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Historia 171782 — capítulo 1

|Capitulo Uno|

Empuje con mis manos la silla, por el pasillo de la escuela. Mi mochila estaba colgada en la espalda de la silla, y mis libros sobre mi regazo. Pude ver todas las miradas de pena clavadas en mi, ninguna que demuestre que necesito ayuda. Ninguna que me quiera. Bajo la mi mirada, haciendo que mis ojos no se encuentren los de los demás, porque se que no tardare demasiado en llorar y no quiero hacerlo frente a todos. Todos me siguen mirando por ser la nueva en la escuela. He pasado por unas diez escuelas, porque en todas los chicos me miran con pena, pura pena. Eso me amarga la vida. No quiero ser recordada como "la pobre Emma". Llego hasta la entrada del elevador, e intento oprimir el botón para llamarlo, pero no llego. Alguien lo aprieta por mí, volteo, y veo a una chica, de mi edad, ojos claros y pelo largo, hacia un costado. Lleva ropa mezclada: abrigo azul de hombre arremangado, una camiseta roja, jeans ajustados y unas zapatillas negras. Extiende su mano hacia mí con una sonrisa. —Tania, Tania Sheyla Hutcherson—me dice, aun con su mano extendida. Me fijo en su mirada; no hay pena, hay felicidad y alegría en ella. No muestra ningún arrepentimiento hacia mí, y tiene una sonrisa que invita a confiar en ella. —Emma, Emma Mare Greisen— le respondo, tomando su mano. La estrecha, y notamos como el elevador se abre. Intento empujar, pero Tania me gana poniéndose detrás. —Yo te ayudo—me dice, y me empuja, hacia adentro del elevador. Sonrío, y ella oprime el botón del segundo piso. Las puertas del elevador se cierran, y Tania vuelve a hablar. —No les des importancia a las miradas de pena que ellos te da— me dice, con una mueca en su rostro— Son algo inútiles para darse cuenta que necesitas ayuda. Yo fui anoréxica en un momento, y todos me miraban con pena. Nadie me ayudaba, solo mi hermano. No es que les tenga odio, pero rencor si tengo. La mire asombrada. Ella me entendía, y recién la conocía. Me fije en que llevaba libros de lectura en sus manos, algo que yo también llevaba. Teníamos un libro en común en nuestras manos. Alce el libro para que lo mirase, y ella me sonrió. —Es mi libro favorito— me muestra el suyo y le devuelvo la sonrisa— ¿Es tu primer año? No te vi en los anteriores —Como no verme, ¿verdad?— pregunte, y ella bajo su mirada, lamentándose— No, por favor, lo decía de broma. No te pongas mal… —Igual, no es que no siento pena por ti, solo que, se lo que se siente solo recibir miradas— me sonríe, por cuarta o quinta vez y las puertas se abren. Se coloca detrás de mí, y empuja la silla hacia adelante— Me gusta tu cabello— me dice. Mi pelo llega por un poco más debajo de los hombros, color castaño y es algo despeinado—¿Qué clase tienes ahora? —No me creerás pero, tengo deportes— le digo, mirándola. Ella rió, y bajo su cabeza. —En esta escuela son un poco inutiles, ¿no crees? Digo, porque saben que te sucedió y te ponen deportes en tu horario. Insensibles— me dice, y yo reí junto a ella. —¡Tania!— se escuchó una voz detrás de nosotras. Tania giro mi silla, dejándome ver quien la llamaba. Una chica rubia, con el pelo recogido en un rodete y su flequillo dividido al medio cayendo por su rostro, de ojos claros como el agua cristalina. Los de Tania eran verdes con poco de marrón, mientras que los de esta chica, eran completamente grises. Llevaba una musculosa de rosa chillón, un pescador blanco, y chanclas del color de la remera. —¡Hola!— me saludo alegremente— Me llamo Katherine, Katherine Jones— me tendió amablemente la mano. Se ve que ella y Tania son las únicas alegres de esta escuela. La tome y la estrechamos. —Emma Mare Greisen— le respondí y ella aplaudió con una sonrisa chillona. —¡Ay! ¡Eres la nueva! Te estuve buscando por todos lados para darte la bienvenida. Estaba llamando a Tania para que me ayudase— Me empezaba a caer bien Katherine. —Bueno, se ve que te ayude— le respondió Tania, y Katherine la miro. —¡Gracias!— le dijo, y la abrazo. Se ve que se conocían de antes, y que eran amigas—Tania es mi mejor amiga, la conozco de hace unos años. Yo la ayude cuando más lo necesitaba… —Te lo dije— dice Tania, mirándome, y separándose de Katherine— ¿Sabías que los idiotas de la escuela le pusieron en el horario, a Emma, Deportes? —Insensibles— se quejó Katherine y yo reí. Eran tan para cual. La campana sonó, y Tania volvió a empujarme hasta la sala de educación física, donde me encontré; al típico grupo de Porristas, al grupo de Basquetbol, y pienso que afuera está el de Futbol Americano.. Tania y Katherine me pusieron a un lado de la banca donde ellas se sentaron, y nos quedamos hablando de estupideces, evitando el tema de nuestros problemas pasados… y presentes del mío. —Y entonces… ¡EH, BICHO FEO!— grito de la nada Tania, levantándose de su asiento, y alzando y agitando su mano. Un chico volteo, tal vez un año mayor que yo, y la miro a Tania con una sonrisa. Era morocho azabache tal vez, y de sonrisa hacia el costado. Camino hacia ella, y alzo la mano para chocarle los cinco, al igual que a Katherine, y al igual que a mí. Tampoco le importo en que ando. —Ella es Emma, es nueva— me presenta Katherine, y el muchacho me mira. Sus ojos son iguales a los de… Tania, hasta iguales de expresivos llenos de vida. —El es mi hermano, quien me ayudo además de Katherine— el chico me estira la mano con su sonrisa torcida— Emma Mare Greisen, el es Josh Hutcherson

El me sonrió, con la misma sonrisa de Tania esta vez, y se agacho a mi altura. —Un gusto conocerte, Emma— me vuelve a sonreír. Creo que Tania y Josh nacieron para sonreír— Espero que la pases bien este año…—volvió a levantarse, y se fue con el grupo de chicos que estaba antes. —Eso espero…—susurre. Katherine y Tania me miraron sonrientes. No entendí el porqué de sus miradas— ¿Qué? —Eres la primera que no dice "Tania, tu hermano esta bueno"— me dice Katherine y yo río. —O "¿Me lo prestas una noche?" como Wendy, ¿recuerdas?— le pregunto Tania a Katherine y ambas rieron. Reí junto a ellas; que chicas atrevidas. Una mirada se posaba en mí. La busqué con la mía, para encontrarme con una chica pelirroja, de pelo largo, y de ojos oscuros, que hasta de lejos te darías cuenta. Pero lo malo, es que llevaba su uniforme de porristas. Hay no… creo que una porrista que me mire así no significan buenas cosas. Aquella chica rió con sus amigas, mirándome a mí. Baje el rostro, para hacer que no me di cuenta de ello, pero las carcajadas cedían y cedían. Sentí como los brazos de alguien rodeaban mi cuerpo. Alce la vista, y vi a Katherine en cuclillas, a mi lado. Pero Tania estaba parada, apretando fuerte los puños. —¿Qué tu no tienes otra cosa que hacer, Lucile?— le grito. La pelirroja se llamaba Lucile. Lucile miro a Tania esta vez. —¡Pero si es la anoréxica! ¿Qué hay con tu cuerpo?— le grito y rió, junto a sus amigas— ¡Son el grupo de las perdedoras! ¿Qué no se dan cuenta? Y, sumándole a aquella chica de ruedas, bueno, se arruinaron la vida —¿Tu te quejas de ellas, Lucile?— saltó Josh esta vez. Se posó de brazos cruzados frente a ella, y dos chicos atrás. —Ay, por dios Joshi, solo jugábamos— le dijo Lucile, de manera sensual. El hiso una mueca. —Bien, entonces yo también juego— le dijo, y vi a Tania sonreír— ¿Por qué te sigues arruinando la vida, si sabes que ya la tienes arruinada? Digo, por la enfermedad de tu padre, por la muerte de tu hermano… —¡Josh!— le grito ella— ¡Juraste nunca decirlo! —Y tú juraste nunca molestar a mi hermana con lo que sucedió— le dijo él, victorioso. Sonreí y el dirigió su mirada a la mía— Y puede que Emma no camine, pero puedo jurar, que tiene mejor vida que tu. La bofetada que se ligó Josh, resonó en todo el salón de Deportes. Tania gruñó y, en zancadas, se acercó a Lucile, y le estampo la misma bofetada, que Lucile a su hermano. —Le tocas un pelo, ¡un solo pelo!— Tania le remarco con su dedo índice— Juro que tendrás que usar una peluca, ¿queda claro? —¡SEÑORITAS!— se escuchó el fuerte grito de una maestra. Camino hacia el centro, y pude verla. Pelo corto como un varón color café, piel bronceada y de ojos azules. Miro a Tania y a Lucile— ¿Qué sucedió? —Golpeó a mi hermano…—empezó Tania. —El dijo un secreto mío en alto…—continuó Lucile. —Tu molestaste a mi hermana —le interrumpió Josh. —Porque defendió a una niña estúpida en ruedas…—siguió Lucile. Eso me dolió. —Porque la provocaste sin conocerla…—Tania había dicho el principio de lo que sucedió. Lucile la había empezado, Tania la había terminado. —¿Y quién es aquella chica?— pregunto la maestra, y todas las miradas se dirigieron a mí. La profesora me miro, y sé que el alma le cayó a los pies. Su mirada mostraba la misma pena te todas, pero algo era diferente, algo que no logré descifrar— Ven aquí Su tono suave me impresionó. Casi nadie me hablaba así. Katherine se colocó detrás de mí, y empujo la silla hasta quedar frente a aquella maestra que me miraba con aquella pena extraña. Se puso en cuclillas frente a mí. —Soy la profesora Quinn Serse, ¿Cómo es tu nombre?— siguió hablando con su tono suave. Tendí mi mano yo esta vez, y ella la tomo. —Emma Mare Greisen —le regalé una sonrisa, a la cual devolvió con una sonrisa de labios. —¿Te pusieron en tu horario, mi materia?— pregunto, incrédula. Yo asentí, y ella se levantó— Lo siento tanto, Emma, iré a hablar con el director… —¡No! Por favor, solo quiero ver el deporte. Si no puede ponerme clasificación, hare informes, lo juro— le dije, y ella me miro asombrada. Acomode un pequeño mechón de pelo que caía a un lado de mi oreja— Me gustan los deportes desde niña… Quinn me sonrió, y esta vez, fue como orgullosa. Estiro su puño, y pude ver la sonrisa en mis nuevas amigas. No sabía cómo responderle, y gracias a Tania, quien cerró mi puño, y lo llevó hacia el de Quinn. —Bien, no diré nada. Ahora, Tania, llévala en las bancas, y quédate a un lado de ella— le dijo Quinn mirando a Tania— Dejaré que elija también un deporte, y hará un informe del que quiera. Sonreí ante lo que dijo, y Tania me empujo a la misma banca donde estábamos antes, y todos nos siguieron cuando Quinn dio la orden. Katherine y Tania se sentaron al lado mío, y cuando Josh paso, me alzo la mano para chocar lo cinco. Lo cual choque con mi mano. —¡ALUMNOS!— llamo la atención Quinn, poniéndose enfrente de las bancas, donde ahora, todos los alumnos se encontraban sentados— Sé que muchos quieren mantener el deporte que tenian el año pasado, y los entiendo, así que pasen los que quieren mantenerlo, hacia el otro lado de estas bancas. Muchos se levantaron, y entre ellos, el grupo de Lucile. Caminaron hacia el otro lado, y pude ver entre ellos a los amigos de Josh, y a él mismo. ¿Cuál será su deporte? —Bien, los que quieran escoger otro, vayan a las carteleras a anotarse, excepto tu Emma, ya me acerco— Quinn me miro directamente, y cuando Tania y Katherine se fueron a anotar a un deporte, Quinn se acercó a mí, y oprimió el botón de la lapicera— ¿Qué deporte te gustaría hacer el informe? Dude un momento. Había tantos deportes en los cuales me divertía, en los cuales me encantaban, pero había solo uno al cual amaba desde hace mucho, al cual no jugaba desde hace diez años. —Basquetbol— le respondí, con una sonrisa.

Saqué la llave del bolsillo delantero de mi jean, y lo encaje en la cerradura de mi casa. Lo gire, y bajé el picaporte, para luego empujarme hacia dentro, y empujar con un paraguas que encontré, para cerrar la puerta. —¡Ya llegue!— avisé gritando, y mi hermanita de cinco años, Sarah, se acercó a mi dé a saltos. Se sentó en mi regazo y me abrazó. —¿Cómo te fue en tu primer día?— pregunto, y yo le sonreí. Su pelo castaño y enrulado como fue el mío alguna vez, recogido en un hermoso moño morado, y sus ojos negros profundos con aquel brillo de alegría, me observan impaciente. —Bien, linda, me fue muy bien— le bese la frente, y empuje mi silla, ahora más pesada por el peso de ambas. La lleve hasta la sala, y con la fuerza que pude, la deje en el sofá. —¡Sammy, ya llegó!— me grito Sarah, y yo la mire. Sammy era mi cachorro de regalo, de hace unos dos años. Me lo dieron cuando estaba en el peor momento de mi vida, y aquel cachorro me hiso reír cuando nadie podía. Pero, el año pasado se había ido porque tenía una enfermedad, y juraron que volvería. Y hasta hoy, no he vuelto al cachorro, pero está aquí ahora. —¿Dónde está?— le pregunte, volteándome con la silla. Ella rio, y se levantó del sofá, para luego empujarme hasta la cocina, donde lo vi, después de dos años. Comía tranquilamente de su recipiente, y su pelo color miel y brillante relucía por el sol. Sus orejas estaban caídas y su cola larga y negra se mantenía quieta. —¡Sammy!— grité y él me miró. Movió su cola, y corrió hacia mí. Se paró en sus patas traseras, y lamoteó mi rostro, apoyándose en mis piernas. Rodee su cuello con mis brazos, y su peluda piel toco la mía. Lamoteó otras veces más mi rostro, y aún seguía moviendo su cola. Sarah y yo reíamos— ¡Tonto! Sarah rodeo mi cuello por detrás de mi silla, y acaricio el rostro de Sammy, quien seguía feliz por verme. Lo tome por el cuello, y le pedí a Sarah que me empujase. Obedeció y me llevó hasta el sofá, donde Sammy se subió, y yo, con las fuerzas que mis brazos permitían, me tiré a un lado de él. Sarah acomodó mis piernas más adentro, y yo sonreí al perro, que ahora jadeaba tirándome su apestoso aliento. —¡Oh por dios!— exclamé y Sarah rió— ¡Tendré que darte una menta!— el perro ladró, y dejó que yo lo abrazase. El aroma a perro limpio estaba en su pelaje, dejándome en claro que lo bañaron. Por alguna razón, Sarah se fue hacia su cuarto, dejándome sola con Sammy, quien empezaba a quedarse dormido. El volteó dándome la espalda, y yo lo abrasé por detrás. Cerré mis ojos, y sonreí para mis adentros. El sueño me comenzaba a vencer, y caí en profundamente dormida.

Katherine empujaba mi silla, mientras que parloteaba sobre sus vacaciones con sus primos. Yo estaba perdida, y no entendía la razón. Un grito chillón llamó mi atención. —¡Emma, Emma!— canturreó Katherine— ¿Me estas escuchando? —Lo siento, estoy perdida, y no sé por qué— le digo, y ella me sonríe— ¿Y a que es esa sonrisa? —No, nada— dijo, y vi por lo lejos al grupo de Lucile, caminando y meneando sus caderas. Ella iba al frente, y sus dos clones vestidas iguales detrás de ella, con sus uniformes de porristas. Katherine empujo mi silla, hacia un pasillo donde desviaba en el que estábamos. —Gracias— le dije, y vi a Tania caminando, con algo en sus manos. Reí al ver su cara de entusiasmada. —Sé que no nos conocemos demasiado, pero encontré esto y pensé en ti— me dijo, con la misma sonrisa que tenía Josh, solo que en ella. Me entrego una pequeña bolsita, tal vez una pequeña cartita decorada. Desate el moño, y metí mi mano en la pequeña bolsita. Sentí el frio de una pequeña cadena, con algo un poco más grande. Note a Tania sonreír, y tome la fría cadena en mi mano. El dorado brillaba en el color de la cadena, y en hermosa cursiva, se encontraba escrito; "Brave". —Eres valiente— me dijo Tania, la mire con una sonrisa- Eres valiente para estar aquí, y eres valiente por seguir con esa sonrisa de nena buena -Muchas gracias, Tania- le dije, e hice una seña para que se agachara. Obedeció, y rodee su cuello con mis brazos- Enserio, me encanto. —Me alegra por ti— me dijo y nos separamos. Katherine aplaudía por su parte. —¡Déjame ponértelo!— chilló feliz, y le entregue el collar. Fue detrás de mí, y vi sus manos apoyar el dije con la palabra, y volverse para abrochar la cadena. Katherine volvió hacia adelante para verme— ¡Te queda hermoso! —Ay dios, eres chillona— le dijo Tania, y vi como Katherine la fulminaba con la mirada. Yo solo reí, y Tania también. Katherine me sonrió tímida, y en ese momento, sonó la campana. Tania se puso detrás de mí. —¿Materia?— me pregunta. —Arte, ¿tu?— ella sonrió. —Arte— volteó su mirada— ¡Kath! ¿Tú que materia tienes? —Odio la matemática— se escuchó de lejos— ¡Las veo luego! Tania apresuró en llegar hasta la sala, así conseguíamos un lugar para las dos juntas. Llegamos, y me acomodó en un lugar donde podría ir al baño en mitad de clase sin problemas. Vimos como todos los restantes alumnos entraban en la clase. Entre ellos, Josh. Alzo su mano con la palma abierta, y choco los cinco con Tania, y luego conmigo. Este chico me cae bien.

ESPERO QUE LES GUSTE...ESTA HISTORIA NO ES MIA, SOLO LA COMPARTO PORQUE ME ENCANTO