-Esto es grandioso-sonrió, Nico le devolvió el gesto- Gracias por invitarme…

El chico paso su brazo por su cintura.

-Gracias a ti, me convertiste en el chico mas envidiado de toda esta fiesta-rio. 

Annabeth rodó los ojos divertida.

-No te hagas el modesto, que las chicas andan locas por ti…

-Pues que lastima, yo ando loco por una de ella- la miro de tal forma que Annabeth empezó a sentir sus mejillas arder, Nico ladeo la cabeza y apunto a la salida- Necesito algo de aire fresco, ¿Qué te parece si salimos un momento?

Annabeth asintió con la cabeza y se dejo guiar por él, salieron por la puerta principal que daba a los pasillos de los casilleros del instituto, Annabeth creyó que Nico la llevaría al jardín central, pero al llegar a medio pasillo, la volteó con delicadeza haciendo que su espalda se apoyara en la pared libre del espacio entre dos casilleros.

Annabeth recostó su espalda en la pared y se ordeno, mentalmente, calmarse, mientras Nico apoyaba sus manos a ambos lados de su cuerpo y se inclinaba lentamente hacía ella.

Su primer beso… ¿Ese iba a ser su primer beso?, pensó ella.

Percy estaba empezando realmente a molestarse de que Drew y Silena le robaran a Rachel cada dos por tres para sus frívolas conversaciones y les hubiera dicho algo al respecto, si no fuera porque aquello concordó con el momento en el que vio al gánster italiano salir del salón llevándose a una muy sonriente Annabeth con él.

Sin darse tiempo a pensar, salió tras ellos, observando toda la escena.

Como la sujetaba, como la había acorralado y como pretendía besarla a la fuerza y… ¡La beso! ¡La había besado!

Annabeth se mantuvo inmóvil mientras Nico rozaba su nariz con la suya y luego inclinándose un poco más, cubrió sus labios con los propios, suaves y con sabor a chocolate, por lo que pudo diferenciar, se sintió volar y más cuando él le tomo el rostro entre las manos y la acercó aun más.

Percy se sintió algo enfermo, ligeramente mareado, viendo la escena, pero se obligo a recordar, como un millón de veces, que no tenía derecho de ir y apartar a ese chico, menos aún de retarlo a muerte, que era lo que deseaba.

El pecho comenzó a dolerle al ver a Annabeth rodear el cuello del chico con los brazos, entonces un celular comenzó a sonar y Percy se precipitó a la entrada para que no lo descubrieran, pero cuando estuvo fuera de su vista, se dio cuenta que no era el suyo.

Nico se apartó de ella lentamente y reviso la pantalla de su móvil, cuando volvió a subir la cabeza, le dirigió una mirada de disculpa.

-Es Bianca-le dijo- Necesita ayuda…yo…vuelvo enseguida, ¿De acuerdo?

Annabeth le sonrió relajándolo y él le devolvió la sonrisa. Parecía realmente preocupado por su hermana y Annabeth no pudo sino morir de ternura ante su actitud. Nico le acarició la mejilla y se apartó para volver al salón. 

Cuando cruzo la puerta otra figura salió casi rozándolo.

Percy Jackson.

Annabeth se pregunto si le había ocurrido algo, porque dudaba realmente que él se apartara de Rachel en algún momento de la noche, pero dejo de lado aquello cuando noto que Percy la miraba fijamente mientras avanzaba.

-Tenemos que hablar…-le dijo en un tono algo rudo y sin detenerse ni un momento, le tomo la mano al vuelo y se la llevó de allí.

-Percy…Nico…Nico va a volver y…

El chico dejó escapar un gruñido y caminó aun mas deprisa hacía el gimnasio, sin prestarle atención a las protestas leves que Annabeth le daba.

Annabeth no entendía que ocurría, pero se lo veía tan afectado que no quiso incordiarlo más de lo debido, ¿Habría tenido algún problema con Rachel? ¿Ella lo había lastimado? ¿Él la había lastimado a ella? Comenzó a preguntarse, pero solo había una respuesta y era: No, ni Percy ni Rachel serían capaces de hacer algo de esa naturaleza, pero entonces… ¿Qué le pasaba?

Percy la llevó directo al lugar donde pensaba mejor, porque necesitaba realmente hablar con ella, el problema era que no sabía aun que iba a decirle, así que cuando llegaron a la piscina, camino por el borde de la misma hasta la mitad y se detuvo volteándose a verla.

Annabeth lo miro con los ojos dilatados por la expectación, tenía las mejillas sonrojadas, los labios entre abiertos y sin rastro del labial color melón que llevaba antes, porque Nicolás Di Angelo lo había devorado con su boca de importación, pero aun así, ella se veía inocente y tan hermosa…

-¿Qué ocurre?-preguntó Annabeth confundida.

Percy sacudió la cabeza recordando el beso y frunció el ceño.

-Te dije que te alejaras de ese chico y vas y lo besas…

Annabeth imitó su gesto.

-¿Estabas espiando?

-¿Acaso importa?

-¡Claro que importa!-estalló ella- Además yo te dije que iba a hacer lo que quisiera…

Percy se paso las manos por el cabello despeinándolo un poco.

-Ese chico no es para ti, Annabeth, ¿Por qué están difícil de entender?

La chica se cruzó de brazos.

-¿Y por qué no puede ser para mí, eh?

-Porque él es de la clase de chicos que no se fijan en las chicas como tú, ustedes son solo un juego para él-empezó Percy.

-¿Las chicas como yo?-Annabeth sintió aquellas palabras como una bofetada a su maltrecho ego.

-Las que no tienen la misma posición económica, las que son inocentes, de las que pueden aprovecharse, solo para divertirse…

-¿Y eso crees que soy yo?

-Pues…-Percy vio a donde quería ella ir y empezó a temer el rumbo de esa conversación- Solo me preocupo por ti, Annabeth.

Aquello la detuvo en seco.

-¿Así? ¿Por qué? ¿Por qué no soy como Rachel?-las palabras salieron como balines a través de sus labios. 

-No he dicho eso…

-Pero lo piensas…

-Annabeth…

-¡Oh! ¡Vamos, Percy! ¡Escúpelo! ¡Dime que Nico Di Angelo nunca se fijaría en mí porque no estoy a su nivel!-Annabeth podía sentir los ojos ardiendo por las lagrimas que retenía, pero no, no lloraría ante él, no de nuevo.

-¡Vale, sí!-exclamó al final el chico- ¡No das la talla y por eso no puedes estar con él!

-¡Estúpido!- le gritó apoyando ambas manos sobre la pechera de su traje y empujándolo hacía la piscina.

Percy estaba tan sorprendido que la única reacción que tuvo fue el tomar las manos de Annabeth con fuerza y hacer que ella compartiera su caída al agua. Adiós traje importado, pensó, su madre le daría una buena reprimenda.

Salió a la superficie en segundos y vio como Annabeth chapoteaba desesperada a lado suyo. Allí fue que recordó que la rubia no sabía nadar.

-¡Percy! ¡Ayuda! ¡Percy!-chillaba ella aterrada y Percy se rio para sus adentros mientras se acercaba y la sujetaba de la cintura atrayéndola a él y utilizando sus piernas para mantenerlos a ambos a flote.

-Ya esta…te tengo…-le dijo mientras ella se aferraba a sus hombros aun asustada.

Cuando al fin Annabeth se hubo convencido de que estaba a salvo, lo miró con cierta irritación.

-¡Idiota!- le espetó.

Percy soltó una risita.

-Ahora no te convienen esas lindezas, listilla, que tu vida depende de mí- sonrió de lado, y Annabeth lo odio por ello, pero aun así no perdió el agarre de sus hombros, ni le importo que él la estrechara un poco más cerca.

-Te odio- le dijo haciendo un puchero pronunciado.

Percy la miro con ternura. Con el maquillaje algo corrido y el cabello rubio mojado pegándose a su rostro, no pudo evitar compararla con las sirenas de la mitología griega en cuanto a belleza y se perdió en ese pensamiento, intensificado al tenerla tan cerca de él… observó sus labios y de repente no pudo contenerse más. 

Inclino la cabeza y esa noche Annabeth Chase recibió, también, su segundo beso.