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-No te acerques a mi o te quemarás. -Alguien nacido del Sol no puede quemarse. — capítulo 6

Capítulo 4...

-Encantada -dije cuando ya me los había presentado todos -. Bueno yo soy…

-Campistas os informo de que hay una nueva campista -me interrumpió Quirón, el robot -. Tiara Robertson.

Todos se giraron a mirarme y sentí que susurraban sobre mí, sobre mi pelo rubio o mis ojos que en aquel momento eran azules.

-También os anuncio que hoy ha habido una nueva profecía, de una forma que aun no entendemos. La profecía de cómo salvar al espíritu Delfos, y la capitana será Tiara Robertson.

La voz se elevó muchos más y todos aquellos ojos se clavaron a pares sobre mí, mientras yo quería salir corriendo de allí.

Capítulo 5: Hades me manda indirectas por pesadillas que parecen muy reales y con una de sus peores caras.

-No puede ser.

-¿La nueva? Si no saben ni quien es su progenitor dios.

-Es imposible, sin espíritu Delfos ni oráculo no puede haber pasado.

-Seguro que la pifia y acabamos sin espíritu Delfos.

-Estoy seguro de que no lo conseguirá

Fue algunas de las frases que entendí antes de salir corriendo de allí, pues no aguantaba más sus frases de desánimo. Sentía rabia dentro de mí, y las lágrimas me empezaron a salir. Corriendo llegué a la cima de la colina y me senté en un árbol, intentando calmarme.

Cuando estaba ya completamente tranquila y las lágrimas habían dejado de salir me levanté para irme, pero de repente escuché unos sonidos.

Puse mi mano en el anillo preparada para girarlo si hacía falta, entre los arboles aparecieron tres mujeres, más bien mitad mujeres, pues por abajo eran como reptiles.

-Una semidiosa fuera de los muros de protección, sola y en plena noche, no hay duda de que no eres muy inteligente.

-¿Quiénes sois? -pregunté haciendo algo de presión sobre la flor casi preparada para darle la vuelta -. ¿Y qué queréis?

-Somos dracaenas, y te queremos a ti semidiosa.

-Pues entonces suerte, porque no lo vais a conseguir.

Di la vuelta a la flor, que giró un pétalo y se convirtió en aquella preciosa espada. Las tres atacaron y yo solo era una para defenderme, y no demasiado buena.

Una atacó por la derecha, pero yo la conseguí esquivar sin lograrle dar. Otra atacó por mi izquierda y rozó mis costillas, haciéndome una herida, pero no consiguió apartarse antes de que yo le diera a ella, y se desintegró.

La última atacó de frente, sin el propósito de herirme, sino de desestabilizarme, cosa que consiguió con facilidad.

Estaba en el suelo muerta de miedo intenté hacer aparecer fuego, y vi que salía una pequeña llama en mi mano libre, pero con eso no servía.

En el suelo y sin fuego lo único que me quedaba era ver mi muerte, mi final. Noté un fuerte dolor en las costillas, cuando miré vi que tenía sangre, tenía una herida.

De repente aparecieron dos flechas de la nada y dieron a aquellos malditos monstruos, haciendo que se desintegraran.

Miré la procedencia de las flechas, desde atrás de un árbol, donde apareció una figura que se iba acercando.

-¡Evan! -exclamé cuando estaba lo suficiente cerca como para reconocerlo -. ¡Gracias!

-¡Estúpida! -fue lo único que contestó él, antes de volver a abrazarme -. ¿Cómo se te ocurre salir fuera de los muros en plena noche? ¿Y si no hubiera llegado a tiempo? ¡Hubieras muerto!

-Pero llegaste porque el destino quiere que me salves -dije yo mientras lo estrujaba entre mis brazos, le debía mi vida, si él no llegaba a venir yo… -. Eres mi protector.

-Y tu una tonta -contestó él mientras se separaba -, me tenías preocupado, deja de hacer estas cosas.

-Perdón, es que estaba escuchando aquellos comentarios y no pude seguir en aquel lugar.

-Vale, pero la próxima vez si quieres irte me coges del brazo y me estiras, porque luego soy yo el que te tiene que buscar por todo el campamento como un tonto.

-Gracias, sin ti ya estaría muerta.

-Vámonos al campamento no vaya ser que vengan más. ¿Tienes alguna herida o estás bien?

-Estoy bien -dije mientras intentaba levantarme, pero aquella herida hizo que me retorciera de dolor.

-¿Dónde te han herido? -sin contestarle me levanté la camiseta para que viera la herida -. Es profunda, espera.

Puso sus manos encima de mi herida y dijo algo muy bajito, haciendo que mi dolor desapareciera un poco. Sacó sus manos y pude ver de nuevo mi herida, medio cicatrizada y ya no salía sangre.

-Gracias, tú siempre me ayudas sin tener porque hacerlo.

Me intenté levantar antes de que contestara pero él me lo impidió.

-Yo te llevo, sino te volverás a abrir la herida. Tu tranquila, te llevo a la enfermería.

-Lo siento, solo soy una molestia para ti -me cogió en volandas y empezó a andar, mientras me miraba fijamente -, siempre te estoy causando problemas, yo no quería irme de allí pero esos comentarios…

-No eres una molestia, ni lo serás, no me importa salvarte así que tranquila -dijo de una forma muy convencida, aunque yo no sabía si era verdad -. Y en cuanto a los comentarios, ignóralos, decían eso porque no saben cómo eres, yo sé que eres fuerte y puedes con todo y todos.

No supe que contestar, la cara me ardía, debía estar roja, y por eso agradecía que fuera de noche y no pudiera verme con claridad.

Poco a poco nos acercamos a la Casa Grande, supuse que la enfermería estaba allí. Me dejó en una cama y me trajo algo extraño, parecía estar bueno y quise beber más, pero Evan no me dejó.

-No bebas más, esto es manjar de los dioses, en pequeñas cantidades cura a los semidioses pero si bebes demasiado podrías morir.

Después de decir aquello se me quitaron las ganas de seguir bebiendo y  comiendo aquello. Le miré fijamente mientras se sentaba en una silla que había al lado.

-Duerme -me dijo con voz dulce -, debes estar cansada de tantas emociones fuertes.

-¿Pero no puedo ir a mi cabaña?

-No, será mejor que esta noche te quedes aquí, mañana ya dormirás en tu cabaña.

-Entonces vete tú a dormir a la tuya, no hace falta que te quedes aquí, no dormirás bien.

-La herida eres tú así que no te preocupes por mí.

-Pero esa silla…

-Duerme y ya.

Haciéndole caso cerré los ojos y me dormí, cosa no muy difícil, pues estaba muy cansada.

-Tú -dijo una voz tétrica que no provenía de ningún lugar, y a la vez sonaba por todos -… La chica de la profecía… Detente… No vayas… Morirá…

-¿Quién? -pregunté yo asustada y confusa, mirando a mí alrededor -. ¿Quién morirá?

Aquel lugar parecía el mismísimo infierno, lleno de fuego, oscuro, frio, la casa de Hades… El reino de uno de los tres grandes…

-Todo a su tiempo… yo solo te advierto… El Tártaro es grande… Nadie sobrevive a él… y tú debes adentrarte…

-¿Quieres decir que yo moriré?

-Alguien morirá…

-¿Pero quién? ¿Moriré yo?

Apareció delante de mí algo desfigurado, imposible de describir, horroroso como nunca antes había podido ver... Y…

Desperté sudada, temblando y con un miedo atroz, miré a mi lado, allí estaba él, dormido, en aquella silla que seguramente era más que incomoda, pero no le importaba, me protegía.

Me miré de arriba hasta donde pude, débil, inocente, sin ninguna experiencia en nada. Solo era una carga para él, aunque lo negara, era una carga para él y todo el campamento, conmigo jamás conseguirían que la profecía se cumpliera.

Y luego estaba aquella horrible pesadilla que acababa de sufrir. Aunque solo era eso, una pesadilla que me había puesto la piel de gallina y que había conseguido asustarme de verdad.

Me levanté con algo de dificultad y salí a dar una vuelta, intentando aclarar mis ideas. Volví a entrar en el bosque, buscando aquel rio para descansar un rato y poder pensar sin ningún tipo de estrés ni presión.

De repente oí un ruido, una música mejor dicho, una música casi hipnotizadora, encantadora, alguien estaba tocando un instrumento.

Empecé a guiarme por aquella esplendida música hasta que llegué a un claro, donde había una chica, de unos quince años tocando un violín.

Era una chica alta y delgada, se podía ver que era musculosa. Tenía un bonito cabello negro con un mechón blanco recogido en una coleta y unos ojos negros que se centraban en tocar el violín.

Llevaba una chaqueta de cuero del Campamento, por lo que supuse que sería una mestiza.

Al verme la chica paró de golpe.

-No pares porque esté yo -le dije al ver que estaba como asustada -, puedes seguir tocando, lo haces genial.

La chica clavó sus ojos en mí, analizándome, vi que aquellos ojos negros tenían unos preciosos destellos lilas.

-No digas nada… -me suplicó mirándome fijamente, mientras se acercaba.

-¿Qué no diga nada de qué? -pregunté yo sin entender de que estaba hablando.

-No digas nada de que toco el violín… Por favor.

-¿Por qué? Si se te da genial, eres toda una artista y…

-No insistas… No está bien visto que toque el violín…

-¿Por qué?

-Porque soy hija de Hades.

-Hades… -repetí como si aquella palabra ya hiciera mucho que la anduviera oyendo.

De repente todo se volvió borroso y vi aquella cara desfigura y lo entendí todo, aquella era una de las peores caras de Hades.

Siento haver tardado tanto en actualizar de nuevo, este años vamos a tope, ya tenemos hasta examenes, vuelvo a pedir disculpas si tardo en actualizar.Espero que os haya gustado el capítulo, pasaros y dejar algun comentario si quereis.