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Historia 171686 — capítulo 3

Abatida por la repentina desaparición de sus mejores amigos, Hermione decide viajar al pasado para destruir de una vez por todas a Voldemort. Planea asesinarlo en su niñez, pero sus planes cambian enormemente cuando crea un giratiempo y éste sólo puede retroceder cincuenta y cuatro años.

Disclaimer: Harry Potter es propiedad de Rowling. Nada es mío salvo la trama del fanfic y algunos personajes.

Poderoso, altivo e inmortal

Capítulo III- Lo que fuiste ayer no lo serás mañana

Bostezó por tercera vez y sin ganas de taparse la boca, sus ojos se cerraban solos pero aún así Hermione no quería dormirse. No cuando tenía todas las vivencias del día rondando en su mente y sin querer dejarla en paz.

Se sentó en la cama, apoyando lentamente sus pies desnudos en el suelo. Llevaba su ropa de dormir, que consistía en un pequeño short de su época negro con una remera de tirantes de igual color. Luego de la desaparición de sus dos mejores amigos había tenido muchos problemas, entre ellos estaba el gusto por la ropa… gótica. O al menos por los colores oscuros.

Se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja y pensó en Ron. Tenía unas enormes ganas de verlo, aunque probablemente los prefectos o algún profesor la encontrarían infringiendo las normas de la escuela si salía a esas horas. Su reloj de pulsera se había detenido a causa del viaje, así que no sabía con exactitud qué hora era.

Se acostó de nuevo en la cama y procedió a mirar los asombrosos doseles que la adornaban, color verde traslúcido. Tanteó su mesa de luz y al tomar la varita apuntó hacia aquellas telas que tanto la molestaban.

En vez de cambiarlas de color a rojo o dorado, los de su casa, simplemente las esfumó. La idea de tener algo tapándole la vista no le agradaba, y ella creía que era una secuela de lo que había tenido que pasar en la guerra. Tener algo estorbando tu vista no era bueno si querías sobrevivir, fuera lo que fuera.

A causa de un repentino frío se colocó con cierta prisa dentro de las mantas. Se hizo bolita y, abrazándose a sí misma, rogó que su pasado no fuera el mismo que tuviera que vivir la futura Hermione.

Y también recordó con pesar el clímax de la guerra. Voldemort buscaba hasta por debajo de las piedras a Harry y nadie podía detener su cólera; Dumbledore había resultado asesinado en sus manos. Y el Señor Tenebroso, al no obtener pistas del paradero de Potter, decidió recurrir a nada más ni menos que a ella.

Enterró la cara en la almohada con intención de no respirar por un rato. Por su salud mental, había colocado esos recuerdos en un sitio especial de su mente al que no podía acceder así sin más. En su estado normal sólo podía recordar el hecho de que el Señor Tenebroso había ido a visitarla, pero nada más que eso. Aunque presentía que aquél recuerdo había sido una de sus peores vivencias.

Recordaba que pocas semanas antes de viajar en el tiempo había entrado en un estado de depresión grande, en el cual apresó todos los malos recuerdos de la guerra. Había muchas lagunas en su mente pero se había acostumbrado a vivir así.

Sólo recordaba las muertes que menos le habían afectado: Lavender Brown, Dean Thomas, Seamus Finnigan, y muchos más alumnos de Hogwarts.

Giró su cuerpo hacia la puerta cuando escuchó unos débiles golpes provenientes de ella. Rápidamente se levantó y, arreglándose la ropa, abrió.

-Oh, Hermione, sólo quería decirte que ya es mi hora de partir.

La profesora Merrythought estaba delante de ella con una expresión de felicidad, apoyando sus arrugadas manos en un bastón blanco con finos detalles. La capa que llevaba iba a juego y Hermione interpretaba que era de viaje. La anciana hablaba en serio y parecía estar muy decidida.

-Señora Merrythought, ¿puedo preguntar por qué tan repentinamente?

Ella la observó y luego le dijo que se sentara. Cerrando la puerta, Hermione se adentró a la pequeña sala de estar que sólo tenía unos sofás para sentarse y una mesa ratona color café en el centro de ellos.

-Verás Hermione, estaba pensando en retirarme desde hacía tiempo, pero nunca encontré el momento adecuado.

La escuchó con atención en cada palabra. Esa decisión le influía directamente, pues ella era la que le daría clases a Hogwarts. Galatea suspiró profundamente.

-Desde el primer momento supe que eras mi sucesora, algún día te diré por qué… pero ahora tú tienes que dar clases aquí y hacer lo que creas conveniente con los alumnos…

-¿Hacer lo que crea conveniente? -se inclinó más en su asiento, interesada.

Galatea le dedicó una leve risita y procedió a incorporarse.

-Creo que deberías comenzar a leer mi programa de actividades, Hermione, puedes modificarlo a tu gusto.

-Ah, está bien.

-¡Ah! Y también mira los horarios. Hoy empiezas con séptimo de Slytherin y Gryffindor.

Y como si hablara del tiempo, la dama desapareció sin dejar rastro. Hermione se quedó mirando, absorta, el lugar en donde segundos antes estaba la… ex profesora. Ahora era ella y tenía cosas que hacer.

Comenzando a revisar los papeles que había en el escritorio de la habitación de la mujer, Hermione se preguntaba muchas cosas. Decidió no enfocarse en las palabras de la mujer ya que no le encontraría respuesta. ¿Hacer lo que creyera conveniente con los alumnos? Y, ¿por qué ella era la sucesora?

Realmente, no sabía ni sabría la respuesta hasta que esa mujer decidiera decirle. Y eso pasaría en mucho tiempo, presentía.

También, se preguntó si Dumbledore sabía que ahora ella era la profesora. De cualquier manera en algún momento terminaría enterándose.

Así fue como durante toda la noche estuvo ocupada organizando los temarios y adaptándolos a su gusto. No cambió los contenidos, de hecho agregó unas cuantas cosas.

Había bastantes hechizos que ella creía básicos y que no se impartían en ningún curso.

Comenzaría a agregar los hechizos desde tercer año en adelante, los libros seguirían siendo los mismos. Mordiéndose una uña, comenzó a leer los hechizos que agregaría: habían de ataque y defensa.

Incendio, Inmovilus, Petrificus Totalus, Expelliarmus, Desmaius, Bombarda, Confundus, Envertestatil, Jaulío, Cave Inimicum, Expecto Patronum, Impedimenta, Protego, Protego Horriblis, Protego Totalum, Salvio Hexia, Silencius. Se aseguraría que al acabar el año, todos los alumnos de séptimo supieran ejecutar esos hechizos correctamente. No creía que fueran demasiados por el simple hecho de que estaban en guerra y que ya había descartado bastantes de su repertorio. Eliminaría los hechizos de curación, por el momento. Aunque si se daba alguna situación imprevista en las prácticas y alguien salía herido, no dudaría en explicarles cuáles utilizar y cómo emplearlos.

Estirándose en su silla como un gato, sonrió a todos sus esfuerzos. Ya tenía todas las clases planificadas y salidas que quería hacer, todas al Bosque Prohibido.

Se levantó y, tapándose un bostezo con la mano, se dirigió a su habitación. Sin cerrar la puerta tras de sí se arrojó en su cama y miró el reloj. ¡No podía ser, ya eran las ocho menos cuarto!

Se frotó las manos contra la cara y suspiró largamente. Ese día recién comenzaba, y por supuesto, ella estaba preparada para enfrentarse a la realidad.

Se fue a duchar y luego cambiar, sin hacer caso a las modas de esa época. Estaban a principios de otoño, así que comenzaba a hacer frío. Optó por una polera color carmesí con escote en v, una falda negra hasta las rodillas y una túnica del mismo color con detalles rojos en las mangas. En el pelo se colocó una poción alisadora que le ayudó bastante, y un poco de toques mágicos en el rostro para no parecer trasnochada.

Así fue como se dirigió al Gran Comedor. Ya eran las ocho y veinte y muchos estarían desayunando para entrar a sus clases a las ocho en punto. Apresuró el paso, encontrándose a varios estudiantes de diversas casas. Todos sin excepción la miraban con curiosidad, seguramente estarían preguntándose qué hacía ella vestida así. Obviamente no sabían que iba a suplantar a la profesora.

Tras detenerse y observar las puertas por unos segundos, se adentró en ese gran salón. Uno a uno todos los alumnos se giraban a verla, lo cual la intimidó un poco pero no se dejó amedrentar. Con paso firme se dirigió a la mesa de los profesores, la mayoría presentes. Al sentarse en el lugar de Galatea Merrythought, el profundo silencio que se había creado en el comedor se desvaneció. Las voces y rumores comenzaron a expandirse.

-Buenos días -saludó ella a las dos personas que estaban a su lado, Dumbledore en la derecha y Atenya a la izquierda.

-Buenos días, Hermione -le contestó con una leve sonrisa la mujer, tan hermosa como siempre.

-¡Oh, señorita Hermione! Me imagino que estuvo toda la noche ojeando los papeles de Galatea, ¿verdad?

-Sí, así fue -Hermione se alegró de que los profesores tuvieran conocimiento de la situación, sería demasiado costoso explicar todo apurada. Ahora faltaba notificar a los alumnos.

La atención fue pronto dirigida al director de ese tiempo, Dippet. Él estaba intentando implantar orden en el salón para dar el anuncio. Poco a poco todos comenzaron a hacer silencio, al cruzar su vista con Harry su sonrisa se desvaneció.

No había pensado en cómo Ron y Harry aceptarían la situación. Era inusual en ella, pero esperaría a que llegara el momento de enfrentarlos para pensar detenidamente. Por ahora permanecería tranquila.

-El día de ayer hubo un imprevisto en Hogwarts -comenzó Dippet, mirando a todos los presentes. Hermione hacía lo mismo, pero con las mesas de Ravenclaw y Hufflepuff, pues no quería encontrarse con ciertas miradas de ciertas personas-. Una persona se apareció de la nada en uno de nuestros pasillos. Y, tras cierto tiempo y algunas complicaciones -relató él con algo de desdén-. Ella es ahora la profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, ¡denle la bienvenida a Hermione Granger!

Los aplausos emergieron de repente de la sala y Hermione se tuvo que levantar de su asiento y dar las gracias. Los alumnos de aquella época aparentaban ser más respetuosos, aunque pronto comprobaría si en verdad era así.

Cuando los aplausos cesaron faltaban veinte minutos para comenzar las clases. Su salón quedaba en una torre, así que dio unos últimos bocados, se despidió y prosiguió a seguir con su camino.

Con una mirada les indicó a Ron y Harry que la siguieran. Sentía que no debía ser demasiado obvia demostrando su relación: esa sociedad debía ser mucho más cerrada en torno a lo afectivo.

Saliendo del comedor y varios pasillos después, Hermione se detuvo sin darse la vuelta. Escuchó los pasos fuertes y apresurados de Ron acercarse, luego lo vio plantarse frente a ella. Estaba más pálido de lo normal y con la boca levemente abierta, seguramente no se creía que ella estuviera de verdad ahí. Sus hombros estaban más anchos y su cara un poco más delgada, obviamente no se había olvidado de crecer en ese tiempo.

-Her… Her… Hermio…

-¡Ron!

Se abalanzó hacia él y lo envolvió entre sus brazos, apretándolo sin dejarle alguna escapatoria. A ambos les invadió el sentimiento de nostalgia, Ron apretó su agarre a la túnica.

-Yo… creí que nunca te iba a ver, Hermione.

Oh, no, él no podía estar llorando. Mierda que eso la hacía sentir mal, tan mal.

-Y ahora tú… estás aquí… tan de pronto… ¿cómo? -Comenzó a soltar más lágrimas, mojando su vestimenta-. Ade...más, ¿Po...r qué no lloras?

Tragó grueso y se separó un poco de él, limpiándole las lágrimas. Seguía comportándose como un niño, la verdad es que eran muy diferentes las reacciones de Ron y Harry. Tan dispares…

Lo miró a los ojos, completamente rojos, y se dispuso a contestarle como la piedra que era.

-Perdón, Ron, yo no puedo… llorar. Yo… De verdad lo siento.

-¿Por qué? -Preguntó cuando por fin sus lágrimas estuvieron secas a causa de su manga. Hermione había hechizado su capa para que se secara-. ¿Y cómo es que puedes usar magia no verbal y sin varita con tanta facilidad?

-Ron -lo tomó por los hombros y lo observó fijamente-. Esta charla no se dará ahora, nos quedan cinco minutos para llegar a la torre, andando. Por cierto, ¿y Harry? -Preguntó al no verlo en ningún lado.

-Seguramente se fue para darnos más privacidad, debe estar esperando en el aula.

Hermione asintió y comenzaron a caminar, sin dirigirse palabra en ningún momento. Cuando fuera el momento, le había dicho.

Antes de llegar a la puerta del aula comenzaron a escuchar a los estudiantes hablar. Si se hubieran quedado unos minutos de más charlando, no habrían llegado a tiempo.

Pasó por entre todos los estudiantes sin dirigirles mirada. Hizo abrir la puerta mágicamente y se adentró en la sala. Como todos vieron que Ron entraba con ella, decidieron hacer lo mismo.

Los cuchicheos no paraban, Hermione inspeccionaba disimuladamente el salón mientras sus alumnos se sentaban. La división entre Slytherin y Gryffindor era clara, y se alegró de que fuera así. Su cabeza se adaptaba a la idea de esas dos casas enemistadas.

-Como dijo el profesor Dippet en el desayuno -comenzó Hermione pasando la mirada por los presentes-. Yo seré su nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras. Dime tu nombre -le preguntó al primer chico de la fila derecha, donde se ubicaban los Slytherin.

-Abraxas Malfoy.

-"Y podría distinguirlo a mil kilómetros" - Pensó ella con una leve sonrisa.

-Avery.

Y así fueron presentándose uno a uno. Bancos atrás del primero, se encontraba sentado Riddle, observándola apaciblemente. La verdad es que no expresó ningún pensamiento por si él lograba escucharlo, no quería estar perturbada durante toda la clase, la sola presencia de ese chico la hacía estar incómoda.

-¿Tu nombre?

Él durante unos segundos no dijo nada, simplemente mantuvo el mentón apoyado en la palma de su mano.

-Tom Riddle, profesora Granger…

Obviamente, frente a toda la clase, él no podría llamarla "maldita perra". Ella le sonrió falsamente y procedió a mirar al siguiente, ignorándolo. Durante el resto de las presentaciones sintió la profunda y penetrante mirada de Riddle en su cara, obviamente estudiándola. Él seguramente estaba enfadado, porque ahora ella no era una simple persona. Era una profesora y eso lo hacía mayor que él, sobre todo en autoridad.

Al terminar, se alegró de conocer bastantes apellidos de la casa Gryffindor. No podía decir lo mismo de los Slytherin, los malditos seguían generaciones y generaciones en la misma casa.

-¿Alguna pregunta?

Tras unos leves segundos, una chica de Gryffindor levantó la mano tímidamente.

-¿Usted vino a esta escuela? ¿Cuántos años tiene?

-Podría decirse que sí, cursé en Hogwarts y en Gryffindor -hubieron unos cuantos silbidos provenientes de esa casa a lo que ella sonrió-. Actualmente tengo diecinueve.

-¡¿Diecinueve?!

Ron no fue el único que se levantó de pronto, así que pudo pasar desapercibido. Harry le tiró de la manga, haciéndolo volver a su asiento. Obviamente también estaba sorprendido pero lo manifestaba de manera diferente.

-¿Pero por qué tan joven? -Preguntó una chica de Slytherin, una tal Black si Hermione no recordaba mal.

-Porque tengo la capacidad suficiente. Apuesto a que si tú te esfuerzas también podrías conseguirlo.

-Uno no consigue experiencia sólo con lo teórico.

Para su sorpresa el que había dicho esto era el mismísimo Tom Riddle. Callado desde su asiento seguía observándola sin preocuparse de su entorno.

-Tiene razón señor Riddle. Para impartir esta materia se requiere práctica… en mi caso, del campo de batalla.

-¿Estuvo luchando contra Grindelwald? -le preguntó un chico de Gryffindor viéndola como su heroína favorita. Hermione sonrió levemente por su actitud.

-Alguien mucho peor, pero luego les hablaré de él -sacó del bolsillo de su túnica una pequeña caja que al apoyarla en el escritorio se agrandó.

-Merrythought me dejó modificar los programas y eso es lo que hice. Hoy les tomaré una evaluación para determinar su nivel y para así saber dónde comenzar.

Una a una las pruebas que antes estaban en esa caja comenzaron a flotar y a posarse en los escritorios de cada alumno. Todos se miraban entre sí algo asustados.

-Profesora, algunos de nosotros necesitamos estudiar antes de una evaluación -dijo un Gryffindor que no alcanzó a reconocer.

-No es necesario estudiar si prestas atención en clase, chico. Además, para esta prueba es mejor no estudiar, así te evaluarás con sinceridad.

-¡Pero son tres hojas! No podremos terminarlo en tan poco tiempo -exclamó una Slytherin.

-Empieza ahora si quieres alcanzar. Les quedan… ¡una hora y media!

Absolutamente todos se concentraron en su trabajo. El rozar de las plumas contra la hoja no paraba y Hermione sonrió, no sabría cuáles podrían ser los resultados pero confiaba en que no tendría muchos Trolls.

Pasó la mirada por los Slytherin y se encontró nuevamente los atentos ojos oscuros de Voldemort, al menos no eran rojos. Él seguía con su mentón apoyado en la palma de la mano, debía estar realmente cómodo. ¿Quería ponerla nerviosa o qué, por eso no paraba observarla?

-¿Quieres terminar tu trabajo, Tom? -Inmediatamente él frunció el ceño y el ambiente cambió. Hermione creía ser la única que sentía la magia emanar de Riddle.

Oh. ¿A él no le gustaba ser llamado así? Qué lástima… pues lo haría seguido. Cabrón.

-Me he tardado sólo cinco minutos en hacer su patético cuestionario, profesora -le "comentó" cuando por fin se acercó a ella a entregarle el trabajo.

Cara a cara, Hermione tomó las hojas y comenzó a mirarlas. Con su impoluta letra y correcta ortografía, Voldemort estaba acertando en todas las preguntas.

Tom sabía que no tenía errores, así que de una manera arrogante la observaba leer. Luego ella le entregaría el papel y le diría "Felicidades hijo de puta, te has sacado un diez". Y él estaría contento por el simple hecho de haberle ganado. En su mente, seguía presente las veces que se encontraron y que se comunicaron entre sí de manera misteriosa. Pues sí, no había encontrado ninguna solución a eso y la verdad es que no sabía tampoco cómo se había originado. Había decidido que esperaría un par de semanas antes de decidir algo, mientras seguiría buscando información.

-Error, Riddle.

Los alumnos iban terminando y escuchar esas dos palabras les hizo a todos observar la situación.

Él, con las manos en los bolsillos del pantalón, alzó las cejas.

-¿Disculpe?

-Te has equivocado, Riddle -le mostró la primera página, punto ocho-. Cuando te dije que nombres todos los Protego y sus características, te olvidaste del Protego Totalum.

Él frunció el ceño y procedió a observarla algo curioso.

-No existe un tal Protego Totalum, profesora.

Él parecía estar tan seguro que Hermione se atrevió a dudar mucho de sí misma.

Hermione alzó las cejas en sorpresa y disimuladamente se fijó en su clase, que también le devolvía la mirada. Envió su atención a Harry y Ron y ellos asintieron con la cabeza.

Sí, iba a procurar no cometer esos errores.

-Vuelve a tu asiento Tom, que les explicaré a todos qué es el Protego Totalum.

Esa, esperaba, sería la última vez que tendría que arreglar una situación como esa. Tom Riddle era de pensamiento rápido, y estaba segura de que cosas como esa no pasarían tan desapercibidas. No era momento de comenzar con las sospechas.

.

Soy como una HDP...

Ja ja...