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Historia 171686 — capítulo 2

Abatida por la repentina desaparición de sus mejores amigos, Hermione decide viajar al pasado para destruir de una vez por todas a Voldemort. Planea asesinarlo en su niñez, pero sus planes cambian enormemente cuando crea un giratiempo y éste sólo puede retroceder cincuenta y cuatro años.

Disclaimer: Harry Potter es propiedad de Rowling. Nada es mío salvo la trama del fanfic y algunos personajes.

Poderoso, altivo e inmortal

Capítulo II- La extraña también lo sabe

La oficina del actual director Dippet era, entre tantas palabras, un lugar en el cual Hermione no estaba tranquila. Más allá de los motivos por los que se encontraba ahí -los cuales no eran nada placenteros-, no podía dejar de sentirse extraña.

-Entonces, señorita Granger -comenzó Dippet sentado en su gran escritorio repleto de papeles y pergaminos. Él no se había molestado en ofrecerle silla, lo cual ella consideraba como una gran falta de respeto-. ¿Querrá explicarnos lo que ha pasado hoy en la mañana?

Se quedó parada y con los brazos cruzados a unos metros de él y de Dumbledore, que estaba a su lado. Harry no había podido acompañarla y a Ron no lo había visto. Pero con un escalofrío en el cuerpo recordó a Voldemort y todo lo que había sucedido.

  • ¿Señorita Granger? -habló por primera vez Dumbledore, que con un brillo curioso tras sus anteojos de media luna la observaba fijamente. Por suerte no estaba usando legeremancia en ella, reaccionaría instintivamente y subiría sus barreras, lo cual sería muy sospechoso.

-Eh… yo… no he podido presentarme como es debido -frunció un poco el ceño en molestia de la situación, luego tragó grueso y dividió su atención en los dos hombres-. Mi nombre es Hermione Jean Granger. Y estas pintas, señor Dippet -se dirigió rápidamente al director, quien antes había cuestionado su presencia-, son porque estuve en Europa luchando contra el mismísimo Grindelwald. Así que, me va usted a disculpar por intentar salvar al mundo de un tirano, por más imposible que suene.

Lo vio pestañear varias veces y se rió mentalmente por su cara de asombro, luego pasó su vista hacia Dumbledore que la miraba completamente serio y percibió que él estaba usando legeremancia. En un instante cambió de idea y decidió protegerse.

Levantó todas las murallas de su mente e impidió la entrada de su antiguo director. Aspiró fuertemente y procedió a hablar con voz alta y clara.

-Profesor Dumbledore, lo que digo es verdad. Y si usted necesita verificar la información al menos tenga mi permiso -él analizó todas sus palabras con cuidado. No todas las muchachas tan jóvenes como ella sabían acerca de esas técnicas, y mucho menos emplearlas con eficacia.

-Por el momento -comenzó el actual director de Hogwarts tras un suspiro-, creeremos en usted. Dijo que necesitaba hablarnos en privado y aquí estamos, así que lo mejor sería que comience a hablar.

Miró a Dippet y luego a Dumbledore, seria. Había tenido una aparición algo extraña en Hogwarts y todos sus planes se habían ido a la mierda cuando vio a Harry. Pero luego de pasar un rato con la profesora Merrythought, replanteó de nuevo su futuro.

-Quisiera ser el reemplazo de la profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras. Lo he hablado con la señora Merrythought, que me lo propuso luego de una larga charla. Espero que no sea ningún inconveniente para ustedes.

Los tres allí sabían que, cuando la vieja se jubilara, ella tendría prioridad para tomar el cargo así que era inevitable seguir alargando la situación.

-Sí, claro -la interrumpió el director. No le había caído bien desde un principio y al parecer eso no iba a cambiar-. Ella está demasiado loca para confiar en usted, una persona a la que no vio en su vida. Pero para ser profesor en Hogwarts tiene que validar sus conocimientos sobre la materia que quiera impartir.

Era evidente que el director pensaba que por ser demasiado joven no iba a saber nada. Se reiría hasta su época cuando él se diera cuenta de que no todo era como parecía.

-Aunque luego de su largo viaje querrá descansar, ¿verdad, señorita Granger? -Rebatió Dippet pasando su mirada al profesor de Transformaciones-. Albus, arregla todo para su estadía prolongada en Hogwarts.

El director les dejó de prestar atención de inmediato, haciendo como si no existieran. No era de extrañar que la ignorara a ella pero, ¿a Dumbledore también?

Hermione se paró de inmediato y se dirigió con paso firme hacia la puerta, dando un portazo que seguramente se habría escuchado en todo el castillo.

-Qué hombre más grosero -expresó Hermione, masajeando el puente de su nariz. Maldijo mentalmente a ese hombre que colmaba su paciencia.

Dumbledore la alcanzó, y caminando a su lado con sus manos enlazadas por detrás, le habló: -Extrañamente, usted ha puesto de los nervios a Armando.

Un silencio un tanto extraño se instaló entre ellos, pero continuaron caminando como si nada hubiera pasado. Cuando comenzaron a subir por las escaleras, Hermione supuso que se dirigían hacia el antiguo despacho de McGonagall.

-No niego que él debería controlar más las emociones, pero está un tanto viejo. Ya llega la hora de que se retire, ¿no le parece? -le preguntó con el fin de que pronunciara palabra.

Dumbledore caminaba rápidamente, por lo que ella tuvo que ir detrás de él. La túnica negra del mago se balanceaba a cada paso que daba y las pisadas de ambos eran las únicas que se escuchaban. O al menos, eso creyó.

-Dippet es un… - y cuando por fin daba su respuesta, la interrumpía. Frunció el ceño y se preguntó por qué Dumbledore había frenado repentinamente.

  • ¿Haciendo las rondas de prefecto, Tom?

Ella intentó mirar por encima del hombro de su profesor pero no vio nada. Aunque por el tono que había utilizado en esa frase y por la tensión del ambiente, ya sabía quién era la persona frente a ellos. Aún así quiso verlo cara a cara, por lo que se colocó al lado de Albus y llevó su mano cerca de su muslo, donde estaba su varita.

Obviamente los ojos de Riddle delataban sorpresa, ella había aparecido de repente y sin avisar.

-Oh, perra. Quería verte.

Ignorando al profesor presente se plantó frente a ella, con los brazos cruzados y una gran sonrisa que aparentaba ser sincera. Hermione prestó más atención. ¿Y esos hoyuelos? ¿También tenía hoyuelos?

Albus no podía ocultar su sorpresa, más de la que anteriormente había expresado el mejor de sus alumnos. Y ahora él estaba sonriendo como nunca antes lo había hecho, y todo por una simple extraña. Contempló la batalla de miradas entre ellos, como las que se profesaban Riddle y Potter.

  • ¿Nos vamos, profesor? -interrumpió el duelo de miradas que tenía con Riddle y se dispuso a seguir caminando en dirección hacia la torre de Transformaciones.

  • Sí -miró a Riddle, que ahora le prestaba atención. La sonrisa aún perduraba en su rostro pero no con la misma intensidad de antes. Siempre había encontrado en los ojos de Tom una mirada dura y fría, y le sorprendió que tratara de manera diferente a esa chica. Nunca hubiera sospechado que él le profesara ese tipo de sentimientos a una completa extraña. Intentando romper el hielo le preguntó-. ¿Nos darías el gusto de tu compañía, Tom?

Ellos nunca supieron por qué él le había pedido eso al Slytherin, y al verlo ascender por las escaleras decidieron seguirlo. Un tenso silencio los cubrió. El antiguo director, ensimismado en sus pensamientos, olvidó que caminaban detrás de él.

Hermione tragó grueso e intentó evitar la mirada de su acompañante, sabiendo que él la buscaba. Mentía al pensar que no tenía miedo de lo que pudiera hacer, después de todo era el futuro Lord Voldemort.

-Potter y Weasley llegaron de la misma manera que tú -Tom miró hacia el frente, donde Dumbledore se hallaba a unos metros. Antes de comenzar palabra, se había asegurado de que la distancia fuera prudente y él no los escuchara-. Estaban perdidos y alegaban ser estudiantes de Durmstrang, al principio me lo creí.

Hermione lo observó un momento, en el cual coincidieron sus miradas. Durante unos segundos se mantuvo firme pero luego desistió, bajando su vista hacia el suelo.

-No vestían el uniforme de allí y sus actitudes eran extrañas, además de que no poseían el acento noruego -él caminaba erguido y con la cabeza alta, siempre mirando hacia el frente. A Hermione en ese preciso momento se le hacían eternas las escaleras de Hogwarts-. Intenté acercarme a ellos para hacer amistad…

Hermione no pudo reprimir un bufido y sin pensar las palabras salieron de su boca.

  • ¿Y tú conoces siquiera el significado de la amistad, Riddle?

Detuvieron el paso quedando frente a frente. Hermione llevó su mano a la varita que posaba en su muslo.

-No, sólo mentía -le contestó él muy atento a que reaccionara de esa manera. Aquella chica estaba muy alerta, demasiado diría. Endureció la mirada y pronunció todas las palabras de manera lenta y calculada con el fin de que ella se molestara-. Los repudié como la inmundicia que eran…

Apuntándole con la varita le habló apresuradamente.

-Tú no tienes derecho para hablar así de ellos, estúpido. No sabes nada.

Presionó el objeto contra su mejilla derecha causándole cierta molestia, fulminándolo con la mirada. Él claramente estaba cabreado por la situación, pero estaba segura de que podía llevarlo a más niveles.

-Y tú -comenzó Hermione, acorralándolo contra la fría pared de piedra. Sabiendo que él no tenía intención alguna de sacar su varita siguió con su cometido-. Humano despreciable que no sabe más que arruinarles la vida a los demás, tú no conoces el significado de la amistad.

Bajó la varita y suspirando audiblemente lo miró con nuevos ojos. Pensó en él como no lo había hecho antes .

-Ni mucho menos cosas tan banales como la bondad, gratitud o humildad -bufó mientras guardaba su varita, nerviosa-. Aunque seguramente tampoco has oído hablar de ellas en tu grupito de serpientes.

Enfadada y con un nuevo pensamiento en la cabeza se dirigió a la torre de Transformaciones. Esperó que Dumbledore no se percatara de su ausencia, no quería más problemas, pues debían haber pasado quince minutos desde la última vez que lo había visto.

Mientras, Tom estaba ido. Su primera reacción ante otra persona habría sido sacar la varita pero curiosamente con ella no lo había hecho. Granger no podía hechizarlo aunque tuviera muchas ganas, sólo quería asustarlo, aunque eso no fue lo que le puso los pelos de punta.

¿Por qué sintió que ella tenía razón en cada palabra? No era normal que sucediera en él. De hecho, nunca había sucedido, así que era un completo logro. Nunca le importó lo que dijeran los demás, sólo tenían que respetarlo, temerle y protegerle ante todas las circunstancias. Ya había ciertas excepciones pero eran para sus Slytherin más confiables.

Caminó en la misma dirección que Hermione con el único motivo de averiguar qué sucedía con él y por qué le había dado todo ese sermón. Aceptaría que le dijera desgraciado, pero ella llevaba sólo un día en Hogwarts y no tenía derechos de decirle todas esas cosas sin ningún motivo detrás.

Aunque su turno de prefecto seguramente habría acabado, ahora se encontraba siguiendo las inmundas órdenes de Dumbledore.

Aún sabiendo que aquél hombre tramaba algo se dispuso a seguir su camino, no le gustaba para nada aparentar que caía en sus trampas pero esta vez era necesario.

Al llegar a la puerta removió sus cabellos y cerró los ojos fuertemente. Pensó en que Potter no tuvo tiempo para hablar con Hermione, ya que la profesora Merrythought se la había arrebatado primero. Lo normal sería que ella no supiera nada de él, pero conocía cosas que muy pocas personas sabían.

Él era un alumno ejemplar y bondadoso, sabía agradecer y también poseía humildad, además de buenos amigos. Para los ojos de todos los alumnos de Hogwarts era así.

Se preguntó si ella había sabido todo eso por el intercambio de miradas que habían tenido la primera vez que la vio, esa misma tarde. Había pasado muy poco tiempo desde entonces y ella parecía odiarlo cada vez más y sin explicación.

Eso era lo que le había llamado más la atención. No había hecho ningún hechizo ni nada por el estilo para leer sus pensamientos y era frustrante no saber de dónde provenía. Si no lo descubría por parte de ella tendría que visitar la biblioteca, en especial la Sección Prohibida.

Suspiró y se llevó las manos a la cara. Antes de tocar la puerta pronunció sus últimas palabras.

-Sagrada mierda que traes contigo, Granger… y no sé si será buena o mala.

.

¡Once días después!, soy un desastre. De verdad pensé que iba a terminar el capítulo rápido pero así no fue, lo siento. Aún así confío en que este capítulo está mejor redactado que el anterior pues usé un secretito para mejorarlo :)

Gracias por leer y no me molestaría que me dejaran su humilde comentario.