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Historia 171638 — capítulo 6
-¿Está seguro de lo que esta haciendo, joven?
Percy asintió con la cabeza.
-Es algo que me dicta la moral, Sr. Blofis- explicó el muchacho- Además, son solo calificaciones.
El maestro lo miro a través de sus gafas apoyadas en el puente de la nariz de forma comprensiva.
-Se me hacía bastante raro esa prueba, bueno, creo que a cualquiera le hubiera parecido, era como si la hubieras hecho con el simple deseo de fallar, sin tomar en cuenta que era una nota grupal y…
Percy levantó la mano en señal de alto, de tal manera que en lugar de parecer insolente, parecía pedir perdón.
-Lose, Sr. Blofis, créame que no es la primera vez que me lo dicen y es por eso que estoy haciendo esto-Percy paso las manos por delante suyo y agachó la mirada, en la imagen perfecta de la culpabilidad- Annabeth no merece pagar por un error tan estúpido mio- se obligo a decir- por favor, si puede ayudarme en esta…
-De acuerdo- dijo el viejo maestro- Afortunadamente la nota no fue reprobatoria, fue buena si bien no brillante, pero estas gastando tus créditos extras de todo el año, lo que significa que no podrás faltar a mis clases, ni siquiera durante la temporada.
Percy sintió un nudo en la garganta, pero se obligo a sonreír.
-Lose muy bien, señor, muchísimas gracias por esto.
-No me des las gracias, todos cometemos errores, Jackson, algunos más graves que otros, algunos afectan también a otros, pero la valentía recae en hacerse cargo de ellos, aunque claro que siempre habrá una consecuencia, ninguno de sus dos mejores amigos, por ejemplo, recibirán nota adicional.
-Lo comprendo y si me disculpa, debo irme ahora- Percy tomo su mochila azul y la colgó en su hombro para caminar hacia la puerta.
-Es impresionante lo que los jóvenes hacen por amor- dijo el maestro para si mismo, pero Percy logró captar las palabras y una oleada de aversión cruzo su pecho.
-O simplemente porque es lo correcto-agregó mientras salía hacía el pasillo.
Pensó en ir a hablar con Annabeth sobre la calificación para calmarla un poco, pero último que quería era verla, así que dejo de pensar en ellos y se dirigió al quiosco en medio del patio para comprar algo de tomar, tenía la garganta tan reseca que cada palabra que le había dicho al Sr. Blofis, había dolido como el infierno ser pronunciada.
Saludo con la mano a todos el que lo veía y regalo pequeñas sonrisas a las chicas que le revoloteaban las pestañas sin mucho entusiasmo, mientras sacaba sus gafas de sol del bolsillo trasero de sus jeans, las desplegaba y las llevaba a su rostro, pero justo antes de ponérselas, la vio y su mano quedo paralizada por un momento.
Rachel Elizabeth Dare estaba apoyada sobre el mostrador inclinándose hacía adelante mientras parecía elegir que sabor de galletas de avena iba a comprar aquel día.
Percy observo como el chico que atendía el puesto, que de seguro tenía unos pocos años más que ellos, se ruborizaba por la dulce y espontanea sonrisa que Rachel siempre lucía, y tal como lo había pensado, tomo las galletas de avena y frutilla y se las paso.
Rachel siempre comía ese tipo de galletas, desde que era una niña pequeña y Percy lo sabía muy bien.
La joven pago y sin quererlo, se volvió hacia él, sus ojos se encontraron y Percy empezó a sudar.
Sintiéndose un tonto, bajo la mano que tenía paralizada guardando nuevamente las gafas tras suyo.
Rachel le sonrió.
-Que hay Percy…- saludó.
-Todo genial, ¿Y tú?- Percy sintió la garganta mucho más reseca que hacía un momento.
-Bastante bien…
-¡Oye, Rachel!- la llamó Silena, que iba de la mano con su novio, el capitán del equipo de fútbol americano, Charles Beckendorf- ¡Por aquí!- la joven pareció recién percatarse del chico y levanto la mano con una sonrisa sugestiva que a Percy le provocaba escalofríos- ¡Hola Percy! ¡Te ves genial!- guiño un ojo y Beckendorf dirigió la mirada a su novia un poco molesto.
Percy hizo un saludo al estilo militar con dos dedos y volvió a concentrarse en Rachel.
La joven le regaló una sonrisa un poco más discreta de disculpa.
-Oye, debo irme…es genial verte, algo que no hago muy seguido-agregó.
-Es que la escuela es muy grande- contestó Percy embobado.
Rachel le celebró el chiste con una risa dulce y baja.
-Eh…bueno, ojala que pase de nuevo, nos vemos- agitó su mano con delicadeza y Percy la observó volverse hacia Silena y sus amigos y desaparecer de su vista.
Trago saliva y encaminó hacía el quiosco, seguro de necesitar al menos dos botellas de agua para refrescar su garganta esta vez, y luego iría un rato a la piscina a relajarse un poco.
Annabeth ajusto la coleta que llevaba, sin poder evitar que algunos mechones rebeldes salieran de ella y adornaran su rostro.
-¡Chase a portería!- gritó el entrenador Quintus y la rubia no hizo más que correr a su ubicación- Recuerden que este partido es para ganar señoritas.
-¡¿Es que acaso hay otra clase de partidos?!- bromeó Clarisse La Rue, con su típico tono grave- Prepárate niñita-agregó dirigiendo su mirada a Annabeth.
Si había una clase que la muchacha odiara, era gimnasia, no porque no fuera buena en los deportes, por desgracia ese era el problema, era demasiado competente, pero nunca había tenido tiempo para entrar a ninguno de los equipos del instituto y aquello no solo fastidiaba a la profesora, sino a también a las otras muchachas.
Clarisse la había acosado desde inicios de aquél semestre que entrara al equipo de soccer femenino, que contaba con solo once chicas en su momento, el número reglamentario para equipo, pero Annabeth no lo había hecho, no con Malcolm tan cerca de vencerla en calificaciones, como consecuencia una de las muchachas, prima de Clarisse, había sufrido una lesión a mitad temporada y sin ninguna suplente competente, aquél año había sido desastroso para el equipo. Clarisse no tuvo reparo en culpar a Annabeth por el fracaso, lo cual era completamente bobo para Annabeth, ella no hubiera hecho mucho tampoco.
Aunque ahora mucho no importaba, de todas maneras esos serían sus últimos días en el instituto, ya que había perdido, de seguro, su beca.
Sacudió la cabeza borrando los pensamientos cuando vio llegar a dos chicas de segundo con el balón.
Doblo las rodillas y golpeo sus palmas observando sus movimientos y tratando de predecir que harían a continuación.
Cuando Katie Smith apoyó la pierna izquierda junto a la pelota y golpeó el balón con fuerza con su botín derecho, Annabeth no dudó ni un segundo en lanzarse a por él.
Estiró los brazos al límite y, a sabiendas que no podría tomar el balón con sus manos por la fuerza, cerró los puños y desvió la pelota a varios metros del área.
-¡Bien hecho Chase!- comentó el entrenador.
Annabeth se puso de pie sin problemas y volvió a prepararse, las defensas de su equipo eran un grupo de incompetentes y en unos segundos, el equipo de Clarisse volvió a tener el balón.
La castaña le guiño un ojo mientras amagaba a Kristen, una chica de primero bastante debilucha, y pasaba entre otras dos niñas más.
Annabeth conocía a la perfección la potencia de los tiros de Clarisse y era bastante fácil leer sus movimientos. Clarisse disparó. Centro exacto, directamente dirigido a su rostro. Annabeth sonrió de lado, solo tenía que levantar las manos y sujetar el balón que venía hacía ella, y lo hubiera hecho, sino hubiera visto en ese momento al chico parado al otro lado del alambrado mirándola fijamente…
El impacto fue directo e hizo que echara hacía atrás la cabeza.
-¡Joder! ¡Chase, se suponía que la atraparas con las manos, no con el rostro!- gritó Clarisse.
Annabeth se dejo caer de rodillas al suelo, con el dolor ardiente, ocultó el rostro entre las manos, respirando profundo y cuando las apartó, vio la sangre en ellas.
-¡Maldición!- dijo, mientras llevaba su mano izquierda a presionar el puente de su nariz, e inclinaba un poco hacía atrás la cabeza.
Percy no sabía ni siquiera porque se había detenido a observar el partido, es cierto que le gustaba el soccer, pero no el femenino, además había planeado pasar unas horas en la piscina, pero en medio camino, había visto a la listilla hacer esa tapada grandiosa y se había tomado unos minutos para mirar el juego. Grave error.
Parecía que estaba condenado a causarle daño, cuando lo único que quería era ignorar su existencia.
-Auch…-murmuro por lo bajo cuando vio la sangre brotar de la nariz de Annabeth.
-¡Rayos!- el entrenador Quintus se acercó a ella y luego levantó la vista hacía Percy-¡Jackson!-gritó, mientras el chico maldecía por lo bajo- ¡Ven!
Resignándose, Percy corrió hacía la entrada al campo y trotó hasta llegar a la portería.
-No es nada, solo un golpe- decía Annabeth, con sus dedos aún presionando el puente.
Percy negó con la cabeza y cogió su bolso de natación, sabiendo que luego lo lamentaría, saco la toalla pequeña de mano que solía usar en la piscina a veces y se la paso.
-Presiónala contra tu nariz- le dijo, la chica la tomo con una de sus manos e hizo lo que le indicaba.
-Lleve a su compañera a…-empezó el entrenador.
-Estoy bien, puedo caminar hasta la enfermería- comentó Annabeth, interrumpiéndolo y poniéndose de pie, procurando mantener echada hacía atrás la cabeza.
-La enfermería queda bastante lejos-dijo Percy- En la alberca tenemos un botiquín de primeros auxilios, eso será suficiente, además ni siquiera puedes mirar el camino…
-Pero…
-Jackson tiene razón, así que usted encárguese de ella y la próxima vez Chase, este más concentrada en el partido que juega que en el público.
El resto de las muchachas soltaron pequeñas risita y Annabeth sintió las mejillas enrojecer bajo la toalla que cubría parcialmente su rostro.
Percy colocó una mano en su hombro para guiarla.
-Ven, listilla-dijo, empezando a caminar-Lo siento, siempre te causo problemas, ¿Eh?- se disculpó él.
Annabeth giró el rostro hacía Percy, asombrada.
De seguro el golpe le había dado en la cabeza y tenía alucinaciones, porque Perseus Jackson nunca se comportaba de forma amable con ella.