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La heroína Perdida — capítulo 3
III
PIPER
**Después de una mañana de espíritus tormenta,**hombres cabra, y novias voladoras, Piper debería haber perdido la cabeza. En cambio, lo único que sintió fue miedo.
Está empezando, Pensó. Al igual que el sueño
Se puso de pie en la parte trasera del carruaje con Leo y Jessie, mientras que Butch, manejaba las riendas, y el chico rubio, Andrew, ajustaba un dispositivo de navegación de bronce. Se levantaron sobre el Gran Cañón y se dirigieron al este, el viento helado rasgaba directamente a través de la chaqueta de Piper. Detrás de ellos, más nubes de tormenta se estaban reuniendo.
El carruaje se sacudió y golpeó. No tenía cinturones de seguridad y la parte de atrás estaba abierta, por lo que Piper se preguntó Jess podría atraparla de nuevo, si se cayera. Eso había sido la parte más preocupante de la mañana: no que Jessie pudiera volar, la había sostenido en sus brazos, sin embargo no sabía quién era.
Todo el semestre que había trabajado en una relación, tratando de conseguir que Jessie se diera cuenta de que la quería como algo más que una amiga. Finalmente había conseguido la gran droga para que ella la besara. Las últimas semanas habían sido las mejores de su vida. Y luego, hace tres noches, el sueño había arruinado todo—esa horrible voz, dándole horribles noticias.
Ella no le había dicho a nadie, ni siquiera a Jess.
Ahora ni siquiera la tenía. Era como si alguien hubiera borrado su memoria, y ella estaba atrapada en el peor "final" de todos los tiempos.
Quería gritar. Jessie estaba justo a su lado: con sus ojos azul cielo, su pelo rubio corto que no pasaba su barbilla, y la linda cicatriz en su labio superior. Su rostro era amable y gentil, pero siempre un poco triste. Y ella se quedó mirando el horizonte, sin siquiera darse cuenta.
Mientras tanto, Leo estaba molesto, como de costumbre. — ¡Esto es genial! — Escupiendo una pluma de Pegaso de su boca. — ¿A dónde vamos?
—Un lugar seguro—, dijo Andrew. —El únicolugar seguro para los niños como nosotros. Campamento Mestizo.
— ¿Mestizo? — Piper se puso inmediatamente en guardia. Ella odiaba esa palabra. Había sido llamada una mestiza demasiadas veces: mitad Cherokee, mitad blanca. Y nunca fue un cumplido. — ¿Es algún tipo de broma de mal gusto?
—El quiere decir que somos semidioses—, dijo Jess. —La mitad dios, mitad mortal.
Andrew miró hacia atrás. —Tú pareces saber mucho, Jessie. Pero, sí, semidioses. Mi madre es Atenea, diosa de la sabiduría. Butch aquí es el hija de Iris, la diosa del arco iris.
Leo se atragantó. — ¿Tú madre es una diosa del arco iris?
—Si ¿Tienes algún problema con eso? —, gruño Butch.
—No, no—, dijo Leo. — Arco Iris. Muy malote ¿eh?
—Butch es nuestra mejor ecuestre—, dijo Andrew sin notar el pequeño pero existente tono de burla de Leo. —Ella se lleva bien con los pegasos.
—Arco iris y ponis, je je — murmuró Leo.
—Voy a tirarte del carro—, advirtió Butch.
—Semidioses—, dijo Piper. — ¿Quieres decir que crees que eres... crees que somos?
Relámpagos.
El carruaje se estremeció, y Jessie les gritó, "la rueda de la izquierda está en llamas! —Piper dio un paso atrás. Efectivamente, la rueda estaba ardiendo, llamas blancas lamiendo el lado derecho del carruaje.
El viento rugía. Piper miró atrás y vio que formas oscuras se formaban en las nubes, más espíritus tormenta bajaban en espiral hacia el carruaje-- excepto que estos se parecían más caballos que a ángeles oscuros.
Ella empezó a decir, — ¿Por qué son…?
—Anemoivienen en diferentes formas—, dijo Andrew. —A veces humanos, a veces sementales, dependiendo de lo caótico que sean. Espera. Esto va a ser duro.
Butch sacudió las riendas. Los pegasos se pusieron en una explosión de velocidad, y el carruaje se veía borroso. El estómago de Piper se le fue a la garganta. Su visión se volvió negra, y cuando volvió a la normalidad, se encontraban en un lugar totalmente diferente.
Un océano frío gris se extendió a la izquierda. Campos cubiertos de nieve, caminos y bosques se extendieron a la derecha. Justo debajo de ellos estaba un valle verde, como una isla en primavera, con colinas cubiertas de nieve en tres lados y el agua hacia el norte.
Piper vio a un grupo de edificios, como templos griegos antiguos, una gran mansión azul, juegos de pelota, un lago, y un muro de escalada que parecía estar en llamas. Pero antes de que realmente pudiera procesar todo lo que estaba viendo, las ruedas salieron volando y el carruaje empezó a caer.
Andrew y Butch trataron de mantener el control. Los pegasos habían trabajado para mantener el carruaje en un patrón de vuelo, pero estaban agotados a partir de su explosión de velocidad, y que llevaban el carruaje y el peso de cinco personas, era demasiado.
— ¡El lago! — Andrew gritó. — ¡Trata de ir hacia el lago!
Piper recordó alarmada algo que su padre le había dicho una vez, que golpear el agua desde muy alto viene siendo tan malo como pegar con cemento.
Y entonces…
¡BOOM!
La mayor sorpresa fue el frío. Estaba bajo el agua, tan desorientada que no sabía qué camino había de tomar. Ella terminó teniendo tiempo para pensar:
Esta sería una manera muy estúpida de morir**.**
Entonces unas caras aparecieron en la verde oscuridad, unas niñas con el pelo negro largo y brillantes ojos color amarillo. Le sonrieron, la agarraron por los hombros, y tiraron de ella hacia arriba.
La empujaron, jadeando y temblando, a la orilla. Cerca de allí, Butch estaba en el lago, cortando los arneses naufragados cerca de los pegasos. Afortunadamente, los caballos parecían estar bien, pero estaban batiendo sus alas y había salpicaduras de agua por todas partes. Jess, Leo, y Andrew ya estaban en tierra, rodeados por chicos dándoles mantas y haciéndoles preguntas. Alguien tomó a Piper por los brazos y la ayudó a ponerse de pie. Al parecer, los chicos cayeron en el lago, un detalle de los campistas es que corrieron con un soplador de bronce de hojas grandes y cosas así y atacaron a Piper con aire caliente, y en unos dos segundos su ropa estaba seca.
Había por lo menos veinte campistas dando vueltas--el más joven tal vez de nueve años, la mayor edad del colegio, dieciocho o diecinueve años-- y todos ellos vestían camisetas de color naranja como Andrew. Piper volvió a mirar el agua y vio a las chicas extrañas debajo de la superficie, el cabello flotando en la corriente.
Ellas saludaron como, Toodleoo, y desaparecieron en las profundidades. Un segundo más tarde los restos del carruaje fueron lanzados desde el lago y aterrizaron cerca con un golpe mojado.
— ¡Andrew! — Una mujer con un arco y el carcaj a la espalda abrió paso entre la multitud, mirando el carruaje horrorizada. —Te dije que podías tomar prestadoel carruaje, no destruirlo!
—Wendy, lo siento —, suspiró Andrew. —Yo te lo arreglaré, lo prometo.
La chica llamada Wendy puso mala cara a su carruaje roto. Luego midió con la mirada a Piper, Leo, y Jessie. — ¿Estos son los elegidos? Están alrededor de más de los trece años. ¿Por qué no han sido reclamados aún?
— ¿Reclamados? —, preguntó Leo.
Antes de Andrew pudiera explicar, Wendy dijo: — ¿Algún signo de Percy?
—No—, admitió con resignación Andrew.
Los campistas murmuraron. Piper no tenía idea de quién era esta Percy, pero su desaparición parecía ser un gran problema.
Otra chica dio un paso adelante, pelo asiático, en rizos oscuros, un montón de joyas y maquillaje perfecto que alguna manera se las arregló para hacer que los pantalones vaqueros y una camiseta naranja se vieran encantadores. Ella miró a Leo y luego, fijo los ojos en Jess como que podría ser digna de su atención, a continuación, frunció los labios en Piper como si fuera un burrito de semanas que acababa de ser sacado de un contenedor de basura. Piper conocía a este tipo de chicas. Ella había tratado con un montón de chicas como esta en el desierto, la escuela y todas las demás escuelas estúpidas a las que su padre la había enviado. Piper supo al instante que iban a ser enemigas.
—Bueno, —Dijo la chica: —Espero que valgan la pena.
Leo soltó un bufido. —Vaya, gracias. ¿Pues qué somos, tus nuevas mascotas?
—No estamos de broma—, dijo Jessie. — ¿Qué hay de algunas respuestas antes de empezar a juzgarnos: Algo como ¿Qué es este lugar?, ¿Por qué estamos aquí?, ¿Cuánto tiempo tenemos que quedarnos?
Piper haría las mismas preguntas, pero una ola de ansiedad se apoderó de ella. Vale la pena. Si supieran acerca de su sueño. No tenían ni idea...
—Jessie—, Dijo Andrew —Yo prometo que voy a responder a sus preguntas. Y Drew—ella frunció el ceño a la chica glamour —A todos los semidioses vale la pena salvar. Pero voy a admitir que en el viaje no logré lo que yo esperaba.
—Oye—, dijo Piper, —No pedimos ser traídos aquí.
Drew olfateó. —Y nadie te quiere aquí, cariño. ¿Tú pelo siempre se ve como un tejón muerto?
Piper dio un paso adelante, lista para golpearla, pero Andrew, dijo, —Piper, para. —
Piper lo hizo. Ella no temía de Drew, pero Andrew no parecía como alguien que quisiera para un enemigo.
—Tenemos que hacer nuestros recién llegados se sientan bienvenidos—, dijo Andrew, con otra mirada apuntando a Drew. —Vamos a asignar a cada uno una guía, darles un recorrido por el campamento. Esperemos que por la noche en la fogata, sean reclamados."
— ¿Podría alguien decirme lo que reclamadossignifica? —, Preguntó Piper.
De repente hubo un grito de asombro colectivo. Los campistas se alejaron. Al principio Piper pensó que había hecho algo mal. Entonces se dio cuenta de que sus caras fueron bañadas en una luz roja extraña, como si alguien hubiera encendido una antorcha detrás de ella. Se dio la vuelta y casi se olvidó de respirar.
Flotando sobre la cabeza de Leo era una imagen holográfica—un martillo ardiente.
—Eso, — dijo Andrew —es ser reclamado
— ¿Qué he hecho? — Leo miró hacia el lago. Luego miró hacia arriba y gritó. — ¿Es mi pelo en llamas? — Él se agachó, pero el símbolo lo siguió, oscilando y balanceándose haciendo parecer que estaba tratando de escribir algo en llamas con la cabeza.
—Esto no puede ser bueno, — murmuró Butch. —La maldición…
—Butch, cállate—, dijo Andrew. —Leo, acabas de ser reclamado p…
—Por un dios, — Interrumpió Jessie. —Ese es el símbolo de Vulcano, ¿no?
Todas las miradas se volvieron hacia él.
—Jessie—, dijo Andrew cuidadosamente, — ¿cómo lo sabes?
—No estoy segura.
— ¿Vulcano? —Preguntó Leo. —A mí ni siquiera me gustaStar Trek. ¿De qué estás hablando?
—Vulcano es el nombre romano de Hefesto, — Explico Andrew, —el dios de los herreros y el fuego.
El martillo de fuego se desvaneció, pero Leo seguía golpeando con fuerza el aire como si temiera que lo siguiera. — ¿El dios de qué? ¿Quién?
Andrew se volvió hacia la mujer con el arco. —Wendy, ¿Podrías tomar a Leo, y darle un tour? Preséntalo a sus compañeros de litera en la Cabina Nueve.
—Claro, Andrew.
— ¿Cuál es la Cabina Nueve? — Preguntó Leo. — ¡Y no soy un Vulcano!
—Vamos, Mr. Spock, voy a explicártelo todo. — Puso una mano sobre su hombro y lo condujo fuera hacia las cabañas.
Andrew volvió su atención de nuevo a Jess. Por lo general, Piper no le gustaba que su novia quedara desprotegida contra chicos, pero a Andrew no parecía importarle que ella era una chica bien parecida. Él lo estudió más como si fuera un proyecto complicado que aun no lograba comprender del todo. Al final, dijo, —Extiende tu brazo.
Piper vio lo que estaba mirando, y abrió mucho los ojos. Jessie se había quitado la cazadora después de su inmersión en el lago, dejando sus brazos desnudos, y en el interior de su antebrazo derecho estaba un tatuaje. ¿Cómo no se había dado cuenta Piper antes?
Ella miró a los brazos de Jess un millón de veces. El tatuaje no acababa de aparecer, pero fue grabado oscuro, imposible de perder: una docena de líneas rectas como un código de barras, y debajo un águila con las letras SPQR.
—Nunca he visto marcas de este tipo, — dijo Andrew. — ¿Dónde las conseguiste?
Jessie negó con la cabeza. —Estoy realmente cansada de decir esto, NO LO SE.
Los otros campistas se empujaron hacia adelante, tratando de echar un vistazo al tatuaje de Jessie. Las marcas parecían molestarles mucho, casi como una declaración de guerra.
—Se ve grabado en su piel—, comento Andrew.
—Fueron, — explico Jessie antes de que hiciera una mueca como si su cabeza le doliera. —Quiero decir... Creo que sí. No recuerdo.
Nadie dijo nada. Estaba claro que los campistas veían a Andrew como el líder. Ellos estaban esperando su veredicto.
—Ella tiene que ir directamente a Quirón, — decidió. —Drew, podrías…
—Absolutamente—. Drew pasó su brazo a través del de Jessie. —Por aquí, cariño. Voy a presentarte a nuestro director. Él es... un tipo interesante. —le brindó a Piper una mirada de suficiencia y condujo a Jess hacia la casa azul grande en la colina.
La multitud comenzó a dispersarse, hasta que quedaron sólo Andrew y Piper.
— ¿Quién es Quirón? — Le pregunto Piper — ¿Jessie está en algún tipo de problema?
Andrew vaciló. —Buena pregunta, Piper. Vamos, vamos a dar un paseo. Tenemos que hablar.
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