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-No te acerques a mi o te quemarás. -Alguien nacido del Sol no puede quemarse. — capítulo 2

Prólogo...

-Traigo un regalo de tu madre, si alguna vez estás en peligro gira la flor, -me puso una especie de anillo en la mano, el cual no me dio tiempo de ver -, y yo también tengo un regalo, mi bendición.

-¿Tu bendición? ¿Sabes quién es mi madre?

-Sí lo sé, pero no hay tiempo para eso. Yo, Hades, rey del inframundo, te doy mi bendición y te otorgo el don de los muertos y el Inframundo.

Entonces desapareció delante de mis narices, como si nunca hubiera estado allí, y a partir de aquel momento mi vida cambió mucho más de lo que cualquiera pudiera haber imaginado, y no para mejor.

Capítulo 1: Al final mis ojos acabarán siendo un arcoíris.

Entré en el instituto algo confundida, ¿Quién era aquel hombre? Me sonaba aquello de Hades, debía haberlo estudiado, pero ahora mismo no recordaba quien era. Pero lo más importante es que había dicho que conocía a mi madre, y se había ido sin decirme quien era.

Miré el anillo mientras caminaba, tenía la forma de un narciso, con sus seis pétalos correspondientes. El hombre me había dicho que girara la flor, pero no parecía poder girarse, me la iba a poner en la mano cuando, sin darme cuenta, me choqué con un chico, haciendo que se me cayera el anillo y volviera a la realidad.

-Perdón -dije mientras me agachaba a buscarlo en el suelo -. ¿Dónde estará…?

-¿Buscas algo? -preguntó la voz del chico con el que me había chocado, haciendo que me sobresaltara, pues pensaba que se había ido.

-Un anillo… El anillo que mi madre me acaba de regalar.

-¿No será este? Parece estar hecho de…

-¿De qué?

-¿Conoces el Campamento Mestizo?

-¿Qué lugar es ese? ¿Acaso es importante?

-No importa, toma -dijo dándome mi anillo y yo me lo puse -. Y ten más cuidado la próxima vez.

Sonrió de una forma dulce, y entonces me figué, tenía un bonito cabello rubio oscuro y unos preciosos ojos azules. Se levantó y dio media vuelta para irse, pero le cogí del brazo.

-Gracias -dije cuando se giró, mostrando mi sonrisa -. Por cierto, ¿cómo te llamas?

-Cierto, siento mi mala educación, me llamo Evan, ¿y tú?

-Yo soy Tiara.

-Bonito nombre.

-Lo mismo dijo.

-Me tengo que ir, pero estoy seguro de que nos volveremos a ver.

Antes de que pudiera preguntar el por qué se fue y yo me quedé allí, de pie y sola, pensando que aquel día no podía ser más extraño, aunque, como de costumbre, me volví a equivocar.

Entré en la clase, todo el mundo hablaba y gritaba emocionado, eso era normal, pues era el último día de colegio, yo también lo hubiera hecho si no hubiera estado tan confundida.

-¡Tiara! -exclamó mi amiga corriendo hacia mí -. ¿Qué quería ese hombre?

-Darme un regalo de mi madre -dije simplemente mientras enseñaba mi mano, pues no tenía ganas de hablar demasiado.

-Uau, que anillo más bonito, me pregunto donde lo habrá comprado…

Después de aquello el día parecía normal durante un diminuto momento, en el que nos explicaban las actividades del día. Luego cada uno fue a hacer sus cosas, a mí me tocó decorar el patio.

Salí fuera del aula, esperando encontrarme a diez o quince personas, pero solo había otra, un chico de mi misma edad, quizás un año más grande, pero de repente se convirtió en un monstruo horripilante que no sabría describir.

-¿Qué eres?

-Soy tu fin.

Sin decir más que eso se abalanzó sobre mí, y de una forma que no sabría explicar, yo me aparté. Miré mi anillo, deseando que esa flor pudiera rodarse como había dicho ese tipo, pero ni siquiera lo intenté, ya tenía bastante faena  en huir de aquel monstruo.

Intenté correr huyendo del monstruo pero él era más rápido, y yo muy patosa, por lo que acabé tropezando con alguna cosa y cayendo. Me giré y vi al monstruo abalanzándose sobre mí, pensé que era el final, cerré los ojos y pensé en todo lo que me faltaba por vivir.

Entonces noté que los ojos me ardían, siempre me lo hacían al cambiar de color, pero ya lo habían hecho. Estaba demasiado aturdida para pensar, solo quería que pasara lo que tuviera que pasar.

Al no notar nada abrí los ojos, y quizá lo que vi fue peor que la muerte, estaba ardiendo, había fuego a mí alrededor pero yo no me quemaba.

-¿Qué me pasa? -pregunté sin tener esperanza de obtener respuesta -. ¿Por qué siempre me pasan a mi estás cosas?

-No solo a ti, hay mucha  gente a la que también le pasa -contestó una voz detrás mío, me giré y le vi, Evan, el chico de antes -, gente como tú y como yo.

-¿Qué quieres decir?

Sin contestar a mi pregunta se acercó a mí mientras yo me alegaba todo lo que podía con pasos irregulares y torpes, pensando que lo acabaría chamuscando a él también.

-No te acerques a mí o te quemarás -exclamé mientras él me miraba y seguía acercándose, ¿qué clase de monstruo era? ¿por qué era tan diferente a los demás?

-Alguien nacido del Sol no puede quemarse -susurró llegando al fin mí, entonces me abrazó, como si compondría mi dolor, como si me comprendiera.

Empecé a llorar en sus brazos, tanto tiempo fingiendo ser fuerte, aguantando los desprecios de los demás, sabiendo que era rara y sin podérselo contar a nadie, ni siquiera a mi mejor amiga, todo aquello que me había estado destruyendo por dentro y ya no podía aguantarlo más.

Al darme cuenta de que no conocía a aquel chico me sequé las lágrimas y me separé, intentando volver a parecer fuerte. Miré a mí alrededor, el fuego ya no estaba, había desaparecido.

-Perdón, no suelo ser así pero…

-Tus ojos han cambiado de color -dijo él cortándome -, antes eran rojos pero ahora son azules.

Me quedé un momento aturdida, ¿mis ojos rojos? Perfecto, otro color, al final mis ojos acabarían siendo un arcoíris. Aunque se me hacía raro que mis ojos fueran de otro color, rojo… nunca los había visto de ese color, quizá tuviera algo que ver con el fuego, que tampoco lo había visto nunca.

-Se me deben haber caído las lentillas…

-No, es más que eso, tú eres diferente.

-Sí, soy rara, un bicho raro, lo sé, ahora me dejarás de lado, como todos los demás.

-No, nunca dejaría de lado a uno de los míos, te llevaré al mejor sitio para la gente como nosotros.

-¿La gente como nosotros? -pregunté yo completamente pérdida -. ¿Uno de los tuyos?

-Verás… -empezó a hablar, cuando vi a mi mejor amiga detrás de él, algo legos, pero su cara de espanto era visible desde quilómetros.

-¿Marta? -pregunté esperando que no fuera más que alguna de mis raras visiones.

-Tu… fuego… monstruo… y él… -dijo sin poder acabar ninguna de las frases, siguió a si un rato hasta que al fin acabó la frase -. Decirme que lo que he visto han sido alucinaciones.

-¿Tú también eres una mestiza? -preguntó Evan confuso mientras la miraba de arriba abajo -. No, no lo eres, pero has visto a través de la niebla… Eres una mortal poderosa.

-¿Alguien me puede explicar de que está hablando? ¿Y que acaba de pasar?

-Yo lo haría encantada pero no tengo ni la menor idea.

-Yo os lo aclararé todo, pero no ahora ni aquí -me miró fijamente, parecía estar intentando leerme los pensamientos -. Tú y yo ya nos veremos, y tú amiga… Tiene un futuro que nadie imagina aun.

Después de decir eso se fue, no dijo nada más, y mi inquietud aumento, al igual que la de mi amiga.

-Parece que te acabo de meter en un buen lio otra vez -dije yo haciendo una mueca -. Lo siento.

-Para eso están las amigas, para meterlas en líos, de todas formas, después de esto, yo no sé qué pensar.

-Ni yo amiga, ni yo.

-¿Cuándo te irás a ese campamento?

-El lunes, ojala pudieras venirte, no quiero separarme de ti, y menos después de lo que acaba de pasar.

-Iré contigo.

-¿Cómo? Si ni siquiera sé que campamento es ese.

-Déjamelo a mí.

Sigo buscando si estais intresados os vuelvo a dejar abajo todo.

Pd: no solo tienen que ser semidioses, tambien pueden ser satiros, ninfas, humanos...

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Hijo/a de/Mortal/Satiro/Ninfa...:

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Pd2: Este capítulo es algo corto, pero a partir de ahora los haré mas largos.