← -No te acerques a mi o te quemarás. -Alguien nacido del Sol no puede quemarse. · de
-No te acerques a mi o te quemarás. -Alguien nacido del Sol no puede quemarse. — capítulo 3
Capítulo 1...
-¿Cuándo te irás a ese campamento?
-El lunes, ojala pudieras venirte, no quiero separarme de ti, y menos después de lo que acaba de pasar.
-Iré contigo.
-¿Cómo? Si ni siquiera sé que campamento es ese.
-Déjamelo a mí.
Capítulo 2: Una chica algo peculiar intenta salvarme, aunque algo me dice que si por ella fuera me mataría.
Actualidad
Después de eso no volví a ver al chico y cuando acabó el instituto tampoco a mi amiga, pero no le di importancia, seguramente estaría en su casa, intentado olvidar todo lo que había pasado, o eso quería pensar, pues sabía que ella no era así y no pararía hasta venirse conmigo a aquel estúpido campamento.
-Papá -grité desde mi habitación para que me escuchara -. ¿Dónde has dejado mi maleta?
-Aquí hija, ven a buscarla.
Sin demasiadas ganas fui a por la maleta, la llevé a mi habitación y la llené. Todo el verano, algo más de dos meses, en un estúpido campamento que no me serviría para nada.
Cogí las dos maletas y las cargué en el maletero, ojala pudiera quedarme en aquel magnifico pueblo, pensando en quedar con mis amigas y nada más, pues algo me decía, que aquel verano no iba a ser fácil ni se me iba a hacer corto.
Subimos al coche y arrancó dirección a ese campamento, que al parecer no estaba ni en el GPS. Llevábamos mucho rato en el coche en silencio, hasta que mi padre se le ocurrió romperlo.
-Verás hija -empezó a decir mi padre, pero después se quedó callado como si no supiera como continuar -, hay algo que debo decirte desde hace dos años, pero nunca he encontrado la oportunidad.
-¿En dos años nunca has encontrado el momento?
-Es algo delicado, algo sobre tu madre, quería decírtelo yo y por eso le pedí que no te reclamara, te lo iba a explicar todo a los doce, pero no me vi con fuerzas, te veías tan pequeña, tan indefensa, luego llegaron los trece, y pedí a tu madre algo de tiempo, pues quería explicártelo todo yo, ella me lo concedió, me dio dos años, pues sabía que esto era difícil y…
-Papa, deja de divagar y ves al grano.
-Lo que yo quería decirte hija mía es que…
Un horripilante monstruo se interpuso en medio la carretera y paró el coche con una sola mano haciéndole una gran abolladura.
Era un monstruo con cabeza de toro y cuerpo de hombre, con una altura de por lo menos dos metros y muy corpulento, dotado de una fuerza sobrehumana con la que había parado el coche y un largo cuerno que acababa de forma puntiaguda en un lado, al parecer le faltaba uno.
Había oído hablar de él en clase, se llamaba… ¡Minotauro! Entonces lo entendí todo, la bendición de Hades, el rey del Inframundo, uno de los tres grandes, los monstruos de la mitología griega... Pero era solo eso, mitos, ¿entonces por qué estaba yo viendo a un minotauro?
-Esas cosas son las que yo siempre te explicaba papa -dije mientras los dos nos apresurábamos a salir de aquel coche, ahora inutilizable -, esas que tú nunca creíste que existían.
-Hija siempre supe de su existencia, pero no quería que tú supieras de ella.
-No entiendo papa.
-Ahora no hija -concluyó él, ambos sabíamos que no era buen momento -. ¿Ves esa colina? Allí está el campamento, allí estarás a salvo.
-Pues vamos.
-Yo no puedo entrar hija mía, solo tú te puedes salvar.
Miré sus ojos marrones y su pelo castaño con alguna cana, no iba a dejarlo allí, no pensaba hacerlo nunca.
Analicé el terreno en busca de posibles soluciones, el fuego solo me salvaría a mí, no era una solución, no podíamos huir en el coche ni podíamos ponernos a salvo.
-¿Qué está pasando ahí fuera? -preguntó la voz de mi amiga desde… ¿el maletero? -. ¡Ayudarme a salir de aquí!
Miré al monstruo, por alguna razón tenía la mirada fija en mi padre, con intención de atacarle, me apresuré a abrir el maletero y vi a mi amiga dentro de una de mis dos maletas.
-¿Así pensabas llegar al campamento? No ha sido una de tus mejores ideas.
-Lo sé, pero era la única.
Mi amiga miró al monstruo, y no chilló por no despertar la atención de este, pero en su cara se podía ver autentico terror.
-Yo me ocuparé de él -dije yo reuniendo todo mi valor, aunque a medida que decía las palabras, este se iba yendo -. Tú y mi padre hacer lo que podáis.
-No vamos a dejarte con eso a solas.
-Amiga, por favor, intentar poneros a salvo -supliqué con ojos de cordero degollado, no soportaría perder a ninguno de los dos -, el monstruo me quiere a mí.
-Admiro tu valentía, tienes la que a mí me falta, pero nunca te abandonaré y lo sabes.
Bajé la mirada y vi aquel anillo "si alguna vez estás en peligro gira la flor" había dicho aquel extraño tipo que decía ser Hades, pero ya lo había intentado y no giraba.
La desesperación pudo más que su lógica, y sin pensarlo demasiado corrí hacia el monstruo mientras giraba la flor con todas mis fuerzas. Sin darme cuenta la flor giró un pétalo y se convirtió en una hermosa espada a la que no tuve mucho tiempo de admirar.
Empuñé la espada con fuerza y se la clavé al monstruo. Este se hizo polvo delante de mis ojos. La valentía y el coraje que había tenido para aquello se esfumaron y caí de rodillas sobre el duro suelo, haciéndome algún arañazo.
-¿Qué soy papa? -pregunté yo después de ver todo aquello, aquello que solo podían ser sueños o alucinaciones -. Dame respuestas.
-Te las daré encantado hija mía, pero no aquí, no ahora, vendrán más en tu búsqueda, debes ir al campamento.
-No sola, no sin vosotros. Veniros conmigo y pongámonos a salvo juntos.
Cogí la espada fuerte, para que no se me cayera y la tuviera a mi alcance si la necesitaba de nuevo y cogí la muñeca de mi amiga.
-Vamos no hay tiempo que perder.
Empecé a correr medio arrastrando a mí mejor amiga colina arriba por lo que mi padre nos siguió. Al llegar a un punto pareció que mi amiga se chocaba contra algo.
-¿Qué ha pasado?
-Te lo dije, nosotros no podemos entrar.
-Es un lugar precioso -dijo Marta, que parecía ya haberse despreocupado.
-No, no -contesté yo frustrada sin fijarme en el paisaje -, algo se tiene que poder hacer, no os pienso dejar ahí fuera, a merced de los monstruos.
Salí de aquella barrera protectora empuñando mi espada, cuando de repente alguien tocó mi hombro. Con algo de temor, ya que no podían ser ni mi padre ni mi amiga que estaban delante, me giré, para encontrarme con una chica de ojos azules o grises, o quizá una mezcla que no sabría definir, y el cabello moreno.
-Yo Electra, hija de Zeus -por un instante pensé que me iba a lanzar otra bendición, y quise taparle la boca, pues por una bendición ya había acabado ardiendo -, dejo que estos dos mortales entren más allá de la barrera de protección.
Vi un par de monstruos lejanos, viniendo a gran velocidad hacia nosotros. Y sentí a mis piernas flaquear pero me mantuve en pie.
Luego miré a mi padre y a mi amiga, no sabia si aquello que la chica había dicho funcionaba, pero pensaba comprobarlo. Empujé ligeramente a los dos para que entraran y volví con aquella chica.
-Papa, Marta, entrad.
-¿Crees que te puedes encargar de uno o eres demasiado torpe?
Pasé de alto aquel comentario pues no me veía con ganas de discutir y me puse en posición de combate. Sentí una fuerza que nunca había sentido recorriendo todo mi cuerpo y me vi capaz de todo.
Logré darle una estocada después de un par de intentos fallidos, haciendo que se desintegrara mientras, aquella chica, había acabado hacía rato con el otro monstruo.
-Muy bien chica lenta, por tu ineptitud casi se cargan a esos mortales, y casi dejas que ese insignificante…
-No sé quién eres, pero no tienes motivos para hablarme así, y no voy a permitir que lo hagas.
-Mira que chica, si aún le quedan ganas de discutir, solo eres una cría mimada, seguro que eres hija de Afrodita.
Repasé mentalmente los dioses, Afrodita, diosa del amor y la belleza, estaba segura de que yo no era su hija, nunca me había preocupado el amor, y mucho menos la belleza.
-No entiendo porque eres así conmigo, pero no importa, gracias por salvar a mi padre y a mi amiga, y a mí misma.
La expresión de la chica cambió, parecía estar confundida, normalmente mi orgullo no me hubiera dejado agradecer nada después de que me hablara así, pero no solo había salvado mi vida, sino también las vidas de las dos personas más importantes para mí, y por ellos me comería mi orgullo.
-De nada supongo, aunque solo lo hice porque si no me hubiera tocado llevarme los cadáveres.
Miré a la chica, parecía de mi misma edad o quizá fuera un año más pequeña, en su cuello lucía un collar con cuatro cuentas con diferentes dibujos. Su rostro parecía más sereno que cuando la había visto por primera vez y sus ojos indefinidos intentaban analizarme.
-Me llamo Electra, hija de Zeus. ¿Y tú?
Hice otro repaso de aquel tema, Zeus… Era el rey de los dioses, del cielo y la tierra, otro de los tres grandes. Era un dios muy poderoso por lo que nos habían explicado, y seguramente su hija también lo seria.
-Soy Tiara.
-¿Y quién es tu madre? ¿Afrodita o Atenea? ¿O quizá una diosa menor?
Pensé en el nombre Atenea, era la diosa de la sabiduría, estaba segura de que todos sus hijos eran realmente inteligentes, y me encantaría ser uno de ellos, pero no las tenía todas conmigo.
-No… no lo sé -fue lo único que fui capaz de decir.
-Una semidiosa no reclamada. ¿Cuántos años tienes, trece?
-Catorce.
-Ya tendrías que haber sido reclamada hace un año. Vamos, te llevaré a conocer a Quirón.
-¿Quirón? -Es nuestro director de actividades.Empezó a andar y yo miré a mi padre y Marta, que empezaron a andar también, sin entender nada la situación empecé a andar al lado de mi amiga, que parecía ilusionadísima, en cambio yo solo quería ser normal.
Mientras andábamos me explicaba alguna que otra cosa, aunque realmente yo no prestaba mucha atención, solo esperaba que esto fuera un sueño, o mejor dicho una pesadilla, y que se acabara rápido.
-Esos son hijos de Apolo -dijo señalando a un puñado de chicos y chicas, entre diez y dieciocho años, todos con arcos en las manos -, todos son muy buenos con los arcos.
Apolo era el dios del Sol, la profecía, la medicina y la música. Un gran seductor que había tenido todo tipo de relaciones inimaginables. Tenía una hermana gemela, Artemisa creo, la diosa de la caza, la virginidad y la Luna, que había prometido ser siempre virgen.
Entre aquellos chicos vi a uno que me llamó la atención.
-¿Evan? -dije sin darme cuenta en voz alta, él levantó la vista y me miró con una gran sonrisa -. Un hijo de Apolo…
Aquí os dejo otro capítulo, y al fin tenemos a todos nuestros protagonistas reunidos y Tiara a llegado al campamento. ¿Qué pasará ahora? Tendréis que leer el proximo capítulo. Os vuelvo a dejar abajo lo de los personajes.
Nombre:
Apodo:
Apellido:
Sexo:
Edad:
Hijo/a de/Mortal/Satiro/Ninfa...:
Habilidades:
Físico:
Carácter:
Relación con Tiara:
Otros:
Besus.