← -No te acerques a mi o te quemarás. -Alguien nacido del Sol no puede quemarse. · de
-No te acerques a mi o te quemarás. -Alguien nacido del Sol no puede quemarse. — capítulo 5
Capítulo 3...
Al abrir la puerta vimos a mi amiga y mi padre allí, parecían estar hablando y cuando salí me miraron.
-¿Ya has acabado de hablar?
-Sí, había un robot muy simpático -dije yo.
-¿Un robot? -preguntó mi padre confuso -, da igual, mira hija yo…
De repente Marta se revolvió como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago.
-¿Marta estás bien? -pregunté yo acercándome.
Al levantar la vista pude comprobar que aquellos no eras sus ojos verdes, eran como cristalizados. Me cogió de la muñeca, impidiendo apartarme y me miró a los ojos, entonces supe que estaba perdida.
Capítulo 4: A mi mejor amiga la posee un espíritu… ¿de elfo?
Empezó a salir humo verdoso de a saber dónde y empezó a hablar, pero no era ella, era su voz sin duda, pero parecía distorsionada.
"Encontrar al espíritu no será sencillo deberás abrirte paso con tu cuchillo, en el lugar menos hospitalario yace donde todo monstruo muerto renace, el rayo y el Sol la ayudarán y al destino también llegarán la única con acceso deberá liberar al preso".
Después de eso se derrumbó, soltándome, pero por suerte mi padre la cogió en volandas y la sentó en una silla que había.
Yo me quedé sin palabras, ahora estaba segura, aquello tenía que ser un sueño, no podía ser real, no solo yo era rara, había hecho que mi amiga también lo fuera.
-Parece que ya tenemos profecía -dijo el robot.
-¿Pero cómo lo ha hecho…? -preguntó Evan sin entender -. Si el espíritu Delfos está perdido.
-¿Espíritu de elfos?
-Acabamos de encontrar a la siguiente oráculo, si ella quiere claro… -siguió diciendo Quirón, ignorando mis palabras -. Y en cuanto la profecía… no lo sé.
-Alto, dejar a mi amiga tranquilla, ella es alguien normal, no vais a transformarla en alguien como yo.
-Nosotros no podemos decidir, los dioses son los que deciden, y han decidido que tú debes afrontar la profecía.
-Ni hablar. Jamás. Me niego.
-Tú eres la elegida para esta profecía, debes aceptarlo.
Empecé a dar pasos hacia tras, no iba a ayudar a nadie, solo quería saber cómo salir de allí.
Al dar media vuelta me choqué con un chico, bastante más alto que yo pero no me figué demasiado.
-Ei guapa, ¿dónde vas tan deprisa?
-Perdón -fue lo único que contesté.
-¡Espera! -oí gritar a una voz, pero no la de aquel chico, sino la de Evan.
Seguí corriendo en busca de un lugar solitario, sin nadie que me molestara ni me viera llorar, pues sentía que no podría contener mucho más las lágrimas.
Me sentía sola, incomprendida y completamente desolada. Solo quería volver a tener la vida medio normal que tenía, que aunque no fuera perfecta ni la que yo deseaba, era más normal que lo que tenía ahora mismo.
Entré en un bosque y seguí corriendo hasta que encontré con un rio que me impedía seguir. Me senté en la buera del rio y abracé mis piernas, quedando mi cabeza en media de estas. Me quedé allí, sollozando, hasta que de repente oí el agua moverse.
Levanté la vista y me encontré con una chica saliendo del agua, totalmente seca, como si no estuviera dentro. Tenía un bonito cabello castaño con unos ojos color azul y una piel bastante morena.
-¿Estás bien? -preguntó la chica, no contesté, no hacía falta -. Me llamo Laura López, hija de Poseidón, pero todos me llaman Patts, ¿y tú?
Poseidón… el último de los tres grandes. Rey de los mares y caballos. Un hombre imponente sin duda, nadie querría llevarse mal con él.
-Tiara Robertson, no sé de quién soy hija, y la verdad es que ya no me importa demasiado -dije yo intentando parar de sollozar, aunque la verdad es que no podía -. Todo esto me pasa por querer saber más de lo que tendría que saber.
-Si quieres hablar puedes hacerlo, nada de lo que me digas va a salir de aquí si no quieres.
Le conté toda mi vida, todo lo que me estaba pasando y todo lo que había estado encerrando durante tanto tiempo. No sé porque lo hice, confié en una desconocida de la cual solo sabía el nombre, pero necesitaba hacerlo, estaba bajo demasiada presión y no creía poder aguantar mucho más.
-Entiendo -dijo cuando yo ya había acabado de hablar, ya no lloraba, pero sentía que en cualquier momento podía volver a hacerlo -. Ha todos nos ha pasado al principio, incluso a mí, pero esto es real, debes aceptarlo y vivir como lo que te ha tocado, una semidiosa.
-Pero yo no quiero hacerlo, siempre soñé con ser una mortal, como vosotros decís, y esto es todo lo contrario, no quiero, tiene que haber una manera de…
-No la hay, no puedes ser algo para lo que no naciste. Haz una cosa, quédate esta noche aquí, duerme, piénsalo, recapacita. Este sitio no esta tan mal, podrías venir uno o dos veranos para aprender a luchar, y luego no volver más.
-¿Podría irme cuando quisiera si me quedo?
-Así es, nadie te va a obligar a quedarte.
-¿Pero si a hacer esa estúpida profecía?
-No, pero deberías hacerlo, si los dioses te encargan algo, no es buena idea llevarles la contraria.
Me volví a fijar en ella, sus ojos ya no eran azules, eran marrones, pero se habían cambiado de color tan poco a poco que no me había dado cuenta.
-Gracias -dije mientras me levantaba, ya completamente decidida -. Haré lo que me has dicho, espero verte otra vez.
-La cena es dentro de poco, allí nos veremos.
-Hasta la cena entonces.
-Adiós.
Empecé a andar, cuando me giré vi que se volvía a hundir en el agua, otra vez sin mojarse. Anduve hasta salir del bosque, buscando aquella casa de la que había salido corriendo, pero la orientación no era uno de mis fuertes y sabía que no la encontraría.
-¡Tiara! -oí gritar a alguien desde detrás me giré y le vi, Evan -. Menos mal que te encuentro, estaba preocupado por ti.
Me abrazó y yo me quedé totalmente sorprendida. Le abracé yo a él y la verdad me gustó. Él siempre sabia cuando necesitaba un abrazo y me lo daba. Nos separamos y vi su cara de preocupación.
-¿Dónde te habías metido?
-Estaba en el bosque -dije con una pequeña sonrisa algo fingida -, me encontré con una chica muy simpática.
-No lo vuelvas a hacer -dijo mientras me despeinaba con la mano, como si fuera una niña pequeña que hubiera hecho algo mal -. Vamos, es casi hora de cenar y tengo que enseñarte donde estarás mientras no te reclamen.
-Okey.
Me cogió de la muñeca y me arrastró hacia algún lugar mientras yo sonreía un poco.
No sabría qué hace si no le hubiera conocido, me estaba ayudando mucho, y la verdad es que si no fuera por él yo estaría perdida, hundida por todo aquello que estaba pasando.
-Gracias -susurré sin pensar demasiado, esperando que no lo oyera.
-De nada preciosa -contestó él mirándome sonriente, yo me puse algo roja por lo último y aparte la vista -. ¿Qué pasa?
-Nada -dije mientras seguíamos andando y pensaba algo para cambiar de tema -. ¿Queda mucho para llegar?
-No casi estamos, allí al fondo se empiezan a ver ya las casas.
Me fijé, tenía razón, todas eran diferente y habrían unas vente.
-¿Y mi padre y mi amiga?
-Tu amiga no es semidiosa así que no la podemos poner en las cabañas, dormirá en la Casa Grande. Y tu padre han permitido que esta noche se quede aquí, pero mañana por la mañana se volverá a la ciudad.
-Entiendo, ¿y yo donde dormiré?
-En la cabaña once, la de Hermes -explicó él mientras seguía con mi muñeca cogida y me arrastraba -. Todas las cabañas, al igual que las mesas del comedor, se separan por el padre o la madre progenitor.
Pensé en la cabaña de que dios me había tocado, Hermes, dios mensajero y protector de caminos y viajeros. Tenía sentido quedarme en aquella cabaña.
-Es esta -dijo mientras nos parábamos frente a una casa.
Pariera una cabaña normal y corriente si no fuera por el candelabro de Hermes estuviera pintado. Era de color marrón con una puerta de madera. A simple vista parecía la más grande del campamento.
-¿Parece muy grande comparada con las demás no?
-Así es, hace poco más de cien años había muchos hijos no reconocidos que se quedaban aquí a vivir mientras no los reconocían, así que debía ser grande para que todos cupieran.
-Entiendo.
Evan picó a la puerta y luego la abrió, no había mucha gente dentro, quizá cinco o seis chicos de distintas edades.
-Traigo una no reconocida -informó Evan y luego me miró a mí -. Vengo a buscarte para cenar ¿sí?
-De acuerdo.
Salió por la puerta y todos vinieron a hacerme preguntas que no lograba entender, pues unas voces se ponían encima de otras haciendo una mezcla.
-Yo…
-Vamos, vamos dejarla respirar -dijo una voz que me resultaba familiar -. ¡Tú eres la chica de antes! ¿Te encuentras mejor?
-Muchísimo mejor gracias.
-Perdón, me llamo Jack Maickell O'Brien, hijo de Hermes y capitán de la cabaña once.
-Tiara Robertson, por determinar -dije yo, pues ya me lo sabía de carrerilla.
-Hacia mucho que no pasaba por aquí un sin determinar. ¿Te lo han enseñado ya todo?
-No han podido… Hemos tenido unos problemillas.
-¿Quieres que te lo enseñe todo?
-De acuerdo, aunque no estoy muy segura de que vaya a quedarme.
-Este sitio te encantará -dijo plenamente convencido -. Es genial, yo también pensé en irme la primera vez.
-Yo no lo tengo tan claro, solo quiero ser alguien normal…
-Piénsalo, nadie es normal, da igual lo que seas, siempre habrá algo que te hará especial.
Después de eso los dos salimos fuera mientras me preguntaba algunas cosas sobre mi, cómo mi edad, cómo se llamaba mi padre...
Me enseñó la arena, la forja, la armería, los establos de pegasos, otra cosa de lo más normal, pegasos… También me enseñó la pista de vóley, la sala de arte y artesanía, el lago, el anfiteatro (donde había un perro gigante inmortal que me dio un lametazo, según Jack se llamaba Señorita O'Leary), el muro de escalada y por último el comedor.
Luego fuimos a la cabaña y me dijo donde dormiría, me dio algo de ropa de la cabaña y nos pusimos a conversar y hablar de tonterías, pasando un gran rato.
Me explicó la historia de Percy Jackson, el gran héroe que había tenido dos grandes profecías, pobrecillo, yo solo tenía una pequeña y casi muero al enterarme. Se ve que ese chico hizo grandes cosas, incluso acabó con el gran Cronos, hacia este año cien años de aquello.
También me explicó lo del árbol de Thalía, que había servido como escudo del campamento, la pobre había muerto para ayudar a sus amigos y años después había revivido, convirtiéndose en cazadora y siendo ahora inmortal.
Por un momento me pareció una buena idea, pero yo quería formar familia, casarme, tener hijos… Y cuando me dijo que tenía que renunciar al amor me olvidé de ello.
Me dijo que aquella perra que había visto antes era un perro del infierno dejado aquí por Dédalo, que murió con el laberinto. Aquella perra era muy simpática aunque te pudiera comer de un bocado, lo que daba algo de miedo.
También me explicó que el campamento tenía un campo de fresa que usaban como si vendieran, como excusa para montarlo y que los "mortales" (de los cuales aún creía pertenecer) no sospecharan.
Descubrí que era un chico muy gracioso, me contó alguna de sus bromas, como la de poner espejos que hacen parecer más gordas a las hijas de Afrodita, haciendo que cuando se miraran todas empezarán a gritar.
También me enseñó dos tatuajes que tenía, uno en la clavícula que dice "Faith, Love and Hope", y uno en el brazo que dice "Don't Worry, Be Happy".
Cuando me estaba explicando una de sus últimas bromas por la puerta entró Evan, que se nos quedó mirando extrañado.
-Hola -dije yo con una sonrisa.
-Venía a buscarte para cenar -me dijo mientras se acercaba a nosotros -. ¿Estás lista?
-No hace falta, ya la llevó yo.
-Bueno ara que estamos podemos ir juntos ¿no?
-Eh… claro -contestó Evan, aunque no parecían muy convencidos -, si queréis.
-Genial pues vamos, me muero de hambre.
Con una sonrisa los miré a los dos, no parecían estar muy felices, me pregunté si Jack le habría hecho alguna broma pesada y por eso se llevaban mal.
Llegamos al comedor, se podía palpar la tensión entre ellos y no habían hablado ninguno de los dos en todo el camino. Entramos al pabellón y me despedí de Evan con la mano y seguí a Jack hasta nuestra mesa.
Allí me presentó a algunos de sus hermanastros, la mayoría eran chicos, solo habían dos chicas.
-Encantada -dije cuando ya me los había presentado todos -. Bueno yo soy…
-Campistas os informo de que hay una nueva campista -me interrumpió Quirón, el robot -. Tiara Robertson.
Todos se giraron a mirarme y sentí que susurraban sobre mí, sobre mi pelo rubio o mis ojos que en aquel momento eran azules.
-También os anuncio que hoy ha habido una nueva profecía, de una forma que aun no entendemos. La profecía de cómo salvar al espíritu Delfos, y la capitana será Tiara Robertson.
La voz se elevó muchos más y todos aquellos ojos se clavaron a pares sobre mí, mientras yo quería salir corriendo de allí.
Perdón por tardar tanto en actualizar, acabamos de empezar de nuevo pero este año es bastante duro, aunque lo e recompensado con un capítulo largillo.