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Historia 171686 — capítulo 5

Abatida por la repentina desaparición de sus mejores amigos, Hermione decide viajar al pasado para destruir de una vez por todas a Voldemort. Planea asesinarlo en su niñez, pero sus planes cambian enormemente cuando crea un giratiempo y éste sólo puede retroceder cincuenta y cuatro años.

Disclaimer: Harry Potter es propiedad de Rowling. Nada es mío salvo la trama del fanfic y algunos personajes.

Poderoso, altivo e inmortal

Capítulo V- ¡Vamos a Hogsmeade!

Podía jurar por su madre que el día se le estaba haciendo tan eterno que terminaría por acabar con algún tipo de enfermedad mental incurable. Ella mantenía la calma en absolutamente todos los ámbitos y ocasiones, pero ese día algo andaba mal. Tom-rey de las serpientes-Riddle la había besado y lo peor era que Hermione había accedido gustosa. Trataría con lo que estaba en su poder de evitarlo a toda costa, a él y a su séquito; aunque después de todo tendría que darles clases.

Suspiró por duodécima vez colgándose la mochila en el hombro. Luchaba por no dormirse, pero sus ojos aún permanecían abiertos por alguna fuerza misteriosa.

Al salir del salón sacó su varita y pronunció un hechizo para cerrar la puerta. Su cansancio había ido en aumento por la utilización de los no verbales y sin varita, pero a sabiendas de que éstos le hacían mal los había empleado de todas formas.

No habían demasiados alumnos andando por los pasillos, seguramente la mayoría se encontraba en sus salas comunes. Ahora le tocaba dirigirse al despacho del director Dippet, y dudaba de que él le diera tregua. Él intentaría de alguna u otra manera bajarla del puesto o simplemente ofenderla.

—Buena suerte con eso, vejete.

Sonrió disimuladamente mientras descendía escaleras para llegar al tercer piso, cruzándose a varios Gryffindor que no reconoció y a otros Ravenclaw de séptimo. Se preguntó qué estarían haciendo Ron y Harry, ¿la habrían ido a buscar? Pensándolo bien, no les había dicho nada sobre el asunto con Dippet…

Con los pensamientos arremolinados en su cabeza se plantó frente a la gárgola de la oficina, que no le permitía la entrada. Nadie le había dicho la contraseña y ella se había olvidado de preguntar, ¿qué tenía que hacer, entonces?

Antes de que se diera cuenta, las escaleras empezaron a mostrarse y ella comenzó a subirlas rápidamente, deteniéndose de manera súbita al llegar a la puerta del despacho. Tocó varias veces casi pareciendo impaciente.

Al recibir el consentimiento del hombre, entró y cerró la puerta tras de sí. Escuchó el trazado de una pluma y se dirigió hacia el origen del sonido, el director Dippet estaba enfocado sólo en sus papeles, además de estar ignorándola, obviamente.

Se aclaró la garganta bien fuerte y se cruzó de brazos, esperando alguna respuesta: no hubo caso.

Esa habitación aún le hacía recordar los viejos tiempos: cuando Dumbledore era el director y sus compañeros estaban vivos.

—Señor Dippet, usted me había citado hoy a su despacho. ¿Para hacerme algún tipo de prueba, quizá…? —Inquirió bajo.

Dippet levantó la mirada unos centímetros, estaba inusualmente calmado con ella. No había hecho ningún comentario mordaz y tampoco parecía tener malas intenciones, ¿se habría olvidado de su encuentro?

—Siéntese por favor, profesora Granger. Usted me contestará unas preguntas y luego procederá a hacer un examen escrito. Para comenzar, preséntese de manera formal y detallada.

Tragó saliva y pensó que lo mejor sería terminar allí rápido, no quería cometer más errores de los necesarios.

—Mi nombre es Hermione Jean Granger, tengo diecinueve años y nací aquí en Inglaterra, el diecinueve de septiembre. De pequeña me fui a vivir a Francia con mis padres muggles y allí acudí a la escuela Beauxbatons —no tenía coartada pero dudaba de que Dippet contactara con la directora de ese colegio para corroborar la información.

—Luego de egresarme me dediqué a curar a los heridos que producía el ejército de Grindelwald, para luego participar activamente en la guerra.

Dippet desde su asiento la escuchaba atentamente. Ella ya había dicho eso antes, de haber luchado contra Grindelwald, pero se negaba a creerlo. A pesar de que no le agradara aquella chica, reconocía que había que tener agallas para participar en la guerra y suerte para sobrevivir. Talento, además, si sus cuentas no fallaban ella había estado dos años en campo de batalla. Y todos reconocían que los últimos años la guerra había aumentado su crueldad, número desaparecidos, torturas y muertes. Se atrevió a preguntarle aquello de lo que dudaba.

— ¿A cuántas personas ha asesinado, profesora Granger?

Al no esperarse esa pregunta alzó las cejas. Había notado un deje de preocupación en la voz del viejo, por lo que contestaría con un poco de la cruda realidad, su realidad.

—Algunas, director… —añadió con parsimonia.

— ¿Y qué hechizos utilizó?

Hermione tragó grueso mientras endurecía su mirada. De manera inconsciente y con la mirada perdida decidió no recordar a quienes había asesinado.

—Director Dippet, no me haga recordar aquello que me tortura, por favor.

Hermione pestañeó varias veces seguidas, intentando disolver las pocas lágrimas que amenazaban con salir, después de todo ya había llorado muchos por ellos: ahora esa práctica era completamente inútil.

—Tome —él le colocó frente a ella un pergamino con aroma a nuevo—. Cuando termine, puede irse, no hace falta que me lo comente.

Y así fue como el hombre continuó con su trabajo, haciéndola sentir como si fuera la única en la sala. Ella suspiró interiormente y tratando de olvidar las preguntas del director procedió a desenrollar el pergamino.

Las preguntas habían sido bastante más básicas de lo que creía. Comenzaba a dudar de si el director se lo había hecho fácil o simplemente no tenía muchos conocimientos de Defensa Contra las Artes Oscuras. Sin embargo, ahora eso no le importaba ya que tenía la seguridad de haber contestado el cuestionario correctamente.

En la soledad de su habitación ella se encontraba con la mirada perdida. Ahora que estaba en su cama queriendo dormir, no podía.

—Ya veré a Ron y Harry luego… espera hasta mañana Hermione, no quieres ser impaciente…

Se giró para quedar mirando hacia la puerta apoyando el rostro en su brazo derecho. Bostezó mientras se metía dentro de las sábanas.

Luego de pensar bastante rato en sus dos mejores amigos y al quedarse sin tema, su cabeza la re direccionó hacia Tom Marvolo Riddle. La primera vez que lo había visto había sido en su llegada a Hogwarts, él estaba entre los profesores y habían intercambiado miradas. Y justamente en ese momento se le había ocurrido insultarlo, pero en su mente. ¡Él la había escuchado perfectamente, por Merlín! ¡Hasta le había respondido!

Y no muy gratamente, recordaba. Ese intercambio no la enojó, simplemente la confundió, ¿cómo es que podían hacerlo? Ninguno de los dos había producido ese tipo de contacto intencionalmente.

La segunda vez que se encontraron fue ese mismo día, pero luego de la amena-*más bien estilo interrogatorio-*charla con Dippet y Dumbledore. Ese director la había puesto de los pelos con su arrogancia e ignorancia, era como si incitara a pegarle. Criticar su apariencia y luego personalidad, el hombre no se daba cuenta con quién trataba…

Rió mientras colocaba una mano en su frente. ¡Vaya, ahora ella sonaba como una engreída de mierda!

—Oh, perra. Quería verte.

Recordaba esa frase claro como el agua. Hermione se había exaltado un poco ya que él había utilizado esa conexión que tenían voluntariamente. Encontraba una ventaja de ser profesora: Tom Riddle ya no la llamaría perra. ¡Ja! Como si eso fuera a suceder; sólo faltaba que él tomara un poco más de confianza y la llamaría hasta amorcito.

Rogaba, rogaba porque él no hiciera nada más. Habían pasado sólo dos días y ya habían mantenido charlas-discusiones, se habían amenazado mutuamente y se habían besado y coqueteado. Él había coqueteado, que quede claro que no había sido ella.

Todo en unos malditos dos días, dos condenados días que fueron los más lentos de su vida.

Luego de que Dumbledore los dejara a solas mientras caminaban rumbo a su despacho, habían tenido un momento bastante tenso. Ella seguía pensando en él como el Voldemort de su época, cada vez que lo veía tenía ganas de hechizarlo y hacer que todo terminase por una vez. Pero como sabía que no podía hacer eso justo en ese momento, se abstenía.

—No, sólo mentía. Los repudié como la inmundicia que eran…

Su sangre hirvió al recordar cómo ese bastardo insultaba a sus mejores amigos. Al parecer, Ron y Harry no habían perdido el tiempo tanto como había creído: ya se habían hecho odiar por los Slytherin.

Y cuando los defendió, delató enormemente que mantenía una estrecha relación con ellos.

Al recordarle a Tom Marvolo Riddle que él no poseía bondad, gratitud o humildad, se abrió una puerta ante ella. Era una posibilidad remota-muy, muy remota-, pero si no podían asesinarlo estando en Hogwarts y siendo menores de edad (ellos), no encontraba otra solución.

Bostezó por última vez antes de caer dormida, con un último pensamiento en su cabeza.

¿Sería tan imposible humanizar a Tom Riddle, futuro Lord Voldemort?

Después de todo, eran tres: debían obtener algún resultado.

.

Sábanas, hacía calor: se convertían en una molestia. Balbuceó unas cuantas cosas ininteligibles mientras que miraba hacia los costados en busca de una fuente de luz para así saber qué hora podría ser. Mala suerte, su cuarto se encontraba en las mazmorras.

Dejó caer su cuerpo nuevamente hacia el colchón mientras abrazaba su almohada y frotaba el rostro contra ella, pensando.

—Sábado… ¿O Domingo? No, debe ser sábado… esta almohada es tan suave…

Pero sentía como si hubiera dormido dos días seguidos.

Alejó con un pie de sí misma las sábanas que la cubrían: maldición que tenía calor, estaba casi transpirando. Se desperezó mientras se levantaba y con una mano se frotaba los ojos, no quería ni saber cómo estaba su cabello, casi de manera automática todas las mañanas se bajaba un frasco de poción alisadora.

Así fue como una hora después, Hermione salía de su cuarto para dirigirse al comedor: con suerte interceptaría algún horario de comida.

Al subir los pisos y salir de la maldita mazmorra en donde se encontraba, descartó inmediatamente que fuera el desayuno, afuera se encontraba demasiado despejado y luminoso: los pájaros cantaban y el sol se encontraba en lo alto.

Ya en la puerta del comedor, entró y tuvo la suerte de que fuera la hora del almuerzo, todos los alumnos estaban en sus mesas engullendo lo que tenían en sus platos. O los que habían, en realidad: era fin de semana de Hogsmeade y tres cuarta parte del colegio se encontraba allí. Increíblemente, se había enterado que los de segundo también podían salir al pueblo.

Sonrió levemente mientras avanzaba hacia la mesa de los profesores, a su vez en busca de la mirada de Harry o Ron. Al encontrarlos no se detuvo, pero los saludó con un asentimiento de cabeza que fue devuelto.

—Harry, ¿no te parece que Hermione está muy distante? Ya no quiere pasar tiempo con nosotros…

Ron estaba comiendo de manera tranquila y sin atragantarse, lo cual era muy raro en él. Harry se había dado cuenta de eso por lo que supuso que era un tema bastante serio para su amigo pelirrojo. Miró a Hermione, que estaba sentándose en su mesa. Ese día estaba bastante bonita, su look había cambiado bastante al de su tiempo. Su pelo estaba alisado y su túnica era completamente negra pero no opaca, sabía que no llevaba maquillaje pero lo aparentaba.

—Ella es una profesora Ron, no puede saludarnos así sin más ni pasar tiempo con nosotros como antes, tiene otras obligaciones, ¿acaso no quieres que te corrija el trabajo que nos dio ayer?

Ronald se quedó pensando absorto durante unos segundos aquello que le había dicho Harry. En realidad él sólo se quejaba porque extrañaba la presencia de su amiga junto a ellos, además de que notaba un gran cambio en ella que no sabía si le gustaba. Obviamente ella estaba "grande", tenía diecinueve y había pasado bastante tiempo desde la última vez que los había visto, así que era comprensible que estuviera algo cambiada. Para ellos había pasado nueve meses, para ella dos años.

Así fue como ambos terminaron de comer y se dirigieron hacia la entrada del comedor, esperando a que Hermione acabara con su comida. Harry no la quería apurar en eso ya que quería hacer que ella comiera todo lo que pudiera debido a su estado.

— ¿Qué crees que nos dirá? —le preguntó a Ron mientras se acomodaba las gafas.

—No tengo ni la menor idea, Harry. Ha pasado mucho tiempo y sabes lo impredecible que es Hermione.

.

—Y así fue cómo llegué aquí, chicos. Siento haber hablado tanto pero era indispensable que ustedes supieran todo esto —dijo, haciendo fondo blanco con su cerveza de mantequilla. No alcanzaba a estar borracha, pero sí estaba algo tomada. Hacía bastante tiempo que no aprovechaba su tiempo para beberse tantas.

Ambos se habían quedado con muchas preguntas pero sin palabras. Ron estaba casi con la boca abierta y reflexionaba todo lo que había sucedido mientras ellos no estaban en su época. Todas las personas que habían muerto, compañeros de Hogwarts y aurores, hasta civiles…

— ¿Qué pasó con Ginny? —Le preguntó Harry, mirándola a los ojos y esperando una respuesta sincera— ¿Ella…?

A pesar de todo, a Harry siempre le había gustado la pelirroja, pero luego de viajar en el tiempo tuvo que inclinarse hacia Hermione. Nunca había reconocido la falta que le hacía la castaña hacia ese momento, no era lo mismo bancarse a Ron todo el día solo que acompañado.

—No puedo recordarlo, Harry. Hubieron tantas cosas que me torturaban tanto, que decidí simplemente borrarlas: puedo parecerles una inútil, pero…

Hermione hipó y tomó otro largo trago de su vaso, que se iba llenando a medida que la cerveza disminuía.

Las Cuatro Escobas estaba atestada de gente: la mayoría obviamente, alumnos de Hogwarts. El negocio estaba adornado con los colores de las cuatro casas, y ellos se encontraban en una mesa de una esquina, aunque poseía los colores de Slytherin.

—Me pregunto cuándo dejarán de colocar este horrible color —exclamó Ron mientras movía la cortina con los colores de su casa menos preferida—. Todavía no se dan cuenta de que les arruina la decoración, además es feo.

Algunos que pasaban se la quedaban mirando rara y según ella, pensando lo horrible que se veía borracha. Supo que sería mejor irse cuando algunos alumnos ya empezaban a cuchichear mirando en su dirección: se imaginó los rumores, seguramente dirían que ella estaba saliendo con Harry o Ron, o los dos a la vez.

—Hermione, Harry —los llamó el pelirrojo—. Miren, allí va Tom Riddle.

Señaló al chico que caminaba con paso apresurado, ondeando la túnica a su paso. Pronto dejaron de verlo gracias a la multitud que había, también, en la calle.

Hermione los miró y dudó en decirles que había tenido varios encontronazos con él: al menos no ahora. Tenían que encontrar una solución al problema y las cosas que había hecho sólo enmarañaban la situación.

—Chicos, ¿quieren ir a Cabeza Puerco un rato? Y me cuentan un poco de lo que pasó en este tiempo…

Ellos asintieron y ponto se dirigieron hacia el lugar, reconociendo al instante que había demasiada gente intentando escuchar su conversación. Hermione se preguntó por qué mierda eran tantos Slytherin los que los observaban, entre ellos estaba Abraxas Malfoy: se hacía obviamente el pelotudo.

—Malditos Slytherin metiches…

Se hacía francamente difícil caminar a causa de toda la gente que había, algunos la golpeaban y ni se detenían a disculparse. Metros después de Honeydukes ya no hubieron tantas personas. A excepción de una chica, de pelo negro y completamente lacio, se paró frente a ellos y miró sólo a Harry. Qué irrespetuosa.

Harry, al ver que la chica no se movía ni pensaba hablar primero, comenzó.

—Jacqueline, ¿quieres moverte?

—Harry, yo… —ella comenzó a jugar con sus dedos, aparentando estar nerviosa. Ron la miró con cara de fastidio y Hermione curiosa. Harry por su parte, estaba que la mandaba a la mierda.

— ¿Si, Jacqueline? —La apuró.

—Yo quiero hablar contigo… por favor —la chica miraba hacia el piso avergonzada. Hermione le dio un codazo en las costillas a Harry, que casi profirió un gemido de dolor. Harry la miró acusadoramente a lo que ella le sonrió ampliamente.

—Ve, Harry, o si no…

La mirada que le dio Hermione le hizo tragar grueso. Nunca había visto un lado tan amenazador por parte de ella, asintió y se dirigió con Jacqueline lejos de allí. Ella, como siempre, iba colgada de su brazo como una bolsa de papas, completamente feliz.

Avanzaron unos pasos y Hermione le preguntó a Ron quién era la chica.

—Desde que llegamos está detrás de Harry y no lo deja ni un día en paz, te lo aseguro. La verdad, no lo envidio.

Continuaron su ruta viendo escaparates y entrando a las tiendas que consideraban interesantes, comprando algunas cosas pequeñas. Hermione había conseguido unos jabones con muy rico aroma que difuminaban cicatrices, mientras que Ron se había comprado algunas bromas estilo Weasley's.

Hermione divisó a lo lejos una librería que no había en su tiempo. Entusiasmada, tomó de la mano a Ron y lo condujo rápidamente hacia el escaparate, el cual poseía demasiados libros de su gusto. Sin previo aviso se adentró en la tienda, aún cargando a su amigo que de manera reacia también la acompañaba. Sonó una campanilla y el hombre de la tienda los saludó amablemente, los dos correspondieron el saludo y Hermione le preguntó dónde se encontraba la sección de Encantamientos.

La librería era la mitad de grande que la biblioteca de su colegio, y la de Hogwarts era una de las más completas del Mundo Mágico. Soltando la mano de su amigo pelirrojo comenzó a bajar con magia todos los libros que le interesaban, apuntándolos con su dedo y llevándolos hacia una mesa cercana.

—Hermione, ¿cómo puedes usar ese tipo de magia así?

— ¿Así cómo? —le preguntó con una sonrisa, absorta en sus libros que cada vez eran más.

—Así, sin varita y no verbal… ¿has estado practicando todos los días?

—Ron —Hermione detuvo su búsqueda y se plantó frente a él con los brazos cruzados, mirándolo acusadoramente—. Siempre he hecho esto con los libros, pero parece que no te habías dado cuenta…

Los estantes eran bastante altos y poseían escaleras móviles que ella no se molestaba en utilizar. Ya había conseguido los libros suficientes, se dijo mientras miraba los tomos y sus títulos.

—Debía esperármelo… —empezó él con una risita, tomando un libro entre sus manos como si fuera algo de otro mundo—. Ya estás buscando cómo volver en el tiem…

— ¡Ronald! ¿Puedes callarte por una maldita vez en tu vida? Por Merlín…

Él se disculpó y, cabizbajo, la siguió durante todo el camino de vuelta. Hermione le había pagado al hombre, quien había estado realmente contento de haber recibido tanta suma de dinero en un solo día. Los libros que había adquirido eran realmente caros, pero podía pagarlos sin ningún problema.

Tom salió de la tienda, mirando cómo aquéllos dos se alejaban entre la multitud. Frunció levemente el ceño mientras intentaba relacionar todos los hechos de esos pocos días en donde la mujer había ingresado a Hogwarts sin previo aviso. Nunca se lo había esperado, había dudado mucho y hasta había creído en posibilidades muy remotas. Pero nunca hubiera podido creer, sin hechos concretos, que ellos eran viajeros del tiempo. Ahora, sabiendo esto, podría actuar con más cuidado. Había enviado a Abraxas a seguir a la profesora a cualquier lado que fuera, sin ser tan obvio ni descubierto, esperaba que hubiera recaudado algún tipo de información. Aunque lo que lo mantuvo distraído el resto del día fue el hecho de averiguar por qué estaban allí, en una época diferente y los tres juntos.

¿Debían tener algún tipo de misión, verdad?

.

Bueno, acá está este cap. Estoy en la casa de mi tía subiéndolo ya que en la mía no hay internet hace como una semana, por eso el retraso.

Espero que les haya gustado y gracias por los reviews, me animan mucho C: